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HE AHÍ EL VILLANO


La siguiente entrada ha sido trasladada de Ecce Christianus y en mi opinión es de importancia capital para entender el CVII. Naturalmente el autor de este blog no respalda necesariamente lo dicho por el autor ni su posicionamiento en otros temas.
Sobre Karl Rahner hay en este blog una entrada titulada El lenguaje de la verdad en la que el autor denuncia y pone como ejemplo a no seguir, el lenguaje confuso y extraño de Karl Rahner que, según él, es francamente herético.

Karl Rahner

KARL RAHNER, EL PRINCIPAL DELINCUENTE
29 DE MAYO DE 2012
etiquetas: CONCILIO VATICANO II, Mons. Williamson, Precursores del Vaticano II, signos de los tiempos, Tradición

Rahner

Cuando el huracán conciliar golpeó la Iglesia a comienzos de la década de los 60, la necesidad inmediata y apremiante para el católico verdadero fue proteger la Misa verdadera y el sacerdocio verdadero que era lo suyo, de la grave amenaza extintora debido a la introducción de la Misa del Novus Ordo (1969). Recién algunos años después, una vez asegurada la sobrevivencia de la Misa y el Sacerdocio católicos, los católicos de mentalidad tradicionalista pudieron mirar más lejos, digámoslo así, y preguntarse de dónde había venido el huracán. Habían tenido que empezar esquivando este o aquel horror del Novus Ordo; recién ahora están empezando a unir unos con otros todos los demás horrores.

Porque no había duda de que los diversos horrores de la Revolución Conciliar sí encajaban unos con otros. Jamás podrían haber alcanzado esa fuerza huracanada que prácticamente destruyó a la Iglesia, si cada horror no hubiera reafirmado los demás, logrando un engranaje unido de errores que reemplazaría al Catolicismo ¡en tanto que seguía pareciendo Catolicismo! La nueva religión del Vaticano II y el Novus Ordo se constituirían en la obra maestra de Satanás.

Se pueden hallar dos análisis recientes de la religión Conciliar en conjunto; en la serie de cuatro volúmenes del Profesor Johannes Dôrmann que versa sobre el trayecto teológico del Papa Juan Pablo II hasta llegar al encuentro interreligioso de Asís de 1986 y en el pequeño pero denso librito sobre el problema de la reforma litúrgica que sacaron los Sacerdotes de la Fraternidad San Pío X en 2001. Ambos análisis fueron elaborados con total independencia uno de otro, pero son notablemente similares al presentar al Vaticano II y el Novus Ordo como un único sistema de error.

Acaba de aparecer otro análisis semejante, esta vez por un estadounidense: “Examen crítico de la Teología de Karl Rahner, S.J.”, de Robert McCarthy. El sacerdote alemán Rahner fue uno de los teólogos “periti” o expertos importantes más destacados del Concilio, sobre el cual él influyó profundamente. El Sr. McCarthy es un laico tejano casi octogenario quien, de acuerdo con una reseña biográfica de su libro, estuvo armando durante años un rompecabezas sobre qué fue lo que marcó el ritmo del Vaticano II. Su librito sobre Rahner es sumamente llevadero, su lógica es perfecta y presenta un análisis que coincide completamente con el de los otros dos análisis mencionados. ¡Tenemos a los tres cazadores siguiendo el rastro de la misma bestia! ¡No faltaba mucho para que la bestia quedara al descubierto!

El “Examen Crítico” de McCarthy es tanto más legible cuanto los escritos del propio Rahner son notablemente oscuros. Los académicos podrían entonces descartar el libro de McCarthy aduciendo que el autor no lee el alemán, por lo que ha debido basar sus análisis fundamentalmente en las traducciones al inglés de resúmenes del pensamiento de Rahner escritos por dos de sus discípulos alemanes. No obstante, los católicos que aman a su Iglesia saben que el Vaticano II la dejó en ruinas, así que si Rahner fue uno de los culpables, o bien el inglés es una lengua sorprendentemente paupérrima, o lo que Rahner dijo e hizo pudo ser inteligible y pasible de ser expuesto en inglés. El tema no es un simple asunto de académicos o un problema de idioma, se trata nada menos que ¡de la Verdad! Así que el “Examen” de McCarthy podrá ser un resumen de resúmenes, pero si logra encajar los hechos y dar cuenta de las ruinas, entonces es lo que necesitamos.

