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SAN ROBERTO COMENTADO


Aquí subo, como otras veces, un comentario a un post de este mismo blog, que considero importante y especialmente lúcido. Se trata de un comentario al post titulado SAN Roberto Belarmino vs. Cayetano. Como otras veces es de Fray Eusebio de Lugo O.S.H.

La ocasión del post comentado fue para mí el haber leído y oído citas y comentarios tergiversando al Belarmino . Esta fue la razón de nuestro post San Roberto Falsificado. Particularmente chocante fue la cita de un comentarista aduciendo que San Roberto habría reconocido como probable  no hereje al papa Honorio, luego también probable hereje (véase aquí ), y reconocido por él sin embargo como papa. Esto me llevó a traducir en un post el pensamiento del Belarmino en su muy citado “De Romano Pontífice” cap.30  y reproducir las citas en su contexto. Creo  que aparece claro el pensamiento del santo doctor sobre la imposibilidad de un cargo eclesiástico con jurisdicción -papa, obispo etc.- siendo hereje manifiesto. Un comentario a éste cap.30, es el  siguiente y cualquiera está invitado a refutarlo en este mismo blog donde constará su disentimiento.

Por Fray Eusebio de Lugo O.S.H.

Efectivamente, san Roberto argumenta seriamente, y lo que es aún más importante, sabe ser consecuente con las implicaciones del fruto de sus investigaciones, actitud no demasiado común en nuestros días.

Por lo que se ve, la historia se repite una y otra vez. En aquellos tiempos, ya había gente dispuesta a sostener que un Papado, y en general un cargo eclesiástico, no son necesariamente incompatibles con la herejía pública.
Los argumentos de nuestro Doctor nos siguen sirviendo perfectamente.

Especialmente notable la afirmación sobre la no-necesidad de un acto jurídico de la Iglesia declarando su pertinacia, de un sujeto, para que éste pierda inmediatamente toda jurisdicción eclesiástica, en cuanto exterioriza, por cualquier medio, su herejía. Ello implica que estamos hablando no sólo del Papa, sino de todos los demás jerarcas eclesiásticos. En cuanto han exteriorizado su apoyo a la herejía, en ese mismo momento han salido de la Iglesia, se han excomulgado a sí mismos, han perdido toda autoridad que pudiesen haber tenido, y han renunciado espontáneamente a cualquier cargo en la Iglesia. Eso es lo que los “católicos” conciliares, así como muchos tradicionalistas más o menos cercanos a la FSSPX no quieren ver.

Más aún, se niegan a plantear LA pregunta fundamental: ¿La organización religiosa conocida por casi todos bajo el nombre de Iglesia Católica, actualmente presidida por Benedicto XVI, y que reconoce al Concilio Vaticano II y todo lo que de él ha salido como legítimo, sigue siendo la Iglesia de Cristo, o un cuerpo cismático y herético que en modo alguno puede ser la verdadera Iglesia Católica?

Y es que un número considerable de los Obispos que asistieron al Concilio Vaticano II ya eran herejes, aunque todavía no públicos, por lo que todavía conservaban la jurisdicción eclesiástica. Pero a medida que fueron aprobando documentos cada vez más heréticos, hubieran debido darse cuenta de que con ello, estaban edificando un nuevo cuerpo cismático, que conforme a lo anunciado por Nuestra Señora en La Salette, iba a eclipsar a la auténtica Iglesia.

A partir del 7-8 de Diciembre 1965, cuando se aprobaron tanto el decreto sobre la libertad religiosa, como en general los demás documentos del Concilio, quedó clara la separación: Al menos en el fuero externo y jurídico, ya no pertenecían a la Iglesia católica todos los que dieron su acuerdo. En el fuero interno, es probable que buena parte de ellos no se dieran cuenta de la gravedad de lo que estaba sucediendo, por lo que todavía pertenecían a la Iglesia, pero conforme han ido andando los tiempos, las mentes han ido acogiendo los errores presentes en el Concilio, y aumentados por los pervertidores posconciliares, hasta tal punto  que deben ser reputados herejes públicos y pertinaces hasta que ellos mismos, por sus actos y palabras, demuestren lo contrario.

