ALL POSTS

JESUITISMO ANTILITÚRGICO 1


Por Fray Eusebio de Lugo
He encontrado hace algún tiempo este artículo,
que paso a traducir, para luego sacar alguna que otra importante enseñanza, que nos iluminará sobre las razones profundas de ciertas actuaciones de Francisco-Bergoglio.

Puede ser útil también para que puedan expresarse posiciones contrastantes, que nos ayuden a evaluar los antecedentes históricos que hayan podido llevarnos a la quiebra conciliar.

Los jesuitas y la liturgia:

Algunos atentos auditores del sermón del I domingo de Pasión me han pedido que explicite lo que había dicho entonces:

El defecto congénito de los jesuitas desde hace 500 años, (porque esto no empieza con el Concilio Vaticano II), su defecto fundacional, pues, es su indiferencia, cuando no su desprecio hacia la liturgia, y habrá que tenerlo en cuenta…”

Este juicio ha parecido injusto a más de uno, pero viene avalado por 500 años de historia…

Después de las primeras apariciones “litúrgicas” del Papa Francisco (confieso que la ausencia de numeración se me hace rara, y que me es difícil decir “Francisco” acostumbrados a decir Pablo VI o Benedicto XVI), ciertos periodistas católicos han mostrado claramente su alegría ante la desaparición de los fastos litúrgicos restaurados por Benedicto XVI, ya que para ser “el Papa de los pobres”, hace falta, según sus mal (in)formados espíritus, ser también un Papa a-litúrgico, cuando no directamente anti-litúrgico.

En primer lugar, olvidan el enorme cuidado dispensado por san Francisco de Asís a las realidades litúrgicas, confundiéndolo con las ideologías de los años ’70  (supuesto amor de los pobres y miserabilismo), y en segundo lugar, olvidan que el nuevo Papa es un Jesuita.

Y es que aquí está precisamente el problema…

Benedicto XVI, profundo teólogo cuya espiritualidad venía configurada principalmente tanto por la patrística como por la liturgia, tenía sus raíces en las antípodas de la espiritualidad jesuítica.

Y es que la Compañía de Jesús fue fundada por san Ignacio de Loyola en 1540: Nos encontramos de lleno metidos en el reinado de la devotio moderna, esa devoción nacida con la Imitación de Cristo, (compuesta a fines del S. XIV-principios del S. XV) un camino espiritual que privilegia el individualismo antes que la piedad popular de la Edad Media.

Los grandes de este mundo, hacia el final de la Edad Media, todavía rezaban el Breviario litúrgico, por lo que aún conservamos numerosos manuscritos conocidos como “Horas”, o “Grandes Horas”, de las que se nutrían espiritualmente en estrecha unión con la Iglesia, con todos sus coros de monjes, monjas, frailes y canónigos que todavía cantaban a diario el entero Oficio Divino.

coro-Sin embargo, la devotio moderna va a hacer desaparecer esta unión, ya que a partir de ahora, cada uno tendrá su propio libro de espiritualidad,el que más le guste, según la época, será la Imitación de Cristo, el Combate espiritual, de Scupoli (1588), o la Introducción a la vida devota, de san Francisco de Sales (1608). Es también la época en que los fieles vengan a Misa para rezar sus devociones privadas, sin ocuparse del celebrante más que en la consagración y a las elevaciones.

San Ignacio queda totalmente impregnado de ese espíritu que de hecho es el espíritu de la Iglesia del S. XVI, cosa que atestiguan sus Ejercicios Espirituales, que comenzará a escribir en 1523. Todos sus esfuerzos personales quedan tendidos hacia los estudios y los ejercicios espirituales. Quedará de manifiesto en 1539 en el esbozo de las Constituciones de la futura Compañía, en las que, al lado de la obediencia a un Prepósito general y la exaltación de la pobreza,nos encontramos el rechazo del ceremonial monástico, y muy particularmente, de la oración colectiva. Si leemos con atención a san Ignacio, llegamos a tener la impresión de que el examen de conciencia es más importante que la asistencia a la Misa.

Desgraciadamente, el Papa Pablo III, aprobando la Compañía, aprobará por lo mismo esas opciones de Ignacio, y hará de los jesuitas la primera Orden religiosa dispensada de la celebración de la liturgia comunitaria, auténtica anomalía desde el inicio mismo de las órdenes religiosas, aparecidas en la Iglesia en el S. IV.

