ALL POSTS

¿HERMENÉUTICA DE LA CONTINUIDAD?


Es el nuevo concepto, acuñado por BXVI,  que oímos a todas horas en los fastos  del 50 aniversario del Concilio. En el blog hemos tratado del asunto particularmente en los post agrupados en la categoría “Hermenéutica de la ruptura“.  Un punto de vista cercano es el que nos ofrece un obispo, verdadero obispo y verdadero católico, en su carta pastoral: Mons. Pivarunas. Tomada de cmri
¿EL VATICANO II ” A LA LUZ DE LA TRADICIÓN”?

Carta pastoral de el obispo Mark A. Pivarunas

Fiesta de los Santos Pedro y Pablo

Junio 29 de 1994

Amados en Cristo:

En estos últimos años, ha aumentado el número de publicaciones conservadoras que intenta excusar el caos y la confusión de la iglesia moderna mediante el equivocado argumento de que no hay nada teológicamente defectuoso en los decretos del Concilio Vaticano II; y que, supuestamente, la causa de los problemas son las malas interpretaciones de los sacerdotes, los religiosos y los laicos liberales. Estas publicaciones llegan hasta enumerar los abusos cometidos en la iglesia conciliar; mas insisten en la inocencia del Concilio. Los decretos del Vaticano II, reiteran ellos, deben ser interpretados a la luz de la tradición. Examinemos brevemente algunas de las muchas enseñanzas modernas emanadas del Vaticano II y veamos si pueden ser interpretadas a la luz de la tradición.

Antes que nada, cuando se usa la frase a la luz de la tradición, debe entenderse que, para las doctrinas en cuestión, pueden hallarse referencias en la tradición de la Iglesia. Así, interpretar una doctrina a la luz de la tradición significa que la misma ya ha sido enseñada por papas y concilios ecuménicos.

Comencemos por un examen de la Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Al mismo tiempo que citamos esta declaración oficial del concilio, meditemos en cómo puede ser interpretada a la luz de la tradición.

Ya desde la antigüedad y hasta nuestros días se encuentra en los diversos pueblos una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana… Las religiones a tomar contacto con el progreso de la cultura, se esfuerzan por responder a dichos problemas con nociones más precisas y con un lenguaje más elaborado.

Así, en el hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la liberación de las angustias de nuestra condición mediante las modalidades de la vida ascética, a través de profunda meditación, o bien buscando refugio en Dios con amor y confianza. (Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Concilio Vaticano II; octubre 28 de 1965)

Antes de continuar con el texto, consideremos el inmenso error contenido en estas alabanzas al hinduismo — religión panteísta así como politeísta. En ella se concede la divinidad a muchas criaturas; es más, el mundo y todo lo que contiene, incluso el hombre, constituyen dios. Entre las diversas deidades hindús, hay tres de gran importancia: Brahma, el creador; Vishnú, el preservador; y Shiva, el destructor. Asimismo, veneran a varios animales: las vacas, por ejemplo, son las más sagradas; pero también adoran a los monos, a las víboras y otros más. Por otra parte, el hombre, dicen ellos, supuestamente toma parte en una evolución interminable de nacimientos y muertes llamada “reencarnación.”

¿Cómo puede entonces esta declaración conciliar decir que los hindús buscan “refugio en Dios con amor y confianza”? ¿A cuál dios se refiere? Definitivamente no al Dios verdadero.

“Y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía.” ¿Cómo puede expresarse “el misterio divino” (que no está definido) a través de mitos e indagaciones filosóficas?

¿No escucharon alguna vez los autores de esta declaración el Primer Mandamiento de Dios: “Yo soy el Señor vuestro Dios, no tendréis dioses ajenos a mí”?

Continuando con el texto de la declaración:

En el budismo, según sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se enseña el camino por el cual los hombres, con espíritu devoto y confiado, pueden adquirir el estado de perfecta liberación o la suprema iluminación, por sus propios esfuerzos o apoyados con el auxilio superior.

El budismo, así como el hinduismo, es una religión panteísta que equipara el mundo creado con Dios; además cree en la reencarnación. ¿Cómo, entonces, pudo el Concilio Vaticano II manifestar oficialmente alabanzas a esta pseudoreligión? ¿Qué clase de doctrina es esa de proclamar que el budismo “enseña el camino por el cual los hombres, con espíritu devoto y confiado, pueden adquirir el estado de perfecta liberación o la suprema iluminación, por sus propios esfuerzos o apoyados con el auxilio superior”? ¿Y qué es esta ambigua “perfecta liberación” o “suprema iluminación”?

