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LA GUERRA DE LA VENDÉE


He aquí el trailer de una película  que  hará pensar a los tradicionalistas. Los vendeanos son los verdaderos mártires  de la Revolución que al final ganó también  a la Iglesia. De hecho se ha dicho. por alguien muy involucrado en el Concilio, que el Concilio V II fue la Revolución de 1789 en la Iglesia.

Información del film:

Bienvenido a Navis Pictures.

Sólo una palabra, brevemente, acerca de nuestro propósito:

Las artes constituyen un componente muy influyente de nuestra cultura. Si somos capaces de inspirar a un niño a tener una carrera en las artes, y para crear belleza  a fin de elevar las almas de los hombres hacia Dios, y al hacerlo, le glorifican, vamos a tener éxito. Para ello estamos creando un nuevo género de cine: Cine para la Infancia.

La guerra de la Vendée , nuestra nueva película narra la conmovedora historia de la poco conocida guerra civil, religiosa de Francia en los años posteriores a la Revolución Francesa. Con un maravilloso elenco de más de 250 jóvenes católicos, la historia es violenta y brutal, pero esto se dice aquí con advirtiendo para posibles reservas , y  además es una película para ser vista por la familia reunida. El lanzamiento previsto de esta emocionante película  será en  febrero de 2012.

Otra película para la familia:

Santa Bernardita de Lourdes , nuestra primera versión, cuenta con un elenco de más de 160 en su mayoría educados en casa, los niños católicos que van desde 3 a 17 años de edad. Estamos seguros de que los beneficios de esta experiencia única se extenderán mucho más allá de sus actores y sus familias. Según mi experiencia  a los niños les encanta ver a otros niños actuando. Estoy seguro de que a toda su familia le encantará ver esta película, y los otros proyectos que se lanzarán en los próximos meses.

Que Dios los bendiga y gracias por visitar Fotos Navis.
– Jim Morlino
Presidente, Navis Fotos

Información en el sitio    http://www.navispictures.com/

Para más información de aquella guerra martirial, tomamos el siguiente post de  Crux et Gladius

La Vendée genocidio de verdad, no un holocuento marcantilista

Tomado de denunciaprofetica

Les invito a continuación a interiorizarse de impactantes antecedentes que verifican la satánica animalidad empleada por los revolucionarios franceses que supera con creces la bestialidad de nazis y se aproxima mucho a la maldad de los marxistas y hace ver como niño de pecho a Fidel Castro.

Curiosamente estos negros episodios de la sacrosanta revolución francesa no son nunca mencionados en los textos de estudio de los programas educacionales “republicano-democráticos” en los que si se enfatizan pseudo heroicos episodios de inocentes niñas judías que vivieron en manzardas de casas holandesas.
En este caso no existen simones wi“ss”enthales que recaudaran jugosas ganancias para ser repartidas entre lo herederos, ni stivenes spilbergeses “que con baratos sentimentalismos y buena fotografía se esmerasen en generar algún filme de esos que hacen humedecer pañuelos”denunciando a algún general francés u obispo traidor de los que entregaron a tantos fielescatólicos a una carnicería de tamaña proporción a cambio tal vez de algún ascenso de esos que se anuncian con tres golpes de mallete, ni ligas antidifamacion, ni museo en que se exhiba algúntrozo de jabón de católico.

Reconozco no con poca vergüenza que nunca me había interesado en el tema, y las alusiones en que un profesor de historia amigo me hizo alguna vez no lograron el concitar mi interés.
Los invito a difundir este lamentable pero a la vez glorioso episodio de la historia del catolicismo, digo glorioso porque sabemos que todos los mártires de la Vendée gozan hoy en El Cielo de la Visión Beatífica.
Benito.