Leemos en las Constituciones jesuitas:

“Debido a que las ocupaciones que hemos asumido a favor de las almas son de una gran importancia, que son propias de nuestro Instituto, y muy numerosas, y que por otra parte, nuestra estancia en tal o cual lugar es precaria, los Nuestros no tendrán Oficio coral para las horas canónicas ni cantarán Misas u otros oficios. Para aquellos cuya devoción impulsara a oírlos, tendrán abundancia de lugares en los que puedan satisfacer su deseo. En cuanto a los Nuestros, conviene que se ocupen preferentemente en lo que es más propio de nuestra vocación, para Gloria de Dios.”

Y en lo que concierne al apostolado:

“Si, en alguna de nuestras casas, o en alguno de nuestros Colegios, se juzgara conveniente, se podría, a la hora en que por la tarde, debe tener lugar alguna predicación o enseñanza, decir Vísperas, únicamente para retener al pueblo, antes de dichas enseñanzas o predicaciones. Se podría hacer lo mismo habitualmente los Domingos y festivos, sin música ni canto llano, sino con algún tono religioso, sencillo y agradable. Y todo ésto, únicamente por razón y en la medida en que se juzgue que pueda ayudar a que el pueblo frecuente más asíduamente las confesiones, los sermones y otras enseñanza, y no por ninguna otra razón.”

Así pues, no existe ni sombra de intención de formar a los jesuitas en el ars celebrandi, es decir, en la capacidad de celebrar dignamente la Misa, no digamos ya el Oficio Divino: El jesuita reza su Breviario siempre sólo, y las Misas que dice quedan reducidas a las mínimas disposiciones litúrgicas.

“Para las Misas más importantes, aunque simplemente rezadas, podrá haber, en consideración a la devoción y a las conveniencias, dos ayudantes revestidos de sobrepelliz, o uno sólo, según lo que pueda hacerse en el Señor.”

Nada de Misas cantadas, y mucho menos de Misas Solemnes.

Se ve bien claro que la liturgia comunitaria celebrada por causa de los fieles entregados al cuidado de los jesuitas no tiene más sentido y valor que su capacidad de atraer a los fieles “a frecuentar con más asiduidad las confesiones, sermones y enseñanzas”.

San Ignacio quería soldados para las misiones extranjeras, la educación de los jóvenes, la instrucción de los pobres. Queda de manifiesto que frente a la herejía protestante, la Iglesia necesitaba soldados. Pero olvidamos pronto que los religiosos “tradicionales” también eran soldados, y que fueron ellos los que han evangelizado Europa. O que religiosos como los capuchinos, fervientes puntas de lanza de la lucha antiprotestante (bástenos recordar la acción de san Lorenzo de Bríndisi, Doctor de la Iglesia, o el martirio de san Fidel de Sigmaringen, masacrado por los presuntos reformados), y que sin embargo, jamás abandonaron el Oficio Coral, ni las solemnidades litúrgicas (en la medida en que se lo permitía la pobreza y escaso número de religiosos de sus conventos). ¿Quién dirá que no han sido fieles discípulos de san Francisco, ellos, que hubieran abominado de otro Francisco…?

Además, como lo indica el párrafo referente a la liturgia en el apostolado, queda bien claro que para un jesuita, la liturgia no es más que un medio, una herramienta, y no el fin por antonomasia de toda vida cristiana, en esta tierra y en la otra vida.

Ese es el estado de espíritu que irá gestando lo que en el S. XX se manifestará como la gran “herejía” antilitúrgica que quiere transformar la Misa en una simple catequesis, y no, como todavía enseña (al menos en teoría) el mismo Vaticano II, “la fuente y culmen de toda vida cristiana”.

Así es cómo, entre las dos guerras mundiales, los numerosos jesuitas-capellanes scouts (como el conocido P. Sévin), ya iban colocando las bases de la reforma litúrgica, reforma tendente principalmente hacia un objetivo pastoral y catequético.

Comprenderemos así por qué decimos que el defecto congénito de los jesuitas desde hace 500 años está en su indiferencia, por no decir su desdén hacia la liturgia, salvo cuando pueden utilizarla como instrumento de formación.

Cierto es, que la Compañía también ha tenido sus liturgistas, como el bien conocido P. Jungmann. Pero cuando uno se asoma a sus obras, se da rápidamente cuenta de que no se trata de teología litúrgica, sino que, como buenos universitarios e investigadores científicos, se aplican a estudiar los ritos y las plegarias litúrgicas del mismo modo en que un cirujano estudiaría el cuerpo humano, por lo que sus obras carecen tanto de alma como de espiritualidad.

