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¿ERRORES EN LA DOCTRINA DE LOS PAPAS?


En el post ¿Puede un papa enseñar el error? nuestro amigo Sofronio ha enviado un comentario, que sería una enmienda a la totalidad afirmando algunas cosas que merecían cumplida respuesta. Ha sido providencial este comentario estableciendo una tesis opuesta a la del post. Es decir, los papas en su magisterio ordinario pueden caer en el error,  lo que se demostraría por contradicciones habidas en materia litúrgica. Por otra parte cita a sedevacantistas que incluso ellos,  reconocen errores del magisterio. Yo me propuse contestarle sin adentrarme en hechos histöricos ni litúrgicos. Más tarde ha sido Fray Eusebio quien responde genialmente a las objeciones. Nada menos que con una lección magistral, que yo creo no es posible encontrar algo  parecido en internet .

Me congratulo de poder subir en un nuevo post estos comentarios de tan alto nivel, a excepción quizás del mío, hecho éste con la buena voluntad de salvar la opinión habida desde siempre en la Iglesia, como lo dice textualmente San Roberto Belarmino.

Por otra parte era necesario dejar bien claro la apostasía que supone el negar el Magisterio universal de los Obispos unidos al papa,  solemnemente definido como infalible en el Concilio Vaticano I. Nos referimos a la negación del bautismo de deseo.

No menos era necesario dejar patente los presupuestos heréticos del falso tradicionalismo lefebvriano o filo lefebvriano, si por ello hay que entender su ilusoria identificación con la Tradición. Esta se identifica con la Verdad del Hijo de Dios, que entregó a su Iglesia, para que fuera órgano que la predicara sirviéndola pero no suplantándola como es el caso de la iglesia conciliar, que también suplanta a la Iglesia Católica.

En nuestra posición, que es la secular de la Iglesia Católica, como lo afirma San Roberto Belarmino, nos distanciamos además de los dos grupos citados, de los caóticos filolefrebvrianos, de los conciliares, sean los llamados “neocom” cuyo mayor delito además de las herejías conciliares a las que impúdicamente declaran estar unidos es la necedad que crotoran, opportune e e inopportune,  negadora del principio de no- Contradicción,  y de la avanzadilla progre conciliar, la antítesis de la terna hegeliana  ( véase el anterior post). Todos ellos tienen en común el separarse del magisterio pontificio y por ende da la Tradición eterna a la que sirve la Iglesia y los papas, proclamándola y definiéndola. ¡Que no se nos diga que estamos solos en defensa de la Verdad frente a las ramas podridas del catolicismo sociológico que ha entrado en la modernidad ! ¡Nosotros estamos con 260 papas y su magisterio solemne,universal y ordinario! i Si Ud. lector disiente! ¿Podría decir lo mismo?

Nota: Éste post lo considero capital, porque es el fruto y epítome de los casi  dos años de  existencia de este blog. Es la Carta Magna de nuestro legítimo sedevacantismo identificado positivamente con la Verdad Católica, y negativamente denunciador de la falsa  iglesia conciliar.

He aquí el debate en tres tiempos. El comentario de Fray Eusebio lo considero magistral y debe leerse quizás aunque no se esté interesado en la materia del debate.

1..  Sofronio dice :

