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¿ LOS ÁNGELES SUPLEN ?


El siguiente es un comentario de “frisgo” pero que podría muy bien serlo de cualquier alma atribulada ante la situación de la nueva iglesia. Las dudas y el dolor ante las nuevas misas son un denominador común de muchos fieles devotos de buena voluntad. Están perplejos.  Incluso se “envuelven con la manta en la cabeza” y piensan que los ángeles suplirán y añadirán lo que falte.

Este último pensamiento no podía quedar sin respuesta. Esta es una que ha venido a enriquecer  los comentarios habituales del blog y que le doy paso entre las entradas, a continuación del comentario de frisgo.

Dice frisgo:

Lo cierto es que es una dura prueba. Desde mi ventana se ve el campanario y se escuchan las campanas. Sin embargo, dejé de ir a la iglesia cuando calibré la posición del párroco, para quien la Iglesia está ahora en el mejor momento de toda su historia… Uno incluso estaría dispuesto a pensar que el tal párroco es probablemente un cínico redomado que se burla así de los católicos afligidos, en lugar de un ignorante de ignorancia insondable. Pensé en una primera fase que asistir a la Misa con devoción y hacer un esfuerzo de paciencia sería un ejercicio de humildad, de lo que siempre estamos faltos. Para ello, me fijaba en cierto feligrés, de unos 70 años, que asistía siempre con extraordinaria devoción, y comulgaba de rodillas, con cierta dificultad eso sí, porque lo último en que pensaba el párroco era en colocar un comulgatorio y facilitar así la devoción y reverencia debida a la Eucaristía, y cumplir de paso con una elemental consideración, cortesía y caridad cristiana para con un hombre tan devoto. Pero luego comprobé que iba más allá de mis fuerzas pasar ese tiempo sagrado en tensión, esperando el momento en que el neocura infligiese algún daño más o menos grave a la doctrina. Finalmente, algunos detalles me alejaron definitivamente. El despliegue de pantallas de vídeo en el templo, la forma de vestir totalmente laica del neocura y su empeño en borrar todo rastro de la antigua dignidad del sacerdocio (“llamadme Chimo”, se presentó) me alejaron definitivamente. Desde entonces he asistido a un par de misas, y he comulgado un par de veces, siempre con prevención.

Me entristece oír las campanas en el domingo, y entonces me asaltan las dudas. Dudas que someto a la consideración de los comentaristas habituales. Porque hay personas devotas, a las que atribuyo gran intuición teológica, que afirman que la neo-iglesia puede corromperlo todo, pero que la majestad, excelencia y carácter divino de la Eucaristía es intocable para estos malvados, que Dios no lo permitiría. Y aducen también que, según una visión de Catalina Emmerich, los defectos de la Misa, son siempre suplidos por un Ángel que añade lo que falta a todo aquello deforme y feo, para que las oraciones no se pierdan…

Ciertamente, se puede razonar con frialdad y rechazar taxativamente este simulacro de Misa. Pero también es cierto que para alguien que busca a Dios y sufre por la Iglesia no es fácil razonar con frialdad. En verdad es un alivio saber que ya en Trento se consideraron los Sacramentos de deseo. Sin embargo, me agradaría mucho leer más opiniones.

Respuesta de Fray Eusebio de Lugo:

Muy estimado Frisgo:

Su experiencia ha sido y es todavía la de numerosísimos católicos a través de todo el mundo, ciertamente dolorosa como pocas, y conformadora de un verdadero martirio interior tanto más difícil de llevar cuanto menos comprendido hasta por aquellos de los que esperaríamos ayuda.

Respondiendo a sus dudas, me temo que los que afirman que dentro de la neo-iglesia pueden encontrar todavía una verdadera Eucaristía agradable a Dios y en la que pueda participarse sin angustias de conciencia se equivocan.

Esa visión de la V. Ana Catalina Emmerich se refiere al sacrificio eucarístico ofrecido por verdaderos sacerdotes católicos, en comunión con los pastores legítimos.

Lo que veía esta gran santa es la sublime santidad y extremo cuidado interior y exterior con el que siempre debería ofrecerse, y que muchas veces dejaba que desear en sus oficiantes.

El sacrificio se realizaba, incluso por manos indignas, pecadoras, traidoras, etc…y a pesar de las negligencias no sólo de los clérigos, sino también de los laicos asistentes, o que hubieran debido asistir, pero rechazaban la divina invitación.

