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DIFICULTADES EN LA VISIBILIDAD DE LA IGLESIA


 

Nuestro amigo y comentarista Sofronio deja en sus comentarios, dificultades y discrepancias ante la línea del blog, que le son muy agradecidas. Usando una notable erudición y profundidad en sus razonamientos  teológicos, no hace sino provocar respuestas cada vez más exhaustivas en la comprensión de los tópicos teológicos que el blog ofrece.

Esta vez es Fray Eusebio de Lugo el que aquilata su pensamiento sobre la visibilidad de la Iglesia.

En un post anterior- La visibilidad de la Iglesia en Mons.Williamson- estando en parte de acuerdo con el P. Francisco Laisney FSSPX que apostilla un artículo de Mons.Williamson (al que no cita), Fray Eusebio se distancia de Laisney, estableciendo la verdadera naturaleza de la visibilidad que es nota de la Iglesia católica.

En el fondo son objeciones al Sedevacantismo por parte de una insuficiente concepción de la visibilidad de la Iglesia de la que adolecen ambos- Mons.Williamson y el P.Laisney- la que refuta Fray Eusebio.

Ahora es Sofronio lel que quiere matizar la respuesta de Fray Eusebio, ciñéndose a tres puntos en los que éste resume la pertenencia al cuerpo VISIBLE de la Iglesia,  de los que en dos de ellos, Sofronio muestra su disconformidad. Para evitarle al lector el que tenga que consultarlos de nuevo, los transcribo:

“Esto es así, porque un miembro de la Iglesia visible se reconoce por tres criterios:

1. Fe íntegra, por lo que quedarían excluidos todos los seguidores de las novedades conciliares.
2. Culto apostólico. excluidos pues todo sectator de las reformas conciliares, y aquellos que mantienen, según la palabra de Benedicto XVI, que la Misa Romana y el rito de Caín tienen “igual dignidad y validez”.
3. Sujeción a los pastores legítimos, lo cual excluye por ejemplo al mismo P.Laisney, que reconoce como Papa a un evidente impostor, y lo nombra en el Canon de la Misa.”

Pero Sofronio ha objetado a dos de ellos. He aquí su comentario seguido de la explicación de Fray Eusebio:

Sofronio

Tiene razón Fray Eusebio respecto al primer punto pues sería un pecado de infidelidad; uno de los pecados de infidelidad positiva por un acto de disentimiento contrario, en este caso el de herejía,que destruye la fe; no es que haya una fe informe o muerta, sino que la virtud de la fe queda destruida. Esta infidelidad es, en su género, el de máxima gravedad entre los pecados, excepto el odio a Dios.

En cuanto al punto segundo, cabe distinguir más; expresado como está en general, es aceptable; excluir de la visibilidad sin distinguir me parece caer en el vicio opuesto.

En cuanto a la tercera conclusión es una posición personal suya, puede que acertada, pero no suficientemente concluyente; me parecería una desmesura excluir de la visibilidad de la Iglesia a todos los que en los casi 40 años del cisma de occidente rezaron por cualquiera de los varios falsos papas, de buena fe. Ergo aquí puede que llevado por su celo, quiera separar la cizaña del trigo a quién no le corresponde y antes de tiempo.

 

Este cuadro representa la Iglesia visible, compuesta de personas de toda edad, de todo sexo y de toda condición que adoran a Dios con fe, o que contemplan en una actitud plena de amor. La Iglesia es, en efecto, una sociedad que reúne “todos los fieles (…) por el lazo de una sola fe y de una sola caridad” (Vaticano I: Pastor aeternus, prólogo).La vida de la Iglesia continúa durante la vacancia de la Santa Sede: los buenos cristianos piden humildemente a Dios que les de un nuevo papa.

Este cuadro representa la Iglesia visible, compuesta de personas de toda edad, de todo sexo y de toda condición que adoran a Dios con fe, o que contemplan en una actitud plena de amor. La Iglesia es, en efecto, una sociedad que reúne “todos los fieles (…) por el lazo de una sola fe y de una sola caridad” (Vaticano I: Pastor aeternus, prólogo).
La vida de la Iglesia continúa durante la vacancia de la Santa Sede: los buenos cristianos piden humildemente a Dios que les de un nuevo papa.

Y esta es la respuesta de Fray Eusebio:

Para que pueda comprobarse que lo que apunto aquí no son simplemente posiciones personales, pondré aquí tres citas:

Una del conocido y clásico teólogo dominico P. Hugon: En “La vie spirituelle”, Nº 35º pp 355-356:

“Tres principios fundamentales constituyen el CUERPO de la Iglesia:
– Un Magisterio visible, y la profesión de una misma Fe por todos los creyentes;
– Un sacerdocio visible y la comunión de todos los fieles en el mismo culto;
– Un gobierno visible y la obediencia de todos los sujetos a los mismos pastores.”