No por nada, anunciaba Nuestra Señora el 18 de Junio 1965, en Garabandal, pocos meses antes del fatal desenlace, que muchos cardenales, obispos y sacerdotes iban por el camino de la perdición, y arrastraban tras de sí a muchas almas.

Como decía, la historia se repite: En aquellos tiempos, los timoratos intentaban apoyarse sobre un decreto del Concilio de Constanza, para afirmar que sólo los nominalmente excomulgados perdían la jurisdicción. Les contesta san Roberto recordando que no se trata aquí de ley humana, sino de ley divina fundada sobre la naturaleza misma de la herejía.

Los sedeplenistas de hoy pretenden repetir la operación: Con una dificultad mayor: Que el Papa Pablo IV definió en una solemne Constitución en forma de Bula, la total incompatibilidad entre jurisdicción y herejía, no sólo entre la jerarquía eclesiástica,sino también, en la temporal.

Y como sus antecesores del S. XV, los actuales componedores con los enemigos de la Iglesia pretenden que esa Bula habría sido abrogada, no se sabe muy bien si por Benedicto XV, o Pío XII, cuando lo cierto es que su doctrina es perenne y no abrogable.

Y como queda demasiado patente por el post que tenemos arriba, la absoluta absurdidad de tener un hereje público y a la vez verdadero papa, u obispo, o abad, etc…recurren a otra estratagema: Negar que los “papas” conciliares sean unos herejes. Por eso se habla tanto de “hermenéutica de la continuidad”, que es lo que actualmente están intentando hacer tragar a la FSSPX, porque ésta ha cometido el gravísimo error de reconocer legitimidad a unos heresiarcas que de ningún modo pueden tenerla.

Y si no, adoptan la postura Williamson: El “papa” y obispos actuales no habrían salido de la Iglesia, porque la mentalidad liberal de la que estarían afectados actuaría al modo de una especie de estado de locura intelectual, que les impediría comprender su alejamiento de la Fe católica, y les permitiría mantener su jurisdicción sobre los cristianos, a la vez que siembran herejía, abominación y desolación a manos llenas.
Postura directamente bufonesca, y que en alguien tan inteligente y bien formado como Tricky Richie, descubre al “agent provocateur” e intoxicador, aventajado discípulo de Malcolm Muggeridge y del primer 007, alias John Dee.

Por cierto, que el texto de Cayetano sobre los electores me trae a la memoria la tesis de vía media, típico hallazgo anglicano reinventado sin saberlo por Mons. Guérard des Lauriers, para quién el designado por los cardenales sería Papa “materialiter”, pero no “formaliter”, porque su herejía impediría que recibiera la autoridad en acto.

A lo que habría que contestar con Paulo IV, que una persona que se ha desviado de la Fe antes de su designación no es materia apta para que los cardenales actúen sobre ella y la hagan susceptible de recibir la autoridad.

Suponiendo que Benedicto XVI, por una iluminación del Espíritu Santo, abjurara públicamente de sus errores, regresando así al seno de la Iglesia, no por ello recibiría una autoridad papal que se habría quedado en suspensión hasta ese momento, seguiría estando radicalmente inhabilitado para la recepción de la jurisdicción eclesiástica.

Y es que muchos todavía abrigan ilusiones sobre un arreglo progresivo de la apocalíptica situación en que se encuentra la Iglesia, por lo que se puede entender la rabia con la que no pocos acogen estos irrefutables argumentos, que les muestran que la situación sólo se arreglará con una intervención extraordinaria de Dios mismo, que tendrá carácter de castigo muy doloroso para muchos de nosotros, extremo éste harto profetizado por muchos santos, pero que molesta nuestro pequeño confort intelectual.

Ecce advenit Dominator Gentium et Regum, Venite, procidamus ante Eum!