Todos esos defectos eran reparados por los ángeles, y los méritos y oraciones de los santos, invisible pero muy realmente presentes durante la celebración de cada Misa.

Pero importa recordar que por muy defectuosa que fuera su celebración y asistencia, esa era siempre una Misa verdadera, ofrecida según el rito elaborado por el Espíritu Santo y sancionado por la Iglesia infalible, oficiada por un sacerdote válidamente ordenado, en unión con el Papa y el ordinario legítimos.

En la Iglesia de la que Ud. oye las campanas, la situación es toto coelo diferente:

– La Misa ha sido sustituida por una blasfema y sacrílega falsificación, vivo retrato del sacrificio de Caín, que no sólo no aplica las gracias merecidas por el sacrificio de la Cruz, sino que clama venganza ante el trono de Dios.

– Suponiendo que aún se usara el rito tradicional, como lo hacen los institutos Ecclesia Dei, o un número creciente de clérigos conciliares, nos encontraríamos con otro problema: Los ordenados con el rito sancionado por Pablo VI el 18 de Junio 1968 son sacerdotes inválidos, que en modo alguno pueden ofrecer ese divino sacrificio, sino un mero simulacro incapaz de cumplir los fines de toda Misa.

Suponiendo que fuera celebrado por un sacerdote más mayor, y de ordenación indudablemente válida, aún habría que ver si tiene siquiera conciencia e intención, al menos virtual, de estar ofreciendo un sacrificio de propiciación, visto el intenso y prolongado lavado de cerebro al que han sido sometidos los sacerdotes por los revolucionarios conciliares desde hace decenas de años .

Por último, y resuelto todo lo anterior, nos quedaría la importantísima cuestión del Una Cum, es decir, que toda Misa, para poder ser agradable a Dios, y ser reconocida como legítima ofrenda de la Iglesia, debe ser ofrecida en unión con los pastores legítimos, Papa y obispo diocesano.
No teniendo hoy día ni lo uno ni lo otro, se debe ofrecer en unión con los Apóstoles, y con los futuros Papas y demás pastores que Nuestro Señor dará a Su Iglesia, en tiempo oportuno.

Y sobre todo, se debe evitar introducir el nombre de los evidentes usurpadores que sin ningún derecho ocupan las sedes del orbe católico.

Por cierto, que incluso resolviendo todo lo anterior, debemos tener en cuenta que nuestras iglesias han sido profanadas por el uso de un rito nefando como lo es el del invertido Montini, y es mandato constante de la Iglesia que no debe ofrecerse sacrificio tan santo y venerable en lugares infectados, hasta que éstos no hayan sido reconciliados, y en muchos casos, directamente exorcizados y vueltos a bendecir y consagrar.

Esa ha sido siempre el comportamiento de los católicos.

Debemos estar siempre dispuestos a aceptar la voluntad de Dios, también en las circunstancias penosas, entre otras cosas, porque nuestra perseverancia en tiempos de aflicción es un testimonio de gran valor ante Dios, que contribuye a reparar muchas negligencias, nuestras o de otros, cometidas quizás en tiempos en que teníamos tal abundancia y facilidad de cosas sacras, que ya no las estimábamos ni tratábamos como era de razón y justicia.

Pensemos en lo que leemos en la Sagrada Escritura, (Dan. 6.10), en donde vemos que el profeta Daniel oraba tres veces dirigiendo su rostro hacia el Santo Templo donde residía la Presencia de Dios, igual que nosotros lo podemos hacer, enderezando nuestro deseo y voluntad hacia los lugares conocidos por Dios en que aún se le ofrece un sacrificio santo y agradable a Sus ojos.

O en ese personaje del Antiguo Testamento, cuyo nombre no logro recordar ahora, que vivía en el Reino del Norte (Israel), Reino cismático que se había apartado del verdadero culto de Dios en el Templo de Jerusalén, por culpa de los malos reyes. Él solo iba en peregrinación varias veces al año al Templo de Jerusalén, aunque eso le valiera las persecuciones, risas y desprecios de todos sus conciudadanos.

¿No imitaremos a los católicos ingleses, que debieron apartarse de sus venerados monasterios, iglesias y catedrales, en los que hasta ayer habían consumido buena parte de su existencia, y celebraban Misa en su casa, con riesgo de ser colgados, abiertos en canal y destripados?

¿O a los católicos franceses de los tiempos de la Revolución, que rehusaban asistir a la Misa del cura intruso partidario de la nueva iglesia constitucional cismática, y se reunían en lugares apartados para tener Misa a lo mejor una vez al año, o menos? [Véase la entrada Áurea Regla de conducta ]
De ahí salieron santos como el famoso Cura de Ars.