Por ello, Pío XII dice en Mystici Corporis: “Sí, ciertamente, esa piadosa Madre resplandece SIN MANCHA ALGUNA en los sacramentos con los que engendra y nutre a sus hijos, en la Fe que conserva SIEMPRE INCONTAMINADA, en las santísimas leyes con las que gobierna..”

O lo que nos dice el esquema De Ecclesia, del Concilio Vaticano I:

“Puesto que hasta el fin de este mundo, todos los mortales que llevan a cabo su viaje deberán su salvación a Cristo, la Iglesia del mismo Cristo, que es el arca única de salvación, persistirá hasta el fin del mundo inmutable e incambiada en su constitución. He aquí por qué la Iglesia de Cristo no puede decaer de sus propiedades y de sus dones, de su magisterio sagrado, de su ministerio y de su gobierno, de modo que Cristo mediante su cuerpo visible sea siempre para todos los hombres Vía, Verdad y Vida.”

Dicho ésto, recordemos lo que decía Mons. Lefebvre, el 26 de Junio 1976, a los seminaristas de Econe: “…La iglesia que afirma tales errores (ya previamente condenados, así como aberraciones litúrgicas igualmente condenadas), es a la vez cismática y herética. Esa Iglesia conciliar, por ende no es la Iglesia Católica. EN LA MEDIDA en que el (supuesto) Papa, los obispos, sacerdotes y fieles adhieren a esa nueva iglesia, SE SEPARAN de la Iglesia Católica.”

Ya nos dirá nuestro estimado Sofronio qué es lo que desea distinguir en la obligación que tienen los católicos de reconocer y reconocerse únicamente en el culto apostólico. Tal vez, le haga dificultad el que no sólo deban los católicos participar de un culto en todo católico, sino que ello implique también la obligación de rechazar públicamente un rito no católico que quiere pasar por católico. Tal es el caso de no pocos “tradis”, que mendigan una Misa “en la forma extraordinaria”, con la explícita condición de reconocer no sólo el Concilio, y la legitimidad de los falsos pastores evidentemente cismáticos y heréticos, sino también, la validez, licitud y catolicidad del rito montiniano, y, guinda sobre el pastel, afirmar no tener “nullam partem” con los católicos que no reconocen a la Iglesia católica en la nueva iglesia conciliar.

En cuanto al tercer punto, la sujeción a los pastores legítimos, existe la correlativa obligación, para todo católico, de negar estar en comunión con unos cismáticos y herejes palmarios.
La capciosa equivalencia intentada a base de comparar la situación actual con el gran cisma de Occidente, en el que durante 40 años, no se supo exactamente quién era el Papa legítimo, no se sostiene.

Primero, porque los dos primeros criterios se mantenían,

Segundo, porque estábamos en el caso de Papas dudosos, pero en modo alguno cismáticos o heréticos.

Tercero, porque el resto de la jerarquía de Orden y de jurisdicción seguían existiendo, incluso cuando una u otra diócesis estaba siendo disputada entre dos titulares.

Cuarto, porque todo el mundo estaba enterado de la especial situación en torno a los Papas, y todas las obediencias tenían una voluntad eficaz de poner los medios para acabar con esa trágica situación. Mientras que hoy, la casi totalidad de los fieles dizque “católicos” o bien niegan directamente que haya ningún problema respecto de esos criterios, o por lo menos, que sea siquiera posible poner en duda la legitimidad de los Pontífices conciliares. Incluso entre los que reconocen la ilegitimidad de los prelados conciliares, no pocos demuestran no tener ninguna prisa por solucionar ese estado anómalo.

Otra falacia, no se trata sólo de rezar por el Papa, sino de nombrarlo en la parte más sacrosanta de la Misa, al principio del Canon, lo que implica reconocer su legitimidad, y declararse Una Cum el “papa” y “obispos” conciliares. No se puede declarar a la vez pertenecer a la iglesia conciliar, y simultáneamente, a la Iglesia Católica.

Lo que era legítimamente dudoso en el S. XIV, no lo es en la actualidad: Unos “papas” que destruyen sistemáticamente lo construido por sus antecesores, y demuestran bien a las claras su separación de la verdadera Iglesia Romana, negándose a celebrar en su rito propio, como a principios de Noviembre, en modo alguno podrán ser nunca tenidos por legítimos.

Entiéndase bien: No estamos juzgando el comportamiento moral de nadie, sólo recordando que la pertenencia al cuerpo visible de la Iglesia se acredita mediante lazos de unión igualmente visibles y comprobables, y que si esos tres lazos manifiestamente ya no unen, por mucho que se llamen católicos los que los rechazan, demuestran por su mismo alejamiento que han salido fuera de la Iglesia visible.

No sabemos si todavía pertenecen al alma de la Iglesia, pero nosotros, que juzgamos por lo que aparece externamente, no podemos reconocerlos como católicos en el fuero externo y jurídico, que es el que hace posible hablar de visibilidad.

Yendo a lo concreto,

¿Cómo podemos reconocer como católico a quien afirma que la Iglesia del pasado se ha equivocado en sus definiciones y condenaciones, y que ha sido capaz de enseñar el mal moral oficialmente?