Pero contra esta interpretación rigorista del magisterio ordinario, que en mi modesto entender y en el de muchos, incluso de entre los denominados ‘sedevacantistas’, están la distinción e interpretación católica. Por una parte, Pastor Aeternus, establece la infalibilidad del Pontífice cuando habla ex cathedra y a la vez, las notas que distinguen esta manera de enseñar, sobre todo para que no usen indebidamente los teólogos con abuso, para sus propios fines e ideologías. De otra parte, es obvio que dicha infalibilidad prometida a la Cátedra de de Pedro no cesa cuando él, sin hablar solemnemente, quiere ejercer el supremo magisterio. Sabemos que confirma el ejercicio de ese magisterio supremo cuando expone y explica la doctrina definida por sus antecesores en el mismo sentido; en este caso, el fiel católico no tiene duda porque, permítaseme la expresión, “llueve sobre mojado”; pero cuando el papa no compromete su autoridad pontificia sobre una doctrina nueva o cuando de alguna forma no expresa la obligación universal (v. gr. Para el desarrollo implícito de una doctrina), le resultará imposible al católico fiel distinguir entre la doctrina infalible y la meramente auténtica, más aún si en otras alocuciones o documentos del mismo tenor hay duda fundada de contradicción y a ambas le falta el compromiso de su autoridad y la obligación universal. Ejemplo históricos hay muchos; como el caso del Papa Honorio, que fue condenado por dos concilios ecuménicos, pero como no es admitido como argumento ya que se dice que las actas de dichos concilios fueron falsificadas (¿es posible saberlo con certeza?), según otros debates en este blog, no insistiré sobre él ni lo traeré como defensa, ni tampoco la Fórmula de Sirmio del papa Liberio por la misma razón, ni el concilio cadavérico y el papa Formoso, ni la carta a los Gálatas, pero sí me apoyaré en otros ejemplos y en distinto orden, en este caso sobre la ley litúrgica. Por ejemplo el Pontifical Romano indicó, durante mucho tiempo, que la porrección del cáliz, en la ordenación sacerdotal, constituía la materia del sacramento. Pero Pío XII definió lo contrario (Sacramentum ordinis, 1947), a saber que la sola imposición de manos por el obispo constituye la materia del sacramento de orden.Otro ejemplo: El Pontifical Romano del siglo XIII afirmaba que la consagración del vino se podía realizar sin las palabras de la consagración, por el solo contacto del vino con una hostia consagrada. En estos casos es evidente que la ley litúrgica no constituía una afirmación dogmática, ni infalible, y además errónea. Que esta posición que defiendo también es reconocida entre muchos sedevacantistas es evidente: Sólo un ejemplo más: Los hermanos Dimond, en su libro ‘Fuera de la Iglesia Católica no hay Salvación’, esgrimen como argumento contra el bautismo de deseo in re, o in voto, que se deriva de la doctrina de Pío XII en la encíclica Mysticis corporis, que no todas las declaraciones del Pontífice son infalibles: No se trata de entrar en el debate del bautismo de deseo ahora con este ejemplo, sino de mostrar que, al menos, en este tema, admiten algunos ‘sedevacantistas’ que no todo el magisterio de un Pontífice, en este caso válido, es infalible

2.  moimunan responde:

Muy estimado Sofronio:

 La interpretación que Ud. llama rigorista es la que se ha tenido en la Iglesia siempre antes del Concilio (Que Pedro no puede errar es una creencia de la Iglesia Universal- todos los católicos de todos los tiempos y de todos los lugares lo han creído: luego, esto es verdad. San Roberto Belarmino. Mire la cita en el post). Que muchos en la actualidad la nieguen es cierto, pero no son verdaderos católicos tal como estos lo fueron siempre.Que haya algunos sedevacantistas que la nieguen, es verdad pero no son fieles sedevacantistas sino jansenistas o heréticos fundados en su juicio privado. Mire por favor el post “Sedevacantismo ilegítimo”. El caso de los Dimond que Ud. cita es paradigmático de adonde se puede llegar, abandonando la roca de Pedro tanto en su magisterio solemne como en el ordinario. Los Dimond, niegan el bautismo de deseo. Esto nunca se oyó en la Iglesia hasta Feeney desde el Concilio de Trento. En él se afirma categóricamente que por el deseo del bautismo se adquiere la justificación (ellos lo niegan retorciendo el sentido del canon y diciendo arbitrariamente que “aut”” es “et” Pero esto nunca es así en las frases subordinadas que siguen a la preposición “sine”. (Mire el post Roma locuta).En el otro canon que afirma la necesidad de los sacramentos de la justificación, la cual no se obtendría sin ellos o “sine eorum voto”, ellos afirman que no se refiere al bautismo. Pero éste es el principal sacramento de la justificación, por delante de la penitencia. El fallo de los Dimond estriba en que no reconocen el magisterio universal infalible de la Iglesia, o sea de todos los obispos, unidos al papa, incluso en el magisterio ordinario y universal. Esto es una verdad definida en Dei filius y en Pastor Aeternus. Negarlo es simplemente caer en la apostasía. Porque se rechaza la Iglesia de todos los tiempos que ha hecho uso de este magisterio. Para ellos toda la Iglesia en sus santos, doctores (tres después de Trento), papas, teólogos con sus obras aprobadas, Derecho canónico y fieles en general habrían caído en la herejía. Si bien matizan esta barbaridad diciendo que fue herejía material. Como si los papas pudiesen caer en herejía material. O los obispos de la Iglesia Universal. Ellos establecen que una vez ellos han hablado ya no es herejía material creer en el bautismo de deseo, sino formal, y por consiguiente a los que esto crean les espera el infierno eterno. Incluso prohiben rezar por ellos después de muertos. Esto es el colmo del orgullo. Ellos son los papas. Ellos saben los que han ido al infierno. Me pregunto como puede citar Ud. a esos herejes y apóstatas a quienes San Alfonso condenó diciendo que la creencia en el bautismo de deseo es “de fide”. Y después de él todo los teólogos, diciendo que por lo menos es “proximum fidei”. Sólo hay un sedevacantismo y es el que se identifica con la Fe de la Iglesia tal como fue mantenida en toda su historia. Los sedevacantistas gozan de perfecta unidad. Esta no la tienen ni los herejes (todos son sdevacantistas ilegítimos), ni los lefrebvianos que llegan al extremo de decir que un papa si no ejerce la infalibilidad (concepto nuevo) puede ser hereje y aun anticristo. El mismo Rizo lo dice (mire el post “Rizo desafina…”. También le ruego lea el post “El hereticismo” donde queda claro que Lefebvre fluctuó miserablemente en muchas cosas y al fin cayó en la herejía que el autor llama hereticismo (tener por legítimo a un papa que creen hereje) Ud. acepta, o no niega con contundencia, las mentiras de arrianos, ortodoxos, protestantes, jansenistas sobre papas errados y herejes. Pero contra ellos está el concilio Vaticano I que lo niega. Útimamente son los lefebvrianos quienes han resucitado estas fábulas para apoyar su posición herética de la resistencia a un papa legítimo. Dignos hijos del galicanismo, jansenismo etc.. De los hechos concretos que cita aunque no creo que sean verdad, Ud.debe reparar que no versan sobre la doctrina que un papa da a toda la Iglesia. Pero también hay que rechazar la fábula del “Doctor privado” nunca creída en la Iglesia. Ha sido tomada de los protestantes por los lefebvrianos. Ud que acepta el “realismo” en la doctrina eucarística de las palabras eucarísticas de Cristo, debería también aceptar, con realismo y humildad la promesa de Cristo en los cuatro textos más importantes del primado: “Confirma a tus hermanos”, “Tu eres la roca contra la cual no podrán las puertas del infierno- herejías, Yo rogaré por tí para que Tu fe no falle, apacienta mis ovejas.. y sobretodo Yo estaré con vosotros hasta… Sinceramente yo creo que Ud. está muy influído por las divagaciones cuasi heréticas de los filolefebvrianos y también de los conciliares que apoyan una iglesia plagada de herejías, con un pastor que no cesa de dar la doctrina perversa. ¡Hágase católico!

