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FRANCISCO ESCANDALIZA


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A la pregunta de un lector del blog, Don, han contestado otros lectores. Las tres intervenciones las subo a este post. La cosa tiene una actualidad innegable a la vista del proceder de Francisco que cuenta con el aplauso de los más, pero que los católicos instruídos y sobretodo fieles no dejan de escandalizarse

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Don
Hago una pregunta a ver si me pueden aclarar:¿un Papa en virtud de su libertad para ejercer su ministerio y su no sometimiento a nada puede hacer lo que le vengan en gana a la hora de celebrar los sacramentos como la Eucaristía de vigilia pascual omitiendo varias lecturas de la creación, no poniendo la bandeja para que caigan partículas al suelo, el lavatorio de los pies todo contraviniendo lo estipulado en el misal romano o como el día de domingo de resurrección que omitió la homilía y en su lugar estableció una meditación? Hay gente que dice que sí, que el Papa no está limitado por nada y puede ejercer su ministerio libremente y sin sometimiento a las normas de la Iglesia, su tradición y que esto no suponen abusos litúrgicos ni nada por el estilo sus actuaciones. Que puede hacerlo si quiere. Gracias. Espero que me aclaren esta pregunta.
Católico verdadero
Un verdadero Papa NO puede hacer lo que le venga en gana, ya que contravendría el Magisterio de la Iglesia y sus rituales. Principalmente el asunto del platillo para evitar que caigan partículas al suelo, es una clarísima señal del desprecio que tienen por la Eucaristía, o en el mejor de los casos su conocimiento de que no existió Consagración, ya que no está facultado para llevarla a cabo al no ser un sacerdote validamente consagrado. Este es uno más de los abusos y atropellos que hemos visto en los últimos 54 años por parte de quienes se han ostentado como los representantes máximos de la Iglesia Católica sin serlo. Han cambiado desde los Sacramentos, los Ritos de Ordenación, el Catecismo, etc. etc. etc. Y han quitado a Cristo de las Iglesias para poner en su lugar al hombre. Han “beatificado” a quienes no tenían otro mérito que ser parte de su camarilla, y un sin fin de etcéteras que sería muy largo describir, y que las podemos encontrar en este mismo blog.

Fray Eusebio de Lugo

Para responder adecuadamente a esa pregunta, hay que hacer antes una pequeña distinción, entre lo que PUEDE (físicamente) y lo que DEBE moralmente un Papa.

Suponiendo que Francisco sea Papa, y no un palmario usurpador, nadie podría haber impedido el que hiciera aquello, pero moralmente, ha cometido toda una serie de gravísimos pecados mortales públicos, no sólo destrozando la celebración de los Oficios y perpetrando sacrilegios caracterizados, sino además, escandalizando al mundo entero,en su sentido primigenio, es decir, invitando con su ejemplo a los demás a hacer lo mismo, a descuidar completamente la observancia de los ritos sagrados en su letra, y sobre todo,en su espíritu, como vemos hoy día casi universalmente.

Ahora bien, en siglos pasados, un Papa que hubiese cometido la mitad de la mitad de lo que hemos visto en solo unos pocos días no se hubiera ido de rositas.

Primero, porque además de la legitimidad de origen, es decir, que realmente se hubiera convertido en Papa al tiempo de su elección, existe en los gobernantes una legitimidad de ejercicio, es decir, que la autoridad moral que acompaña a la fuerza coactiva del mandatario crece o disminuye según el buen o mal comportamiento público del personaje.

Cuanta más autoridad moral ganada con un buen gobierno, tanto más fácil se hace el ejercicio del mando, y más dulce y fructuoso para los súbditos.
Pero si el responsable va acumulando errores y, como en éste caso, gravísimos pecados públicos, (no hablo aquí de su vida privada), puede verse rápidamente privado de toda autoridad moral,teniendo en ese caso la estricta obligación, o bien de pedir públicamente perdón, condenarse a sí mismo, y restaurar la confianza con un gobierno ajustado a sus deberes, o marcharse.

Encontramos un caso de lo primero en el Pontificado del Papa Pascual II, (1099-1118) cuando éste, prisionero y forzado, concedió a Enrique V, emperador de Alemania, un Privilegio en el nombramiento de los obispos, incompatible con la divina constitución de la Iglesia, por lo que rápidamente fue llamado Pravilegium.

En cuanto recuperó la libertad, no tardaron los cardenales, y muchos otros prelados, en amonestar al Papa, urgiéndole a desautorizar lo firmado, y restablecer claramente la doctrina aparentemente puesta en cuestión.

Se convocó un sínodo en Letrán, y otro en Viena, en que se amonestó solemnemente al Papa a retractarse, si no quería que le fuera retirada la obediencia, y se empezara a sospechar de su ortodoxia, es decir, no que un Papa verdadero pudiese errar en la Fe, sino que su elección fuese nula, porque había desviado de la Fe antes de su elección.

Es lo que supone el Juramento solemne que el Papa prestaba el día de su Coronación, cuando decía que si dejaba caer la mínima de las tradiciones a él encomendadas, se condenaba a sí mismo, incluso se excomulgaba a sí mismo, y que quedaba obligado a repara r el escándalo.

Decía otro santo canonizado y modelo de prelados y canonistas, san Ivo de Chartres, que si el Papa, aun no habiendo enseñado la herejía, se negaba a limpiar la sospecha de heterodoxia que sobre él hacían pesar sus actos, incluso forzados, estaría obligando a los demás a separarse de él, y, si perseveraba en esa actitud, a declarar, no que había perdido el Pontificado, sino que nunca lo había poseído.

Aplicando todo ésto al caso de Francisco, el hecho de que se haya negado a llamarse Papa, actuar, hablar, vestir y oficiar como debe un Papa ya sería indicio más que suficiente para declarar nula su elección.

Pero si a ello añadimos sus sacrilegios, no cabe ninguna duda de que nos encontramos ante un monstruo de perfidia, que ya no es que no sea Papa, es que ni siquiera se molesta en fingir que es católico.

Y la actitud de todos los demás presuntos prelados, diametralmente o
puesta a la de sus hipotéticos predecesores del S. XII, ya nos indica que demuestran no ser legítimos pastores, sino ladrones y salteadores.

En otros siglos, Francisco habría sido declarado insano de mente, y despojado del Pontificado, supuesto que alguna vez lo hubiese poseído.

Se le habría negado la obediencia a alguien vehementemente sospechoso de herejía, y se le habría obligado a renunciar.

Eso fue lo que pasó con el bien publicitado caso de san Celestino V, que por su caótico gobierno, y sobre todo, porque los que lo manejaban eran cripto-herejes cátaros y gibelinos, como el tal Dante, debió resolverse a dimitir, e incluso a consentir ser encerrado bajo buena custodia en el castillo de Fumone, de modo que los enemigos jurados de la Iglesia no se aprovecharan de su simpleza para destrozar los medios con los que contaba la Iglesia Romana para segurar su supervivencia en medio de una coyuntura extremadamente complicada y peligrosa.

Fue canonizado no sólo por su excelente vida privada, sino porque sobre todo, tuvo la heroica valentía y humildad de reconocer su ineptitud, y proteger a la Iglesia Romana quitándoles a los enemigos del Pontificado una inmejorable ocasión de sembrar daño y confusión.

Apuesten lo que quieran a que el Humildísimo Francisco no querrá imitarlo…

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