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SAN ROBERTO BELARMINO VS. CAYETANOn Roberto


Traigo la refutación que hace Belarmino del gran teólogo Cayetano. La opinión de éste sobre un papa caído en la herejía era que sólo puede ser depuesto por sentencia de la Iglesia. Belarmino en la  hipótesis de un papa caído en herejía, que no quiere decir que él crea que pueda ser posible, tiene otra opinión que defiende con gran sutileza y profundidad con acopio de citas bíblicas y patrísticas.

Aparte de las consecuencas prácticas  el texto merece ser leído, por ser un exponente de la seriedad y rigor con que se defendían las propias teorías. Sin dejar de lado la emoción estética que produce seguir los razonamientos del gran doctor de la Iglesia.

San Roberto Belarmino, obispo jesuita y doctor de la Iglesia, especulando sobre el papa  que supuestamente cae en herejía, dijo que en esta situación hipotética, el Papa perdería ipso facto el Papado. Esto lo desarrolla en el capítulo 30 de la obra que encabeza lo siguiente, del que extraemos algunos párrafos

SAN  ROBERTO BELARMINO

De Romano Pontífice, libro II, cap.30

La cuarta opinión es la de  Cayetano,  que dice que el papa manifiestamente herético, no está, ipso facto, excomulgado, pero puede y debe ser excomulgado por la Iglesia. En mi opinión, este punto de vista no puede defenderse. Puesto que salta a la vista que, como se demuestra con argumentos de autoridad y  razón, el hereje manifiesto está excomulgado ipso facto.

El argumento de autoridad se deriva de S. Pablo (Tito, c. 3), que ordena que el hereje debe evitarse después de dos advertencias, es decir, después de manifestarse obstinado, y por lo tanto, antes de ninguna excomunión o sentencia judicial.

Ahora bien, un papa al ser papa no puede ser evitado  porque ¿Cómo podríamos  estar obligados a evitar a nuestra propia cabeza? ¿Cómo podríamos separarnos  nosotros mismos de un miembro que está unido a nosotros ?

Y esto es lo que escribe San Jerónimo, añadiendo que todos los otros pecadores están excluidos de la Iglesia por sentencia de excomunión, mientras que el hereje, por su propio movimiento,  se excluye a sí mismo y se separa del Cuerpo de Cristo.

Este principio es de lo más cierto. El no-cristiano no puede en modo alguno ser Papa, como el mismo  Cayetano admite (lib. c. 26). La razón es que un individuo no puede ser la cabeza de algo de lo que no es miembro, ya que un no cristiano no es un miembro de la Iglesia, y un hereje manifiesto no es cristiano, cosa  claramente enseñada por San Cipriano (lib. 4, Epist. 2), San Atanasio (Scr. 2 cont. Arian.) San Agustín (lib. de los great. Cristo. cap. 20), San Jerónimo (contra Lucifer) y otros, por lo tanto, el hereje manifiesto no puede ser Papa.

A esto, Cayetano responde (in Apol. pro tract. praedicto cap. 25 et in ipso tract. cap. 22) que el hereje no es un  cristiano “simpliciter”, sino es un cristiano “secundum quid”. Puesto que se admite que hay dos cosas que hacen a alguien cristiano – la fe y el carácter bautismal – el hereje, después de haber perdido la fe, de alguna manera permanece unido a la Iglesia y es sujeto capaz de jurisdicción, por lo tanto, el Papa  debe ser removido  [del soberano pontificado], puesto que tiene una disposición, o sea disposición última, para dejar de ser Papa: lo  mismo que un hombre que aún no ha muerto pero está “in extremis” [ a punto de morir].

Una vez más diré: En primer lugar, si  el hereje  se mantiene, “in actu”, unido a la Iglesia en virtud del carácter bautismal,  sería imposible cortarlo o separarlo de la Iglesia “in actu“, porque el  carácter bautismal  es indeleble. Pero nadie niega que cualquier persona  puede ser separada “in actu” de la Iglesia. En consecuencia, el carácter bautismal no hace a un hereje estar “in actu” en la Iglesia, sino es sólo una señal de que  antes estaba en la iglesia y que debe regresar a ella. De manera parecida, cuando una oveja perdida se extravía por el monte, la marca que lleva no señala que esté en el aprisco , sino que indica  de qué aprisco se ha escapado y a qué aprisco hay que devolverla.