 3. Fray Eusebio de Lugo O.S.H. tercia en el asunto: 

Mi perseverante Sofronio: Le agradezco el trabajo que se toma en diversificar los argumentos que nos propone, en este caso, los de orden litúrgico. Como diría el ángel de las escuelas, Videtur…existir una contradicción entre la enseñanza de la Iglesia expresada en el Pontifical Romano tradicional, que parece tomar partido por la opinión que sostenía que la porrección, o entrega de los instrumentos constituía la materia esencial del sacramento, mientras que Pío XII entraría en contradicción con esta primera sentencia al decidir infaliblemente en 1948 que solamente la imposición de manos debía ser considerada como la materia necesaria y esencial del sacramento del Orden. Si una sentencia infalible puede desautorizar otra que se desprende de los libros litúrgicos, debemos concluir que los Papas que los aprobaron no son infalibles en la aprobación que otorgan a tales libros. Sed contra

1. Cuando uno se acerca al venerable Pontifical Romano, en el capítulo “De Ordinibus conferendis”, lo que uno se encuentra es que la Iglesia amonesta al Obispo “para que ponga buen cuidado en no cometer fallo en la expresión de las formas, o en la colación de los instrumentos de esas mismas Órdenes, mire frecuentemente al Pontifical, y proceda con madurez. Advierta a los ordenandos de que deben tocar los instrumentos a través de cuya entrega se les imprime el carácter. etc…” Ello es así porque aún cuando se olvide frecuentemente, el sacramento del Orden se recibe por grados, a partir de la misma prima tonsura, que es su puerta de ingreso, hasta la Consagración episcopal y la coronación real, que es su culmen. Y la materia común a todos esos diversos grados no es la imposición de manos, sino la entrega de los diversos instrumentos, precisada por la significatio ex adjunctis proporcionada por el resto del rito, y en primer lugar, por las distintas oraciones cantadas por el Pontífice, así como por la imposición de las vestiduras litúrgicas propias de cada Orden. Por lo que con justicia se puede llamar a esa entrega de los instrumentos la materia general del sacramento del Orden. Pero como ya sabe quien haya leído alguno de nuestros posts sobre la validez de las órdenes conciliares, o haya tenido la curiosidad de asomarse a los trabajos de Rore Sanctifica, esa materia general , para ser eficaz, necesita ser precisada en cada una de las diferentes órdenes. Y para las que han sido consideradas en todo lugar y tiempo desde los tiempos apostólicos como mayores, es decir, el diaconado, el presbiterado y el episcopado, esa precisión viene dada principalmente por la imposición de las manos, cosa que ha sido siempre tan conocida que el Pontifical omite hacer mención de ella, suponiendo, como diría san Ignacio, que tenemos inteligencia. Es evidente que el Pontifical entiende que tanto la materia general como la materia específica de cada Orden son indispensables, sin pretender decidir en qué modo son indispensables, ni zanjar la cuestión de si sólo con una o con otra, se realiza válidamente el sacramento. 

2. Y no lo hace, porque siendo buena parte del Pontifical muy anterior a las cuestiones escolásticas que empezarán a plantearse a partir de los siglos XII y XIII, no se planteaba realizar disecciones en un organismo vivo que se presentaba como un todo. Proyectar sobre él una polémica muy posterior y absolutamente ajena al ethos litúrgico tradicional es como mínimo una grave falta metodológica, que evidencia en sus autores una grave carencia en el conocimiento teórico-práctico de las cosas litúrgicas, cuya causa pudiera ser el desprecio que por ellas han sentido muchos teólogos afectados, quizás sin saberlo, por el espíritu racionalizador, cuando no racionalista, tan típico de la Modernidad. 

