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MYSTERIUM FIDEI


La Eucaristía y su Institución en la Última Cena  es uno de los temas más tratados en este blog y también son sus posts los más leídos por los lectores. Desde luego la causa está en mi profunda preocupación y devoción por ella, que se tradujo en la publicación de mi primer post en internet aquí, como también otros agrupados en la pestaña Eucaristía. Este es el motivo por el que traigo, como en otras muchas ocasiones, una entrada de TIA, sobre algo importante que da título a la entrada.

Mysterium fidei

Dr. Remi Amelunxen

Dado que la nueva traducción al inglés de la  misa Novus Ordo ha sido llevada a la práctica, quiero abordar la necesidad de la palabra mysterium fidei para hacer válida  la fórmula consacratoria del vino, es decir, para cambiar el vino en la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo . Con la reforma litúrgica de Pablo VI a raíz del Concilio Vaticano II y, principalmente, con la introducción del Novus Ordo Missae (1969-1970) y su uso por más de 40 años, Pablo VI y sus sucesores han liberalizado la tradición de la Misa y la liturgia con el claro objetivo de hacer a la Iglesia católica más familiar por su semejanza, a los seguidores de la herejía protestante. Los protestantes no aceptan la Misa como un sacrificio propiciatorio, sino sólo como un memorial de la Pasión. También rechazan la transubstanciación, porque consideran la Eucaristía  sólo como un banquete conmemorativo.

Por ello, los cambios en la Misa de Pablo VI siguen estas dos directrices. Si alguien quiere saber si las correcciones introducidas ahora con estos cambios son correctos, que compruebe si restaura estos dos puntos: sacrificio propiciatorio y la transubstanciación.

Foto traída por el traductor sin que conste en el artículo original en donde sí consta la dirección url de la foto

Junto con los cambios en la Misa, hemos visto innumerables  elogios a los protestantes

Benedicto XVI elogia a Lutero en un servicio religioso protestante en el Monasterio de Eerfürt

por parte de los papas posterioreres al Concilio Vaticano II, como por ejemplo, en el actual pontificado, la declaración de Benedicto XVI de que el Hermano Schutz de Taizé entró en el cielo tan pronto  como murió, y su alabanza a Martin Lutero el año pasado, cuando visitó el monasterio de Erfurt , donde realizó estudios sacerdotales el heresiarca.

Conceptos básicos sobre la transubstanciación

Una cuestión preliminar que surge como resultado de los cambios en la liturgia es la siguiente: ¿la eliminación de pro multis y mysterium fidei – palabras pronunciadas por el mismo Cristo en la Última Cena (1) – invalidan la fórmula consacratoria de la Preciosa Sangre de Jesús? Como todo católico sabe, para que un sacramento sea válido, debe haber un ministro válido, tener  la intención de hacer lo que hace la Iglesia, utilizar la materia adecuada y emplear la forma establecida. (2) Por ello, las palabras correctas son necesarias para realizar el sacramento de la Eucaristía. En el rito romano, las fórmulas han sido siempre las mismas hasta que el Novus Ordo Missae se nos impuso en 1969 .

Fue claramente  establecido por el papa Eugenio IV  en el Concilio de Florencia en la

