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AMOR DE LA VERDAD

En el post ¿Puede un papa enseñar el error? nuestro amigo Sofronio ha enviado un comentario, que sería una enmienda a la totalidad afirmando algunas cosas que merecían cumplida respuesta. Ha sido providencial este comentario estableciendo una tesis opuesta a la del post. Es decir, los papas en su magisterio ordinario pueden caer en el error,  lo que se demostraría por contradicciones habidas en materia litúrgica. Por otra parte cita a sedevacantistas que incluso ellos,  reconocen errores del magisterio. Yo me propuse contestarle sin adentrarme en hechos histöricos ni litúrgicos. Más tarde ha sido Fray Eusebio quien responde genialmente a las objeciones. Nada menos que con una lección magistral, que yo creo no es posible encontrar algo  parecido en internet .

Me congratulo de poder subir en un nuevo post estos comentarios de tan alto nivel, a excepción quizás del mío, hecho éste con la buena voluntad de salvar la opinión…

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  1. Puesto que nuestros adversarios, partidarios de la nefanda opinión según la cual el Papa puede errar en su Magisterio público, y no sólo eso, sino que según ellos, el Concilio Vaticano I restringiría la infalibilidad sólo a ciertos pronunciamientos solemnes, les pongo aquí unos cuantos textos, para que vean que los Papas no admitían ninguna de las limitaciones que ésos ponen a su infalibilidad:

    Incidentalmente, y puesto que ni siquiera se han dignado responder a las invencibles pruebas filosóficas aducidas en favor de la indefectibilidad de la Fe petrina, fundamento de la infalibilidad absoluta del Papa, prefiriendo sin duda los textos fuera de su contexto, les traigo aquí con qué recuperar ese contexto, de modo que vean que la creencia en que la Fe personal de Pedro nunca incurriría no ya en herejía, sino simplemente en error contra la Fe o la moral existe mucho antes de la definición de 1870, y para nada ha sido limitada por ella, lo mismo que la infalibilidad del mismo Papa en su enseñanza pública.

    Qui Pluribus, de Pío IX, sobre la Fe y la religión:
    8. La Iglesia, maestra infalible.