Esas son las circunstancias que nos han tocado. Son penosas, pero muy gloriosas. Si sabemos aprovecharnos de ellas para crear en nosotros las disposiciones pretendidas por el Espíritu Santo, y recrear a su debido tiempo las instituciones eclesiásticas y temporales que otros dejaron perder, las bendeciremos por toda nuestra eternidad.

Entre otras razones, porque nos obligan a sacudirnos de encima la rutina y pereza que siempre nos amenaza, y volver a reestudiar y profundizar en todo aquello que Nuestro Señor nos entregó, en las tan numerosas y profundísimas razones que hacían que la Iglesia las hubiera sancionado, codificado para siempre exactamente así, por mucho que ciertos falsos eruditos pretendieran encontrar en las instituciones, enseñanzas, ritos, costumbres, tradiciones y mandatos de la Iglesia todo tipo de corrupciones, abusos, oscuridades y defectos.

Si somos capaces de volver a crear en nosotros el verdadero espíritu católico y eclesiástico del que estuvieron llenos los santos y doctores que fundaron y reformaron nuestras iglesias y nuestras naciones, tal vez podrá el Señor, el día de mañana, hacernos servir para la restauración de Su Iglesia, en que ésta brillará con una luz y una fuerza extraordinaria, una vez pasado el eclipse actual. El momento para prepararse es ahora, luego, quizás sea tarde.

Y aun si bebiéramos dejar este mundo antes de ver el anhelado triunfo, nuestros dolores y nuestros deseos no habrán sido vanos, porque pesados en la justísima balanza de Dios, habrán propiciado muchas gracias muy necesarias a los llamados a esa obra. Muchos vivirán gracias a las joyas que sin nosotros advertirlo, haya creado el divino joyero en nuestras almas.

Así como los 300 espartanos estaban seguros de que jamás volverían a ver su casa y familia, y sin embargo perseveraron, porque sabían que su sacrificio daría la vida a su pueblo, incluso muchos años después de muertos ellos, mucho más seguros estamos nosotros de que el menor de los deseos suscitados en nuestros corazones por el Espíritu Santo a través de nuestra presente situación sostiene al mundo, y contribuye a preparar una inimaginable cosecha.

Las santas vírgenes y mártires iban, como santa Cecilia, cantando al martirio, porque sabían que con su virginidad y su sacrificio, engendrarían una multitud de hijos espirituales.

¿Cuántas, como Catalina, la de Alejandría, Bárbara, de quién se ha hecho recientemente una película, o Filomena, la prodigiosa santita del Cura de Ars, dejaron alegremente todo lo terreno, hasta la diadema imperial, y siguen fecundando la tierra y suscitando maravillas en las almas?

A nosotros se nos pide infinitamente menos…No somos los primeros, no seremos los últimos.

El Señor es mi pastor, nada me falta…

Si de algo puede servir la experiencia del que ésto escribe, diré que las dificultades presentes han sido una gran bendición. De no haberlas conocido, ¿Quién sabe en qué abismo de corrupción, herejía, vicio o negligencia pudiera haberme visto?

De todo lo más despreciado y atacado hoy en día, se ha podido hacer trampolín para mejor estudiarlo, conocerlo, amarlo, reverenciarlo y defenderlo.

Sólo con un poquito de Fe, ¿Quién me impedirá adorar a mi Señor eucarísticamente presente en algún remoto y lejano sagrario en que todavía se halle realmente presente?

Así lo hicieron los santos cartujos durante siglos, en que edificaron en el ábside de sus iglesias unas capillas eucarísticas de insuperable y maravillosa belleza, profundidad teológica y simbólica, en que el Señor se mantenía presente, aunque pocas veces a lo largo de la semana pudieran hallarse físicamente presentes en ellas, puesto que su Regla los obliga a guardar la celda. Con los ojos de la Fe y el amor del corazón, estaban sin embargo espiritualmente siempre presentes delante de su Señor sacramentado, adorándolo desde su celda, sin que unas pocas paredes supusieran algún obstáculo, más bien al revés, acicate para la piedad.

