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NO HAY UNA FALSA DERECHA: TODAS SON FALSAS


Este es un comentario al post titulado La falsa reacción . .La posición que en el orden civil desemboca en la democracia parlamentaria en la que los “representantes populares” se sientan en los escaños de un semicírculo sentados en dos mitades, una a la derecha y otra a la izquierda de la presidencia, denominados “conservadores” e “Izquierdistas o progresistas” respectivamente, tiene su trasunto en el orden religioso, en los que se llaman a sí mismos, “conservadores” más o menos tradicionalistas y “progresistas” ” afectos  todos ellos,en grados distintos, a la subversión de la Tradición, vale decir revolucionarios del orden divino.

La línea del blog rechaza la posición conservadora, no solamente la de la falsa derecha que contribuye, como lo afirma el Sr. Guimaraes, a sostener y en algunos casos a consolidar los avances revolucionarios, sino también la posición acertada, en su opinión, de la “buena derecha” toda vez que ésta, acepta los presupuestos “parlamentarios” valga decir la que pone en cuestión el orden divino, que en el caso de la Religión juzga la Tradición,aunque en gan arte la defiende- aceptando sin embargo las “necesarias adaptaciones” o “aggiornamentos” al tiempo “moderno”, y que en algunos caso traicionan lo esencial, aunque declarándolo pomposamente accidental“.
En el blog nos hemos apartado de la denominación frecuente de “Tradicionalistas” reclamándonos “católicos” en su integridad y extensión.Por ejemplo en el post Por qué no soy tradicionalista en el que que establece que los que guardan la pura doctrina y la Fe inviolada, Integristas, no son ni pueden pertenecer al mundo “tradicionalista”, caracterizado por su “contestación“, que llaman“resistencia”, al papa, alegando que con todo se someten al “legítimo” Superior. Pero si es legítimo , sería el Romano Pontífice, dotado por Cristo de la Infalibilidad para la misión encomendada, y no cabría contestación ni resistencia. En el post se trae un escrito tituladoDe la obediencia a la Iglesia”, donde se desarrolla esta doctrina que aceptamos y que definitivamente nos aparta de la falsa derecha tradicionalista, alejada ella, eso sí, de la “quinta columna” subversiva, fiel a  la contestación eclesial. Para dejarlo más claro : No aceptamos la “resistencia” a quien se reconoce “legítimo” superior. Sumisión a la autoridad y resistencia son conceptos éticamente incompatibles.

Éste es el comentario del lector que se firma Eustache de la Mothe-Frontenac que desarrolla y profundiza en esta cuestión con acierto, en mi opinión.

A continuación el comentario:

“Muy interesante comentario, pero que puede fácilmente volverse en contra de su pergeñador, vamos a ver cómo:

El Sr. Guimaraens empieza recordando que hay una lucha a muerte entre Revolución, y Contra-Revolución, y desde aquí, ya empieza mal. Porque de ese modo, concede implícitamente la razón a nuestros enemigos, que nos motejan con el infamante título de “reaccionarios”, es decir, gentes que no parecen tener nada propio, valioso y original que ofrecer, sino que se limitan a protestar, a reaccionar airadamente ante generosas iniciativas “de progreso” porque los van a molestar en sus egoístas actitudes “derechistas”.

Nosotros no luchamos principalmente contra nada, sino que primaria y principalmente, luchamos a favor de algo positivo y absolutamente necesario, que se llama el Reino de Cristo en la tierra.

Los que reaccionan ante esa realidad como los diablos ante el agua bendita, ésos sí son los verdaderos reaccionarios y contra-Orden divino, es decir, los adversarios (Satán) por antonomasia.

Sin duda, muchos no recuerdan de dónde nace la distinción dialéctica derecha-izquierda:

Antes de la Revolución Francesa, esa distinción era desconocida, porque al menos oficial y aparentemente, todos los miembros, estamentos e instituciones de la sociedad, del Rey abajo, acataban las fuentes y consecuencias del derecho divino natural y positivo.

Sin embargo, desde los inicios de esa Revolución, se puso en duda esa ley en lo referido a la proveniencia del derecho de legislar, gobernar y hacer justicia:

Hasta entonces, era herencia común que Dios daba su poder a los gobernantes, determinando quienes habían de ser éstos últimos y el modo concreto en que iban a ejercer ese poder en las Leyes Fundamentales de cada reino.

Todo el mundo daba por sentado y evidente que todo poder público pertenecía al Soberano, que lo delegaba luego o no, libremente, sin que a nadie (salvo el Papa) le fuera lícito pedirle cuentas, resistir activamente a sus mandatos, o limitar su poder propio.

La Revolución, en que se va a pretender que el poder reside en el pueblo, o la Nación, y que ésta lo entrega a una Asamblea nacional que la representa, y ejercita en su nombre un poder totalitario que ninguna ley que no provenga de sí misma puede limitar, va a romper con ese Orden divino al que nos hemos referido.

¿Qué debía hacer ante esa gravísima situación el súbdito leal a su Dios y a su Rey?

No participar en modo alguno de esa asamblea subversiva de todo recto orden, verdadero concilium malignantium, en expresión del salmo XXI:

concilio vaticano ii -1

El Concilio de los malhechores que parece estar profetizando precisamente esa situación, junto con el salmo 1, que nos indica que es bienaventurado el hombre que no se sienta con los impíos y malvados, mientras que el salmo 2 describe adecuadamente a los que sí se rebelan contra el Señor y contra Su Ungido.

