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UNA LARGA VACANCIA NO ES UN ABSURDO TEOLÓGICO


Traemos una cita de un reputado autor del siglo XIX que concuerda con el título de este post. Una larga vacancia fue imaginada por el autor afirmando explícitamente su posibilidad y declarando que no es incompatible con la promesa de indefectibilidad de la Iglesia y su duración hasta el fin del mundo. El libro en cuestión no fue declarado con nota negativa por los legítimos censores eclesiásticos.

Añado resaltados y corrijo algo la traducción de la fuente (respetando su sentido), así como también añado alguna palabra entre paréntesis para hacer más clara la  cita.

Cita del P. Edmund James O’Reilly, S.J.

Él tenía varias cosas interesantes que decir sobre el Gran Cisma de Occidente en su libro Las Relaciones de la Iglesia con la Sociedad – Ensayo Teológico, escrito en 1882.

En el ensayo menciona  el Gran Cisma de Occidente con antipapas  en Roma. Afirma la posibilidad de un interregno papal (un periodo sin un Papa)[ a partir del interregno] que cubre todo el periodo que duró el Gran Cisma de Occidente (casi 40 años).

Empezamos con una cita de l estudio del Padre O’Reilly sobre el Gran Cisma de Occidente.

“Podemos pararnos aquí y preguntarnos acerca  de lo que se puede decir de la posición, en esa época, de los tres reclamantes, y sus derechos en relación con el Papado. En primer lugar, se produjo en un largo período, desde la muerte de Gregorio XI en 1378,  Papa .[ Fue una vacancia de facto única] con la excepción de otras vacancias, por supuesto, en los intervalos entre las muertes y las elecciones para llenar las vacantes que ello conlleva. No había, digo, en cada momento dado  Papa, realmente investido [reconocido por todos] de la dignidad del Vicario de Cristo y Cabeza de la Iglesia, cualesquiera que sean las opiniones que pudieron existir entre muchos acerca de  la autenticidad [del verdadero papa]. [Así pues] un interregno que cubra un largo período no sería algo imposible o inconsecuente con las promesas de Cristo..”27.

El P. O’Reilly dice que un interregno (un período sin un Papa), que abarca todo el período que duró el Gran Cisma Occidental no es en absoluto incompatible con las promesas de Cristo sobre su Iglesia. El período de cual está hablando el P. O’Reilly se inició en 1378 con la muerte del Papa Gregorio XI y finalizó en 1417, esencialmente con la elección del Papa Martín V. ¡Fue un interregno de treinta y nueve años!

Aunque escribió inmediatamente después del Primer Concilio Vaticano I, es evidente que el P. O’Reilly está  del lado de los que, al rechazar a los antipapas Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI, mantienen la posibilidad de una vacancia de largo plazo de la Santa Sede. De hecho, en la página 287 de su libro, el P. O’Reilly da esta advertencia profética:

El gran cisma de Occidente me sugiere una reflexión que me tomo la libertad de expresar aquí. Si este cisma no hubiera ocurrido, la hipótesis de que tal cosa sucediera, parecería a muchos como quimérica (absurda). Dirían que no podría ser; Dios no permitiría que la Iglesia entrara en una situación tan infeliz. Las herejías podrían surgir y extenderse y durar dolorosamente durante el largo período de tiempo, a causa de  la culpa y  perdición de sus autores y cómplices, también para gran angustia de los fieles, aumentado por una real persecución en muchos lugares donde los herejes fueran dominantes. [Pensarían]que [ la permanencia] de la verdadera Iglesia  entre treinta y cuarenta años sin un Jefe bien determinado como representante de Cristo en la tierra, esto no sería [posible]. Sin embargo, así ha sido; y no tenemos ninguna garantía de que no volverá a ocurrir otra vez, aunque fervorosamente esperamos lo contrario. Lo que puedo inferir es que no hay que ser demasiado listos para pronunciarse sobre lo que Dios puede permitir. Sabemos con absoluta certeza que Él cumplirá sus promesas (…) También podemos confiar en que Él va a hacer mucho más de lo que  se ha obligado por sus promesas. Podemos mirar hacia adelante [esperando]   la probabilidad de ser eximidos en el  futuro de algunos de los problemas y desgracias que han acontecido en el pasado. Pero nosotros, o nuestros sucesores en las futuras generaciones de cristianos, quizás verán males más sorprendentes de los que han sido experimentados, incluso antes de la aproximación inmediata de esa gran consumación de todas las cosas en la tierra que precederá el día del juicio. Yo no me presento como un profeta, ni pretendo ver prodigios infelices, de los cuales no tengo conocimiento alguno. Todo lo que trato de dar a entender es que las contingencias en relación con la Iglesia, que no están excluidas por las promesas divinas, no pueden ser consideradas como prácticamente imposibles, aunque fueran terribles y angustiosas en un grado muy elevado”28.

Notas:

27 P. James Edmund O’Reilly, The Relations of the Church to Society – Theological Essays [Las Relaciones de la Iglesia con la Sociedad – Ensayos Teológicos], edición inglesa.
28 P. James Edmund O’Reilly, p. 287.

Fuente: Bros. Michael  and Peter Dimond.: La verdad e lo que realmente ocurrió en la Iglesia Católica…(Véase Revolución en la Iglesia al margen)

6 replies »

  1. Aunque coincido con el P. Edmund James O’Reilly, S.J., en el sentido de “que las contingencias en relación con la Iglesia, que no están excluidas por las promesas divinas, no pueden ser consideradas como prácticamente imposibles, aunque fueran terribles y angustiosas en un grado muy elevado”; creo que la situación de entonces no se debe calificar ‘técnicamente’ de vacancia.

