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LA VACANCIA PERPETUA DE LA SEDE ROMANA


imageCreo que este artículo que traigo de Fundación San Vicente Ferrer cobra en nuestros días una gran actualidad. Naturalmente está sujeto a discusión y a una entera refutación por quien quiera hacerlo. Nos ha sido recordado por nuestra lectora y comentarista Adri.

 

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LA HEREJIA DE LA ACEFALIA PERENNE

Por Homero Johas

“Querer operar activamente es ofender
a Dios que quiere ser el único agente”

(Doctrina condenada por Inocencio XI)
(DS. 2202 – D. 1222)

INTRODUCCIÓN: LA SECTA DE LOS ACÉFALOS

Después del Concilio de Calcedonia, grupos de monofisitas allí condenados deambularon como “Acephali” por regiones de Oriente. De uno de ellos, alrededor del año 630, se originó para el Emperador Heraclio la doctrina del Monergismo que después, con el papa Honorio I, se convirtió en la herejía monotelita. Hoy los “Acéfalos” reaparecen con otras doctrinas, pero con la misma negación de una Cabeza visible en la Iglesia no solamente como hecho subsiguiente de la vacancia del cargo papal por herejía pública, sino tambiéncomo doctrina que afirma la imposibilidad, la invalidez y la ilicitud de los medios jurídicos específicos para poner fin a la vacancia. Tendríamos la vacancia perpetua, unaiglesia” “non tenens caput” (Col. II, 19). Tal herejía aterradora es defendida con acentos psicológicos intensos por la “Britons Catholic Library”(Letter 7, noviembre 1990) en el artículo:“The prospect of a Papal Election” – “A summary of our Position”. Se colocan de lado las lecciones de los grandes teólogos: Cayetano, Vitoria, Bellarmino, Billot… y los fundamentos dogmáticos, morales y jurídicos de la Iglesia y se propaga con audacia una “our position”, como si en la Iglesia a cualquiera le fuera lícito propagar libremente su opinión sin tener en cuenta aquello que Ella siempre ha enseñado. Nuestro objetivo aquí no es directamente comentar las doctrinas de aquellos teólogos renombrados, sino refutar las herejías e inepcias ahora esparcidas “sub specie pietatis” (Bajo apariencia de piedad) (DS. 809 – D. 434). Esas doctrinas o similares se originan en Francia y tienen ramificaciones en la Argentina y otros países y, a veces derivan también en otras doctrinas ineptas (como la del papa “materialiter“). Creemos que también aquellos que se dicen “unidos” al papa herético (aunque no lo obedezcan en nada), lo hacen más por el temor de tener que enfrentar el deber de poner fin a la vacancia del cargo papal que por estar convencidos de que la Iglesia pueda tener por papa “válido” a un hereje público. Se desvían del deber central inventando doctrinas y se contradicen por temor a cumplir ese deber en las circunstancias extraordinarias y sin precedentes en la Iglesia. Todos afirman con la boca llena el estado de necesidad extrema de la Iglesia, las herejías que se propagan libremente en todos los niveles, pero se estremecen al ver definidas las consecuencias que esto acarrea al orden social de la Iglesia. Santo Tomás lo expuso admirablemente cuando escribió: “Utrum ei qui subditur legi liceat agere praeter verba legis” (“Si es licito al que está sometido a la ley obrar más allá de la letra de la ley”). (S. Th. 1-2,96,6). Se apegan a la ley humana oponiéndola a las normas superiores divinas, como si la intención del legislador fuese impedir lo que es de absoluta necesidad para la existencia de la Iglesia: la jerarquía de Orden y la jerarquía de jurisdicción. Esto origina la nueva secta de losAcéfalos“, sin jerarquía, sin Sacramentos, sin papa, sin solución. Por los delitos de los herejes que se apartan de la Iglesia, juzgan que la Iglesia fue destruida o damnificada en su perfección jurídica y que no tiene medios “lícitos y válidos” de recuperarse.

1. EL DERECHO SUPLETORIO EN LA IGLESIA

Citemos sumariamente algunos textos relativos al Derecho supletorio en la Iglesia para elegir un papa en situaciones donde no exista ley humana regulando la materia (vacatio legis), o exista una ley humana no aplicable a aquella situación concreta del momento, ya sea porinexistencia de los electores designados por ley papal humana, o por negligencia de los mismos en aplicarlas, o por dudas de facto de que ellos sean los electores designados o también por imposibilidad de aplicar la ley humana en razón de disidencia o de cisma, divisiones y herejías entre los electores. Después volveremos a esta doctrina. Ahora, citamos apenas algunas sentencias:

1.1 – Cayetano:

“Por excepción y de forma supletoria este poder (de elegir un papa), compete a la Iglesia y al Concilio, sea por la inexistencia de cardenales electores, sea porque son inciertos o cuando la propia elección es incierta, como ocurre en época de cisma” (De comparatione autoritatis papae et concilii, C. 13 y C. 28).

1.2 – Vitoria escribe:

“Aunque San Pedro nada hubiese determinado, una vez muerto, la Iglesia tiene poder para sustituirlo y nombrarle un sucesor (…) No restaría otro medio a no ser la elección por la Iglesia. Luego, la Iglesia podría elegir otro (…). “Si por calamidad, guerra, peste, faltasen todos los Cardenales, no debe dudarse que la Iglesia podría proveer para sí un Sumo Pontífice (non est dubitandum quim Ecclesia possit sibi provideri de Summo Pontífice)”. Y la causa principal es:

“porque de otra forma existiría la Vacancia perpetua (vacaret perpetuo) en aquella Sede que debe durar perpetuamente”. Donde tal elección: “a tota Ecclesia debet provideri et non ab aliqua particulari Ecclesia” (Debe ser procurada por toda la Iglesia y no por alguna Iglesia particular”)... Eso porque: “Illa potestas est communis et spectat ad totam Ecclesiam. Ergo, a tota Ecelesia debet provideri”, (“Ese poder es común y se refiere a toda la Iglesia. Luego, debe ser procurada por loda la Iglesia”).,(De Potestate Ecclesiae, Recolectio 18).

1.3 – Billot (Bellarmino):

Billot examina “como sería aplicada” la elección papal, “en caso extraordinario”, cuando fuese necesario proceder a la elección, no siendo posible cumplir las disposiciones de la ley papal, como en el caso del gran Cisma de Occidente. “Se debe admitir sin dificultad que el poder de elección sería pasado a un Concilio general”. Porque “la ley natural prescribe que, en tales casos, el poder atribuido a un Superiores derivado al poder inmediatamente inferior, porque el mismo es indispensablemente necesario para la sobrevivencia de la sociedad y para evitar las tribulaciones de la extrema necesidad”. (De ecclesia Christi) (Bellarmino: Controversiae, De Clericis, 1. 7, c. 10).

Luego: “non est dubitandum” (“No se debe dudar”), “se debe admitir sin dificultad” que la Iglesia siempre tiene y tendrá, en cualquier situación, por más grande y extraordinaria que sea, medios válidos y lícitos para elegir un papa. Esto se infiere de la noción de “sociedad perfecta” que es la Iglesia. La “vacancia perpetua” es imposible en una sociedad que debe durar perpetuamente. Veamos ahora la oposición que hace a esa doctrina la citada “Britons“.

2. LA EXTINCIÓN DEL DERECHO DE ELEGIR UN PAPA

Britons” simplemente niega el poder de elegir un papa, en caso de faltar los Cardenales. Afirma que Dios no puede cambiar la ley humana papal, que Dios debe “respetar” las leyes papales, porque al conferir el poder a los papas prometió ligar en los cielos aquello que ellos ligaren en la tierra. Dios estaría autoligado, no podría cambiarla ley sobre Cardenales. Después, dice que “teóricamente“, “en abstracto” estaba errado en vista de la autoridad de los teólogos. Pero, aún así, afirma: “The correetness of this position (de los teólogos)is not self-evident as some seem to think, for it is not antecedently impossible that the right of electing a pope should perish with the last Cardinal”. Entonces, en lugar de admitir la doctrina común de los teólogos opone a ella la doctrina de la extinción en la Iglesia del poder de elegir un papa. Alega razones“: “Los Cardenales tienen el derecho de predicar, administrar la Confirmación y reservar el SS. Sacramento en cualquier diócesis. Ahora bien, nadie argüirá seriamente que si todos los Cardenales perecieran, estos derechos pasarían directamente a los Obispos”, (sic) (!). Ahora bien:

2.1 – Jerarquía de las Leyes

Ley humana contingente no puede impedir ley divina necesaria so pena de ser ley nula. Ahora, tales son las leyes humanas sobre la dignidad de los Cardenales, conforme sentencia común. Por lo tanto ellas no pueden impedir la elección de un papa, necesidad de derecho divino, esencial a la Iglesia. El derecho de elegir un papa concedido a los Cardenales por ordenamiento humano de los papas, proviene de la necesidad absoluta de la Iglesia por derecho divino y, si no se ejerce, otro lo debe ejercer. Ya los demás privilegios de los Cardenales en cuanto a territorios sobre administración de los Sacramentos son comunes a los derechos de los demás Ministros de la Iglesia dentro de cada diócesis. Y, en casos de extrema necesidad, cualquier ministro de los Sacramentos, hasta herético, puede administrar los Sacramentos, aún más allá de los límites territoriales de sus jurisdicciones. Luego, el argumento opone lo que es ley humana contingente a lo que es derecho divino necesario: subvierte la jerarquía de la autoridad y de las leyes entre Dios y los hombres.

2.2 – Vinculación de Dios

El poder de ligar y desligar conferido por Dios a los pastores de la Iglesia no es un poder absoluto que confiere autoridad a los hombres para ligar y desligar de las propias leyes de Dios, de tal modo que Dios quede obligado a “respetar” cualquier ley humana promulgada por un papa. En ese caso, cualquier papa podría cambiar la Constitución divina de la Iglesia y desligarse de todos los preceptos divinos. “Nadie puede dispensar de los preceptos que vienen de Dios, sino Dios” (S. Tomás, 1 -2,97,4 ad 4). “El papa no puede cambiar nada en el derecho divino, dispensando o abrogando. Es la conclusión de todos los teólogos, sin controversia” (Vitoria, De Polestale Pápale el Concilii, Prop. 1). Luego, la sentencia es inepcia jurídica.

2.3 – Negación de la Razón y de la Fe

Lo que es o no es “evidente” en materia de fe viene de la Revelación interpretada por el Magisterio de la Iglesia y no por la opinión libre de cada uno. Aun en el orden natural, en la sociedad temporal, es evidente que, siendo sociedad perfecta, siempre tendrá medios necesarios para elegir o designar un gobernante. En el orden sobrenatural de la Iglesia la Revelación nos dice que “Ubi non est gubernator populus corruet” (“Donde no hay gobierno va el pueblo a la ruina”) (Prov. 11, 14). Y el Magisterio de la Iglesia afirma solemnemente que Pedro tendrá “perpetuos Successores” (DS. 3058) (D. 1825) siendo por lo tanto herética la afirmación de la posibilidad de extinción del poder de elegir un papa, sólo por la falta de Cardenales humanamente designados. Si existen “perpetuos Successores”, existen perpetuos electores,independientemente de las situaciones. La constitución divina de la Iglesia es inmutable, enseña san Pío X contra los Modernistas (DS. 3453) (D. 2053). Luego, no es variable como las“situaciones” y como los delitos de los herejes. No es relativa a las variaciones situacionales.

3. IMPOSIBILIDAD PRÁCTICA DE ELECCIÓN PAPAL

Britons: La norma de la supletoriedad del poder para elegir un papa es “teóricamente posible”, una “posibilidad teológica” “en abstracto”. Entretanto en la práctica es imposible de ser ejercida. Eso porque “la validez de una elección requiere el consenso de todos los católicos del mundo”. Ahora, tal consenso es imposible pues, ni aún entre los teólogos existe consenso sobre quienes serían los electores del papa: Billot y Cayetano dicen que es el Concilio; Dom Grea, que es el clero romano; Bellarmino que son el clero romano y los Obispos próximos. En Constanza, Billot cita a Franzelin que dice que, por ser Gregorio XII el papa legítimo y por haberle dado él poderes al Concilio, no fue usada la ley del Derecho supletorio. Luego, sin concordancia, parte de los fieles tendrían el derecho de rechazar al papa electo. Sin concordancia existirían disputas y cismas. Luego, el papa sería dudoso y por lo tanto nulo. Hay “imposibilidad moral” de elección válida. Hay aún la cuestión de la participación de laicos en las elecciones, si pueden participar.

3.1 – Imposibilidad y Posibilidad

Toda norma universal de acción tiene por fin regir la práctica, es una “norma agendi” y no mera teoría abstracta. Pío XII condenó la Etica de Situación modernista, donde la norma en sí misma es alterada en función de “situaciones” corrientes: “la ley moral comprende necesaria e intencionalmente todos los casos (concretos) particulares en los cuales se verifican sus conceptos” (Aloe. 18-04-52-Nueva Moral). Por eso el Canon 20, a falta de ley general o de ley particular, enseña: “norma sumenda est”… se debe tener la norma de actuar de los principios generales del Derecho, de la práctica y de las sentencias comunes de los Doctores. “Derecho” entretanto no es mera sentencia “abstracta mas tiene anexa la autoridad imperativa de la voluntad del legislador. Y en el caso, del Legislador divino que hizo la constitución divina de la Iglesia y “quiso” que en ella existiesen “papas”, “Pastores y Doctores hasta la consumación de los siglos”(DS. 3050) (D. 1821).

Luego, “quiso” electores hasta el fin de los siglos, preceptuó electores siempre que existiese vacancia. Ahora bien, Dios no manda cosas imposibles de ser cumplidas en la práctica, ni moralmente, ni jurídicamente. Tal afirmación es la herejía de Jansenio:“Algunos preceptos de Dios son imposibles(…), falta la gracia por la cual se vuelvan posibles” (DS. 2001) (D. 1092). Muchos preceptos morales y jurídicos presentan dificultades para ser cumplidos en la práctica; de ninguno puede decirse que sea “imposible”. Lo que es de necesidad dogmática en la constitución divina de la Iglesia no puede ser “moralmente” y prácticamente imposible.