5 replies »

  1. Sobre el apoyo de la Tesis en Garabandal, creo que se deben distinguir algunas cuestiones.

    1º Que del segundo mensaje de Garabandal no se puede deducir que “ir por el camino de la perdición” sea equivalente a “haber caído en herejía”. Se puede ir por el camino de la perdición, aún afirmando los dogmas de siempre. Ejemplo, para no molestar a nadie, léase a Dante en su Divina Comedia en cualquier edición con notas que ilustran sobre los personajes reales a quienes achaca los vicios.

    2º El sacerdote José Ramón García de la Riva, -testigo cualificado de aquellos acontecimientos de Garabandal-, en su libro “Memorias de un cura de Aldea”, reeditado recientemente y del cual tengo un ejemplar dedicado, cita a uno de los testigos más cualificados y que conserva el mayor número de documentos sobre los acontecimientos (Plácido). Este Plácido aún vive, y por misteriosos designios de la Providencia, me ha regalado su amistad. Pues bien, este testigo afirma que conserva, entre otras cartas manuscritas de Conchita, (una de las videntes; la más conocida) una en la que afirma que la Virgen en su segundo mensaje no habló de cardenales y obispos, sino sólo y en general de sacerdotes y que debido a las presiones de algunos clérigos, añadió ella lo de cardenales y obispos. Naturalmente que los obispos y cardenales en el Concilio eran sacerdotes y con sólo citarlos podría pensarse también en obispos; lo que no quita ni pone nada, sino que simplemente hay que ser cautos a la hora de apoyarse en revelaciones privadas, por muy verdaderas que puedan parecer.

    3º Como sin duda sabe, la vidente Conchita se retractó en primer lugar ante el administrador apostólico, D. Doroteo y tiempo después lo hicieron todas ante el Obispo Mons. Si bien no negaron que habían recibido los mensajes, re retractaron de haber visto a la Virgen. ¡sorprendente! Es negar y no negar. De cualquier forma las negaciones fueron ocasionadas por la presión y amenazas de la comisión, informal e acientífica, que tenía por objeto investigar los hechos, y donde el actuario hacía las veces de notario, abogado, fiscal y juez. Comisión exenta del más mínimo rigor y profesionalidad, con ideas preconcebidas, pero cuyo neurólogo, imbuido de las modas siquiátricas del momento que aplicaba a las videntes, terminó finalmente creyendo en las apariciones. Pero el mal ya estaba hecho.

    4º Se ha dicho que Garabandal está en continuidad con Fátima. Respecto a las videntes hay una diferencia: en Fátima los tres pastorcillos estaban dispuesto al martirio antes de retractarse. En Garabandal fue suficiente una presión mucho menor para que cometieran la ofensa. Este aspecto sin duda confunde.

    Pues bien, inclinándome yo a creer en dichas apariciones, hay, sin embargo, aspectos aún confusos, que no provienen de los mensajes Virgen en sí, sino de los intereses no totalmente puros y hasta ‘inconfesables’ de unos y otros que pudieron influir en las declaraciones de unas niñas que si bien eran aún inocentes, tampoco estaban exentas de las inclinaciones propias del alma en esa edad. Por ejemplo: la tendencia a envidia que el autor del citado libro reconoce como defecto en una de ellas y que le hacía sufrir, etc. Por todo ello, creo modestamente que, si bien en la controversia Roberto Belarmino versus Cayetano pueda el Santo doctor tener razón, apoyar la tesis de este post en una interpretación de Garabandal es dar al mensaje de la Virgen un sesgo que, cuanto menos, no parece legítimo hacer, y que puede alejarse y tergiversar el verdadero núcleo del mensaje de Garabandal.

    Lo cual no siendo legítimo aplicar las palabras de la Virgen explícitamente a la herejía y a un Concilio que ya se había convocado (1961), sí lo es deducir conclusiones por nuestros razonamientos. Así lo hace también en su libro el autor citado ‘up supra’

    Gratia et pax Christi tecum
    (Nota) Disculpen que se otra vez yo a quien le toca disentir.

