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TRADICIÓN Y SEDEVACANTISMO


El título responde  al objeto del artículo que traigo de La Mission de Sainte Agnès.

Su lectura requiere cierto esfuerzo, pero merece la pena. Para facilitarla me he permitido resaltar algunas palabras y expresiones, así como añadir entre corchetes palabras que yo creo facilitan la comprensión del sentido. También aconsejo en casos de duda acudir al original.

El gráfico inicial es de obligada lectura porque resume la posición del autor y en alguna manera está sobreentendido en el desarrollo del artículo.

También me permito una pequeña introducción que sin duda también facilitará la comprensión del artículo. Es la siguiente:

El autor hace uso de la terna hegeliana- Tesis, Antítesis, Síntesis- para describir   el envite de la Modernidad en el catolicismo actual. Como se sabe la  “iglesia conciliar”, en expresión de una jerarquía vaticana, tuvo desde el comienzo, al proclamarse la finalidad del  Vaticano II, un propósito de acercamiento y adaptación al mundo moderno, a la Modernidad, como dice el autor. Esto se proclamó con el término de “aggiornamento”. Los documentos de este concilio, son considerados por el autor como- “documentos fundantes” de la iglesia conciliar.

En el gráfico, se da el ejemplo de la Misa de Juan XXIII y la de Pablo VI (como tesis y antítesis) y la superación de ambas, la Síntesis, intentada por el Motu Proprio, Summorum Pontificum. Pero eso no pasa de ser un ejemplo, si bien paradigmático del catolicismo actual de la igledia conciliar.

En realidad, la explicación de la terna, alcanza con toda propiedad al catolicismo actual, dividido en tres secciones. El tradicionalismo (representado por aquellos que buscan el ralliement o reconocen las actuales jerarquías, e incluso por los afectivamente cercanos), que serían los que abrazan la tesis e incluso reclaman que ella es la Tradición. 

Los que se oponen a ello representarían la antítesis. Constituyen la avanzadilla progresista, que reclama la implantación plena del concilio, incluso de su espíritu, y sacan las consecuencias lógicas, a veces con exceso.

El intento de “trascender” ambas posturas, en una Síntesis  viene representado por los que reclaman, (neoconservadores) la restauración de la iglesia, en el espíritu de una hermenéutica de la continuidad, y una aparente vuelta “conservadora” a lo tradicional.

Frente a las tres posiciones, se alza la TRADICIÓN inmutable, que como dice el autor, antecede lógicamente a la Iglesia, es anterior a ella, y es el mismo Verbo de Dios, que habla por su Vicario. La Iglesia no sería más que el órgano que pronuncia, la palabra de la Fe, pero no la crea, ni la modifica, ni podría. A lo más la explica, la presenta, y enuncia novedades, sí, pero sin traicionar ni contradecir, su significado, su sustancia y el magisterio anterior. Si así no fuera, dejaría de ser ella-misma.

En este sentido, el Sedevacantismo, que no entra en ningún momento lógico, de la terna ¿satánica?, sería la posición de los que abrazan la Tradición. que es la revelación de Dios, de la que la Iglesia es la servidora. Si no fuera así, ella misma se convertiría en una organización meramente humana, y por lo mismo inspirada por Satanás.

Con estas ideas que adelanto, quizás sea posible leer el artículo, descubriendo su profundidad y al mismo tiempo su exactitud conceptual.

 

 

La Síntesis es el peor de todos los momentos de la Modernidad, porque ofrece a los que se identifican visceralmente con la oposición a la antítesis  [la tesis]la realización de sus “reivindicaciones“. En adelante, los defensores de la tesis,  que habían representado el papel de  disidentes, incluso de mártires, parecen haber triunfado. Decimos  que parecen , porque en realidad se engañan, así como los partidarios de la antítesis. En efecto,  siendo lo propio de la Síntesis no recaer en los viejos errores“de la tesis tales como la exclusividad y el desprecio, la Síntesis,  para conciliar la tesis y la antítesis, lleva a los dos extremos a un acuerdo entre ellos, en nombre de un  supuesto objetivo de trascenderlos [1] , cuya palabra clave  sería “unidad en la diversidad”, término  muy querido al actual jefe de la iglesia conciliar.