    De aquí aparece claramente cuán errados están los que, abusando de la razón y tomando como obra humana lo que Dios ha comunicado, se atreven a explicarlo según su arbitrio y a interpretarlo temerariamente, siendo así que Dios mismo ha constituido una autoridad viva para enseñar el verdadero y legítimo sentido de su celestial revelación, para establecerlo sólidamente, y para dirimir toda controversia en cosas de fe y costumbres con juicio infalible, para que los hombres no sean empujados hacia el error por cualquier viento de doctrina. Esta viva e infalible autoridad solamente existe en la Iglesia fundada por Cristo Nuestro Señor sobre PEDRO, como cabeza de toda la Iglesia, Príncipe y Pastor; prometió QUE SU FE NUNCA HABÍA DE FALLAR, y que tiene y ha tenido siempre legítimos sucesores en los Pontífices, que traen su origen del mismo PEDRO sin interrupción, sentados en su misma Cátedra, y herederos también de su doctrina, dignidad, honor y potestad. Y como donde está PEDRO allí está la Iglesia (S. Ambrosio, in Ps. 40, 30 (Migne PL. 14, Colec. Conc. 6, col. 971-A 1134-B)), y PEDRO habla por el Romano Pontífice (Concilio de Calcedonia.. Actio 2 (Mansi Collec. Gonc. 6, col. 971-A)), y vive siempre en sus sucesores, y ejerce su jurisdicción (Concilio de Efeso Actio 3 (Mans. Collec. Canco 4, col. 1295-C)) y da, a los que la buscan, la verdad de la fe (S. Pedro Crisólogo Epist. ad Eutychen (Migne PL. 52, col. 71-D)). Por esto, las palabras divinas han de ser recibidas en aquel sentido en que las tuvo y tiene esta Cátedra de SAN PEDRO, la cual, siendo madre y maestra de las Iglesias (Concilio de Trento sesión 7ª, De baptismo. canon III (Mansi. Callo Canco 33, col. 53)), SIEMPRE ha conservado la fe de Cristo Nuestro Señor, íntegra, intacta. La misma se la enseñó a los fieles mostrándoles a todos la senda de la salvación y la doctrina de la verdad incorruptible. Y puesto que ésta es la principal Iglesia de la que nace la unidad sacerdotal (S. Cipriano Epist. 55 al Pontíce Cornelio (Migne PL. 3, Epist. 12 Corn., col. 844-845)), ésta la metrópoli de la piedad en la cual radica la solidez íntegra y perfecta, de la Religión cristiana (Cartas sinod. de Juan de Constantinopla al Pontífice Hormisdas y Sozom. Historia lib. 3, cap. 8), en la que siempre floreció el principado de la Cátedra apostólica (San Agustín. Epist. 162 (Migne PL. (Epist. 43, 7) 33, col. 163)), a la cual es necesario que por su eminente primacía acuda toda la Iglesia, es decir, los fieles que están diseminados por todo el mundo (San Ireneo. lib. 3, Contra herejes, cap. 3 (Migne PG. 7-A, col. 849-A)), con la cual el que no recoge, desparrama (S. Jerónimo, Epist. 15, 2, al Papa Dámaso (Migne PL. 22, col. 356)), Nos, que por inescrutable juicio de Dios hemos sido colocados en esta Cátedra de la verdad, excitamos con vehemencia en el Señor, vuestro celo, Venerables Hermanos, para que exhortéis con solícita asiduidad a los fieles encomendados a vuestro cuidado, de tal manera que, adhiriéndose con firmeza a estos principios, no se dejen inducir al error por aquellos que, hechos abominables en sus enseñanzas, pretenden destruir la fe con el resultado de sus progresos, y quieren someter impíamente esa misma fe a la razón, falsear la palabra divina, y de esa manera injuriar gravemente a Dios, que se ha dignado atender clementemente al bien y salvación de los hombres con su Religión celestial.

    (Y digo yo, ¿qué más quieren los falibilistas, después de tales palabras, donde reduce a polvo las fábulas de un Papa que puede caer en el error como doctor privado, o las que pretenden que algún Papa ha errado?
    Si los Papas heredan todo lo que tuvo Pedro, ¿Se atreverán a sostener, al modo protestante, que la Fe indeficiente de Pedro, puede sufrir mengua, aunque sea mínima en sus sucesores?)

    Nostis et nobiscum, de Pío IX, a los obispos de Italia:

    8. La devoción hacia la cátedra de Pedro.

    Todos los que a vuestro lado cooperan a la defensa de la Fe, encaminarán especialmente sus esfuerzos a imprimir, conservar y grabar profundamente en las almas de sus fieles la devoción, veneración y respeto a esta suprema Sede de Pedro, en cuyos sentimientos en tanto grado sobresalís vosotros, Venerables Hermanos. Recuerden, pues, los pueblos fieles, que aquí es donde vive y preside en la persona de sus sucesores, Pedro el Príncipe de los Apóstoles (7), de cuya dignidad participa también su indigno heredero (8). Recuerden que en esta INEXPUGNABLE cátedra de Pedro puso Cristo N. S. el fundamento de su Iglesia santa, dando a Pedro las llaves del reino (9) de los cielos (10), y por esa causa, en fin, oró a fin de que NO DESFALLECIERA SU FE, y le mandó que en ella confirmase a sus hermanos (11); de este modo el Romano Pontífice sucesor de Pedro posee el primado universal en todo el mundo, es el Vicario de Cristo y la cabeza de toda la Iglesia, el Padre y Doctor de todos los cristianos (12).