Imposibilidad significa ausencia de medios para el fin y una sociedad perfecta jurídicamente siempre tiene medios para alcanzar su fin por sí misma. En el caso, el Derecho supletorio enseñado por los Doctores es la “norma sumenda” indicada por el Canon 20, que fluye de los “principios generales del Derecho y de la sentencia de los Doctores”. Luego, es ley de Dios y de la Iglesia. En la falta de ley específica, no falta en la Iglesia la ley genérica para casos extraordinarios, como, en el caso de la ausencia de los electores designados por la ley humana. En el Concilio Vaticano I el Obispo Zinelli, Relator de la fe, juzgó que probablemente jamás se daría el caso de un papa herético, pero agregó: “Pero Dios no falta en cosas necesarias; por lo tanto si Dios permitiera tamaño mal, no faltarán medios para resolverlo” (non deerunt media ad providendum) (Msi. 52, 1109-Salavcrry, De Ecclesia Christi, v. 1, p. 696)

3.2 – Falsa Inexistencia de Consenso
Sobre el consenso universal de los católicos para una elección papal es necesario distinguir el objeto del consenso y su causa. La fe no es objeto de libre asentimiento, ni los principios generales de Derecho que vienen del Derecho divino. Así, no es libre creer o no creer en la necesidad de un papa, en la existencia de “perpetuos Successores” de Pedro y por lo tanto en la existencia de perpetuos electores, tampoco en el deber de elegir un papa en las vacancias de su cargo. Eso no es materia libre ni para el papa. Dios dejó al papa la libertad de regir conforme a su ley o, en cosas meramente contingentes, conforme a su prudencia. Aún allí tiene el deber de anteponer la prudencia del legislador a la personal. Aún en materia no definida, Pío XII enseña que se debe aceptar lo que enseñan los papas en Magisterio no supremo, pues son enseñanzas del “Magisterio ordinario” (DS.3885)(D.2313). Si Dios no determinó la forma de elección papal no deja de ser de derecho divino la necesidad de la elección papal y de ser contra la fe negar la posibilidad de la elección.
Ahora bien, es falso que los Católicos no tengan consenso sobre los principios generales de Derecho, sobre la necesidad del papa y de su elección. El consenso allí esdogmáticamente debido, impuesto por autoridad de Dios y de la Iglesia. El Vaticano I enseña que las verdades de la fe provienen “non ex consensu Ecclesiae” pero “ex sese” (“No del consentimiento de la Iglesia” sino (que son irreformables) “por sí mismas”). (DS. 3074) (D. 1839). Y si no existe allílibertad de opinión, tampoco existe igualdad de opinión, aún en materias no definidas. Existen “razones teológicas” para así creer o actuar. Pertenece al Vaticano II la declaración de la libertad de opinión y de la “aequalitas jurídica” de las religiones, frutos del Agnosticismo modernista.
Tenemos en la Iglesia de Cristo doble unidad “requerida por derecho divino”. Anterior a la unidad de régimen y de gobierno de un papa está la unidad de fe, el “coetus fidelium”(reunión de los fieles) que está unida también por el régimen (DS. 3306) (D. 1 838). Por lo tanto, no tiene derecho de participar de una elección papal quien antes no pertenece al “coetus fidelium”: no tiene voz activa ni pasiva en la Iglesia. (Paulo IV, Cum ex Apostolatus). No aceptar el Canon 20 es no aceptar los principios divinos del Derecho de la Iglesia. Luego, no aceptar lo que es denecesidad de medio para que exista la Iglesia es no ser católico. El credo es el “fundamento firme y único en relación al cual no prevalecerán las puertas del Infierno” (DS. 1500) (D. 782).
Ahora bien, es posible unir la comunidad de los fieles, no en torno de consenso sobre opiniones libres, sino en torno de principios generales de Derecho que son dogmáticamente imponibles a todos. Los protestantes se quedarán afuera: ellos jamás participan de una verdadera elección papal. Igualmente, los que ahora los siguen. Disputa sobre cosas contingentes que a la vez generan y generarán cismas, no invalidaron las elecciones en el primer milenio de la Iglesia. Ni por esos hechos se dejó de elegir. Si hasta la sociedad civil es capaz de concordar en una ley electoral en materia libre, mucho más los católicos. Pero, no es católico quien no consiente en los principios y fundamentos de la Iglesia.
Conviene citar aquí también la condena de Inocencio XI a la proposición laxista: “Es excusado de infidelidad aquel infiel que no cree, guiado por la opinión menos probable” (DS.2104-2102-2103) (D. 1154-1152-1153).

3.3 – Consenso entre Teólogos
No es pues verdad que no exista consenso entre teólogos “católicos” sobre la perpetuidad de los electores de un papa y sobre Derecho supletorio. La propia Britons se contradice teniendo que renunciar a su opinión sobre posibilidad de la elección. Hace entretantorenuncia falsa en relación al error, distinguiendo entre posibilidad teórica y abstracta, y práctica, distinción que no cabe en el Derecho y que es herética pues Dios no manda cosas imposibles. Sobre la opinión en relación a cual es el colegio electoral competente, si el Concilio o el clero Romano, Vitoria enseña: “En cualquier caso que quede vacante la Sede Apostólica, atendiendo, sólo al Derecho divino, la elección pertenece a todos los Obispos de la Cristiandad” (Prop. 21, ibidem). Es obvio que la participación del “clero romano” y también del pueblo es de derecho humano y que tal ley ya fue revocada en parte por Nicolás II (in nomine Domine) y totalmente por Alejandro II (Licet). Después de tales leyes, el“clero romano” para este fin, es el Colegio de los Cardenales. Por lo tanto, faltando éste, falta el “clero romano”. Por lo tanto, atendiendo sólo al Derecho divino (pues existe, en el caso“vacatio legis”, falta de ley específica en el derecho humano) no hay duda de que, el derecho supletorio en primer nivel pasa al Colegio de los Obispos residenciales y, si éste también faltase, por la misma ley, “ad totam Ecclesiam”. Es la sentencia también de Cayetano. No son iguales y equivalentes las opiniones como si no existiera en la razón y en la fe un criterio de distinción entre la verdad y el error en materia de absoluta necesidad para la Iglesia. Si así fuese, la propia Iglesia sería imposible y dependiente de hechos contingentes humanos.

3.4 – Concilio de Constanza

Alegar que en el Concilio de Constanza fueron observadas todas las leyes papales porque Gregorio VII, según opinión de Franzelin era el papa legítimo y dio autorización para que el Concilio eligiera un papa antes de renunciar, es cuestión controvertida, sentencia actual y no clara en la época del Gran Cisma de Occidente. Por lo tanto, aunque hoy se probara tal sentencia, ella en nada alteraría la doctrina del Derecho supletorio en ocasiones de imposibilidad de aplicación de la ley papal. El Derecho no viene de los hechos singulares concretos enseña Pío IX (DS. 2959) (D. 1759): sino son los hechos concretos que “deben ser”conformados y regidos por el Derecho. De lo contrario tendríamos el Derecho” relativista y positivista de las democracias agnósticas, de los ateos de la Revolución Francesa y de Vaticano II. Por lo tanto, aunque Constanza hubiese seguido las normas papales al admitir“otros electores” además de los Cardenales, eso sólo confirma que la norma de designación de los electores es de mero derecho humano y que a falta de esos electores, “la Iglesia”tiene el poder de elegir un papa.

3.5 – Derecho de Rechazar

No existe en la Iglesia el “derecho” a la libertad religiosa, de “no cumplir la obligación de adherir a la verdad” y seguirla. Tal “derecho” agnóstico es precisamente lo que predica el Vaticano II y que está en el fundamento primero de las herejías actuales. Aún entre cosas posibles meramente probables, no es moralmente lícito, enseña Inocencio XI, seguir la“menos probable” y la “débil” probabilidad (DS.2102-2103) (D. 1152-1153). Luego, quien pretende“rechazar” un papa electo según el único medio existente para la elección, en conformidad con la “norma” señalada por el Canon 20, lo hace apartándose del deber moral y de la doctrina de la Iglesia y de sus Doctores, es cismático.

3.6 – Papa Dudoso y Nulo

Admitir que un papa electo según las normas supletorias fundadas en los dogmas de perpetuidad de la Iglesia, de los papas y de la jerarquía de jurisdicción es “dudoso” por esa causa, significa negar los dogmas en los cuales se funda tal doctrina y “dudar” de las verdades de fe (Canon 1325/2). Quien afirma “no hesitar” en adherirá la acefalía perenne de la Iglesia y afirma el “derecho” de dudar de esas normas tiene las mismas negaciones y dudas de los Protestantes heréticos. Por lo tanto acompaña a los herejes al a firmar la “nulidad” de la elección de tal papa. No es católico. Los papas católicos no son electos ni elegibles por herejes, de modo “ecuménico”. Disputas y cismas existentes en las elecciones en el primer milenio de la Iglesia, cuando participaba el clero y el pueblo, no invalidaban las elecciones, no hacían que el papa fuera dudoso o nulo.

4. NEGACIÓN DE LA NECESIDAD DE PAPA

La cuestión central en el campo dogmático por parte de Britons reside en la afirmación herética de que en la Iglesia un papa no es de “necesidad absoluta” porque él no es“esencial” a la existencia de la Iglesia. Luego, de allí se concluye que “no es necesario”elegir un papa.

El argumento de Britons es: si el papa fuera “esencial” y de “absoluta necesidad” la Iglesia dejaría de existir en cualquier vacancia, porque “plus est minus non mutat speciem”(“lo más y lo menos no mudan la especie”). Ahora bien, la Iglesia no desaparece en las vacancias. Luego, el papa no es esencial ni de necesidad absoluta. Luego es posible la vacancia milenaria y perpetua. La falta de papa es apenas un “handicap”, un inconveniente, como la falta de un brazo. El es “muy útil”, pero no necesario.

4.1 – Necesidad del Papa

Sin el papa no existiría el Magisterio dogmático y canónico de la Iglesia y la Iglesia no sería de necesidad de salvación. Ahora bien, “nuestro Salvador no confió a los juicios particulares la explicación de las cosas contenidas en los depósitos de la fe, sino al Magisterio eclesiástico. Se traía “de severíssimo praecepto Jesu Christi (DS. 3866-3867).Luego, sin Papa no habría Iglesia. No basta el “cargo vacío” para que se tenga el Magisterio y las normas directivas de los fieles. Así como la Iglesia es perenne, así también la Jerarquía y el primado de Pedro serán perennes, escribe Salaverry (Sacrae Theol. Summa,v. 1, p. 5X4). Son doctrinas de fe definidas por el Vaticano I, que lanza el “anatema” sobre quien no afirme que “Pedro tenga en el primado sobre toda la Iglesia perpetuos Sucesores”(DS. 3058) (D. 1825). La sentencia de Britons es la negación explícita de ese dogma. El papa es “fundamento de la Iglesia católica”, “Cabeza y columna dula fe”, “siempre vive y preside y ejerce el juicio”. De él “provienen los derechos de comunión en la Iglesia”. El es el Supremo Pastor y Doctor de la Iglesia y “Cristo quiso que en su Iglesia existiesen Pastores y Doctores hasta el fin de los siglos” (DS. 3050-3058) (D. 1821-1825). Luego, no se puede dejar de clasificar tal sentencia como herética, opuesta a la verdad de fe definida. El rige a la Iglesia de “viva voz” (León XIII, Satis cognitum; Pío XI, Mortalium animus). Luego, es absolutamente falso y herético afirmar que el papa es de mera conveniencia, utilidad, pero no de necesidad absoluta en la Iglesia que Cristo “quiso” e “instituyó”. Un cuerpo vive sin un miembro útil, sin un brazo, pero no sin Cabeza. ¿De donde viene el calificativo de “Catholic” que usa la “Britons”? En el Concilio de Efeso San León I enseñó: “Pedro, aún hoy y siempre vive y ejerce el juicio en sus Sucesores” (D. 112). El Concilio de Trento enseña la necesidad de la jerarquía de Orden y también de la “misión” canónica que viene de Pedro (DS. 1767-1777) (D. 960-967). Pío VI enseña que es herética la negación del poder que viene de Pedro (DS. 2603) (D. 1503). León XII afirma que la Iglesia debe permanecer “sine ulla intermissione in perpetuitate temporum” (“Sin ninguna interrupción hasta el fin de los siglos”), “si no permaneciese no habría sido fundada para la perpetuidad, lo que va contra la verdad”. “La Iglesia fundada sobre Pedro nunca sucumbirá”, “Ergo Ecclesiam suam Deus idicirco commendavit Petro, ut perpetuo incolumen tutor invictus conservare!” (Satis cognitum). Así dice Pío XI: “No puede ocurrir que la Iglesia no exista hoy y en todo tiempo como enteramente la misma que existió en la época de los Apóstoles” (Motalium animus).

4.2 – Identidad de las Vacancias

La duración variable de las vacancias, como hecho, no cambia por cierto la naturaleza ontológico-jurídica de las vacancias. Pero, jurídica y moralmente, si una es extinguible y debe ser extinta rápidamente, todas son extinguibles y deben ser extintas rápidamente. Por lo tanto, afirmar la imposibilidad moral de extinción es ir contra la naturaleza jurídica de las vacancias en la Iglesia que debe durar perpetuamente. Pero una vez, el “deber” y el“derecho” no vienen de los hechos, de las situaciones fluentes. Es herética la doctrina: “Jus in materiali facto consistit” (“El derecho consiste en el hecho material”) (DS. 2959) (D. 1759). Luego, es craso sofisma afirmar que si la vacancia menor no destruye la Iglesia, tampoco la milenaria y perpetua la destruiría. No es indiferente cumplir o no la obligación de extinguir la vacancia. Sería una Iglesia sin “deberes”, libre, agnóstica moralmente. Los “derechos” y los“deberes” serían mutables como las situaciones, la verdad sería relativa a las épocas, pero no inmutable (DS. 3458) (D. 2058); la religión sería “adaptablea los tiempos y lugares” y debería ser adaptada (DS. 3459) (D. 2059). Ahora bien, tal es la doctrina Modernista condenada por SanPío X. Cristo no hubiera querido una Iglesia “per longam saeculorum seriem duraturam”(“Que había de durar por una larga serie de siglos”) (DS. 3452) (D. 2052). Así, dogmas, Sacramentos, y jerarquía, serían “evoluciones” de la inteligencia de los cristianos (DS. 3454) (D. 2054). Por todos lados se manifiesta el relativismo agnóstico de tal doctrina fideísta sobre la Iglesia. La Secta de los Acéfalos tiene por lo tanto en esa doctrina su herejía central.

5. NO HABRÁ MÁS PAPA

Dice Britons: No es absolutamente cierto. Pero los hechos son obvios: primero es incuestionable la proximidad del reino del Anticristo, por la apostasía general, política de Gorbatchov, guerra de Irak-Kuwait; posibilidad de reconstrucción del Templo de Jerusalén. Segundo: es intrínsecamente cierto: en ese reino no existirá papa. Eso es obvio para Fr. Arminjon y V. M. Zins “lo demostró triunfalmente” aunque no concordemos con la parte substancial de su tesis. Luego, uniendo las premisas: “imposibilidad moral” de elección papal; inminencia del reino del Anticristo y no existencia de papa en él: “one may be certa in that no pope will be elected before the reign of Antichrist”(“Uno puede estar seguro que ningún Papa será elegido antes del reino del Anticristo”). Porque Dios ¿“intervendría para proveer” a la SantaSede de un papa si el intervalo es breve hasta el reino del Anticristo? Sería absurdo: un papa no será necesario en él porque la Iglesia tendrá a Elias y Henoch, dos testimonios. Habrá vacancia definitiva. Se puede admitir como probable que Elias y Henoch instruirán“how to elect a pope” (cómo elegir un papa) después de la muerte de ellos. Luego, durante elmilenio entre el Anticristo y el Juicio final, podrá haber papa de nuevo.
Ahora bien:

5.1 – Magisterio y opiniones

Por una parte Britons deja de lado el Magisterio dogmático de la Iglesia sobre Sucesores de Pedro, sobre la absoluta “necesidad del papa”. Y por otra parte adhiere a opiniones particulares sobre “hechos” que son profecías y las tiene como “obvias”, “incuestionables”, “enteramente ciertas”, “demostración triunfal”. En ese caso, la criteriología de la fe es invertida, libre, “juicio propio” (Tit. 3, 10) y no fundada en la autoridad de los dogmas sobre el papa y sobre la Iglesia. La propia Iglesia aún no ha hecho la exégesis de todas las profecías; muchas son obscuras; no todo fue revelado. “Non est vestrum cognoscere témpora vel momenta” (Act. 1, 7). “De die autem illa et hora nemo scit” (Mt. XXIV, 36);”nescitis qua hora Filius hominis venturas est” (Mt. XXIV, 42-44). Luego, debemos seguir el Magisterio que dice: “Estando vacante la Sede Apostólica, la cosa más grande y más santa es elegir un Pastor Supremo”(San Pío X – Vacante Sede Apostólica). El propio V. M. Zins recordó que los papas enfatizaron el cumplimiento de ese deber: “statim” (al punto), “sine mora”. Ahora bien, si la Historia y la Profecía registran hechos que fueron o serán, es la Moral y el Derecho que dicen lo que debían o deberían ser los actos humanos. Por lo tanto, si las profecías profetizan pecados, apostasías, eso en nada altera la Moral y el deber de actuar. No necesitamos ni a Elias ni a Henoch para enseñarnos “como elegir un papa”, ni para “dar jurisdicción a los obispos”, tampoco para decirnos cuáles son los obispos “válidos y lícitos”, “católicos”. Todo eso lo enseña el Magisterio de la Iglesia. Que no se desprecie pues el Magisterio en favor de opiniones inseguras de particulares, ni el dogma autoritario por exégesis libres. Ese fue el camino de muchos herejes que se juzgaron personalmente“iluminados”. No somos iluministas.

