ALL POSTS

CONTRA OCÁRIZ…Y CONTRA SILVEIRA


En un post anterior que hemos tomado de Arnaldo Xavier da Silveira refutando el artículo de Mons.Ocáriz, a propósito de la infalibilidad de los documentos del Concilio V2 hay un comentario de Fray Eusebio de Lugo O.S.H. que muestra su disconformidad con ambos. Está en la línea de los posts de este blog , algunos de su propia autoría. He aquí el comentario:

Monseñor Ocáriz defiende una infalibilidad “imperfecta” para los textos del magisterio auténtico

Fray Eusebio de Lugo O.S.H. 

Me temo que tanto uno como otro coinciden en sus errores, y por las mismas razones. Está visto que esta cuestión sobre la posibilidad de que el Papa pueda errar cuando enseña a toda la Iglesia sobre la Fe y las costumbres es una de las más importantes y controvertidas de los últimos siglos, por la multitud de implicaciones que conlleva.

Reservándome para un estudio más largo, como promete el mismo autor, me limitaré a unos breves comentarios:

Recordar en primer lugar que si bien las verdades de Fe son en sí mismas inmutables, su comprensión por parte de los cristianos puede pasar por visicitudes bastante variadas. Por ejemplo, el culto a las imágenes nos viene de los tiempos apostólicos, y sin embargo, llegado a cierta época, por influencia judaica, esa necesidad del culto de las imágenes fué olvidada u oscurecida en el alma de muchos cristianos. Sin llegar a negarla, muchos se vieron contaminados por las posiciones heréticas de los iconoclastas, y sostuvieron que las imágenes eran adecuadas para la instrucción de los iletrados, pero que no debían ser veneradas. Llegaron incluso a crear imágenes voluntariamente feas o repulsivas para evitar que se les diera culto y veneración. Y aunque luego la Iglesia venció, restableciendo plenamente la veneración a las imágenes, quedaron miasmas de la antigua herejía que previnieron ciertas mentes contra ellas hasta el día de hoy.

Otras veces ocurre que verdades de Fe creídas desde el principio van apagándose en la conciencia cristiana cuando los teólogos no consiguen encontrar fórmulas para explicarlas adecuadamente. Es el caso de la Inmaculada Concepción, que fue una verdad absolutamente clara en el Oriente del primer milenio, como lo atestigüan los textos litúrgicos, pero que luego se fué olvidando, por no conseguir explicar su relación con la Redención universal. Lo mismo le pasó a santo Tomás, que empezó sosteniéndola, más tarde dudando, para, al final de su vida, volver a aceptarla.

Con la infalibilidad pontificia ha pasado algo parecido: Todos los cristianos del primer milenio sostuvieron en pacífica posesión que los sucesores de Pedro eran inmunes al error, sin necesidad de precisar más.
Pero cuando los teólogos se vieron obligados a precisar las formas y condiciones del Magisterio y su infalibilidad, empezaron los problemas, y esta importante verdad empezó a oscurecerse en numerosos espíritus. Los mismos defensores de la infalibilidad se vieron afectados por las objeciones de sus enemigos, y poco a poco, fueron aceptando, aunque a regañadientes, la posibilidad de que el papa pudiese enseñar el error a toda la Iglesia. Esos son los teólogos de la segunda escolástica cuyos argumentos repiten sin cesar los partidarios de la falibilidad del papa.

Apuntar además que éstos tienen disculpas porque los herejes procuraron probar a través de la falsificación de la historia que se habían dado casos de papas herejes e incluso de papas que habían intentado enseñar el error a la Iglesia, siendo incluso condenados como herejes por sus sucesores. Los sostenedores actuales de esas fábulas ya no tienen esa disculpa, porque ya hace mucho tiempo que buenos historiadores han demostrado la falsedad de esas calumnias.