La Vendée: El genocidio en nombre de la Libertad

Dado el creciente y militante crecimiento del anti-catolicismo en Occidente, aquí hay dos libros altamente recomendados. Los autores nos advierten de las tremendas mentiras sin freno que se producen por esto. En 1790, en la Francia occidental, se produjo una situación de persecución a la Iglesia bajo el amparo de la ley. Cuando los campesinos católicos de la Vendée se atrevieron a resistir a esa persecución, los legisladores ateos ordenaron el total exterminio de la población de esa región – hombres, mujeres y niños. Ellos enviaron un ejército de “columnas infernales” para “exterminar a la población de la Vendée”. Secherdice que al menos el número de bajas bordeó los 118.000, mientras que Davies piensa que el número es cercano a los 250.000. El genocidio de los Vandeanos no es muy conocido fuera de Francia, y es por eso que merece ser conocida la verdad. Esto nos enseña una valiosa lección, esto es, que el odio visceral contra el Catolicismo, si no es detenido, puede generar en un genocidio.

Bastante curioso, aquellos que llevaron a cabo el genocidio en la Vendée mostraron tener la misma mentalidad perversa que más tarde encontramos en los Nazis. Ellos arrojaban a mujeres y niños en hornos, usaron piel humana para hacer ropa, y quemaban a las mujeres para extraer grasa. Los horribles detalles de estas atrocidades están demostrados en hechos. De hecho, dichas atrocidades fueron a menudo registradas por los agentes del gobierno.El sufrimiento y muerte de los católicos en la Vendée no fue en vano. Ellos lograron una gloriosa victoria, ya que finalmente, a causa del heroísmo que mostraron, la persecución anti-católica de 1790 fracasó. La Iglesia en Francia fue supuestamente erradicada. Sin embargo, ella tomó nueva vida. Como decía Tertuliano, “la sangre de mártires es la semilla de la Iglesia”. En 1801, cuando Napoleón concedió la libertad de culto a todos los católicos de Francia, aquello fue visto como la victoria de la Vendée.

Estos dos libros de Michael Davies y Reynald Secher se complementan mutuamente. “Por el Altar y el Trono” de Davies es una introducción a esta épica historia, una visión general. Es un vistazo, un relato emocionante de la heroica resistencia católica de 1793 y del posterior genocidio. Davies tomando una amplia perspectiva, muestra las evidencias basado en sólidas y bien documentadas historias publicadas en Francés e Inglés. “El Genocidio Francés” de Secher es una detallada, y cercana descripción de los eventos, basado en los testimonios “ricamente e insospechados” de falsedad de los archivos nacionales, departamentales y comunales de Francia. Secher los obtiene de los testimonios de los campesinos católicos y de los informes de los oficiales encargados del genocidio; él muestra con mapas y gráficos de cómo muchos murieron y cuántas propiedades fueron destruidas en cada localidad.

El impacto de estas dos obras es abrumador. Los historiadores han dejado al margen o minimizado este genocidio, a veces (como sucede con Michelet) hasta han culpado a las víctimas. ¿Por qué? Porque esto no encaja con el mito ateo – de que los católicos son los perseguidores, mientras que los ateos y liberales son los tolerantes. La historia del genocidio Vandeano es incluso muy necesaria para corregir el interminable vitoreo ofrecido desde 1989 por causa del bicentenario de la Revolución Francesa. Hubo una horrible cara oculta de la Revolución, un corazón tenebroso.

Davies muestra cómo, paso a paso, la persecución a los sacerdotes católicos llegó hasta el máximo exceso en la Vendée. Esta persecución se suponía que no debía ocurrir porque, bajo el Artículo X de la “Declaración de los Derechos Humanos” (1789), nadie podía ser penalizado por sus creencias religiosas, menos si sus creencias no perturbasen el orden público. Pero el gobernante ateo rápidamente comenzó a perseguir a los sacerdotes y a la Iglesia. Primero confiscaron las propiedades de la Iglesia, incluyendo los colegios y hospitales. Después suprimieron los monasterios y conventos. A continuación ellos eliminaron todas las formas de rentas y redujeron al sacerdocio católico a la dependencia de un salario gubernamental.A fines del 1790 los sacerdotes fueron forzados incluso a tomar juramento de adhesión a la nueva “Constitución Civil del Clero” bajo la amenaza de si no, perder su trabajo y salario. A comienzos de 1791, 134 obispos franceses condenaron esta “Constitución Civil” y el Papa Pío VI la declaró herética. El anti-catolicismo en París ignoró esto y mantuvo la medida: En agosto de 1792 una nueva ley ordenó que los sacerdotes que mantenían su rechazo al juramento fuesen deportados, y en mayo de 1793 otra ley condenaba a muerte a aquellos sacerdotes deportados que todavía estaban en Francia. De esta manera, la ley se convirtió en un arma para destruir el orden sagrado del sacerdocio y a la Iglesia Católica.