Además de su lenguaje equívoco — como el “misterio divino” y el “refugio en Dios con amor y confianza” de los hindús; o como el “estado de perfecta liberación” y la consecución de una “suprema iluminación” de los budistas — ¡la declaración es simple y llanamente la máxima manifestación de indiferentismo religioso! El indiferentismo religioso es el error, tantas veces condenado por la Iglesia católica, de creer que todas las religiones son igualmente buenas y que el hombre puede salvarse en la práctica de cualquiera de ellas. Esto es claramente falso, porque Dios ha revelado la religión verdadera con la que desea ser adorado: a través de su Hijo Unigénito, nuestro Señor Jesucristo. Cristo Jesús fue realmente una persona histórica y realizó los milagros más prodigiosos para probar su misión divina. Sostener que todas las religiones son aceptables es insinuar que Jesucristo malgastó su tiempo revelando la verdadera fe y fundando la verdadera Iglesia. ¿Para qué llevó a cabo esta obra si, al final de cuentas, las religiones humanas también serían aceptables?

El Concilio Vaticano II luego alaba a los musulmanes: “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes… Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios.”

Aquí se halla una sútil contradicción. Si los musulmanes reconocen cuando menos como profeta a Jesucristo, y los profetas están verdaderamente inspirados por Dios? ¿Cómo le niegan los musulmanes la divinidad, si Él clara y solemnemente se proclamó Dios, igual al Padre? ¿Alguna vez la Iglesia católica en su historia estimó la religión del islam? ¿Cómo puede esto interpretarse a la luz de la tradición?

Luego viene la afirmación más absurda en todo el documento: “La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero.”

¿Puede haber algo de “santo y verdadero” en la adoración de dioses falsos o en la práctica de pseudoreligiones?

Enseguida de esta cita hay una nota al pie de página, la más condenatoria de todas las afirmaciones: “A través de los siglos, sin embargo, los misioneros a menudo concluían que las religiones no cristianas eran simplemente la obra de Satanás y que su tarea era llevarlos del error al conocimiento de la verdad. Esta declaración señala un cambio autoritario de enfoque.”

Desde el Concilio Vaticano II, ya no es función de los misioneros convertir a la gente de estas religiones al catolicismo; ¡ahora su papel es meramente promover lo bueno (?) que hay en ellas! Esta doctrina está en oposición directa a la misión de la Iglesia católica.

Cristo fundó su Iglesia para que enseñase a las naciones todo cuanto Él mandó. Éste fue el solemne mandamiento que dio a los apóstoles y a sus sucesores:

Id, por tanto, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado; y he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos (Mt. 28:19).

Id a todo el mundo y predicad el evangelio a toda creatura. Aquél que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado (Mc. 16:16).

¿Dónde estaría la Iglesia católica si los apóstoles no hubieran intentado convertir a la verdadera fe a los seguidores de las falsas religiones? ¿Dónde estaría la Iglesia católica si los apóstoles y sus sucesores hubieran solamente intentado promover lo bueno en ellas?

Continúa el texto de la declaración:

[La Iglesia] por consiguiente, exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de la fe y la vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socioculturales que en ellos existen.

¿Cómo puede uno, “en testimonio de la fe cristiana, reconocer, guardar y promover los bienes espirituales y morales” de las falsas religiones? ¿¡Acaso el cristianismo o el catolicismo es compatible y reconciliable con el cutlo de dioses falsos!? ¿Cuáles son los “bienes espirituales y morales” que se encuentran en la adoración falsa? ¿Por qué no hay mención del cometido de la conversión?

¿Será sorpresa que muchos católicos, desde el Vaticano II, se han involucrado en las prácticas de las religiones orientales de hinduismo, el budismo y el islam?

¿Acaso puede sorprendernos que, desde el Vaticano II, Juan Pablo II y su clero modernista se hayan reunido públicamente para adorar en comunión con los líderes de estas, y una multitud de otras, religiones, incluyendo el animismo, el vuduismo, el shintoísmo, etcétera?

Entonces, ¿qué debemos pensar del argumento de que los decretos del Vaticano II deben ser interpetados a la luz de la tradición? En ninguna parte de la tradición encontraremos tales doctrinas absurdas. Y en lo que respecta a la interpretación, solamente necesitamos ver el evento ecuménico de Asís, donde 150 religiones del mundo se reunieron, por invitación de Juan Pablo II, para orar juntos. Así como tan acertadamente lo definió el papa Pío XI, nosotros decimos que el falso ecumenismo “equivale a abandonar la religión revelada por Dios” (Mortalium Animos).

