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EL ANTICRISTO EN EL ARTE


Signorelli y su pintura del Anticristo

de Foro Católico
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Predicación y Hechos del Anticristo, de Luca Signorelli

(Transcrita de Es Noticias Yahoo.com)

La Historia del Arte está repleta de ejemplos con representaciones del demonio, por lo general en obras de carácter religioso sobre el Juicio Final y temas similares.

Sin embargo, es mucho menos habitual encontrarse con representaciones del Anticristo, el maligno adversario del Mesías que aparece mencionado en los textos de San Juan, y que en las últimas décadas ha alcanzado gran popularidad en nuestra cultura gracias a ciertas películas de éxito.

Uno de los ejemplos más destacados de esta inusual iconografía lo encontramos en la decoración de la capilla de San Brizio, en el Duomo de la localidad italiana de Orvieto.

Allí, en las espectaculares pinturas realizadas por el artista toscano Luca Signorelli, descubrimos la figura del siniestro personaje, en un mural titulado ‘Predicación y hechos del Anticristo’.

Luca Signorelli fue discípulo de Piero della Francesca y, aunque pasó la mayor parte de su vida en Cortona, su ciudad natal, realizó varios trabajos fuera de ella, por ejemplo participando en la decoración de la Capilla Sixtina.

Sin embargo, todos los historiadores consideran que su obra maestra son los frescos de la capilla de San Brizio sobre el Juicio Final, pintados entre 1499 y 1502. En ellos Signorelli dio rienda suelta a su imaginación, plasmando figuras cargadas de tensión y dramatismo, y creando una atmósfera inquietante capaz de generar una honda inquietud en el espectador.

Entre las escenas de la capilla destacan especialmente dos: ‘La predicación y hechos del Anticristo’ y ‘El Infierno y los condenados’. Es en la primera de ellas donde encontramos al adversario de Cristo.

El Anticristo no está solo. Tras él, susurrándole al oído lo que debe decir, se encuentra Satanás, con su aspecto habitual. Ambas figuras se asemejan a un marionetista y su muñeco, pues los brazos del Anticristo parecen extensiones de las extremidades del Diablo.

Este aparece representado con rasgos similares a Cristo (aunque con dos mechones a modo de cuernos), pues no en vano es un falso Mesías e intenta imitar a Jesucristo para burlarse de él.

Pero además el Anticristo no está solo. Tras él, susurrándole al oído lo que debe decir, se encuentra Satanás, con su aspecto habitual. Ambas figuras se asemejan a un marionetista y su muñeco, pues los brazos del Anticristo parecen extensiones de las extremidades del Diablo.

A los pies de ambos, elevados sobre un pedestal, se acumulan riquezas y tesoros dejadas por sus adoradores. Son los pecadores, que se han dejado arrastrar por el Mal.

En la parte superior izquierda del fresco aparece un arcángel derrotando a Lucifer y arrojándolo a tierra sobre un grupo de sus seguidores. También pueden verse otros de los actos del Anticristo, como la resurrección de un fallecido (otra burla a los actos de Cristo).

Como nota curiosa, en la esquina inferior izquierda aparecen dos figuras vestidas de negro, que en opinión de los historiadores representan al propio artista (figura izquierda) y al también pintor Fra Angelico, autor de las pinturas existentes en el techo de la capilla.

Por otra parte, algunos estudiosos de la obra han sugerido la posibilidad de que el Anticristo fuera también una representación simbólica de Savonarola, el dominico que terminó sus días colgado y quemado públicamente en Florencia, después de haber criticado a la Iglesia, al papa Borgia y a la familia Médici, entre muchos otros.

Es una hipótesis bastante probable, pues Signorelli estuvo bajo la protección de los Médici, promotores a su vez de la escuela neoplatónica de Marsilio Ficino. En una de las obras de este último, Apología, se identifica a Savonarola con el “falso profeta”.

Si la escena del Anticristo resulta inquietante, no lo es menos otra de las pinturas murales con las que Signorelli decoró la capilla de la catedral de Orvieto.

Los condenados. Luca Signorelli

Su representación del Infierno nos muestra un abigarrado despliegue de demonios que disfrutan atormentando a los pecadores, a quienes someten a mil y una torturas. Una visión que, sin duda, debió aterrar a sus contemporáneos.

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