¿En qué situación se encontraban muchos de los primeros monjes, como san Pablo el ermitaño o san Antón el de Egipto? Muchos meses podían transcurrir en la áspera soledad del desierto sin que pudieran alimentarse del pan eucarístico, sostenidos casi únicamente por el incesante canto o repetición silenciosa de los salmos, o la invocación del Nombre de Jesús, sin que ello les impidiera vencer a los ejércitos de demonios que aún poblaban los impresionantes monumentos erigidos en honor de los falsos dioses de Egipto.
Y sin embargo, en espíritu, se unían al Oficio Divino y Misa oficiados por sus patriarcas, Atanasio, o Cirilo de Alejandría, desde su cátedra, o desde el exilio…

Nosotros, que hemos tenido la gracia de nacer en países de antigua cristiandad, beneficiamos de todas nuestras iglesias y monasterios, en los que, como veía con toda claridad Ana Catalina, persevera la presencia de todos los ángeles, los santos y las Benditas almas del Purgatorio que en ellas adoraron a Dios a través de los siglos. Y esa presencia es mucho más real eficaz que la nuestra física.

Ellos siguen todavía oficiando la liturgia que los clérigos de la tierra han abandonado casi del todo.

Cuando me encuentro en ellas, por ejemplo en sus sillas de coro, hoy perpetuamente vacías, sé con toda certeza que no estoy solo, y que rezando el mismo oficio que ellos, me acompaña esa multitud incontable de antecesores, que reparan lo que yo no puedo hacer…

Ante sus altares, sobre todo si aún están en su sitio, y nunca se ha celebrado en ellos la infame parodia del NOM, puedo unirme a las misas que durante siglos se han dicho en ellos devotamente.

¿ LOS ÁNGELES SUPLEN ?

Punto esencialísimo, gracias a Dios, y a pesar de las destrucciones de los liberales reliquias2y comunistas, todavía persevera en nuestras iglesias un enorme tesoro de santas reliquias, cuyos dueños me están tan presentes, que si alguno se me apareciera visiblemente, me atrevo a decir que no me sorprendería

Todavía tenemos las santas imágenes de Nuestra Señora, y de otros santos, los cuerpos de muchos de ellos,

y señaladamente, los de los mártires de nuestra última guerra, que precisamente como sostén nuestro y de España toda fueron consentidos por Dios.

Nada de todo esto tuvieron los kakure kirisitan del Japón, que quedaron aislados del resto del mundo, sin sacerdotes, ni casi sacramentos salvo el bautismo y el matrimonio, sometidos a severa persecución, y fueron capaces de resistir desde el S. XVI hasta el S. XIX.

 

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5 replies »

  1. Estimado moimunan: he contestado a Fray Eusebio en la entrada anterior, justo antes de leer ésta. Inserto aquí de nuevo mi contestación a Fray Eusebio para que las tres entradas (mi planteamiento inicial, la respuesta de Fray Eusebio y mi contestación) estén bajo la misma entrada.

    Saludos.

    Muy estimado Fray Eusebio:

    le agradezco de todo corazón sus palabras, que tendré a mano para cuando vuelva la flaqueza. Es bueno tener hermanos de la fe, más sabios y robustos que uno mismo, ya que la luz de la Iglesia parece completamente oscurecida. Es verdad que los católicos de hoy todavía no hemos de soportar nada, en comparación con lo que se ha soportado en el pasado. Pero también es verdad que siempre se supo que en Roma brillaba una luz que no se extinguía, y que los pueblos, aún paganos, no se habían apartado en exceso de la Ley Natural. Hoy estamos privados de la luz de Roma, en sociedades absolutamente impías, sumergidas en un ruido ensordecedor y, como se lee en esta misma entrada, en medio de una Gran Apostasía irreversible. Todo es desorden, caos y, detrás de la abundancia material y de los infinitos entretenimientos modernos, sufrimiento: casi cuatro mil españoles se suicidan cada año; casi la quinta parte sufre depresiones; cerca de ochenta mil personas hay en las cárceles, lo que es diez veces más de lo que había hace pocas décadas. Al desorden social se une el desorden material: todo alrededor es feo; hay desperdicios en todas partes. En mi infancia jugaba en un río, del que podía beber agua sin preocuparme, y coger peces y cangrejos, y bañarme. Pero eso no es nada comparado al desorden espiritual, que contemplamos en el arte, en las letras, en la música y, sobre todo, en la desorientación de pequeños y grandes. Ya no se reconoce la ley natural, no se reconocen los derechos de Dios, no se reconocen los deberes para con uno mismo. Uno tiene con frecuencia la sensación de estar rodeado de ciegos abismados en una oscuridad espantosa en la que ya no puede discernirse el bien del mal, lo justo de lo agradable, lo honorable de lo útil, lo correcto de lo conveniente o placentero. Han desaparecido los oficios, y así los padres no tienen nada que enseñar a sus hijos, que están cada vez más a merced de un Estado policiaco manejado por fuerzas malignas, y eso los niños que aún tienen padres. Muchos han conocido ya una madre y varios “padres”, o viceversa. Pasan largas horas en colegios e institutos que son como cárceles (ahora hay colegios donde es precisa una tarjeta especial para ir al aseo). Si salen a la calle, los padres están atemorizados, y han de extender la vigilancia. No es de extrañar que en ciudades pequeñas, como la mía, haya unidades de psiquiatría infantil. Qué espanto.