Nuestro Señor da de comulgar a los Apóstoles por primera vez

Bula Cantate Domino, qué palabras deben pronunciarse. Él afirma: “Sin embargo, dado que no se dio explicación alguna en el citado Decreto a los armenios sobre la forma de las palabras que la Santa Iglesia Romana, fundándose en la enseñanza y  autoridad de los apóstoles san Pedro y san Pablo, siempre ha utilizado según su costumbre en la consagración del Cuerpo  y  Sangre del Señor, concluimos  qué se debe decir. Debe utilizarse estas  palabras en la consagración del Cuerpo de Nuestro Señor y de la Sangre: Hoc est enim corpus meum. Hic est enim Calix Sanguinis mei, novi et aeterni testamenti: mysterium fidei, qui pro vobis et pro multis effundetur en remissionem peccatorum.” (3) La traducción correcta al inglés de estas palabras es: “Porque esto es mi Cuerpo, porque éste es el cáliz de mi sangre de la alianza nueva y eterna,  misterio de la fe, que será derramada por vosotros y por muchos para la remisión de los pecados”. Las declaraciones del Concilio de Florencia fueron reiteradas y ampliadas en el Concilio de Trento. (4) Muchos Papas han confirmado las decisiones de estos dos importantes concilios, por ejemplo, Inocencio II, IV, Pío XII, León XIII y, principalmente, San Pío V en la bula QUO PRIMUM TEMPORE  . El Papa San Pío V también reiteró que cualquier desviación en las formas solemnemente establecido por el Concilio de Florencia invalida el sacramento. (5) Todas las confirmaciones de estos papas durante cuatro siglos, refuerzan   infaliblemente esta fórmula sacramental. Es importante destacar que Trento también declaró expresamente que para todos ( pro omnibus ) no se podía utilizar, ya que sólo a los elegidos se da el fruto da la Pasión y Muerte de Cristo  y la  luz de la salvación. El uso de  por muchos y no por todos se basa en que las palabras del apóstol Pablo: “Cristo fue ofrecido una vez por los pecados de muchos” (Hebreos 11:28), y también en lo dicho acerca de las palabras de Nuestro Señor en San Juan: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo sino por los que me has dado, porque son tuyos” (Jn 17:9). En la nueva misa en la fórmula de la consagración del Canon, que ahora se llama la “oración eucarística“, la expresión por muchos fue reemplazada por por todos . Una de las explicaciones era que por muchos  sugiere una idea equivocada de la predestinación. Esto, por supuesto, es un absurdo. Pro multis  es usado por la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio Extraordinario de la Iglesia. ¿Qué más se puede decir para demostrar que esta afirmación es falsa?

La traducción en lengua vernácula

Teniendo en cuenta los pronunciamientos infalibles antes citados, uno puede preguntarse si el texto original del Novus Ordo en latín y la versión vernácula de la fórmula consagratoria para el vino son válidos. Es interesante saber que después de cuatro décadas  utilizando  la traducción vernácula de la fórmula de la consagración  con las palabras  por todos, el por muchos,  ha sido re-introducido en un esfuerzo por frenar algunos abusos y llevar a la gente de nuevo a la Iglesia. Se trata de “la reforma de la reforma,” de Benedicto XVI que  estaría tratando de salvar la Nueva Misa  de un completo naufragio.

Las novedades en la materia y forma de la Consagración llevan a cuestionar su validez

Pero las palabras mysterium fidei , que también son decisivas para la validez de la Consagración, no se han reintroducido según lo derminado por los Concilios de Florencia y de Trento. En vez de ello, estas palabras han sido puestas en un contexto completamente diferente, en lo que ahora se llama una aclamación memorial, que dice: “Proclamamos el misterio de la fe . Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado. Ven Señor Jesús. ” Estas palabras de aclamación, no tienen nada que ver con el contexto anterior, en la que el misterio de la fe se refiere sin rodeos a la transubstanciación. Por ello, mi pregunta acerca de que si esta omisión invalida la fórmula sacramental de la misa, no es una cuestión intrascendente, ya que en todo el mundo de habla Inglesa esta nueva fórmula se dice en la inmensa mayoría de las misas. Si no fuera válida, los católicos estarían siendo engañados, pensando que asisten a  misa cuando en realidad no lo hacen.

Alguien podría objetar que toda la cuestión de mysterium fidei debe dejarse de lado en un momento en que el Papa está tratando de adaptar la nueva misa a una  audiencia  más conservadora. A esto yo respondería: Una objeción similar fue dicha durante 40 años en  que los tradicionalistas impugnaban la primera traducción al inglés que utilizaba por todos en lugar de por muchos .Muchos de nosotros tuvimos serias dudas sobre su validez. Hoy en día, la reintroducción por la Santa Sede de  por muchos en la traducción al inglés demuestra que teníamos razón cuando planteamos este problema. La misma lógica que nos hizo impugnar entonces, nos hace impugnar ahora.