5.2 – Elias y Henoch

Aunque grandes teólogos como Bellarmino, Suárez juzgan cierta la venida de estos profetas, el P. Sagués S.J. escribe: “algunos exégetas parecen dudar de eso: Tobac, Condamin, Van Hoonacker, Aló (en cuanto a Henoch), Heeby, Chame, Meigan, etc..” “No es cierta la venida de Henoch. Maldonado opina que en su lugar vendrá Moisés. A Lapide, que los dos testigos a que se refiere el Apocalipsis son ellos; otros niegan esa interpretación”. “Lagrange (sobre Mc. IX, 12 s) infiere rectamente no un segundo advenimiento de Elías sino de San Juan Bautista” (Sacrae Theol. Summa, v. 4, p. 1029). También existen divergencias sobre la función que cumplirían. Luego, aunque la crisis presente fuera considerada señal de la proximidad del Segundo Advenimiento de Cristo, de ningún modo la exégesis de las profecías, hecha por opiniones de algunos, autoriza a negar la necesidad del papa en cualquier época, ni pronunciarse en contra de la existencia de “perpetuos Sucesores” de Pedro y a actuar negando el deber de elegir un papa. Ya en el siglo II, San Cipriano hablaba de que la gran apostasía había llegado. Cayetano lo afirmaba en el siglo XVI. Gregorio XVI vio señales del Apocalipsis en el siglo XIX. Cuando Britons discrepa con V. M. Zins en parte substancial; cuando Zins predica innumerables errores sobre “ilicitud” de los Sacramentos (ver “Roma” num. 119-120-121-123-124), es temerario e infiel dejar el Magisterio e ir detrás de exégesis y “demostraciones” que se le oponen. Tal criteriología es la de los Protestantes; de ella no se deduce sino la nueva Secta de los Acéfalos, “sin solución”, una“iglesia” que no es “jure perfecta” como el Magisterio enseña que es la Iglesia católica.

6. NEGACIÓN DEL DEBER DE ELEGIR PAPA

Todos los papas enseñaron que en las vacancias es de “suma” necesidad el deber de elegir otro papa. Britons responde: “we have no hesitation in replying to this question in the negative” (no hesitamos en responder a esta cuestión por la negativa), por dos causas en realidad:“obvia” proximidad del Anticristo e inexistencia de papa durante el “reino” de éste. La elección no alcanzaría los fines para los cuales es electo un papa: la unidad de régimen; sólo exacerbaría las divisiones. La crisis actual es un castigo de Dios y Dios, “en esos casos deja al hombre sin soporte natural, actúa por intervención de él mismo, por Santos, no por salvadores auto-designados, por iniciativa práctica, temporal, en nivel natural, por medio puramente humano, con recursos naturales del hombre, de modo individual. Redujo de 35.000 a 300 los hombres de Gedeón. Lo que debe hacerse, lo que realmente es necesario es la santificación personal. Un Cónclave es falla de fe, presunción, cisma, acto sacrilego, criminal, inútil, orgulloso, autoconfianza, maniobra de Satán, impide la santificación y el arrepentimiento, pierde el alma, es acto oficioso de salvador autodesignado. Cristo mandó a San Pedro guardar la espada, afirmando que podía pedir a Dios legiones de Angeles”. Eso se aplica ahora.

6.1 – Finalidad de la Elección

El deber de la Moral Católica de extinguir la vacancia es cumplir la norma divina, unir bajo un sólo régimen a los que ya tienen la misma le, a los que ya pertenecen al “coetus fidelium”. La objeción actual afirma que cumplir tal deber “exacerba las divisiones” ya existentes y que por eso no alcanzaría el fin buscado. Ahora bien, los que ya están irreductiblemente divididos antes de cualquier elección, ya sea sobre doctrinas tradicionales o vacancia. Cánones 188, 2261, 2264…, aún después de las admoniciones hechas, son herejes o cismáticos, y deben ser jurídicamente tenidos por tales (Canon 2315). La objeción pretende pues mantener una “iglesia” ecuménica, dividida en partes en la fe, con igualdades y libertades para opiniones opuestas. Opone hechos concretos a lo quedebe ser por Derecho divino. Ahora bien, la Iglesia no consulta a los Protestantes al elegir un papa. Pío XI niega que la Iglesia “está dividida en partes” porque algunos se aparten de ella (Mortalium ánimus). Luego, tal objeción supone el Ecumenismo del Vaticano II y la herejía de la libertad religiosa. Alia el “libre examen” de la Revelación profetica a una falsa concepción de Iglesia. Niega la doctrina moral católica.

6.2 – Modo de Acción de Dios

Dios guía a los fieles a través de doctrinas y leyes de la Iglesia y no a través de exégesis libres y directas de la Revelación, opiniones libres e iguales entre sí. Si Dios mandó a Gedeón a luchar con sólo 300 hombres, no mandó descuidarse y no luchar porque eran apenas 300 hombres como pretende Britons. Si Dios ordenó a Pedro guardar la espada en el Huerto de los Olivos, bajo su orden directa, afirmando que, si quisiese, el Padre podría enviarle doce legiones de Angeles, la “voluntad de Dios” es que en la Iglesia existan“perpetuos Sucesores” de Pedro y por lo tanto, perpetuos electores y las elecciones necesarias para elegirlos. Fue el Demonio que tentó a Cristo con el “tírate abajo” de lo alto del templo porque Dios escribió que enviaría Angeles de los cielos para ampararlo (Mt. IV, 6). Cristo respondió: “No tentarás al Señor tu Dios”. El Demonio también hacía libre examen de la Revelación contra el verdadero sentido que da la Iglesia a los textos revelados. Si Cristo mandó actuar “velad y orad”, “con paciencia”, no mandó solamente eso. Fue el concilio Vaticano II el que acentuó el modo de acción de Dios y de Cristo sólo humilde, sólo manso, sólo persuasivo para apartar el imperio de las leyes de Dios, la espada de las autoridades, la coacción de las penas exteriores (LDS. 2605) (D. 1505). Luego, la exégesis del“modo de actuar de Dios” enseñada por Britons es contraria a las leyes de Dios. Es falsa Moral.

6.3 – Acción Individual y Social

No es acción “individual”, “oficiosa”, aquella hecha por individuos de acuerdo con los deberes doctrinales y las leyes de la Iglesia. Ontológicamente todos los actos humanos son“individuales” e iniciativas personales, aún los de los papas, cardenales y obispos. No obstante, moral y jurídicamente sus actos son regidos por normas de Derecho público de la Iglesia que les confieren derechos y deberes (vg. Canon 87) de “personas” dentro de la sociedad de la Iglesia y “autoridad” directa o supletoria para actuar, los actos de los fieles están unidos cspiritualmenlc en la comunión de los Santos y jurídicamente en la unidad de régimen. El Canon 20 obliga a los fieles a actuar de modo determinado: “norma sumenda est” (“La norma debe tomarse”). Luego, tales actos están de acuerdo con el Derecho Público de la Iglesia. No son “autodesignados” los que actúan de acuerdo con ese Derecho, sino los que actúan por exégesis personal de la Revelación, conviniendo el deber de actuaren deber de no actuar. El deber “santificación personal” de no se cumple con la exclusión de los deberes sociales. Si cuando existen los electores designados compete a otros cumplir ese deber,cuando ellos no existen compete a “toda la Iglesia”.

6.4 – Acción Puramente Humana

Todo acto del hombre en cuanto hombre es humano. Pero no es “puramente humano” y“natural” lo que está fundado en la fe sobrenatural y regido por ella. También los actos de Cardenales al elegir un papa son “naturales” y “humanos” pero no sólo naturales y humanos: “haec autoritas, etsi sit data homini et exerceatur per hominem, non humana, sed divina potestas”(“Esta potestad aunque se ha dado a un hombre y se ejerce por un hombre, no es humana, sino antes bien, divina”)(DS. 874) (D. 469). Tambien los actos de oración y de confianza en Dios son humanos. Es falso pues que Dios elimine el “soporte natural” y el “nivel natural” cuando actua a través de los hombres de la Iglesia, según normas y deberes del Derecho de la Iglesia. “Jus divinum quod est ex gratia non tollit jus humanum quod est ex naturali ratione” (“El derecho divino, que procede de la gracia, no abroga el derecho humano, que se funda en la razón natural”) (S. Tomas, S.T. 2-2, 10, 10). La Luz de la fe no elimina la luz natural de la razón. La Causa primera no elimina las causas segundas. Sól al conferir las gracias sacramentales Dios es Autor único de la gracia. Aún así, por su ley ordinaria, se vale de ministros humanos como causas instrumentales. Noé Gedeón, Pedro eran hombres; el Papa y sus electores son hombres. En Cristo “Verbum caro factum est” (Jo. 1, 14).

6.5 – Lo realmente necesario
“Lo realmente necesario” es “lo que se debe hacer”, lo que esta incluído en el deber de santificación, es el cumplimiento de todos los deberes y no sólo los libremente escogidos por “juicio propio” (Tit. III, 10), por opiniones ajenas seleccionadas. Britons sigue hoy, lo que predicaba Wiclef: “Post Urbanum VI non est aliquis recipiendus im papam, sed vivendum est more graecorum, sub legibus propiis” (Despues de Urbano VI, no ha de ser recibido nadie por Papa, sino que ha de vivir al modo de los griegos, bajo las leyes propias) (DS. 1159) (D. 589). Sólo cambió el nombre del último papa, pero mantuvo íntegra esa norma herética que el Concilio de Constanza condenó.

7. EL DEBER DE ABSTENERSE DE ACCIONES

Dice Britons:

Dios no prohibe hacer lo que está a nuestro alcance; pero debe creer que en la crisis actual, el deber de abstenerse de acciones prácticas, exclusivamente orar, hasta la intervención de Dios. Es la prudencia de Noé construyendo el Arca por orden de Dios. Cristo desaprueba la acción de Pedro en el Huerto de los Olivos. Debe rechazarse sin hesitación el terminar la crisis por iniciativa práctica: la crisis no puede ser resuelta a nivel antural porque es demasiado grande. Fue producida por Dios para un fin específico y no terminará hasta que ese fin sea alcanzado. No debemos frustrar el plan divino por medios naturales, por un cónclave. Fue un fiasco uno que se realizó. Para ser ortodoxo sin papas, pastores, sacramentos, misa, la solución única es la oración. Creemos que la crisis sólo terminará con Elias y Henoch extinguiendo la vacancia, con intervención de Dios y la muerte del Anticristo. Hasta entonces “sólo oración en lugar de acción”: “the sole solution is prayer”. No es quietismo abdicar del deber de actuar, ni contra la máxima de San Ignacio. La crisis no puede ser resuelta por recursos naturales, por intervención práctica, porque trasciende el orden natural, es extraordinaria. Es falta de fe afirmar que terminará por cualquier otro medio. Cayetano confirma: cuando no existe recurso natural, como en el caso del papa malo (bad pope), sólo la oración es el remedio propio, específico, panacea eficaz para cuando no existen medios humanos. Ahora bien, en el caso actual es así. Luego, sólo la oración es el medio. Somos pocos, sin autoridad, repletos de error.

Ahora bien:

7.1 – Libre Examen

Si Noé construyó el arca por expresa revelación de Dios, hoy, la Revelación de Dios nos manda actuar según doctrinas y leyes de la Iglesia, y no esperando nueva “revelación”sobre la elección papal, sobre Sacramentos y jurisdicción de Obispos. Es herejía modernista afirmar que “la Revelación, objeto de la fe, no fue completada por los Apóstoles”(DS. 3421) (D. 2021) sino que es “interpretación de los actos religiosos, hecha por la mente humana” (DS. 3422) (D. 2022). Ahora bien, eso es lo que hace Britons. No está en cuestión la excelencia y eficacia de la oración, ni el deber de orar, sino la existencia también de otros deberes. San Pío V no dispensó la batalla de Lepanto contra los mahometanos confiando solamenteen la oración. Y la crisis era extraordinaria y grande. Durante la herejía arriana, no se dejó de elegir un papa; ni durante el Gran Cisma de Occidente se pensó en terminar la crisis sólo por la oración, sin elección. Se niega la existencia del medio específico, de la posibilidad de elegir adoptando la doctrina herética de la no necesidad de papa.

7.2 – Plano Divino

Afirmar que actuar es “frustar el Plan divino” es doctrina falsa: Dios no quiere pecados, apostasías y herejías; quiere permitir que ocurra, no tiene “plan” para que no ocurra.Moralmente quiere que no ocurran cuando físicamente permite que ocurran pecados. Dios no es autor de los delitos, aún cuando los profetiza en su divina presciencia. Luego, la voluntad divina es que los fieles actúen según sus deberes y leyes y no contra ellos. La exégesis del modo de actuar de Dios y de su voluntad está dada por la Iglesia infalible en sus leyes, no por interpretación libre de “planes” de Dios.

7.3 – Quietismo social

Britons repite “ipsis litteris” la doctrina quietista de Molinos, aunque limitándola a los deberes sociales actuales. Molinos escribió: “Velle operari active est Deum offendere, qui vult esse ipse solus agens” (“Querer obrar activamente es ofender a Dios, que quiere ser Él el único agente”) (DS. 2202) (D. 1222). Inocencio XI la condenó. Ahora bien, Britons repite las mismas palabras en el plano social. Repite las sentencias de Quesnel: “In vanum, Domine, praecipis si tu non das quod praecipis” y “gratia non est aliud quam voluntas Dei jubentis et facientis quod jubet”(“En vano Señor, mandas si tu mismo no das lo que mandas”. “La gracia no es otra cosa que la voluntad de Dios omnipotente que manda y hace lo que manda”) (DS. 2403-2411) (D. 1353-1361). Clemente XI lo condenó, Trento condenó las doctrinas de Lutero: basta la fe y la confianza en Dios, sin las obras (DS. 1562) (D. S22),“nihil omnino agere et passive se habere” (“Nada absolutamente hace y se comporta de modo meramente pasivo”) (DS. 1554) (D. 814); la salvación “sine conditione observantiae mandatorum” (“Sin la condición de observar los mandamientos”) (DS. 1570) (D. 830). Por lo tanto, esa doctrina de la exclusividad de la oración y de la confianza en Dios, opuesta al cumplimiento de los deberes sociales, no parece católica sino similar a la “fe fiducial” de Lutero.

7.4 – Crisis extraordinaria

En las situaciones extraordinarias, no comprendidas en la intención del legislador, al promulgar las normas ordinarias, no se aplica la ley ordinaria, sino que se debe actuar“praeter verba legis” (“Más allá de las palabras de la ley”) (S. Tomás, S.T. 1-2, 96, 6). Pero existen leyes de“excepción” y leyes que indican cómo actuar cuando la ley ordinaria no se aplica. Así, el Canon 2261, más allá de la norma para situaciones comunes, tiene normas de “excepción”para situaciones graves o de extrema necesidad. Y el Canon 20 enseña “de donde sacar la norma” de actuar, cuando falta una norma sobre determinada materia. Por lo tanto, alegar que no se aplican esos Cánones porque la crisis es extraordinaria, muy grave, significa afirmar que la Iglesia no sabe cómo regir a los fieles en tales situaciones, y que no tiene medios lícitos y válidos para gobernarse en tales crisis. Lo que significa que no sería perfecta la sociedad fundada por Cristo, no tendría “adjúmenta ad incolumnitatem actionemque suam necessaria” (“Los auxilios necesarios para su incolumidad y acción”) (DS. 3167 – León XIII).Fundado en esa doctrina de la Iglesia es que Vitoria escribió que en la vacancia de la ley sobre elección papal: “non est dubitandum quim Ecclesia posset sibi providere de Summo Pontífice” (“No se debe dudar que la Iglesia podría preveer para sí un Sumo Pontífice”) (ídem, Recol. 18). Lo opuesto a las aserciones de Britons.