McCarthy dice que Rahner comenzó odiando esa vieja Iglesia y esa vieja Fe que por la Revelación descendió de Dios hasta el hombre. Entonces las consideró

El P.Rahner destacado teólogo antes del Concilio Vaticano II

absolutamente inadecuadas para el hombre moderno, así que se puso a redescubrir Fe e Iglesia de manera que se adaptaran al hombre moderno. Así, en lugar de obrar como siempre lo hace el católico, descendiendo de Dios hasta el hombre para elevar el hombre a Dios, Rahner se puso a trabajar ascendiendo del hombre moderno hasta Dios, de manera de abajar a Dios hasta una versión de Dios que resultara aceptable al hombre moderno. Como dijera un discípulo de Rahner: «El propio Rahner ha dicho que la teología suele dar la impresión hoy en día de dar respuestas mitológicas o al menos no científicas… El teólogo solo puede superar esto… partiendo del hombre y sus experiencias.»

Obsérvese que este principio de volverse hacia el hombre, tal como subyace en el núcleo de todo el sistema de Rahner, es también el fundamento de las novedades del Vaticano II, que coloca al hombre en el lugar de Dios. El hombre moderno siente que no consigue tener suficiente mérito ante Dios, de manera que con sus sentimientos hará una “gambeta” a su fe católica.

Por lo tanto, el hombre moderno se considera que no es un mal tipo; de hecho siente que es bastante buen tipo, así que ya puede dejar de creer en el Viejo dogma católico del pecado original y tampoco necesita creer ya más que la sobrenaturaleza divina y la gracia de Dios estén tan por encima de su propia naturaleza. Basado en este sentir o en estas “experiencias” del hombre moderno, Rahner descubre su doctrina de lo “sobrenatural existencial”, queriendo significar que, en lugar de existir un pecado original en la naturaleza humana, lo que existe es lo sobrenatural, o gracia, que existe o que es creado ¡con la naturaleza humana!

De este modo, Rahner, partiendo de ese sentimiento maravilloso de sí mismo del hombre moderno, llega enseguida a aquellas dos herejías fundamentales que, como dijera Donoso Cortés, constituyen la raíz de casi todas las herejías modernas: la negación de la sobrenaturaleza y la negación del pecado original. Ahora bien, como sacerdote y teólogo católico, Rahner no podía salir impoluto tras tamaña demolición de verdades católicas básicas. Aquí, dice McCarthy, está la explicación de la casi impenetrable oscuridad de Rahner y su invención de frases como “existencia sobrenatural”. Pero lo que en el maestro es oscuro, lo esclarecen los discípulos. De igual modo, el Vaticano no podía salir “limpio” tras su demolición de la vieja religión, porque tenía que aparentar que todavía era católica; pero tal demolición, que resulta ambigua en los 16 documentos conciliares, se esclarece para que todos la vean en los frutos del Concilio.

A partir de la doctrina de Rahner de lo “sobrenatural existencial”, según lo cual la gracia, y no la inclinación al pecado, son inherentes a la naturaleza humana, se sigue forzosamente que todo ser humano, lo sepa o no, lo quiera o no, ¡está en gracia de Dios! Lógicamente, Rahner llega a la conclusión de que todos los no cristianos son unos “cristianos anónimos”, es decir, ¡cristianos sin la denominación de tales!