Los Papas pueden enseñar de varios modos, pero siempre son infalibles.
Se distinguen dos modos principales:

El Magisterio extraordinario o solemne, cuando el Papa quiere expresar o definir de manera más precisa y obligar a los fieles de modo más estricto a guardar una determinada verdad de Fe.
El magisterio ordinario, de todos los días, por medio de Enciclicas, Bulas, y otros documentos dirigidos a la Iglesia.
Si ese Magisterio es compartido con el resto de los obispos dispersos por el mundo, se le llama Magisterio Ordinario y Universal.
Desgraciadamente, ciertos teólogos, imitando los retruécanos de galicanos y jansenistas, intentaron distinguir entre un Magisterio Ordinario Infalible, y otro, de menor entidad, falible, que llamaron Magisterio meramente auténtico.

Esto fue posible porque los mismos eclesiásticos fueron perdiendo el sentido sobrenatural, que nos indica que es el Espíritu Santo el que impide que el Papa pueda enseñar el error, así como el sentido de la autoridad, que sabe que es Dios quien gobierna, a pesar de la fragilidad de las autoridades que Él asiste.

Los teólogos se dividieron entre aquellos que negaban la infalibilidad del Magisterio ordinario universal, para restringirlo solamente a las definiciones solemnes, aquellos que siguieron afirmando que el Papa era siempre infalible en su enseñanza, mientras que otros tomaron una vía media.

Así vemos que Mons. Ocáriz admite que tanto el Magisterio extraordinario como el ordinario son infalibles, pero admite un tercero que no es ni carne ni pescado: No sería de suyo infalible, pero tampoco sería falible: Aquí tenemos nuestro magisterio meramente auténtico. De lo más curiosa es la afirmación de que los tres tipos de Magisterio pueden coincidir en los textos de un mismo Concilio, por lo que tendríamos que hacer encaje de bolillos para saber cuál es cada uno.

Mantiene esa contradicción por unos motivos bien concretos:

Tiene que afirmar que el Concilio no ha podido equivocarse, si quiere seguir forzando la adhesión de los fieles, pero al mismo tiempo, debe dejar una puerta abierta a que pueda reconocerse algún error en el Concilio, sin que pueda decirse que la autoridad infalible ha errado.

Puede así reclamar obediencia al Concilio y a los Papas conciliares, sin cerrarse ninguna salida…

El Señor da Silveira no parece haber entendido la postura media, diplomática, adoptada por Mons. Ocáriz, sino que lo coloca en el grupo de los sostenedores de lo que él llama infalibilidad “absoluta” del Papa. Por lo dicho más arriba, comete un grave error teológico, aunque opuesto al que él achaca a Mons. Ocáriz.

Los dos saben que con la tesis tradicional, que ellos llaman absoluta, los errores presentes en el magisterio conciliar y posconciliar llevarían a negar la legitimidad tanto del Concilio como de las presuntas autoridades conciliares, y eso es lo que quieren evitar a toda costa, como dice Silveira, “sin ningún tipo de connotación sedevacantista”, eso es lo que les obsesiona.

y como se han dado cuenta de que los católicos se tragan cada vez menos aquello de que el magisterio conciliar no tiene ninguna discontinuidad (en cristiano:error o herejía), van aceptando la presencia de esas discontinuidades, pero precisando que no afectarían la infalibilidad, y por lo tanto legitimidad, de los prebostes conciliares, porque pertenecerían a ese famoso magisterio meramente auténtico no infalible…

Eso arregla a Roma, que no pone en peligro ni su pretensión de seguir siendo la Iglesia de Cristo, y no una falsificación usurpadora de la verdadera Iglesia de Cristo, y también arreglaría a la FSSPX, que podría volver al seno de la Iglesia conciliar, sin reconocer que lleva enseñando una doctrina gravemente errónea sobre la infalibilidad de la Iglesia desde hace decenios, mientras persigue a los que perseveran en creer y enseñar la verdad siempre creída, así como en sacar las consecuencias prácticas que se imponen.