¿Cómo reconoceremos como católicos a los que rechazan el rito de la Iglesia a la que dicen pertenecer, pero participan con gusto en unos ritos repetidas veces condenados, y enteramente penetrados por un espíritu totalmente anticatólico?

¿Cómo reconoceremos como católicos a quienes se avergüenzan de los mejores prelados de su Iglesia, pero reconocen devotamente a quienes incurrieron en las maldiciones de ésta?

¿Qué nos une ya visiblemente con los conciliares?

Y con los que se proclaman resistentes, pero siguen, como mínimo, proclamando la legitimidad de los prelados conciliares, al menos nombrando a evidentes cismáticos y herejes en el Canon de la Misa?

Igual que los cristianos japoneses, o los recusant catholics de Inglaterra, o los non-jureurs de Francia (que los cismáticos a sueldo de la Revolución llamaban fanáticos, igualito que hoy), nosotros somos la Iglesia visible, inmaculada e incambiada en su ser, aunque pobre, pequeña, débil y pecadora en los miembros humanos y visibles que inmerecidamente la componen en nuestra gomorrítica época.

Lo de separar el trigo y la cizaña se refiere a las faltas morales, internas, sólo de Dios conocidas, mientras que de lo que aquí hablamos, es de los límites visibles y jurídicos de la Iglesia, y ahí, tenemos estricta obligación de distinguir en la medida en que nos lo permita el fuero externo.

A nadie juzgamos, pero mantenemos las fronteras del Reino Eterno de Nuestro Señor, hasta que Él se digne actuar, o volver en Gloria y Majestad. Amén.

11 replies »

    • Quizás el autor podrá contestarle mejor . Pero se me ocurre que ya ha contestado su objeción:
      En cuanto al tercer punto, la sujeción a los pastores legítimos, existe la correlativa obligación, para todo católico, de negar estar en comunión con unos cismáticos y herejes palmarios.
      La capciosa equivalencia intentada a base de comparar la situación actual con el gran cisma de Occidente, en el que durante 40 años, no se supo exactamente quién era el Papa legítimo, no se sostiene.

      Primero, porque los dos primeros criterios se mantenían,

      Segundo, porque estábamos en el caso de Papas dudosos, pero en modo alguno cismáticos o heréticos.

      Tercero, porque el resto de la jerarquía de Orden y de jurisdicción seguían existiendo, incluso cuando una u otra diócesis estaba siendo disputada entre dos titulares.

      Cuarto, porque todo el mundo estaba enterado de la especial situación en torno a los Papas, y todas las obediencias tenían una voluntad eficaz de poner los medios para acabar con esa trágica situación. Mientras que hoy, la casi totalidad de los fieles dizque “católicos” o bien niegan directamente que haya ningún problema respecto de esos criterios, o por lo menos, que sea siquiera posible poner en duda la legitimidad de los Pontífices conciliares. Incluso entre los que reconocen la ilegitimidad de los prelados conciliares, no pocos demuestran no tener ninguna prisa por solucionar ese estado anómalo.

      Por otra parte si lee la barra lateral del blog, verá esto:
      Ni alguien es cismático por negar la sujeción al Romano Pontífice por tener dudas sólidamente fundamentadas concernientes a la legitimidad de su elección o de su potestad” (DE LUGO, Disputationes Scholasticae et Morales, De Virtute Fidei Divinae, disp. xxv, sect. iii, nn. 35-8)

      “No se puede contar entre los cismáticos a quienes rehusan obedecer al Romano Pontífice por considerar su persona sospechosa o,teniendo en cuenta los rumores en circulación, de dudosa elección” (F.X. WERNZ P. VIDALl – Ius Canonicum, 7:398, 1947.

      En el cisma de Avignon no eran herejes ni cismáticos ni siquiera materiales, los que creían equivocadamente que obedecían al verdadero papa, y no lo era, que por otra parte tenía doctrina intachable y practicaba los verdaderos ritos católicos. Caso distinto es el de los papas conciliares de los que hay pruebas abundantes de su apartamiento de la Fe católica. Pero si alguien cree de buena fe, por su incapacidad para más, que no es así, con una ignorancia invencible, pertenece a la Iglesia. Sería dudoso de si pertence al cuerpo (leyes, etc…) o al alma de la iglesia, pero su salvación no está en cuestión. Esa es mi opinion pero el autor del comentario podrá contestar mejor que yo.

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  1. A quien planteaba el caso concreto de san Vicente Ferrer, yo le plantearía lo siguiente:

    Videtur:

    Puesto que para pertenecer a la Iglesia visible, hay que profesar la fe íntegra, es decir, todo lo revelado por Dios.
    Y constando sin sombra alguna de duda que la Concepción inmaculada de Nuestra Señora forma parte del depósito de verdades reveladas
    Los que en el siglo XV la negaban salían de la Iglesia visible.

    Sed contra:

    Para salir de la Iglesia visible, hay que conculcar alguna de las fronteras-criterios antedichos EN CUANTO SIGNIFICADOS POR LA IGLESIA.