La falta general de entusiasmo

Mis conversaciones con viejos sacerdotes formados en los seminarios antes de del Concilio, puso de manifiesto que se sabía poco acerca de la transubstanciación, del mysterium fidei, del pro multis , del Concilio de Florencia y de Trento. Los sacerdotes y diáconos con quienes he hablado sobre estos temas y otros de la teología dogmática no saben nada.

A la izquierda el Obispo Henri of Cahors, Francia y el P.Gilbert concelebran una misa picnic. ¿Es esta una consagración válida?

¿Cuál es la razón? No la sé con certeza, pero creo que la respuesta incluye a unos enseñantes poco formados, incapaces de llevar a cabo una enseñanza dogmática por su propia cuenta, a la falta de interés, a cierta tendencia liberal de ir en contra de lo que ellos consideran una doctrina rígida o inflexible. Lo cierto es que los sacerdotes y diáconos  se han acostumbrado  a la enseñanza del Vaticano II, que, o bien ignora el Magisterio pasado o abiertamente lo desafía. Pero esto no es sólo un problema de los sacerdotes mayores. La misma falta de celo por la doctrina la vemos hoy en día en los jóvenes sacerdotes. ¿Es  que se oye alguna vez una enseñanza dogmática desde el púlpito? No hablo sólo de las homilías de las iglesias Novus Ordo , sino incluso de las de muchas misas tradicionales. Desde hace mucho tiempo no he oído una predicación detallada sobre la transubstanciación, la Inmaculada Concepción, la infalibilidad papal, o incluso sobre el pecado original, que es ridiculizado o negado por los progresistas. Creo que esta falta general de entusiasmo y falta de amor por la doctrina es uno de los factores que produjeron la apostasía general de la que somos testigos en la liturgia  y en muchos otros campos, de la Iglesia Católica, que trae a la memoria aquella pregunta del Señor: “¿Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lucas 18:8) Yo diría que esas palabras pueden aplicarse en muchos sentidos a nuestros tiempos, dado el rechazo apocalíptico  que está teniendo lugar de la fe católica,  con el establecimiento de otra liturgia en sustitución de la verdadera Misa, y con la instalación de otra religión que sustituye a la verdadera. Esta apostasía se ha apoderado de casi todos los representantes de nuestra amada Iglesia. Siendo teólogo del Vaticano el cardenal Mario Luigi Ciappi dijo después de leer el Tercer Secreto de Fátima: “En el Tercer Secreto se predice, entre otras cosas, que la gran apostasía en la Iglesia comienza en la cabeza.“[N.T De lo que no se habla en absoluto en el supuesto tercer secreto publicado por el Vaticano], Nuestros  papas conciliares han demostrado sin duda este punto. Si las  misas  Novus Ordo  en latín o en inglés son válidas o no lo son, pertenece al juicio de Dios. Al igual que muchos fieles católicos que sufren por ello, me gustaría ver el fin de las reformas y el regreso a la misa Tridentina en la Iglesia, después de que se hubiere derogado el Concilio Vaticano II y sus consecuencias. Dicho esto, me someto a la voluntad de Dios y al juicio de la enseñanza secular de la Santa Iglesia Católica, es decir, a la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio extraordinario.

1. Francisco Spirago y Richard F. Clarke, El Catecismo Explicado, “Partes Institución, la naturaleza y el director de la Misa”, TAN, 1993, (1 ª ed 1899.): Rockford? pág. 532.
2. “Todos estos sacramentos se componen de tres elementos: a saber,  la materia, las palabras como la forma y la persona del ministro que confiere el sacramento con la intención de hacer lo que hace la Iglesia Si alguno de estas falta,. el sacramento no se realiza “(Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Sesión 8, 22 de noviembre de 1439, Bull Exaltate Deo , Denzinger, Las Fuentes de Dogma Católico, n. 695)
3. Cantate Domino , Sesión II, febrero 4, 1442, Decretos de los Concilios Ecuménicos , Georgetown Univ..Press, 1990, vol. 1, pág. 581.
4. Sesión 13 ª reunión en 1551 y 22 en 1563
5. De defectibus , cap. 5, parte 1

