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JESÚS Y MARÍA UN SOLO CORAZÓN


JESÚS Y MARÍA, UN SOLO CORAZÓN

Razones que nos obligan a tener devoción particular al santísimo Corazón de la Virgen María

La primera es que debemos honrar y amar las cosas que Dios ama y honra y en las que es amado y glorificado.
Pues bien, después del adorabilísimo Corazón de Jesús no ha habido jamás, en cielo y tierra, un corazón tan amado y honrado por Dios y que haya glorificado y amado tanto a Dios como el dignísimo Corazón de la Madre del Salvador. Es el trono más excelso del amor divino. En ese Corazón sagrado tiene el amor de Dios dominio perfecto. Porque siempre reinó en él sin intermisiones y sin obstáculos y con él las leyes todas de Dios, todas las virtudes cristianas, los dones del Espíritu Santo y las bienaventuranzas evangélicas.
Y es que la santa Trinidad encuentra en el santísimo Corazón de nuestra Señora un cielo de gloria y un edén de delicias. Porque, si, como lo desea el apóstol, los corazones de los fieles son morada de Jesucristo y si el mismo Jesucristo nos asegura que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo hacen su morada en los corazones de los que aman a Dios ¿quién puede poner en duda que la Santa Trinidad haya tenido siempre su mansión de manera inefable y sorprendente, en el Corazón virginal de quien es la Hija del Padre, la Madre del Hijo y la Esposa del Espíritu Santo y que ella sola ama a Dios más que todas las criaturas juntas?
Además ese Corazón es el depositario sagrado de los misterios y portentos de la vida de Nuestro Señor Jesucristo como lo afirma San Lucas: “Y su Madre conservaba todo esto en su Corazón”. Es, pues, un Evangelio vivo de la vida del mismo Jesucristo. Si debemos agradecer a los evangelistas que nos hayan dejado por escrito, en papel, los misterios d enuestra redención, con cuánta mayor razón, debemos estar agradecidos con la Madre del Redentor por haberlos escrito y conservado en su Corazón para comunicarlos luego a los santos apóstoles para que ellos los anunciaran al mundo. Por eso un gran doctor llamó a la Virgen la biblioteca de los Apóstoles. Lo que puede aplicarse también a su Corazón sacratísimo.
El Corazón amabilísimo de María es la fuente de sus piadosos sentimientos, de sus buenas palabras y acciones, de las virtudes que practicó y de la santidad de su vida. Porque así como, según dice el Señor, los malos pensamientos, palabras y obras proceden del corazón, también los buenos nacen en él.
Si la Iglesia celebra fiestas en honor de acciones particulares de la Madre de Dios, como la Presentación, la Visitación, la Purificación, cuánto honor debemos tributar a su santo Corazón, fuente de cuanto hay en ella de santo, teniendo en cuenta, sobre todo, que es la sede del amor y éste es el principio , la medida y la regla de toda santidad(…)
¿Quién podrá contar cuán encendido de amor estaba este Corazón incomparable para con su Hijo y con cuánta solicitud alimentaba, vestía y educaba a nuestro Salvador? Le debemos por ello gratitud sin medida.
Además, ¿cuánto reconocimiento debemos a ese Corazón tan lleno de caridad por nosotros? Si juntáramos en un solo corazón el amor humano de todas las madres que han existido, existen y existirán, sólo sería una chispa de esa hoguera ardiente de caridad que consumía el Corazón de la Madre de amor hermoso por todos sus hijos.
Aunque el Corazón de Jesús sea diferente del Corazón de María y lo sobrepase infinitamente en excelencia y santidad, Dios ha unido tan estrechamente esos dos corazones que podemos decir con verdad que no son sino un Corazón, animados por un mismo espíritu y por los mismos sentimientos y afectos.
Si San Bernardo, cuando habla del adorabilísimo Corazón de Nuestro Señor, nos da a entender que el Corazón del Salvador es nuestro corazón, con mayor razón podemos decir que ese mismo Corazón de Jesús es el Corazón de su santa Madre. Si se dijo de los primeros cristianos que no tenían sino un solo corazón y una sola alma por la mutua y estrecha caridad que los unía, con sobrados motivos, podemos afirmar que Jesús, Hijo de María, y María, Madre de Jesús, no tienen sino un corazón y una sola alma, por la perfectísima coincidencia y armonía de espíritu, de voluntad, de sentimientos y de inclinaciones que existían entre ellos. Además Jesús de tal manera vive y reina en María que es de verdad el alma de su alma, el espíritu de su espíritu y el Corazón de su Corazón. Tan cierto es todo esto, que, hablando con propiedad, el Corazón de María es Jesús. Y así honrar y glorificar el Corazón de María es honrar y glorificar a Jesús.
*San Juan Eudes
Publicado por Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina

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