    Pero consta que en el s. XV, la Iglesia aún no había precisado esa frontera, lo que sí hará en el s. XIX.

    Por lo que el católico que en 1855 hubiese negado el dogma susodicho, sí hubiera salido de la Iglesia visible, aun en el caso de tener esa posición inculpablemente y de buena fe.

    Lo mismo ocurre con el caso de Benedicto XIII-Luna. Había una comprensible divergencia de pareceres, sin ninguna decisión de la Iglesia que señalara frontera alguna, y coincidente con una verdadera voluntad de seguir adheridos al centro de la unidad del Cuerpo eclesiástico, la Santa Iglesia Romana. Por lo que cada una de las obediencias seguía representando la visibilidad de la Iglesia.

    Mientras que en nuestros días, la cosa es diferente, porque aquí sí tenemos una decisión de la Iglesia, que señala una frontera muy clara: Siempre ha sido enseñanza y práctica constante de la Iglesia que un cismático o un hereje no podía ser prelado legítimo. Esto se codificó definitiva e infaliblemente en la Bula de Pablo IV Cum ex apostolatus, que ordena que una vez manifiesta la herejía y/o cisma de los ocupantes de las sedes, o incluso la sede de Pedro, se separen los fieles de ellos, los tengan por ilegítimos, mientras hacen intención de someterse al Papa y prelados legítimos futuros.

    Por lo que quien sobrepasa esa frontera de visibilidad claramente trazada por la Iglesia debe saber que ha salido del cuerpo visible, con la misma seguridad que si yo traspaso la doble valla que separa Corea del Norte y Corea del Sur, sé lo que estoy haciendo, y no puedo mostrarme sorprendido si empiezan a dispararme…

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    • dice Fray Eusebio, sobre el dogma de la Inmaculada : “el católico que en 1855 hubiese negado el dogma susodicho, sí hubiera salido de la Iglesia visible, aun en el caso de tener esa posición inculpablemente y de buena fe.”, pues vaya, no sea tan pronto el fray para excomulgar a uno, la herejía presupone contumacia y porfiada negación del dogma definido, declarado y explicado, y seguramente no será eso que pinta para anatematizar ipso facto a uno y echarlo fuera de buenas a primeras, sólo al que adecuadamente corregido y con perfecto conocimiento persistiere en negarlo o en no afirmarlo como hace la Iglesia, nunca fueron los inquisidores del Santo Oficio tan drásticos y repentinos como aquí el amigo

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  2. Distingamos, de momento, sólo sobre la segunda conclusión de Fray como nota de la visibilidad:

    Sigamos para ello a Santo Tomás de Aquino:

    1º.- Es notorio que en el Canon Romano aprobado por San Pío V las palabras consagratorias no son exactamente las mismas que en todos los ritos aprobados por la Iglesia (antes de 1965); Cada uno de los 76 ritos aprobados, distintos del Clásico rito romano, tienen verdadero sacramento de la Eucaristía, aun cambiando la forma de la consagración del vino: Armenio, Copto, Etíope, Maronita, Caldeo, Malabar, etc. Es decir, usando las palabras de Fray Eusebio, serían cultos apostólicos también.

    2º.- Según el Aquinate la esencia de la forma del sacramento es ‘est enim Corpus meum’ e ‘est enim cálix Sanguinis me’i, es decir que éstas significan la conversión del vino en Sangre y aquellas significan lo propio . Las palabras Tomad y comed indican el uso de la materia consagrada, uso que no es necesario en este sacramento para que exista. Por tanto, tampoco estas palabras pertenecen a la esencia de la forma. Por otra parte existe presencia sacramental desde que hay consagración del pan. Sin embargo, dice San Tomás. puesto que el uso de la materia consagrada (tomad y comed) contribuye a la perfección del sacramento, en el sentido de que la operación no pertenece a la primera sino a la segunda perfección de la cosa, por eso todas estas palabras expresan toda la perfección de este sacramento. Por consiguiente, es necesario afirmar que si el sacerdote profiriese solamente las palabras referidas con intención de realizar el sacramento, lo realizaría, porque la intención haría que se entendieran como dichas por la persona misma de Cristo, aunque no se dijesen las palabras que preceden. Sin embargo, pecaría gravemente el sacerdote que realizase el sacramento de este modo, por no atenerse al rito de la Iglesia.

    En cuanto a la forma de la consagración del vino hay que decir, por tanto, que todas estas palabras (éste es el cáliz de mi sangre, del nuevo y eterno testamento, misterio de fe, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados) pertenecen a la esencia de la forma. Pero las primeras palabras: Este es el cáliz de mi sangre, significan precisamente la conversión del vino en la sangre.

