La siguiente entrada es un documento pdf tomado del admirado blog de Clément Lécuyer sobre las corridas de toros, que en Francia acaban de ser legalizadas como no incompatibles con las leyes francesas.

Traducción castellana del documento PDF

Más alla del interés antitaurino del que siempre me he hecho eco, particularmente en el post de este blog Bula  De Salute Gregis Dominici, en el que se puede encontrar un desarrollo casi exhaustivo del tema, tengo que recordar que el desprecio del magisterio ordinario de los papas, viene de lejos y ha preparado al pueblo español para la situación actual en que se desprecian o se minusvaloran las importantes bulas, “Cum Apostolatus Officio” o la del mismo papa San Pío V que además de la bula antitaurina promulgó también “Quo Primum Tempore” estableciendo la Misa Tridentina, en realidad la misa milenaria, a perpetuidad. Me pregunto si habrá relación entre ambas actitudes contrarias al magisterio papal.

Lo repetiré hasta quedarme ronco, el desprecio del magisterio pontificio, de aquél que puso Dios al frente de la grey católica, es la causa de todos los males que han afligido y afligen, sobretodo en nuestro días, a la Iglesia. Y a esto contribuyen los que se consideran católicos de primera, cuyo lema es “Yo con el Papa” pero que no tienen empacho en tolerar “papas” que huellan la Tradición, el Magisterio de los papas católicos, la doctrina inmaculada de la Iglesia, sin la que no es posible agradar a Dios.

Además de estas razones que miran a la salvación de las almas, hay razones para abandonar la práctica de estos espectáculos embrutecedores, que muchos prohombres han manifestado a lo largo de los siglos (como el cardenal compostelano Payá) que  señaló los maléficos influjos en cuanto a la civilización, y a la virtud de los pueblos.

TAUROMAQUIA, ESPECTÁCULO VERGONZOSO CONTRARIO AL ESPÍRITU CATÓLICO

Si bien el Consejo Francés sólo dijo en septiembre que el toreo es compatible con la legislación francesa, creemos que es interesante y útil aclarar lo que la Iglesia Católica enseña sobre este tipo de espectáculo. ¿Cuál debería ser la posición de un católico hoy ante  las corridas de toros?

Resumen:

  1. Relación del hombre con los animales
  2. La Iglesia en contra de las corridas de toros
  3. El ejemplo de los santos
  4. Respuesta a varias objeciones

1. La relación del hombre con los animales

En primer lugar, hay que señalar que los animales son criaturas de Dios, que fueron creadas para el servicio del hombre.

Contrariamente a lo que  pueden declarar algunos de nuestros contemporáneos, los animales no son  sujetos de derechos: Al no estar dotados de inteligencia y personalidad, no lo son. No podemos pensar en términos de derecho cuando se habla de la relación del hombre con la creación animal. Pero eso no quiere decir que el hombre tenga todos los derechos sobre los animales: el respeto al orden creado, el dominio de sus propios instintos, el uso razonable de lo que Dios pone a su disposición son deberes naturales imperativos que hacen que el propio autocontrol prohíba de  un lado el sentimentalismo y  de otro la crueldad sin sentido. Por tanto, no tienen ninguna base válida las opiniones veganianas de que los actos humanos son intolerables cuando  causan sufrimiento al animal sin causa grave.

Leamos lo que dice el Doctor de los Doctores, Santo Tomás de Aquino:

Entonces dijo Dios:” Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza: y que domine a los peces del mar, las aves del cielo, el ganado, la tierra y todas las criaturas que se mueven sobre la tierra ” “(Gn 1:26)

Estas declaraciones no incluyen el error de los que dicen que el hombre peca cuando mata animales. Por la Divina Providencia, en el orden natural de las cosas, los animales son para  uso del hombre, por lo que ningún mal hay en usarlos, ya sea mediante su destrucción o de otra manera . Por eso el Señor le dijo a Noé: “Todo lo que se mueve y tenga vida te servirá de comida, te doy todo esto, tal como te di la hierba verde.1

Sin embargo, este orden natural prohibe al hombre ser cruel con los animales y matarlos innecesariamente.  Continuamos  refiriéndonos  a la doctrina de santo Tomás de Aquino:

Si en la Escritura está prohibido ser cruel con los animales, como sucede con el sacrificio de las aves con sus crías, es para apartar al espíritu del hombre de cualquier crueldad con otros hombres acostumbrado a la  crueldad con los animales: los seres humanos podrían llegar a ser crueles con otros  hombres bien porque matar un animal puede causar daño a la persona que mata o a otros ; bien porque hay un cierto simbolismo en ella: como lo explica el Apóstol en este pasaje del Deuteronomio donde está prohibido poner bozal al buey que trilla.2 ”

Dios no permitió la crueldad en su pueblo, incluso con los animales, porque quería que se acostumbrara a tratar a las bestias con suavidad para no llegar  a ser  cruel con otros hombres” .(3)

La sensibilidad del hombre se ve afectada en relación a  los animales. Porque así como tiene  sentimientos de compasión por los sufrimientos de los demás y así como también los animales sienten el dolor, el hombre  siente lástima ante los sufrimientos de los animales. Cualquier persona que experimenta este sentimiento hacia los animales está  también más inclinado a sentir las desgracias de sus semejantes. Esto es lo que dice el Sabio (Prov. XII, 10), que el justo siente lástima de sus animales, pero el malvado tiene entrañas crueles. Por eso el Señor  para inclinar a la dulzura al pueblo judío que era proclive  a la crueldad, quiso que fuera bondadoso con los animales prohibiéndole que se  permitiera lo que pareciera crueldad (4) “.

Para resumir lo que se ha escrito anteriormente, es importante mencionar que el papa Pío XII resume perfectamente el primer punto:

El mundo animal, como toda la creación, es una manifestación del poder de Dios, de su  sabiduría y de su bondad, y como tal merece el respeto del hombre. Cualquier deseo de matar indiscriminadamente a los animales, cualquier inhumanidad y  despreciable crueldad para con ellos debe ser condenada … La Iglesia católica se esfuerza en ejercer su influencia sobre las personas y el pueblo para garantizar la aceptación de estos principios (5) “.

2. La Iglesia en contra de las corridas de toros

La iniciativa que terminó en la condena de la Iglesia, formal y explícita,  de las luchas con los animales, especialmente los toros, vino de la propia España, donde algunos clérigos creían que las prohibiciones establecidas por el Concilio de Trento en contra de torneos, duelos y justas lógicamente debían extenderse a las peleas de animales. En 1567, durante el reinado del Papa San Pío V, el obispo Piero Camajani, italiano, obispo de Ascoli y nuncio extraordinario en España, fue a Roma llevando un memorial en el que setenta teólogos españoles se manifestaban hostiles a las corridas de toros. Ante esta petición, apoyada por San Francisco de Borja, San Pío V  decidió a imponer una prohibición irrevocable de las corridas de toros, de cualquier manera que se hiciese. Promulgó la Bula De Salute Gregis y no dudó en utilizar el arma de la excomunión:

Considerando  que los espectáculos en los que los toros y otros animales salvajes son acosados públicamente, son contrarios a la piedad y caridad cristiana, y deseando  abolir estos espectáculos cruentos y vergonzosos más dignos de demonios que de hombres, y asegurar con la ayuda de Dios, en la medida de lo posible, la salvación de las almas de todos y de cada uno de los príncipes cristianos,  de cualquier dignidad eclesiástica o  secular, incluso imperial y real, sean cuales sean sus títulos o cualquiera que sea la comunidad o república a la que pertenezcan, Nos prohibimos y vedamos, por la presente constitución válida para siempre, bajo pena de excomunión o anatema en la que  se incurrirá ipso facto, que alguien  permita que tenga lugar en sus provincias, ciudades, tierras, castillos y ciudades, espectáculos en los que se luche con toros u otras fieras.. ”

Pero, por desgracia, esta bula levantó una fuerte agitación en España, el único país donde las corridas de toros se mantenían  en auge. El pueblo generalmente asistía a  estos festivales bárbaros organizados por la nobleza. La actitud del rey Felipe II, que reinó de 1556 a 1598, tuvo un papel decisivo en el futuro. Desde el principio, se opuso a la publicación de la bula en sus estados,  para no molestar a sus súbditos y evitar el riesgo de revueltas. Durante años, los partidarios y detractores de las corridas de toros se enfrentaron  en  escritos virulentos. El clero estaba dividido y muchos sacerdotes no dudaron en apoyar al rey contra el Papa. De ese modo, las corridas de toros continuaron celebrándose  en el país.