Todo esto es muy claro en el texto que habrá marcado el comienzo de este siglo – que se presenta atroz-  del ”  motu proprio Summorum Pontificum “del 7 de julio de 2007. Mientras que los defensores de la tesis ingenuamente creen en un “retorno a la tradición” y exageran viendo en él, la prohibición de  los“abusos litúrgicos”, que no existe en realidad; la realidad de la Síntesis  les hace recorrer un camino pedagógico, no para hacerles entrar en la Modernidad (porque ya son intrínsecamente modernos, aunque sólo sea por su ilusoria identificación de la tesis con la Tradición), sino para hacerles entender que lo que habían tomado por aberración no es otra cosa que  – y es importante tener esto muy seriamente  en cuenta- la voluntad de Cristo que no dejará que las puertas del infierno prevalezcan contra Su Iglesia . La conclusión que se impone al espíritu tradicionalista consecuente es que la apostasía no consiste en adherirse a una iglesia que ha roto con la Tradición para abrirse  a la modernidad, sino en rechazar la misma Modernidad en nombre de la Tradición [2] . Él [el tradicionalista] comprende entonces que no es que haya que creer que la Iglesia dice  la verdad, sino que todo lo que dice es la verdad– matiz  fundamental que, una vez asimilado, resuelve los antagonismos irreductibles que implica el tradicional principio de no-contradicción.

A partir de ahí, [el tradicionalista defensor de la tesis] es capaz de “interpretar el Concilio a la luz de la Tradición” , expresión en adelante ya consagrada, que permite resumir el esfuerzo (aparente) de la  Síntesis. Una vez más decimos aparente porque la Síntesis es una necesidad, cuya posibilidad se atiene al principio según el cual  la causa final está contenida en la  causa primera. La Síntesis, recordémoslo, no es más que la culminación de la finalidad en vista de la cual la Modernidad se puso en marcha- puesto que ella está contenida en  germen en la tesis [3] . De ahí su aparente afinidad – preocupante para  la antítesis – con ella [la tesis]. Por otra parte, la lógica de esta conclusión se ve reforzada por el hecho de que, siendo la Tradición la vida de la Iglesia, es , por una parte, tan impío como absurdo, querer preservar la Tradición contra la Iglesia, y por otra parte, el deseo de “interpretar el Concilio a la luz de la Tradición” … es una obviedad, ya que él [el Concilio]es ¡el producto mismo de la Tradición! Por eso los tradicionalistas son, en realidad,  pobres gentes de espíritu estrecho, que están pertrechados de las anteojeras del orgullo, para adquirir laboriosamente evidencias …  espontánea y comúnmente tenidas por todos. Sin embargo, son psicológicamente muy útiles porque sirven para dar estabilidad a los neo-modernistas, siempre dispuestos a “irse de la lengua” [4] . Siempre necesitamos “gente seria” para hacer buen efecto. ¿Acaso no es éste el papel de los “tontos útiles” ?

De hecho, si comprendieran que  “la letra mata, mas el espíritu vivifica“, dejarían de tomar por  abusos  la puesta en práctica del espíritu de la nueva liturgia; ellos no comprenden que solamente hay abusos cuando existe una regla intangible (como la Misa de San Pío V); ahora bien como el Concilio fue, por un lado, “pastoral“, es decir, referido a la”vida concreta “de los hombres, y por el otro, significó una apertura al mundo – y por lo tanto la instauración de la permeabilidad con el mundo- es lógico que  la nueva liturgia no esté atada a las reglas  intangibles y extremadamente restringidas de la antigua liturgia. No debemos interpretar un Concilio  “pastoral” con las categorías de los concilios normales.[5] .