3. Conviene además examinar la razón por la que Pío XII emitió un dictamen definitivo e infalible: En aquellos años, la persecución comunista vigente en muchos países del mundo amenazaba con reducir las cristiandades de numerosas naciones a una situación japónica, en que los fieles se verían privados de clero, puesto que los jefes comunistas sabían perfectamente lo importante que era transmitir el sacerdocio, y procuraban evitar por todos los medios que los obispos encerrados en los campos de concentración pudieran disponer de los elementos necesarios para la realización del sacramento.Se entiende bien que los teólogos se plantearan con urgencia si sólo con la imposición de manos, único rito al alcance de estos ilustres perseguidos, era posible transmitir el sacerdocio; presbiterado o episcopado. Urgía tomar una decisión, porque eran muchos los que habían sido consagrados u ordenados en esas condiciones, gravemente oprimidos por unas muy comprensibles dudas sobre la validez de sus órdenes, compartidas por Roma, que durante mucho tiempo no incluyó a esos obispos en el Anuario Pontificio. A pesar de que Pío XII sabía que su decisión iba a ser maliciosamente aprovechada por los partidarios de la validez de las órdenes anglicanas, como por los revolucionarios litúrgicos que ya estaban preparando alevosamente la desolación litúrgica posconciliar, y que necesitaban una declaración sobre lo único estrictamente necesario para la validez del sacramento, para poder arrasar mejor todo lo demás, con la excusa de que no era esencial, luego era accidental, es decir prescindible; declaró que bastaba para la validez con la imposición de las manos junto con la breve forma que determina una por una. Nótese que ello rige solamente para el diaconado, presbiterado y episcopado, porque la porrección es absolutamente necesaria para la validez de las órdenes inferiores. Y sobre todo, Pío XII ordena que se conserven inviolablemente todos los ritos hasta ahora observados. Por una importantísima razón: Porque las órdenes conferidas por el rito esencialísimo descrito por Pío XII es válido únicamente porque está precisado implícitamente por el rito oficial al que pertenece el ordenante. Ello significa que si esos ritos adjuntos, como el de la entrega de los instrumentos, fuera suprimido de los libros litúrgicos, sin ser sustituido por un equivalente, como el que se encuentra en el rito griego, o en cualquier otro rito apostólico, la materia no estaría suficientemente precisada en su significación, por lo que se encontraría en la situación de los anglicanos, que suprimen todo lo específicamente católico de sus ritos, por lo que demuestran no tener la intención objetiva de hacer lo que hace la Iglesia.

