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UN PACTO DE ÚLTIMA HORA


Tomamos el siguiente extracto de Vatican Insider que lo narra bajo el título “Operación Santa María la Mayor”
Los intervinientes fueron los cardenales Angelo Sodano, Tarcisio Bertone y los estadounidenses, todo articulado por el cardenal Santos Abril y Castelló, arcipreste de la Basílica, sucesor en el cargo al Cardenal Law -nombrado éste [y premiado] arcipreste por JPII- cardenal de nefasta memoria por sus actuaciones en el campo de la pederastia. El pacto, que al final ganaría en su apuesta, tuvo un lugar para los acuerdos: la Basílica Papal de Santa María la Mayor. El objetivo del pacto era desplazar al Cardenal Scola que se perfilaba como el más probable ganador. Fue necesaria la entente de dos declarados “enemigos” para conseguir aunar las voluntades de una mayoría conclavista que dio la victoria al Cardenal Bergoglio.

A partir de aquí el texto de Vatican Insider:

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Con respecto al 2005, Santa María Mayor ha visto cambiar radicalmente su incidencia en la elección pontificia. Hace ocho años estaba caliente el escándalo Law, el arzobispo acusado de haber enterrado los abusos de los sacerdotes pederastas cuando estaba a la guía del arzobispado de Boston. Esta vez, en cambio, el «dueño de la casa» era el fin diplomático capaz de jugar in extremis la carta del entendimiento entre Roma y Sudamérica. La que más tarde resultó ganadora. De este modo, el bertoniano Santos Abril y Castelló hizo tesoro de los largos años transcurridos en contacto con esos obispados «latinos» en los que crecía el deseo de contar con un Pontífice por primera vez en la historia. A pesar (por el número de fieles) de que están en posesión de la «mayoría de las acciones» de la Iglesia universal, también esta vez los sudamericanos parecían estar destinados a sucumbir ante la candidatura del italiano extracurial Scola.

A este punto, sin embargo, entró en acción una convergencia de motivaciones, planes estratégicos y escenarios geopolíticos. El arcipreste de Santa María Mayor vio la posibilidad de un pacto de última hora entre extraeuropeos y curiales contrarios al purpurado cercano a Comunión y Liberación. Estadounidentes, sodanianos, bertonianos, la mayoría que ha coronado a Bergoglio, se fue componiendo poco a poco. «Como las piezas de un mosaico», explica un jefe de dicasterio vaticano. Un entramado de consensos que al final resultó incluso más amplio que las aspectativas. La fuerza expansiva del catolicismo sudamericano aglutinó los votos diseminados de las primeras fumatas negras. Bien lo saben tanto los conclavistas «a rayas y estrellas» como los ministros de la Santa Sede que reciben los dossieres de las nunciaturas y de las conferencias episcopales.

La contradicción del cristianismo europeo y en general occidental queda compensada por el nuevo cristianismo latinoamericano, que ya no es solo pentecostal o «evangélico», sino también católico. Fuera de América Latina, la nación que recibe una ventaja mayor de la vitalidad «latina» es precisamente Estados Unidos. Un sondeo realizado por Pew Forum Religion desvela que desde ahora hasta el 2030 los latinoamericanos católicos en Estados Unidos aumentarán del 33 al 41%.

Entre los católicos estadounidenses «over 60» una amplia mayoría son blancos, pero entre los que tienen una edad comprendida entre 18 y 40 años, casi la mitad provienen de México y de otros países del continente. Estas nuevas generaciones son las únicas que podrán compensar el abandono de la Iglesia católica por parte de los jóvenes blancos por debajo de 30 años, el tramo de edad más erosionado por la secularización.