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VATICANO II MERAMENTE PASTORAL


Portrait of Pope Paul VI

Es el mantra comúnmente oído, hasta la saciedad, para disculpar los errores que, entre tradicionalistas, se confiesan de ese concilio. Ya hemos tratado en el blog este tema en algún post casi del mismo título: ¿Concilio ..meramente pastoral? y en otro Infalibilidad de los concilios ecuménicos. En general también se trata de ello debajo de la categoría infalibilidad (Véase la pastaña superior). Pero como se oye, en comentarios, posts, etc.. repetir la misma razón una y otra vez, he decidido volver a lo mismo, aun a riesgo de que a muchos parezca obvio.

Nadie intenta quitar a ese concilio el carácter pastoral, tanto más que ese carácter es algo común a todos los concilios e incluso a la predicación evangélica. Id y predicar…

Pero sucede que ese carácter se blande como una espada que tronchara de un golpe todas las dificultades que se ciernen sobre el tradicionalista que mantiene la legitimidad de los papas conciliares y de la Iglesia conciliar, a pesar de la constatación, asumida por él, de errores en la enseñanza conciliar.

Los errores del Concilio plantean problemas como los que nos describe ya en el siglo XIX el cardenal Bégin :

Cardenal L.-N. Begin, La Escritura y la Regla de la Fe, p.215, Quebec, 1874 escribió:

“Pero la Iglesia de Cristo no puede ser más que aquella que cree absolutamente en toda la doctrina enseñada al mundo por Jesucristo y sus apóstoles. Así que si suponemos por un momento que esta Iglesia es falible, que socava la fe, que corrompe la moral que enseña el error, deja de ser la Iglesia de Cristo, y sería verdad decir que ha defeccionado, que ya no es su casta esposa, que no fue construida sobre la roca, sino en arena, que las puertas del infierno han prevalecido contra ella, y por lo tanto, que el Salvador ha sido infiel a su promesa y no ha previsto su futura ruina. El resultado es riguroso, pero como esta conclusión contiene una blasfemia contra Dios, se deduce que las premisas son falsas y que la Iglesia de Cristo es necesariamente infalible. “

Por su parte el cardenal R. P Goupil, en La Regla de la  Fe, escribió:

En efecto, cuando la Iglesia promulga una ley, implícitamente dice que la ley es justa, lo que implica dos condiciones: que la ley es consistente con la regla divina de fe y moral, y que si una doctrina en cuestiones de fe o la moral está incluido en el derecho eclesiástico, esta doctrina es verdad infalible. “

El dilema es claro. La solución, falsa, que nos da el tradicionalista es:

El Concilio Vaticano II es un verdadero Concilio Ecuménico de la Iglesia y fue aprobado por un legítimo papa, pero puede contener errores porque es un ¡concilio pastoral!. Lo dicho de la infalibilidad de los concilios, se refiere únicamente a la enseñanza dogmática. Pero en VII no hay enseñanza dogmática, porque es enteramente un concilio pastoral.

Dejemos aparte el hecho de que, en realidad, enseñanza dogmática y carácter pastoral no se excluyen, y aún más que no pueden existir la una sin el otro. En efecto ¿sería pensable de cualquier concilio dogmático, el de Trento por ejemplo, que careciera de proyección pastoral, o al revés decir del carácter pastoral de la Iglesia -a la que su divino fundador mandó Id y predicar… quien creyere y se bautizare se salvará etc.- que por un absurdo predicara errores en su enseñanza ? .

Se suele arguir lo dicho por Pablo VI

“Dada la naturaleza pastoral del Concilio, éste evitó pronunciar dogmas que comporten de modo extraordinario la nota de la infalibilidad, pero ha proporcionado enseñanzas dotadas de la suprema autoridad del magisterio ordinario; este magisterio ordinario y, obviamente, auténtico debe ser acogido obedientemente y sinceramente por todos los fieles, según el espíritu del Concilio teniendo en cuenta la naturaleza y el propósito de cada documento. ” [Pablo VI, 12 de enero de 1966, Discurso en la audiencia general, orig. ital. L’Osservatore Romano, 13 de enero de 1966].

Este párrafo pronunciado después de cerrado el concilio y además en una simple audiencia general, ha sido elevado por los tradicionalistas a la categoría de dogma de Fe. Oyéndoles parecería que tiene una fuerza mayor que las solemnes aprobaciones de todos y cada uno de los documentos del Concilio. Quizás esta declaración, en una audiencia general, fue hecha con la finalidad de quitar argumentos a aquellos que ponían en duda la legitimidad del pontificado de Pablo VI a la vista de los manifiestos errores de los documentos conciliares aprobados por él. En todo caso es claro que su valor es relativo y desde luego inferior a las solemnes fórmulas de aprobación del Concilio. Por otra parte puede entenderse sin menoscabo de la fuerza dogmática del Concilio, que fue hecha para subrayar su carácter pastoral, que nadie pone en duda.

