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ÓRDENES CONCILIARES: RESPUESTAS A PREGUNTAS



Se han formulado interesantes preguntas relativas al tema de la órdenes conciliares, su invalidez, y cuestiones adyacentes.  A ellas responden algunos comentaristas , que nos dan  cumplidas respuestas en comentarios. Todos estos comentarios  redondean lo ya expuesto en otros posts sobre lo mismo y, me parece, satisfacen al interés suscitado..

Me ha parecido hacer una entrada con todos esos comentarios con la esperanza de que el tema quede totalmente aclarado e incluso mejorada la comprensión del mismo y de su importancia.

Geroteo de Segovia

Hagamos un poco de historia:

En el curso de la 23º sesión del Concilio de Trento, los obispos españoles presentes, con la sana intención de realzar la figura del obispo, tan minimizada por los protestantes, pidieron que fuera definida la doctrina según la cual los obispos son instituidos por el mismo Jesucristo, porque su jurisdicción viene inmediatamente de Dios.

Sin embargo, el P. Laínez, general de los jesuitas, consiguió que fuera rechazada esa proposición, y sí adoptado el canon 8 que asegura que los obispos son instituidos por la autoridad del Romano Pontífice.

Con razón se le escapó al buen padre esta frase: “Timeo plebem, etiam episcoporum!”

La cuestión siguió siendo debatida, y se convirtió en uno de los caballos de batalla de los galicanos, fieros enemigos de la Primacía del Papa.

No pocos obispos utilizarán el argumento para rechazar su deposición, llegando a provocar en Francia el cisma conocido como el de la petite église.

Los Papas no dejaron de afirmar la sana doctrina, por ejemplo Pío Vi, en su Breve Deessemus, 16 Septiembre 1788: “La dignidad episcopal depende inmediatamente de Dios en cuanto al poder de Orden, pero de la Sede apostólica, en cuanto al poder de jurisdicción.”

Justo antes del Concilio, Pío XII en Apostolorum principis, 29 de Junio 1958, decía:”La jurisdicción no llega a los obispos sino por medio del Romano Pontífice. En su gobierno no son plenamente independientes, sino que están sometidos a la autoridad del Romano Pontífice, siendo ese poder ordinario de jurisdicción comunicado inmediatamente por el Soberano Pontífice.”

Sin embargo, poco después, el Concilio contradecirá palmariamente la doctrina siempre enseñada, por ejemplo en LG 21, donde dice: “La consagración episcopal, a la vez que el deber de santificción, confiere también los de enseñar y gobernar, los cuales, sin embargo, por su naturaleza propia, sólo pueden ejercitarse en la comunión jerárquica con el jefe del Colegio, y entre sus miembros.2

Por lo que JPII, en su nuevo Código de derecho canónico del 83, dirá exactamente lo mismo en su canon 375, 2.

Tal vez pocos recuerden que fue en los concilios de Constanza y Basilea cuando los teólogos de fines de la Edad Media empezaron a teorizar una especie de democracia clerical en la que el Papa estaría sometido a la Iglesia, es decir, a los Concilios que debían celebrarse cada diez años. Querían hacer del Papa, monarca absoluto limitado por las Leyes Divinas, pero no por ninguna instancia humana, un monarca constitucional, que realmente no sería el detentador exclusivo del poder soberano, sino una mera “cabeza ministerial”, al servicio de los verdaderos mandatarios, una aristocracia formada por los obispos, oficialmente, pero gobernada de hecho por un reducido número de teólogos entre bambalinas.

Esto no era más que un ensayo que luego se aplicaría a las autoridades temporales, convirtiéndolas en los inofensivos mascarones de proa que son hoy, por ejemplo, los reyes de Inglaterra.

Además, ya en aquel tiempo existía una preocupación ecuménica, puesto que se estaba tratando de la reunión con los cismáticos griegos.

Había que despojar al Papa de su carácter soberano, del cual viene todo poder legítimo sobre los cristianos. Por eso se inventaron la teoría de que el poder provenía de Dios, pero que pasaba a través no del Papa, sino del pueblo, que a su vez consentía en depositarlo en las manos de uno u otro gobernante, pudiendo volverlo a tomar, e incluso rebelarse, deponer e incluso asesinar al gobernante, si estimaban que gobernaba más allá de las atribuciones que se le habían fijado.

En el caso de la autoridad eclesiástica, el poder venía depositado en el seno de un Parlamento eclesiástico, el Colegio episcopal, que entregaría al Papa su autoridad, recibida directamente de Dios a través de la consagración episcopal.