    Aplicado esto a la forma usada para la conversión del pan y vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el Novus Ordo Missae, y prescindiendo para el presente asunto de la cuestión sobre la validez del nuevo rito de ordenación y de la intención del ministro, es decir, ciñéndonos a la sólo a la forma, me parece que, siguiendo a Santo Tomás, hay sacramento: Primero porque la forma de consagración del pan no ha variado, estoy refiriéndome a la Editio Typica en latín del nuevo rito, y al no haber variado hay presencia sacramental, aunque no se diese la forma adecuada en la consagración del vino, en cuyo caso pecaría gravemente el sacerdote. En cuanto a la validez de la forma de la consagración del vino, es más discutible al haberse suprimido ‘misterio de fe’ y haber cambiado alguna palabra, aunque no su significado.

    Ahora bien, si en cuanto a la forma de la consagración, según la Editio Typica, es bastante difícil de refutar, es precisamente en la intención dónde tiene su punto flaco; y esa intención se expresa externamente, ya que interiormente es difícil conocer, en el resto del rito y en la introducción del Missale; porque el culto debe ser reflejo de la verdadera fe católica.

    Una cosa es, pues, la imperfección del rito y otra cosa es la validez, es decir, que haya o no realmente sacramento; me parece que sólo se podría llegar a la declaración de invalidez o por la intención o por falta de ministro válidamente ordenado. La imperfección tiene como consecuencia el pecado de quien lo comete, pero no la falta de sacramento

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    • aberrante don Sofronio, limitar la validez del sacramento a dos palabras bien dichas es pretender burlarse del Espíritu Santo, y pensar que la consciente imperfección del rito no trasluce una imperfecta intención es reirse de todos nosotros, así que “La imperfección tiene como consecuencia el pecado de quien lo comete, pero no la falta de sacramento”, y además le parece que podrá consagrar una buena y válida eucaristía diciendo bien lo del pan y mal lo del vino, ahí queda eso, tendremos el cuerpo de Cristo pero no su sangre, si los artotiritas la daban con queso este la da con mojama, o con cecina, para no quedarse pez, aunque represente a Cristo, y atunes ya hay bastantes, “al no haber variado hay presencia sacramental, aunque no se diese la forma adecuada en la consagración del vino”, ¿a qué especie de monstruosa secta destructiva pertenece el quídam? probablemente a algún antro brujeril donde cumplen con decir las palabras mágicas y si fallan con un diablo vienen otros a suplirlo, les basta someterse al oscuro señor y padre de la mentira

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  3. Estimado Sofronio,

    mientras esperamos una respuesta más sabia de Fray Eusebio, quiero hacerle una pregunta.
    Ud. bien dice: ” Es notorio que en el Canon Romano aprobado por San Pío V las palabras consagratorias no son exactamente las mismas que en todos los ritos aprobados por la Iglesia (antes de 1965)”.

    Fíjese que Ud. se está refiriendo a aprobaciones hecha “por la Iglesia”, es decir, verdaderas Autoridades, verdaderos Vicarios de Nuestro Señor, con la infalibilidad prometida por Él y comprometida en las decisiones tomadas…

    Ahora bien: ¿quiénes eran Roncalli-Montini?
    ¿No había sido Roncalli defenestrado de la enseñanza por no sostener la doctrina de la Iglesia íntegramente? Luego, ¿su elección fue válida, ya que violó el requisito de fe ortodoxa?
    ¿Y no había sido Montini descubierto en su colaboración con el comunismo, y en su adhesión a posturas modernistas y echado de la Curia a Milán, con negación explícita del cardenalato? Y más aún, al constatar la negación rotunda del Magisterio anterior y las prácticas explícitamente condenadas en documentos de la Iglesia cercanos a su tiempo, ¿no es más que inválida su elección , y NULAS todas sus disposiciones y decretos?

    ¿De qué “aprobación de la Iglesia” estamos hablando con respecto al Novus Ordo y el haber tocado las fórmulas de la Consagración?

    Han obrado SIN NINGUNA AUTORIDAD valedera. Luego, todo lo hecho es INVÁLIDO.

    Y no deje, por favor, de lado el bochorno inaudito de la MENTIRA FLAGRANTE de Montini & co. con el cuento de la “consagración del Patriarca Maronita” en la consagración de obispos del rito latino. Si fueron capaces de semejante ESTAFA, hoy clarísimamente demostrada, es imposible reconocerles autoridad en nada de lo que han hecho…

    Ya esto solo prueba la estafa perpetrada. ¿Por qué esa insistencia en desmenuzar aspectos de un todo-falsificado?
    Nada de lo que han hecho es salvable, porque esta mentira del “Patriarca maronita” ha demostrado que eran ESTAFADORES-herejes-cismáticos.

    Ya es tiempo, me parece, de reconocer las cosas y de que esos que se han creído sacerdotes válidamente ordenados y han hecho piruetas mentales para salvar la situación, bajen la cabeza y busquen sinceramente ser ordenados como corresponde (o reordenados sub-conditione…)

    Dios lo bendiga.

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  4. Carissime Sofroni:

    Para que haya culto apostólico, que yo sepa, no sólo es necesario que existan las palabras consecratorias usadas en cada uno de esos ritos, sino todo el organismo cultual que forma un todo coherente.