Vayamos por partes para estudiar la infalibilidad de los concilios ecuménicos:

1/Un concilio general es infalible (Vaticano 1: Dei Filius, cap. 3), con la condición de que sea confirmado por el pontífice romano (Código de Derecho canónico de 1917, canon 227).

2/En la Contitución Dogmática Dei Filius del Concilio Vaticano I se lee en el capítulo III:

Por tanto, deben ser creídas con Fe divina y católica todas aquellas cosas que están contenidas en la Palabra de Dios, escrita o transmitida, y que son propuestas por la Iglesia para ser creídas como materia divinamente revelada, sea por juicio solemne, sea por su magisterio ordinario y universal.

Éste párrafo atañe al Magisterio Extraordinario de los concilios, en los que se pronuncian todos los obispos reunidos en una ocasión solemne, con objeto de dar una enseñanza extraordinaria.(Nota: se suele olvidar que también atañe al magisterio ordinario de todos los obispos unidos al Papa, y ¿por qué no ? al mismo magisterio ordinario del papa)

Pio XII 23/ Por su parte Pío XII en su enseñanza EX CATHEDRA declara en Mystici Corporis, escribiendo en esta encíclica como doctor de la Iglesia Universal para enseñar a todo el “pueblo de Dios” los “misterios revelados por Dios“que los concilios ecuménicos son incuestionables y que cualquier concilio ecuménico está asistido por el Espíritu Santo.

Téngase muy en cuenta esto último: si el Vaticano II forma parte de los Concilios Ecuménicos, está inspirado por el Paráclito y es teológica y canónicamente incuestionable. Pero si por el contrario no es ecuménico porque carece de la firma de un papa legítimo su enseñanza no habría gozado de la asistencia del Espíritu Santo, por mucho que hubieran estado presentes la totalidad de los obispos (como en el Concilio de Rimini, por ejemplo)C

4/. Un concilio ecuménico reúne a todos los obispos presididos por el Papa, por lo que representan a toda la Iglesia. Por ello no puede enseñar el error porque en caso contrario sería la Iglesia la que habría caído en el error…

5/ Quienes piensen que el Concilio Vaticano II no era dogmático deberían pensar que hay en él dos constituciones que se nombran Constituciones Dogmáticas:

La Constitución Dogmática Lumen Gentium y la Constitución Dogmática Dei Verbum.

Además en Dignitatis Humanae existen palabras de claro carácter dogmático como “doctrina, verdad, palabra de Dios, Revelación divina”.

6/ El Vaticano II fue dogmático porque dogma en la acepción corriente de la palabra significa una verdad que hay que creer sacada de la Divina Revelación.

7/ Ciñéndonos en el Concilio Vaticano II, a la libertad de religión y de prensa, ésta se ​​presenta como contenida en las Sagradas Escrituras, por consiguiente de Fe Divina.

Veamos:

conciliovaticanoiiEste Concilio Vaticano II escruta la Sagrada Tradición la Santa Doctrina de la Iglesia” (Dignitatis Humanae, § 1);

La libertad religiosa está realmente fundada en la “palabra de Dios” (§ 2);

Corresponde “al orden establecido por Dios” (§ 3);

Ella ess necesaria a la sociedad atenta a ”la fidelidad de los hombres a Dios ya su santa voluntad” (§ 6);

Actuar en contra de ella es “actuar en contra de la voluntad de Dios” (§ 6);

Esta doctrina de la libertad religiosa tiene sus raíces en la revelación divina, que para los cristianos es un título más para ser fiel” (§ 9);

Ella corresponde a “la palabra y al ejemplo de Cristo” y ” a los Apóstoles que siguieron el mismo camino” (§ II);

Por eso “la Iglesia cuando reconoce el principio de la libertad religiosa como necesario a la dignidad de la el hombre y a la revelación divina […]. es fiel a la verdad del Evangelio y sigue el camino seguido por Cristo y los Apóstoles.. Esta doctrina, recibida de Cristo y de los apóstoles, fue a lo largo del tiempo, mantenida y transmitida por ella “(§ 12).

8/. El carácter dogmático de esta declaración aparece claramente en su aprobación por Pablo VI:
pablo-vi-villa-2El conjunto y cada uno de los puntos que constan en la presente Declaración han satisfecho a los Padres del Santo Concilio. Y Nos , en virtud del poder apostólico que Cristo nos ha confiado, con los venerables Padres, Nos lo aprobamos, decretamos y declaramos en el Espíritu Santo, y ordenamos que para gloria de Dios, sea promulgado lo que se ha establecido en el Concilio.

Roma, junto a San Pedro, 7 de diciembre de 1965.