Esta verdad está confirmada por Santo Tomás, que dice (Summ. Teología III, q 8, 3.)  que los que no tienen fe no están unidos “in actu” a Cristo, sino sólo potencialmente – y Santo Tomás se refiere aquí a la unión interior, no a la exterior, la cual  se produce por la confesión de la fe y los signos visibles. En consecuencia, como el carácter bautismal  es algo interno, no externo, de acuerdo con Santo Tomás el carácter bautismal por sí solo no une al hombre, “in actu”, a Cristo.

Además,  contra el argumento de Cayetano, o la fe es una disposición necesaria “simpliciter” a la persona para ser Papa, o sólo es necesaria para ser un buen Papa. En el primer caso, esta disposición se elimina por la disposición en contrario, o sea por una herejía, y el Papa inmediatamente deja de ser Papa, ya que la forma no se puede mantener sin las disposiciones necesarias. En el segundo caso, el Papa no podría ser depuesto por herejía, ya que de lo contrario, debería poder ser depuesto también  por ignorancia, inmoralidad y otras causas similares que impiden el conocimiento, la moral y todas las otras disposiciones necesarias  para ser un buen Papa (ad bene esse papae). Además, Cayetano ante esto, reconoce (Tract. Praed., Ca. 26) que el Papa no puede ser depuesto por falta de las disposiciones necesarias,  no [se refiere a las que lo son]“simpliciter”,  que son “ad bene esse”.

A esto, Cayetano responde que la fe es una disposición necesaria “simpliciter”, pero parcialmente, no totalmente, y  por consiguiente, aun cuando su fe desapareciera  seguiría siendo  Papa, debido a que la otra disposición, el carácter bautismal, aún persiste. 
Todavía una vez más, mi argumento sería: o la total disposición, que consiste en el carácter bautismal y la fe, es necesaria “simpliciter”, o no lo es; en este último caso  la disposición parcial sería suficiente. En el primer caso, desaparecida la fe, la disposición necesaria “simpliciter” ya no existe, ya que la disposición “simpliciter”, es la total que se necesita, y la total ya no existe. En el segundo caso, la fe sólo es necesaria “ad bene esse”, y por lo tanto su ausencia no justifica la deposición del Papa. Además, lo que se refleja en la disposición final en la muerte,  es  que deja de existir después de la muerte, sin la intervención de cualquier otra fuerza externa, en consecuencia, es igual de evidente, que el Papa hereje también deja de ser Papa por sí mismo, sin necesidad de ninguna deposición.

Por último, los Santos Padres enseñan unánimemente no sólo que los herejes están fuera de la Iglesia, sino que también están privados ipso facto de cualquier jurisdicción o dignidad eclesiástica. San Cipriano ( Lib. 2, Epist 6) dice: “Afirmamos que el hereje o cismático absolutamente  no tiene ningún poder o derecho”, y enseña también (Lib. 2, Epist 1) que los herejes que quieran volver a la Iglesia deben ser recibidos como laicos, incluso si han sido previamente sacerdotes u obispos de la Iglesia. San Optato (Lib. 1 cont. Parmen.) enseña que los herejes y cismáticos, no pueden tener las llaves del reino de los cielos, ni de atar o desatar. San Ambrosio (Lib. 1 de poenit., Cap. 2), San Agustín (in Enchir., Cap. 65), San Jerónimo (lib. cont. Lucifer) enseñan lo mismo.

El Papa San Celestino I (….. Ep. ad  Antioch, que aparece en Conc. Efes, Tome I cap.19) escribe: “Es evidente que [el excomulgado por Nestorio]  quedó, y sigue estando,  en comunión con nosotros, ya que nosotros no tenemos como excomulgados a todos los que han sido excomulgados o privados de sus cargos, episcopales o clericales, por el obispo Nestorio, o por otros que le sucedieron después de que él comenzara a predicar la herejía. Puesto que  el  mismo que ha merecido ser excomulgado, no puede excomulgar a nadie por su propia sentencia “.