    Pero puesto que desea limitarse a uno sólo de sus aspectos, tampoco me parece mala idea.

    Si le comprendo bien, parece afirmar que puesto que todavía sobreviven las palabras esencialísimas de la forma para la consagración eucarística, aún se confeccionaría el sacrificio, y esa Misa seguiría siendo válida.

    Es verdad que en la Editio Typica tertia, vienen las palabras pro multis, aunque luego se sigan traduciendo como por todos.

    Así que de momento, dejaremos de lado la cuestión de si ese por todos modifica el sentido de la forma hasta invalidarla. Nos atendremos al rito oficial en latín, para que nadie pueda alegar que sólo se trata de “abusos”.

    Cabe incluso la posibilidad de que pueda faltar el Mysterium fídei sin que eso implique necesariamente la invalidez. Un sacerdote, prisionero de sus perseguidores, y que dispusiera de sólo unos segundos para consagrar y comulgar, podría consagrar con sólo Hoc este enim corpus meum y Hic est enim calix sanguinis mei…

    Claro que está citando a santo Tomás, que da por supuesto que nos situamos en el seno del rito romano, y no del rito montiniano.

    Porque como dice, probando o suponiendo que las palabras son suficientes para la validez, aunque imperfectas, y no siendo nuestra intención suponer un ministro inválidamente ordenado, sólo nos quedaría examinar un posible defecto de intención.

    Pero como sabe, ésta puede ser de dos clases: La intención objetiva, expresada por el rito mismo, y que debe coincidir exactamente con la intención de la Iglesia para confeccionar válidamente el sacrificio-sacramento.

    Y la subjetiva del ministro. Respecto de esta última, y para ser más favorable a su tesis, supongamos que estamos ante, pongamos, un santo sacerdote cartujo, que lleva ofreciendo fervorosa y piadosamente el sacrificio de la Misa desde hace 60 años, con toda la intención tradicional, pero a quien han mandado celebrar ocasionalmente con el rito montiniano. (Más garantía, imposible).

    Según Ud, esa Misa no podría ser sino válida.

    Otra cosa, sin embargo, decidió la Iglesia, en un caso parecido, el de los anglicanos, que pretendían que su Ordinal había sido corregido en sentido católico, por lo que era capaz de ordenar válidamente obispos y sacerdotes.

    León XIII, en Apostolicae Curae, declaró oficial e infaliblemente que esas órdenes eran sistemáticamente inválidas por defecto de intención en el propio rito, es decir, que fallaba la intención objetiva, expresada en el rito mismo.

    “…si el rito [en este caso, de la Misa y la Sagrada Eucaristía] se cambia, con la manifiesta intención de introducir otro rito no aprobado por la Iglesia y de rechazar lo que la Iglesia hace, y lo que por institución de Cristo pertenece a la naturaleza del Sacramento, es entonces claro que no solamente falta la intención necesaria al sacramento, sino que la intención es adversa y destructiva del Sacramento.”

    Y es que en el caso del sacerdote perseguido, aunque físicamente no cumpla todo el rito que da su pleno sentido católico y significado preciso a la doble consagración, vienen supuesta por el rito al que pertenece ese sacerdote, por el rito que celebra normalmente, siempre que ese sacerdote no añada algo de su propia cosecha de donde se pueda ver que intenta introducir un rito nuevo ajeno a la intención de la Iglesia.

    Pero tanto en el caso anglicano como en el montiniano, la razón de haber suprimido sistemáticamente las oraciones y ritos inequívocamente católicos, y haberlos sustituido por ritos y fórmulas caracterizadamente ajenas al sentir católico, con el fin convicto y confeso de evitar precisamente lo enseñado por la doctrina católica, y acercarse a las concepciones protestantes, así como a la “mentalidad moderna” eividencia que se ha introducido una contra-intención en el rito. Y esa intención, en palabras del mismo León XIII, es adversa y destructiva del sacramento.

    Incluso si se utiliza el Canon Romano, tal como viene en el Misal de san Pío V, con las mismas palabras de la Consagración, con toda la apariencia tradicional, versus Deum, en latín, etc… Si el resto del rito, y en primer lugar el Ofertorio, siguen siendo el de Bugnini-Montini, continuaremos teniendo una contra-intención explícita que invalidará radicalmente esa “Misa”.

    Y es que esto ya ha pasado. Durante las primeras décadas de la falsa Reforma luterana, en muchos lugares de Alemania, se siguió celebrando la Misa en latín, con ornamentos y ritos, de manera muy parecida a como se había hecho siempre, “para no escandalizar a los pobres de espíritu que no podrían aguantar la perfección de la reforma”, como decía Lutero.

    En aquellas partes que eran silenciosas, y que el pueblo no oía, introdujeron modificaciones subrepticias, que vaciaban de sentido el Ofertorio, y el mismo Canon, aunque aparentemente todo seguía igual, y con las palabras de la consagración en su sitio.