    Y todo ello advino como un ladrón, en una fracción de lo que es una vida. Vino porque las fuerzas del mal no descansan y porque la inteligencia del demonio excede a la inteligencia humana, y porque éramos un pueblo aún inocente, en cuya cabeza no cabían conceptos como los de triturar niños y arrojarlos por el desagüe, pero que ya estaban siendo afilados por los malvados, preparados para inocularlos en las conciencias.

    A muchos les sucedió lo que a mí: nacimos en una sociedad agraria, donde aún pervivían valores católicos, y despertamos al mundo en el momento en que los malvados hacían su desembarco con toda clase de engaños y argumentos especiosos. En el momento en que salimos del campo, hicimos estudios, prosperamos en lo material y así avanzamos ciegamente durante unas cuantas décadas, hasta que el Señor quiso quitarnos la venda de los ojos y se nos hizo evidente todo el mal que había sobrevenido (y que habíamos traído). Y entonces quisimos volver a la Iglesia buscando la luz. Pero ya no había sacerdotes, ya no había doctrina. Estaba todo descompuesto y embozado por la misma marea que nos arrastró a nosotros.

    Ahora es el momento de sufrir, de rezar y de esperar. Y en esa espera a veces sobreviene la debilidad y las dudas, y es por eso bueno, como empezaba diciendo, tener hermanos más sabios y más fuertes.

    Gracias.
    frisgo.

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  2. Muy estimado Fray Eusebio mi situación es un poco diferente a la de Frisgo, pero igual angustiante.
    Sucede que hace un mes he tenido que salir de mi ciudad donde contaba con la Santa Misa de Siempre, a causa de una enfermedad de mi papá, (por quien pido sus oraciones) tuve que trasladarme a donde ellos viven, no puedo ir al pueblo más cercano donde se que hay misas no Una Cum, porque mis padres me requieren en todo momento, por lo que no puedo alejarme, pero los domingos tengo que acompañar a mi madre a su Misa dominical y eso me angustia pues pudieran pensar ellos y los que me rodean, que he bajado la guardia, que he claudicado, o que da lo mismo asistir a esa Misa que a la Verdadera, y aunque me limito a reparar, me angustia a veces la pregunta y ¿si estuviese aquí y yo le despreciara?, ¿acaso solo es soberbia lo que te mantiene en esta posición?, mira toda esta gente son gente de bien, que te hace suponer etc. etc. etc. eso me desgarra el corazón.
    No comulgo obviamente, porque se QUE EL ME OBSERVA y no QUIERO TRAICIONARLO, y aunque elevo mi corazón hacia el Señor para recibirlo espiritualmente, cuando llega la Eucaristía, mi madre siempre me pregunta, ¿no vas a comulgar? sufro por que se que ella sufre, sufro porque no comulgo, sufro porque ella es mucho mejor persona que yo, y por ello tengo la tentación de hacerlo y me detengo solo por ser fiel a Cristo y a lo que creo sucede y he expresado en este foro.
    ES terrible.
    Quiero ser fiel hasta la muerte y sin embargo estas pequeñas pruebas me confunden
    Si no acompaño a mi madre a la Misa voy contra la caridad. Si la acompaño ¿que?.
    Dios tenga misericordia y me mantenga fiel. Porque lo temo todo de mi pero lo espero todo de su Infinita Misericordia

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  3. Muy apreciada Adri:

    Siempre es delicado formar una opinión sobre lo que otra persona debería hacer o no, pero intentaré ayudar en lo posible.

    En primer lugar, agradecerle y felicitarla efusivamente por sus esfuerzos en cumplir los deberes que la piedad y amor filiales exigen de cada uno de nosotros. El cuidado dulce y cariñoso que Ud. dispensa a sus padres no puede ser más que muy agradable al Señor.