Rahner y Ratzinger

Por esto, nuevamente se sigue que si la Iglesia de Jesucristo es la sociedad de todos los cristianos, la Iglesia de Cristo, en consecuencia, ¡incluye a todo ser

El P.Ratzinger con el P.Rahner. Ambos fueron piezas claves del desarrollo del Concilo V II

humano! Por lo tanto, lo que los católicos siempre acostumbraron denominar Iglesia Católica, para Rahner solo es una parte de toda la Iglesia de Cristo, que colinda con la humanidad. Es por este motivo que en la “Lumen Gentium” el Vaticano II decretó que la Iglesia de Cristo no es una misma identidad con la Iglesia Católica, sino que meramente “subsiste en” la Iglesia Católica, de modo tal que toda la Iglesia de Cristo puede abrirse paso fuera de la Iglesia Católica e incluir o subsistir asimismo ¡en todo tipo de otras iglesias o no iglesias! He aquí el llamado “ecumenismo” que todavía está arruinando al verdadero Catolicismo. Es así como el Vaticano II secundó a Rahner en su revolución total del concepto de Iglesia Católica.

Pero si el hombre es tan maravilloso como para que la gracia venga increada con su naturaleza, ¿qué necesidad tiene de redención o de un Redentor?

Para Rahner, como para el hombre moderno, la evolución es cierta, de modo que lo maravilloso del hombre significa que siempre está evolucionando hacia algo más elevado; o sea, que permanentemente él mismo se está superando y llegando más allá de si mismo. Jesucristo simplemente es esa persona en la que el hombre evolucionó hasta su máxima superación; esto es, hasta lo que el hombre llama ¡divinidad! Y si el hombre no hubiera logrado esta autotrascendencia total en la persona del carpintero de Galilea, ¡la habría alcanzado o la lograría en alguna otra persona, en algún otro momento de la historia! Mediante esta doctrina de Dios que ya no desciende hasta la naturaleza humana sino que es el hombre el que evoluciona hacia la naturaleza divina, Rahner logra ensamblar la evolución y su conversión hacia el hombre, ¡pero descarta la Encarnación!

Asimismo Rahner también vacía completamente la redención, o la Cruz. Si el hombre moderno se cree tan maravilloso, ¿cómo es posible que pueda sentir que peca o que hace algo que realmente ofenda a Dios? Además, ¡y perdonen por la blasfemia!, Dios mismo es tan buen tipo ¡que de todos modos no se puede enojar! Entonces ¿cómo puede ser que el hombre necesite ser rescatado de la ira de Dios por Nuestro Señor muriendo en la Cruz? Entonces ¿qué era la Cruz para Rahner? McCarthy no lo dice, pero puede ser que sea lo que Dôrmann dice que es para Juan Pablo II (Redemptor Hominis) -una simple demostración de refuerzo, del “re-amor” de Dios por el hombre.

Entonces, para Rahner ¿qué son la Misa y el Sacerdocio Católicos? Ya que el hombre tiene lo “sobrenatural existencial” o la Gracia de Dios increada, no necesita ni sacrificio expiatorio ni sacerdocio para el sacrificio. De modo que los sacerdotes provienen, una vez más, no de lo alto sino de abajo; no surgen de una unción divinamente instituida o de un Sacramento de orden que los eleva por encima de los demás hombres, sino de sus compañeros de credo, que libremente les consienten su posición. Así que para Rahner, los sacerdotes deberían estar dispuestos a tener un empleo mundano para demostrar que están al mismo nivel que sus prójimos. De aquí que conozcamos sacerdotes del Vaticano II en empleos laicos y con ropas de laico. Conciliarismo es Protestantismo.

En cuanto a la Misa, McCarthy no presenta una doctrina específicamente rahneriana, pero sostiene que es lógico para el razonamiento rahneriano que para el hombre moderno ya no tenga más sentido un sacrificio que aplaque la ira de un Dios infinito y ofendido, que los pecadores supuestamente necesitan para el perdón, para participar en la ofrenda, a través de un sacerdote ungido. Más bien, tengamos gente linda reunida en comunión para compartir una comida presidida por uno de ellos (¡hombre o mujer!) para expresar sus necesidades y compartir ¡el pic-nic eucarístico del Novus Ordo!

Mons.Williamson

Junio 4, 2003

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