    Si hubo terrible confusión, cardenales divididos, etc. y aunque hubo antipapas, existió una línea de sucesión legítima en la Cátedra de Pedro que nunca se interrumpió: Urbano VI, Bonifacio IX, Inocencio VII y Gregorio XII que se continuó con el final del cisma con Martín V; frente a los cuatro anteriores hubo sí, antipapas: Clemente VII y Benedicto XIII del círculo de Avignon y Alejandro V y Juan XXIII del círculo de Pisa.

    Los Papas legítimos, seguramente, han sido los menos reconocidos de toda la Historia de la Iglesia, pero no faltaron; Santa Catalina de Siena prestó obediencia al legítimo; San Vicente Ferrer estuvo confuso durante un tiempo, pero finalmente reconoció al Papa legítimo, lo que habla más bien de la terrible desorientación pero no de vacancia; defensores de los legítimos papas y baluartes de los antipapas tenían una referencia, aunque equivocada los segundos.

    Luego hubo cisma, pero no vacancia, sino confusión y división. Vacancia la hubo muchas veces: el periodo que transcurría de la muerte de uno a la elección del siguiente y que, en algunos casos, llegó a ser casi de cuatro años.

    Por otra parte, ni los verdaderos Papas ni los antipapas apostaron del corpus doctrinal heredado, habiendo, incluso, tenido gran piedad algún antipapa.

    En lo que ilustra esta grave situación a los católicos de hoy, es que si entonces la angustia fue muy grande, es posible creer que cerca del final de los tiempos sea aún mayor; en esto estoy de acuerdo con E. James O’Reilly y que por otra parte ha sido anunciado, no sólo por las profecías, sino por el mismo Jesucristro: ” ¿Pensáis que cuando el Hijo del Hombre vuelva hallará fe sobre la tierra”

    Mas hoy en día no hay antipapas, al menos con cierto consenso serio, sino una apostasía sonora que viene de la jerarquía.

    Nunca se me olvida la sensación de angustia que sentí con el primer encuentro de Asís. Fue como si sintiese que algo firme se derrumbara dentro de mí: la fe sencilla de mi niñez; aún recuerdo como fui al párroco a buscar una respuesta; algo así como ¿ Padre, todavía sigue siendo verdad que fuera de la Iglesia no hay salvación, no es cierto? No calmó mi ansiedad su respuesta y aún hoy sigue sin hacerlo los discursos magisteriales.

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  2. Por supuesto estoy de acuerdo con lo que dice porque es obvio. Pero la fuerza del argumento está en que no había papa conocido, y el que lo era (aunque no hay certeza de ello) era escasamente en cuanto al número, reconocido. En la práctica, no había papa para los católicos. Era una situación muy parecida a la vacancia, sobre todo a los efectos. Confusión, angustia, y en definitiva carencia de guía. Se ha dicho, “papa dubius, papa nullus”. Si el papa es dudoso, no hay papa. O como si no lo hubiera.

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  3. Por otra parte lo que dice del consenso serio, es un apriorismo. Como si el número hiciera la seriedad del consenso. Si el argumento se hubiera usado en la parte oriental del imperio, donde casi todos los obispos y patriarcas eran herejes, habría que decir que casi el único católico, que era el obispo Basilios, no era un opositor serio. Sin embargo el era católico y los obispos habían dejado de serlo, aunque en número inmenso. En la parte occidental del imperio la situación no era tan grave aunque los herejes superaban abrumadoramente a los fieles al catolicismo.
    Cualquiera utulizando su argumento podría haber dicho que el catolicismo había desaparecido porque los que quedaban carecían de una entidad seria.

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  4. “Papa dubius, Papa nullus”, decían los antiguos. Habia razones más que de sobra para dudar de la legitimidad de Urbano, es decir, de su salud mental, necesaria para la legitimidad de la elección, así como de las subsiguientes, una vez que casi todos los cardenales hubieron tomado el partido de Clemente.

    La verdad es que nunca se ha decantado oficialmente la Iglesia por la legitimidad de la línea romana, por lo que cabe la posibilidad de que no haya habido Papa legítimo en todo este tiempo.

    Creo que Nuestro Señor permitió esa situación precisamente para mostrarnos que la situación actual, aparte de no ser absurda o impensable, sino uno más de los azares de la guerra que sostiene la Iglesia contra el poder de las tinieblas, tiene perfecta solución, más o menos la misma que la hallada en el S. XV, de modo que no nos desesperemos, y vayamos a caer en las garras de la Iglesia conciliar, o en la inconsecuente y poco católica posición lefebvrista.

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  5. Si me permite, sin entrar en la cuestión, me gustaría simplemente darle la enhorabuena por su página, aunque decirle también que se agradecería que estos interesantes textos estuviesen presentados con una letra un poco más grande y clara, y colores que no molesten a la vista para leer en la pantalla.
    Desde la caridad, y en Cristo. Un saludo.

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  6. Estimado amigo, es mi obsesión el que la letra sea más grande y legible. Por eso he cambiado varias veces de tema en WordPress. Pero no encuentro ninguno que me satisfaga completamente. Ahora intento evitar los colores vivos. La letra ahora suelo ponerla en formato h5. Este tema tiene muchas ventajas en orden a la navegación. Pero su letra es muy pequeña. Si Ud. pudiera orientarme más en concreto se lo agradecería. Mi único interés en los posts es que todo el mundo llegue a la verdad del verdadero catolicismo y la verdadera Fe. Espero que el blog pueda ayudarle.

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