  1. Igualmente, en una carta dirigida al clero de Constantinopla,  el Papa San Celestino I, dijo: “La autoridad de la Sede Apostólica ha determinado que los obispos, clérigos y  simples fieles que han sido depuestos  o excomulgados por Nestorio y sus sucesores después de que él  comenzara a predicar la herejía, no  deben tenerse por depuestos o excomulgados. Ya que alguien que se desvía de la fe con la predicación, no puede deponer o expulsar a nadie. 

San Nicolás I (Ep. ad Michael)  repite y confirma la misma cosa. Por último, Santo Tomás enseña  (S. Theol., II-II, q. 39, a. 3) que los cismáticos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y por lo tanto todo lo que hacen relativo a la jurisdicción es nulo. 
No existe ningún fundamento para lo que responden algunos  a esto: es decir que estos padres se basan en una ley anterior, y ahora, por decreto del Concilio de Constanza, sólo aquellos que han sido excomulgados expresamente,  o  que son clérigos, pierden su jurisdicción. Yo digo que este argumento no tiene ningún valor, ya que estos padres, al decir que los herejes pierden cualquier jurisdicción, no se basan en ninguna ley humana tocante a la cuestión, que probablemente ni siquiera existía entonces, sino que argumentaron  fundándose en la propia de la naturaleza de la herejía.

El Concilio de Constanza sólo trata de los excomulgados, es decir,  de aquellos que perdieron su jurisdicción por sentencia de la Iglesia, mientras que los herejes, incluso antes de que sean excomulgados, están fuera de la Iglesia y privados de cualquier jurisdicción. Ya que están condenados por su propia sentencia, como enseña el Apóstol (Tito 3:10-11), fueron cortados del cuerpo de la Iglesia sin  excomunión como afirma san Jerónimo.

Aparte de esto, la segunda afirmación de Cayetano, que afirma que el Papa hereje verdadera y autorizadamente sólo puede ser depuesto por la Iglesia, no es menos falsa que la primera. Porque si la Iglesia depone al Papa en contra de su voluntad, está sin duda por encima del Papa. Sin embargo, el mismo Cayetano, en el mismo tratado, mantiene lo contrario. Cayetano responde a esto que la Iglesia, al deponer al Papa no tiene autoridad sobre el Papa, sino obre el vínculo entre su persona y el pontificado. De la misma manera que la Iglesia, uniendo el pontificado a la persona, no está por encima de la Papa, también la Iglesia  puede separar el pontificado de la persona en el caso de herejía, sin que esté por encima del Papa. 
Pero contra esto, hay que señalar, en primer lugar que, del hecho de que el Papa depone a los obispos, se infiere  que el Papa está en por encima de  los obispos, aun concediendo que el Papa, mediante la deposición de los obispos, no destruye la jurisdicción episcopal, sino sólo la separa de la persona. En segundo lugar, deponer a  cualquiera del pontificado en contra de la voluntad del que es depuesto, es sin duda castigarle. Pero, castigar es propio del superior o del juez. En tercer lugar, siguiendo a Cayetano y a otros tomistas,  como el todo y  las partes consideradas como un conjunto son realmente la misma cosa, quien tiene autoridad sobre las partes consideradas como un todo, pudiendo separarlas entre sí, también tendría autoridad sobre el todo integrado por las partes.

El ejemplo de los electores, traído por Cayetano, que tienen la facultad de designar a una persona al Pontificado, sin tener el poder del Papa, también carece de valor. Porque cuando  se crea una cosa, el acto se ejerce sobre la materia de la cosa futura, y no en el compuesto, que no existe todavía, pero cuando algo se destruye, el acto se realiza sobre el compuesto. Esto se hace evidente al considerar la naturaleza de las cosas. Por lo tanto, en la creación del Pontífice, los Cardenales no ejercen su autoridad sobre el Pontífice, ya que no existe todavía, sino en la materia, es decir, la persona que se dispone a ser elegida para recibir de Dios la forma del Pontificado. Pero, si deponen al Pontífice, necesariamente ejercen autoridad sobre el compuesto, es decir, sobre la persona con el poder pontificio, en otras palabras, sobre el Pontífice.