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  2. Estimado Sofronio:

    1. No indica abiertamente la herejía, entre otras cosas porque no era lo único que los estaba llevando por el camino de la perdición, pero desde luego, era el pecado más grave de los que podían estar cometiendo, y los iniciados en los arcanos vaticanos entendieron perfectísimamente y desde el principio que Nuestra Señora se refería no exclusivamente, pero sí principalmente, a lo que estaba a punto de consumarse en la Basílica del Príncipe de los Apóstoles.

    2. Ignoro lo que pueda poner en esa carta detenida por nuestro común amigo Plácido, pero son muchos los testigos que pueden confirmar que ocurrió exactamente lo contrario de lo que Ud. afirma:
    Conchita empezó explicando el mensaje del año ´65 utilizando solamente la palabra sacerdotes, porque le parecía imposible que también obispos y cardenales fueran por ese camino. Al fin y al cabo, también eran sacerdotes. Sin embargo, cuando tuvo que poner por escrito las palabras exactas de la Virgen, designó literalmente a esos jerarcas.
    Para muestra un botón: D. Valentín Marichalar, párroco de Garabandal en el tiempo de las apariciones, fue testigo de muchos de los éxtasis de las niñas, y de uno en concreto, en que las niñas decían, con inmensa sorpresa: “¡Oh, sacerdotes, y también obispos, y hasta cardenales!” Y D. Valentín señalaba cómo la Virgen les estaba explicando que los responsables eclesiásticos se estaban desviando del buen camino, y cómo esos desaguisados serían subsanados en un Concilio futuro, que sería el más grande de todos, y por cierto, objeto de muchas profecías a través de los siglos.

    ¿No pensará que Conchita, y las demás niñas, habrán interpolado el mensaje, no muy extenso, y que incluso se ha grabado en piedra, consintiéndolo ellas, en los mismos lugares donde fueron dados?

    3. También sabrá que la misma Virgen les advirtió de que llegaría el día en que ellas mismas negarían haberla visto, empezarían a dudar, e incluso se contradecirían entre ellas mismas, y que esto era signo de la enorme confusión que crecía como verdadera epidemia en la Iglesia, y aún no ha remitido. Una de las cuatro niñas (Ya crecidita), aún sigue negando que hubiese visto nada, y sin embargo acude a un supuesto sitio de apariciones(falsísimas) como es Medjugorge. Sus compañeras saben que no es sin misterio de Dios, y que volverá a dar testimonio de lo que vió el día del Aviso.

    4. Hay una gran variedad en las condiciones personales de las diferentes apariciones marianas, así como diferentes misiones para cada uno, y es difícil juzgar por comparación de unos con otros. Creo que el testimonio constante de las tres compañeras a través de todos estos años, con no pocos sufrimientos personales y familiares, así como su ejemplar discreción y prudencia, deberían darnos una razonable seguridad y certeza moral. Los defectos que pudieran tener las niñas, no diferentes de los que pudieron manifestar otros videntes reconocidos, no han afectado su misión de transmisores objetivos de las palabras de la Santísima Virgen. Y si algo pudo influir en las declaraciones subsiguientes de las niñas, ya de su cosecha,no fue en el sentido de agravar las palabras de Nuestra Señora, sino más bien al revés:
    Imagínese que esas pobres aldeanas pensaban que un sacerdote no podía pecar, ¿Cuál no sería su sorpresa viendo a los sucesores de los Apóstoles caminar por la senda de perdición?
    Da más bien la impresión de que callaron buena parte de lo que vieron sobre el estado presente y futuro del clero y del pueblo cristiano, por miedo a no ser bien comprendidas, cuando no directamente a la persecución abierta, y lo cierto es que tampoco tenían misión para revelar el verdadero estado de la Iglesia, puesto que los cristianos ya tenían todos los instrumentos para darse cuenta de ello, otra cosa es que quisieran enterarse, y ser fieles a lo encontrado, a pesar del desprecio y persecución que les pudiera acarrear.