    En la conservación de esta unión y obediencia de los pueblos al Romano Pontífice se halla sin duda el camino más corto y directo, para mantenerlos en la profesión de la verdad católica. En efecto, no es posible rebelarse contra ninguna verdad católica, sin rechazar juntamente la autoridad de la Romana Iglesia, en la cual se encuentra la sede del IRREFORMABLE magisterio de la fe, fundado por el Redentor divino, y en la cual, por lo mismo, se ha conservado SIEMPRE la tradición que nace en los Apóstoles. De aquí es que los antiguos herejes y los protestantes modernos cuyas opiniones, por otra parte, están muy discordes, trabajen tan a una en impugnar la autoridad de la Sede Apostólica, a la cual JAMÁS, por ningún artificio ni maquinación, lograron inducir a tolerar UNO SÓLO de sus errores. Tampoco los enemigos actuales de Dios y de la humana sociedad, no dejan nada por mover para apartar a los pueblos de Italia de Nuestro servicio y del de esta Santa Sede; en la seguridad de que sólo entonces les será posible contaminar a Italia con la impiedad de su doctrina y con la peste de sus nuevos sistemas.

    (Qué, ¿Con quién se quedan, con los herejes y enemigos de la Iglesia aludidos más arriba, esos que se rebelan contra la autoridad de la Santa Sede, o toman al pie de la letra, como suenan, las palabras del Papa?)

    Per tristissima; Pio IX, marzo 1873, contra los sembradores de errores disfrazados de virtud, y que dividen a los fieles y debilitan su combate, sirviendo, tal vez sin advertirlo, a sus peores enemigos, como los falibilistas de hoy.

    PER TRISTISIMA (Fragmento): sobre las doctrinas “católico-liberales

    PÍO IX Carta a los miembros del Circulo San Ambrosio de Milán, 6 de marzo de 1873

    Si bien los hijos del siglo son más sagaces que los hijos de la luz (Lc 16,8), sus astucias y violencias hubieran tenido menos efecto sin la ayuda ofrecida por muchas manos amigas de la grey católica. No hubiera servido, como ellos querían, unirse al mismo carro, esforzarse en unir la luz y las tinieblas y hacer participar a la iniquidad con la justicia, gracias a las doctrinas que han dado en llamarse católico-liberales y que fundadas en los principios más perniciosos, dieron ventajas al poder laico en el mismo momento en que éste se insertaba en el dominio espiritual, inclinando el espíritu a la sumisión, o por lo menos a la tolerancia ante las leyes más inicuas, como si no estuviere escrito que “para nada pueden servir dos maestros” (Lc 16,13).

    Esta clase de gente es, sin duda alguna, más peligrosa y dañina que los enemigos declarados, porque sin llamar la atención y sin, tal vez, ponerse en guardia, se prestan a las maniobras de estos últimos. Por otra parte, manteniéndose de este costado del límite de opinión netamente condenado, dan la impresión de una irreprochable probidad doctrinaria y atraen a los imprudentes amantes de la conciliación, engañando a la gente honesta que rechazaría un error declarado. Es así como dividen los espíritus, rompen la unidad y debilitan las fuerzas que deberían oponerse unidas al adversario.

    (Aplíquense el cuento los que propalan doctrinas perversas y muchas veces condenadas, yendo a rebuscar en las obras de Bossuet , como la Defensa de la declaración de 1682, armas con las que combatir la Sede Apostólica, cuando su mismo autor no se atrevió a publicar en vida la enorme sarta de perversidades en la que han ido a hozar los lefebvrianos y otros herejes y maestros de herejes!)

    ETSI MULTA, de Pío IX, sobre las persecuciones en diferentes países como Alemania o Suiza, hablando de los viejos católicos, negadores de la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia, las dos manando del Papa:

    “Y en efecto, lo que pretenden estos desgraciados hijos de la perdición, se hace patentísimo ya por otros de sus escritos, ya principalísimamente por el que recién se acaba de publicar, impío y desvergonzado escrito por el que ellos han constituido su pseudo obispo. Puesto que corrompen y pervierten la verdadera potestad de jurisdicción en el Romano Pontífice y en los Obispos, sucesores de San Pedro y los Apóstoles, la que así transmiten al pueblo, o como ellos dicen, a la comunidad, obstinadamente rechazan e impugnan el magisterio infalible, ya del Romano Pontífice, ya de toda la Iglesia docente, y contra el mismo Espirito Santo prometido por Cristo a su Iglesia para que permaneciera con ella hasta el fin de los tiempos, afirman con increíble audacia, que el Romano Pontífice, hasta los Obispos, los sacerdotes, y el pueblo reunido con El en unidad y comunión de fe, cayeron en herejía cuando aprobaron y profesaron las definiciones del Ecuménico Concilio Vaticano; Por lo mismo niegan la indefectibilidad de la Iglesia, y con tremenda blasfemia afirman, que la misma ha perecido en todo el mundo y en consecuencia su cabeza visible y los Obispos han dejado de existir; de donde se impone la obligación de restaurar el legítimo episcopado en su seudo – obispo, quien no entrando por la puerta sino por los muros del redil, como ladrón y salteador, se vuelve en contra de la misma cabeza de Cristo.

    1415
    15 Nada podrá el infierno contra la Iglesia de Cristo.

    A pesar de todo, estos infelices, que socavan los fundamentos de la Religión Católica, que confunden todas sus notas y propiedades, que tan múltiples y nefandos errores han cometido, o para mejor decir, sustraído de la vieja despensa de los herejes, revestidos a su modo, los han presentado a la luz pública, no avergonzándose de llamarse católicos. Más aun, “viejos católicos”, cuando por su novedad y clase de doctrina se despojan por completo de las notas de antigüedad y catolicidad. Con más derechos ahora que otrora por medio de San Agustín contra los Donacianos, se levanta la Iglesia expandida ya por el mundo universo, a la que Cristo Hijo de Dios vivo edificó sobre piedra: contra la que no podrán las puertas del infierno , y con la cual. El mismo que afirmó de sí poseer toda potestad en el cielo y en la tierra, prometió permanecer TODOS LOS DÍAS hasta la consumación de los siglos. Clama la Iglesia a su esposo eterno ¿Que acontece, pues no entiendo, que los que se apartan de mí se quejan contra mí? ¿por qué los perversos se esmeran en perderme? Dímelo pues afirman; fue pero ya no es, ellos decantan: se han realizado las Escrituras todos los pueblos se han convertido, pero apostató y pereció la Iglesia de todas las gentes. Pero a la Iglesia fue manifestando que NO SALIÓ FALLIDA LA ORACIÓN (De Nuestro Señor), ¿Cómo se lo reveló? “He aquí que yo estaré todos los días hasta la consumación de los tiempos” (Mt 28,20), Impulsada por vuestras voces y por vuestros erróneos pensamientos, se vuelve a Dios preguntando sobre la brevedad de sus días; y encuentra que el Señor le dice: “He aquí que yo estaré todos los días hasta la consumación de los tiempos” (Mt 28,20). Pero vosotros decís: de nosotros se dice que estamos y estaremos hasta la consumación de los tiempos. Sea entonces preguntado el mismo Cristo: Y este evangelio, nos dice, será predicado por todo el mundo, como testimonio para todos los pueblos, y entonces vendrá el fin (Mt 24,14 Mc 13,10). Por lo tanto hasta el final de los tiempos permanecerá la Iglesia entre todos los pueblos. Mueran pues los herejes, pierdan lo que tienen, y se den cuenta de que son como si no existieran.

    (Esto para los que pretenden que la Iglesia puede aprobar nefandades como las de la Revolución conciliar, y los “papas” y “obispos” de esa nueva “iglesia conciliar” nacida del luciferiano pentecostés roncalliano ser legítimos, seguir siendo la Iglesia de Cristo, mientras se desprecia y se tienen por locos y herejes a los que creen en las promesas de Nuestro Señor, y profesan que la Iglesia verdadera no puede ni cambiar ni fallar, aunque sea en una iota, de su Magisterio.)

