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LA FÁBULA DEL DOCTOR PRIVADO


Traslado aquí un post anterior con los comentarios suscitados de diferente signo. Unos a favor de la infalibilidad del papa como doctor privado y otros en contra. Ambas posiciones derrochan erudición teológica. Y a los lectores sin duda les obligará a reflexionar y a tomar posición.

Yo me adelanto a decir que si el papa como doctor privado pudiera caer en herejías no se ve cómo la doctrina católica atestiguada por los Padres, los papas, y doctores de la Iglesia, pudiera mantenerse. Considero este debate interesantísimo que en todo caso puede ayudarnos a comprender el misterio de la figura de los papas de la Iglesia.

LOS PAPAS COMO DOCTORES PRIVADOS

Este post es complemento del que pusimos en el blog anteriormente Puede un papa enseñar el error.  En efecto el subterfugio que sale al paso es el mantenido ampliamente en la actualidad que es decir que sí podría caer en el error contra la Fe enseñando como doctor privado.

Algunos habian llegado a Restringir la infalibilidad pontificia al magisterio solemne  hasta el punto  que llega en ocasiones a desaparecer. En efecto  los últimos papas no habrían  ejercido la infalibilidad. Por consiguiente podrían enseñar errores. Pero entonces ¿qué clase de guías serían si se les pudiera discutir todas sus enseñanzas?

Algunos sin llegar tan lejos y haciendose eco de la idea expuesta arriba replican  que como “doctores privados” si pueden equivocarse. Por ejemplo escribiendo libros de amplio alcance  e incluso presentados con el nombre del  papa. Enseñarían pero como doctores privados. Podrían equivocarse. Aunque sus errores `podrían como es lógico arrastrar a toda la Iglesia, por ejemplo en una concepción de la Resurrección alejada e incluso contraria a la noción católica de la Resurrección de Cristo. (Véase aquí )

Recientemente he leído en unos comentarios la afirmación de Benedicto XVI sobre el Camino Neocatecumenal. Benedicto XVI lo alabó públicamente en unas declaraciones oficiales que tuvieron repercusión en toda  la Iglesia.  He aquí los diálogos que suscitó en comentaristas, que son como un reflejo de la confusión actual  y la devaluación del oficio papal.  Algo impensable en el pasado e incluso en la entera historia  de la Iglesia Omito nombres.

A.”Quienes afirman, de un modo u otro, que el Camino Neocatecumenal es un grupo superherético y peligrosísimo, tienen que caer en la cuenta que están llevando la contraria nada menos que al Papa, que ha dicho que la Iglesia reconoce el Camino como un “don especial que el Espíritu Santo ha dado a nuestro tiempo”. Creo que todos deberíamos confiar en el Papa.

B. El pronunciamiento del Papa sobre el Camino Neocatecumenal no tiene carácter infalible. El Papa puede equivocarse.

A. Sé perfectamente que existe el Magisterio infalible y el Magisterio no infalible. Pero no veo lógico ni correcto proponer que sólo tengamos en cuenta la visión del Papa a la hora del Magisterio infalible, porque entonces, la inmensa mayoría de lo que hablan y dicen los Papas tendría muy poco valor. También San Pío X, Pío XII, Juan XXIII o Juan Pablo II afirmaron muchísimas cosas sin infalibilidad y no por eso dejan de ser una guía para los católicos. Si no, acabaríamos poniendo en solfa toda la enseñanza de la Iglesia que no sea infalible. No vale poner al Papa como ejemplo sólo para lo que nos gusta, y cuando dice algo que no nos gusta, pues entonces agarrarnos a la “no infalibilidad”.

 B ¿se refiere Vd., por ejemplo, a los elogios de Juan Pablo II hacia Marcial Maciel?

Pues bien es un ejemplo práctico [y también algo cómico] como puede haber otros innumerables, en que la palabra del papa se discute precisamente porque está a la base la idea de que un  papa como doctor privado, o incluso como papa al que se retira la infalibilidad propia de su oficio enseñando a toda la Iglesia no es infalible y por lo tanto todo se le puede discutir.  No tendría oficcio de Guía, ni supalabra valdría poco más que la de un teólogo cualquiera.

He aquí el siguiente capítulo cuya fuente aporto al final

¿UN PAPA PUEDE CAER EN HEREJÍA EN TANTO QUE “DOCTOR PRIVADO”?

• 2.3.1: El rechazo de la noción de “doctor privado” por los Padres del Vaticano
• 2.3.2: San Roberto Belarmino refuta a los partidarios de la tesis del “doctor privado hereje”
• 2.3.3: Los Padres del Vaticano comentan el “Formulario de Hormidas”: ¡los pontífices romanos están INMUNIZADOS contra el error”!
• 2.3.4: Un papa no fallará “JAMÁS” en la fe: tal es el dogma definido por Pío
IX y los Padres del Vaticano
• 2.3.5: Conclusión

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Algunos teólogos sostienen que un papa puede caer en la herejía “en tanto que doctor privado”. ¡Pero la expresión “doctor privado” es absurda en sí misma! Un papa es, en efecto, un doctor público en todos los instantes de su pontificado: si publica una encíclica o si hace una alocución, actúa siempre públicamente. Pues su escrito o su discurso resuena enseguida en el universo entero. Si hace el oficio de “doctor” enseñando, esta enseñanza, al ser recibida por un amplio público, de ninguna manera puede ser “privada”. Cuando enseña, el papa deja inmediatamente la esfera de su vida privada. ¡El término de “doctor privado” es un contrasentido!

La tesis del “papa hereje en tanto que doctor privado” es una novedad (luego falsedad) aparecida en la época moderna (ver capítulo 5). Del siglo I al XVI, estrictamente ningún escritor católico de lengua latina ha empleado la expresión “doctor privado”. En efecto, nosotros hemos efectuado una investigación filológica sobre la casi totalidad de los textos de autores latinos cristianos hasta el siglo XV, concilios y papas, y Obras completas de santo Tomás de Aquino comprendidos. La tesis del “papa doctor privado hereje” no se apoya sobre ningún Padre de la Iglesia, ningún papa, ningún concilio, ninguna línea de Santo Tomás de Aquino y ningún caso histórico auténtico. (cf. Capítulo 2.4).

Ciertos pseudo teólogos invocan sin razón, la autoridad del doctor de la Iglesia San Roberto Belarmino, que habría, según ellos, hablado de “doctor privado hereje”. Ahora bien, jamás este escritor ha empleado el término de docteur ·”privatus”. Él habla únicamente de “particularem personam”, lo que puede traducirse por “simple particular”. Y además, cuando habla de ello, demuestra que el papa no se desviará jamás de la fe, aun como simple particular, como lo veremos más abajo.

La opinión del papa “doctor privado hereje” es totalmente caduca desde la definición de la infalibilidad permanente del papa por Vaticano I. Hemos citado ya los textos conciliares Dei Filius y Pastor aeternus, más las interpretaciones auténticas de los monseñores Simor, Martin y d’Avanzo durante el concilio, más la bula de apertura del concilio del papa Pío IX de 1868, más el juicio interpretativo auténtico del papa Pío XI de 1928 (cf. Capítulo 2.2), estableciendo claramente que el papa está todos los días al abrigo del error.