    No sé exactamente lo que las personas que le rodean cuando acompaña a su madre saben o no de su posición, y sobre todo, de las razones profundas que la inspiran, pero tendería a pensar que no importa demasiado lo que otros piensen de nosotros, siempre habrá quien opine demasiado rápido, sin saber, ni tener ganas de ello. Sin duda sabrán que la razón principal de su presencia es el cumplimiento de su deber, y si piensan otra cosa, sólo estarán demostrando que su opinión carece de importancia.

    Ud. hace bien acompañando a su madre, asistiendo sin participar activamente ni comulgar. como en algunas ocasiones, se vieron obligados a hacer los católicos en muchos lugares de Francia, Alemania, o Irlanda, en que estaban muy mezcladas las poblaciones católicas y protestantes, teniendo que compartir a veces hasta las mismas iglesias, la parte más cercana al ábside, para los católicos, y la más cercana a la puerta, para los luteranos. La Iglesia comprendía su situación, y no condenaba ese comportamiento, impuesto por las circunstancias.

    No tema estar despreciando la presencia de Nuestro Señor. Él sabe perfectamente de sus motivos, y sobre todo, como alguna vez hemos demostrado, es TOTALMENTE IMPOSIBLE que haya presencia real de Nuestro Señor en una “Misa” celebrada según el rito de Pablo VI.

    Como sabe, estamos en la verdad cuando adaptamos nuestro intelecto a lo que existe realmente fuera de él, no depende de nuestro intelecto para existir, y se nos impone, independientemente de nuestra voluntad, nuestros sentimientos, nuestras virtudes o defectos.

    Esa adaptación es siempre humildad ante lo dado, y reconocimiento del orden natural querido por Dios, así como de nuestros límites, nunca soberbia.

    Por lo que procurar mantenerse en la verdad, con los pies firmemente asentados en el suelo de lo real, reconociendo lo que la Iglesia ha decidido infaliblemente, es decir, que una Misa adulterada en su esencia deja de ser católica, y en este caso, es directamente inválida, no es sino la humildad del sano sentido común, que nos hace apreciar lo bueno y auténtico, y rechazar las falsificaciones.

    Soberbios podríamos ser, si despreciáramos a nuestros hermanos aún católicos, pero aprisionados en la iglesia conciliar, porque por diversos motivos, todavía no han llegado al conocimiento que por gracia de Dios, nosotros hemos alcanzado.

    Sin duda hay entre ellos muchas gentes de bien, más honorables y virtuosos, etc…pero eso no los libra automáticamente de equivocarse, incluso gravemente, en asuntos religiosos, morales, intelectuales, etc…

    Son dos órdenes de realidad diferentes, aunque íntimamente conectados entre sí.

    Me temo que muchas veces, tendemos a exagerar lo que otros vayan a pensar de nosotros, cuando lo cierto es que quizás no se hayan preocupado jamás.
    Esté segura de que cumple con su deber, y una vez bien establecida en esa paz, no le importe en absoluto lo que pueda decir el mundo.

    En cuanto a su madre, Ud. mejor que nadie sabe hasta donde se le pueden explicar, con prudencia y delicadeza, ciertas cosas, sin que se desequilibre. Incluso sin entrar en cuestiones delicadas, debe saber que el comulgar en Misa no es ninguna obligación, salvo una vez al año. Uno de los efectos de la subversión modernista ha consistido en generalizar de tal modo la comunión diaria sistemática, que los laicos han olvidado casi por completo la necesaria preparación requerida para comulgar dignamente y con fruto espiritual.
    Antiguamente, nuestros padres comulgaban unas pocas veces al año, pero con mucha preparación de virtudes y amor de Dios, se confesaban mucho más frecuentemente de lo que comulgaban, seguían el consejo de los prudentes directores de almas que aún teníamos, y hacían muchas comuniones de deseo, mientras que incluso ya antes del Concilio, los modernistas abusaron del permiso dado por san Pío X para empujar a los fieles a comulgar sistemáticamente sin el debido discernimiento.

    ¡Buenos estamos si va a ser la desinformada opinión de otros la que vaya a dictar cuando comulgamos o no!

    Si tal vez le puede resultar muy traumático entender el por qué en esa Hostia ya no hay presencia real, intente al menos explicarle que es necesario para el bien espiritual de Ud. el abstenerse de comulgar, lo mismo que en ciertos tiempos, es necesario abstenerse del alimento corporal para recuperar la salud. El explicarle la utilidad de la comunión espiritual tal vez ayude a calmar sus inquietudes.

