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EL TERREMOTO DE JAPÓN


Tomado del sitio SURSUM CORDA
Nuestro amigo Raul Miguel ha redactado un artículo que sale al hilo de la actualidad horrenda del terremoto de Japón. La peculiaridad de este artículo es que lo hace con un genuino espíritu católico. En realidad, de lo mucho que se ha hablado y se sigue hablando en prensa, radio y blogs católicos, apenas puede encontrarse un escrito como éste. Yo rindo homenaje desde aquí al blog de Raul Miguel, reproduciendo su artículo. No está centrado mi blog en la actualidad, sino en la doctrina o en las ideas que deben adueñarse de nosotros .si queremos vivir en profundidad nuestra Fe católica. Pero en este caso lo sucedido es paradigmático de lo que puede suceder a una humanidad que se empeña en retar la Justicia Divina. Por eso traigo aquí el tema sobrecogedor del terremoto, trayendo el artículo de Raul Miguel.
El “Japón increible” como es el título del libro de un célebre misionero español en Japón es la tierra con que soñaba San Francisco Javier para llevar a ella la luz de Cristo. En ella fundó las primeras cristiandades japonesas Despés de él, una multitud de misioneros de muchas órdenes se esforzaron alli, dejando con frecuencia su vida, muriendo a veces con horribles martirios. Los gobernantes japoneses crucificaron a muchos misioneros, catequistasy fieles, con el mismo martirio  con que N.S. fué crucificado en Jerusalén, reviviendo en siglos cercanos a nosotros, el cruel suplicio de la Cruz.
Pero hay que reconocer que tanta sangre derramada tuvo una exigua floración de católicos. El pueblo japonés no abrazó la Buena Nueva con la misma generosidad que lo hicieron otros pueblos.
Hoy día el pueblo japonés es quizás el mayor exponente de la civilización moderna, en cuanto a una tecnología avanzadísima, una economía potentísima y una cultura superior. Pero también es un pueblo cerrado a lo trascendente, sin apenas relación con la Fe en un Ser Supremo. Quizás la educación, la cultura e incluso la moral estén bien implantadas en esa sociedad. Pero ella se ha cerrado a Dios y a Jesucristo. En ese sentido es el mayor y mejor exponenente de una humanidad atea, irreligiosa con un interés puramente intramundano. El paradigma de esa sociedad se repite en otras naciones, como España, pero con una intensidad inferior.Se puede decir que sólo ha conquistado parcialmente a nuestros pueblos, donde quedan todavía almas religiosas, que rezan y siguen,aunque imperfectamente, el Camino de Jesucristo.
Sólo queda recordar ante la horrible tragedia que ha asolado al pueblo japonés, el comentario que hizo Jesucristo sobre la desgracia de aquéllos sobre los que se derrumbó la torre de Siloé causando 18 muertos.”¿Creéis qie eran más culpables que los demás moradores de Jerusalén?. Os digo que no, y que si no hiciereis penitencia, todos pereceréis igualmente” (Lc.13, 4-5).
Finalmente, pienso que estas catástrofes que en los últimos años nos angustian por su intensidad y frecuencia, quizás sean avisos de lo que puede venirnos encima si no damos lugar colectivaente al arrepentimiento y al cambio de rumbo. Hay muchísimas profecías católicas que avisan de que un gran castigo está para caer sobre la humanidad. Quizás estas catástrofes tan horripilantes sean avisos de una más grande y más universal.

Terremoto y Tsunami en Japón: la obra de los hombres y la Obra de Dios

Pocos países se ponen como ejemplo de crecimiento como el caso Japonés. En efecto, un país agrícola y de campesinos se convirtió, ya en la primera mitad del Siglo XX en una potencia económica y armamentística única, gobernada por el Sinto, el Emperador-Dios, al cual sus súbditos no podían ni mirar a la cara. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Japón era un país destruido y que había sufrido el bombardeo nuclear. La que en otrora era la potencia más orgullosa y cuyos súbditos se creían seres superiores, descendientes de Dioses y destinados a dominar sobre la faz de la tierra y esclavizar a todos los demás pueblos, era solamente ruina humeante.
La Guerra Fría, el peligro del avance del comunismo y la necesidad de un aliado incondicional motivaron a los Estados Unidos a reconstruir al Japón. Y vaya si Japón creció… más aún de lo que sus “protectores” occidentales hubieran querido y esperado, al punto incluso de superarlos. Japón se había convertido en la mayor potencia mundial a nivel tecnológico que podía existir. Hasta hace unos días, nadie dudaba de la “fuerza de Japón”, de la ideonidad de su pueblo, de la superioridad de su tecnología y todos sus avances, así como de sus altos estándares de vida.
Empero, en tan solo unos minutos todo eso se vino abajo. Un terremoto terrible seguido por un maremoto o tsunami arrastró las “Glorias” del Japón al océano.
Todas esas obras de las que se enorgullecían los Japoneses y que admiraban a millones de personas eran obras del mundo, obras hechas por los hombres. Pero no cualesquier hombres, sino aquellos que especialmente estaban alejados de Dios, muchos de los cuales en su vida habían siquiera oído el nombre del Salvador y otros que, voluntariamente rechazaron, como sus padres a los misioneros. Japón, tierra pagana y alejada del Creador es una muestra de lo vacuas que son las obras de los hombres y su finitud

Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, la concuspicencia de los ojos y el orgullo de la vida no provienen del Padre, sino que procede del mundo (I Jn II:16)

¿Y a quien buscaron los hombres en las últimas horas? No a Dios, como lo demuestra la cantidad de video o fotos que quieren ver un ovni allí donde había un helicóptero. Ellos no entendieron que fue Dios, en su inmenso poder el que hizo temblar la tierra y el mar arrastrar esas obras que procedían del mundo llevando a millones al abismo. Porque ¿Quién puede negar que Dios de haber querido hubiera detenido el terremoto? ¿Quién puede negar que el mismo no es una señal de Dios, de lo colmada que está la copa de la Ira? ¿Ac aso no es Dios quien controla la naturaleza? ¿No es acaso el Señor el dueño de la vida? Oímos a los “líderes” de las religiones pseudo-cristianas decir “oramos por los muertos”. ¿Qué oración es válida por aquellos que estaban condenados por ser negadores del Dios verdadero? ¿Acaso somos más compasivos que Dios?
No, quienes murieron siendo paganos e infieles son la prueba de la justicia de Dios. Empero con aquellos (pocos) que estaban en estado de gracia, que habían renacido del agua y del espíritu (Juan III, 6) y que estaban en la Verdad, que es el mismo Cristo , mostró la grandeza de su misericordia.
Oremos para encontrarnos entre los predestinados.
Publicado por Raúl Miguel en 22:32 0 comentarios
Etiquetas: Espiritualidad, gracia y predestinación, historia

ELEISON COMMENTS CXCII (March 19, 2011) : WHY SUFFERING ?

The latest dramatic shifting of tectonic plates off the east coast of Japan, causing both inland the biggest earthquake Japan has known for many years and along its eastern coast an absolutely devastating tidal wave, must be raising in many minds the classic question : if God exists, if he is all-powerful and all-good, how can he possibly allow so much human suffering ? The classic answer is not too difficult in theory, at any rate when one is not suffering oneself ! — Firstly, suffering is often a punishment for sin. God does exist, sin does offend him. Sin takes souls to Hell whereas God created them for Heaven. If suffering on earth will put a brake on sin and help souls to choose Heaven, then God, who is certainly in command of the tectonic plates, can without difficulty use them to punish sin. Then were the Japanese people especially sinful ? Our Lord himself tells us not to ask that question, but rather to think of our own sins

[Traducción automática para ser revisada]

La última espectacular movimiento de las placas tectónicas en la costa este de Japón, causando tanto en el interior del terremoto más grande de Japón ha sabido por muchos años ya lo largo de su costa este de una ola absolutamente devastador, se debe aumentar en la mente de muchos la clásica pregunta: si Dios existe , si es todopoderoso y absolutamente bueno, ¿cómo puede posiblemente permitir tanto sufrimiento humano? La respuesta clásica no es demasiado difícil, en teoría, en todo caso, cuando uno no es uno mismo el sufrimiento! – En primer lugar, el sufrimiento es a menudo un castigo por el pecado. Dios existe, el pecado no ofenderlo. El pecado lleva las almas al infierno que Dios los ha creado para el cielo. Si el sufrimiento en la tierra pondrá un freno sobre el pecado y ayudar a las almas a elegir el cielo, entonces Dios, que es sin duda al mando de las placas tectónicas, puede sin dificultad los utilizan para castigar el pecado. Entonces el pueblo japonés, especialmente pecaminoso? Nuestro Señor mismo nos dice que no a esa pregunta, pero en lugar de pensar en nuestros propios pecados

1 reply »

  1. Sólo que, más allá de la declaración oficial del gobierno japonés admitiendo que el desastre nuclear en las centrales atómicas se debió a fallas humanas, algunas fuentes serias y de inteligencia, han filtrado el know-how, del falso tsunami y el falseo de datos sísmicos en simultáneo. Dado que científicos israelíes fueron los que instalaron – unos días antes – el software de control de seguridad de las plantas de energía atómica, ¿quiéne más podrían haber infectado con virus o producido una caída del sistema, como la que ocurrió?

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