La resistencia a esta persecución estalló en agosto de 1972 cuando 600 campesinos Vandeanos blandiendo herramientas agrícolas intentaron detener a la Guardia Nacional que quería desalojar a las monjas de sus conventos. La mayoría de los campesinos murieron caballerosamente. Ahora, aquellos hombres habían aceptado con beneplácito la Revolución de 1789, hasta que se dieron cuenta del visceral y apasionado anti-catolicismo dirigido por las leyes ateas.Michael Davies plantea la cuestión de por qué la resistencia comenzó en la Vendée, debido a que el más ferviente catolicismo residía en aquella parte de Francia – una región de 12.000 kilómetros cuadrados que incluye parte de Anjou, Brittany, yPoitou. Él responde que justamente es ésa la región donde San Luis María Grignion de Montfort misionó y evangelizó y donde estableció su orden religiosa. Es revelador que los Vandeanosllevaban en sus pechos la insignia roja del Sagrado Corazón introducida por San Luis de Montfort. Sus enemigos los llamaban con desprecio de “soldados de Jesús”.

Cuando la Asamblea Nacional reemplazó a los sacerdotes heroicos que se habían rehusado a jurar la “constitución civil del clero”, los campesinos Vendeanos se negaban rotundamente a ir a la iglesia. Los padres de niños recién nacidos tuvieron que marchar a punta de pistola para ir a bautizarlos a las pilas bautismales. Secher relata una conmovedora anécdota que revela la profundidad de la adhesión que los campesinos tenían a los verdaderos pastores. Un domingo, en Saint-Hilaire-de-Mortagne, un sargento encontró a unos feligreses arrodillados en silencio en el cementerio porque su iglesia había sido cerrada. El sargento le preguntó a un viejo campesino qué era lo que estaban haciendo ahí, y el campesino explicó: “Cuando nuestro cura nos dejó, nos prometió que todos los domingos a esta misma hora diría la Misa por nosotros donde sea que se encontrase”. El sargento reaccionó con desprecio: “¡Imbéciles supersticiosos!” creen que escucharán la Misa desde el lugar en que él esté”. El anciano respondió dócilmente: “La oración viaja más de cien leguas, desde ya que asciende desde la tierra al cielo”.

Muchos de los sacerdotes Vendeanos que se habían rehusado jurar retornaron a sus ciudades natales y vivieron en la clandestinidad entre sus parientes y amigos. Ellos decían Misa en graneros, en áticos o en bodegas. Ellos tenían un precio sobre sus cabezas, pero confiaban en la protección de los campesinos. En virtud a una ley aprobada en agosto de 1792, fueron ofrecidas 50 libras como recompensa por la captura de algún sacerdote no juramentado. Los municipios podían incrementar la recompensa a 100 libras.

Lo que finalmente desencadenó una resistencia generalizada entre los campesinos católicos de la Vendée fue que la Asamblea nacional ordenó a comienzos de 1793 que 300.000 hombres fueran reclutados para el ejército nacional. Esto fue el colmo – los obligaron a unirse a las tropas para que fueran a la caza de sus sacerdotes.

