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LA HEREJÍA ANTILITÚRGICA


INSOSPECHADAS RAÍCES DE LA DESOLACIÓN LITÚRGICA CONCILIAR

Fray Eusebio de Lugo

Buceando por el ancho y proceloso mar internáutico, me he tropezado con el blog del honorable Josep María Tarragona, que me ha resultado interesante por más de un título. Me limitaré aquí al tema litúrgico, dejando para otro momento los comentarios eclesiástico-políticos que me ha sugerido la lectura de sus entradas.

Iré comentando brevemente algunas de ellas:

Siempre me he preguntado cómo era posible que la reforma litúrgica planteada por la Constitución del Concilio Vaticano II Sacrosanctum Concilium, autoritativamente interpretada y audaciosamente aplicada por los sucesivos pontífices conciliares hubiese podido ser aceptada tan fácilmente, a pesar de ser un hermoso elenco de las principales desviaciones litúrgicas de lo que Dom Guéranger llamaba “la herejía antilitúrgica”.

He ido teniendo cada vez más claro que el adecuado entendimiento de la liturgia venía siendo erosionado desde hace mucho tiempo, como lo evidenciaban las elucubraciones jansenistas condenadas con ocasión del Sínodo de Pistoya por Pío VI a través de su Auctorem Fidei en 1794. La Revolución político ideológica venía acompañada de otra revolución litúrgica, no menos peligrosa para la Iglesia que la primera.

Una y otra revolución serán las que caractericen a los llamados “católicos” liberales, primero, y a los modernistas, en las décadas en las que se sitúan los ejemplos que vamos a considerar.

Lamentablemente, esas corrientes más o menos subterráneas fueron ejerciendo cada vez más influencia en las mentes y los corazones de los clérigos, y reflejándose cada vez más elocuentemente en la manera en que concebían el culto divino, y por ende, cómo debía ser la conformación de los lugares sacros en que ése culto debía desarrollarse.

Tenemos un buen ejemplo de la enorme metamorfosis que estaba siendo puesta en marcha, en la reforma operada en la catedral de Mallorca a principios del S. XX:

Gaudí y el papa pio XI

Gaudí y el papa Pío XI: Las dos basílicas (pulsa)

Lo primero que señala, efectivamente muy significativo: Como bien dice, arranca el altar mayor de su circunstancia y contexto natural, protegido como estaba en el fondo del ábside, para exponerlo a la vista de todos, despojado, a la entrada del presbiterio.

Ni los vándalos de 1905, ni sus sucesores actuales parecen darse cuenta de que estaban violando todas las leyes escritas y no escritas (por evidentes) de cualquier culto perteneciente a la verdadera religión revelada por Dios desde los tiempos de Caín y Abel. Nuestros antepasados tenían muy claro que el altar, la parte más sagrada del Templo, debía situarse en su lugar más sagrado, es decir, más alejado del contacto profano, debidamente protegido, enteramente vestido, y acompañado de su desarrollo natural, madurado por el Espíritu Santo a través de los siglos, y que en ésta España nuestra, ha hallado su desarrollo definitivo en los grandes retablos sin los que nuestras iglesias se vuelven incomprensibles.

Nuestros antepasados siempre tuvieron claro que el altar mayor debía estar fuera de las miradas, en un juego sutil de velamiento y desvelamiento, imagen visible de ese otro velamiento-desvelamiento de los misterios de Dios, sin el que los hombres propenden a tratar al Dios de los caminos escondidos como a uno de sus siervos.

El templo de Jerusalén tenía velada su parte más sacra, en que residía la Presencia de Dios, las basílicas de Roma tenían velos y pérgolas que aislaban el presbiterio del resto de la iglesia, nuestras iglesias mozárabes tenían además el equivalente occidental de los iconostasios, lo mismo que las iglesias de todo Occidente tenían sus Jubés, Rood screens, rejas,  e cosí vía.

Solo en el S. XVI, por influencia de los humanistas y los protestantes, con su concepción democrática y des-misteriada del culto divino, se empezó a dejar expuesto el altar a todas las miradas, en esas iglesias de planta centralizada, remotas antecesoras de las actuales construcciones posconciliares, o en las típicas iglesias postridentinas, en las que no hay rejas, y el antiguo iconostasio se reduce definitivamente a la simple barandilla de comunión. Era lo más lejos que se podía llegar, sin violar la necesaria separación que debe existir siempre entre las partes crecientemente sacras de nuestros templos, y cuya sola mención provoca sofocos y ataques de rabia cromwelliana en todos los afectados por las miasmas antilitúrgicas.

Como bien dice, “se adelanta más de 50 años a Vaticano II”, evidenciando ingenuamente que los modernistas de 1905 iban retirando pacientemente los obstáculos que impedían la puesta en marcha de sus proyectos de protestantización y democratización de la liturgia, uno de cuyos puntales era precisamente la celebración versus populum.

En otra de sus entradas,
Gaudi y el papa san Pío X

Gaudí y el Papa San Pio X (pulsa)

Nos cuenta que directamente desmonta (es decir, elimina) más retablos, odiados por todos los iconoclastas, y deforma completamente el interior de la catedral mallorquina, que nunca ha sido pensada en la forma pretendida por ese pretencioso arquitecto.

Prosigue diciendo que “desembarazó la nave de muebles”, refiriéndose con tan desenvuelta expresión a cambiar por completo la situación y orientación de las sillas de coro, hasta entonces situadas en la nave central igual que los órganos, que también va a reventar, en criminal anticipación de lo ocurrido en otras muchas de nuestras iglesias y catedrales.

¡Y tiene la cara de decir que ha restablecido la significación original del edificio, convertido hasta su bendita llegada en mero “museo de piezas de arte”!Exactamente las mismas pretensiones que los demoledores bugninianos, 50 años más tarde.

Porque si hubiera querido devolver la catedral a su disposición gótica originaria, proyecto bien discutible, pero no totalmente exento de interés, hubiera restaurado el retablo gótico único en el mundo, y todavía oculto tras el barroco, pero no, so pretexto de restauración, quería hacer algo totalmente nuevo, que sentara un precedente para la posterior reforma del resto de las catedrales de España, como deseaban los jansenistas españoles desde el S. XVIII.

Tomó la catedral de Mallorca como campo de experimentación, sin ningún tipo de respeto por la tradición, que pretendía reinventar, como veremos en otros comentarios.

Y para cerrarle la boca a los odiados “tradis”, se cuida muy mucho de señalar que san Pío X, gran patrón de los lefebvrianos, habría bendecido los trabajos, sin señalar si el Papa conocía el antes y el después de los trabajos, y las ocultas intenciones de sus perpetradores.

Las últimas consecuencias de esas “restauraciones”, las podemos ver en la misma catedral de Mallorca, definitivamente maldita, una de cuyas capillas ha sido convertida en ésto:
Miquel-Barcelo-altar (2)

Y es que quién mal empieza, peor acaba. El asesinato litúrgico-artístico empezado en 1905 ha sido consumado con ese horror al que seguramente le habrán aplicado la “hermenéutica de la continuidad”…

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