    Algo parecido se está cocinando actualmente en ciertos antros vaticanos: La “reforma de la reforma” propuesta por Benedicto XVI está suponiendo que en breve se imponga un nuevo Misal híbrido, muy parecido al de san Pío V, pero con las innovaciones esenciales del de Pablo VI.

    Con lo que hará el engaño mucho más peligroso, ya que vendrá disfrazado con todos los ornamentos de la tradición.

    No hace otra cosa que imitar a los High Churchmen de la Inglaterra de los siglos XVII-XIX, que recrearon casi todo el suntuoso ceremonial del rito de Sarum, pero aplicado sobre la estructura herética y totalmente inasimilable del Book of common prayer del arzobispo Bugnini (¡Gosh, excuse me, I mean, Cranmer!).

    Ésto, simplemente estudiando el rito en sí, ni siquiera nos hemos referido a la intención explícita en sus propios documentos de aquellos que nos impusieron el engendro cismático y herético precocinado en ciertas criptas benedictinas como las de María Laach, (Con Dom Odo Casel y su teoría representativa del Misterio Pascual), o la de Chevetogne (creación de un Dom Baudoin perfectamente al tanto de las experiencias anglicanas), por no hablar de la de Sant’ Anselmo, hogar de invertidores y subvertidores mucho antes del Concilio.

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  5. Estimados Adversus Haereses y Fray Eusebio:

    En primer lugar para Adversus Haereses:

    Los ritos y las fórmulas de la consagración que cito ( un resumen de 76) resumidos en esos pocos ejemplos son considerados válidos mucho antes de que apareciera el modernismo en los documentos de la Iglesia. He puesto la fecha de 1965, sólo para indicar que tal validez nada tiene que ver con el CVII,ni con sus fautores cuando aún estaban en el seminario; ni tampoco con la mentalidad modernista introducida en la Iglesia muchas décadas antes.

    He planteado el asunto desde un punto de vista formal, para evitar tropezar, de esta forma, con aquello que nos separa; pues si se tropieza permanentemente en nada ayudará a profundizar en los temas. Por eso he extraído de de la discusión la validez de las ordenaciones, ya discutida muchas veces en este mismo block. En fin, si todos estamos de acuerdo ¿cómo podemos ejercer la materia gris? Digamos que yo quiero cumplir, en parte, el papel de quien pone las objeciones tan habituales en la escolástica; y no es que sean artificiales, sino que para llegar a ciertas conclusiones de gravedad creo que es bueno, al menos para mí, siempre distinguir e ir a las esencias de las cuestiones, dentro de las limitaciones que tengo, claro está.

    Para que observe las diferencias le cito la forma de la consagración del vino, haciéndole notar que sobre la consagración del pan no hay ninguna diferencia entre los 76.

    Bizantina: “esta es mi Sangre del Nuevo Testamento, la cual es derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados”.

    Armenia: “Esta es mi Sangre del Nuevo Testamento, la cual es derramada por vosotros y por muchos para la expiación y el perdón de los pecados”.

    Copta: ” Porque esta es mi Sangre del Nuevo Pacto, la cual será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados”

    Etiope: ” Esta es mi Sangre del Nuevo Pacto, la cual será derramada y ofrecida para el perdón de los pecados y la vida eterna de vosotros y e muchos”

    Maronita: Igual que el rito romano

    Caldea: Esta es mi sangre del Nuevo Pacto, el misterio de la fe, que es derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados”

    Malabar: ” Porque este es el cálizliz de mi Sangre del Testamento Nuevo y Eterno, el Misterio de la Fe, que es derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados”.

    Nótese que la única variación significativa es respecto a las palabras Mysterium Fidei. El resto de variaciones menores es comprensible porque los Apóstoles establecieron la Misa separadamente allí donde fueron enviados.

    Nótese también que las palabras ‘Mysterium Fidei’ fueron agregadas por los apóstoles y que aunque no aparecen en los Evangelios ni en San Pablo, son de Tradición Apostólica.

    Sobre el triple sentido de la fórmula ‘Mysterium Fidei en el Canon sería apropiado hablar, aunque aquí para no hacer demasiado largo este comentario, por lo que lo dejaré para algún otro artículo más ceñido y no tan general. Debe tenerse en cuenta, que aunque muchos de esto ritos han sido aprobados por la Iglesia hace siglos, pertenecen, algunos, a comunidades que durante siglos fueron cismáticas y luego retornaron, por lo que no había comunicación entre Roma y ellas, lo que explican tal vez que no aparezca el ‘Mysterium Fidei; provienen, por lo tanto, de algunas iglesias que siguieron profesando el arrianismo y las más, de las que durante largo tiempo profesaron el monofisismo, aunque no todas provienen del ex cismáticos o ex heréticos.

    Por último, nótese que el pro multis ( por muchos) aparece en todos los ritos y como hace referencia no al uso, sino al poder de la esencia sacramental (Esta es mi Sangre) es un predicado de la misma, y por lo tanto no se puede obviar ni cambiar, porque cambiaría el sentido.