    Sí, estamos en una situación extraordinaria, en que hay que tomar postura, y ciertas decisiones prudenciales para nada fáciles.

    No dude de que son muchos los que a través del mundo entero la entienden, pasan por situaciones parecidas, la sostienen y rezan por Ud. y por sus familiares.

    Esté bien segura de que nunca está sola, porque invisiblemente, le acompañan el Cielo y aun las Benditas almas del Purgatorio, y de que los padecimientos del hoy son semilla de las glorias del mañana, tanto del temporal como del eterno. Su confianza en la Misericordia y Providencia divinas no quedará defraudada, ni para Ud. ni para sus honorables padres.

    Dios la bendiga por siempre…Amén.

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  4. Mi muy estimado Frisgo:

    Muchas gracias por su respuesta. Lo de “más sabio y más robusto”, mejor lo dejamos entre interrogantes, je, je….

    Pero sí, es verdad, le doy la razón, desde el punto de vista de la perversión reconcentrada de los principios más básicos de la ley natural más evidente, es probable que nunca hayamos estado peor, y nunca hayamos gozado de menos apoyo, hasta de la honestidad natural más básica.

    Desgraciadamente, su descripción de la anticrística situación actual no es para nada exagerada.

    Quizás para los que somos un poco más jóvenes, y siempre hemos conocido a nuestra Iglesia y nuestra sociedad en el estado de anormalidad profunda en el que actualmente se encuentra, nos resulte más difícil entender lo que han pasado y aún pasan los que han tenido la suerte de conocer la Iglesia más o menos en orden y una sociedad como la española, regida por un gobernante católico, y cuyos ciudadanos eran efectivamente incapaces de imaginar el abismo de maldad y perversión que se ocultaba tras los cantos de sirena de las serpientes demócrata-cristianas.

    Vosotros habéis conocido en vivo y a cámara lenta todo el proceso de degradación de todas las esencias naturales y sobrenaturales, y hasta de su mismo soporte físico-biológico.

    Los españoles de los tiempos del gasógeno y la alpargata, del pisito y el ‘600, e incluso los del “destape”, tal como hoy día se nos aparecen tanto en los testimonios vividos, como en las películas, documentales, y demás material histórico, eran de una benditez, honradez, candidez y buenahombría absolutamente increíbles, incluso cuando querían ser malos…

    País en el que se decía que hasta los ateos eran católicos, porque todos ellos tenían una misma concepción de la vida, y reaccionaban más o menos de la misma manera.

    Servidor, que ha conocido la enseñanza pre-logse, en los años 80, jamás hubiera podido imaginar que pudiéramos caer tan bajo…

    Y como bien dice, muchos de los que engañados, trajeron las miasmas “democráticas”, “constitucionales”, conciliares, y que todavía se acuerdan de la Iglesia de su niñez, o juventud, cuando eran monaguillos, o seminaristas, o educandos, etc… quieren volver a ella después de decenios de alejamiento, y se encuentran con que en los mismos edificios que conocieron, vive hoy día una hidra de siete cabezas que pretende seguir siendo la Iglesia que los engendró a la luz de la Fe, amortigüada pero no muerta del todo en muchos corazones…

    Eso me recuerda las proféticas palabras de Pío XII, ya al atardecer de su vida, viendo cómo la situación real de la Iglesia se le iba de las manos, sin que se encontrara con fuerzas suficientes para reaccionar, e intentando designar un sucesor, el Card. Siri, que hubiera debido asumir el papel de un san Gregorio VII del que se sentía incapaz.

    «Siento en mi entorno a los innovadores que quieren desmantelar el Sacro Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, ¡Hacerla sentir remordimiento de su pasado heroico! Bien, mi querido amigo, estoy convencido de que la Iglesia de Pedro tiene que hacerse cargo de su pasado, o ella cavará su propia tumba (…) Llegará un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dude como dudó Pedro. Será tentada de creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo es meramente un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la lámpara roja donde Dios los espera, como la pecadora que gritó ante la tumba vacía: ¿dónde lo han puesto?».