Publicado 12 de marzo 2012


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2 replies »

  1. Pues en España, gracias a Rouco y la C.F., aún ni el ‘pro multis’. Esta fórmula sigue aquí durmiendo el sueño de los justos;y el ‘odium teologicum’ a la Misa ‘usus antiquior’ es notable, no sólo entre los párrocos, sino entre los obispos, en clarísima desobediencia al motu propio de Benedicto XVI, Sommurum Pontificum. Lo curioso es que cuando hablas con el Obispo sobre el tema, es el primero que se vanagloria de estar en comunión con el Papa, para de seguido denegarte el derecho que te asiste, no sin antes advertirte que ¡ojito con negar el Concilio V. II y la validez de la nueva Misa y de juntarte con gente que lo niega, la cual no está en comunión por esta causa. Más cara no se puede tener.

    La lucha de los que están tratando de ejercer este derecho es a brazo partido y sólo se puede sostener con el auxilio de la gracia divina. Si Dios quiere, algún día podré narrar la pelea mantenida párroco por párroco, con el Vicario General y el Obispo que en mi diócesis llevamos sosteniendo desde hace tiempo, para que finalmente ¡ se nos autorice! una sola Misa al mes.

    Total somos 6 o 7, la dificultad del latín, el sacerdote de espaldas, etc., dicen los más diplomáticos; los menos hábiles con la lengua, lo que nos dicen no es ni siquiera reproducible. Sin embargo, en la primera Misa quiso El Señor que hubiera 184 fieles.

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  2. El autor pone aquí el dedo en una de las peores llagas producidas por el flagelo conciliar en el cuerpo místico de Cristo: Una Misa no sólo herética y sacrílega, sino además, muy posiblemente inválida en todos los casos. Él no se atreve a sacar esa conclusión, pero nosotros le ayudaremos en ello.

    La mayor parte de los que llevan ya más de 40 años estudiando la Nueva Misa han estudiado y probado suficientemente que ésta rechaza el carácter propiciatorio esencial a toda Misa, y han reseñado muy oportunamente las raíces protestantes de tal negación. Pero pocos han reparado en que la sinaxis de Paulo Vi es todavía más herética que sus antepasadas protestantes, porque no sólo rechaza el carácter de sacrificio propiciatorio de la Misa, sino que niega también ese carácter a la Pasión y Muerte de Nuestro Señor JesuCristo en la Cruz, ofrecido al Padre Eterno en favor nuestro, para restablecer la Justicia Divina, pagar las infinitas deudas contraídas por nuestros pecados, reconciliarnos con Él, abrirnos las puertas del Cielo y romper las del Infierno, venciendo a Satanás y rescatándonos de su ilegítimo aunque merecido dominio.

    Ahí está uno de los principales problemas teológicos de hoy, que afecta profundísimamente a todo el entendimiento del cristianismo y de la persona divino-humana de Nuestro Señor, ya que si Él se encarna, es precisamente para ofrecerse como Víctima de inmolación sobre el altar de la Cruz, y perpetuar ese sacrificio, asociarnos a él y hacernos partícipes de sus frutos. La Iglesia no tiene finalidad más alta ni más urgente que ésta, de modo que si desapareciese, no habría razón para que nuestro mundo siguiera existiendo.

    Cuando hablamos de la intención objetiva de la Iglesia, y subjetiva del ministro, es a eso a lo que nos estamos refiriendo. En cualquiera de las liturgias apostólicas, tradicionales, venía expresada de manera perfectamente inequívoca en todo el harmoniosísimo entramado de palabras y ceremonias integrantes de cada rito, de modo que si el celebrante válidamente ordenado observaba seriamente el rito, era reputado tener la intención adecuada para la validez del acto.