En cuanto a aquéllos que fueran todavía partidarios de la teoría del “papa doctor privado hereje”, les proponemos un complemento de informaciones de la más alta importancia, que emanan directamente de los actos (discusiones, intervenciones, reportes) del concilio Vaticano I. La tesis del “papa doctor privado hereje” fue, en efecto, debatida durante los trabajos preparatorios del concilio, pero ¡tenida por no fundada por los Padres!

2.3.1 EL RECHAZO DE LA NOCIÓN DE “DOCTOR PRIVADO” POR LOS PADRES DEL VATICANO I

Un postulatum de los obispos italianos, elaborado durante los trabajos preparatorios del primer concilio Vaticano, contenía justamente una frase en la que se admitía que el papa podía errar en tanto que simple particular, pero que era infalible en tanto que doctor público. Los obispos italianos propusieron que esta frase servía de base para la preparación de la definición de la infalibilidad pontificia.

Ahora bien, este postulatum ¡NO FUE CONSERVADO por los Padres, precisamente a causa del pasaje sobre el doctor privado falible! Vaticano I definió justamente que el pontífice romano tiene una fe “eternamente indefectible” y que ella “no podría sufrir desfallecimiento” (Pastor aeternus, ch. 4)

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En el curso de las deliberaciones del concilio, el relator de la Diputación de la Fe, Mons. Zinelli tuvo esta intervención contra la tesis del “doctor privado hereje”:

“Y no tienen ningún peso válido los casos hipotéticos del pontífice caído en la herejía en tanto que persona privada o siendo incorregible, que pueden ser puestos en paralelo con otros casos, tales como pontífice caído en demencia, etc. …Teniendo confianza en la providencia sobrenatural, estimamos, con una probabilidad largamente suficiente, que esto (un papa hereje) no llegará jamás” (informe de de Mons. Zinelli, relator de la Diputación de la Fe, en el primer concilio Vaticano, in: Gerardus Schneemann (ed.): Acta et decreta sacrosanti oecumenici concilii Vaticani cum permultis aliis documentis concilium ejusque historiam spectantibus. Freiburg 1892, col. 357).

2.3.2 San ROBERTO BELARMINO REFUTA A LOS PARTIDARIOS DE LA TESIS DEL “DOCTOR PRIVADO HEREJE”

En lo que concierne al papa en tanto que doctor privado, Mons. Zinelli confía en la providencia; se refiere sin duda a un pasaje bien conocido del cardenal Belarmino sobre las relaciones entre providencia e inerrancia del papa en tanto que persona particular. San Roberto Belarmino (1542 – 1621), doctor de la Iglesia, sostiene que un papa no puede errar, aún en cuanto simple particular. He aquí sus palabras, de un capítulo titulado “del papa en tanto que simple persona particular”:

“Es probable y se puede creer piadosamente, que el soberano pontífice, no solamente no puede errar en tanto que papa, sino también que no podrá absolutamente ser hereje o creer con pertinacia cualquier error en la fe en tanto que simple particular (particularem personam). Esto se prueba primeramente porque es requerido por la suave disposición de la providencia de Dios. Pues el pontífice no solamente no debe y no puede predicar la herejía, sino que también debe siempre enseñar la verdad, y sin duda lo hará, siendo que Nuestro Señor le ha ordenado confirmar a sus hermanos (…). Por lo tanto, yo pregunto, ¿cómo un papa hereje confirmaría a sus hermanos en la fe y les predicaría siempre la verdadera fe? Dios podría, sin duda, arrancar de un corazón hereje una confesión de verdadera fe, como en otro tiempo, Él ha hecho hablar la burra de Balaam. Pero esto sería más bien violencia y en absoluto conforme a la manera de actuar de la divina providencia, la que dispone todas las cosas con dulzura.

Esto se prueba en segundo lugar por los hechos, pues hasta hoy, ninguno ha sido hereje (…); luego esto es un signo de que tal cosa no puede ocurrir. Para más información consultar el manual de teología realizado por Pighius” (San Roberto Belarmino: de romano pontífice, IV, ch. 6).

San Belarmino remite para más informaciones a Pighius. ¿Quién es Pighius? El holandés Albert Pighius (1490 – 1542) era un teólogo muy apreciado por los papas de su época. Compuso un Tratado de la jerarquía eclesiástica (hierarchiae ecclesiasticae assertio, Colonia 1538). En este tratado sobre todo en el libro IV, ch. 8) Pighius demuestra que un papa está en la imposibilidad de desviar de la fe, aún como simple particular6

San Roberto Belarmino (De romano pontífice, libro 11, cap. 30) emite este juicio sobre la tesis de Pighius: ¡“Es fácil de defender”!

Contrariamente a los que muchos de los comentadores de San Belarmino sostienen, el santo cardenal no cree en absoluto en la posibilidad de un papa hereje. Adhiere, en efecto, a la tesis de Pighius. No es más que a título de especulación intelectual puramente hipotética que estudia la eventualidad de un “papa hereje”. Citamos el pasaje en el que adhiere a la tesis de Pighius, y anuncia que estudiará las proposiciones contrarias:

6 Para probar sus dichos, él presentaba siete argumentos teológicos, más una demostración histórica:
a. El papa es la regla de la fe de todos los fieles católicos: si errara, un ciego guiaría a otro ciego (lo que sería contrario a la providencia divina)
b. Que Pedro no pueda errar es una creencia de la Iglesia universal (todos los católicos de todos los tiempos y de todos los lugares lo han creído: luego, esto es verdad)
c. La promesa de Cristo en Mateo XVI, 18 d. La promesa de Cristo en Lucas XXII, 32
e. La necesidad de guardar la cohesión: es necesario un centro estable y sólido (Roma) para oponerse a las fuerzas centrípetas (tantos pueblos diversos, viviendo a veces en regiones herejes, tienen necesidad de un polo que los mantenga en la fe).
f. Es necesario evitar a los herejes (Tito III: 2. Tesalonicenses III) “Por lo tanto, no nos es
permitido en ningún caso separarnos de la cabeza del cuerpo de la Iglesia: separarse es ser cismático”. Pedro es el fundamento unido indisolublemente a la Iglesia contra la cual las puertas del infierno (…los herejes) jamás prevalecerán: “lo que no se puede si el papa fuera hereje”
g. El hereje o el cismático no tienen el poder de atar o desatar (San Atanasio, Agustín, Cipriano; Hilario). Por lo tanto, la plenitud del poder es necesaria a la cabeza de la Iglesia visible. Luego, Dios no permitirá que el papa caiga en herejía. El autor emprende enseguida una refutación de los pretendidos casos históricos de papas que se habrían desviado de la fe.
“Hay cinco opiniones sobre esta cuestión. La primera es la de Albert Pighius (Hierarchiae ecclesiasticae assertio, libro IV, ch. 8), para quién el papa no puede ser hereje y por lo tanto no puede ser depuesto en ningún caso. Esta opinión es probable y fácil de defender, como lo veremos más adelante en tiempo oportuno. No obstante aceptando que esto no es cierto y que la opinión común es la opuesta, es útil examinar la solución a dar a esta cuestión, en la hipótesis de que el papa pueda ser hereje” (De romano pontífice, libro II, ch. 30).

Después de haber anunciado así que adhiere a la primera opinión, el santo cardenal presenta enseguida las otras cuatro opiniones. Una vez hecha esta presentación de las cinco hipótesis, San Belarmino demuestra que la tesis de Pighius es la única verdadera: 1) por la suave disposición de la providencia de Dios; 2) por los hechos (libro IV, cap. 6; ver el texto citado más arriba).