    Por otra parte,
    – sabiendo cómo la Virgen lo sabía todo de la preparación y desarrollo de ese concilio, y sobre todo de la finalidad subversiva que le dieron los que lo planearon, muchos años antes de la elección de Juan XXIII,
    -sabiendo cómo la misma Santísima Virgen fue escarnecida por esa asamblea, negándole esquema propio, y orillándola en un capítulo de la Constitución sobre la Iglesia, aparte otras afirmaciones injuriosas.
    – sabiendo que el culto, ante todo eucarístico, iba a ser subvertido por las ideas presentes en la const. de liturgia, y el sacerdocio, y lo demás…

    ¿A qué cree que se podía referir la Virgen con esas palabras? La casa estaba empezando a arder por los cuatro costados, cree que la Virgen se estaba refiriendo a algún agujero en la alfombra?

    Intelligenti pauca…Como dice S. Ignacio, refiriéndose a que la primera visita de Cristo fue a Su Madre, aunque no lo mencione la Escritura, “El Señor supone que tenemos inteligencia”. ¡A ver si va a ser mucho suponer!

    Si la Virgen hubiera señalado claramente el carácter cismático y heretizante del Concilio, a imagen del de Basilea, y la ilegitimidad de los ocupantes del trono petrino desde Juan XXIII, ¿Qué cree que hubiera ocurrido? Si habiendo dicho tan poco, aunque sugiriendo tanto, han perseguido a Garabandal hasta hacerla casi desconocida en su propia patria, a saber lo que hubiese ocurrido de haber sido más explícita…

    Como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia de la Iglesia, la disensión entre los siervos de Dios, si se mantiene entre las dos columnas de la sensatez y la caridad, en temas discutibles, como lo es éste, es bien venida, y útil tanto para el que afirma, como para el que contradice.

    Alabemos pues, a Dios, y ándese la paz en el Coro.

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  3. Su explicación es razonable. Respecto a la carta que Plácido afirma tener en su posesión y que me ha ofrecido leer (cosa que no he hecho) no le doy mucho valor, porque no sólo en estas videntes, sino que incluso místicos como Santa Teresa o el Beato Padre Hoyos y hasta en los videntes de Pontmain, también fueron tentados con dudas e , incluso, y al parecer, la misma Lucía vidente de Fátima. Sobre ésta se preocupa el Dr. Formigäo y antes el propio Francisco y aunque no pudo conseguir su retiro, quiso la Providencia que tomara posesión de la diócesis de Leira D. José Alves Correia da Silva quien tomó una de las primeras medidas providenciales para mantener a Lucía a buen recaudo de asedios y peligros. La situación era bien distinta en 1961 y no había en Santander para las videntes de Garabandal un D. José Alves Correia regiendo la diócesis.

    Me gustaría, no obstante, saber su opinión sobre lo siguiente:

    Si el peligro de cisma y herejía que se iba a materializar era de tan graves consecuencia para la salvación de las almas, por qué la Virgen hace tanto énfasis en que se obedezca a los sacerdotes, a los obispos, etc. Y no sólo una vez, sino en muchísimas locuciones. Es comprensible la explicación de que la Virgen María no quisiera que las videntes comunicaran toda la gravedad de la situación a un pueblo español sencillo, casi todo el aldeano, porque les resultaría, incluso incomprensible y en ese mismo sentido cabe entender algunas llamadas a la obediencia a la jerarquía. Sin embargo la llamada a obedecer a esa misma jerarquía que estaba celebrando un concilio, no fue algo tangencial al ‘mensaje de Garabandal’ ya que no se puede separar del mismo.¿ Cómo loo explica usted?