Responder ↓

2 replies »

  1. La conclusión de Fray Eusebio de Lugo O.S.H. es diáfana; tal vez demasiado, y de ahí surge la duda. Según él, las cosas estarían así, si no le entiendo mal: “Dado que el Papa es infalible siempre y no sólo cuando habla ex cathedra, sino en su magisterio ordinario, nunca puede caer en el error. Si cayese, eso sería la prueba de que no es verdadero Papa y la sede está vacante”.
    Ahora bien, aceptar esto entraña seias dificultades, incluso con el apoyo de las Sagradas Escritura:

    1.-Es obvio que la Sede no estaba vacante con S. Pedro, cuando S. Pablo dice en Gal 2,11 que le resistió. Aceptarlo sería un absurdo. Luego si Pedro se equivocó, habrá que deducir que la Promesa del Espíritu no es para cualquier cosa que diga el Papa y que hay grados del magisterio e incluso actos y escritos de los Papas que si siquieran gozan de ningún grado magisterio, ejem: Las obras teológicas de Benedicto XVI como ‘Jesús de Nazaret’

    2.- Si aceptamos la tesis de Fray Eusebio ¿dónde quedaría la promesa de Cristo a la Iglesia? a ¿ diríamos, entonces, que la oración de Cristo por Pedro no ha sido escuchada por el Padre?

    3.- Si aceptamos la tesis de Fray Eusebio ¿Cómos sabríamos quién tiene el poder de las llaves? Sería imposible tal discernimiento.

    Por otra parte, la afirmación de Fray Eusebio, sobre la aportación definitiva de los historiadores sobre los pretendidos errores de los Papas del pasado, cuanto menos me parece apresurada y cuanto más, sería casi como investir de infalibilidad a la ciencia humana de algunos historiadores ¿ a cuáles? ¿ A los que defienden que Honorio I erró, o a los que defienden que dicho Papa no cometió yerro, defendiendo la infalibilidad absoluta? . ¿ A los que defienden que el Papa erró en el concilio cadavérico que condeno a Formoso, o al siguiente que lo rehabilitó, o, tal vez, a su sucesor que los volvió a condenar? Demasiados momentos con sede vacante. Creo que es más sencilllo, admitir la graduación del magisterio.

    Creo que la clave de bóveda radica en que considera que el Papa es infalible simepre y en cualquier circunstancia. No se diferencia la infalibilidad positiva y negativa. Una cosa es que el Papa no pueda caer en el error , que pueda negar el depósito de la fe y otra que afirme la verdad en cualquier grado de magisterio y sobre cualquier cosa, por ejemplo sobre una cuestión dela forma de gobierno

    Con repteto por Fray Eusebio, en este asunto no puedo estar de acurdo porque sus conclusiones nos llevarían demasiado lejos.

    Me gusta

  2. Estimado Sofronio:

    Intentaré satisfacer brevemente sus preguntas:
    1. El tan traído y llevado encontronazo entre los dos Apóstoles no tiene nada que ver con la infalibilidad. San Pablo reprueba un comportamiento reprochable, no una enseñanza, y menos a toda la Iglesia. Por cierto, “Jesús de Nazaret” sería obra del Papa como doctor privado, de lo que aquí no tratamos.

    2. Precisamente porque sabemos que esa oración siempre es eficaz, decimos que el Papa no puede enseñar el error. Recuerde que si llega a elegirse alguien que previamente hubiese caído en herejía o se hubiese desvíado de la Fe, esa persona no sería Papa legítimo, no se le aplica tal promesa.

    3. Si el Sacro Colegio elige, se supone que ha hecho elección en persona elegible, sólo surge la duda si el elegido manifiesta subsiguientemente el defecto de origen que lo inhabilita (o si consta la herejía antecedente, como en el caso de los cardenales Morone y Pole, que por eso no fueron elegidos). Es entonces cuando cabe aplicar lo que nos indica el Papa Pablo IV en su famosa Bula. Todo católico viene supuesto conocedor de las advertencias de los Pontífices, y por lo tanto, obligado a distinguir entre verdad católica y herejía. En el caso de los elegidos conciliares, el discernimiento es fácil, para quién ha conservado íntegra la Fe católica.