Una vez esto bien comprendido, no pidamos a un Papa jesuita, heredero de tal tradición, que sea un buen liturgo…No lo sería, no necesariamente por aversión, simplemente por formación, y casi, diría yo, constitución…

———————————————————————————————————-

Primero, unos pocos comentarios sobre las polémicas afirmaciones de nuestro predicador:

Me temo que su visión de la historia de la Iglesia en lo que a liturgia se refiere se parece no poco a la versión que de ella han dado los liturgistas modernistas, desde muchos decenios antes del Concilio.

Sucintamente, querrían hacernos creer que en el tiempo que separa el fin de la Edad Media y el principio del Renacimiento, las buenas gentes cristianas ya habían perdido el sentido y el gusto por las celebraciones litúrgicas normales, es decir, completas, íntegras, solemnes, y las habían ido abandonando a favor de una piedad más individualista, intimista, que ya no se nutría de la Sagrada Escritura y la Tradición, tal como venían presentadas por la Iglesia a través de sus oficios, sino que iba a beber en las cisternas menos saludables de una Devotio Moderna que debía ser superada por el Concilio futuro.

Sin embargo, cuando uno examina un poco de cerca la vida de los católicos en la primera mitad del S. XVI, no es ésa la idea que aparece ante nuestros ojos.

Los fieles seguían acudiendo masivamente a los oficios todavía celebrados en todas partes con canto llano (gregoriano), órgano, polifonía y demás elementos, en que invertían alegremente sumas que en nuestros días suelen dedicarse más bien a comprar estrellas del fútbol, cuando no cosas mucho peores.

Los fieles seguían acudiendo en masa no sólo a las Misas, sino hasta a los Maitines, que aún se cantaban a medianoche, desde la Inglaterra de santo Tomás Moro, hasta la Italia de Miguel Ángel, o la Polonia de Copérnico.

coro

Si había alguien que empezaba a flaquear en su aprecio por la liturgia tradicional, ésos eran los primeros encargados de su cuidado, los clérigos, que aceptaron complacidos el Breviario de Quiñones, en 1535, que reducía drásticamente la extensión del Oficio, lo desfiguraba totalmente, y ya venía concebido no para el coro, sino para la recitación solitaria en el típico gabinete del erudito erasmiano , por lo que se convirtió en el predecesor de la Liturgia de las Horas impuesta por Pablo VI.

.

coro2

De otro modo, no hubiera sido posible lo que le ocurrió al Emperador Carlos V, el cuál, estando preso en una peligrosa tormenta, animó a sus soldados y marineros con un “¡Ea, ánimo, que a esta hora, están cantando Maitines mis cartujos del Paular! Todo el mundo sabía perfectamente de qué estaba hablando, se aquietaron, y salieron con bien de la aventura…

Para que se vea el aprecio y el celo con el que los laicos protegían el Oficio, recordar por ejemplo, que cuando los canónigos de la catedral del Salvador, en Zaragoza, adoptaron el engendro de Quiñones para el coro, se armaron enseguida auténticos motines populares, hasta que obligaron a esos perezosos clérigos a volver a su deber primordial.

coro3Lo que querían los modernistas eran, nada menos, disfrazados de ángel de luz, y sub specie boni, separar a los fieles de esas obras preciosas de sana y recia espiritualidad, cuando realmente, no hay ninguna contradicción entre una intensa vida litúrgica, y nutrirse al mismo tiempo de las mejores obras de espiritualidad producidas desde el S. XVI.

Obras tan recomendables como las del P. Rodríguez, como las del P. La Puente, o como las del P. Baltasar Álvarez, por sólo citar estos tres, eran unos enemigos formidables a los que había que eliminar con el mendaz discurso que la secta pseudo-litúrgica estaba introduciendo en toda la Iglesia, y muy especialmente, en los noviciados y casas de formación.

En lo que toca propiamente a san Ignacio, nuestro autor no puede estar más equivocado, pues es de sobra conocido el mucho amor que tenía a la plegaria litúrgica, de tal modo, que para rezar el Oficio Divino, invertía varias horas, tantas eran las iluminaciones y gracias que Dios le concedía, y que entre otras, se manifestaban por un don de lágrimas tan abundante, que tuvieron que dispensarle de su recitación, no se fuera a quedar ciego de tanto llorar…

Otra cosa es la institución de la Compañía como tal:

Misa de San Ignacio por Andrea Commodi

Misa de San Ignacio por Andrea Commodi

Hay que tener en cuenta que en esos momentos fundacionales, los primeros compañeros no tenían en mente la especie de poderosísimo Leviatán en que se convertirá más tarde su Orden. Más bien soñaban en una especie de caballería ligera, de escuadrón volante puesto a disposición del Papa para mandarlos, cual sacros paracaidistas, a los lugares donde más falta hicieran en ese preciso momento, para retirarse una vez cumplida la misión, y dejar el sitio al “ejército regular”.