In Christo Jesu et Maria Immaculata,

El Rvdmo. Mark A. Pivarunas

5 replies »

  1. En mi opinión, no es preciso dar vueltas al tema. Quiero decir: los conciliares saben perfectamente que el concilio es la ruptura con la tradición. Más que la ruptura: es su destrucción. Una destrucción que no fue casual, sino largamente preparada. Los conciliares, en su estilo, generaron una asombrosa cantidad de páginas. Lo cual de por sí mismo es ya sospechoso. Que alguien me abrume con centenares de páginas para explicar conceptos que caben en unas pocas decenas, me hace sospechar lisa y llanamente que ese alguien quiere engañarme. Y, en efecto, consiguieron engañar a casi todos. ¿Quién iba a navegar entre tanta palabrería? ?¿Quién iba tener la paciencia de discutir con esos tahures del lenguaje? Entre tanto, ellos a lo suyo. Y ahora, cincuenta años más tarde, cuando la tragedia es evidente, cuando ya muchos tuvieron la santa paciencia de navegar entre los decretos de aquella cosa, decretos inspirados por sacerdotes fallidos y hombres carnales como Rahner y Theilard, ahora viene el jefe de las brigadas de demolición pretendiendo alargar un poco más el engaño, pidiéndonos que volvamos la mirada de nuevo a aquellos decretos, y asegurándonos que no hay nada malo ahí. Es que necesitan un poco más de tiempo para consumar la violación de todo lo Sagrado.

    No hay que dejarse engañar: ningún católico ha de perder el tiempo ni con media página salida del conciliábulo. Además, es muy peligroso. Porque todos quisiéramos estar equivocados. Todos quisiéramos descubrir que Roma sigue ahí. Y entonces arrodillarnos, pedir perdón por nuestros errores y volver alegres y agradecidos a la iglesia postconciliar, que sería la de siempre. Pero no es así. Véase qué ha ocurrido con la FSSPX. Ellos tenían ese mismo anhelo. Hubo un acercamiento, unas conversaciones, a consecuencia de las cuales Roma sigue en la apostasía y la FSSPX salió gravemente dañada. Los conciliares querían mundo y se hicieron de él, y nosotros hemos de recordar que los que son del mundo son mucho, mucho más astutos que nosotros. Tienen buen maestro.

    Por supuesto, podemos hacer imaginarias preguntas retóricas al jefe de los brigadistas. Por ejemplo: ¿en qué concilio de la historia hubo alguna duda de qué era lo que se quería decir? ¿tanto aparataje de círculos, comisiones y subcomisiones y tal volumen de reuniones y asambleas, y tal concentración de cerebros para resultar que no dijeron lo que en verdad querían decir y que ahora haya que elaborar una doctrina aneja a la luz de la cual extraer la doctrina del concilio?

    Ciertamente, la ruptura fue brutal y sangrienta. Se pidió para mitigar la traición obediencia. Pero, si fuesen católicos, sabrían que la obediencia católica nunca ha sido obediencia ciega. Sabrían que humilis se emparenta con humus, tierra, lo que nos remite a una actitud realista ante el mundo. Una actitud de pies en el suelo. De más hechos y menos palabras. Pero parecen creer, cuando piden humildad y acatamiento, que humilis deriva de imbecillis. Pero hay que reconocer que van por buen camino, Deo volente.

    Me gusta

  2. Frisgo,

    ha expresado Ud. mi pensamiento.
    Un día, hablando de ese “librillo” de Mons. Bux que intenta convencer de que la “celebración” Novus Ordo y la Misa verdadera son dos formas del “mismo” rito romano, cierta persona me dijo indignada: “Si fueran lo mismo, ¿para qué necesitan sacar un libro entero para convecer de que son lo mismo? Por favor…”

    Como bien dice Ud., esta reflexión es aplicable a todos esos documentos insufribles y heréticos del CVII, que bien se comprende lo que han querido decir…

    Me gusta

  3. En el comentario de Frisgo se cita a Theilard como hombre carnal.
    Esta circunstancia la he visto señalada únicamente en un comentario a pie de foto del jesuita, aprarecido en la revista del Pbro. Dr. Luigi Villa ‘Chiessa Viva’ donde dice de Theilard: “Ninguna maravilla, entonces, que este sacerdote fallido “que se desarrolló íntegramente bajo la influencia de una mujer” muriera el 10 de abril de 1955, Domingo de Pascua, entre los de su amante. Su prima muslos de su amante. Su prima”

    Pues resulta que quería haber publicado un trabajo revelando la verdadera cara del reinado de Karol Wojtyla y me encontré en dicha revista con esa fuerte aseveración sobre Theilard. Como me gusta comprobar las fuentes, y dado que ni aún la consecución de un bien justifica un pecado, me puse a tratar de encontrar otras fuentes; el resultado fue que todas las que encontré son copia de esa frase de Luigi Villa; no es que dude del trabajo del P. Luigi, pero me extrañó no encontrar otra fuente distinta sobre el asunto; sabido es y dominio público, que Theilard tenía una amistad con su prima a la que dirigió muchas cartas, pero de que hubiera una relación carnal nada he encontrado; por lo que al no dar con otra fuente diferente o más amplia que esa frase, cejé en la publicación de dicho artículo.