    “Pius XII devant l’histoire”, por Mons. Georges Roche)

    Todo esto se ha cumplido literalmente. Vuelven, y dicen: ¿Dónde está mi Iglesia, que me la han cambiado? Ya no encuentran ni el Sagrario en que les enseñaron estaba la Presencia Real de Cristo, ni la Misa que tantas veces ayudaron, ni el catecismo que todavía logran recordar, tantos años después, ni la Misa de difuntos que muchos se sabían de memoria, ni los ornamentos que tanto les llamaban la atención de pequeños, e cosí vía…

    En esas condiciones, cada vuelta a la Fe y a la práctica religiosa es un auténtico milagro, que nunca podremos agradecer bastante, aunque nos sintamos crucificados entre lo que recordamos, y el vomitivo espectáculo que se contonea impúdicamente ante nuestros ojos.

    Por otra parte, para nosotros, más jóvenes, también supone un problema: Hemos conocido a la Iglesia en estado más o menos normal por los recuerdos y testimonios de los que aún la conocieron, por documentos, fotos, estudios artículos películas, pero no es comparable con haberlo conocido personalmente.

    Por lo que quizás nos pueda costar más hacernos una idea, siquiera aproximada, de lo que podría y debería ser una Iglesia y una sociedad en camino de recuperación, una vez se calme la tormenta actual.

    Sin una pintura ideal convincente, es más difícil mantener la esperanza, y evitar el escepticismo acerca del futuro que a todos nos puede acechar en un momento o en otro.

    Así que procuraremos ayudarnos unos a otros, hasta que vuelva a amanecer, y vuelva a brillar la luz un instante eclipsada por el grosero engaño que cierta “hermenéutica de la reforma en continuidad” presenta como la Iglesia Católica.

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  5. Muy estimado Fray Eusebio, no sabe cuanto agradezco sus comentarios.
    Llenos de caridad y sabiduría.
    Las personas que me rodean y me importa lo que piensen son mis familiares, pues sucede que cuando la beatificación de Juan Pablo II, tuve esta moción : Si Nuestro Señor va a ser públicamente traicionado, pública y privadamente tengo que denunciar ante aquellos que me conocen mi posición ante las aberraciones de Asís, y ante la beatificación de Juan Pablo II, envié por lo mismo el video del Obispo Elías, de Ucrania, y mis comentarios al respecto a todos mis familiares y amigos, y una carta al Vaticano a BVI.
    Y ardió Troya.
    Desde entonces se que mis padres, hermanos y conocidos sufren por mi “desgracia” o pérdida de la gracia, pues ¿cómo me atrevo a criticar a sus “ungidos”? ¿cómo me atrevo a juzgarles?
    No se que tanto he podido lograr que comprendan que no se trata de juzgar un pecado personal del Papa o de este o aquél sacerdote, sino de la apostasía que se viene predicando desde “los más altos puestos de la jerarquía” y como el callar nos hace cómplices.
    También de la advertencia de Nuestro Señor en los Evangelios que nos dice claramente, “cuidaos de los falsos pastores….” y eso no es juzgar a los tales sino reconocerlos como lobos con piel de oveja.
    Cuando flaqueo como el domingo, es porque olvido o no tengo siempre presente en mi mente la abominación de Asís, o las declaraciones de Müler, o las declaraciones de BVI, y todas esas cosas que abiertamente dicen o hacen aquí o allá los que se hacen pasar por prelados de la Verdadera Iglesia, y que me afianzan en mi posición, y me hacen defender a capa y espada la doctrina de siempre.
    Como ahora que me comentaban con cierta intención mi madre, va a venir el Padre x… y vas a ver como te va a encantar….
    Madre, le dije: yo no tengo nada en contra de ningún padre, y lo tengo todo, ellos pueden ser amables buenérrimos y todo lo que gustes, pero lo único que les critico es su falta de amor a Cristo a Nuestra Santísima Madre y a la Iglesia, pues como pueden ver esto…. y saber esto… y no LEVANTARSE como verdaderos TESTIGOS DE CRISTO Y SU EVANGELIO, A DEFENDER LA FE, pues es Nuestra fe la que está siendo destruida con sus escritos y sus actos QUE A LAS CLARAS NOS QUIEREN MOSTRAR AL UNICO DIOS VERDADERO COMO UNO DE TANTOS…
    ¿y por qué nadie dice nada? me pregunta
    ESO MISMO DIGO YO…
    Ahí terminamos porque tuvimos que ir a atender a mi padre.
    Y así, de a poco, voy conversando.
    Por eso es que temo dar pruebas de debilidad, porque se sobreentendería que no es tan importante la traición perpetrada desde el vaticano contra Nuestro Señor Jesucristo, contra La Sma. e Inmaculada Virgen María y contra Nuestra Santa Madre Iglesia.
    Dios nos mantenga fieles hasta la muerte si fuera necesaro

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