En esas condiciones, en que “no tendrían donde reclinar la cabeza”, era imposible pensar en una celebración normal de los oficios litúrgicos. La dispensa parcial cuasi automática ya existía en otras órdenes, como los dominicos, siempre que lo exigieran las circunstancias del apostolado, sólo era cuestión de sistematizarla.

En principio, se entendía que los pocos jesuitas volantes y casi desconocidos no iban a ser más que la excepción meramente tolerada, y que la Regla seguiría siendo que todo clérigo tiene como obligación primaria y más esencial la celebración comunitaria y solemne de todo el Oficio Coral, porque ahí reside la fuerza y fuente de vida y energía de toda la Iglesia.

coro4

Ya se sabe, la excepción siempre confirma la Regla, nunca la invalida. Bajo esas condiciones toleró Pablo III esa anomalía.

Estoy viendo que de este pozo puede salir mucho más petróleo del que pensaba, así que no queriendo cansar a mis ocupados lectores, iremos profundizando en sucesivas entregas la apasionante cuestión de la deriva que nos ha llevado finalmente a ese “obispo de Roma” que firmó un libro titulado precisamente “El jesuita”.

francisco1

2 replies »

  1. Sobre los artículos de la herejía antilitúrgica que usted escribió hace tiempo y donde Gaudí destruyó y reformó todas los templos católicos es posible que siguiera órdenes de la masonería. De hecho los masones consideran que Gaudí, a pesar de que después se convirtió al catolicismo, era un iniciado. Hay muchos libros escritos al respecto. Aquí dejos unos enlaces.
    http://www.masoneria-liberal.com/2011/09/masoneria-y-gaudi.html
    http://www.masoneria-liberal.com/2010/08/el-simbolismo-masonico-en-gaudi.html
    http://karbolarium.blogspot.com.es/2010/11/la-catedral-de-santiago-y-la-catedral.html

    Me gusta

  2. Interesantísimo artículo. Lo leeré detenidamente. Ahora lo entiendo todo. Esto viene desde el s.XVI y la misma fundación de la Compañía. San Ignacio fue un hombre acogido y apoyado por la oligarquía veneciana, eterna enemiga de la Iglesia y del imperio español. Nunca entendí esta relación de apoyo y acogida a San Ignacio por estos encarnizados enemigos de la Iglesia. Y mira por donde sale el tema. Los venecianos están detrás de la creación del protestantismo, el anglicanismo y la masonería. Es curioso las raíces gnósticas y cabalísticas de la masonería y es que en Venecia había un número desproporcionado de judíos, además de bastante poderosos. Shakespeare en sus obras los describió a la perfección. Mira por donde sale esto. Los venecianos sabía que para destruir a la Iglesia tenían que destruir a la Misa, como bien dijo Lutero .”Destruyan la Misa y habrán destruido a la Iglesia”. Petrarca llamaba a los venecianos las ranas de las cloacas. La inteligencia veneciana era brutal. De especial importancia fue el agente veneciano además de católico el Cardenal Gasparo Contarini y su influencia en Lutero. Los paralelismo religiosos entre Lutero y Contarini son increíbles. Tras la derrota de Agnadello, los venecianos se movieron rapidamente y reventaron la Liga de Cambrai enfrentando a sus miembros unos contra otros. Después pusieron sus garras sobre Inglaterra y Holanda y empezaron a trasladar allí sus riquezas en vista que de las lagunas era imposible la dominación mundial. Así nació el imperio británico. Venecia absorbió a Inglaterra gracias a la debilidad de Enrique VIII. Hay una obra de Frances Yates “La ideología oculta en la época Isabelina” que demuestra las influencias gnósticas y cabalísticas en la creación del anglicanismo. Aquí dejo un enlace, aunque traeré algunos más, que puede aportar bastantes cosas:
    http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:k6Bz_Z_NimgJ:www.mov-condor.com.ar/ven-lond/oligarquia-venecia-II.doc+&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=es

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s