El libro del cardenal Belarmino figura en la bibliografía especial sobre la infalibilidad, establecida por los Padres de Vaticano I (ver nuestro capítulo 2.4). A decir verdad, la obra especializada del cardenal Belarmino sobre el pontífice romano es el punto de referencia constante de los Padres del concilio Vaticano. Se refieren a él constantemente durante sus trabajos, citándolo para probar sus postulatums e intervenciones. Se puede decir que el libro De romano pontífice es, de alguna manera, la “Biblia” de los Padres del Vaticano, tanto como la Summa theolgiae de santo Tomás ha sido la “Biblia” de los Padres de Trento.

En una declaración común sobre el esquema preparatorio de Pastor aeternus los Padres, reconociendo la autoridad doctrinal del santo cardenal (“Bellarmini auctoritatem”), le dan largamente la palabra, con exclusión de todos los otros autores (¡!), para la interpretación auténtica de Lucas XXII, 32, lo que prueba que consideran como siendo el mejor de los “autores aprobados” (“probatos auctores”). Este doctor de la Iglesia refuta victoriosamente a los galicanos negadores de la infalibilidad pontificia y prueba que “el Señor ha rogado para obtener dos privilegios para Pedro. Uno consiste en que Pedro no podrá jamás perder la fe (…) El otro consiste en que en tanto que papa Pedro no podrá jamás enseñar algo contra la fe, es decir que no se encontrará jamás que él enseñe contra la verdadera fe desde lo alto de su cátedra”.

El privilegio de no enseñar jamás el error “permanecerá sin ninguna duda en sus descendientes o sucesores” (De romano pontífice libro IV, cap. 4, citado por los Padres: Relatio de observationibus reverendissimorum concilii Patrum in schema de romani pontificis primatu, in: Scheneemann: Acta…col. 288).

2.3.3 LOS PADRES DEL VATICANO COMENTAN EL “FORMULARIO DE HORMISDAS” LOS PONTÍFICES ROMANOS ESTÁN “INMUNIZADOS CONTRA EL ERROR”

Que un papa de ninguna manera pueda desviarse de la fe resulta claramente de la profesión de fe del papa San Hormisdas, que fue integrada (en resumen) en el texto mismo de Pastor aeternus. El 11 de agosto de 515, el papa San Hormisdas publica su Libellus fidei (literalmente se traduce como “programa u opúsculo de la fe”; pero este texto es más conocido bajo la denominación de Formulario de Hormisdas). El papa Adriano II impone el Formulario de Hormisdas durante le VIII concilio ecuménico (Constantinopla IV) a todos los obispos de Oriente y de Occidente. El concilio ecuménico de Vaticano I integra una cita abreviada del Formulario en el capítulo 4 de Pastor aeternus. “Tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia” (Mateo XVI, 18); lo que ha sido dicho y probado por los hechos; pues la religión católica siempre ha sido guardada sin mancha en la Sede apostólica y la doctrina católica siempre profesada en su santidad. (…) Nosotros esperamos merecer el permanecer en la comunión con Vos que predica la Sede apostólica, comunión en la cual reside, entera y verdadera, la solidez de la religión cristiana”. ¿No es este formulario claro como el agua?

Según el Formulario de Hormisdas, el dogma de la infalibilidad pontificia “se ha verificado en los hechos”. Los Padres de Vaticano comentan: “Esto debe ser entendido no solamente como un simple hecho (facto) sino también como un derecho (jure) constante e inmutable, en (…virtud) de las palabras de Cristo (“Tu eres Pedro, etc.”), que permanecen inmutables. Tanto tiempo como dure la piedra sobre la cual Cristo funda la Iglesia, tanto tiempo la religión católica y la doctrina santa serán guardadas inmaculadas en la Sede apostólica, y esto por el derecho divino (iure divino)”.

(… La infalibilidad pontificia) es perfectamente contenida en el Formulario de Hormisdas (con el añadido de Adriano II), que dice: en virtud de las palabras de Cristo “Tú eres Pedro, etc.”, en la Sede apostólica, es decir por Pedro y por aquéllos que le suceden en esta cátedra, la religión y la doctrina han sido siempre guardadas inmaculadas, y (como ha sido mostrado más arriba), de derecho divino, ellas serán siempre guardadas (en lo porvenir). Esto equivale ciertamente a la proposición que dice: Los obispos romanos que ocupan la Sede de Pedro son, con respecto a la religión y a la doctrina, INMUNIZADOS contra el error” (Relatio de observationibus Reverendissimorum concilii Patrum in schema de romani pontificis primatu, in: Schneemann: Acta…, col. 281 – 284).

2.3.4 UN PAPA NO DESFALLECERÁ “JAMÁS” EN LA FE: TAL ES EL DOGMA DEFINIDO POR PÍO IX Y LOS PADRES DE VATICANO I

¡Es necesario terminar de una vez por todas con esta maldita opinión del “papa que puede ser hereje en tanto que doctor privado”, calumnia soberanamente injuriosa para el honor del papado! Dos simples citas extraídas del capítulo 4 de Pastor aeternus, que define el dogma de la infalibilidad pontificia, serán suficientes para clausurar el debate de una vez por todas.

Primera cita: “Petri Sedem ab omni SEMPER errore illibatam”. Segunda cita
“fidei NUNQUAM deficientes carisma”.

Así pues, según Pío IX y los Padres de Vaticano I, el papa es “SIEMPRE” puro de todo error doctrinal y su fe es “ETERNAMENTE indefectible”. Si las palabras tienen todavía un sentido, esto significa que la tesis del “papa doctor privado hereje” es un error en la fe.

Por otra parte, la definición de la infalibilidad pontificia debe ser comprendida en el sentido en que la Iglesia la ha definido. La Santa Iglesia católica, apostólica y romana, Madre y Maestra de todos los fieles, ha definido la infalibilidad pontificia en el sentido de una inmunidad COTIDIANA del soberano pontífice contra el virus del error.

El parágrafo final del capítulo 4 de Pastor aeternus estipula: “Si alguno, lo que Dios no quiera, tuviera la presunción de contradecir esta definición, sea anatema”.

Un concilio ecuménico con una autoridad infinitamente superior a la de no importa qué teólogo, que no es infalible en todo lo que él escribe, la Iglesia ha zanjado en 1870: la opinión de aquéllos que estiman “que un papa puede caer en la herejía en tanto que doctor privado” no es más una opinión libre, sino una opinión contraria a la fe solemnemente definida por un concilio ecuménico.

Que ciertos teólogos sean de una opinión contraria al magisterio no nos impresiona en absoluto, pues en caso de desacuerdo, es la Iglesia la que tiene la última palabra. “Uno podría preguntarse si es la palabra de los teólogos o la del magisterio de la Iglesia la que tiene más peso y ofrece una mejor garantía de verdad. A este respecto se lee en la encíclica Humani generis: “Este depósito (de la fe) no está en cada uno de los fieles, ni es a los teólogos mismos que nuestro Divino Redentor ha confiado la interpretación auténtica, sino al sólo magisterio de la Iglesia (…). También, Pío IX, nuestro predecesor de inmortal memoria, cuando enseña que el rol muy noble de la teología es mostrar cómo la doctrina definida por la Iglesia está contenida en sus fuentes, agrega, no sin grave razón estas palabras: “en el sentido que la Iglesia las ha definido” (Inter gravíssimas, octubre 28 de 1870)” Luego, para el conocimiento de la verdad, lo que es decisivo no es la “opinión de los teólogos”, sino el “sentido de la Iglesia”. Sino, sería hacer de los teólogos casi “maestros del magisterio”; lo que es un error evidente” (Pío XII: alocución a la sexta semana italiana de adaptación pastoral, 14 de setiembre de 1956).