Además, el catolicismo se enfrentaba a  peligros muy serios. Varios países europeos ya se  habían pasado a la Reforma (6) y otros podrían hacer lo mismo. Los musulmanes turcos amenazaban por tierra y mar,  y el rey de España, quien también poseía parte de Italia, era el único que  parecía capaz de salvar a la Iglesia. Los papas sucesores de San Pío V no se atrevieron  a enfrentarse al soberano  tan indispensable para el catolicismo y tan temible ¿acaso  Carlos V no había saqueado  Roma en el año 1527?

Aunque manteniendo en principio la condena de las corridas de toros, los sucesores de San Pío V  suspendieron en España las censuras  disciplinarias de la bula De Salute Gregis  y abandonaron en realidad la pretensión de eliminar las corridas de toros en España. Pero eso no significaba  que la Iglesia permitiera  estos espectáculos. En 1586, el papa Sixto V sancionó a los profesores de la Universidad de Salamanca que juzgaban  abolida la bula   De Salute Gregis y enseñaban  que el clero podía asistir libremente a las corridas de toros. Sin embargo, a petición de Felipe II, Gregorio XIII levantó en 1572  la excomunión en que incurrían  los laicos , y Clemente VIII hizo lo mismo respecto del clero en 1596. Los dos alegaban que condenaban las corridas de toros pero actuaban así por el bien de la paz, ya que parecía imposible apartar a los españoles de estos festejos  sangrientos a los que eran tan aficionados.

Presionados  por las circunstancias, los papas, lamentablemente, cedieron a las presiones que venían de España, el mismo país en el que los clérigos siempre habían protestado contra las corridas de toros, como los dos famosos escritores Lope de Vega y Tirso de Molina, el  filósofo Balmes  y el cardenal Miguel Payá y Rico, arzobispo de Santiago de Compostela, que escribió en 1875, en una carta pastoral:

Cardenal de Santiago de Compostela, Miguel Payá y Rico

Dios quiera que desaparezca tan pronto como sea posible entre los cristianos, sobre todo entre los católicos  españoles las bárbaras corridas de toros. ‘

De todos modos, si los papas no pudieron hacer valer su voluntad y si las corridas de toros todavía se practican en los países de antigua tradición cristiana (España, Francia, América Latina), la posición en principio de la Iglesia no ha cambiado. El Secretario de Estado del papa Benedicto XV, el cardenal Gasparri, recordaba en 1920:

¿Y si (…) la barbarie humana está todavía arraigada en las corridas de toros, no hay duda de que la Iglesia continúa condenando con fuerza, como lo ha hecho anteriormente  estos espectáculos, vergonzosos y sangrientos . También hay que decir que ella  alienta a  las almas nobles para que trabajen en borrar esta vergüenza y aprueba  de buen grado los esfuerzos que se hacen con el fin de desarrollar, en nuestros países civilizados, el sentimiento de piedad para con los animales(7 )”.

En cuanto al caso específico de Francia, los obispos protestaron contra las corridas de toros de Nîmes, que se celebraban también en otras  ciudades del sur. En 1863, por consejo del papa Pío IX, el obispo Plantier abordaba este asunto en una larga carta a su diócesis. En ella describe con indignación el espectáculo de los cosos y condenaba los sentimientos de los espectadores:

Cuando nos cuentan detalles de estos  horribles lances … nos parece  oír relatos de  tiempos paganos … Estos juegos son atractivos por el lado del peligro y el sufrimiento. La angustia o el dolor del toro es lo que llega a apasionar, y dígase  lo que se diga, este género de diversión no es cristiano. El espíritu de mansedumbre y dulzura es  en esencia  el fondo  del evangelio