El ejército Vendeano fue llamado en ese tiempo “El Ejército del Sagrado Corazón”. La nobleza de la Vendée había prácticamente desaparecido en 1793, entonces los campesinos fueron convocados en su mayoría por ex oficiales y solados de carrera para llevarlos a para batalla. Estas pintorescas características incluyeron a Charette, un oficial veterano de la Revolución Americana, y al Marqués deBonchamps, un oficial formado en la India. Tales experimentados soldados sabían que enfrentaban imposibles probabilidades, pero los valerosos campesinos respondieron a la convocatoria. En determinado momento, llegaron a dirigir a cerca de 35.000 campesinos en la batalla, muchos de ellospobremente equipados. En su auge en 1793, el ejército católico derrotó a los Mayençais, una fuerza de 20.000 veteranos que nunca antes había retrocedido en batalla en Europa.Una ilustración de Thomas Brennan puesta en el libro de Davies muestra la bravura y garbo de los líderes católicos. Ellos eran unos caballeros. El Marqués de Bonchamps, por ejemplo, pidió como último deseo antes de morir a los 33 años, que fuesen liberados los soldados gubernamentales que habían sido capturados. Cerca de 5.000 prisioneros fueron liberados, mientras que por el lado del gobierno, 29 carros de prisioneros católicos fueron ahogados en el depósito de Vihiers. Era difícil para el ejército católico acatar un código de honra frente a las incesantes atrocidades de sus enemigos. Los prisioneros liberados porBonchamps devastaron La Chapelle, donde habitaban en aquél entonces ancianos, mujeres y niños.

Entre las muchas atrocidades cometidas contra los católicos Vendeanos se encuentra la masacre de un hospital cerca de Yzernay, donde 2.000 soldados heridos, ancianos, mujeres y niños fueron masacrados. Una Capilla para honrar a esos mártires fue levantada en el lugar. Hubo también la masacre de 6.000 prisioneros católicos, muchos de ellos mujeres, después de la batalla de Savenay. También están los Mártires de Avrillé, la mitad de ellos mujeres – recientemente beatificados por Juan PabloII – quienes fueron sacados de la ciudad en lotes de 400, 50 fueron puesto en línea frente a una zanja y fueron fusilados. También fueron ahogados 5.000 en el río Loira en Nantes – sacerdotes, ancianos, mujeres y niños. Y 3.000 mujeres católicas fueron asesinadas ahogándolas en Pont-au-Baux. Los ahogamientos se transformaron en entrenamiento para los soldados. A los ahogamientos les pusieron nombres burlescos como “matrimonios republicanos” donde jóvenes y jovencitas católicos fueron atados desnudos de a dos y lanzados al agua. También lo llamaban “deportación vertical en la bañera nacional” y “bautismo patriótico”.
Aquellos que dirigieron dichas atrocidades fueron obviamente fanáticos en su odio al catolicismo, pero eran ellos los que acusaban al catolicismo de “fanatismo”. Para ser considerado culpable del supuesto “crimen” de fanatismo, bastaba que el católico ocultase a un sacerdote, escuchara Misa en secreto, o rezara el Rosario. Cuando las guillotinas no daban más a vasto con el número de “fanáticos” condenados, la legislación atea buscó métodos más eficientes para matar a las multitudes. Ellos deliberaron intoxicarlos en pozos con arsénico e inventaron “gases tóxicos”. Sólo faltaba la tecnología, ya que la voluntad había para aquello, tanto así que Auschwitz no superó a 1790. Así fue que, una vez desatado el terror entre 1794 a 1796, Davies observa que, esto “fue un hecho sin precedentes hasta el advenimiento deStalin t Hitler”. El General Westermann, el carnicero de la Vendée, informó al Comité De Seguridad Pública después de la batalla de Savenay en diciembre de 1793: “Siguiendo las órdenes que me dieron, yo aplasté a los niños debajo de las patas de los caballos, masacré mujeres… No tomé ni un sólo prisionero… los exterminé a todos…” Noten sus palabras: siguiendo las órdenes que ustedes me dieron.
El genocidio de los católicos Vendeanos no puede ser registrado como hecho por un ejército que se volvió loco. Fue un programa de aniquilación ordenado por los líderes del ateísmo dogmático. La Convención Nacional tomó la fría decisión de que los católicos Vendeanos “deben ser exterminados de la faz de la tierra”. Ordenaron a las tropas nacionales a dividirse en columnas y marchar a través de la región oeste de Francia destruyendo a todos y a todo – ancianos, mujeres y niños, incluso a los “patriotas” (así denominaron los revolucionarios gubernamentales a aquellos que en la Vendée se les opusieron) quienes incluso imaginaban que estarían a salvo mostrando sus certificados de lealtad otorgados por el gobierno. La región se transformó en un cementerio nacional que sirve como lección para todos los católicos en Francia. Ninguna persona, ninguna propiedad fue perdonada. Incluso los bosques intentaron incendiarlos. Esto no ocurrió debido a la incesante lluvia.
Nadie que haya leído las horribles descripciones detalladas por Secher sobre el genocidio de la Vendée puede atreverse a negar la existencia del Pecado Original. Aquí nos enfrentamos al corazón de lo más obscuro en el hombre. Un oficial de policía llamado Gannet escribió cómo vio como eran arrojados mujeres y niños dentro de hornos y cómo sus llantos eran “causa de entretención” para los soldados de Turreau que quería “continuar con sus placeres” incluso corriendo detrás de las victimas católicas para atraparlas. Entonces ellos procedieron a arrojar a 23 esposas de “patriotas verdaderos” dentro del fuego. Otro entretenimiento monstruoso consistía en lanzar a las mujeres por las ventanas para que cayeran sobre las bayonetas. En Angers las pieles de 32 víctimas fueron utilizadas para fabricar monturas para los oficiales, y en Meudon, se hizo la comparación entre la elasticidad de la piel de los hombres y de las mujeres.
Hace unos años se realizó una conferencia sobre la Sociedad del Siglo XVIII, escuché a una mujer decir al público citando una máxima de los filósofos franceses de ese siglo: “Los hombres finalmente serán libres cuando el último sacerdote sea estrangulado con las tripas del último de los príncipes”. En dicha ocasión, le pregunté a ella por qué citaba eso como dándole su aprobación, cuando era obviamente una muestra del anti-catolicismo intolerante. Ella negó rotundamente que aquello era fanatismo intolerante. Incluso argumentó que aquello era una respuesta legítima frente a la tiranía católica. Más aun, ella hizo oídos sordos antes otros argumentos. Esto es un ejemplo, si necesario fuese, del dogmatismo anti-católico que prevalece en las universidades de hoy. Desde no hay príncipes que proporcionen entrañas para el entrenamiento de los ateos dogmáticos, les queda sólo estrangular al sacerdocio católico de otra manera.