Por tanto, es claro que los tradicionalistas, no sólo están equivocados y desconocen  la obra del Espíritu Santo, al interpretar el “Vaticano II”  con las reglas y la forma mentis en vigor antes de él, sino también – y en consecuencia – demuestran  una total falta de caridad hacia los demás seres humanos, y una dureza de corazón poco edificante, que da rienda suelta a la crítica de los defensores de la antítesis, que a menudo comprenden acertadamente los hechos, ya  que por lo menos son permeables al mundo e indulgentes con sus  miserias, estando imbuidos –  cualesquiera que sean,por otra parte, sus “excesos” – del espíritu del Concilio “Vaticano II”.  Sólo en esta perspectiva, por ejemplo,  dejará de parecerles  una burla cínica y una impertinencia(!), el discurso de los “obispos” de Francia advirtiendo contra el espíritu de cisma que se  encuentra subyacente en muchos adheridos a  la “forma extraordinaria” de la misa. Lejos de ser una rebelión [contra la tradición] es en realidad el discurso de su iglesia, que se hace eco de la intención de su papa, que quiere no tanto “restaurar” la Tradición cuanto la integración de sus seguidores en un pluralismo ritual de la Iglesia Unificada [6] . Prueba de ello es que los obispos están  también asistidos habitualmente-aunque de una manera menos especial [que el “papa”]- por el Espíritu Santo. ¿Por qué el clero y los laicos que los reconocen como válidos y legítimos, y, por tanto, son jerárquicamente inferiores, estarían más “iluminados” que ellos?

El lector comprenderá que nos hemos situado, con el fin de comprenderla desde dentro, en la perspectiva interna de la iglesia conciliar. Obviamente, como hemos expuesto, ella [esta perspectiva] se basa enteramente en el doble error de que todo lo que la Iglesia dice es la verdad , y que la tradición es de facto la vida de la Iglesia . En efecto, la Iglesia es el órgano de la Verdad, que es Jesucristo, de quien es la Esposa inmaculada y su  Cuerpo místico; la Verdad le es antecedente[lógicamente] (incluso anterior), por lo que es un absurdo pensar que  la verdad no es inmutable. Por otra parte, la Tradición no es la vida de lo que vemos ser  de hecho la Iglesia militante (que es sólo una parte inseparable de la Iglesia Total ), sino la  recepción ininterrumpida del Depósito confiado por Cristo a sus apóstoles, es decir, en una palabra, Él mismo . La Tradición es el contenido de la fe: Ahora bien, “lo que se cree procede de lo que se oye“, no de una palabra, cualquiera que sea,  pronunciada por las autoridades de la Iglesia (que dejarían de serlo si se convierten en herejes), sino de  “lo que escuchamos de la Palabra de Dios”, es decir, de Jesucristo, que habla por boca de su Vicario [el papa legítimo], a quien utiliza como su propia boca. Por ello [el Vicario]no puede mentir ni equivocarse ni engañar a los fieles.

Por tanto, es oportuno reiterar que la Tradición siendo la vida de la Iglesia, no es la “misma” vida  de la Iglesia,  lo que no es exactamente lo mismo. En la primera frase, se dice  que la vida que vive la Iglesia es toda sobrenatural – de la que se deduce el carácter divino de la Tradición,-mientras que en la segunda, se dice que la vida que vive la Iglesia (entendida aquí como la vida natural de una criatura) es de facto, la Tradición – reduciendo ésta [la Tradición] a las fluctuaciones naturales (incluso si admitimos su carácter providencial) del cuerpo particular que es la Iglesia en el seno de la Creación. Ahora bien, al ser la Iglesia con exactitud  el Cuerpo Místico de Jesucristo, ella es precisamente, el órgano inalienable e inalterable de la Verdad  [7] . Así pues, si ella parece contradecirse, es que ella ya no es ella-misma , sino que  estando reducida a los hombres que la gobiernan – desde ese punto separados de ella por la herejía – lo que subsiste no es más que una organización enteramente natural, e incluso infra-natural, y por lo tanto diabólica como lo son las “iglesias” protestantes. La iglesia conciliar, es pues, la faz religiosa de este mundo , con el que “Dios no quiere tener parte alguna.” Por este título,  la clave maestra de la Síntesis  es la que lleva a la aparición del Anticristo.