7.5 – Católicos llenos de Error

Algunos yerran y la “Britons” es un ejemplo vivo de esto. Pero, no todos yerran en lo que es de necesidad absoluta para la Iglesia. Si todos errasen, los “católicos” no tendrían criterio de verdad sobre la esencia de la Iglesia, todos estarían en una Iglesia incierta e insegura, dudosa. Por el contrario, si algunos yerran, el criterio no es abrir opiniones sobre “our position” sino buscar la autoridad, el Magisterio que la Roca de Pedro siempre enseñó y admitir, preliminarmente, los criterios racionales de verdad. Pues “la razón precede a la fe y a ella debe conducirnos” (DS. 2755)(D. 1626). A la fe precede un “obsequium rationale” (San Pablo)y muchos, despreciando esto, transitan por la herejía del Fideísmo “anti-intelectualista”, como los liberales y modernistas (DS. 3475)(D. 2072). Si todos los “católicos” estuviesen“repletos de error”, estaríamos en las tinieblas de la libertad religiosa, de la unidad“imperfecta” del Ecumenismo, en el Subjetivismo universal sobre Religión.

7.6 – Católicos sin Autoridad

Vitoria escribió: “notem est in jure quod non oportet ut electores habeant autoritatem ad quam eliqunt” (“Es manifiesto en el Derecho que no es necesario que los electores posean la autoridad para la cual eligen”) (De Potest. Ecclesiae, Rec 2). Quien elige un gobernante civil no tiene su autoridad. El que elige un Abad, no tiene la autoridad del Abad. Ni los Cardenales tienen la autoridad papal (Vacante Sede Apost. Canon 1). Si Pedro no dejó ley sobre como aplicar el poder papal a una persona cuando no existieran los electores designaos, existe en la Iglesia la autoridad supletoria de los Obispos ortodoxos que la recibieron del Sumo Pontífice. Y si acaso estos mismos faltasen, por la misma ley de suplencia, la autoridad descendería necesariamente a toda la Iglesia, al“coetus fidelium”, no para gobernar la Iglesia, no para delegar poderes a un papa como Cabeza ministerial de la Iglesia (DS. 2602-2603) (D. 1502-1503) sino sólo para escoger a aquél que,“jure divino”, ejercerá el poder que viene de Dios. En la “vacatio legis” “no quedaría otro medio sino la elección por la Iglesia” (Vitoria). Luego, si nadie más tuviese “autoridad” ni para escoger quien ocuparía el cargo de donde viene la autoridad para todos, la Sede “de la cual los derechos (…) emanan para todos” (DS. 3057) (D. 1824) por misión canónica (Canon 109), ahí sí, la Iglesia estaría extinta. Como eso es imposible, se sigue que existen electores católicos con “autoridad” necesaria y suficiente para realizar una elección válida, en cualquier crisis, aún en la actual. Si de hecho existieron “elecciones mal hechas, mal preparadas, sin regimentación previa de los que profesan la misma fe y solamente de ellos, eso no significa que éstas no puedan o no deban ser realizadas con adecuada preparación, previa exclusión de los que ya se han autoexcluído de la congregación de los fieles. Si unos erraron no todos yerran universalmente y siempre.

8. ILICITUD DE TODOS LOS SACRAMENTOS

La secta de los Acéfalos actuales procede también de la doctrina “Antisacramentalista” ya refutada (Roma, n° 119 a 124). Por ella V. M. Zins afirma que son “ilícitas” y “cismáticas” las consagraciones episcopales sin mandato pontificio, a pesarde afirmar el estado de extrema necesidad. Contempla los supuestos pecados personales de los consagrantes y formalidades de mero derecho humano no pertinentes al caso (vg. Canon 151) en vez de tener en cuenta la necesidad de la gracia y de los Sacramentos por parte de la Iglesia y de los fieles. El anticonclavismo elimina la jerarquía de jurisdicción; el antisacramentalismo, la jerarquía de Orden, impide la Sucesión apostólica. No quedarían entonces sino un puñado de laicos acéfalos. Ignora las consecuencias del estado de extrema necesidad sobre las leyes humanas y sobre los preceptos divinos. El y otros semejantes, afirman la doctrina que San Pío V condenó en Baio: “El hombre peca en lo que hace por necesidad” (DS. 1967) (D. 1067). Se apegan a la norma ordinaria de los Cánones 2261 y 2264 despreciando las normas extraordinarias que ellos contienen. No ven que los ministros de los Sacramentos actúan “ex opere opérato”, como causas instrumentales de Cristo y que la validez del Sacramento no proviene de la santidad del ministro, sino de la acción de Cristo. Y con tales doctrinas prefieren ver perderse a la Iglesia antes que someterse a sus leyes explícitas y explicitadas por los Doctores de la Iglesia. Así se genera a la secta de los Acéfalos modernos, tal vez por falta de conocimientos, en Francia, Inglaterra, Argentina y otros países.

CONCLUSIÓN: EL DEBER DE UNIÓN

No nos compete prever o profetizar los hechos futuros, pues para eso no tenemos Revelación especial ni somos “iluministas” o gnósticos. No sabemos como y cuando vendrán Elias y Enoc, ni como actuarán, ni si Dios convertirá a los que sean meramente errantes, diseminados entre los millones de “católicos” de la nueva iglesia y si a través de ellos, un día existirá una elección válida de un papa ortodoxo. Son posibilidades que sólo Dios sabe. Solamente nos aferramos a doctrinas de la Roca segura y perenne de Pedro, basados en sus dogmas de perennidad de la Iglesia, de la jerarquía, del papa, de los Pastores y Doctores, del poder de Orden y de Jurisdicción, del Derecho de la Iglesia, No inventamos doctrinas nuevas para justificar unión con papa hereje, ni permanencia del mismo comoválida ya formalmente, ya “materialmente“, para justificar el apartamiento de la obediencia a un papa juzgado “válido”; ni inventamos doctrinas sobre estado de necesidad, ilicitud de los Sacramentos, vacancia perenne, imposibilidad de elección papal, ni exégesis escatológicas. Esas profecías son el claras en un punto: existirán muchos “falsos profetas”en el fin de los tiempos, afirmando que Cristo está aquí o allí. Cristo nos lo advierte para queno creamos en ellos, para que perseveremos en las mismas doctrinas de siempre. Entre éstas está la de los “perpetuos Sucesores” de Pedro y la de existencia de “Pastores” hasta el fin de los tiempos.

Es herejía a firmar un “obscurecimiento general” de la doctrina (DS. 2601)(D. 1501) en la Iglesia en donde “lux lucet in tenebris” (Jo. 1, 15). Pero, “quebrados los vínculos de la unidad visible, se oscurecen las formas del Cuerpo Místico de Cristo, de modo que no puede ser visto ni encontrado por los que demandan el puerto de la salvación” (Pío XII, Myst. Corporis).

Las cosas de la Iglesia “son vistas por aquél qué cree” y son visibles “para los que adhieren a la recta fe y no para los otros” (S. Tomás, S.T. 2-2, 1-4 y ad 3).

Pasando de las doctrinas de la Iglesia a la acción práctica, ya que los que profesan nuestra ley pertenecen al mismo “coetus fidelium” se encuentran dispersos por el mundo, en cuanto no se elimina la falta de jurisdicción ordinaria en razón de esa misma dispersión meramente física y no doctrinal, sería útil congregar a esa personas en una sociedad que sirviese de medio para mejor conocimiento ya de la fe, ya de las personas que la profesan y que auxilie a preparar la base necesaria para la extinción de la vacancia. La unidad de régimen supone unidad previa en la fe y en la caridad mutua, señal distintiva de la Iglesia.

LA HEREJIA DE LA ACEFALIA PERENNE
“Querer operar activamente es ofender
a Dios que quiere ser el único agente”

(Doctrina condenada por Inocencio XI)
(DS. 2202 – D. 1222)

INTRODUCCIÓN: LA SECTA DE LOS ACÉFALOS

Después del Concilio de Calcedonia, grupos de monofisitas allí condenados deambularon como “Acephali” por regiones de Oriente. De uno de ellos, alrededor del año 630, se originó para el Emperador Heraclio la doctrina del Monergismo que después, con el papa Honorio I, se convirtió en la herejía monotelita. Hoy los “Acéfalos” reaparecen con otras doctrinas, pero con la misma negación de una Cabeza visible en la Iglesia no solamente como hecho subsiguiente de la vacancia del cargo papal por herejía pública, sino también como doctrina que afirma la imposibilidad, la invalidez y la ilicitud de los medios jurídicos específicos para poner fin a la vacancia. Tendríamos la vacancia perpetua, una “iglesia” “non tenens caput” (Col. II, 19). Tal herejía aterradora es defendida con acentos psicológicos intensos por la “Britons Catholic Library” (Letter 7, noviembre 1990) en el artículo: “The prospect of a Papal Election” – “A summary of our Position”. Se colocan de lado las lecciones de los grandes teólogos: Cayetano, Vitoria, Bellarmino, Billot… y los fundamentos dogmáticos, morales y jurídicos de la Iglesia y se propaga con audacia una “our position”, como si en la Iglesia a cualquiera le fuera lícito propagar libremente su opinión sin tener en cuenta aquello que Ella siempre ha enseñado. Nuestro objetivo aquí no es directamente comentar las doctrinas de aquellos teólogos renombrados, sino refutar las herejías e inepcias ahora esparcidas “sub specie pietatis” (Bajo apariencia de piedad) (DS. 809 – D. 434). Esas doctrinas o similares se originan en Francia y tienen ramificaciones en la Argentina y otros países y, a veces derivan también en otras doctrinas ineptas (como la del papa “materialiter”). Creemos que también aquellos que se dicen “unidos” al papa herético (aunque no lo obedezcan en nada), lo hacen más por el temor de tener que enfrentar el deber de poner fin a la vacancia del cargo papal que por estar convencidos de que la Iglesia pueda tener por papa “válido” a un hereje público. Se desvían del deber central inventando doctrinas y se contradicen por temor a cumplir ese deber en las circunstancias extraordinarias y sin precedentes en la Iglesia. Todos afirman con la boca llena el estado de necesidad extrema de la Iglesia, las herejías que se propagan libremente en todos los niveles, pero se estremecen al ver definidas las consecuencias que esto acarrea al orden social de la Iglesia. Santo Tomás lo expuso admirablemente cuando escribió: “Utrum ei qui subditur legi liceat agere praeter verba legis” (“Si es licito al que está sometido a la ley obrar más allá de la letra de la ley”). (S. Th. 1-2,96,6). Se apegan a la ley humana oponiéndola a las normas superiores divinas, como si la intención del legislador fuese impedir lo que es de absoluta necesidad para la existencia de la Iglesia: la jerarquía de Orden y la jerarquía de jurisdicción. Esto origina la nueva secta de los “Acéfalos”, sin jerarquía, sin Sacramentos, sin papa, sin solución. Por los delitos de los herejes que se apartan de la Iglesia, juzgan que la Iglesia fue destruida o damnificada en su perfección jurídica y que no tiene medios “lícitos y válidos” de recuperarse.

1. EL DERECHO SUPLETORIO EN LA IGLESIA

Citemos sumariamente algunos textos relativos al Derecho supletorio en la Iglesia para elegir un papa en situaciones donde no exista ley humana regulando la materia (vacatio legis), o exista una ley humana no aplicable a aquella situación concreta del momento, ya sea por inexistencia de los electores designados por ley papal humana, o por negligencia de los mismos en aplicarlas, o por dudas de facto de que ellos sean los electores designados o también por imposibilidad de aplicar la ley humana en razón de disidencia o de cisma, divisiones y herejías entre los electores. Después volveremos a esta doctrina. Ahora, citamos apenas algunas sentencias:

1.1 – Cayetano:

“Por excepción y de forma supletoria este poder (de elegir un papa), compete a la Iglesia y al Concilio, sea por la inexistencia de cardenales electores, sea porque son inciertos o cuando la propia elección es incierta, como ocurre en época de cisma” (De comparatione autoritatis papae et concilii, C. 13 y C. 28).

1.2 – Vitoria escribe:

“Aunque San Pedro nada hubiese determinado, una vez muerto, la Iglesia tiene poder para sustituirlo y nombrarle un sucesor (…) No restaría otro medio a no ser la elección por la Iglesia. Luego, la Iglesia podría elegir otro (…). “Si por calamidad, guerra, peste, faltasen todos los Cardenales, no debe dudarse que la Iglesia podría proveer para sí un Sumo Pontífice (non est dubitandum quim Ecclesia possit sibi provideri de Summo Pontífice)”. Y la causa principal es:

“porque de otra forma existiría la Vacancia perpetua (vacaret perpetuo) en aquella Sede que debe durar perpetuamente”. Donde tal elección: “a tota Ecclesia debet provideri et non ab aliqua particulari Ecclesia” (Debe ser procurada por toda la Iglesia y no por alguna Iglesia particular”)… Eso porque: “Illa potestas est communis et spectat ad totam Ecclesiam. Ergo, a tota Ecelesia debet provideri”, (“Ese poder es común y se refiere a toda la Iglesia. Luego, debe ser procurada por loda la Iglesia”)., (De Potestate Ecclesiae, Recolectio 18).

1.3 – Billot (Bellarmino):

Billot examina “como sería aplicada” la elección papal, “en caso extraordinario”, cuando fuese necesario proceder a la elección, no siendo posible cumplir las disposiciones de la ley papal, como en el caso del gran Cisma de Occidente. “Se debe admitir sin dificultad que el poder de elección sería pasado a un Concilio general”. Porque “la ley natural prescribe que, en tales casos, el poder atribuido a un Superiores derivado al poder inmediatamente inferior, porque el mismo es indispensablemente necesario para la sobrevivencia de la sociedad y para evitar las tribulaciones de la extrema necesidad”. (De ecclesia Christi) (Bellarmino: Controversiae, De Clericis, 1. 7, c. 10).

Luego: “non est dubitandum” (“No se debe dudar”), “se debe admitir sin dificultad” que la Iglesia siempre tiene y tendrá, en cualquier situación, por más grande y extraordinaria que sea, medios válidos y lícitos para elegir un papa. Esto se infiere de la noción de “sociedad perfecta” que es la Iglesia. La “vacancia perpetua” es imposible en una sociedad que debe durar perpetuamente. Veamos ahora la oposición que hace a esa doctrina la citada “Britons”.

2. LA EXTINCIÓN DEL DERECHO DE ELEGIR UN PAPA

“Britons” simplemente niega el poder de elegir un papa, en caso de faltar los Cardenales. Afirma que Dios no puede cambiar la ley humana papal, que Dios debe “respetar” las leyes papales, porque al conferir el poder a los papas prometió ligar en los cielos aquello que ellos ligaren en la tierra. Dios estaría autoligado, no podría cambiarla ley sobre Cardenales. Después, dice que “teóricamente”, “en abstracto” estaba errado en vista de la autoridad de los teólogos. Pero, aún así, afirma: “The correetness of this position (de los teólogos) is not self-evident as some seem to think, for it is not antecedently impossible that the right of electing a pope should perish with the last Cardinal”. Entonces, en lugar de admitir la doctrina común de los teólogos opone a ella la doctrina de la extinción en la Iglesia del poder de elegir un papa. Alega “razones”: “Los Cardenales tienen el derecho de predicar, administrar la Confirmación y reservar el SS. Sacramento en cualquier diócesis. Ahora bien, nadie argüirá seriamente que si todos los Cardenales perecieran, estos derechos pasarían directamente a los Obispos”, (sic) (!). Ahora bien:

2.1 – Jerarquía de las Leyes

Ley humana contingente no puede impedir ley divina necesaria so pena de ser ley nula. Ahora, tales son las leyes humanas sobre la dignidad de los Cardenales, conforme sentencia común. Por lo tanto ellas no pueden impedir la elección de un papa, necesidad de derecho divino, esencial a la Iglesia. El derecho de elegir un papa concedido a los Cardenales por ordenamiento humano de los papas, proviene de la necesidad absoluta de la Iglesia por derecho divino y, si no se ejerce, otro lo debe ejercer. Ya los demás privilegios de los Cardenales en cuanto a territorios sobre administración de los Sacramentos son comunes a los derechos de los demás Ministros de la Iglesia dentro de cada diócesis. Y, en casos de extrema necesidad, cualquier ministro de los Sacramentos, hasta herético, puede administrar los Sacramentos, aún más allá de los límites territoriales de sus jurisdicciones. Luego, el argumento opone lo que es ley humana contingente a lo que es derecho divino necesario: subvierte la jerarquía de la autoridad y de las leyes entre Dios y los hombres.