4. Que esa sea la mente de Pío XII, lo demuestra el hecho de citar el rito griego, en que las porrecciones no existen, pero sí otros ritos equivalentes estimados absolutamente necesarios a la expresión adecuada de la significación del rito, y que por ende, a nadie se le ocurriría suprimir de los libros griegos. La mentalidad moderna, minimalista y antitradicional, se ha fijado unilateralmente en lo imprescindible “para que funcione”, sin leerse todas las instrucciones, ni menos aún, penetrarse de su espíritu, por lo que no se ha dado cuenta de que también las demás partes del rito eran necesarias, al menos de manera implícita, como las manifestadoras de la intención objetiva de la Iglesia, que se supone tienen los ordenantes clandestinos, a menos que éstos manifiesten claramente una contra-intención. Como ve, ninguna contradicción. En cuanto a su segunda afirmación, según la cual el Pontifical Romano del S. XIII afirmaba que la consagración del vino podía hacerse sin las palabras de la consagración, por el sólo contacto de la Hostia con el vino sin consagrar, le pediría que me mostrara en qué lugar exacto de ese libro dice tal cosa, porque yo no lo he visto nunca… Sabrá sin duda que en el siglo XIII, aún no existía un Pontifical Romano oficial, en el que los Papas empeñaran su autoridad. Cada Iglesia metropolitana o primacial tenía sus costumbres, que se fueron fijando, y cuyo resultado recibido, codificado y fundido en bronce para la eternidad es el venerable Pontifical Romano. Pero es probable que las fuentes sudamericanas de la FSSPX en que ha ido a pescar su argumento lo hayan engañado. Sin duda, no le habrán contado que esa historia fue inventada por un profesor de la Universidad de Estrasburgo, llamado Michel Andrieu, que publicó en el París de 1924 una monografía titulada “Inmixtio et consecratio”, en la que defendía que en muchas iglesias o monasterios, creían que el vino se consagraba por simple contacto con la Hostia. Se basaba en las costumbres de ciertos monasterios orientales, en que los monjes, casi todos laicos, se reunían para la Misa dominical, pero como se mantenían recluidos o lejos el resto de la semana, mojaban el pan consagrado en vino sin consagrar, lo dejaban secar, y lo partían en trozos pequeños que les servían para comulgar. O en que la liturgia de presantificados, en Oriente o en Occidente, hacía mezclar un trozo de pan consagrado en vino no consagrado. De todo ello, nuestro profesor concluía que existía una creencia más o menos difusa en esa posibilidad de consagrar sin las palabras de la consagración, doctrina errónea, y sobre todo nunca existente, que la FSSPX ha atribuido calumniosamente, y sin una sola sombra de prueba, nada menos que a los Papas, en su desesperado intento de sorprenderlos en alguna falta que susceptible de respaldar sus heréticas doctrinas acerca de la no infalibilidad de los Papas en su sanción de los libros litúrgicos. Igual que hemos visto antes cómo los modernistas habían perdido el sentido de las cosas litúrgicas, aquí vemos que ignoran totalmente que esa costumbre sigue existiendo en todo su vigor en ciertos monasterios de Oriente, sin que jamás se les haya ocurrido pensar en tan absurda teoría. Todo se entiende cuando uno recuerda que los años 20′ eran los de la moda ortodoxizante en no pocos modernistas, entre los que agentes subversivos ya estaban esparciendo un ecumenismo desviado que será condenado por Pío XI en Mortalium Animos, escrita pensando precisamente en el monasterio de Amay-Chevetogne, fundado por el benedictino Dom Beaudouin, que será el gran inspirador de Mons. Roncalli unos años más tarde, lo mismo que del P. Bernard de Menthon , hasta ahora prefecto de estudios del monasterio de Bellaigue, afiliado a la Fraternidad san Pío X, y que reproduce los mismos errores de sus antecesores benedictinos preconciliares… Tal vez convendría recordar que esa doctrina de poder consagrar el pan y el vino sin las palabras de la consagración, ha sido la Iglesia conciliar la que la ha aceptado, cuando el 20 de Julio 2001, el card Kasper, en un intento de acercarse a la Iglesia caldea, admitió que la anáfora de Addai y Mari, análoga a nuestro Canon Romano, pero carente de su núcleo, las palabras de la consagración, podía servir para consagrar válidamente la Eucaristía, con el peregrino argumento de que estaban “eucológicamente” presentes en el texto. Con ello tiraba a la basura 2000 años de doctrina sacramental siempre y entodas partes afrimada, y sancionada por la voz infalible de los Papas y de los Concilios de Florencia y Trento. Todo ello con el asentimiento explícito de su jefe JP el Magno, y de un tal Card. Ratzinger, presunto custodio de la Fe, y que juzgó expediente no manifestarse. Por supuesto callaron completamente el hecho de que hasta no hace tanto, las palabras de consagración eran tan sacrosantas que no se escribían, sino que los sacerdotes las debían recitar de memoria, por lo que no aparecen en el texto escrito.Fijémonos en que los saqueadores de la Tradición siempre siguen el mismo patrón de conducta: Primero protestan de infinidad de supuestos abusos, deformaciones, excesos, superfetaciones, etc… Después sacan la podadera, para volver a la “áurea simplicidad de los tiempos apostólicos”Arrasan con todo lo inequívocamente católico, con la excusa de que es accidental, pero que van a poner mejor en relieve lo esencial. Y cuando han dejado a la Iglesia rapada, revestida de harapos y en los huesos, reducida a lo que ellos estiman “lo esencial”, proceden a eliminar ese esencial, con cualquier excusa, sobre todo si favorece la pereza e incuria tan corrientes entre los eclesiásticos hodiernos… Le recomendaría que se leyera lo que Pío Vi escribía en Auctorem Fidei a los jansenistas de Pistoya, ancestros de los herejes actuales, y que enseñaban que los Papas y toda la Iglesia podían caer en el error y enseñarlo por medio de los textos y ritos litúrgicos. Creo que sus actuales imitadores, entre los que Ud. parece encontrarse, no son conscientes de la gravedad del pecado que están cometiendo, acusando calumniosamente a la Santa Sede de tolerar, es decir, enseñar el error, a través de la voz primaria de la Iglesia, que se expresa en su liturgia, porque como decían los santos obispos fundadores de nuestras Diócesis, “La primera cátedra de Teología es el Coro de nuestras Iglesias”, por lo que no es extraño que los vándalos litúrgicos los estén eliminando uno a uno. Pero infinitamente más grave es tener por mentiroso a Dios mismo, que protege con su Providencia especialísima al Papa de caer en cualquier error, y le asiste con abundantísima luz en la determinación de los menores detalles de la liturgia, razón por la que se reconocía a la liturgia de la Iglesia de Roma, tal como viene recogida en sus libros codificados para siempre, y en las declaraciones de la Congregación de Ritos, una especial preeminencia.Recordemos todos que el negar la infalibilidad incondicionada, perpetua y cotidiana de los Papas legítimos es una verdadera y propia herejía, condenada como tal no sólo en la Pastor aeternus, sino también en la Dei Filius, del Concilio Vaticano I. Que el santo Apóstol Pedro, fuente de toda infalibilidad, y de todo poder de Orden y de jurisdicción, nos conserve la Fe virginal que él mereció recibir de Nuestro Señor, en medio de estos anticrísticos días que preludian los días del triunfo de la Iglesia en esta tierra…