Lo mismo que los reyes, imitando a un Felipe el Hermoso de Francia, empezaban a negar que su poder de jurisdicción venía del Papa, sino que provenía directamente de la Unción-Coronación, por derecho divino, así se alzaron los obispos y los teólogos frente al Orden divino, pretendiendo que ellos tenían una especie de jurisdicción universal solidaria., que provenía no del Papa, sino de su consagración episcopal.

Huelga decir que una vez que se ha declarado que el poder ya no viene de arriba, sino de abajo, era sólo cuestión de tiempo que las ideologías democráticas arrasaran toda la antigua cristiandad.

Los papas conciliares ya no gobiernan, sólo son una figura de representación, que a su hora acabará renunciando a los poderes que aún le permiten ejercitar.

Me gustaría saber cómo los partidarios de la hermenéutica de la continuidad logran probar que hubo una evolución homogénea de la doctrina, tan poderosa y tan rápida como para ocasionar una mutación tan drástica en menos de 5 años.

Las comisiones encargadas de preparar los textos conciliares todavía preveían que se reafirmaría la doctrina tradicional, mientras que tres años más tarde, era la doctrina exactamente contraria, y repetidamente condenada, la que triunfaba. ¿O es que en esto, tampoco se ha entendido bien el Concilio?

¿Quién puede negar que hay oposición de contradicción entre las dos?

¿Quién tiene razón, Pio XII con toda la Tradición, o el Concilio?

¡Con razón hablaban sus mismos perpetradores de 1789 en la Iglesia, o de Revolución de Octubre!

¿Y querrán convencernos de que es la misma Iglesia, cuando han alterado radicalmente su institución, entregada por su Fundador JesuCristo?

Tea Tephi:

Hablando de Inglaterra:

Es muy desconocido, aunque muy cierto, que el poder de los Reyes cristianos debidamente instituidos por la Iglesia a través de los ritos de la Unción-Coronación-entronización es de origen apostólico, conferido como el de los obispos a través del sacramento del Orden, no en vano se los llamaba, los obispos para las cosas de afuera.

Y cuando se estudia el ceremonial de la Coronación de los reyes de Inglaterra, sustancialmente católico a pesar de algún añadido protestante, se ve claramente cómo la Iglesia distingue entre poder de Orden, es decir, todos los poderes sobrenaturales con los que gobernará sabiamente a su pueblo y expulsará a los malvados, y que vienen inmediatamente por la Unción del monarca sentado sobre el trono de san Eduardo, debajo del que viene situada la importantísima piedra del destino, poderes manifestados luego por la entrega de los regalia, manto, espada, cetros, corona, etc…

Mientras que cuando se le entrega el poder de jurisdicción, ya no está sentado el monarca sobre la silla de san Eduardo, sino sobre el trono propiamente dicho, recubierto de tela preciosa, y un poco alejado.

No es casualidad que la abadía de Westminster esté dedicada a san Pedro, los reyes ingleses reconocían al Apóstol, y por ende al Papa, como su Señor temporal.

Igual que hemos visto que en el caso del Patriarca siríaco o maronita, se distingue consagración de entronización, así ocurre también con los reyes, a quienes la misma ceremonia otorga el derecho de regir y gobernar.

Todo esto lo pueden comprobar en la ceremonia de coronación de Isabel II, en 1953.

Fray Eusebio de Lugo O.S.H.

Contestando a las preguntas formuladas:

Las siglas CRSA corresponden a canónigos regulares de san Agustín, que es la forma de vida religiosa escogida por Mons. French y los sacerdotes que de él dependen, la forma de vida querida para los clérigos por Nuestro Señor y sus Apóstoles, y siempre imperada y aconsejada por la Iglesia como ideal de vida clerical.

Además de los estudios mencionados, cabría añadir los del P. Rama Coomasrawamy, en su estudio sobre la destrucción de la Tradición católica, o en “el drama anglicano del clero católico posconciliar”.Véase aquí

En cuanto a estudios contrarios, encontrarán amplias referencias en las sucesivas entregas de Rore Sanctifica, donde toman la defensa del nuevo rito gentes significativas como el P. Calderón, profesor en el seminario de la Reja, de la FSSPX, o los dominicos de Avrillé, o un benedictino conciliar llamado Ansgar Santogrossi. Pero siempre son iniciativas particulares. Que yo sepa, hasta la fecha, lo único que Roma ha hecho ha sido dar la callada por respuesta, no darse por enterada de este grave problema, si no es exigiendo de la FSSPX que reconozcan no sólo la legitimidad de los ritos y sacramentos conciliares, sino también, explícitamente, la validez de todo lo aprobado por la Roma conciliar. Esto se refiere sobre todo a la Misa, caballo de batalla de la Fraternidad, pero igual se aplica a las órdenes sacerdotales.