    Incluso cuando en situaciones de persecución, el sacrificio quedaba reducido a las palabras esenciales, se suponían dichas en el contexto de un rito inequívoco, que aseguraba su exacto sentido, y por lo tanto, su validez.

    Con la Cena conciliar, esto ya no es así. Pero vayamos por partes:

    Para la validez, como bien dice más arriba, se necesitan cuatro cosas: Materia, forma, ministro e intención.

    1. Generalmente, la materia, pan-vino, aún existe, aunque no siempre.

    2. La forma, es decir, las palabras de la Consagración, han sido invalidadas, no sólo por la supresión de Mysterium Fídei, sino porque se ha operado un cambio de significado a través de su afirmación implícita de la salvación universal: No creen en el pecado original, ni en que el pecado nos aleja de Dios porque lo ofende infinitamente y nos merece por ello el infierno; lógicamente debe negar la necesidad de la Redención, así como de perpetuarla por la Misa, para acabar afirmando la salvación universal de todos los hombres, independientemente de sus hechos.

    3. Por lo que toca a la intención, no sólo es que venga expresada de manera más difusa, o más equívoca, como dicen los conciliares y demás motupropieros, es que han sido sistemáticamente suprimidas todas las expresiones alusivas al carácter propiciatorio tanto de la Misa como de la Cruz, y no sólo en el Ordo Missae, sino en el resto de ritos y palabras del Misal Romano. Sólo esto ya indicaría una manifiesta contra-intención en los confeccionadores del rito nuevo, razón que llevó a León XIII a declarar la total invalidez de las órdenes sacerdotales anglicanas, y debería llevarnos a nosotros a afirmar la total y sistemática invalidez de la Misa Nueva.
    A ésto, más de uno contesta diciendo que sería suficiente la intención subjetiva del sacerdote, a lo que hay que contestar que aún siendo perfectamente ortodoxa, y suponiendo que utilizase las palabras reseñadas en el Misal tradicional, si el resto del rito es el de Pablo VI, tampoco consagraría, porque la contra-intención vehiculada por los nuevos ritos y palabras, además de la posición invertida de los altares, modifica el sentido mismo de la forma esencial, invalidando radical y totalmente el sacramento.

    4. En cuanto al ministro, es decir, al sacerdote, pocos son los católicos españoles en haberse enterado de que el rito de ordenación de sacerdotes, y aún más grave, de consagración de obispos, ha sufrido después del Concilio un proceso de modificación muy semejante al perpetrado por los protestantes anglicanos en el S. XVI, y que llevó a León XIII a fines del S. XIX a declarar esas órdenes como totalmente nulas y absolutamente vanas.
    Habiendo entrado en vigor el nuevo ordinal conciliar a partir del 18 de Junio 1968, desde esa fecha, todos los sacerdotes y obispos ordenados con esos nuevos ritos se hallan en el mismo estado que sus congéneres anglicanos: Siguen siendo puros laicos, sin ninguno de los poderes sacerdotales o episcopales.
    Ello quiere decir, que aunque no se dieran los demás motivos invalidantes, cada día que pasa tendríamos menos misas válidas. Ahora se entiende que las apariciones de Garabandal, en las que el tema pasional, sacerdotal y eucarístico es primordial, empezaran precisamente un 18 de Junio de 1961, 7 años antes del inimaginable atentado al corazón mismo de la Esposa de Cristo.

    Y suponiendo que los conciliares tuvieran razón, y que tanto las órdenes actuales, como la Nueva Misa, aunque menos perfectas que las tradicionales, siguieran siendo válidas, ¿Con qué conciencia sacerdotal se atreverían a usar de unos ritos tan profundamente modificados y desvirtuados, a poco que hayan conservado un mínimo de amor y temor de Dios, y pretendiesen subir al altar con los mismos sentimientos que el santo cura de Ars, o el P. Pío?

    Vergüenza eterna debería darles simplemente dudar en la alternativa…

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