2 replies »

  1. La suerte de los vendeanos nos debe hacer pensar mucho más de lo que imaginamos. Sólo me limitaré a apuntar aquí unos cuantos items, reservándome el desarrollarlos sistemáticamente más tarde.

    Expliquemos en primer lugar por qué lucharon estos mártires: Su lema era Dios y el Rey, o sea Trono y Altar. Nuestros antepasados aún eran conscientes de que el mundo previo a la aparición del Redentor era un mundo caído, sujeto a la terrible esclavitud de Satanás, Príncipe de este mundo, no sólo en lo referente a cada persona individual, sino también al ámbito familiar, social, y político. Ello significa que sus estructuras políticas tendían, por su propia dinámica impulsadas por el demonio, a la condenación del mayor número posible de sus ciudadanos. Ninguna de las sociedades antiguas eran capaces de procurar el verdadero Bien Común, y por lo tanto, ninguna de ellas era legítima.

    Era absolutamente necesario que viniera el Mesías esperado, Aquél que tenía que librarnos del dominio del pecado, del demonio y del infierno, no sólo en cuanto personas privadas, sino en cuanto ciudadanos.

    Para ello, fundó la Iglesia, origen de todo autoridad legítima, y dentro de ella estableció dos potestades: La primera, el Sacerdocio, dotada de todos los medios sobrenaturales necesarios para la vida espiritual de los cristianos, así como de la autoridad jurisdiccional al servicio de ella y encarnada principalmente en el Papa y los Obispos.
    Y la segunda, la potestad temporal, o Imperio, también dotada de un poder sobrenatural en favor de la vida socio-política de los cristianos, de modo que también la esfera temporal contribuyera a la salvación del mayor número posible, y puesta a su servicio, la jurisdicción temporal, encarnada en este caso en los príncipes temporales, sobre todo, en los Reyes debidamente instituidos, consagrados y coronados por la potestad eclesiástica.