Si esta iglesia,  fuera la muy Pura, la muy Santa  e Inmaculada Esposa de Dios, su propio Cuerpo, habríamos asistido al  suicidio del Inmortal. El “humo de Satanás” sólo puede entrar en un cuerpo que no es ya  divino – como se evidencia por el protestantismo, que es también una religión con ritos inválidos. En última instancia, ésta no es la oscuridad de la antítesis que es la  más temible, sino la  falsa luminosidad de la Síntesis. También  conviene recordar las palabras de la Escritura Santa: “Si nosotros mismos , o un ángel del cielo, dice san Pablo, os predicara un evangelio distinto al que nosotros os hemos predicado, sea anatema “ Si licet nos, aut Angelus de coelo evangelizet vobis praertequam avangelizabimus vobis, anathema sit” [8] . El “nosotros” que había predicado la Verdad es  el Apóstol, es la Iglesia de Jesucristo, que vive la vida sobrenatural  del Alma  de su alma, de su Verdadero Yo; es el órgano, ciertamente humano, pero  órgano divinizado que goza de la infalibilidad  por su unión e identificación con el Hijo Eterno de Dios; y al contrario, el “nosotros mismos” que predica otro evangelio, es  el apóstol sin Dios , convertido más en demonio que en hombre, son los príncipes de la Iglesia, despojados de su cargo y de su status tanto de príncipes como de cristianos: en una palabra, es “Satanás “, que  se transforma satisfecho en  “ángel de luz ” ipse enim Satanas transfigurat  se in angelum lucis.  [9] . Éste es el anatema.  [10] .

Obviamente, se nos objetará  que nuestro análisis se funda en la constatación del carácter herético de los documentos fundantes de la nueva iglesia. Ahora bien, no se ha constatado jamás una herejía formal en ellos, se objeta como último argumento….

[Respondemos que] además del hecho de que han sido enseñadas  herejías formales, [en esos documentos] añadiremos que es inaudito el  que  la Iglesia haya tenido nunca que justificarse a los ojos de sus hijos esgrimiendo la demostración de que no es herética. El método siempre había consistido en demostrar  que sus opositores, ellos sí, habían caído en la herejía.  Es Nuestro Señor Jesucristo, Él mismo, el que nos advierte la manera de reconocer a un falso maestro, lo que implica que su herejía no es siempre tan clara como hubiera complacido a la inteligencia. “Vosotros los conoceréis por sus frutos … porque por el  el fruto se conoce el árbol”. A fructibus eorum  cognoscetis eos…siquidem ex fructu arbor agnoscitur” [11] . El tradicionalismo, porque ha querido ser defensor de la tesis, no es  más que un fruto podrido de la iglesia conciliar, y más en general de la Modernidad.

Recordando lo que M gr Gaume  nos explicó del misterio de la manducación, podemos concluir que todo lo que se reintegra en  la iglesia conciliar demuestra que ya era un aspecto suyo, a pesar de su cisma [12] .[13] El cisma no podría  haber impedido que los tradicionalistas hayan entrado en la  dialéctica moderna, porque la Modernidad en sí  misma está en un estado de cisma total frente a la  Tradición.

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Extracto del comentario  al Tratado de la concupiscencia  de Bossuet.


[1] Obviamente, este último concepto es una parodia, ya que sólo lo espiritual es trascendente. Además, el nuevo objetivo, el nuevo frente común puede adoptar diversas formas, como por ejemplo la posibilidad de un “choque de civilizaciones“, un “choque de religiones“, “retos del mundo moderno“, tal y tal miseria, etc. Todo esto descubre el lema eterno de “un mundo mejor“, no son más que máscaras que enmascaran  el advenimiento del reinado del Anticristo.

[2] No es insignificante que la decisión “Pontificia” de la que hablamos se promulgara el 7.7.7  : es mucho más que nubes de polvo en los ojos , ya que es imposible – si se mira con atención, contrariamente a la mayoría de los tradicionalistas –  ver en este ”  motu proprio  una” derogación (incluso lejana; en el mejor de los casos,  la preparación de un afinamiento o mutación) de la nueva Misa de Pablo VI (identificable, desde  entonces, si fuera el caso, con el 666 de la Bestia, Apocalipsis 13.18); dos interpretaciones son posibles: o bien la introducción de un rito doble (ordinario y extraordinario) tiene como objetivo contrarrestar el advenimiento de lo que la Modernidad  tiene de peor (¿pero qué sería esto?) – lo que  es una legitimación absolutamente ilusoria de  la Síntesis , porque esto es justamente, como ya lo hemos dicho, el momento más terrible de la Modernidad; o bien es la Tradición, en tanto que es distinta de  la tesis, la que es de esencia satánica – y esto está en línea con nuestra explicación. En el primer caso, el “777” es una ingenuidad (?) capaz de seducir y entusiasmar a los ingenuos defensores de la tesis; en el segundo caso, se trata de una manifestación  apenas velada del  carácter propiamente  satánico de los falsos papas neomodernistas, y especialmente del actual, que pasa tanto más inadvertido cuanto es un conservador.