3 replies »

  1. Moimunan, no diga que en Trento “se afirma categóricamente que por el deseo del bautismo se adquiere la justificación”, porque las palabras de Trento no son tan categóricas, claras e indudables que no se presten a varias interpretaciones, las traducciones son a menudo peligrosas, y en los originales se esconden matices y giros y modos de entender el discurso que a veces no se alcanza en otra época, los mismos hermanos Dimond exponen razonadamente otra interpretación, según vd. “abandonando la roca de Pedro”, a los que, por cierto, demuestran un odio visceral que hace sospechar si no será aquel que dice el Señor sentirá el mundo por los suyos, cuidadín, como decía el otro

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  2. esa precisión que hace a Sofronio Fray Eusebio sobre el sacramento del orden, enseñando que prescindir sin necesidad de lo accesorio, de cosas anejas a lo esencial del rito, demuestra una obvia intención contraria a la Iglesia que lo invalidaría, es evidente que puede y debe aplicarse a todos los sacramentos, entonces, ¿con qué fundamento dicen algunos, como dijo en otro lugar Moimunan, que “el bautismo es siempre válido”?¿creeremos, según eso, que cualquier hereje que sin salir ni querer salir de su secta bautice diciendo lo mínimo esencial, ‘yo te bautizo etc.’, ya impartió un legítimo y válido bautismo católico, el único, porque no hay otro, y ha abierto las puertas a un nuevo miembro de la única y verdadera Iglesia de Cristo?¿tan fácil será engañar al Espíritu Santo o demostrará efectivamente unas amplias y bergolianas tragaderas ecumenistas? pero supongo que en esto habría que hilar fino y quedaría al juicio y discreción de la Iglesia determinar según las circunstancias de su validez y escuchar a los herejes que vueltos al seno de la Iglesia confesaran que ellos confesaran obrar lealmente y haciendo lo que hace o debe hacer la Iglesia, y por ahí podría venirles el perdón y la validación de su bautismo, en cualquier caso, no es, o ha sido en tiempos no tan lejanos, tan raro el bautismo condicional de protestantes convertidos católicos, como creo que sucedió p.ej. con ese Scott Hahn y su libro ‘Rome sweet home’, que no sé si no sería lo suyo saltar de la sartén y dar en las brasas, ja ja

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