2.3.5 CONCLUSIÓN

Que un papa pueda desviarse de la fe en tanto que “doctor privado” es una herejía absurda condenada solemnemente por el concilio Vaticano.

RESUMIDO: QUE UN PAPA PUEDA DESVIAR DE LA FE EN TANTO QUE DOCTOR PRIVADO ES UN ERROR CONDENADO EXPLÍCITAMENTE POR EL CONCILIO VATICANO I


El 18 de julio de 1870, Pío IX, el papa de la infalibilidad anatematiza a toda persona que ose sostener la tesis del “papa que puede errar en tanto que doctor privado”

Según Pío IX, el papa es “aquél cuya fe no podrá fallar” (carta Ad apostolicae, agosto 22 de 1851)

Fuente Misterio de iniquidad, I, 36-42

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5 RESPUESTAS A LOS PAPAS COMO DOCTORES PRIVADOS

  1. Fray Eusebio de Lugo O.S.H. | 18 de abril de 2012 en 19:57 | ResponderEditar

    Me parece muy oportuno, precisamente en estos momentos, recordar que el Espíritu Santo protege perpetuamente a los Papas de todo error en la Fe no sólo en su enseñanza, sino también en su fe particular.

    Pero creo que los ejemplos apuntados más arriba no son los más idóneos.

    Un Papa puede juzgar de manera más o menos acertada sobre la conveniencia de una Orden, un movimiento, etc…

    Pero sí será infalible en el momento en que vaya a reconocer solemnemente que tal Orden en concreto es buena y su Regla y Constituciones, adecuadas para llevar a sus religiosos al Cielo. Eso es lo que hizo, por ejemplo con la Compañía de Jesús el Papa Pablo III en 1540.
    Ello no obsta para que puedan tenerle más o menos simpatía, o que puedan decretar su desaparición.

    Donde no hay infalibilidad es en los juicios prudenciales que los Papas puedan emitir sobre tal o cual persona, fundador o no, como es el caso de un P. Maciel. Un Papa podría perfectamente equivocarse, y tener por santo a un infame como Maciel, o al revés, tener por infame a un nuevo Job como san José de Calasanz.

    Pero como hijos leales, debemos recordar siempre que aunque sus decisiones de gobierno no tengan privilegio de inerrancia, le asiste de manera especialísima el Espíritu Santo, y el Apóstol san Pedro, de quién él no es sino el Vicario. Como decían los antiguos Padres conciliares del Oriente: “Pedro ha hablado por boca de León”, “Pedro ha hablado por la boca de Agatón”.

    El racionalismo y naturalismo contemporáneos nos ha hecho olvidar que las autoridades legítimas, Papas, obispos, abades, Reyes o incluso Padres de familia, son un don de Dios que Él inspira y dirige para nuestro bien, por lo que les debemos filial respeto, obediencia y estima, incluso cuando alguna vez tengamos que señalar una u otra deficiencia, o incluso resistir ante algún mandato claramente inmoral.

    El mismo Espíritu Santo nos enseña que cuando las autoridades se vuelven ilegítimas, cosa que se comprueba cuando actúan habitualmente en contra del Bien Común que deben servir, haciéndosenos imposible obedecerlas, no sólo no se les debe obediencia, respeto y devoción filial, sino lo contrario. El espíritu que las rige ya no es la tercera Persona de la Santísima Trinidad, sino el de los demonios, y no sólo no se sirven de su presunta autoridad para llevarnos al Bien Común, sino para arrastrarnos de grado o de fuerza al Mal Común Universal, es decir, a la condenación eterna, y a la ruina económica, política, social, cultural e incluso física y biológica.

    Esa es nuestra situación actual, tanto respecto de las autoridades temporales, más pendientes de Botswana que de sus sujetos, como de las eclesiásticas.

    Y vistas las noticias, de esas últimas quisiera decir unas palabras:

    Hasta qué punto se habrán entenebrecido los espíritus de los supuestos resistentes de la Hermandad San Pío X no sólo para ser capaces de negar la doctrina señalada más arriba, sino además para vender a los católicos una verdadera traición como si fuera un gran don de la Virgen, reconociendo a unas autoridades anticrísticas como legítimas, cuando en otros tiempos, cualquier muchacho de las calles de Ávila, de Burgos o de Sevilla las hubiera rechazado con la máxima energía.

  2. Otra vez disiento de lo expuesto. A mi modo de entender se quiere ser más ‘papista que el Papa’ ponderando excesivamente lo que el Conclio vaticano I no dice y cuyas condiciones para la infalibilidad del Papa precisa bien claro: ‘cuando habla ex cathedra’: vease el texto:

    “El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.”

    Ninguno de los Concilios comunes con el pulmón oriental de la Iglesia lo entendió de distinta forma. tampoco lo hicieron los Padres conciliares del cuarto de Constatantinopla, ni del segundo de Lyón, ni el de Florencia.

    Si bien es cierto que cuando habla el Papa ejerciendo el magisterio auténtico ha de presuponerse que no yerra, de ninguna manera ha de condirarse infalible.

    La nota de infalibidad y su condición, bien claramente está expuesta en Pastor Aeternus. Y no es ahora, sino muy anterior al CVII que, para considerar que el Papa habla de forma infalibe ha de cumplirse varios requisitos, cuyo dos principales son:

    1) El Papa debe tener la intención de declarar una doctrina concerniente a la fe o a la moral como verdad que no se puede cambiar.

    2) El Papa debe hablar como pastor y doctor de todos los cristianos con todo el peso de su autoridad apostólica (no meramente como un teólogo o solamente al pueblo de Roma).

    Si el Papa siempre fuera infalible, no hubiera sido necesario expresar en Pastor Aeternus la condición ‘ cuando habla ex cathedra’ y además definir las notas por las que se distingue cuando habla o no habla ex cathedra. El Concilio Vaticano I no dice: ‘El magisterio del Papa es infalible siempre’ . Sino que dice: ‘ es infalible cunado habla ‘Ex cathedra….’ y explica, además, cómo distinguir su magisterio auténtico del infalble ex cathedra.

    Lo que no quiere decir que haya que suponer que el Papa yerra cuando habla con magisterio auténtico, pero no ex cathedra. Pero puede errar o ser ambigüo cuando no habla ex chatedra. Y eso es lo que dice la Humanae Generis de Pío XII, quien no osa elevar a infalible lo que no lo es, sino suscitar la obediencia debida al magisterio auténtico.

    Esto es lo que entedió San Bernardo en el Tratado a Inocencio II Papa contra los errores de Abelardo. Eso se entiende de la profesión de fe del Emperador Miguel Palaeólogo, leída en el segundo Concilio de Lyon.

    Pastor Aeternus, leánlo de nuevo más arriba no dice, por lo tanto: ‘El Papa cuando habla es infalible siempre’ como les guataría que dijese según la tesis defendida tanto en el artículo, como en el comentario. Pastor Aeternus dice lo que dice y no lo que quisiéramos.

    En otras asuntos admiro y coincido con Fray Eusebio de Lugo O.S.H. y el moderador, pero en este no.