[3] La antítesis  se revela como el agente actualizador necesario, -incluso si es paradójico-. No es pues sorprendente que los partidarios de la antítesis gustan de hablar de sí mismos como  próximos al Espíritu Santo, el verdadero agente actualizador la voluntad divina, de la cual ellos son en realidad la parodia.. Es muy frecuente  hablar de la Revolución en la Iglesia en términos de “inspiración profética“.

[4] Así, el prelado neo-modernista que lanzó la expresión “Iglesia conciliar“. Lo que se aplica con éxito a los protestantes vale igual de bien a los conciliares : los  “excesos” que vemos en ellos no son desviaciones debidas a las distintas opiniones privadas que romperían con la doctrina oficialmente profesada, sino  que son los desarrollos maximalistas consistentes con su espíritu,  o el desarrollo lógico de su doctrina. El Sociniano que no cree en la Trinidad, porque esta palabra no está en la Biblia, sólo hace aplicar con todo rigor la  máxima  de los reformados de la sola scriptura; el cardenal que, al finalizar el Vaticano II, se felicitaba de que hubiera sido el “1789 en la Iglesia” no hacía alarde de un modernismo parasitario extraño a los padres conciliares, sino revelaba con sorprendente agudeza el mismo espíritu de apertura al mundo deseado por “Juan XXIII”.

[5] En la medida en que la noción de “Concilio pastoral” significa algo.

[6] Esto es lo que dejó entender claramente en en su famosa respuesta en el avión que lo llevaba a Lourdes, en el otoño de 2008. El motu proprio “Summorum Pontificum” quiere preparar un espacio a aquellos cuya sensibilidad les hace preferir el rito antiguo. El propósito es exactamente el mismo que el de Pablo VI, con menos censura: (?) El apego a la Tradición es una cuestión de gusto, de “buen gusto”, tal vez, ¡pero simple gusto de todos modos!

[7] El acto de fe ¿ no nos hace decir que creemos todo lo que Dios nos ha revelado y nos enseña  por medio de su Iglesia, porque él no puede engañar ni ser engañado?. Nosotros creemos que Dios es infalible; ahora bien, nosotros no creemos más que por la enseñanza de la Iglesia: si ella es infalible, ella participa de la infalibilidad de Dios mismo,  de quien es el cuerpo; por ello todo lo que es susceptible de errar no es la Iglesia. Desde el comienzo de su cisma, los herejes protestantes no se hicieron rogar para proclamar en voz alta que su iglesia no es de ninguna manera infalible. ¿Son conscientes de que, en virtud del principio de su propia falibilidad,  afirman que deben excitar la desconfianza y pueden ser tomados como mentirosos ? Ellos  quieren a toda costa ser anti-católicos; por ello son menos humanos que satánicos; su padre es el que fue un mentiroso desde el principio .

[8] Gálatas 1:8.

[9] 2 Corintios 11.14.

[10] A diferencia de los verdaderos Concilios de la Iglesia, el “Vaticano II” ha rechazado el uso de la fórmula canónica Si quis … anatema sit.  Quizás la Providencia impidió el descaro demasiado escandaloso de un anatema anatemizante. Pero también es posible entender que desde el momento que estuvo abierto al Ángel de Luz,  al identificarse así de bien al anatema, éste pierde su sentido odioso. En cierto sentido, ser moderno es ser anatema, no decimos “voluntariamente moderno” ya que si todos los hombres nacen con el pecado original, ¿por qué el hombre que nace  de la  Modernidad no sería anatema por naturaleza? De todos modos, el bautismo lo libra de esta maldición. Pero entonces la situación del bautizado voluntariamente moderno  es “peor que la original” …

[11] Mateo 07,16, 12,33.

[12] Desde su excomunión, esta gente – o por lo menos muchos de ellos, que nunca fueron repudiados por sus autoridades ¿ es que no manifestaron como algo honroso el mostrar  que no eran ni “cismáticos ni excomulgados”, afirmando por esto mismo que habían asumido conscientemente el papel de defensores de la tesis, en el seno de la terna satánica?