    DIVINUM ILLUD, de León XIII, sobre el Espíritu Santo:

    Aquí, hablando de su obra en la Iglesia:

    Y entonces los apóstoles descendieron del monte, como escribe el Crisóstomo, no ya llevando en sus manos como Moisés tablas de piedra, sino al Espíritu Santo en su alma, derramando el tesoro y fuente de verdades y de carismas(25). Así, ciertamente se cumplía la última promesa de Cristo a sus apóstoles, la de enviarles el Espíritu Santo, para que con su inspiración completara y en cierto modo sellase el depósito de la revelación: «Aún tengo que deciros muchas cosas, mas no las entenderíais ahora; cuando viniere el Espíritu de verdad, os enseñará toda verdad»(26). El Espíritu Santo, que es espíritu de verdad, pues procede del Padre, Verdad eterna, y del Hijo, Verdad sustancial, recibe de uno y otro, juntamente con la esencia, toda la verdad que luego comunica a la Iglesia, asistiéndola PARA QUE NO YERRE JAMÁS , y fecundando los gérmenes de la revelación hasta que, en el momento oportuno, lleguen a madurez para la salud de los pueblos. Y como la Iglesia, que es medio de salvación, ha de durar hasta la consumación de los siglos, precisamente el Espíritu Santo la alimenta y acrecienta en su vida y en su virtud: «Yo rogaré al Padre y El os mandará el Espíritu de verdad, que se quedará SIEMPRE con vosotros»(27). Pues por El son constituidos los obispos, que engendran no sólo hijos, sino también padres, esto es, sacerdotes, para guiarla y alimentarla con aquella misma sangre con que fue redimida por Cristo: «El Espíritu Santo ha puesto a los obispos para regir la Iglesia de Dios, que Cristo adquirió con su sangre»(28); unos y otros, obispos y sacerdotes, por singular don del Espíritu tienen poder de perdonar los pecados, según Cristo dijo a sus apóstoles: «Recibid el Espíritu Santo: a los que perdonareis los pecados, les serán perdonados, y a los que se los retuviereis, les serán retenidos»(

    Referente a la indefectibilidad de la Fe de Pedro viviente en sus sucesores:

    Inocencio III en la carta apostólica “Sedis primatus” (12 de noviembre de 1199), citando el texto de Lucas 22, 32 y comentándolo así: “El Señor insinúa claramente que los sucesores de Pedro no se desviarán NUNCA de la fe católica sino que más bien ayudarán a volver a los desviados y afianzarán a los vacilantes” (DS 775).

    ¿Qué más quieren para rendirse a la evidencia?

    Siempre, nunca, jamás, etc… Si las palabras tienen todavía un significado estable, y les queda algo de Fe católica, reconozcan que el Espíritu Santo INMUNIZA a los Papas de todo error en Fe y Moral, no sólo en su magisterio público, sino también en su fe personal, de modo que jamás en ningún caso sea posible decir que los súbditos tienen algún motivo de fe para rebelarse contra el Soberano Póntífice, y que jamás en ningún tiempo, pueda apelarse de su juicio y tribunal a otro, como el Concilio, o el consenso de la Iglesia, que es precisamente la razón por la que se redactó la Constitución Pastor Aeternus, con esas palabras finales: EX SESE, NON EX CONSENSU ECCLESIAE.

    Si se reconoce infalibilidad absoluta a la Iglesia, hay que reconocer exactamente la misma al Sumo Pontífice, puesto que ha sido constituido por Nuestro Señor como principio, fundamento y fuente de esa misma infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia.

    Si no se le reconoce, sino sólo condicional, entonces, ésa ya no es la Iglesia de Cristo, sino la de los veterocatólicos, contra la que sí pueden las puertas del infierno.

    TIMETE DEUM, ET DATE ILLI HONOREM, ET NE JUDICETIS ILLE MENTITUS EST NOBIS, AUT ILLE DECEPISSE NOBIS, AUT FORTASSE, IMPOTENS SIT!

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