    • Sobre su interesante comentario habrá que volver para estudiar si esas condiciones que Ud. da no pudieran estar implícitas en cualquier enseñanza del Papa a toda la Iglesia incluso cuando las hace supuestamente como “doctor privado” noción que el autor del capítulo rechaza. Esperemos que Fray Eusebio nos saque de dudas. De momento le recomendaria que leyera el articulo con atención, y rechazara la argumentación en algún punto que le parezca dudoso. Yo voy a demorarme en hacer lo mismo con su interpretación porque no tengo tiempo en estos momentos ya que tengo otras cosas entre manos.

  3. Fray Eusebio de Lugo O.S.H. | 21 de abril de 2012 en 1:07 | ResponderEditar

    Mi muy estimado Sofronio:

    Para que vea que nosotros no exageramos la enseñanza de la Iglesia, sino que sólo pretendemos ser el eco de lo que siempre ha creído y enseñado, le pongo el siguiente artículo, reservándome para posteriores apostillas, como verá, las citas son de autores harto conocidos:

    Conforme a las palabras de Nuestro Señor Jesucristo, San Pedro y sus legítimos sucesores recibien la asistencia especial del Espíritu Santo para preservarlos del error doctrinal como medio de defender la salud espiritual de la Santa Iglesia Católica:

    «YO HE ROGADO POR TI PARA QUE TU FE NO FALLE; Y CUANDO HAYAS REGRESADO FORTALECE A TUS HERMANOS»

    Por esta razón el Sacrosanto Concilio Vaticano Primero definió el DOGMA DE LA INFALIBILIDAD PAPAL como una doctrina cierta de la Iglesia a lo largo de su existencia:

    ”ASÍ EL ESPÍRITU SANTO FUE PROMETIDO A LOS SUCESORES DE PEDRO, NO DE MANERA QUE ELLOS PUDIERAN, POR REVELACIÓN SUYA, DAR A CONOCER ALGUNA NUEVA DOCTRINA, SINO QUE, POR ASISTENCIA SUYA (PROPIA), ELLOS PUDIERAN GUARDAR SANTAMENTE Y EXPONER FIELMENTE LA REVELACIÓN TRANSMITIDA POR LOS APÓSTOLES, ES DECIR, EL DEPÓSITO DE LA FE.”

    Proclamación del Dogma de la Infalibilidad

    En el siglo XVI ocurre el cisma del Protestantismo y se cuestiona la autoridad Papal, no sólo en lo temporal sino también en lo doctrinal. En 1870 el Concilio Vaticano I define dogmáticamente la infalibilidad Papal en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Pastor Aeternus.

    La Epístola para la fiesta de Pentecostés se toma de Hechos de los Apóstoles y nos relata la maravillosa transformación que el Espíritu Santo operó en las almas de los Apóstoles cuando descendió sobre ellos en la forma de lenguas de fuego. Leemos en Hechos de los Apóstoles:

    “Y cuando los días de Pentecostés llegaban a su término, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo…” (Hechos 2:1-4)

    Y Dios Todopoderoso en Su infinita sabiduría de tal manera dispuso para que los Apóstoles recibieran el Espíritu Santo en Jerusalén al mismo tiempo que los judíos celebraban una de las tres grandes fiestas del Antiguo Testamento — la Fiesta de las Semanas (la fiesta de la recolección de la cosecha). Apenas hubo llegado el Consolador, el Espíritu de Verdad, sobre los Apóstoles, cuando valientemente salieron de su refugio “a predicar a todas las naciones” todo lo que Cristo les había mandado.

    En esta fiesta de Pentecostés, sería muy apropiado que reflexionáramos en la única y verdadera Iglesia de Jesucristo, aquella Iglesia con la que Cristo prometió estar todos los días, hasta la consumación del mundo, aquella Iglesia que tiene la perpetua Presencia del Espíritu de Verdad — aquella Iglesia llamada la Iglesia Católica. Qué tan importante es para nosotros claramente entender la naturaleza de la Iglesia Católica, especialmente en nuestros tiempos cuando la gran mayoría de la humanidad no “sufre la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonan maestros conforme a sus propias concupiscencias.” Qué tan importante es este conocimiento de la Iglesia en estos tiempos, cuando hay tanta confusión entre los que se llaman católicos. Un estudio detallado de unas de las propiedades de la Iglesia Católica, su infalibilidad, puede ayudarnos grandemente a reconocer dónde está hoy la Iglesia Católica y dónde no está.

    Antes que consideremos el atributo de la infalibilidad, debemos comprender qué es un atributo. Un atributo es una propiedad inherente en la misma naturaleza de una cosa y que fluye desde su misma naturaleza. Un excelente ejemplo es el agua. El agua tiene la propiedad de la humedad. La humedad es inherente en la misma naturaleza del agua; es imposible separar la humedad del agua. Existen tres atributos o propiedades en la Iglesia Católica: la infalibilidad, la indefectibilidad y la autoridad. Estas son inherentes en la misma naturaleza de la Iglesia Católica y no pueden separarse de ella.

    El atributo de la infalibilidad significa la inhabilidad e imposibilidad de que el Magisterio Docente yerre cuando enseña a la Iglesa universal sobre materias de fe y de moral. Como el Primer Concilio Vaticano enseñó:

    “Además, por fe divina y católica, debe creerse todo cuanto se contiene en la palabra escrita de Dios, o en la tradición, y que sea propuesto por la Iglesia como objeto de creencia divinamente revalado, ya sea por decreto solemne o en su enseñanza ordinaria y universal.”

    Los posesores de la infalibilidad son:

    el Papa (el Papa es infalible cuando habla ex cathedra),
    el Episcopado entero (la totalidad de obispos es infalible cuando proponen una enseñanza de fe o de moral para creencia de todos los fieles, ya sea asambleados en un concilio general o esparcidos por toda la tierra).
    Muchos ya están familiarizados con el concepto de la infalibilidad en los pronunciamientos ex cathedra del Papa y también en los decreto de un Concilio Ecuménico, pero no lo están con el concepto de la infalibilidad en “el magisterio ordinario y universal de la Iglesia.”

    ¿Qué es el magisterio ordinario y universal?

    Para una respuesta clara y concisa, leemos en Los Fundamentales del Dogma Católico, por el Dr. Ludwig Ott:

    “Los obispos ejercen su poder de enseñanza infalible de manera ordinaria cuando, en sus diócesis, en unión moral con el Papa, promulgan unánimemente las mismas enseñanzas sobre la fe y la moral. El Concilio Vaticano declaró expresamente que también las verdades de la Revelación propuestas como tales por el oficio docente de la Iglesia, ordinario y general, deben creerse firmemente con ‘fe divina y católica’ (d 1972). Mas los titulares del oficio docente de la Iglesia, ordinario y general, son los miembros de todo el episcopado esparcidos por toda la tierra. El acuerdo de los obispos en doctrina puede determinarse por los catecismos que publiquen, por sus cartas pastorales, por los libros de oración que aprueben, y por las resoluciones de los sínodos particulares. Un acuerdo moral general basta, pero en esto el asentimiento del Papa, como Cabeza Suprema del Episcopado, ya sea expreso o tácito, es esencial.”