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  4. Great post! It always amaze me how people can take time to write them. But to be honest maybe you should change the color of the texts? Sorry if I am being rude, just trying to help. Kind regards, Sophia

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  5. He aquí la respuesta de Fray Eusebio puesta en el post “Discutiendo Garabandal”:
    Fray Eusebio de Lugo O.S.H. en 12 febrero, 2012 a las 14:15 dijo: Editar
    Mi muy estimado amigo:

    Muy buena la pregunta que nos plantea, y que yo mismo me he formulado muchas veces.
    Dándole un carácter meramente probable a las siguientes afirmaciones, se me ocurren las siguientes razones:

    – En primer lugar, que cuando Nuestra Señora se manifiesta, y habla a las videntes, y por ella, a nosotros, la tragedia conciliar aún no se ha consumado, por lo que los obispos y demás jerarcas presentes en el Concilio aún son reputados poseedores de la autoridad de jurisdicción.

    -En segundo lugar, si le Virgen se toma el trabajo de avisar repetidamente, es entre otras cosas porque en los designios de la Providencia, estaba la posibilidad de que al menos algunos obispos y cardenales se levantaran y denunciasen la infame manipulación de la que habían sido objeto, iniciando así un movimiento de resistencia parecido al que se suscitó, por ejemplo, a raiz de la anticanónica elección de Anacleto II, es decir, de un marrano, falso cristiano y verdadero judío, movimiento que debió su triunfo a que personas como san Bernardo o Luis VII Rey de Francia fueron fieles a la gracia del momento y al deber de estado.

    Si hubiésemos tenido alguno de estos personajes fieles y valientes, los mensajes de Garabandal hubieran encontrado una resonancia muy otra que la que obtuvieron.

    Y en cuanto al tema de la obediencia, se entiende que siempre es a las autoridades LEGÍTIMAS , que es precisamente la cuestión que entonces se hubiera planteado.

    Cuando uno contempla la admirable resistencia de muchos clérigos y laicos españoles de los años ´60 y ´70, cristalizada en la Hermandad Sacerdotal Española, se ve que su principal problema y causa de no haber prosperado estuvo en un mal planteamiento del problema de la autoridad.

    Alguien hubo que no fue fiel a la Gracia, y a lo que el Señor pedía en ese momento, de manera parecida a lo que ocurrió cuando Nuestra Señora hizo llegar a través de Sor Lucía a los obispos españoles la petición de que iniciaran una verdadera reforma de su clero y pueblo, precisamente para prepararlos a la tormenta conciliar, y que asumieran el papel adelantado que tuvo la Iglesia de España en el S. XVI.
    A comparar también con la infidelidad a la gracia manifestada por Luis XIV y sus sucesores, que no quisieron aceptar el remedio propuesto por Nuestro Señor, realizando la Consagración pedida, o los Papas preconciliares, negándose a la consagración pedida en Fátima.

    Y al no corresponder a lo que de él o ellos se esperaba, tampoco pudieron aprovecharse del apoyo prestado por las palabras de la mismísima Reina del Cielo, entre otras las referidas a la obediencia a las autoridades LEGÍTIMAS.

    – En tercer lugar, Nuestra Señora sabía que es precisamente cuando las reglas normales se van a ver sometidas a dura prueba, que hay que mantenerse fiel a ellas: Quiero decir que es fácil respetar a las jerarquías cuando éstas se muestran razonablemente fieles a lo que se espera de ellas, y no cuesta demasiado obedecerlas sin formularse más preguntas.
    Sin embargo, ¿Qué ha ocurrido durante estos años, cuando todos hemos visto el envilecimiento del sacerdocio hasta límites inimaginables de herejía, apostasía, corrupción , pecados contra la naturaleza, contra lo más sagrado, lo más inocente, y encima casi siempre sin castigo? Que hasta los mejores católicos desprecian profundamente a los sacerdotes y religiosos, sospechan sistemáticamente de ellos, y evidentemente rechazan obedecer incluso a los buenos. Hemos llegado al punto de que en países tan católicos como Irlanda, los sacerdotes ya no se atreven a llevar hábito eclesiástico, por temor a la agresión y al desprecio general en que ha caído el clero. Y en España, algún episodio nos indica que no andamos muy lejos…
    Es en esos momentos cuando hay que recordar las reglas generales que obligan a todo cristiano: Aunque sea malo, hay que respetar el carácter sagrado del clérigo o religioso, y despreciarlo o agredirlo es atentar contra el mismo Cristo. Esa visión sobrenatural, tan olvidada, es lo que Nuestra Señora, oportunísimamente, nos recuerda.