Del Maestro, esta virtud debe pasar a los discípulos, y fue tanta la ternura, fue tanta la mansedumbre  del espíritu de  Quien lo  ha preceptuado,  que debe no sólo prohibirse la tortura, e incluso las molestias que puedan hacerse a cualquier ser  para divertirse con la destreza que ello suponga.  ¿ Acaso no es bárbaro no sólo respecto de los animales sino incluso respecto de los hombres que luchan con ellos? Al menos es peligroso si no llega a mortal… ¿Nos atreveremos a decir en vista de esto que los cristianos pueden presenciar esas escenas? (…) Si se juzga el espectáculo digamos que no es digno de un cristiano, porque todo en él es  frívolo o barbaro. ‘

Su sucesor, Mons. Besson, también publicó el 15 de agosto 1885 una larga instrucción pastoral, donde conmovedoramente retrata el sufrimiento de los caballos y toros en las corridas de toros, y exige con energía la eliminación de  estos espectáculos “dignos de la barbarie pagana y que avergüenzan  nuestra moral “

Como si pudiera haber emoción o  placer en ver a seis toros muertos, dieciséis caballos arrastrándose, y en medio de la carnicería, un torero, la primera espada de España, exponiendo su vida entre estos animales expirando en medio de un mar de sangre: ¡Ese es el espectáculo glorioso que promete una gran ciudad!

La Iglesia, que tiene horror a la sangre, ha condenado  estos espectáculos tan pronto como se le permitió levantar la voz entre las naciones. Sea testigo el Concilio de Cartago  que anatemizó a los cristianos que abandonaban las reuniones de los días festivos para asistir  a los juegos públicos. Testigos los Tertulianos, los  Salvianos,  los Crisóstomos, los Agustines, mezclándo sus lágrimas con la elocuencia de su caridad  para hacer renunciar  a Antioquía, Roma, Cartago, Marsella,  a los placeres peligrosos  de sus circos y anfiteatros. San Pío V dirigiéndose  a todos los pueblos de la tierra, con  una bula fechada el 1 de noviembre de 1567, declaró que los toros de lidia no son obra de los hombres, sino invención del diablo; se oponen a la piedad cristiana, a la caridad y a  la salvación de las almas, y que los que asisten merecen la censura de la Iglesia. España reclamó contra esta severidad, pero tres siglos de experiencia la han hecho más sabia de manera que  cuando nuestro predecesor inmortal levantó su voz contra esta práctica abominable, los obispos de España fueron los primeros en felicitarlo y  aplaudirlo ….Ruego a Dios que nos quite   para siempre el espectáculo de una corrida de toros! (8) …

Lejos de desaparecer, las corridas de toros se han generalizado en el país durante el siglo XX. Entre las guerras, muchos obispos han predicado en contra de ellas en  sus diócesis, como los obispos de Agen, Limoges, Quimper, Autun,  y los arzobispos de Auch y París. Este último, el cardenal arzobispo Louis-Ernest Dubois (1856-1929), concluía:

« No hay duda de que los católicos deben abstenerse de asistir a estos espectáculos esencialmente crueles . »

3. El ejemplo de los santos

« Altísimo, Omnipotente, y Buen Señor, a Vos pertenece la alabanza, la gloria y toda bendición;  y ningún hombre es digno de pronunciar vuestro nombre. Alabado seáis Dios, mi Señor, por todas vuestras criaturas. »
(Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís)
 Para los santos, el animal no es un instrumento a su servicio, porque los seres  humanos y los animales pertenecen a la misma creación, y están obligados a un destino común como criaturas de Dios, están llamados a cantar su gloria. Ellos vieron en todas las criaturas  una manifestación divina, por lo que respetaban a la naturaleza y  a los animales, así como a los hombres. En el siglo XIII, San Francisco de Asís, el  conocido santo amante de los animales, hizo hincapié en la belleza y el valor de los animales, tenía una predilección especial por evitar el sufrimiento de los animales y algunos como los corderos le recordaban al  Salvador. También podemos pensar lo mismo  de San Antonio de Padua, de San Felipe Neri y de San Huberto.

No hay duda de que los católicos deben abstenerse de asistir a estos espectáculos esencialmente cruel. ‘(Roch y muchos otros)

4. Respuesta a varias objeciones

A. Algunos, como los editores del sitio La Question (9), responden que el toreo está ligado al dominio religioso de los santos o al tiempo litúrgico asociado con las grandes concentraciones taurinas como la de San Isidro en Madrid, la Semana Santa de Sevilla, San Fermín en Pamplona [1], el Toro de la Vega en Tordesillas en honor de la Virgen de la Peña [2], el Corpus Christi en Toledo,  Pentecostés en Nimes, etc. Cuando la beatificación de Santa Teresa de Ávila, en 1614,  se organizaron treinta corridas  en las cuales se sacrificaron cien toros. Lo mismo sucedió en la canonización de San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Isidro Labrador en 1622, Santo Tomás de Villanueva en 1654.