    Se supone que todo católico sabe que la potestad eclesiástica la funda Nuestro Señor sobre Pedro y los Apóstoles, y deviene realidad plena el día de Pentecostés.

    Pero casi ninguno sabe que el nacimiento de la potestad temporal del Nuevo Testamento, prefigurada en el Antiguo Testamento en la Tribu de Judá y la Casa de David, fundada por el Mismo Cristo y operada por el Espíritu Santo, no ocurre hasta la Navidad del año 496, cuando fue Ungido con un bálsamo venido del Cielo el primer Rey católico, y nace la primera Nación católica. Me estoy refiriendo, claro está, al Rey Clodoveo, o Clovis, y a Francia, Primogénita de la Iglesia.
    A imitación suya fueron fundadas las demás monarquías cristianas, y restaurado el Imperio en la persona de Carlomagno.

    Bien sabían las fuerzas del Infierno que mientras no derribaran el Trono de David del Nuevo Testamento, Protector de la Iglesia y del Sacerdocio, no podrían atacar al Papado con posibilidades de éxito.

    Tanto los revolucionarios como los realistas(no sólo los de la Vandea) sabían que Dios y el Rey eran una misma causa, inseparable uno del otro.

    Lo sabían además por la epopeya de santa Juana de Arco, que en el S. XV, cuando empezaban a nacer las herejías que darían lugar a la Revolución, les recordó el carácter sagrado y divino de la Realeza francesa, y su papel de defensora de la Cristiandad.
    Y también lo sabían porque el mismísimo Jesús , verdadero Rey de Francia, se lo había recordado en 1689, pidiendo al Rey Luis XIV que consagrara solemnemente a Su Sagrado Corazón su persona, familia, corte y reino, prometiéndole si lo hacía el triunfo contra todos sus enemigos, que ya tramaban la Revolución, por eso los vandeanos enarbolaban el Sagrado Corazón.
    Lo dicho más arriba vale en buena parte para la Monarquía Católica de España, en cuyo favor se apareció el Sagrado Corazón al Beato P.Hoyos, prometiéndole que reinaría en España, y pidiendo al Rey Felipe V que solicitara del Papa la Misa del Sagrado Corazón para sus reinos.

    Da que pensar que los que se levantaron los primeros fueron los más humildes, mientras que los oficiales, nobles, ya estaban en buena parte inficionados por las ideas masónicas, que muchos de ellos habían asimilado al ayudar a los revolucionarios americanos, y de cuya influencia no consiguieron librarse. Si asumieron el mando, fue literalemente empujados por sus tropas, y a alguno, tuvieron que ir a buscarlo literalmente bajo la cama. Aunque lucharon y murieron valientemente, esos oficiales ya soñaban con la reconciliación entre una monarquía “aggiornata” a la moda inglesa, y una Revolución “moderada”. Si los realistas no vencieron, fue en buena parte porque sus élites no tuvieron voluntad de vencer, porque no estaban convencidos de lo mismo que sus tropas… En cuanto el aventurero corso les ofreció una transacción, (unos buenos acuerdos…), se rindieron y se pusieron a su servicio.

    Lo mismo nos ocurrió en España, donde los oficiales de la primera guerra carlista se apresuraron a engrosar las filas del ejército liberal en cuanto Maroto consumó la traición con el abrazo de Vergara.

    Por cierto, que hablando de genocidios, pocos son los españoles que se acuerdan de que la aprobación e imposición de la masónica Constitución de 1812 provocó unas persecuciones, matanzas y destrucciones en nada inferiores a las francesas; muchos de nuestros pueblos fueron arrasados, saqueados, incendiados y envenenados por las tropas liberales, entre las que destacaron las milicias nacionales, antecesoras de la Guardia Civil, que fue concebida como un instrumento del Gobierno liberal de Madrid para someter los campos, que aún resistían a los usurpadores.