En consecuencia, la opinión verdadera es la quinta, que manifiesta que el Papa herético es cesado  por sí mismo como  Papa y cabeza, del mismo modo que deja de ser  cristiano y  miembro del cuerpo la Iglesia y por esta razón, podría ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los Padres antiguos que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y esto es dicho de forma explícita por San Cipriano (lib. 4, Epist. 2), que dijo lo siguiente acerca de Novaciano, que fue el Papa [antipapa] durante el cisma que surgió bajo el pontificado de San Cornelio: “No había podido mantener el episcopado, y, si había podido ser nombrado obispo antes, se separó, por sí mismo del  cuerpo de los que eran, como él,  obispos, y de la unidad de la Iglesia “.

De acuerdo con la afirmación de San Cipriano en este pasaje, concediendo que Novaciano habría sido verdadero y legítimo Papa, habría caído de forma automática del pontificado al separarse de la Iglesia. 
Esta es la opinión de la mayoría de los grandes doctores más recientes, como Jean Driedo ( lib. 4 de Script. et dogmat. Eccles., cap. 2, par. 2, sent. 2 ) , que enseña que sólo se separan de la Iglesia los que son expulsados de ella por la excomunión o los que se van por sí mismos o  se oponen a ella como herejes o cismáticos. Y en esta séptima afirmación, sostiene que  absolutamente ningún poder espiritual de los que hay en la Iglesia  permanece en los que la abandonan. 

Melchor Cano dice lo mismo (lib. 4, de loc., Cap.2)  enseñando que los herejes no son miembros y no son parte de la Iglesia, y  ni siquiera puede imaginar que alguien pudiera ser su cabeza y  Papa, sin ser miembro, o  parte (cap. ult. ad argument. 12).Y  enseñaba, en primer lugar, con palabras sencillas, que los herejes ocultos siguen estando en la Iglesia, porque son miembros y forman parte de ella, y que por lo tanto, un Papa  ocultamente hereje sigue siendo Papa. Esta es también la opinión de otros autores que hemos citado en el libro De Ecclesia
Este argumento se funda en que el hereje manifiesto no es de ninguna manera  miembro de la Iglesia, es decir,  ni espiritual ni corporalmente, lo que significa que no es  miembro  por  unión interna, ni por unión externa. Los católicos, incluso los malos  son miembros de ella y están unidos a la Iglesia espiritualmente por la fe, y corporalmente por la confesión de la fe y por la participación en los sacramentos visibles. Los herejes ocultos están unidos  a ella sólo por unión externa y, por el contrario, los  buenos catecúmenos pertenecen a la Iglesia sólo por  unión interna, no por unión externa, pero los herejes manifiestos no están unidos  la Iglesia de ninguna manera, tal como lo hemos demostrado “.

3 replies »

  1. Efectivamente, san Roberto argumenta seriamente, y lo que es aún más importante, sabe ser consecuente con las implicaciones del fruto de sus investigaciones, actitud no demasiado común en nuestros días.

    Por lo que se ve, la historia se repite una y otra vez. En aquellos tiempos, ya había gente dispuesta a sostener que un Papado, y en general cargo eclesiástico, no son necesariamente incompatibles con la herejía pública.
    Los argumentos de nuestro Doctor nos siguen sirviendo perfectamente.

    Especialmente notable la afirmación sobre la no-necesidad de un acto jurídico de la Iglesia declarando la pertinacia de un sujeto para que éste pierda inmediatamente toda jurisdicción eclesiástica, en cuanto exterioriza, por cualquier medio, su herejía. Ello implica que estamos hablando no sólo del Papa, sino de todos los demás jerarcas eclesiásticos. En cuanto han exteriorizado su apoyo a la herejía, en ese mismo momento han salido de la Iglesia, se han excomulgado a sí mismos, han perdido toda autoridad que pudiesen haber tenido, y han renunciado espontáneamente a cualquier cargo en la Iglesia. Eso es lo que los “católicos” conciliares, así como muchos tradicionalistas más o menos cercanos a la FSSPX no quieren ver.

