ALL POSTS

LOS PADRES SOBRE LOS PAPAS


San Ireneo de Lyon, (circa 130-208) glorifica: “La Iglesia muy grande, muy antigua y conocida de todos, que los dos muy gloriosos apóstoles Pedro y Pablo fundaron y establecieron en Roma… La tradición que ella tiene de los Apóstoles y la fe que ella anuncia a los hombres son venidas hasta nosotros por la sucesión de obispos… Con esta Iglesia, en razón de su origen tan excelente, debe necesariamente concordar toda la Iglesia, es decir los fieles de todas partes” (Contra las Herejías III, 3, 2). San Ireneo prescribía luego a los fieles alinear su fe con la del pontífice romano, porque éste transmitía intacta la tradición venida de los apóstoles.

San Cipriano (circa 200 – 258) defendía la autoridad e infalibilidad pontificia en su célebre tratado Sobre la unidad de la Iglesia.Aquél que no guarda la unidad de la Iglesia, ¿cree que guarda la fe? Aquél que se opone a la Iglesia, que abandona la cátedra de Pedro sobre la cual está fundada la Iglesia, ¿puede envanecerse de estar todavía dentro de la Iglesia? (De unitate Ecclesiae, c. 4). “La cátedra de Pedro es esta Iglesia principal de donde sale la unidad sacerdotal cerca de la cual el error no puede tener acceso” (Carta 40 y 55).
San Atanasio (295-373) se sirvió de una carta de un papa para luchar contra los herejes arrianos. El papa San Dionisio había escrito, hacia el año 260, una carta doctrinal a Dionisio, obispo de Alejandría, donde condena la herejía de los sabelianos, que fue retomada más tarde por arrianos,. Es por esto que San Atanasio reprocha a los arrianos de haber sido ya condenados desde hacía largo tiempo por un juicio definitivo, lo que prueba que él creía en la infalibilidad papal (De sententia Dionysii). En una carta a Félix, escribía esta frase memorable: “La Iglesia romana conserva siempre la verdadera doctrina sobre Dios”.
San Efrén (300-373), el gran doctor de la Iglesia siríaca, celebra la magnificencia se la enseñanza pontifical, continuamente asistida por el Espíritu Santo: “¡Salud, o sal de la tierra, sal que no puede jamás perder el sabor! Salud o luz del mundo, aparecida por el Oriente y resplandeciente en todas partes, que ilumina a los que estaban agobiados bajo las tinieblas, y que arde siempre sin ser renovada, ésta luz es Cristo; su candelabro es Pedro, la fuente de su aceite, es el Espíritu Santo” (Enconium in Petrum et Paulum et Andream, etc.)
San Epifanio (c 315-403) Interpreta Mateo XVI, 18. Afirma que era imposible que la Iglesia Romana fuera vencida por las puertas del infierno, es decir por las herejías, porque ella estaba apoyada sobre la fe sólida de Pedro junto a quién se encontraba la buena respuesta a todas las cuestiones doctrinales. “A Pedro, el Padre manifiesta a su propio Hijo, y es por esto que es llamado bienaventurado. Pedro a su vez manifiesta el Espíritu Santo (en su alocución a los judíos, el día de Pentecostés), como convenía a aquél que era el primero entre los apóstoles, a aquél que era la piedra inconmovible sobre la cual la Iglesia de Dios es fundada, y contra la cual las puertas del infierno no prevalecerán. Por estas puertas del infierno debe entenderse las herejías y los autores de herejías. De todas maneras, la fe es fundada sólidamente en él: ha recibido las llaves del cielo, él ata y desata en la tierra y en el cielo. En él se resuelven las cuestiones más arduas de la fe” (Anchoratus C. 9).
San Basilio (329 – 379) Informa su amigo San Atanasio que tenía la intención de demandar al pontífice de ejercer su autoridad para exterminar la herejía de Marcel d’Ancyre (carta 69). “La carta de San Basilio, que menciona esta demanda de intervención del obispo de Roma como un asunto corriente y ordinario, lleva a concluir que en esta época era no solamente la convicción personal de Basilio, sino también la convicción de todos, aún en Ori“fue encargado de formar y de ordenar la Iglesia, porque él brillaba en la fe”ente, que el obispo de Roma posee el poder de juzgar soberanamente por sí mismo, las cuestiones doctrinales” (Vacant y Mangenot: Diccionario de teología católica, artículo “infalibilidad del papa”). ¿Por qué consultar a Roma y no a otra autoridad? “Pedro”, dice San Basilio,  (Contra Enom, libro 2). ¡Gracias a la promesa de Cristo, el papa perseveraba absolutamente sin ninguna debilidad, pues su fe tenía la misma estabilidad que aquélla del Hijo de Dios mismo! “Pedro fue puesto para ser el fundamento. Él había dicho a Jesucristo: Tú eres el Cristo, Hijo de Dios viviente”, y a su vez le fue dicho que él era Pedro, bien que no fue piedra inmóvil, sino que solamente por la voluntad de Jesucristo-Dios comunica a los hombres sus propias dignidades. Él es padre y él hace a los padres; él es piedra y da la calidad de piedra, haciendo así participar a sus servidores de lo que le es propio” (Homilía 29). Este último pasaje de San Basilio goza de una autoridad particular en la Iglesia católica, porque fue insertado en el catecismo del Concilio de Trento (Explicación del símbolo, sección Credo in… Ecclesiam).