Esos que sí participaron en la Asamblea Nacional en Agosto-Septiembre 1789 presumieron poner a debate (como si no lo hubiera decidido la ley de Dios y fuera tema de libre discusión) la siguiente cuestión:

Una vez proclamado que el poder absoluto reside en la Nación, y no en el Rey, ¿Qué poderes le iban a quedar a éste último? Es decir, si el Rey podía poner su veto ante alguna Ley propuesta por la Asamblea Nacional, si la estimaba contraria al Bien Común.

Los que se inclinaban en favor de la llamada Prerrogativa real, mayoritariamente pertenecientes a la nobleza y al clero, se colocaron a la derecha del presidente, mientras que los contrarios, mayoritariamente pertenecientes al Tercer Estado, se pusieron a la izquierda.

La derecha no era menos culpable que la izquierda de rebelarse impía y sacrílegamente contra el Orden divino, únicamente, demostraba conservar un poco más de sano sentido común, por lo que rápidamente, se los empezó a llamar “conservadores”. Es decir, que aceptaban los principios erróneos, por no perder su puesto privilegiado en el Nuevo Orden de las cosas, pero esforzándose en limitar los daños, “conservando” la mayor cantidad posible de cosas buenas del “Antiguo Orden”, eso sí, convenientemente recicladas y reinterpretadas para amoldarse a unos principios contrarios a los que les daban su ser y sentido dentro del gran orden del mundo..

Es por eso que “la derecha”, TODA derecha, siempre ha sido la mejor aliada de la Revolución, mucho más eficaz que la izquierda, porque ésta última no funciona, ya que tiende a eliminar rápidamente todo lo que ayuda a una sociedad a perpetuarse. Una vez dejada en frente de las consecuencias de sus actos, caería rápidamente víctima de sus excesos, si no tuviera a la derecha para tomar el testigo y enmendar los platos rotos por su turbulenta hermana melliza.

Una vez entendido ésto, oír al Sr, Guimaraes hablar de “falsa” derecha, suponiendo por lo tanto que puede haber una buena derecha, indica, o que no ha entendido nada de lo que ha pasado desde hace dos siglos en el orden político, y desde hace más de 50, en el orden eclesiástico. (o lo que es peor, que finge no haberlo entendido).

Igual que no hay izquierda buena, tampoco hay derecha buena; falsa o verdadera.

Desde el momento en que se consienten este tipo de etiquetas, se está proclamando implícita pero muy realmente que uno participa del Nuevo Orden, y que se ha separado del Eterno.

Eso es precisamente lo que parece estar haciendo nuestro autor: Critica enérgicamente los frutos de la Revolución conciliar, pero jamás pone en cuestión los fundamentos teológico-jurídicos en que se han basado sus partidarios para imponerla a las masas católicas.

Lo mismo que los diputados de la Asamblea, y muchos fuera de ella, no ponían en duda la autoridad y derecho de esa Asamblea de alterar completamente las leyes tradicionales e inmemoriales del Reino de Francia, y adulterar completamente el fundamento mismo de la autoridad real, (y es lo primero que hubieran debido hacer), el Sr. Sinke Guimaraens se cuida muy bien de denunciar la total ilegitimidad de los pontífices conciliares, y de la Asamblea Eclesial conocida como Vaticano II, con sus pompas y sus obras.

Y cuando se digna hablar del sedevacantismo, su entendimiento de la cuestión demuestra ser tan sumamente pobre, travistiendo completamente los verdaderos argumentos en los que se basa la posición de los católicos íntegros, que uno no sabe si pensar que una persona señalada por su ciencia se encuentra de repente en la crasa ignorancia, o que simula no saber, porque su corazón está realmente con aquellos conservadores eclesiales, que igual que sus homólogos de 1789, se convierten alegremente en los mejores instrumentos de los subversivos a la hora de imponer las mutaciones revolucionarias.

Sedevacantismo sí o no

¡Pero si él mismo es el exponente tipo de la “falsa” derecha!

En cuanto a la Quinta columna, compuesta según él por toda una galaxia de medios de comunicación de lo más variado, aparentemente “razonables”, “modestos”,”centrados”, etc, pero que coinciden en ir aguando la acción contra-revolucionaria, tal vez debería responder a la siguiente pregunta:

¿No le parece que aquellos medios, como la misma Tradition in action, que después de tanto tiempo sigue repitiendo las mismas inepcias sobre el sedevacantismo, deformando grave y calumniosamente su postura, mientras acusa al mismo Papa Pablo IV de excederse en sus pretensiones, para mantener a los fieles en el error de creer que las “autoridades” conciliares aún son legítimos pastores de la Iglesia, y que además, parece tener totalmente prohibido citar alguna de esas leprosas webs sedevacantistas cuya sola mención ya contamina, se comportan como un elemento más de esa quinta columna, y no de los menos peligrosos?

Ustedes reaccionan ante las salvajadas modernistas, sí, pero como los conservadores de la primera etapa revolucionaria,(un poquito de revolución sí, pero no más), odian de manera aún más incondicional que los mismos “izquierdistas” a aquellos que os recuerdan vuestra infidelidad al Orden eterno que os habéis negado a salvaguardar, perseverantemente, durante dos siglos, y sobre todo, en los últimos 60 años.

Mañana mismo, os ofrecerían una Restauración basada sobre los verdaderos principios, entre otros, la Soberanía del Papa sobre la Iglesia, con todas sus consecuencias, y la proclamación de la infalibilidad incondicionada del Papa tanto en su Magisterio extraordinario como Ordinario, y reaccionaríais igual que los galicanos de 1789 0 1870:No es seguro”, “no es oportuno”, “¿Qué van a decir de nosotros?”, etc…encubriendo las verdaderas intenciones del corazón, que grita”:

Nolumus hunc regnare super nos!”