2.2 – Vinculación de Dios

El poder de ligar y desligar conferido por Dios a los pastores de la Iglesia no es un poder absoluto que confiere autoridad a los hombres para ligar y desligar de las propias leyes de Dios, de tal modo que Dios quede obligado a “respetar” cualquier ley humana promulgada por un papa. En ese caso, cualquier papa podría cambiar la Constitución divina de la Iglesia y desligarse de todos los preceptos divinos. “Nadie puede dispensar de los preceptos que vienen de Dios, sino Dios” (S. Tomás, 1 -2,97,4 ad 4). “El papa no puede cambiar nada en el derecho divino, dispensando o abrogando. Es la conclusión de todos los teólogos, sin controversia” (Vitoria, De Polestale Pápale el Concilii, Prop. 1). Luego, la sentencia es inepcia jurídica.

2.3 – Negación de la Razón y de la Fe

Lo que es o no es “evidente” en materia de fe viene de la Revelación interpretada por el Magisterio de la Iglesia y no por la opinión libre de cada uno. Aun en el orden natural, en la sociedad temporal, es evidente que, siendo sociedad perfecta, siempre tendrá medios necesarios para elegir o designar un gobernante. En el orden sobrenatural de la Iglesia la Revelación nos dice que “Ubi non est gubernator populus corruet” (“Donde no hay gobierno va el pueblo a la ruina”) (Prov. 11, 14). Y el Magisterio de la Iglesia afirma solemnemente que Pedro tendrá “perpetuos Successores” (DS. 3058) (D. 1825) siendo por lo tanto herética la afirmación de la posibilidad de extinción del poder de elegir un papa, sólo por la falta de Cardenales humanamente designados. Si existen “perpetuos Successores”, existen perpetuos electores, independientemente de las situaciones. La constitución divina de la Iglesia es inmutable, enseña san Pío X contra los Modernistas (DS. 3453) (D. 2053). Luego, no es variable como las “situaciones” y como los delitos de los herejes. No es relativa a las variaciones situacionales.

3. IMPOSIBILIDAD PRÁCTICA DE ELECCIÓN PAPAL

Britons: La norma de la supletoriedad del poder para elegir un papa es “teóricamente posible”, una “posibilidad teológica” “en abstracto”. Entretanto en la práctica es imposible de ser ejercida. Eso porque “la validez de una elección requiere el consenso de todos los católicos del mundo”. Ahora, tal consenso es imposible pues, ni aún entre los teólogos existe consenso sobre quienes serían los electores del papa: Billot y Cayetano dicen que es el Concilio; Dom Grea, que es el clero romano; Bellarmino que son el clero romano y los Obispos próximos. En Constanza, Billot cita a Franzelin que dice que, por ser Gregorio XII el papa legítimo y por haberle dado él poderes al Concilio, no fue usada la ley del Derecho supletorio. Luego, sin concordancia, parte de los fieles tendrían el derecho de rechazar al papa electo. Sin concordancia existirían disputas y cismas. Luego, el papa sería dudoso y por lo tanto nulo. Hay “imposibilidad moral” de elección válida. Hay aún la cuestión de la participación de laicos en las elecciones, si pueden participar.

3.1 – Imposibilidad y Posibilidad

Toda norma universal de acción tiene por fin regir la práctica, es una “norma agendi” y no mera teoría abstracta. Pío XII condenó la Etica de Situación modernista, donde la norma en sí misma es alterada en función de “situaciones” corrientes: “la ley moral comprende necesaria e intencionalmente todos los casos (concretos) particulares en los cuales se verifican sus conceptos” (Aloe. 18-04-52-Nueva Moral). Por eso el Canon 20, a falta de ley general o de ley particular, enseña: “norma sumenda est”… se debe tener la norma de actuar de los principios generales del Derecho, de la práctica y de las sentencias comunes de los Doctores. “Derecho” entretanto no es mera sentencia “abstracta” mas tiene anexa la autoridad imperativa de la voluntad del legislador. Y en el caso, del Legislador divino que hizo la constitución divina de la Iglesia y “quiso” que en ella existiesen “papas”, “Pastores y Doctores hasta la consumación de los siglos” (DS. 3050) (D. 1821).

Luego, “quiso” electores hasta el fin de los siglos, preceptuó electores siempre que existiese vacancia. Ahora bien, Dios no manda cosas imposibles de ser cumplidas en la práctica, ni moralmente, ni jurídicamente. Tal afirmación es la herejía de Jansenio: “Algunos preceptos de Dios son imposibles (…), falta la gracia por la cual se vuelvan posibles” (DS. 2001) (D. 1092). Muchos preceptos morales y jurídicos presentan dificultades para ser cumplidos en la práctica; de ninguno puede decirse que sea “imposible”. Lo que es de necesidad dogmática en la constitución divina de la Iglesia no puede ser “moralmente” y prácticamente imposible.

Imposibilidad significa ausencia de medios para el fin y una sociedad perfecta jurídicamente siempre tiene medios para alcanzar su fin por sí misma. En el caso, el Derecho supletorio enseñado por los Doctores es la “norma sumenda” indicada por el Canon 20, que fluye de los “principios generales del Derecho y de la sentencia de los Doctores”. Luego, es ley de Dios y de la Iglesia. En la falta de ley específica, no falta en la Iglesia la ley genérica para casos extraordinarios, como, en el caso de la ausencia de los electores designados por la ley humana. En el Concilio Vaticano I el Obispo Zinelli, Relator de la fe, juzgó que probablemente jamás se daría el caso de un papa herético, pero agregó: “Pero Dios no falta en cosas necesarias; por lo tanto si Dios permitiera tamaño mal, no faltarán medios para resolverlo” (non deerunt media ad providendum) (Msi. 52, 1109-Salavcrry, De Ecclesia Christi, v. 1, p. 696)

3.2 – Falsa Inexistencia de Consenso
Sobre el consenso universal de los católicos para una elección papal es necesario distinguir el objeto del consenso y su causa. La fe no es objeto de libre asentimiento, ni los principios generales de Derecho que vienen del Derecho divino. Así, no es libre creer o no creer en la necesidad de un papa, en la existencia de “perpetuos Successores” de Pedro y por lo tanto en la existencia de perpetuos electores, tampoco en el deber de elegir un papa en las vacancias de su cargo. Eso no es materia libre ni para el papa. Dios dejó al papa la libertad de regir conforme a su ley o, en cosas meramente contingentes, conforme a su prudencia. Aún allí tiene el deber de anteponer la prudencia del legislador a la personal. Aún en materia no definida, Pío XII enseña que se debe aceptar lo que enseñan los papas en Magisterio no supremo, pues son enseñanzas del “Magisterio ordinario” (DS.3885)(D.2313). Si Dios no determinó la forma de elección papal no deja de ser de derecho divino la necesidad de la elección papal y de ser contra la fe negar la posibilidad de la elección.
Ahora bien, es falso que los Católicos no tengan consenso sobre los principios generales de Derecho, sobre la necesidad del papa y de su elección. El consenso allí es dogmáticamente debido, impuesto por autoridad de Dios y de la Iglesia. El Vaticano I enseña que las verdades de la fe provienen “non ex consensu Ecclesiae” pero “ex sese” (“No del consentimiento de la Iglesia” sino (que son irreformables) “por sí mismas”). (DS. 3074) (D. 1839). Y si no existe allí libertad de opinión, tampoco existe igualdad de opinión, aún en materias no definidas. Existen “razones teológicas” para así creer o actuar. Pertenece al Vaticano II la declaración de la libertad de opinión y de la “aequalitas jurídica” de las religiones, frutos del Agnosticismo modernista.
Tenemos en la Iglesia de Cristo doble unidad “requerida por derecho divino”. Anterior a la unidad de régimen y de gobierno de un papa está la unidad de fe, el “coetus fidelium” (reunión de los fieles) que está unida también por el régimen (DS. 3306) (D. 1 838). Por lo tanto, no tiene derecho de participar de una elección papal quien antes no pertenece al “coetus fidelium”: no tiene voz activa ni pasiva en la Iglesia. (Paulo IV, Cum ex Apostolatus). No aceptar el Canon 20 es no aceptar los principios divinos del Derecho de la Iglesia. Luego, no aceptar lo que es de necesidad de medio para que exista la Iglesia es no ser católico. El credo es el “fundamento firme y único en relación al cual no prevalecerán las puertas del Infierno” (DS. 1500) (D. 782).
Ahora bien, es posible unir la comunidad de los fieles, no en torno de consenso sobre opiniones libres, sino en torno de principios generales de Derecho que son dogmáticamente imponibles a todos. Los protestantes se quedarán afuera: ellos jamás participan de una verdadera elección papal. Igualmente, los que ahora los siguen. Disputa sobre cosas contingentes que a la vez generan y generarán cismas, no invalidaron las elecciones en el primer milenio de la Iglesia. Ni por esos hechos se dejó de elegir. Si hasta la sociedad civil es capaz de concordar en una ley electoral en materia libre, mucho más los católicos. Pero, no es católico quien no consiente en los principios y fundamentos de la Iglesia.
Conviene citar aquí también la condena de Inocencio XI a la proposición laxista: “Es excusado de infidelidad aquel infiel que no cree, guiado por la opinión menos probable” (DS. 2104-2102-2103) (D. 1154-1152-1153).

3.3 – Consenso entre Teólogos
No es pues verdad que no exista consenso entre teólogos “católicos” sobre la perpetuidad de los electores de un papa y sobre Derecho supletorio. La propia Britons se contradice teniendo que renunciar a su opinión sobre posibilidad de la elección. Hace entretanto renuncia falsa en relación al error, distinguiendo entre posibilidad teórica y abstracta, y práctica, distinción que no cabe en el Derecho y que es herética pues Dios no manda cosas imposibles. Sobre la opinión en relación a cual es el colegio electoral competente, si el Concilio o el clero Romano, Vitoria enseña: “En cualquier caso que quede vacante la Sede Apostólica, atendiendo, sólo al Derecho divino, la elección pertenece a todos los Obispos de la Cristiandad” (Prop. 21, ibidem). Es obvio que la participación del “clero romano” y también del pueblo es de derecho humano y que tal ley ya fue revocada en parte por Nicolás II (in nomine Domine) y totalmente por Alejandro II (Licet). Después de tales leyes, el “clero romano” para este fin, es el Colegio de los Cardenales. Por lo tanto, faltando éste, falta el “clero romano”. Por lo tanto, atendiendo sólo al Derecho divino (pues existe, en el caso “vacatio legis”, falta de ley específica en el derecho humano) no hay duda de que, el derecho supletorio en primer nivel pasa al Colegio de los Obispos residenciales y, si éste también faltase, por la misma ley, “ad totam Ecclesiam”. Es la sentencia también de Cayetano. No son iguales y equivalentes las opiniones como si no existiera en la razón y en la fe un criterio de distinción entre la verdad y el error en materia de absoluta necesidad para la Iglesia. Si así fuese, la propia Iglesia sería imposible y dependiente de hechos contingentes humanos.

3.4 – Concilio de Constanza

Alegar que en el Concilio de Constanza fueron observadas todas las leyes papales porque Gregorio VII, según opinión de Franzelin era el papa legítimo y dio autorización para que el Concilio eligiera un papa antes de renunciar, es cuestión controvertida, sentencia actual y no clara en la época del Gran Cisma de Occidente. Por lo tanto, aunque hoy se probara tal sentencia, ella en nada alteraría la doctrina del Derecho supletorio en ocasiones de imposibilidad de aplicación de la ley papal. El Derecho no viene de los hechos singulares concretos enseña Pío IX (DS. 2959) (D. 1759): sino son los hechos concretos que “deben ser” conformados y regidos por el Derecho. De lo contrario tendríamos el “Derecho” relativista y positivista de las democracias agnósticas, de los ateos de la Revolución Francesa y de Vaticano II. Por lo tanto, aunque Constanza hubiese seguido las normas papales al admitir “otros electores” además de los Cardenales, eso sólo confirma que la norma de designación de los electores es de mero derecho humano y que a falta de esos electores, “la Iglesia” tiene el poder de elegir un papa.

3.5 – Derecho de Rechazar

No existe en la Iglesia el “derecho” a la libertad religiosa, de “no cumplir la obligación de adherir a la verdad” y seguirla. Tal “derecho” agnóstico es precisamente lo que predica el Vaticano II y que está en el fundamento primero de las herejías actuales. Aún entre cosas posibles meramente probables, no es moralmente lícito, enseña Inocencio XI, seguir la “menos probable” y la “débil” probabilidad (DS.2102-2103) (D. 1152-1153). Luego, quien pretende “rechazar” un papa electo según el único medio existente para la elección, en conformidad con la “norma” señalada por el Canon 20, lo hace apartándose del deber moral y de la doctrina de la Iglesia y de sus Doctores, es cismático.

3.6 – Papa Dudoso y Nulo

Admitir que un papa electo según las normas supletorias fundadas en los dogmas de perpetuidad de la Iglesia, de los papas y de la jerarquía de jurisdicción es “dudoso” por esa causa, significa negar los dogmas en los cuales se funda tal doctrina y “dudar” de las verdades de fe (Canon 1325/2). Quien afirma “no hesitar” en adherirá la acefalía perenne de la Iglesia y afirma el “derecho” de dudar de esas normas tiene las mismas negaciones y dudas de los Protestantes heréticos. Por lo tanto acompaña a los herejes al a firmar la “nulidad” de la elección de tal papa. No es católico. Los papas católicos no son electos ni elegibles por herejes, de modo “ecuménico”. Disputas y cismas existentes en las elecciones en el primer milenio de la Iglesia, cuando participaba el clero y el pueblo, no invalidaban las elecciones, no hacían que el papa fuera dudoso o nulo.

4. NEGACIÓN DE LA NECESIDAD DE PAPA

La cuestión central en el campo dogmático por parte de Britons reside en la afirmación herética de que en la Iglesia un papa no es de “necesidad absoluta” porque él no es “esencial” a la existencia de la Iglesia. Luego, de allí se concluye que “no es necesario” elegir un papa.

El argumento de Britons es: si el papa fuera “esencial” y de “absoluta necesidad” la Iglesia dejaría de existir en cualquier vacancia, porque “plus est minus non mutat speciem” (“lo más y lo menos no mudan la especie”). Ahora bien, la Iglesia no desaparece en las vacancias. Luego, el papa no es esencial ni de necesidad absoluta. Luego es posible la vacancia milenaria y perpetua. La falta de papa es apenas un “handicap”, un inconveniente, como la falta de un brazo. El es “muy útil”, pero no necesario.