[13] Por eso nunca se ha visto que  los “ralliés” fueran  obligados  a abandonar la “Misa tradicional”; bien al contrario, todos han disfrutado siempre de grandes privilegios, de total impunidad, por sus declaraciones pasadas, incluso por las actuales, así como del  aliento de la jerarquía, si no la diocesana (defensora de la antítesis en gran parte ), por lo menos de la “Vaticana”.  La única y sóla condicion  para una acogida complaciente es la adhesión, aunque no fuera más que pasiva, a la apostasía del Vaticano II. !Haec omnia tibi dabo, si cadens adoraveris me ! (Mateo 4,9).

2 replies »

  1. Sr. Director del Blog:

    En relaciòn a este artìculo y en lo relacionado con la asistencia a la misa tradicional (cum o no una cum), a mi juicio, que no es mas que el de un simple seglar, la cuestiòn clave es cuando se alude a la existencia o no de “herejía formal” en el Vat. II y en documentos posteriores.

    Evidentemente, del Vat.II y el postconcilio han salido algunas “nuevas” doctrinas y praxis, que vemos prima facie opuestas a las anteriores en algunos temas, o exposiciones ambiguas.

    Sin embargo, ¿se puede concluir que esos errores son directamente herejías, como para calificar sin mas a cualquiera que siga al Vat. II, o se oponga pùblicamente a él, como hereje? No olvidemos que la expresión herejìa tiene un sentido muy preciso (negaciòn pertinaz de una verdad de fe divina y católica o ponerla en duda). No cualquier error o ambigüedad es herejìa, ni permite que se califique a alguien de hereje. Ademàs, el cuestionamiento debe ser exacto. Existen actos escandalosos como Asìs, pero a veces algunos ven herejías en cualquier cosa, y se citan textos parciales.

    Siempre me pregunto, porquè no hubo una reacciòn manifiesta y pùblica de separaciòn durante el mismo Vat. II. Sin embargo, tuvo que correr bastante agua en el rìo hasta que aparecieran públicamente fundamentos que mostraran la oposición con lo anterior, lo que se percibió ante la nueva praxis y doctrinas postconciliares de buena parte de la jerarquìa.

    La expresión “Iglesia conciliar” (utilizada por el Cardenal Benelli) es còmoda para calificar ese conjuntos de “novedades”, errores, escandalos y ambigüedades. Ahora bien, la realidad es que no existe una sociedad religiosa que un dìa hubiera sido constituida como “Iglesia Conciliar” en contraposición a la Iglesia católica romana (como por ej., sucediò con la Iglesia Anglicana, o la Ortodoxa). Ni siquiera se conocen normas que hubieran declarado abolidas las enseñanzas tradicionales, aùn cuando no soslayo que se las ignora o se predican en determinados temas otras distintas.

    Creo que hay mantener la doctrina catòlica ìntegra. Asì, la seguridad està en el pasado, en los catecismos preVat. II y demàs.

    Pero, ante estas circunstancias ¿como podemos sin un acto de magisterio tener la autoridad para condenar, considerar sin mas fuera de la verdadera Iglesia a quiènes sostienen o no se oponen públicamente a estas “novedades”, e incluso declarar certeramente la invalidez de ciertos ritos?

    En estas particulares circunstancias, creo que no debemos poner mas cargas que las necesarias. Lo que vale particularmente para la asistencia a misa. Me parece que puede haber una legìtima diferencia de opiniones, siempre que se considere la doctrina catòlica milenaria.

    Le dejo estas reflexiones a Ud. y los distinguidos comentaristas, esperando conocer sus criterios.

    Saludos en Cristo Rey

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  2. Atento lector M.M. :

    Puede encontrar en este mismo sitio pruebas sobreabundantes sobre las herejías profesadas en el mismo Vaticano II, que demuestran oposición de contradicción entre la doctrina siempre enseñada y la nueva, previamente condenada.

    El mero hecho de describir la asamblea conciliar como un nuevo Pentecostés ya supone fundar una nueva Iglesia, pretensión confirmada por los hechos, dichos y omisiones de los prelados conciliares, entre ellos, Mons. Benelli.

    No somos nosotros los que declaramos fuera de la Iglesia visible a los conciliares, e inválidos casi todos sus sacramentos, sino la misma Iglesia, por la voz de sus Pontífices, que nos enseñaron lo que debíamos pensar y obrar en una situación como la actual.

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