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ECUMENISMO ANTICATÓLICO Y JUDEOMASÓNICO


Benedicto entra en un templo luterano

Uno de los frutos más visibles del ConciioVaticano II es el ecuménismo que implícitamente niega  la Unidad de la Iglesia (Unam Sanctam)  como si la Iglesia estuviera falta de unidad y necesitada de una unión, a veces antinatural, con las sectas y religiones del mundo. Pero la finalidad del ecumenismo, en realidad no es lograr la unidad de la Iglesia, que ya posee, sino lo que llaman el “Reino de Dios en la tierra”. Como dijo Juan Pablo II: “La búsqueda de la unidad…está relacionada con el futuro Reino de Dios en el mundo“. Lo cual es una idea judía y anticatólica, a la que subyace la dominación de Israel en el mundo por medio de una religión sincrética, un segundo Israel inferior y sometido al Israel, Rey del mundo. A todo lo cual ha servido el Concilio y los papas conciliares, particularmente los dos últimos.

Estas son las ideas que expone en LA JUDAIZACIÓN DEL CRISTIANISMO, Federico Rivanera Carlés, en el extracto del capítulo que traemos.

El ecumenismo : su origen anticatólico y judeomasónico

Durante dos milenios la Iglesia Católica tuvo como dogma de Fe que ella era la única vía de salvación : “Extra ecclesiam nulla salus” (Fuera de la Iglesia no hay salvación), antigua fórmula de la Iglesia acuñada por San Cipriano, Padre de la Iglesia latina  y Obispo mártir de Cartago. En cambio, ahora se afirma que “nadie posee la verdad íntegra” , (ni siquiera Cristo, que es la Verdad).  Se desconoce deliberadamente que la verdad sólo puede ser absoluta, que la noción de verdad relativa es un contrasentido ; y por otra parte, si aceptamos la validez de tal relativismo, la mera yuxtaposición de verdades parciales no altera el carácter de éstas, y así nunca se convertirán en la verdad total. Ante la declaración del Concilio de Ferrara (1442), que afirmó la vieja sentencia de S. Cipriano, el hereje conciliar Schillebeeckx dice que  tal Concilio se equivocó (!) al “no ver la obra salvífica de Dios fuera del Cristianismo,  y que así despreciaba cuanto no era cristiano”.  De modo que esta es la posición oficial de la iglesia postconciliar que trasgrede la enseñanza reiterada de la Iglesia Católica expuesta por Gregorio XVI en su ya citada gran Encíclica “Mirari vos arbitramur” , quien define el indiferentismo como “origen muy prolífico de los males que con dolor sentimos afligir a la Iglesia” , y manifiesta que se trata de “aquella perversa opinión según la cual el alma puede conseguir la salvación eterna profesando cualquier creencia, con tal que las costumbres se ajusten a la norma de lo honesto.  Pero fácilmente expulsaréis de los pueblos, continúa Gregorio XVI, este error perniciosísimo tratándose de una cosa tan clara y completamente evidente. “Habiendo recordado el Apóstol que uno es Dios, una la fe y uno el bautismo, tiemblen los que pretenden que en cualquiera religión hay un camino abierto a la bienaventuranza, y mediten en su alma las palabras del Salvador que dicen que están contra Cristo los que no están con Cristo, y que desparraman los que con Él no cosechan, y que por esto perecerán sin duda eternamente los que no poseen la fe católica y la conservan íntegra e inviolada”.

Por otra parte, si alguien acariciase la idea de que le basta con estar regenerado por el Bautismo para salvarse, le responderá oportunamente San Agustín : “El sarmiento que está separado de la vid tiene la misma forma, pero, ¿qué le aprovecha la forma si no vive de la raíz?”. La admisión de la libertad religiosa, (documento conciliar Nostra Aetate), implica que uno puede lograr su salvación al margen de la Iglesia Católica ; y significa en realidad “que ésta no sirve para nada”. Pero el ecumenismo no es producto del mero indiferentismo, no obedece sólo a un error teológico : su meta es el aniquilamiento de la Iglesia de Cristo. Es la faz religiosa del internacionalismo de cuño judeo-masónico llamado hoy globalización, que está construyendo un mundo antinatural, monstruoso y amorfo, sin religión, sin razas y sin nacionalidad, para servir al propósito de dominación mundial absoluta del judaísmo.

El ecumenismo es sólo un sincretismo judaizante que desemboca en una suerte de judaísmo para gentiles, que es uno de los medios indispensables para arribar al gobierno  universal mesiánico de Israel, que judíos, protestantes, modernistas y post-conciliares ocultan con el eufemismo de “Reino de Dios en la tierra”. 

Juan Pablo II ha declarado públicamente que la búsqueda de la unidad de todas las confesiones cristianas emprendida por el ecumenismo está relacionada con el futuro “del reino de Dios en el mundo”, idea judía y anti-católica. Además de los miembros de las religiones no cristianas, se incluyen también a los ateos y judíos.  La iglesia (post-conciliar) ha enfatizado la importancia de un diálogo ecuménico universal con todas las religiones….., porque el ecumenismo es un medio formidable del judaísmo para vencer al catolicismo, su enemigo absoluto, que dejó de constituir la vía exclusiva de salvación,transformándose en un sincretismo judeo-cristiano.

Que el ecumenismo es completamente ajeno al Catolicismo lo declara Congar al decir :  “Creemos lícito entablar hoy un diálogo del que el pasado “no ofrece ningún precedente”.  (!Y tanto que no lo ofrecía! Ni lo ofrecerá nunca).  En el mundo de las divisiones, que es casi tan antiguo como la Iglesia, puesto que los Apóstoles ya conocieron las primeras traiciones a la Unidad, hay algo verdaderamente nuevo.  “Es la mano de Yavé la que hace esto”, (Is. 41,20).  Vale decir,  la mano del judaismo, y no la de Cristo Dios, quien como acabamos de ver,   se opone en forma terminante al ecumenismo : “El que no está conmigo está contra mí”, (Mat. 12,20).  El documento conciliar acerca del ecumenismo falta deliberadamente a la verdad cuando afirma que “entre nuestros hermanos separados, con la ayuda de la gracia del Espíritu Santo, ha surgido un movimiento que tiene como fin la restauración de la unidad (!) de todos los cristianos.  Ellos dicen :  “El que está contra mí y separado de mí y desgajado de la Vid, está conmigo”,  ( es decir, que tienen la desfachatez de darle la vuelta a las palabras de Nuestro Señor, y la impiedad de invocar al Espíritu Santo para desautorizar a Cristo). El ecumenismo ha nacido por obra y gracia del judaísmo y de la Masonería, (anatematizada y condenada por la Iglesia Católica una y otra vez).

1 reply »

  1. Que magistral exposición sobre uno de los frutos del concilarismo: el ecumenismo, que no es más que una treta maligno para que los pueblos otrora defensores de la fe de Cristo, se diluyan cual sal en el agua del Nuevo Orden Mundial anticristiano.

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