    En cuanto a la obediencia, tal vez veía Nuestra Señora que uno de los mayores defectos que han lastrado desde sus orígenes al movimiento de resistencia a las usurpaciones conciliares, ha estado y aún está en una concepción aberrante de la obediencia, o más bien, sobre la resistencia sistemática a unas autoridades que sin embargo siguen siendo reconocidas como legítimas: Todo católico debería saber que no es lícita una desobediencia sistemática a las órdenes de unas autoridades que se reconocen como legítimas. Y si es necesario en conciencia esa desobediencia, es signo seguro de que esas autoridades ya no son tales, o de que nunca fueron legítimas.

    Es lo que decía el Papa Pablo IV, cuando aseguraba a los cristianos que debían desobedecer con toda tranquilidad de conciencia a las falsas autoridades, SIEMPRE QUE ESTUVIERAN DISPUESTOS A SOMETERSE A LAS LEGÍTIMAS TAN PRONTO COMO VOLVIESE A HABERLAS.

    Comprobamos demasiadas veces que esa errónea doctrina sobre la resistencia ha producido unos cristianos que se han vuelto incapaces de una verdadera obediencia, sea a los padres, al esposo, o a las autoridades civiles o eclesiásticas legítimas, cuando volvamos a tenerlas.

    Se comprende que Nuestra Madre nos haya recordado esa norma básica, sin la cual se derrumba tanto la Iglesia como la sociedad civil. No es posible que nos proclamemos católicos, y pensemos, sintamos y reaccionemos como cátaros.

    Tengamos además muy en cuenta que esos defectos, nuestros adversarios conciliares los ven perfectamente, y sacan todo el partido que pueden para negarnos hasta el carácter de católicos, y señalarnos como orgullosos, cismáticos, desobedientes, y hasta herejes…
    Ahí tiene como muestra la serie de posts del P. Iraburu en Infocatólica. Me da vergüenza y confusión leer ciertos comentarios de presuntos católicos tradicionales, que aún agravan más su postura, sin que hagan el más mínimo esfuerzo para corregir una postura a todas luces no católica.

    Finalmente, tengamos en cuenta que cuando Nuestro Señor en una situación parecida, en que estaba en duda y en juego la legitimidad de la primera autoridad civil de nuestro mundo, quiero decir, la legitimidad del Rey Carlos VII de Francia, Nuestro Señor les envió a santa Juana de Arco entre otras cosas, porque los católicos franceses habían sido fieles al principio de obediencia sólo a las autoridades legítimas, por apagado que estuviese su brillo, su fidelidad había merecido el envío de esa heroína nacional, cuya importancia se agiganta en este su sexto centenario. Jamás se les ocurrió reconocer al Rey de Inglaterra como Rey de Francia, para a continuación desobedecer sistemáticamente sus mandatos.

    Si los católicos que quedan hoy exhibieran la misma actitud, rechazaran claramente las falsas autoridades conciliares, y asediaran al Cielo con oraciones, penitencias y ardientes deseos, no me cabe duda de que Nuestro Señor y Rey acortaría estas tribulaciones, y nos enviaría un Papa digno de ese nombre.

    Sin embargo, me temo que muchos de ellos, llamados al orden por un Rey o un Papa legítimos, se rebelarían, por la mala disposición que han adoptado en estos años de anarquía.

    Disculpe la extensión de la respuesta, y espero que de algo le sirva, y pueda alimentar un debate tan interesante.

    Pacem et veritatem diligite, ait Dominus Omnipotens. Deo Gratias.

    Pero no lo merecemos, por nuestra cobardía y nuestra rebeldía.

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