    4. En cuanto a la ciencia histórica, los historiadores no son infalibles, pero los Papas y los Concilios, sí, y éstos han declarado en más de una ocasión que los Papas nunca han fallado, y que nunca lo harán.
    Con ocasión del Concilio Vaticano I, se dedicó mucho tiempo en hacer luz definitiva sobre los supuestos fallos y herejías de ciertos Papas, y se probó más allá de toda duda que no eran más que fábulas y calumnias. Por eso se pudo proclamar como dogma la infalibilidad, si se hubiera creído en esos cuentos, jamás se hubiera proclamado.

    5. El ejemplo del Papa Esteban contra Formoso demuestra que Ud. no ha entendido en qué consiste la infalibilidad, que no garantiza la justicia, ni siquiera la mera sensatez de ciertos actos jurídicos, en los que desde luego no se está enseñando, ni tampoco definiendo un hecho dogmático.

    6. No se trata de si algo le parece sencillo o no. Sino de lo que la Iglesia siempre enseñó en la teoría tanto como en la práctica, y siempre creyeron los pueblos, hasta que la modernidad sembró de dudas lo que hasta el momento se tenía en pacífica posesión.

    Me gustaría que me explicara qué es lo que entiende por infalibilidad positiva y negativa. La infalibilidad es esencialmente negativa, en el sentido de que impide que el Papa pueda enseñar el error a toda la Iglesia, tanto en su Magisterio extraordinario, como en el ordinario. Eso es lo mínimo que debe creer todo católico. Restringir la infalibilidad a las solas definiciones solemnes es un grave error que cometen hasta los sedicentes defensores de la Tradición, los discípulos de Mons. Lefebvre, por ejemplo.

    Sabemos además, que no por infalibilidad, sino por la indefectibilidad de la Iglesia, de la que participa el Romano Pontífice canónicamente elegido, un Papa tampoco caerá en el error o la herejía, incluso como doctor privado, o simple particular. Nisiquiera como persona privada negará jamás un verdadero Papa el depósito de la Fe.

    “Cualquier cosa”. Otro error es restringir el ámbito en que el Papa puede pronunciarse infaliblemente. Lo cierto es que el Papa puede efectivamente pronunciarse sobre cualquier cosa, en la medida y modo en que se relacionen con la Fe y la moral. Por supuesto que puede puede pronunciarse sobre lo político, que es una realidad directamente contigüa a lo divino, y definir, por ejemplo, que la mejor forma de gobierno soberano es la monarquía tradicional y católica, porque así la fundó Nuestro Señor en el Antiguo Testamento, como prefiguración, y la ha realizado plenamente en el Nuevo, en primer lugar, en la Monarquía Cristianísima de Francia.

    De hecho, eso es lo que los Papas han enseñado muchas veces, por ejemplo Pío VI, anunciando a los cardenales el sacrilegio cometido contra la persona de Luis XVI. Otra cosa es que hasta ahora, no hayan querido imponerlo a los católicos con la máxima fuerza de las censuras eclesiásticas, pero podrían hacerlo en el futuro, de manera totalmente legítima.

    Muchos tienen miedo de las consecuencias que acarrearía aplicar la enseñanza y práctica católicas definidas en la Bula de Pablo IV, porque debería llevarlos a negar toda legitimidad a los pseudo papas e iglesia conciliares, pero no temen desenterrar las peores calumnias de focianos, cátaros, protestantes, galicanos, jansenistas y modernistas contra la Sede Apostólica, con tal de justificar una postura insostenible y contradictoria.

    Quiera el Espíritu Santo iluminarlos y convertirnos a todos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s