    El objeto de la infalibilidad de la Iglesia es doble:

    El objeto primario de la infalibilidad de la Iglesia son las verdades formalmente reveladas de la doctrina cristiana concerniente a la fe y la moral.
    El objeto secundario de la infalibilidad de la Iglesia son verdades de la enseñanza cristiana sobre la fe y la moral, que no están reveladas formalmente, pero sí íntimamente conectadas con la enseñanza de la Revelación.
    Incluidos en el objeto secundario de la infalibilidad están los siguientes:

    conclusiones teológicas;
    hechos dogmáticos;
    la disciplina general de la Iglesia;
    la aprobación de órdenes religiosas;
    la canonización de santos.
    ¿Por qué deben estas áreas ser objeto de la infalibilidad de la Iglesia?

    Una excelente explicación se encuentra en La Iglesia de Cristo, por Monseñor G. Van Noort, S.T.D.:

    “El carisma de la infalibilidad fue conferido sobre la Iglesia a fin de que pudiera piadosamente salvaguardar y explicar con certeza el depósito de la revelación cristiana, pudiendo así ser la maestra en todas las épocas de la verdad y de la vida cristiana.

    “Es evidente por las promesas de Cristo que el magisterio, el oficio docente de la Iglesia, fue dotado de la infalibilidad para poder llevar a cabo su misión apropiadamente, esto es, salvaguardar reverentemente, explicar con seguridad y defender efectivamente el depósito de la fe.

    “La seguridad del depósito requiere que se ahuyente o elimine efectivamente todo error que pueda oponérsele, aunque sea sólo indirectamente. Esto sería sencillamente imposible sin la infalibilidad en las materias arriba mencionadas.”

    Aquí sería bueno para nosotros centrarnos en una explicación más detallada del objeto secundario de la infalibilidad, en el área disciplinaria general de la Iglesia.

    De nuevo, leamos de La Iglesia de Cristo, de Van Noort:

    “La infalibilidad de la Iglesia se extiende a la disciplina general de la Iglesia. Esta proposición es teológicamente cierta. Por el término “disciplina general de la Iglesia” se entiende todas aquellas leyes eclesiásticas aprobadas por la Iglesia universal para la dirección del culto y la vida cristiana.

    “La imposición de mandatos pertenece no directamente al oficio docente, sino al oficio gobernante; las leyes disciplinarias son sólo indirectamente objeto de la infalibilidad, i.e., sólo por razón de la decisión doctrinal implícita en ella. Cuando los gobernantes de la Iglesia sancionan una ley, implícitamente hacen un doble juicio: 1. “Esta ley cuadra con la doctrina eclesiástica sobre la fe y la moral”; esto es, no impone nada que esté en conflicto con la sana creencia y los buenos valores. Esto equivale a un decreto doctrinal.”

    “Prueba: 1. A partir del propósito de la infalibilidad. La Iglesia fue dotada de la infalibilidad para poder salvaguardar la doctrina entera de Cristo y ser una maestra confiable a todos los hombres en la vida cristiana. Pero si la Iglesia pudiera equivocarse en la manera indicada, cuando legisla para la disciplina general, ya no sería ni fiel guardiana de la doctrina revelada ni maestra confiable de la vida cristiana. No sería guardiana de la doctrina revelada, pues la imposición de una ley viciosa sería, de hecho, equivalente a una errónea definición de doctrina; todos naturalmente concluirían que lo que la Iglesia ha ordenado cuadra con la sana doctrina. No sería maestra de la vida cristiana, pues por sus leyes induciría a la corrupción en la práctica de la vida religiosa. 2. A partir de la declaración oficial de la Iglesia, la cual estigmatizó como ‘al menos errónea’ la hipótesis ‘de que la Iglesia pudiera establecer disciplinas que fueran peligrosas, dañinas, y conducentes a la superstición y al materialismo.’”

    “El bien conocido axioma, Lex orandi est lex credendi (La ley de la oración es la ley de la creencia) es una aplicación especial de la doctrina de la infalibilidad de la Iglesia en materia disciplinaria. Este axioma dice en efecto que las fórmulas de oración aprobadas para uso público en la Iglesia universal no pueden contener errores contra la fe o la moral.”

    La razón para esta larga explicación acerca de la propiedad de la infalibilidad, es que es el argumento más fuerte contra la iglesia conciliar del Concilio Vaticano II.

    Pues, ¿cómo podía la Iglesia Católica enseñar fiel, consistente e infaliblemente la misma fe por 1900 años, y de repente proponer, durante el Segundo Concilio Vaticano, las falsas doctrinas previamente condenadas por Papas y Concilios (viz., ecumenismo y libertad religiosa)? ¿Cómo podía la Iglesia Católica continuamente renovar el Sacrificio incruento del Calvario en la Santa Misa, y luego abruptamente sustituirla con un “memorial” luterano de la última Cena? ¿Cómo podía la Iglesia Católica en sus leyes legislar tan firmemente contra la mezcla de credos y la intercomunión, ya que esto fomentaría indiferentismo religioso, y luego inesperadamente abrogar estas leyes y permitir estas acciones?

    ¿Hemos de suponer que el Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad, ha súbitamente cambiado de parecer y permitido contradicciones en materias de Fe, de la Misa, y de sus leyes universales? ¿Hemos de suponder que Cristo repentinamente abandonó a Su Iglesia y la dejó caer en el error y la herejía?

    Aún así, es precisamente el tema de la infalibilidad que divide hasta a los que se llaman católicos tradicionales. Algunos católicos tradicionales rechazan los errores del falso ecumenismo y de la libertad religiosa del Segundo Concilio Vaticano, el nuevo memorial protestante de la Última Cena — el Novus Ordo Missae— y las herejías del Nuevo Código de Derecho Canónico (1983), pero insisten todavía que los mismos autores de estos errores son los representantes de Cristo aquí en la tierra. En realidad, dicen que el Magisterio Viviente de la Iglesia ha errado y llevado a la mayoría de los católicos al error, y que además continúa errando. Tal conclusión no es más que la negación de la infalibilidad de la Iglesia.

    No puede haber duda de que la iglesia conciliar ha errado. No solamente en la conclusión del Concilio Vaticano II, en 1965, sino también en los últimos treinta años de su magisterio universal y ordinario. ¡Más claro no se puede — esta iglesia conciliar no es la Iglesia Católica!

    Como enseñó el Papa León XIII en Satis Cognitum:

    “Si el magisterio viviente pudiera de alguna forma equivocarse — seguiría una evidente contradicción, pues entonces Dios sería el autor del error.”

    Y también el Primer Concilio Vaticano (1870), en la constitución dogmática, Pastor Aeternus, reafirmó la enseñanza del Cuarto Concilio de Constantinopla:

    “Y su verdad ha sido probada por el curso de la historia, ya que en la Sede Apostólica la religión Católica siempre se ha mantenido pura, y su enseñanza santa.”

    Y de nuevo, en la misma constitución dogmática:

    “Ciertamente, esta fue la doctrina apostólica que sostuvieron todos los Padres, y que reverenciaron y siguieron los santos Doctores ortodoxos. Pues claramente comprendieron que esta Sede de San Pedro siempre permanece sin mancha de error…”

    Como ve, el Vaticano I no restringe de ningún modo la infalibilidad a las definiciones solemnes.

    Cabe decir, que salvo que nos dediquemos al tradicionalismo teológico, creeríamos en la infalibilidad porque siempre ha sido creída y enseñada, aún cuando los Papas de los dos últimos siglos no hubiesen abierto la boca.