En primer lugar, tengamos en cuenta que estos hechos históricos no significan para nada que el toreo sea una bendición de la Iglesia. Aunque algunos clérigos españoles han apoyado estos espectáculos, independientemente de sus razones, es claro que se oponen a la doctrina actual de la Iglesia y a las decisiones de los Papas.

En cuanto al fondo de la objeción, el papa San Pío V  rechaza estos falsos argumentos:

En cuanto a las obligaciones, juramentos y votos, sin excepción, realizados hasta ahora o prometidos para el futuro por no importa qué  pueblo, por la Universidad o  colegios con respecto a este tipo de lances de  toros, incluso cuando tengan  lugar como resultado de la falsa piedad, en honor de los santos o con ocasión de una fiesta solemne o de cualquier iglesia – que en su lugar deberían honrar y celebrar con alabanzas, gozos espirituales y obras piadosas, no con ese tipo de espectáculos – Nos  los prohibimos totalmente, los cancelamos y anulamos y, como juez competente,  proclamamos que siempre deben ser considerados como nulos y sin efecto “

B. Otros explican que la bula de San Pío V no tiene ningún valor porque no sólo sus sucesores la han cambiado, sino que no figura específicamente en  el Código de Derecho Canónico de 1905.

Es cierto, en verdad, que las disposiciones canónicas de  San Pío V no están incluidas en el Código de Derecho Canónico y pueden considerarse derogadas. Pero las doctrinas y los juicios morales contenidas en esta bula son de valor duradero. Los juicios morales de la Iglesia se proclaman sub specie aeternitatis, así que lo que se declara inmoral por la Iglesia tiene valor universal, en cualquier lugar y en cualquier momento.

El derecho de la iglesia o el derecho canónico pueden variar a lo largo de los siglos (por adición o derogación), sin perjuicio de los principios morales que lo guían.

Del mismo modo, no porque la Iglesia haya derogado la pena canónica de la privación de sepultura para los toreros muertos en la arena, hay que concluir que la cosa se ha vuelto moralmente aceptable. La bula De Salute Gregis de San Pío V es y siempre será, ciertamente válida y por principio conserva su valor  magisterial. Los juicios morales no se pueden negar, ignorar o contradecir. Por  tanto, las corridas de toros son “actuaciones sangrientas y vergonzosas dignas de  demonios y no de hombres”, “contrarias a la piedad y caridad cristiana“.

Si los papas en sus actos dan expresamente su juicio sobre una cuestión que antes era controversial, todo el mundo entiende que, en el pensamiento y en la voluntad de los Sumos Pontífices, ya no es posible considerar este asunto como cuestión abierta entre los teólogos. “(Pío XII, Humani Generis)

Los animales son criaturas de Dios. El les rodeó de su solicitud providencial (cf Mt 6, 26). Por su simple existencia, lo bendicen y dan gloria (cf. Daniel 3, 57-58). Torturar a un animal es contrario al espíritu cristiano. Es radicalmente impensable para un católico el participar en forma alguna en espectáculos como las corridas de toros y peleas de animales.
  1. Summa contra gentiles II.112. 2
  2.  Suma Teológica, Ia, IIae, quest.102, art. 6
  3. Suma  teológica. CCII, art. 6
  4. Pío XII,  a los representantes de organizaciones internacionales de las  sociedades humanas, noviembre de 1950
  5.  movimiento religioso que, en el siglo XVI había retirado de la obediencia de la Iglesia de Roma a una parte de la cristiandad europea y es el origen de las iglesias protestantes
  6. Carta del Presidente de la SPA Toulon (23 octubre 1920)
  7. Instrucciones pastorales y de mando de la lucha y hostigamiento del toro-, el obispo Besson
  8.  http://www.la-question.net/archive/2009/06/03/l-eglise-catholique-et-la-corrida.html

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