    Para Fray Eusebio:

    Me alegro que aporte sus conocimientos en los términos a los que he querido ceñir mi comentario. En efecto, el asunto de la validez del sacramento, en el Novus Ordo, no se puede decidir desde las formas de consagración (al menos que se pueda profundizar más; puede, sólo puede, que la triple explicación del Mysterium Fidei ayude): Creo entender que en esto concordamos básicamente; por lo que sólo es abordable la cuestión desde la intención o desde la validez de la ordenación; como en el tema de la validez confieso deficiente arte para poder aportar algo serio salvo generalidades, y todo mi conocimiento se debe a los documentos aquí publicados que aún no he podido pensar, prefiero centrarme en el tema de la intención que usted mismo aborda. En este aspecto, creo que se puede matizar, distinguir y profundizar aún más, aunque lo haré, Dios mediante, luego de repensar y contratar el asunto, lo que me pude llevar un día o dos, si Dios lo quiere.

    Desde luego hablamos siempre de la Editio Typica, que es lo que se debe hacer en todo debate que desee llegar a lo más profundo de las cuestiones; puesto que abusos puede haber en cualquier rito,y de hecho los ha habido y desgraciamente los habrá en la Misa de San Pío V; pero el abuso personal nada dice de la sacralidad del rito tridentino, sino del pecado del sacerdote que abusa de lo santo.

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  6. Estimado Sofronio,

    le agradezco la explicación que me da acerca del objetivo de su comentario.
    Comparto con Ud. la necesidad de ejercitar la “materia gris”, y realmente me parecen muy valiosos sus comentarios y el conocimiento que demuestra.
    Pero me parece también que la situación en la Iglesia (y en las almas) es tan, pero tan grave, que plantear discusiones en torno a la validez de distintas fórmulas, reconocidas y aceptadas EN SITUACIONES NORMALES de la Iglesia (es decir, cuando había autoridades reales) y como si no existiera la comprobación del fraude del “Patriarca maronita” (la verdad, de antología …) que invalida la consagración de obispos del rito latino, la de sacerdotes “ordenados” por aquéllos y cualquier Misa que éstos pudieran decir, me suena a estar disputando acerca de la cantidad de ángeles que cabrían en la cabeza de un alfiler…
    No es mi intención ofenderlo con esto, ni mucho menos. Sólo es impotencia ante el estado de indefensión de la mayoría de los pobres fieles que, sin el resguardo de los conocimientos teológicos y filosóficos que Ud. y otros poseen, no pueden darse cuenta del veneno que les han mezclado con las verdades de la Fe y no hay quien los defienda diciéndoles claramente, por todos los medios posibles, que NO SE DEBE ESCUCHAR NADA QUE VENGA DE ROMA DESDE EL CVII PORQUE LA SEDE ESTÁ USURPADA…

    Ésto solo basta para que los simples tomen nuevamente el Evangelio, el catecismo y pongan a salvo su Fe.
    Y los “no-simples” examinen su conciencia, vean la gravedad del daño que han hecho con su silencio y tengan la oportunidad de arrepentirse y reparar, antes de que venga el Señor en su Parusía.

    Dios lo bendiga.

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  7. CON ´Respecto a la VISIBILIDAD DE LA IGLESIA, me permito comentar, que no entiendo cómo a ALGUNOS QUE SE OPONEN A LA SEDE VACANTE POR ESTE HECHO, les es posible ver en la usurpadora la Iglesia crucificada, como su Maestro (blasfemia en tanto que El Muere por SALVARNOS Y EL ES Inmaculado y PERO SU Esposa también, en tanto la que ellos creen ser la verdadera muere por su pecado) no pueden entender que si va a seguir a su Maestro en todo,TAMBIEN VA A SER SEPULTADA, ella ha caminado humilde hacia las catacumbas, su propia tumba, que la mantiene invisible al mundo, pero VISIBLE PARA DIOS.
    Y MEDIANTE ESTA PURIFICACION PERSECUCIÓN hasta ahora incruenta,
    Dios y sólo EL la hará podramos cantar el Aleluya de las Bodas del Cordero
    «¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios, 2porque sus juicios son verdaderos y justos; porque ha juzgado a la gran Prostituta que corrompía la tierra con su prostitución, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos».

    3Y por segunda vez dijeron:

    — «¡Aleluya! Su humareda se eleva por los siglos de los siglos».

    4Entonces los veinticuatro Ancianos y los cuatro Vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, diciendo:

    — «¡Amén! ¡Aleluya!»

    5Y salió una voz del trono, que decía:

    — «Alabad al Señor, sus siervos todos, los que le teméis, pequeños y grandes».

    6Y oí el ruido de muchedumbre inmensa y como el ruido de grandes aguas y como el fragor de fuertes truenos. Y decían:

    «¡Aleluya! Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. 7Alegrémonos y gocemos y démosle gracias, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha embellecido 8y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura -el lino son las buenas acciones de los santos-».

    9Luego me dice:

    — «Escribe: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero».]

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