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TRADILOCOS QUE SON MUY CUERDOS


En la imagen San Pablo predicando en el Areópago donde fue tomado por loco por hablar de la Resurrección. Fue abandonado, silenciado, ridiculizado…

Tomado de Radio Cristiandad
Extracto de un sermón del P.Ceriani:

(Resaltados propios)

…Se trata, pues, efectivamente de la aceptación del “misterio del Cristo” en su totalidad. Asentir al misterio de la Encarnación, con todas sus consecuencias: aceptación de Jesús en su Venida en humildad, y aceptación de su Iglesia, que compartirá las humillaciones de su Esposo divino…

¿Hemos comprendido todo lo que hay de sublime, de verdaderamente divino en la respuesta que Jesús dio a los dos enviados de San Juan el Bautista para preguntarle “Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro”?

Los judíos soñaban (y sueñan) con un Mesías triunfador, que restableciese en todo su poder el reino de Israel. Por eso no podían (y no pueden) reconocer como Mesías al humilde hijo de María, que, nacido en un establo, creció en una carpintería.

¡Oh judíos enceguecidos por vuestras ambiciones terrestres!, este Mesías que nace en la pobreza de Belén, no os parece lo suficientemente grande. Era necesario que viniese al mundo en el palacio de Herodes…

Un Mesías rico, honrado, potente, aclamado; un Mesías a la cabeza de ejércitos victoriosos; un Mesías rey o emperador… ¡Y sin embargo!… ¡Cómo todo esto hubiera sido vulgar, además de ser puramente humano y vano!…

Ahora bien, discípulos de Jesús, ¿no somos acaso nosotros un poco como esos judíos, cuya ceguera sin embargo condenamos?

Nosotros también, cediendo a pensamientos demasiado terrestres, querríamos ver a la Iglesia de Cristo establecer aquí abajo sus derechos temporales.

Nos parece que después de veinte siglos todos los pueblos de la tierra deberían aclamar su poder, curvar sus frentes bajo su cetro y, de un polo al otro, entonar el hosanna de su eterno triunfo…

Y hete aquí que, por el contrario, la Iglesia de Jesús, como su Fundador en el tiempo de su vida mortal, es discutida combatida, perseguida, vencida… Su causa, mal servida por los unos, traicionada por los otros, parece siempre a punto de sucumbir…

Por el contrario, sus enemigos triunfan…

Entonces, nosotros también, como los discípulos de San Juan, nos allegamos a Jesús para preguntarle: ¿En verdad eres el Salvador? ¿Es realmente esta tu Iglesia? ¿No debemos esperar a otro o a otra?

¡Ahora bien!… Hoy como ayer, hoy como en los días de su Evangelio, Jesús puede responder: ¡Bienaventurado el que no se escandaliza de Mí! ¡Bienaventurado el que no se escandaliza de mi Iglesia! Hasta el fin de los tiempos permaneceré en medio de vosotros, siempre contrariado, objetado, discutido, negado, rechazado, a menudo perseguido… vencido… en mi Iglesia…

Pero también podrá siempre extender sus manos sobre la inmensa multitud de los que sufren para confortarlos… y a los que vengan a preguntarle. ¿Eres Tú el Salvador prometido del mundo?, responder como a los discípulos de Juan: “Id, y decid lo que habéis visto y oído”.

Sería inútil pretender disimular que el Señor permite que su Iglesia sea sometida a una prueba dura. Comprobamos cada día un poco más la terrible exactitud de las expresiones utilizadas por Jacques Maritain, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI:

Apostasía inmanente”, “Autodemolición”, “Humo de Satanás dentro de la Iglesia”, “Apostasía silenciosa”, “A menudo la Iglesia nos parece una barca a punto de naufragar, una barca que hace agua por todas partes”…

Son innumerables los hechos que hacen tocar con el dedo, sea las carencias de la autoridad jerárquica, sea el poder asombroso de las autoridades paralelas, sea los sacrilegios en el culto, sea las herejías en la enseñanza…

La falsa Iglesia  se presenta entre nosotros desde el curioso concilio Vaticano II como la iglesia oficial que se aparta sensiblemente, año tras año, de la Iglesia fundada por Jesucristo.