    Más aún, se niegan a plantear LA pregunta fundamental: ¿La organización religiosa conocida por casi todos bajo el nombre de Iglesia Católica, actualmente presidida por Benedicto XVI, y que reconoce al Concilio Vaticano II y todo lo que de él ha salido como legítimo, sigue siendo la Iglesia de Cristo, o un cuerpo cismático y herético que en modo alguno puede ser la verdadera Iglesia Católica?

    Y es que un número considerable de los Obispos que asistieron al Concilio Vaticano II ya eran herejes, aunque todavía no públicos, por lo que todavía conservaban la jurisdicción eclesiástica. Pero a medida que fueron aprobando documentos cada vez más heréticos, hubieran debido darse cuenta de que con ello, estaban edificando un nuevo cuerpo cismático, que conforme a lo anunciado por Nuestra Señora en La Salette, iba a eclipsar a la auténtica Iglesia.

    A partir del 7-8 de Diciembre 1965, cuando se aprobaron tanto el decreto sobre la libertad religiosa, como en general los demás documentos del Concilio, quedó clara la separación: Al menos en el fuero externo y jurídico, ya no pertenecían a la Iglesia católica todos los que dieron su acuerdo. En el fuero interno, es probable que buena parte de ellos no se dieran cuenta de la gravedad de lo que estaba sucediendo, por lo que todavía pertenecían a la Iglesia, pero conforme han ido andando los tiempos, las mentes han ido acogiendo los errores presentes en el Concilio, y aumentados por los pervertidores posconciliares, hasta tal punto de que deben ser reputados herejes públicos y pertinaces hasta que ellos mismos, por sus actos y palabras, demuestren lo contrario.

    No por nada, anunciaba Nuestra Señora el 18 de Junio 1965, en Garabandal, pocos meses antes del fatal desenlace, que muchos cardenales, obispos y sacerdotes iban por el camino de la perdición, y arrastraban tras de sí a muchas almas.

    Como decía, la historia se repite: En aquellos tiempos, los timoratos intentaban apoyarse sobre un decreto del Concilio de Constanza, para afirmar que sólo los nominalmente excomulgados perdían la jurisdicción. Les contesta san Roberto recordando que no se trata aquí de ley humana, sino de ley divina fundada sobre la naturaleza misma de la herejía.

    Los sedeplenistas de hoy pretenden repetir la operación: Con una dificultad mayor: Que el Papa Pablo IV definió en una solemne Constitución en forma de Bula, la total incompatibilidad entre jurisdicción y herejía, no sólo entre la jerarquía eclesiástica,sino también, en la temporal.

    Y como sus antecesores del S. XV, los actuales componedores con los enemigos de la Iglesia pretenden que esa Bula habría sido abrogada, no se sabe muy bien si por Benedicto XV, o Pío XII, cuando lo cierto es que su doctrina es perenne y no abrogable.

    Y como queda demasiado patente por el post que tenemos arriba, la absoluta absurdidad de tener un hereje público y a la vez verdadero papa, u obispo, o abad, etc…recurren a otra estratagema: Negar que los “papas” conciliares sean unos herejes. Por eso se habla tanto de “hermenéutica de la continuidad”, que es lo que actualmente están intentando hacer tragar a la FSSPX, porque ésta ha cometido el gravísimo error de reconocer legitimidad a unos heresiarcas que de ningún modo pueden tenerla.