4.1 – Necesidad del Papa

Sin el papa no existiría el Magisterio dogmático y canónico de la Iglesia y la Iglesia no sería de necesidad de salvación. Ahora bien, “nuestro Salvador no confió a los juicios particulares la explicación de las cosas contenidas en los depósitos de la fe, sino al Magisterio eclesiástico. Se traía “de severíssimo praecepto Jesu Christi” (DS. 3866-3867). Luego, sin Papa no habría Iglesia. No basta el “cargo vacío” para que se tenga el Magisterio y las normas directivas de los fieles. Así como la Iglesia es perenne, así también la Jerarquía y el primado de Pedro serán perennes, escribe Salaverry (Sacrae Theol. Summa,v. 1, p. 5X4). Son doctrinas de fe definidas por el Vaticano I, que lanza el “anatema” sobre quien no afirme que “Pedro tenga en el primado sobre toda la Iglesia perpetuos Sucesores” (DS. 3058) (D. 1825). La sentencia de Britons es la negación explícita de ese dogma. El papa es “fundamento de la Iglesia católica”, “Cabeza y columna dula fe”, “siempre vive y preside y ejerce el juicio”. De él “provienen los derechos de comunión en la Iglesia”. El es el Supremo Pastor y Doctor de la Iglesia y “Cristo quiso que en su Iglesia existiesen Pastores y Doctores hasta el fin de los siglos” (DS. 3050-3058) (D. 1821-1825). Luego, no se puede dejar de clasificar tal sentencia como herética, opuesta a la verdad de fe definida. El rige a la Iglesia de “viva voz” (León XIII, Satis cognitum; Pío XI, Mortalium animus). Luego, es absolutamente falso y herético afirmar que el papa es de mera conveniencia, utilidad, pero no de necesidad absoluta en la Iglesia que Cristo “quiso” e “instituyó”. Un cuerpo vive sin un miembro útil, sin un brazo, pero no sin Cabeza. ¿De donde viene el calificativo de “Catholic” que usa la “Britons”? En el Concilio de Efeso San León I enseñó: “Pedro, aún hoy y siempre vive y ejerce el juicio en sus Sucesores” (D. 112). El Concilio de Trento enseña la necesidad de la jerarquía de Orden y también de la “misión” canónica que viene de Pedro (DS. 1767-1777) (D. 960-967). Pío VI enseña que es herética la negación del poder que viene de Pedro (DS. 2603) (D. 1503). León XII afirma que la Iglesia debe permanecer “sine ulla intermissione in perpetuitate temporum” (“Sin ninguna interrupción hasta el fin de los siglos”), “si no permaneciese no habría sido fundada para la perpetuidad, lo que va contra la verdad”. “La Iglesia fundada sobre Pedro nunca sucumbirá”, “Ergo Ecclesiam suam Deus idicirco commendavit Petro, ut perpetuo incolumen tutor invictus conservare!” (Satis cognitum). Así dice Pío XI: “No puede ocurrir que la Iglesia no exista hoy y en todo tiempo como enteramente la misma que existió en la época de los Apóstoles” (Motalium animus).

4.2 – Identidad de las Vacancias

La duración variable de las vacancias, como hecho, no cambia por cierto la naturaleza ontológico-jurídica de las vacancias. Pero, jurídica y moralmente, si una es extinguible y debe ser extinta rápidamente, todas son extinguibles y deben ser extintas rápidamente. Por lo tanto, afirmar la imposibilidad moral de extinción es ir contra la naturaleza jurídica de las vacancias en la Iglesia que debe durar perpetuamente. Pero una vez, el “deber” y el “derecho” no vienen de los hechos, de las situaciones fluentes. Es herética la doctrina: “Jus in materiali facto consistit” (“El derecho consiste en el hecho material”) (DS. 2959) (D. 1759). Luego, es craso sofisma afirmar que si la vacancia menor no destruye la Iglesia, tampoco la milenaria y perpetua la destruiría. No es indiferente cumplir o no la obligación de extinguir la vacancia. Sería una Iglesia sin “deberes”, libre, agnóstica moralmente. Los “derechos” y los “deberes” serían mutables como las situaciones, la verdad sería relativa a las épocas, pero no inmutable (DS. 3458) (D. 2058); la religión sería “adaptablea los tiempos y lugares” y debería ser adaptada (DS. 3459) (D. 2059). Ahora bien, tal es la doctrina Modernista condenada por San Pío X. Cristo no hubiera querido una Iglesia “per longam saeculorum seriem duraturam” (“Que había de durar por una larga serie de siglos”) (DS. 3452) (D. 2052). Así, dogmas, Sacramentos, y jerarquía, serían “evoluciones” de la inteligencia de los cristianos (DS. 3454) (D. 2054). Por todos lados se manifiesta el relativismo agnóstico de tal doctrina fideísta sobre la Iglesia. La Secta de los Acéfalos tiene por lo tanto en esa doctrina su herejía central.

5. NO HABRÁ MÁS PAPA

Dice Britons: No es absolutamente cierto. Pero los hechos son obvios: primero es incuestionable la proximidad del reino del Anticristo, por la apostasía general, política de Gorbatchov, guerra de Irak-Kuwait; posibilidad de reconstrucción del Templo de Jerusalén. Segundo: es intrínsecamente cierto: en ese reino no existirá papa. Eso es obvio para Fr. Arminjon y V. M. Zins “lo demostró triunfalmente” aunque no concordemos con la parte substancial de su tesis. Luego, uniendo las premisas: “imposibilidad moral” de elección papal; inminencia del reino del Anticristo y no existencia de papa en él: “one may be certa in that no pope will be elected before the reign of Antichrist” (“Uno puede estar seguro que ningún Papa será elegido antes del reino del Anticristo”). Porque Dios ¿”intervendría para proveer” a la Santa Sede de un papa si el intervalo es breve hasta el reino del Anticristo? Sería absurdo: un papa no será necesario en él porque la Iglesia tendrá a Elias y Henoch, dos testimonios. Habrá vacancia definitiva. Se puede admitir como probable que Elias y Henoch instruirán “how to elect a pope” (cómo elegir un papa) después de la muerte de ellos. Luego, durante el milenio entre el Anticristo y el Juicio final, podrá haber papa de nuevo.
Ahora bien:

5.1 – Magisterio y opiniones

Por una parte Britons deja de lado el Magisterio dogmático de la Iglesia sobre Sucesores de Pedro, sobre la absoluta “necesidad del papa”. Y por otra parte adhiere a opiniones particulares sobre “hechos” que son profecías y las tiene como “obvias”, “incuestionables”, “enteramente ciertas”, “demostración triunfal”. En ese caso, la criteriología de la fe es invertida, libre, “juicio propio” (Tit. 3, 10)  y no fundada en la autoridad de los dogmas sobre el papa y sobre la Iglesia. La propia Iglesia aún no ha hecho la exégesis de todas las profecías; muchas son obscuras; no todo fue revelado. “Non est vestrum cognoscere témpora vel momenta” (Act. 1, 7). “De die autem illa et hora nemo scit” (Mt. XXIV, 36);”nescitis qua hora Filius hominis venturas est” (Mt. XXIV, 42-44). Luego, debemos seguir el Magisterio que dice: “Estando vacante la Sede Apostólica, la cosa más grande y más santa es elegir un Pastor Supremo” (San Pío X – Vacante Sede Apostólica). El propio V. M. Zins recordó que los papas enfatizaron el cumplimiento de ese deber: “statim” (al punto), “sine mora”. Ahora bien, si la Historia y la Profecía registran hechos que fueron o serán, es la Moral y el Derecho que dicen lo que debían o deberían ser los actos humanos. Por lo tanto, si las profecías profetizan pecados, apostasías, eso en nada altera la Moral y el deber de actuar. No necesitamos ni a Elias ni a Henoch para enseñarnos “como elegir un papa”, ni para “dar jurisdicción a los obispos”, tampoco para decirnos cuáles son los obispos “válidos y lícitos”, “católicos”. Todo eso lo enseña el Magisterio de la Iglesia. Que no se desprecie pues el Magisterio en favor de opiniones inseguras de particulares, ni el dogma autoritario por exégesis libres. Ese fue el camino de muchos herejes que se juzgaron personalmente “iluminados”. No somos iluministas.

5.2 – Elias y Henoch

Aunque grandes teólogos como Bellarmino, Suárez juzgan cierta la venida de estos profetas, el P. Sagués S.J. escribe: “algunos exégetas parecen dudar de eso: Tobac, Condamin, Van Hoonacker, Aló (en cuanto a Henoch), Heeby, Chame, Meigan, etc..” “No es cierta la venida de Henoch. Maldonado opina que en su lugar vendrá Moisés. A Lapide, que los dos testigos a que se refiere el Apocalipsis son ellos; otros niegan esa interpretación”. “Lagrange (sobre Mc. IX, 12 s) infiere rectamente no un segundo advenimiento de Elías sino de San Juan Bautista” (Sacrae Theol. Summa, v. 4, p. 1029). También existen divergencias sobre la función que cumplirían. Luego, aunque la crisis presente fuera considerada señal de la proximidad del Segundo Advenimiento de Cristo, de ningún modo la exégesis de las profecías, hecha por opiniones de algunos, autoriza a negar la necesidad del papa en cualquier época, ni pronunciarse en contra de la existencia de “perpetuos Sucesores” de Pedro y a actuar negando el deber de elegir un papa. Ya en el siglo II, San Cipriano hablaba de que la gran apostasía había llegado. Cayetano lo afirmaba en el siglo XVI. Gregorio XVI vio señales del Apocalipsis en el siglo XIX. Cuando Britons discrepa con V. M. Zins en parte substancial; cuando Zins predica innumerables errores sobre “ilicitud” de los Sacramentos (ver “Roma” num. 119-120-121-123-124), es temerario e infiel dejar el Magisterio e ir detrás de exégesis y “demostraciones” que se le oponen. Tal criteriología es la de los Protestantes; de ella no se deduce sino la nueva Secta de los Acéfalos, “sin solución”, una “iglesia” que no es “jure perfecta” como el Magisterio enseña que es la Iglesia católica.

6. NEGACIÓN DEL DEBER DE ELEGIR PAPA

Todos los papas enseñaron que en las vacancias es de “suma” necesidad el deber de elegir otro papa. Britons responde: “we have no hesitation in replying to this question in the negative” (no hesitamos en responder a esta cuestión por la negativa), por dos causas en realidad: “obvia” proximidad del Anticristo e inexistencia de papa durante el “reino” de éste. La elección no alcanzaría los fines para los cuales es electo un papa: la unidad de régimen; sólo exacerbaría las divisiones. La crisis actual es un castigo de Dios y Dios, “en esos casos deja al hombre sin soporte natural, actúa por intervención de él mismo, por Santos, no por salvadores auto-designados, por iniciativa práctica, temporal, en nivel natural, por medio puramente humano, con recursos naturales del hombre, de modo individual. Redujo de 35.000 a 300 los hombres de Gedeón. Lo que debe hacerse, lo que realmente es necesario es la santificación personal. Un Cónclave es falla de fe, presunción, cisma, acto sacrilego, criminal, inútil, orgulloso, autoconfianza, maniobra de Satán, impide la santificación y el arrepentimiento, pierde el alma, es acto oficioso de salvador autodesignado. Cristo mandó a San Pedro guardar la espada, afirmando que podía pedir a Dios legiones de Angeles”. Eso se aplica ahora.

6.1 – Finalidad de la Elección

El deber de la Moral Católica de extinguir la vacancia es cumplir la norma divina, unir bajo un sólo régimen a los que ya tienen la misma le, a los que ya pertenecen al “coetus fidelium”. La objeción actual afirma que cumplir tal deber “exacerba las divisiones” ya existentes y que por eso no alcanzaría el fin buscado. Ahora bien, los que ya están irreductiblemente divididos antes de cualquier elección, ya sea sobre doctrinas tradicionales o vacancia. Cánones 188, 2261, 2264…, aún después de las admoniciones hechas, son herejes o cismáticos, y deben ser jurídicamente tenidos por tales (Canon 2315). La objeción pretende pues mantener una “iglesia” ecuménica, dividida en partes en la fe, con igualdades y libertades para opiniones opuestas. Opone hechos concretos a lo que debe ser por Derecho divino. Ahora bien, la Iglesia no consulta a los Protestantes al elegir un papa. Pío XI niega que la Iglesia “está dividida en partes” porque algunos se aparten de ella (Mortalium ánimus). Luego, tal objeción supone el Ecumenismo del Vaticano II y la herejía de la libertad religiosa. Alia el “libre examen” de la Revelación profetica a una falsa concepción de Iglesia. Niega la doctrina moral católica.

6.2 – Modo de Acción de Dios

Dios guía a los fieles a través de doctrinas y leyes de la Iglesia y no a través de exégesis libres y directas de la Revelación, opiniones libres e iguales entre sí. Si Dios mandó a Gedeón a luchar con sólo 300 hombres, no mandó descuidarse y no luchar porque eran apenas 300 hombres como pretende Britons. Si Dios ordenó a Pedro guardar la espada en el Huerto de los Olivos, bajo su orden directa, afirmando que, si quisiese, el Padre podría enviarle doce legiones de Angeles, la “voluntad de Dios” es que en la Iglesia existan “perpetuos Sucesores” de Pedro y por lo tanto, perpetuos electores y las elecciones necesarias para elegirlos. Fue el Demonio que tentó a Cristo con el “tírate abajo” de lo alto del templo porque Dios escribió que enviaría Angeles de los cielos para ampararlo (Mt. IV, 6). Cristo respondió: “No tentarás al Señor tu Dios”. El Demonio también hacía libre examen de la Revelación contra el verdadero sentido que da la Iglesia a los textos revelados. Si Cristo mandó actuar “velad y orad”, “con paciencia”, no mandó solamente eso. Fue el concilio Vaticano II el que acentuó el modo de acción de Dios y de Cristo sólo humilde, sólo manso, sólo persuasivo para apartar el imperio de las leyes de Dios, la espada de las autoridades, la coacción de las penas exteriores (LDS. 2605) (D. 1505). Luego, la exégesis del “modo de actuar de Dios” enseñada por Britons es contraria a las leyes de Dios. Es falsa Moral.

6.3 – Acción Individual y Social

No es acción “individual”, “oficiosa”, aquella hecha por individuos de acuerdo con los deberes doctrinales y las leyes de la Iglesia. Ontológicamente todos los actos humanos son “individuales” e iniciativas personales, aún los de los papas, cardenales y obispos. No obstante, moral y jurídicamente sus actos son regidos por normas de Derecho público de la Iglesia que les confieren derechos y deberes (vg. Canon 87) de “personas” dentro de la sociedad de la Iglesia y “autoridad” directa o supletoria para actuar, los actos de los fieles están unidos cspiritualmenlc en la comunión de los Santos y jurídicamente en la unidad de régimen. El Canon 20 obliga a los fieles a actuar de modo determinado: “norma sumenda est” (“La norma debe tomarse”). Luego, tales actos están de acuerdo con el Derecho Público de la Iglesia. No son “autodesignados” los que actúan de acuerdo con ese Derecho, sino los que actúan por exégesis personal de la Revelación, conviniendo el deber de actuaren deber de no actuar. El deber “santificación personal” de no se cumple con la exclusión de los deberes sociales. Si cuando existen los electores designados compete a otros cumplir ese deber, cuando ellos no existen compete a “toda la Iglesia”.

6.4 – Acción Puramente Humana

Todo acto del hombre en cuanto hombre es humano. Pero no es “puramente humano” y “natural” lo que está fundado en la fe sobrenatural y regido por ella. También los actos de Cardenales al elegir un papa son “naturales” y “humanos” pero no sólo naturales y humanos: “haec autoritas, etsi sit data homini et exerceatur per hominem, non humana, sed divina potestas” (“Esta potestad aunque se ha dado a un hombre y se ejerce por un hombre, no es humana, sino antes bien, divina”)(DS. 874) (D. 469). Tambien los actos de oración y de confianza en Dios son humanos. Es falso pues que Dios elimine el “soporte natural” y el “nivel natural” cuando actua a través de los hombres de la Iglesia, según normas y deberes del Derecho de la Iglesia. “Jus divinum quod est ex gratia non tollit jus humanum quod est ex naturali ratione” (“El derecho divino, que procede de la gracia, no abroga el derecho humano, que se funda en la razón natural”) (S. Tomas, S.T. 2-2, 10, 10). La Luz de la fe no elimina la luz natural de la razón. La Causa primera no elimina las causas segundas. Sól al conferir las gracias sacramentales Dios es Autor único de la gracia. Aún así, por su ley ordinaria, se vale de ministros humanos como causas instrumentales. Noé Gedeón, Pedro eran hombres; el Papa y sus electores son hombres. En Cristo “Verbum caro factum est” (Jo. 1, 14).