La falsa Iglesia post-conciliar se opone cada vez más a la Santa Iglesia que salva las almas desde hace veinte siglos.

Por las innovaciones más extrañas, tanto en la constitución jerárquica como en la enseñanza y las costumbres, la pseudo-iglesia-oficializada se opone cada vez más a la Iglesia verdadera, la Iglesia de Cristo, la Iglesia Católica.

Recordemos lo que decía el Cardenal Pie ya en 1859, en su Discurso sobre San Emiliano:

Esta prueba, ¿está próxima?, ¿está distante?: nadie lo sabe, y no me atrevo a prever nada a este respecto; ya que comparto la impresión de Bossuet, que decía: “Tiemblo poniendo las manos sobre el futuro”.

Pero lo que es cierto, es que a medida que el mundo se aproxima de su término, los malvados y los seductores tendrán cada vez más la ventaja.

No se encontrará casi ya la fe sobre la tierra, es decir, casi habrá desaparecido completamente de todas las instituciones terrestres.

Los mismos creyentes apenas se atreverán a hacer una profesión pública y social de sus creencias.

La escisión, la separación, el divorcio de las sociedades con Dios, dada por San Pablo como una señal precursora del final, irán consumándose de día en día.

La Iglesia, sociedad ciertamente siempre visible, será llevada cada vez más a proporciones simplemente individuales y domésticas.

Ella que decía en sus comienzos: “El lugar me es estrecho, hacedme lugar donde pueda vivir”,
se verá disputar el terreno paso a paso; será sitiada, estrechada por todas partes; así como los siglos la hicieron grande, del mismo modo se aplicarán a restringirla.

Finalmente, habrá para la Iglesia de la tierra como una verdadera derrota: “se dará a la Bestia el poder de hacer la guerra a los santos y vencerlos”.

La insolencia del mal llegará a su cima.”

Y aquí se plantea la conocida pregunta: ¿Qué hacer?

¿Estamos condenados a la impotencia en medio del caos, y a menudo de un caos sacrílego y blasfemo?

¡No! Por el hecho de ser de Jesucristo, la Iglesia está garantizada, con una certeza absoluta, de conservar hasta el fin de los tiempos, suficiente jerarquía personal auténtica como para que se mantengan los siete Sacramentos y como para que se predique y se enseñe la doctrina de salvación.

Es cierto que en presencia de esta prueba, un gran número de sacerdotes y de fieles tomaron partido por lo que llama erróneamente “la obediencia”. Realmente no obedecen de verdad, porque no se promulgan legítimas órdenes o leyes, que ofrezcan plena garantía jurídica.

La desdicha, la gran desdicha, es que, incluso sin que lo quieran, su conducta hace el juego a la subversión. Se plegaron, en efecto, a las innovaciones desastrosas, que no tienen otro objetivo efectivo que enervar la tradición auténtica y sólida; debilitarla y, finalmente, llegar a cambiar, poco a poco, la religión.

Es cierto también que en medio de esta crisis, ya anunciada, otro gran número de clérigos y fieles, pretenden “domesticar a la Bestia de la Tierra” con discusiones y conversaciones doctrinales… Y entran en el campo de la Bestia, allí donde ella es poderosa para engañar y vencer…

Todo esto forma parte también de la hora presente; aquella en la cual debemos dar testimonio de nuestra fe con fortaleza y de humildad, que deben renovarse sin cesar, ya que nuestra confesión no es ante una persecución violenta (lo que precipitaría y simplificaría mucho las cosas), sino ante la revolución modernista, inspirada por demonios hábiles y por demás confusos, que se presentan bonachones y cándidos… benditos, capaces de engañar incluso a los elegidos…

Tal es la hora presente. Es, pues, en esta hora que tenemos que santificarnos y dar testimonio.

Todos nosotros, sacerdotes y laicos, cada uno por su cuenta y en su medida, tenemos una pequeña participación de autoridad auténtica.