    Me gustaría que me desarrollara esa expresión, tan juanpablina, del pulmón oriental de la Iglesia: ¿No se referirá a los autollamados ortodoxos, separados de la Iglesia desde hace casi un milenio precisamente por su negativa en aceptar esa verdad y sostener que los Papas de Roma habían caído en herejía, ya no eran católicos, y con ellos había caído fuera de la Iglesia todo el Occidente?

    Me gustaría que nos explicara cómo, según Ud. entendían esa verdad los Concilios de Constantinopla, Lyon o Florencia, o los demás que cita, sería realmente interesante, aunque sea, uno a uno.

  4. Estimado Fray Eusebio de Lugo O.S.H. :

    Trataré de explicarme.

    El pulmón oriental
    Cuando hablo de pulmón oriental de la Iglesia, no me refiero a aquellas iglesias ortodoxas que se han mantenido separadas de Pedro desde 1054 o antes o posteriormente, sino a aquellas Iglesias en plana comunión con Roma mucho antes de 1961, como por ejemplo Iglesia greco-melquita, la Iglesia maronita, Iglesia Greco-Católica Rumana…. o la Iglesia greco-católica rusa con ritos propios que, o bien celebraban la Divina Liturgia bizantina en Rusia o usan la recensión de la Liturgia de Rusia, reformada por el patriarca Nikon de Moscú en 1666 e incluso el rito medieval de los viejos creyentes, es decir, como la recensión litúrgica rusa que existía antes de las reformas del patriarca Nikon. Todos los católicos orientales en la Federación Rusa mantienen estrictamente el uso del eslavo eclesiástico en la liturgia.

    La mayoría (y son muchas más de las del ejemplo) están en comunión con Roma mucho antes del Concilio Vaticano II y algunas nunca en toda la historia han estado separadas de Roma, como, por ejemplo, la Maronita.

    Estas no se rigen ni por el mismo derecho de la latina, pues son iglesias sui iuiris, ni usan el Rito Romano para la Liturgia.

    No sabía del uso juanpablista del término. Curiosamente la primera vez que lo oí, fue a un sacerdote amigo que estaba, en aquel momento, en una actitud ‘sedevacantista’.

    Sin embargo, personalmente creo que si hay alguna posibilidad de que alguna de estas comunidades cismáticas vuelvan a Pedro, humanamente hablando claro, son precisamente las ortodoxas cismáticas y no las protestantes.

    Sobre los grados de doctrina

    Toda la doctrina católica puede distribuirse en cuatro grados:

    A).- Dato revelado.
    B).- Dogmas.
    C).- Verdades infalibles.
    D).- Conclusiones teológicas.

    No me parece necesario explicar en qué consisten los señalados como ‘A’, ‘B’ y ‘C’, puesto que no me cabe duda sobre su mayor erudición frente a la modesta mía.

    Sin embargo, su ‘extremismo’, permítame el uso de este término, proviene de que su pensamiento está más influenciado por Suárez y Molina que por Santo Tomás. Me explico:

    Usted suele apoyar sus tesis en ‘D’, es decir, en las ‘conclusiones teológicas’. Y uno de los errores compartidos por Suárez y Molina, es precisamente ese. Porque si bien las verdades de este cuarto grado pueden pasar al tercero, pues no hay conclusión alguna verdaderamente teológica que no pueda ser definida infaliblemente por la Iglesia, no lo hacen hasta que la Iglesia lo defina. Y en sus eruditas citas se suele elevar a infalible conclusiones teológicas que nunca la Iglesia ha elevado a semejante grado.

    Pero frente a Suárez y Molina, prefiero seguir a Santo Tomás, para quien las conclusiones teológicas sólo pueden ser de fe divina una vez definidas por la Iglesia y nunca antes.

    Y de hecho, amigo mío, todas las citas que usted aporta de los textos del Concilio Vaticano I y sus opiniones particulares siempre añaden la nota ‘cuando habla ex cathedra’. Lo que le honra al no cambiar intencionadamente los textos. Así dice usted, por ejemplo :

    “Los posesores de la infalibilidad son: el Papa (el Papa es infalible cuando habla ex cathedra)…”

    Pues bien, esa es mi tesis, que no es otra que la de la misma Iglesia y que usted, desde su honradez no puede tampoco obviar: el Papa es infalible cuando habla ex cáthedra; cuando no habla ex cáthedra, por lo tanto, aunque se le supone, no por necesidad lo es. Pero esa suposición que usted concluye teológicamente, la eleva usted a la propiedad de infalible, cuando la Iglesia nunca lo ha hecho. Si un día lo hiciese será así, pero mientras lo hace, prefiero seguir a Santo Tomás, a Marín Sola., que a Suárez y a Molina.

    Hechos dogmáticos

    Al cuarto grado, en fin, pertenecen todas aquellas proposiciones que están necesariamente conexas con cualquiera de los tres grados anteriores, que es lo que comúnmente se entiende bajo el nombre de conclusiones teológicas y a las cuales se reducen los hechos dogmáticos (catecismos, concilios, canonizaciones, predicación, etc.). Pero estas conclusiones son infalibles sólo si la Iglesia las define como tales, según los más consecuentes tomistas y siempre en el sentido sobre el que ella ejerce su infalibilidad; no en el que otros la quieren llevar. Por ejemplo, en una beatificación la Iglesia no compromete su infalibilidad, mientras que sí lo hace en la canonización, pero sólo en aquello que es objeto de infalibilidad: en la bienaventuranza y virtudes ejemplarmente vividas según el estado. Otro ejemplo, no compromete su infalibilidad al aprobar una Regla de una Orden, en la organización de la Orden, pues sólo asegura que esa regla es un camino apto para la perfección cristiana. Ni se afirma en una canonización que todos los milagros atribuidos a Dios por determinado santo sean ciertos, etc, etc.

    No estoy hablando, por supuesto, de los denominados Hechos expresamente revelados (La virginidad de la Virgen, etc) , ni de los Hechos meramente particulares que no son de fe divina (si determinado matrimonio fue válido o nulo, etc.)

    Infalibilidad de la iglesia

    Estoy totalmente de acuerdo con usted, que lo ha expuesto admirablemente. Si bien caben muchas acotaciones para enriquecerlo, este no es el lugar de una tesis, salvo para esta nota:

    En efecto, la Iglesia no puede darnos dogmas nuevos, en el sentido que sean nuevos simpliciter, pero puede darnos dogmas nuevos, en el sentido de que sean nuevos secumdum quid ( id, est secumdum aliquid ), es decir, nuevos en cuanto a la explicación, siempre que no se haga por nuevas revelaciones , sino por mera infalibilidad o asistencia del Espíritu Santo; y las condiciones de dicha infalibilidad usted bien las sabe, el Papa cuando habla ex cathedra y los obispos esparcidos por el mundo, según usted mismo cita y no repito.

    Por la misma razón, de no extenderme más, dejo para mejor ocasión, si cabe, la explicación sobre los textos de los concilios de Florencia, Constantinopla y Lyón y porque tampoco añadirían más a lo sostenido aquí.