6.5 – Lo realmente necesario
“Lo realmente necesario” es “lo que se debe hacer”, lo que esta incluído en el deber de santificación, es el cumplimiento de todos los deberes y no sólo los libremente escogidos por “juicio propio” (Tit. III, 10), por opiniones ajenas seleccionadas. Britons sigue hoy, lo que predicaba Wiclef: “Post Urbanum VI non est aliquis recipiendus im papam, sed vivendum est more graecorum, sub legibus propiis” (Despues de Urbano VI, no ha de ser recibido nadie por Papa, sino que ha de vivir al modo de los griegos, bajo las leyes propias) (DS. 1159) (D. 589). Sólo cambió el nombre del último papa, pero mantuvo íntegra esa norma herética que el Concilio de Constanza condenó.

7. EL DEBER DE ABSTENERSE DE ACCIONES

Dice Britons:

Dios no prohibe hacer lo que está a nuestro alcance; pero debe creer que en la crisis actual, el deber de abstenerse de acciones prácticas, exclusivamente orar, hasta la intervención de Dios. Es la prudencia de Noé construyendo el Arca por orden de Dios. Cristo desaprueba la acción de Pedro en el Huerto de los Olivos. Debe rechazarse sin hesitación el terminar la crisis por iniciativa práctica: la crisis no puede ser resuelta a nivel antural porque es demasiado grande. Fue producida por Dios para un fin específico y no terminará hasta que ese fin sea alcanzado. No debemos frustrar el plan divino por medios naturales, por un cónclave. Fue un fiasco uno que se realizó. Para ser ortodoxo sin papas, pastores, sacramentos, misa, la solución única es la oración. Creemos que la crisis sólo terminará con Elias y Henoch extinguiendo la vacancia, con intervención de Dios y la muerte del Anticristo. Hasta entonces “sólo oración en lugar de acción”: “the sole solution is prayer”. No es quietismo abdicar del deber de actuar, ni contra la máxima de San Ignacio. La crisis no puede ser resuelta por recursos naturales, por intervención práctica, porque trasciende el orden natural, es extraordinaria. Es falta de fe afirmar que terminará por cualquier otro medio. Cayetano confirma: cuando no existe recurso natural, como en el caso del papa malo (bad pope), sólo la oración es el remedio propio, específico, panacea eficaz para cuando no existen medios humanos. Ahora bien, en el caso actual es así. Luego, sólo la oración es el medio. Somos pocos, sin autoridad, repletos de error.

Ahora bien:

7.1 – Libre Examen

Si Noé construyó el arca por expresa revelación de Dios, hoy, la Revelación de Dios nos manda actuar según doctrinas y leyes de la Iglesia, y no esperando nueva “revelación” sobre la elección papal, sobre Sacramentos y jurisdicción de Obispos. Es herejía modernista afirmar que “la Revelación, objeto de la fe, no fue completada por los Apóstoles” (DS. 3421) (D. 2021) sino que es “interpretación de los actos religiosos, hecha por la mente humana” (DS. 3422) (D. 2022). Ahora bien, eso es lo que hace Britons. No está en cuestión la excelencia y eficacia de la oración, ni el deber de orar, sino la existencia también de otros deberes. San Pío V no dispensó la batalla de Lepanto contra los mahometanos confiando solamente en la oración. Y la crisis era extraordinaria y grande. Durante la herejía arriana, no se dejó de elegir un papa; ni durante el Gran Cisma de Occidente se pensó en terminar la crisis sólo por la oración, sin elección. Se niega la existencia del medio específico, de la posibilidad de elegir adoptando la doctrina herética de la no necesidad de papa.

7.2 – Plano Divino

Afirmar que actuar es “frustar el Plan divino” es doctrina falsa: Dios no quiere pecados, apostasías y herejías; quiere permitir que ocurra, no tiene “plan” para que no ocurra. Moralmente quiere que no ocurran cuando físicamente permite que ocurran pecados. Dios no es autor de los delitos, aún cuando los profetiza en su divina presciencia. Luego, la voluntad divina es que los fieles actúen según sus deberes y leyes y no contra ellos. La exégesis del modo de actuar de Dios y de su voluntad está dada por la Iglesia infalible en sus leyes, no por interpretación libre de “planes” de Dios.

7.3 – Quietismo social

Britons repite “ipsis litteris” la doctrina quietista de Molinos, aunque limitándola a los deberes sociales actuales. Molinos escribió: “Velle operari active est Deum offendere, qui vult esse ipse solus agens” (“Querer obrar activamente es ofender a Dios, que quiere ser Él el único agente”) (DS. 2202) (D. 1222). Inocencio XI la condenó. Ahora bien, Britons repite las mismas palabras en el plano social. Repite las sentencias de Quesnel: “In vanum, Domine, praecipis si tu non das quod praecipis” y “gratia non est aliud quam voluntas Dei jubentis et facientis quod jubet” (“En vano Señor, mandas si tu mismo no das lo que mandas”. “La gracia no es otra cosa que la voluntad de Dios omnipotente que manda y hace lo que manda”) (DS. 2403-2411) (D. 1353-1361). Clemente XI lo condenó, Trento condenó las doctrinas de Lutero: basta la fe y la confianza en Dios, sin las obras (DS. 1562) (D. S22), “nihil omnino agere et passive se habere” (“Nada absolutamente hace y se comporta de modo meramente pasivo”) (DS. 1554) (D. 814); la salvación “sine conditione observantiae mandatorum” (“Sin la condición de observar los mandamientos”) (DS. 1570) (D. 830). Por lo tanto, esa doctrina de la exclusividad de la oración y de la confianza en Dios, opuesta al cumplimiento de los deberes sociales, no parece católica sino similar a la “fe fiducial” de Lutero.

7.4 – Crisis extraordinaria

En las situaciones extraordinarias, no comprendidas en la intención del legislador, al promulgar las normas ordinarias, no se aplica la ley ordinaria, sino que se debe actuar “praeter verba legis” (“Más allá de las palabras de la ley”) (S. Tomás, S.T. 1-2, 96, 6). Pero existen leyes de “excepción” y leyes que indican cómo actuar cuando la ley ordinaria no se aplica. Así, el Canon 2261, más allá de la norma para situaciones comunes, tiene normas de “excepción” para situaciones graves o de extrema necesidad. Y el Canon 20 enseña “de donde sacar la norma” de actuar, cuando falta una norma sobre determinada materia. Por lo tanto, alegar que no se aplican esos Cánones porque la crisis es extraordinaria, muy grave, significa afirmar que la Iglesia no sabe cómo regir a los fieles en tales situaciones, y que no tiene medios lícitos y válidos para gobernarse en tales crisis. Lo que significa que no sería perfecta la sociedad fundada por Cristo, no tendría “adjúmenta ad incolumnitatem actionemque suam necessaria” (“Los auxilios necesarios para su incolumidad y acción”) (DS. 3167 – León XIII). Fundado en esa doctrina de la Iglesia es que Vitoria escribió que en la vacancia de la ley sobre elección papal: “non est dubitandum quim Ecclesia posset sibi providere de Summo Pontífice” (“No se debe dudar que la Iglesia podría preveer para sí un Sumo Pontífice”) (ídem, Recol. 18). Lo opuesto a las aserciones de Britons.

7.5 – Católicos llenos de Error

Algunos yerran y la “Britons” es un ejemplo vivo de esto. Pero, no todos yerran en lo que es de necesidad absoluta para la Iglesia. Si todos errasen, los “católicos” no tendrían criterio de verdad sobre la esencia de la Iglesia, todos estarían en una Iglesia incierta e insegura, dudosa. Por el contrario, si algunos yerran, el criterio no es abrir opiniones sobre “our position” sino buscar la autoridad, el Magisterio que la Roca de Pedro siempre enseñó y admitir, preliminarmente, los criterios racionales de verdad. Pues “la razón precede a la fe y a ella debe conducirnos” (DS. 2755)(D. 1626). A la fe precede un “obsequium rationale” (San Pablo) y muchos, despreciando esto, transitan por la herejía del Fideísmo “anti-intelectualista”, como los liberales y modernistas (DS. 3475)(D. 2072). Si todos los “católicos” estuviesen “repletos de error”, estaríamos en las tinieblas de la libertad religiosa, de la unidad “imperfecta” del Ecumenismo, en el Subjetivismo universal sobre Religión.

7.6 – Católicos sin Autoridad

Vitoria escribió: “notem est in jure quod non oportet ut electores habeant autoritatem ad quam eliqunt” (“Es manifiesto en el Derecho que no es necesario que los electores posean la autoridad para la cual eligen”) (De Potest. Ecclesiae, Rec 2). Quien elige un gobernante civil no tiene su autoridad. El que elige un Abad, no tiene la autoridad del Abad. Ni los Cardenales tienen la autoridad papal (Vacante Sede Apost. Canon 1). Si Pedro no dejó ley sobre como aplicar el poder papal a una persona cuando no existieran los electores designaos, existe en la Iglesia la autoridad supletoria de los Obispos ortodoxos que la recibieron del Sumo Pontífice. Y si acaso estos mismos faltasen, por la misma ley de suplencia, la autoridad descendería necesariamente a toda la Iglesia, al “coetus fidelium”, no para gobernar la Iglesia, no para delegar poderes a un papa como Cabeza ministerial de la Iglesia (DS. 2602-2603) (D. 1502-1503) sino sólo para escoger a aquél que, “jure divino”, ejercerá el poder que viene de Dios. En la “vacatio legis” “no quedaría otro medio sino la elección por la Iglesia” (Vitoria). Luego, si nadie más tuviese “autoridad” ni para escoger quien ocuparía el cargo de donde viene la autoridad para todos, la Sede “de la cual los derechos (…) emanan para todos” (DS. 3057) (D. 1824) por misión canónica (Canon 109), ahí sí, la Iglesia estaría extinta. Como eso es imposible, se sigue que existen electores católicos con “autoridad” necesaria y suficiente para realizar una elección válida, en cualquier crisis, aún en la actual. Si de hecho existieron “elecciones” mal hechas, mal preparadas, sin regimentación previa de los que profesan la misma fe y solamente de ellos, eso no significa que éstas no puedan o no deban ser realizadas con adecuada preparación, previa exclusión de los que ya se han autoexcluído de la congregación de los fieles. Si unos erraron no todos yerran universalmente y siempre.

8. ILICITUD DE TODOS LOS SACRAMENTOS

La secta de los Acéfalos actuales procede también de la doctrina “Antisacramentalista” ya refutada (Roma, n° 119 a 124). Por ella V. M. Zins afirma que son “ilícitas” y “cismáticas” las consagraciones episcopales sin mandato pontificio, a pesarde afirmar el estado de extrema necesidad. Contempla los supuestos pecados personales de los consagrantes y formalidades de mero derecho humano no pertinentes al caso (vg. Canon 151) en vez de tener en cuenta la necesidad de la gracia y de los Sacramentos por parte de la Iglesia y de los fieles. El anticonclavismo elimina la jerarquía de jurisdicción; el antisacramentalismo, la jerarquía de Orden, impide la Sucesión apostólica. No quedarían entonces sino un puñado de laicos acéfalos. Ignora las consecuencias del estado de extrema necesidad sobre las leyes humanas y sobre los preceptos divinos. El y otros semejantes, afirman la doctrina que San Pío V condenó en Baio: “El hombre peca en lo que hace por necesidad” (DS. 1967) (D. 1067). Se apegan a la norma ordinaria de los Cánones 2261 y 2264 despreciando las normas extraordinarias que ellos contienen. No ven que los ministros de los Sacramentos actúan “ex opere opérato”, como causas instrumentales de Cristo y que la validez del Sacramento no proviene de la santidad del ministro, sino de la acción de Cristo. Y con tales doctrinas prefieren ver perderse a la Iglesia antes que someterse a sus leyes explícitas y explicitadas por los Doctores de la Iglesia. Así se genera a la secta de los Acéfalos modernos, tal vez por falta de conocimientos, en Francia, Inglaterra, Argentina y otros países.

CONCLUSIÓN: EL DEBER DE UNIÓN

No nos compete prever o profetizar los hechos futuros, pues para eso no tenemos Revelación especial ni somos “iluministas” o gnósticos. No sabemos como y cuando vendrán Elias y Enoc, ni como actuarán, ni si Dios convertirá a los que sean meramente errantes, diseminados entre los millones de “católicos” de la nueva iglesia y si a través de ellos, un día existirá una elección válida de un papa ortodoxo. Son posibilidades que sólo Dios sabe. Solamente nos aferramos a doctrinas de la Roca segura y perenne de Pedro, basados en sus dogmas de perennidad de la Iglesia, de la jerarquía, del papa, de los Pastores y Doctores, del poder de Orden y de Jurisdicción, del Derecho de la Iglesia, No inventamos doctrinas nuevas para justificar “unión” con papa hereje, ni permanencia del mismo como “válida” ya formalmente, ya “materialmente”, para justificar el apartamiento de la obediencia a un papa juzgado “válido”; ni inventamos doctrinas sobre estado de necesidad, ilicitud de los Sacramentos, vacancia perenne, imposibilidad de elección papal, ni exégesis escatológicas. Esas profecías son el claras en un punto: existirán muchos “falsos profetas” en el fin de los tiempos, afirmando que Cristo está aquí o allí. Cristo nos lo advierte para que no creamos en ellos, para que perseveremos en las mismas doctrinas de siempre. Entre éstas está la de los “perpetuos Sucesores” de Pedro y la de existencia de “Pastores” hasta el fin de los tiempos.

Es herejía a firmar un “obscurecimiento general” de la doctrina (DS. 2601)(D. 1501) en la Iglesia en donde “lux lucet in tenebris” (Jo. 1, 15). Pero, “quebrados los vínculos de la unidad visible, se oscurecen las formas del Cuerpo Místico de Cristo, de modo que no puede ser visto ni encontrado por los que demandan el puerto de la salvación” (Pío XII, Myst. Corporis).

Las cosas de la Iglesia “son vistas por aquél qué cree” y son visibles “para los que adhieren a la recta fe y no para los otros” (S. Tomás, S.T. 2-2, 1-4 y ad 3).

Pasando de las doctrinas de la Iglesia a la acción práctica, ya que los que profesan nuestra ley pertenecen al mismo “coetus fidelium” se encuentran dispersos por el mundo, en cuanto no se elimina la falta de jurisdicción ordinaria en razón de esa misma dispersión meramente física y no doctrinal, sería útil congregar a esa personas en una sociedad que sirviese de medio para mejor conocimiento ya de la fe, ya de las personas que la profesan y que auxilie a preparar la base necesaria para la extinción de la vacancia. La unidad de régimen supone unidad previa en la fe y en la caridad mutua, señal distintiva de la Iglesia.

¡Laus et gloria Deo nostro!

Homero JOHAS

NOTAS:

Al 3.2: El Canon 109 afirma que los jerarcas de la Iglesia son escogidos “non ex populi consensu aut vocatione” (“No por el consenso o llamamiento del pueblo”) y que el papa es válido “jure divino” después de “elección legítima” y aceptación del cargo. Los demás, por misión canónica. Luego, la “elección papal” por los electores debidos jurídicamente no significa conferir el poder papal por el consenso de los fieles, si sólo la elección de la persona a la cual Dios confiere el poder. Aunque la Iglesia es una sociedad espiritual y sobrenatural, “non secus ac civilis communilas” (“No de otro modo que la sociedad civil”) también es de necesidad absoluta la existencia del gobernante, y el poder, tal como en la sociedad civil, viene de Dios (Rom. 13, 1 1) y “non a multitudine”(León XIII – DS. 3170) ( D. 1868). “Non potes societas ulla comsistere nisi si aliquis ómnibus praesit” (“Ninguna sociedad puede subsistir si no hay quien presida a todos”). (DS. 3165). En A.T., Dios permitió a los judíos escoger el gobernante, pero se reservó para sí el “jus regís” (Sam. 8, 9). En la Encíclica “Díuturnum Illud”, León XIII muestra la necesidad del gobernante: “En toda reunión o comunidad de hombres la necesidad obliga que existan algunos que manden, para que la sociedad, sin principio o cabeza que la rija, no se disuelva y se vea privada de conseguir el fin para el cual nació y fue constituida”. “Eso no impide que los que han de gobernar sean, a veces, electos por la voluntad y juicio de la multitud”, por lo tanto, elección del sumo Pontífice, aún con electores supletorios no significa que el poder venga de la Iglesia, de los fíeles, del pueblo, como es la doctrina “herética” ( DS. 26-2) condenada por Pío VI.