Los sacerdotes tenemos los poderes para rezar la verdadera Santa Misa, para bautizar, para absolver, para predicar

Los padres y madres de familia, a pesar del totalitarismo oficial y de la descomposición de la sociedad, no perdieron todavía del todo el poder para formar y educar a los hijos que han traído al mundo… por ahora conservan cierta autonomía respecto de la Bestia del Mar

Que el sacerdote fiel llegue, pues, hasta el límite de su poder y de su gracia sacerdotal… sacrificando, rezando, bautizando, predicando, sosteniendo, animando…

Que cada padre y cada madre vayan hasta el límite de la gracia y del poder que le da el Sacramento del matrimonio para formar y a educar a sus hijos… darles convicciones claras y firmes… inspirarles el espíritu del martirio…

Que el educador llegue hasta el límite de su gracia y de su poder de formar los niños, los muchachos y las jóvenes en la fe, las buenas costumbres, la pureza, la belleza, las letras, la música, la pintura…

Que cada sacerdote, cada laico, cada pequeño grupo de laicos y de sacerdotes, teniendo autoridad y poderes auténticos sobre un pequeño fortín y bastión de la Iglesia y de la cristiandad lleguen hasta el límite de sus posibilidades y de su poder… para formar una barrera de pies de gallo con espíritu de katexon, de obstáculo… [Sigue leyendo en el enlace de arriba]

1 reply »

  1. LA IMPOSICIÓN DE LOS BARONES DE LA BANCA MUNDIAL JUDÍA A BENEDICTO XVI, ORDENANDOLE QUE EXIJA A LOS LEFEBVRISTAS LA ACEPTACIÓN DE LA ENCÍCLICA “NOSTRA AETATE”, QUE MARCA LA POSICIÓN DE LA IGLESIA POSTCONCILIAR ANTE LOS JUDÍOS. HACE EVIDENTE LA SUBORDINACIÓN APOSTATA DE LA IGLESIA A LAS DIRECTRICES DE LOS PRÍNCIPES DE LA SINAGOGA Y EL GOBIERNO MUNDIAL JUDÍO.
    http://radiocristiandad.wordpress.com/2012/05/12/traiciones-sin-fin-se-exigira-a-los-lefebvristas-que-acepten-la-nostra-aetate-que-marca-la-posicion-de-la-iglesia-postconciliar-ante-los-judios/

    Las implicaciones judaizantes post Conciliares alcanzaron su clímax en los pontificado de Juan Pablo II y Benedicto XVI, causando la oposición de los sedevacantistas que desconocen los cambios modernistas tratando de evitar la abrogación sutil de los dogmas de la divinidad de Cristo, la divina Trinidad, la Nueva Alianza, los Evangelios y Cánones antisemitas, a fin de exonerar a el pueblo judío del crimen de Cristo y convertir a la Iglesia Católica en una escuela bíblica portavoz de la moral natural dictada por Dios a Noe (noeajida) para gobernar a las bestias humanas (goyins: los pueblos no judíos). La culminación de esta labor judaizante, fue la opinión expresada ante los medios por Juan Pablo II de que “los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe, siendo enemigos eternos del cristianismo desde la Iglesia primitiva hasta nuestros dias”; lo cual es una grave apostasía tendente a abrogar sutilmente los Evangelios y cánones antisemitas fruto de los concilios organizados para defender a la Iglesia de los eternos ataques de la Sinagoga, que a merita la revisión jurídica del diferendo pontificio __{opuesto a la sentencia dictada por Cristo [Mateo XXIII, 1 al 35] en su diatriba contra el puritanismo hipócrita de los sacerdotes y escribas de la Sinagoga señalando como reos de pena eterna a los seguidores de la doctrina judía (ethos: religión racista) y la conducta (pathos criminal y genocida serial) de Israel. A la luz de los genocidios seriales bíblicos e históricos cometidos por el pueblo judío, a fin de determinar la vigencia del ad quem recurrido}__ que decidirá la victoria o derrota del judaísmo sobre el cristianismo y, la trascendencia o la involución de la humanidad. Y por tratarse de una gravísima apostasía, también amerita la objeción, apelación y revisión del procedimiento de beatificación de Juan Pablo II y la destitución de Benedicto XVI. http://es.scribd.com/doc/73946749/Jaque-Mate-a-La-Doctrina-Judaizante-de-La-Iglesia

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