Yo, Pablo,

Obispo de la Iglesia Católica.

Siguen las firmas de todos los Padres.

Así pues según el Concilio Vaticano II, la libertad religiosa forma parte de la Fe Católica, porque está contenida en el Evangelio.

Negar esto sería, con palabras antes citadas de Montini, ir en contra del Espíritu Santo, que ha hablado a través del cuerpo de un concilio ecuménico infalible.

9/ Wojtyla, en el Catecismo de la Iglesia Católica, como consta en el N º 891, dice que” La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el cuerpo de los obispos cuando ejercen su magisterio supremo en unión del sucesor de Pedro “(Constitución dogmática Lumen gentium, § 25;.. cf Vaticano 1), sobre todo en un concilio ecuménico.

Y también : Cuando por su Magisterio supremo, la Iglesia enuncia algo “para creer que ha sido revelado divinamente” (Constitución Dogmática Dei Verbum § 10) y como enseñanza de Cristo, “hay que atenerse con la obediencia de la fe a estas definiciones “(Lumen Gentium, § 25).”

Si comparamos los términos del Catecismo con los de Dignitatis Humanae, es evidente que el Concilio Vaticano II cumple con los requisitos de la infalibilidad: “Revelado por Dios” (CCC) = “radicado en la revelación divina” (DH); “enseñanza de Cristo “(CEC) =” recibido de la doctrina de Cristo “(DH).

León XIII lo confirma diciendo:

“Así pues, siempre , que la palabra del Magisterio dice que tal o cual verdad sea parte de la doctrina revelada, debe creerse con absoluta certeza; pues si dejara de ser cierto, se seguiría, lo que obviamente es absurdo, que Dios mismo es el autor del error entre los hombres. “(León XIII, Enc. Satis Cognitum, 29/06/1896)

10/Además, el carácter “pastoral” del Vaticano II no disminuye en nada su infalibilidad; por el contrario: ”El carácter pastoral del Magisterio se ordena a garantizar que el pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera. Para lograr esto , Cristo ha dotado a los pastores del carisma de la infalibilidad en materia de fe y costumbres ”(Catecismo de la Iglesia Católica, No. 890).

Después de lo dicho hasta ahora se puede establecer el siguiente argumento:

Sabemos que el Concilio enseñó claramente errores sobre la libertad religiosa.

Luego, aquellos que se obstinen en aceptar a Montini como papa legítimo ¿ acaso no nos están diciendo que Cristo ha fallado en sus cuatro promesas (Lucas XX, 32, Mateo XVI, 18, y XXVIII, 19-20, Juan XIV, 15-17 ) y que por lo tanto puede abandonar a su Vicario en un Concilio Ecuménico?

Igualmente nos deberían explicar ¿por qué la frase “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros” (Concilio Apostólico en Jerusalén) habría funcionado entonces , mientras que la frase ” Declaramos en el Espíritu Santo” (Vaticano II) no funcionó ahora ?

En suma, decir que un concilio ecuménico aprobado por un papa (Montini) ha errado daría la razón a Lutero frente a Leo X y a San Pío X. “

12 replies »

  1. Lo que concluyo al leer el artículo es que la única forma legal de invalidar el Concilio VII es invalidar el papado de Montini. No sería suficiente con invalidar el de Roncalli que fue el que inició el concilio. Lo digo porque es bastante conocida la leyenda de que en el 58 fué elegido Siri y lo obligaron a renunciar. Es Montini el que tendría que haber sido elegido “no canónicamente” como diría la profecia de San Francisco.
    Por otro lado, releyendo imparcialmente Lucas XXII, 32, Mateo XVI, 18, y XXVIII, 19-20, Juan XIV, 15-17, solo puedo sacar una promesa “fuerte” , que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia. Buscando la etimologia de la palabra prevalecer, signifíca ser “mas fuerte”. Es decir, el mal no será mas fuerte que la Iglesia. Observo que hay una indicacion de futuro, dice “será” no “es”. Pero ¿será más fuerte durante todo el transcurso de la cristiandad, o será más fuerte al final?.Yo, personalmente, lo interpreto apocalípticamente como una promesa de que la victroria final será de la Iglesia, no lo interpreto como que en todas y cada una de las cosas que diga la Iglesia será infalible.
    Saludos,

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  2. Es tristísimo el nivel de decadencia en el que ha caído la Iglesia, no sólo en su feligresía sino en su clero y jerarquía. Ya sabemos más de lo que nos espera: secularización, ecumenismo, diálogo interreligioso, comunión y tolerancia con el pecado y los pecadores como gesto de caridad, vulgaridad y decadencia eclesial y religiosa, religiosidad low-cost, flowerpower, alegría y diversión, … Más perlitas de esta Iglesia que camina hacia la apostasía total:

    http://vaticaninsider.lastampa.it/es/reportajes-y-entrevistas/dettagliospain/articolo/dialogo-dialogue-dialogos-interreligioso-interrelegious-24474/

    http://vaticaninsider.lastampa.it/es/vaticano/dettagliospain/articolo/vescovi-obispos-bishops-papa-el-papa-pope-24728/

    http://opinion.infobae.com/sandro-magister/2013/05/10/por-que-el-papa-francisco-no-da-la-comunion/