San Gregorio Nacianceno (c. 330-390) alaba la indefectibilidad de la fe romana en un poema. “En cuanto a lo que es la fe, la antigua Roma, desde el principio como hoy, prosigue dichosamente su curso y mantiene el occidente entero en los lazos de la doctrina que salva” (Carmen de vita sua, vers 268-270).
San Gregorio de Nisa (muerto en 394), hermano menor de San Basilio, afirma: “La Iglesia de Dios tiene su solidez en Pedro, pues es éste quién, a partir de la prerrogativa que le ha sido acordada por el Señor, es la piedra firme y muy sólida sobre la cual el Salvador ha construido la Iglesia” (Laudat. 2 in St Stephan hacia el final).
San Ambrosio (340-397) interpreta el pasaje de Luc XXII, 32 en el sentido de que el Señor había confirmado la fe de Pedro con el fin de que “inmóvil como una roca” pudiera sostener eficazmente el edificio de la Iglesia (Sermón 5). En su glosa sobre el Salmo XL, Ambrosio establece una ecuación que sería célebre: “Allí donde está Pedro, está la Iglesia. Allí donde está la Iglesia no está la muerte, si no la vida eterna” (Ennarratio in Psalmun XL, ch. 19). Es decir: fuera del papa, no hay salud.
San Juan Crisóstomo (340-407) es el más célebre de los Padres griegos. En razón de sus enseñanzas admirables. merece el apelativo de “Chrysostome”, es decir “boca de oro”, San Juan Crisóstomo sugiere la solidez admirable de la fe de Pedro por una imagen: Hay muchas olas impetuosas y crueles tempestades, pero yo no temo ser sumergido, porque me sostengo sobre la piedra. Que el mar se agite furioso, poco me importa: él no puede destruir esta piedra inconmovible (Carta 9 a Ciríaco). Insiste sobre la etimología simbólica del nombre del primer papa: “San Pedro ha sido así llamado, en razón de su virtud. Dios ha como depositado en este nombre una prueba de la firmeza del apóstol en la fe” (Cuarta Homilía sobre los cambios de nombres).
San Jerónimo (c. 347-420), en su carta al papa Dámaso, defendía rigurosamente la necesidad de estar unido al pontífice romano. “He creído que debía consultar la cátedra de Pedro y esta fe romana alabada por San Pablo (…) Tú eres la luz del mundo, tú eres la sal de la tierra. Sé que la Iglesia está construida sobre esta piedra: quienquiera haya comido el cordero fuera de esta casa, es un profano” (Carta 15). Según San Gerónimo, los fieles podían con toda seguridad seguir las enseñanzas pontificias, pues la cátedra de Pedro guardaba incorruptiblemente la herencia de la fe: “La Santa Iglesia romana, que permanece siempre sin tacha, permanecerá todavía en todos los tiempos por venir firme e inmutable en medio de los ataques de los herejes, y esto por una protección providencial del Señor y por la asistencia del bienaventurado Pedro (in: Mons. de Ségur: El soberano Pontífice, in Obras completas Paris 1874, t. III, p. 80).
San Agustín (354-430) hizo una interpretación muy pertinente de Luc XXII, 32. Antes de reproducirla, señalemos que el papa León XIII, después de haber puesto en valor los talentos de cada uno de los Padres de la Iglesia, concluye afirmando que “entre todos, la palma parece corresponder a San Agustín (encíclica Aeterni Patris, 4 de agosto de 1879). El obispo de Hipona fue el más grande de los Padres de la Iglesia. ¡Y él se
pronuncia categóricamente a favor de la infalibilidad permanente del pontífice romano! He aquí su texto magistral:

Si defendiendo el libre arbitrio no según la gracia de Dios, sino contra ella, tú dices que pertenece al libre arbitrio el perseverar o no en el bien, y que si persevera, no es por un don de Dios, sino por un esfuerzo de la voluntad humana, ¿qué maquinarás tú para responder a estas palabras del Maestro: “Yo he rogado por ti, Pedro, a fin de que la fe no te falte?” ¿Osarás decir que a pesar de la plegaria de Cristo para que la fe de Pedro no falte, esta fe hubiera faltado no obstante, si Pedro hubiera querido que ella faltara, es decir si él no hubiera querido perseverar hasta el fin? ¡Como si Pedro hubiera podido querer otra cosa que lo que Cristo rogaba que él quisiera! ¿Quién ignora que la fe de Pedro debía perecer, si su propia voluntad, la voluntad por la cual era fiel, fallaba, y que debía permanecer hasta el fin, si la voluntad permanecía firme? Mas, porque la voluntad es preparada por el Señor, la plegaria de Cristo por él no podía ser vana. Cuando Él rogó por él para que su fe no fallara, ¿qué ha demandado en definitiva, sino que él tenga una voluntad de creer a la vez perfectamente libre, firme, invencible y perseverante? He aquí como se defiende la libertad de la voluntad, según la gracia, y no contra ella. Pues no es por su libertad que la voluntad humana adquiere la gracia, sino más bien por la gracia que ella adquiere su libertad, y para perseverar, ella recibe, por otra parte, de la gracia el don de una estabilidad exquisita y de una fuerza invencible” (De la corrección y de la gracia, libro VIII, c. 17).
San Cirilo de Alejandría (380-444), en su Comentario sobre Luc (XXII, 32), explica que la expresión “confirma a tus hermanos” significaba que Pedro era el maestro y el sostén de aquellos que venían a Cristo por la fe. Comenta asimismo el evangelio según San Mateo. “Después de esta promesa (Tu es Petrus…), la Iglesia apostólica no contrae ninguna mácula de todas las seducciones de la herejía. (San Cirilo, in: Santo Tomás de Aquino: Cadena de oro sobre Mateo XVI, 18).
San Fulgencio de Ruspe (467-533) constata: Lo que la Iglesia romana tiene y enseña, el universo entero lo cree sin dudar con ella” (De incarnatione et gracia Christi, c. 11).
San Bernardo (1090-1153) fue el último de los Padres de la Iglesia. Citemos algunas palabras, que servirán de conclusión: “Los ataques dirigidos contra la fe deben ser reparados precisamente por aquél cuya fe no puede tener defecto. Es la prerrogativa de esa Sede” (De error Abaelardi, prefacio).
Ningún Padre habla de la posibilidad, (aun puramente teórica) de que un papa pueda errar en un sólo instante. “Es principalmente para la explicación de la palabra santa que ellos (los Padres de la Iglesia) permanecerán siempre como nuestros maestros. Ninguna investigación, ninguna ciencia, por profunda que sea, nos dará lo que ellos tenían entonces: el mundo tal como Jesús lo había conocido, el mismo aspecto de los lugares y las cosas, y sobre todo el trato con los fieles, que, habiendo vivido cerca de los apóstoles, podían referir sus instrucciones. Estas circunstancias reunidas dan a la autoridad de los Padres un brillo tal, que los teólogos protestantes han sido golpeados. Ellos admiten “Apartarse de un sentimiento común entre ellos, es una locura y un absurdo” (padre C. Fouard: La vida de Nuestro Señor Jesucristo, vigésimo sexta edición, París, 1920, p. XVI).
El 13 de noviembre de 1564, el papa Pío IV instaura una obligación para todo el clero de jurar obediencia a una profesión de fe, que decía, entre otras definiciones: “Yo interpretaré siempre las escrituras según el consenso unánime de los Padres”.

Fuente “Misterio de Iniquidad” 1

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s