Al 4.1: S.Tomás enseña en “De Regimini Principum”: “En todas las cosas en las cuales alguien es ordenado a un fin, y en las que obra de un modo o de otro, es necesario (opus est) que exista un dirigente por el cual se llegue directamente al fin debido”, “indiget igitur homo aliquo dirigente ad finem”. “Necesse est in hominibus per quod multitudo regatur”. Es “necesidad natural” y también revelada, pues Salomón enseñó: “Ubi non est gubernator, dissipatibus populus” (Prov. 1 1, 14) (1. l,c. 1, n. 1 y 3). En la Iglesia también es necesario un Rey, pues Jeremías profetizó: “Reinará un Rey” (23, 5). Todos los fieles son “reyes y sacerdotes”, pero subordinados al Vicario de Cristo: a él pertenece guiar a los fieles al fin último del hombre. En la ley cristiana los reyes terrenos deben sujeción al papa en cuanto al fin último del hombre (1. 1, c. I 4, n. 62). Pío IX niega que “reges et principes ab Ecclesiae jurisdictione eximuntur” (“Los reyes y los príncipes están exentos de la jurisdicción de la Iglesia”) y que “el Estado debe ser separado de la Iglesia” ( DS. 2954-2955) (I). 1 754 -1 755). En el mundo pues, la necesidad del papa es mayor que la necesidad de un gobernante temporal.

Al 7.1: Los pancristianos y los Protestantes rezan la oración por la unidad de los cristianos. Para eso el Vaticano II instituyó cultos ecuménicos. Pero, el Santo Oficio, bajo Pío IX enseñó que no es lícito orar “haereticorum ductu” y lo que es peor, “juxta intentionem haeresi quam máxime pollutam et infectam”(“Según una intención en gran manera manchada e infecta de herejía”). Eso “de ningún modo puede ser tolerado” ( DS. 2887). Ahora bien, Britons ahora pretende que la oración de todos es el “único medio” para restablecer la unidad de los “fieles” divididos en la fe y sin unidad de régimen visible. Afirma que el papa “fundamento visible de la unidad” “no es necesario” hoy. No se diferecia del Ecumenismo.

Al 7.6.: Citación de la autoridad de Cayetano. Si Cayetano enseñó que la oración es el único recurso en el caso del “papa malo” (bad pope) donde no existe vacancia del cargo papal, él no enseñó que tal sea el único recurso en el caso del papa herético y donde existe la vacancia. Se hace falsa aplicacion de la doctrina del leólogo: él enseña el “Derecho supletivo” para la elección papal.

Publicado por Padre Manuel

1 reply »

  1. Acabo de leer el artículo de D. Homero, y me parece que es una de sus mejores producciones, y uno los más iluminadores que aquí se hayan publicado.

    Procuraré ir comentando brevemente siguiendo la numeración del texto:

    Nos presenta una de las típicas publicaciones en las que no pocos de los “católicos perplejos” de nuestros días podrían reconocerse.

    Y señala claramente y desde el principio el “punctum dolens” que tanta innecesaria perplejidad les causa: Su deliberada voluntad de ignorar la doctrina de la Iglesia clara y debidamente promulgada por sus máximos Doctores, por una parte, así como su no menos deliberada voluntad de desobedecer a sabiendas a los preceptos que la misma Iglesia ha deducido de esa doctrina.

    En vez de cumplir su deber de católicos, prefieren atenerse a su muy particular posición, como si la Iglesia no hubiese enseñado y mandado.

    1. Queda claro que en la Iglesia, siempre existe Ley a la que atenerse, siempre deducida del Orden Divino, variando únicamente el grado de generalidad de esa Ley, y que esa ley le proporciona todos los medios necesarios para proveer adecuadamente en una situación de excepción como lo es la presente.

    2. Los “britons” parecen adeptos del positivismo jurídico, para quienes sólo existen las leyes en un momento dado, pero no las leyes más generales que las hacen posibles y les dan su interpretación correcta.

    Esas leyes generales, nadie las puede abrogar, ni siquiera el Papa, porque surgen de la entraña misma de Dios, que no puede actuar contra Sí mismo y el Orden que de Él mismo desciende.

    Es tan imposible que deje de existir posibilidad jurídica de elegir Papa, como que deje Dios mismo de existir.

    3. Como es tan difícil negar la posibilidad jurídica teórica de elegir un Papa, sin convertirse en hereje público, es lógico que se refugien en una pretendida imposibilidad práctica: Para ello, exageran a placer los requisitos necesarios, para estar bien seguros de que jamás podrán cumplirse, así, exigen el consenso unánime o casi de todos los católicos del mundo para la legitimidad de una elección, cuidándose muy mucho de no precisar qué entienden por católico, punto de capital importancia, como veremos.

    Como enseñan los doctores católicos, se puede reconocer en el fuero externo, visible, público y jurídico, quien es católico y quien no lo es, con la misma objetividad y seguridad con la que uno puede reconocer las fronteras del Reino de Francia o de la Serenísima República de Venecia, y distinguir quienes son o no sus respectivos súbditos.

    Para poder operar esa distinción, la Iglesia misma nos proporciona tres criterios básicos:

    – Profesión externa de todo aquello que ella manda creer so pena de salir de la Iglesia Visible, y convertirse en hereje.
    – Culto apostólico, por medio de cualquiera de los ritos aprobados por la Sede Romana, so pena de convertirse en cismático, o directamente en hereje, si además inficiona ese culto con errores en la Fe.
    – Obediencia a los Pastores legítimos, lo que implica obediencia a todas sus leyes debidamente promulgadas, según el tenor de las mismas y la intención del legislador, aun cuando éste estuviese presente de modo sólo virtual, como es actualmente el caso.

    Como bien señala el autor, ni la aceptación de la enseñanza de la Iglesia, tanto por el modo extraordinario como por el ordinario, ni la obediencia a sus leyes, es materia de libre opinión.

    Quién no cumpla con esos criterios no puede ser considerado católico, sin prejuzgar en modo alguno sobre lo que pertenece al fuero interno.

    Los que pretenden que la Iglesia no ha juzgado, o que no ha mandado, cuando es evidente que sí lo ha hecho, demuestran por sí mismos que no pertenecen a la Iglesia Católica, y que no tienen ningún derecho jurídico a intervenir en ella.

    Ello significa que es absolutamente vano y contra ley esperar de tales sujetos un consentimiento que no tienen ninguna potestad de otorgar.

    Ahora bien, como vamos a ver, los susodichos “britons”, y muchos otros como ellos, evidencian haber caído en graves errores doctrinales, como examinaremos a continuación:

    ¿O es que acaso no es herético afirmar que el Papado no es de necesidad absoluta para la Iglesia, que no es esencial a su Divina Constitución?

    ¡’Ya estamos con el consabido argumento de todos los herejes sobre lo que es o no esencial, que tan útil les es cuando se trata de ir derribando uno a uno los bastiones que protegen el último recinto de la fortaleza !

    Solo que en este caso, atacan precisamente la torre central, sin la que el resto de fortificaciones cae irremediablemente.

    Quitad la Roca, y no quedará nada de la Ciudad que sobre ella está fundada.

    Si el Magisterio de la Iglesia es infalible e indefectible, es únicamente porque participa de la inquebrantable solidez de esa Roca.

    Todo el poder de santificación de la Iglesia , de una manera misteriosa pero muy real, fluye todo él de esta Sede, y todo el que quiera ejercerlo en contra de la voluntad de sus pontífices, lo convierte para él y los que conscientemente sean cómplices de sus actos en terrible maldición.

    En cuanto al poder de jurisdicción, del que principalmente tratamos aquí, fluye también enteramente de esta Sede, razón por la cual nadie tiene hoy poder ordinario de jurisdicción, y por la que el poder-deber de elegir Papa ha quedado en el nivel más bajo de la escala jerárquica, el de los simples fieles, “mà veramente cattolici”, como decía el card. Siri…

    El mero hecho de que gente que se pretenda católica considere públicamente la constitución de la Iglesia en perspectiva invertida nos da una idea de la defectuosa concepción que del Papado se han hecho no pocos católicos. Entre otras cosas, aunque el oficio papal no tenga titular, el oficio, personal-jurídico, existe siempre y perpetuamente, con todos sus derechos, y sigue dando fuerza a sus leyes, que no pierden nada de su obligatoriedad.

    5, en este número, podemos considerar toda la peligrosidad de ciertas corrientes apocalípticas, que nos quieren convencer de que toda resistencia y provisión tendente a asegurar el futuro de la Iglesia es inútil, e incluso pecaminoso, porque el anticristo está a la vuelta de la esquina.

    No sé de dónde sacan que en el tiempo del Anticristo no habrá Papa, pero aunque estuviéramos a cinco minutos del Juicio Final, mientras no tuviésemos evidencias palmarias de tal inminencia, seguiríamos obligados a hacer todo lo que estuviera en nuestra mano para la resolución de la vacancia de la Santa Sede.

    Ese prurito apocalíptico, semejante al suscitado por los joaquinitas, y de tan amargos resultados en gentes como los fraticellos, dulcinianos y otros “espirituales”, no debe cegarnos ni paralizar nuestra acción, porque lo más seguro es que queden aún siglos para la aparición del Anticristo, siendo el tiempo que vivimos un esbozo bastante realista de esa época futura, pero nada más que eso.

    Si mañana aparecieran Elías y Henoc, no tendrían ningún poder para dar jurisdicción a los obispos, ni menos aún, poder para designar a un Papa. Eso pertenece exclusivamente a los que pertenecen a la Iglesia militante, y están en estado de viatores, estado al que ya no pertenecen los dos santos personajes, lo mismo que la aparición de un santo Papa aún en Purgatorio no nos sacaría de apuros, aunque hubiese sido papa en su vida mortal.

    Por lo mismo, la llamada “teoría de la Pasión de la Iglesia” entendiendo por ahí que es voluntad de Nuestro Señor que su Iglesia quede sin ningún auxilio posible ni posibilidad de obtenerlo por los medios normales previstos por su constitución es totalmente insegura, falsa, peligrosa, y desmovilizadora de los fieles deseosos de cumplir su primer deber en las circunstancias concretas en que nos hallamos, tal como viene expresado por la Iglesia, y que ninguna teoría, por muy mística y piadosa que pueda parecer, es capaz de dispensar.

    6. Como hemos visto más arriba, sólo los católicos dispuestos a obedecer en todo a la Iglesia y cumplir su deber de extinción de la vacancia según los tres criterios señalados deben ser considerados católicos, pertenecientes a la Iglesia Visible, y en posesión de derechos (más bien deber) de señalar un nuevo Pontífice.

    No caben aquí divisiones, sólo discrimen entre aquellos dispuestos a ser católicos y quienes no lo están. ¿Que quedamos muy pocos, como los 300 de Gedeón?, pues esos, o menos aún, serán los encargados de escudriñar la voluntad de Dios y designar a un Papa legítimo.

    Nuestro Señor no está obligado a indicarlo por ningún medio extraordinario, aunque puede hacerlo, como es mi personal convencimiento, basado en numerosas profecías de indudables santos católicos.

    Pero de lo que no me cabe ninguna duda, es de que jamás hará ese milagro, si nosotros no respondemos primero a su invitación, y nos disponemos a obedecer la orden estricta que nos intima a través de la ley de la Iglesia.

    “A Dios rogando, y con el mazo dando” dicen en España, la oración y demás auxilios espirituales no sólo NO dispensan de la necesaria acción debida en cada momento, sino que la suponen y exigen rigurosamente.

    “Dios que te creó sin tí, no te salvará sin tí” Decía san Agustín. Eso, que vale en el ámbito privado, vale también en el ámbito público-jurídico, tanto en las sociedades temporales, como en la eclesiástica.

    Negándonos a contribuir a la victoria de Cristo con nuestro actuar humano imperado por el sano sentido común natural y sobrenatural codificado en las leyes eclesiásticas, nos hacemos culpables de prolongar indefinidamente la agonía en la que se encuentran tantos de nuestros hermanos.

    Decía santa Juana de Arco, milagro donde los haya de la omnipotencia divina, en que según expresión de sus contemporáneos, parecían repetirse las maravillas de las eras apostólicas: “Los hombres pelearán, y Messire Dios dará la victoria”.

    Por mucho que se empeñen algunos, la “crisis” actual no es de otra entidad sustancialmente distinta a las demás épocas de grandes luchas que la Iglesia ha conocido a lo largo de su bimilenaria historia, sólo es una recrudescencia de una fase histórica que empieza en el S. XIV, y que considerando los argumentos de los britons, me parece que aún no hemos superado.

    No debemos esperar ninguna invitación, revelación, mensaje, personaje carismático, o aparición de platillos volantes para saber lo que tenemos que hacer, ya se nos ha significado suficientemente.

    Los que piensan que no debemos proveer a la perpetuación de la jerarquía de Orden parten de una premisa teológica falsa: La muy conciliar doctrina que afirma que el poder de jurisdicción proviene de la Consagración episcopal junto e inseparablemente con el poder de Orden, cuando la Iglesia enseña que es separable, y proviene de la misión canónica otorgada por el Papa.

    Los que sostienen que no es lícito proveer a la perpetuación de la jerarquía de jurisdicción, piensan erróneamente que es el mismo Dios el que ha querido esta situación, cuando lo cierto es que nosotros mismos nos hemos hecho culpables de ella, no cumpliendo con nuestras obligaciones, desde los años mismos del Concilio hasta hoy.

    Llegados a este punto, creo que convendría tomar alguna resolución práctica:

    La principal objeción que suele elevarse contra la posibilidad de una designación como la que aquí se plantea reside en la división doctrinal y práctica de los electores que en ella deberían tomar parte.

    Pero como hemos visto, todos los que niegan que la Iglesia haya hablado definitivamente, y siguen prefiriendo sus particulares opiniones, no deben contarse entre los católicos, ni por ende, entre los electores.

    Sin embargo, muchos católicos podrían decir con justicia que ellos están muy dispuestos a obedecer en todo a la ley de la Iglesia, si tuvieran la bondad de aclararles cuál es en verdad, apartando los ramajes de los mil y un sofismas con los que se ha querido oscurecer la cuestión.

    Se debería pues establecer por parte de todos los verdaderos católicos una especie de vademecum, de resumen, de Syllabus, en que de la manera más breve, ordenada y clara, se sintetizara todo aquello que es necesario que un católico sostenga si quiere desea demostrar su pertenencia a la Iglesia Visible.

    Se debería dar una amplia difusión a ese escrito, y poner sobre una lista a todos aquellos que se reconocieran en él, como dotados de facultad para elegir a un Papa, llegado el tiempo oportuno para ello.

    Una vez acabado ese tiempo como de “vacatio legis”, en que los católicos que aún pueden quedar en el mundo hayan tenido suficiente tiempo y ocasión de conocer y adherirse a la verdad y a la ley de la Iglesia, debería procederse a la elección de un nuevo Papa.

    El derecho electoral prevé, además del modo por escrutinio, muy problemático vistas las circunstancias, el conocido como per compromissum, en que se confiaría a un reducido número de personas fiables la tarea de designar esa persona, con el asentimiento al menos tácito de los demás.

    Y quedaría por fin el modo per acclamationem o cuasi inspiración, en que todos a una, todos los electores, o los compromisarios designados, movidos por el Espíritu Santo, y quizás ayudados por algún signo divino semejante al que vimos en el caso de la elección de san Gregorio Magno, prorrumpirían en una designación unánime.

    Pueden ver cómo el necesario actuar humano se armoniza inconfuse et indivise con la intervención divina, restableciendo la legitimidad a través de una elección de indudable canonicidad.

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