    Pero quizá Frigo u otro pueda aportarme algunos datos, lo que agradecería mucho.

    Me gusta

  4. Sofronio: esa era la referencia que yo tenía. A la vista de su comentario, y tras haber buscado otras fuentes, me parece ahora que la versión de Villa es cuando menos dudosa. En un trabajo de 2001 de Alfonso Pérez de Laborda, se lee:

    “El día de Pascua, el 10 de abril de 1955, tras celebrar la misa
    y, además, asistir a misa mayor en la catedral de San Patricio, va
    a casa de unos amigos. Se dispone a tomar el té, y acaba de dejar
    un papel sobre la repisa de una ventana, cuando, de pronto, cae
    al suelo cuan largo era. Creyeron que sería un desvanecimiento.
    Al cabo de unos minutos vuelve en sí y pregunta: «¿donde estoy?,
    ¿qué ha pasado?»; cuando le dicen que ha sufrido un síncope res-
    ponde: «no me acuerdo de nada; esta vez es terrible». Llaman a
    un médico y, luego, al ver la gravedad, como su compañero de
    Breuvery está esos días fuera de Nueva York, llaman a un sacer-
    dote, un jesuita americano de la St Ignatius High School. Cuando
    llega, Pierre Teilhard de Chardin acaba de morir; sin embargo, le
    da la absolución y le administra la extremaunción.”

    Por otro lado, parece raro que se diga “va a casa de unos amigos”, y se omita que era precisamente la casa de su prima. Otra versión dice:

    “Acababa de colocar un papel en el alféizar de una ventana e iba a tomar el té, cuando súbitamente cayó al suelo, cual árbol bruscamente talado de un solo tajo. Al verle inconsciente, se pensó en un desmayo y le colocaron una almohada bajo la cabeza. Al cabo de algunos minutos abrió los ojos y dijo: ‘¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre?. -‘Está usted en nuestra casa ¿No me reconoce?, repuso la dueña de la casa. ”

    Nuevamente, se omite quién era la dueña de la casa. ¿No parece ésta una omisión piadosa? Con lo cual, llegados a este punto, ¿creemos que estaba en casa de su prima o no? Para más confusión, se lee en el sitio de mercaba que

    “En la carta que Pierre Leroy manda al provincial Ravier para comunicarle los detalles sobre la muerte de Teilhard, le comenta que el Jesuita murió de un derrame cerebral”

    En resumen: si la versión de P. Luigi es falsa, es una difamación que me parece repugnante. Es evidente que me falto al menos la prudencia de sofronio. No tengo inconveniente entonces en retirar el dato, que es irrelevante para el argumento, y pedir disculpas.

    Me gusta

  5. Gracias, Frisgo, por su honestidad:

    No pongo en duda de que el P. Luiggi Villa dijera lo que él podía conocer, pero que le resultaba imposible de demostrar, aunque también es posible que en un exceso de celo y cansado de tanta apostasía en el vértice pudiera aventurarse a decir algo que le pareciera la lógica consecuencia, en general, de una amistad tan íntima con una mujer.

    Lo cierto es que además de la rectitud moral obligatoria en todas nuestras decisiones, el resultado no nos beneficia. Porque ante su excelente trabajo sobre el nefasto reinado de Karol Wojtyla, cabe siempre preguntarse, si otras afirmaciones sostenidas en él gozan de semejante verosimilitud, ante lo cual muchos pueden desdeñar el fondo de la cuestión.

    Por eso, ya que nuestras posiciones están en franca minoría, debemos cuidar al máximo el uso de las fuentes. En verdad que para señalar los enormes errores de Karol Wojtyla (la referencia aparece en un trabajo sobre él) y los de Theilard, sobraba una referencia al asunto canal, más sin dar razones de otra fuente.

    Por mi parte sigo investigando el asunto: Chiessa Viva publicó un número entero a Theilar en italiano; aunque no domino el idioma he buscado si en él había alguna referencia al affaire, pero no parece que allí se diga algo.

    Dicho lo cual, en nada minusvaloro el enorme esfuerzo del P. Luiggi Villa, que tuvo el valor de denunciar esta epidemia que nos invade desde Roma.

    Me gusta