    Y no fueron sólo los nobles quienes cometieron ese fatal error estratégico: También los clérigos traicionaron sus obligaciones reconociendo por legítimo al usurpador Bonaparte, porque ellos también se habían dejado inficionar por las nuevas ideas, y creyeron que podían salvar a la Iglesia pactando con unas autoridades no legítimas.

    Unos y otros han olvidado que no se puede servir a dos señores. O se sirve a Dios honrando a las autoridades legítimas, es decir, las que Dios mismo ha constituido, sanado, elevado, llenado de Su Gracia, en favor de Su Gloria y para salvación de los hombres, y para que lucharan eficazmente contra las fuerzas del infierno, en cuyo caso sólo se debía reconocer al Rey Legítimo; o se pacta con unas falsas autoridades, y entonces deben saber que están sirviendo a la consolidación de unas fuerzas no redimidas por Cristo, y que muy al contrario, no sólo están bajo el dominio de los demonios, sino que por ser apóstatas, se encuentran en una esclavitud mucho peor que las autoridades del mundo antiguo. De tales autoridades anticrísticas, no cabe esperar sino persecución total, abierta, como con los vendeanos, los cristeros o la IIRepública española, o soterrada y taimada, como con Napoleón, Isabel II, o el actual Régimen juancarlista.

    Muy necios o ignorantes demuestran ser los que se extrañan de que esos poderes actúen según su naturaleza propia.

    El gran error de los siglos modernos está en que los cristianos han creído que podían componer y reconciliarse con unos poderes ilegítimos, sin poner en peligro la propia supervivencia de la Iglesia. Despreciaron el fundamento puesto por el mismo Cristo a las dos potestades, y aceptaron otro excogitado por el demonio.

    Y han tenido su merecido: Los poderes que ellos han elegido los han destruido como cristianos y esclavizado en el plano económico-socio-político con una eficacia hasta ahora desconocida.

    Pero no sólo eso: Una vez derribada la muralla que constituía para el Sacerdocio la realeza sagrada, éste se encontró sin protección. Y así como las fuerzas enemigas fueron pudriendo las estructuras socio-políticas hasta lograr la Revolución, fueron luego pudriendo las estructuras eclesiásticas-clericales, hasta poner a uno de los suyos en el Trono de san Pedro, de manera ilegítima, y hacer estallar 1789 en la Iglesia, es decir, el Vaticano II.

    Y como los católicos aún no han aprendido la lección, después de haber reconocido a unas autoridades ilegítimas en lo temporal, también han reconocido unas autoridades eclesiásticas ilegítimas, es decir, las actuales autoridades conciliares.

    Y lo mismo que sus antepasados vandeanos, los católicos resistentes fueron a buscar a sus oficiales de debajo de la cama, éstos se acabaron poniendo al frente con más o menos convencimiento, esperando el momento de concluir algún acuerdo con el enemigo, porque en buena parte, comparten sus mismos errores. Sólo esperan el momento adecuado para la traición…

    Supongo que a estas alturas, ya se habrán dado cuenta de que estoy pensando en la FSSPX, cuyas autoridades se aprestan a firmar el enésimo acuerdo con las falsas autoridades romanas, traicionando a tantos católicos honestos, porque comparten con sus enemigos, (Ocáriz y Cía) buena parte de sus errores, y no han sido capaces, en todos estos años, de denunciar la ilegitimidad de esas falsas autoridades, que primero los persiguieron violentamente, ahora les presentan la zanahoria, para volver a perseguirlos violentamente cuando les plazca.

    Gracias a Dios, son muchas las profecías que nos anuncian que Nuestro Señor restaurará Su Casa según las bases que Él mismo ha puesto, y enviará al legítimo heredero de los lises al Reino de Francia, por donde empezará la restauración universal, en que ayudará al Papa que será entonces designado, y expulsará a tanto clérigo indigno. Apresuremos este momento deseando y pidiendo a Dios unos reyes, unos Papas y unos Obispos según Su Corazón, y rechazando enérgicamente todos los errores con los que nos han ido envenenando durante los últimos siglos…

    La sangre de tantos mártires, chuanes o carlistas, no quedará sin respuesta.

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