    Y sino, adoptan la postura Williamson: El “papa” y obispos actuales no habrían salido de la Iglesia, porque la mentalidad liberal de la que estarían afectados actuaría al modo de una especie de estado de locura intelectual, que les impediría comprender su alejamiento de la Fe católica, y les permitiría mantener su jurisdicción sobre los cristianos, a la vez que siembran herejía, abominación y desolación a manos llenas.
    Postura directamente bufonesca, y que en alguien tan inteligente y bien formado como Tricky Richie, descubren al “agent provocateur” e intoxicador, aventajado discípulo de Malcolm Muggeridge y del primer 007, alias John Dee.

    Por cierto, que el texto de Cayetano sobre los electores me trae a la memoria la tesis de vía media, típico hallazgo anglicano reinventado sin saberlo por Mons. Guérard des Lauriers, para quién el designado por los cardenales sería Papa “materialiter”, pero no “formaliter”, porque su herejía impediría que recibiera la autoridad en acto.

    A lo que habría que contestar con Paulo IV, que una persona que ha desviado de la Fe antes de su designación no es materia apta para que los cardenales actúen sobre ella y la hagan susceptible de recibir la autoridad.

    Suponiendo que Benedicto XVI, por una iluminación del Espíritu Santo, abjurara públicamente de sus errores, regresando así al seno de la Iglesia, no por ello recibiría una autoridad papal que se habría quedado en suspensión hasta ese momento, seguiría estando radicalmente inhabilitado para la recepción de la jurisdicción eclesiástica.

    Y es que muchos todavía abrigan ilusiones sobre un arreglo progresivo de la apocalíptica situación en que se encuentra la Iglesia, por lo que se puede entender la rabia con la que no pocos acogen estos irrefutables argumentos, que les muestran que la situación sólo se arreglará con una intervención extraordinaria de Dios mismo, que tendrá carácter de castigo muy doloroso para muchos de nosotros, extremo éste harto profetizado por muchos santos, pero que molesta nuestro pequeño confort intelectual.

    Ecce advenit Dominator Gentium et Regum, Venite, procidamus ante Eum!

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  2. Wow!
    Lucido analsis!… Y polemico, por demas… con el que MUCHOS no estaran de acuerdo, ya que esta “cuadriculado” y en blanco y negro… sin rendijas para escaparse…

    Aunque deja un punto GRAVE sin respuesta, y que puede contraponerse a todo el analisis presentado…

    Segun este analisis, la Iglesia (VISIBLE) habria desaparecido del mapa!…
    Si a la Iglesia le quitamos la cabeza visible (Benedicto XVI) por hereje, automaticamente, todo aquel que lo sostenga (en la jerarquia o que este bajo las ordenes de) IPSO FACTO se convierte en complice, y por lo tanto, profesa la misma herejia que la cabeza… asi que con ello eliminamos a toda la jerarquia romana (obispos, arzobispos, etc.)… y con ellos, a un buen numero de sacerdotes

    Y ademas, de los que queden, habria que ver si esos sacerdotes son ORTODOXOS (porque hay cada curita hoy en dia que no hay modo que sean “alter Christi”).

    Asi pues, solo quedarian las ‘ovejas’ del rebaño… sin pastores, sin iglesias, sin roma… Y donde esta, entonces, la Iglesia?

    Ya sacamos tambien de la ecuacion a la FSSPX, al hacerse sostenedores de la linea media… quedarian pues, algunos sedevacantistas aqui y ahi… grupos aislados, muchas veces enemistados entre si… y habria que ver que tan validas son sus ordenaciones!

    Asi pues, donde estaria la Iglesia?

    Y sobre todo: Habria, en algun Sagrario de este mundo, Hostias VALIDAMENTE consagradas? y como distinguirlas?

    Pues, si no hay Hostias Consagradas sobre la faz de este plantea, su destruccion es INMINENTE, pues seria peor que el caso del profeta que clamaba por la Ciudad que iba a ser destruida (“Señor… y si encuentro 10 justos, tu la perdonas?”)

    Y esto seria, a todas luces, el triunfo de satanas sobre la Iglesia… lo cual, sabemos que no es posible, pero, deja sin respuesta la pregunta: Si esto FUERA asi, dond esta LA IGLESIA que ha de PERDURAR VISIBLEMENTE hasta el final de los tiempos?

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