4 replies »

  1. ¿qué quiere decir eso de “doctor privado”?¿cuando está a solas o con cuatro amigos?¿y habría entonces de pensar, creer y sentir de otro modo a como lo hace y se expresa solemnemente y en el formal desempeño de su cargo? es ridículo pensar que la infalibilidad se trata de un instrumento o una cualidad de quitapón que el papa puede usar a voluntad, según se levante con ganas cada mañana, la expresión “ejercer la infalibilidad”, “comprometer la infalibilidad”, es absurda y despectiva, lleva a pensar que el papa quiere o se expone a equivocarse aposta en ocasiones, cuando podría ser infalible, claro que tal vez sea que tiene asignado un cupo de ocasiones antes de que se le gaste, como en el tenis, ja ja, ¡Roncalli, explícanos esto! qué gran pérdida de concilio, cuando pudieron regalarnos uno ejemplar, irreprochable, chorreando infalibilidad por todas las ínfulas, aunque sólo fuera pastoral, como decían, aunque sólo fuera una cosa digamos estética y como para dirigir bien las oveejas y dejarlas bien guapas y trasquiladas, y en cambio nos endosaron ese bodrio incomible, ¿y eso era un papa bueno? ¡absit! ¡Bergoglio, pardiez, habla ex cathedra una vez! (sólo por curiosidad, por ver a qué suena, ja ja)

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  2. es aventurado y temerario emitir juicios sobre lo que un papa podría pensar sobre Maciel, toda vez que ningún papa ha conocido a ese personaje en sus presuntas fechorías, “Un papa podría perfectamente equivocarse, y tener por santo a un infame como Maciel”, dice Fray Eusebio, ¿cómo lo sabes? y si no lo sabes, ¿cómo te atreves a decirlo?¿no hablan así los modernistas y los falsarios de la FSSPX? y que un papa tenga por infame, como dices, a san José de Calasanz (que habría que verlo), tampoco sería ninguna barbaridad, por cuanto seguramente era el propio santo el primero en considerarse así, ja ja, por otra parte es presuncion grande afirmar que “sus decisiones de gobierno no tengan privilegio de inerrancia”, porque, ¿con qué criterio, seguridad ni autoridad determinas que lo que estipule tal o cual papa no es lo mejor que se podría haber hecho? ¿no probó siempre el acérrimo interés de los masones por acabar con el poder temporal de los papas que su gobierno era el más justo y suave, el más humano y deseable para el pueblo, al que esos enemigos de Cristo y del género humano siempre, bajo capa de amor y filantropía, buscaron en realidad extraviar y perder en este mundo y en el otro? el gobierno de quien es el Vicario de Cristo, no el Vicario de Pedro, como dice el diserto comentarista, “Pedro ha hablado por boca de León” significa que León ha hablado como Pedro y en lugar de Pedro, pero Pedro no habla por sí mismo como para que León sea su vicario, sino que habla por Cristo y representa a Cristo, y Pedro y León son sus vicarios, no vicarios de sí mismos, decir que el papa es Vicario de Pedro es decir que Pedro es Vicario de sí mismo, y pone en mayúsculas y por encima del papa lo de Bien Común, que es ya para echarse a temblar, por muy doctoral y tomista que sea, de ahí a los Derechos Humanos no hay mucha distancia

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  3. ¿Constantinopla no está en el plumón oriental de la Iglesia? y sobre esa restricción que pareces poner, como los otros, a la expresión ex cathedra, más bien cabría preguntarse cuándo un papa no habla ex cathedra, esto es, cuándo, de lo que de él se sabe, no habla y se expresa como pastor y maestro de todos los cristianos, quizá el que no ha entendido el concilio eres tú, y no te sofoques, Sofronio, ni lo que ha de considerarse infalible, esas dos notas de infalibilidad que mientas, ¿dónde las estipula como dices la ‘Pastor aeternus’? estás en un grave error y trastruecas los términos cuando afirmas que el Concilio Vaticano I dice que el magisterio del papa es infalible sólo cuando habla ex cathedra, sino que dice el papa, el Romano Pontífice, no su magisterio, en ningún lugar afirma el concilio que haya un magisterio papal no iinfalible, además pretendes que nos enseña a “distinguir su magisterio auténtico del infalible ex cathedra”, ¿pero es que el magisterio ex cathedra no es auténtico, el más auténtico posible?

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  4. entiendo, Fray Eusebio (2º com.), que te has comido el adverbio y donde dices “concluirían que lo que la Iglesia ha ordenado cuadra con la sana doctrina” quieres decir “no cuadra con la sana doctrina”, y veo que nuestro ameno comentarista (haciendo suyas las de Van Noort) entiende al revés, como tantos otros, el axioma ‘lex orandi lex credendi’, este refrán nos dice, nos quiere decir, que se cree como se reza, no que se reza como se cree, aunque también, lógicamente, pues el verbo ser hace la frase reversible, pero esto sería una perogrullada, una simpleza indigna de ser estampada en un célebre e inmortal proverbio, pues es obvio y claro está que se rezará según la fe que se tenga, pero el valor y la miga del dicho está en que la propia fe queda como determinada y dirigida y conformada por el modo en que se ora (de ahí el empeño de sus enemigos de privar a la Iglesia de sus ancestrales oraciones, ritos y liturgia (aquel “quitad la misa, destruid la Iglesia” de Lutero), esto es una aplicación y otra forma de decir aquello de San Ambrosio de que no esperes a comprender para llegar a creer, antes cree y llegarás a comprender, esto es, practica la fe y alcanzarás a poseerla y a comprenderla, no es propiamente como dice aquí Fray Eusebio, o Ceriani en Radio Cristiandad, una aplicación de la infalibilidad, porque además no se puede concluir que la oración sea infalible porque la dicta una fe infalible si antes no se establece que esa fe es infalible, lo cual requeriría otro axioma más pertinente a la infalibilidad, esta interpretación es darle la vuelta al adagio como un calcetín y poner por sujeto el segundo término cuando, presumiblemente, lo es el primero: la ley de la oración, la manera como se reza, determina y modela la fe del que reza, entenderlo en sentido contrario sería, como digo, una simpleza y para ese viaje no hacían falta alforjas, de él habla Pío XII en la ‘Mediator Dei’, y aunque primero más bien lo menosprecia y lo toma a mala parte, “De ahí aquel principio: La ley de la oración es ley de la fe (lex orandi, lex credendi). No es, sin embargo, esto lo que enseña o manda la Iglesia.” (62-63), pero en cambio a continuación pondera y alaba su sentido directo y dice: “La Iglesia y los Santos Padres, cuando se discutía sobre una verdad controvertida o puesta en duda, nunca han dejado de pedir luz a los ritos venerables transmitidos por la antigüedad. Así se obtiene también el conocido y venerado adagio ‘La ley de la oración determine la ley de la fe’ (Legem credendi lex statuat supplicandi)” (64), donde aquí, con el uso del acusativo, legem, y un verbo transitivo y no el ser, queda claro quién determina a quién: la ley o modo en que se reza determina el modo en que se cree, aunque a renglón seguido el inefable Pacelli parece volver al otro sentido de la frase, pues dice: “La liturgia, por consiguiente, no determina ni constituye en sentido absoluto y por virtud propia la fe católica” (65), y acaba por decantarse definitivamente por este sentido, el que le dan Fray Eusebio, Ceriani y otros: “se puede con razón afirmar que ‘la ley de la fe debe establecer la ley de la oración’ ” (65), ¡buf!, el parto de los montes, descansa la cabeza, Eugenio, pues naturalmente que la fe es primero y es la que dicta la manera en que se ora, pero no es ese el sentido propio del axioma, provechoso y profiláctico sentido, quizá si lo hubiera entendido así el papa que, como dicen y es creíble, no quería consejeros, otro gallo cantaría

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