En la FSSPX, no pocos son los que dudan de la validez de las órdenes conciliares, pero ninguno se atreve a decirlo públicamente, por temor de las represalias que inevitablemente se seguirían de ahí.

Para muestra un botón, el abbé Cottard fue ordenado por Mons. Lefebvre según el nuevo rito, estuvo dos años ejerciendo, hasta que con ocasión de la ordenación de otro sacerdote, el mismo Mons. Lefebvre pidió al abbé Cottard que participara en la ceremonia para que recitara sobre él las plegarias del antiguo rito, de modo que quedara “completa” la ordenación. Esto ni siquiera era una reordenación sub conditione, pero manifestaba la duda de Mons. Lefebvre.

Item más, cuando Mons. Lazo, obispo filipino que se pasó a la FSSPX, fue confirmando a los fieles de diversos prioratos, hasta que alguno planteó el tema de la posible invalidez de su consagración por carta a Mons. Tissier de Mallerais, éste contestó que había una duda, y que había que impedir que ese obispo hiciera más confirmaciones, pero sin decirle el motivo.

Efectivamente, será muy interesante examinar sus argumentos. Para abrir boca, muy resumidos:

Primero intentaron cerrar la boca de los objetores con el argumento infocatólico, la Iglesia nos garantiza la validez. El problema es que suponen que la Iglesia conciliar sigue siendo la Iglesia Católica.

Luego los infiltrados alemanes en la FSSPX, capitaneados por el P. Schmidberger, utilizaron el argumento de que se trataba de ritos orientales todavía utilizados en la actualidad, afirmación desmentida por los propios interesados, aunque logró convencer a Mons. Lefebvre.

Lo intentaron diciendo que teníamos obispos y sacerdotes “probables”, hasta que en sus mismas filas tuvieron que recordarles que la Iglesia es tuciorista, y que en materia sacramental, la duda no debe tolerarse.

Algunos intentan hacer una amalgama entre el rito tradicional y el nuevo, sembrando todavía más dudas sobre la validez de los ordenados.

El benedictino Santogrossi, digno compañero de sus hermanos de hábito que ingeniaron la subversión de toda la liturgia católica, y todavía perseveran hasta en los monasterios vinculados a la FSSPX, pretendió que el nuevo rito era válido por “implicitismo sacramental”, el mismo argumento utilizado por los anglicanos para poner en duda la decisión definitiva de León XIII, es decir, que si bien la forma esencial no precisaba en qué consistía el poder de Orden que se iba a conferir, el resto del rito lo expresaba implícitamente. A lo que contestaba la Vindication de los obispos católicos ingleses diciendo que la fórmula debía contener todo lo esencial, para que pudiera ser precisado por el resto del rito. Si no hay nada que precisar, mal puede darse sacramento.

La verdad es que da la impresión de que a Roma, todas estas cuestiones le son perfectamente indiferentes, visto que trata a los anglicanos como si fueran verdaderos obispos, y cuando el obispo de Evreux, Mons. Nourrichard, asistió a una ceremonia de ordenación anglicana, con ornamentos litúrgicos, mitra y báculo, nadie dijo absolutamente nada. Lo único que les preocupa es que pongan en evidencia sus turpitudes, y les quiten el cepillo, como en Alemania.

Creo que la inmensa mayoría de los católicos, digamos…de “sensibilidad tradicional”, aunque estén todo el día siendo testigos y denunciadores de lo que llaman “abusos”, (cuando son la práctica común, admitida e incluso recomendada), no han logrado darse cuenta de hasta qué punto la mentalidad de los clérigos conciliares se ha alejado de cualquier sano sentido católico, hasta ser totalmente incapaces de entender el significado y la importancia de los temas que aquí tratamos. Para ellos, nuestras exigencias son un puro resto de una religiosidad infantil, ingenua y mágica, una verdadera locura que no merece ni contestación.

En una diócesis como Clermont-Ferrand, en la que decenas de las antiguas parroquias vienen siendo “atendidas” por un único diácono vietnamita, que me decía que en menos de 5 años, no quedarían en toda la diócesis más que un puñado de curas, totalmente destrozados psicológcamente, no digamos ya espiritualmente, y con verdadero síndrome de enterrador, o de liquidador, como los de Tchernóbil, (son sus propias palabras), hace mucho tiempo que esas cuestiones han perdido todo interés. Mañana mismo les impondrían sacerdotisas, aplaudirían con las orejas.

Pregunte a los seminaristas de su ciudad, a ver si alguno de ellos adivina mínimamente de qué estamos hablando…

En un futuro post iremos describiendo pormenorizadamente los argumentos de los defensores de la validez del nuevo rito, e invitamos a quien pueda ayudarnos a investigar si alguna vez, alguna instancia oficial romana se ha manifestado sobre este tema.

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