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  3. Discrepo con el contenido de este artículo. La infalibilidad y lo dice expresamente el Concilio Vaticano I “aquella infalibilidad que el Divino Maestro quiso que gozara su iglesia” debe reunir ciertos requisitos: El Papa como Pastor Supremo que defina una doctrina en materia de Fe o Moral para ser creída por todos los fieles. Esto alcanza toda expresión de contenido doctrinal en Concilios, Constituciones, leyes (inclusive litúrgicas en
    cuanto tienen un trasfondo doctrinal), Catecismo, etc. Pero no es el nombre del documento lo que hace a la infalibilidad: puede llamarse “constitución dogmática” y no contener ni una sóla definición de ese tenor. “Asistencia” del Espíritu Santo es otra cosa y calculo que ella está presente en toda la vida de la Iglesia, confiriendo las gracias de estado, etc. Luego está la infalibilidad del magisterio ordinario, pero ésta no fue definida ni consta en ninguna definición dogmática. Me figuro que es una deducción: puesto que el magisterio extraordinario no sólo no es frecuente sino que tampoco es preceptivo recurrir a él, si la Iglesia ha fallado en lo que enseñó siempre y en todas partes, se podría decir que las puertas del infierno prevalecieron, por tanto hay infalibilidad en esos casos. Lo que no es magisterio extraordinario ni ordinario universal y constante puede contener errores.

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  4. Supongo que Luso se refiere a esto:
    EXPLICACIÓN DE LA INFALIBILIDAD PAPAL.

    http://ec.aciprensa.com/i/Infalibilidad.htm
    El Concilio Vaticano I ha definido como dogma divinamente revelado que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra- o sea, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos define, en virtud de su suprema autoridad apostólica, una doctrina de fe o de moral que deba ser aceptada por toda la Iglesia- posee, gracias a la asistencia divina que se le prometió en el bienaventurado Pedro, goza de la infalibilidad con la que el Redentor quiso dotar a su Iglesia al definir doctrinas de fe y moral, y consecuentemente, tales definiciones del Romano Pontífice son inmutables por su propia naturaleza (ex sese), y no por el consentimiento de la Iglesia (Denzinger 1839). Para entender correctamente esta definición debe tenerse en cuenta que:

    Lo que se afirma es que el Papa es infalible, no que es impecable o inspirado (Véase arriba, I).
    La infalibilidad que se afirma del Papa es la misma en naturaleza, objetivo y extensión que la que posee la Iglesia. Sus pronunciamientos ex cathedra no tienen que ser ratificados por la Iglesia para ser infalibles.
    No se afirma que el Papa sea infalible en todos sus actos doctrinales. Las condiciones para que una enseñanza se considere ex cathedra están mencionados en el decreto del Vaticano I:
    1. El Pontífice debe enseñar en su carácter público y oficial de pastor y doctor de todos los cristianos, no privadamente como teólogo, predicador o conferencista, ni tampoco como príncipe temporal, ni siquiera como mero ordinario de la diócesis de Roma. Debe quedar claro que habla como cabeza espiritual de la Iglesia universal.

    2. Es, por lo tanto, sólo es infalible cuando enseña doctrina de fe o moral en ese carácter (Cfr. abajo, IV).

    3. Debe además ser suficientemente evidente que él pretende enseñar con la plenitud y finalidad de su suprema autoridad apostólica. O sea, que él desea determinar algún punto de doctrina de forma final e irrevocable, o definirlo en el sentido técnico (Cfr. DEFINICIÓN). Hay varias fórmulas reconocidas gracias a las cuales se manifiesta la intención de definir.


    Claro que el creyente, antes de sentirse obligado a asentir, tiene derecho de cerciorarse de que la enseñanza en cuestión es definitiva (puesto que sólo es infalible la doctrina definitiva), y de que los medios por los que fue manifestada la intención definitiva, sea el Papa, sea un concilio, puedan ser reconocidos como tales. Sería prudente añadir aquí que no todo en los pronunciamientos papales o conciliares, en los que se define alguna doctrina, deben ser tratados como infalibles. Por ejemplo, en la extensa bula de Pio IX en la que se define la Inmaculada Concepción, lo que es estrictamente definitivo e infalible sólo abarca una o dos frases. Y lo mismo pasa en muchos casos de decisiones conciliares. Lo que es puramente argumentativo y justificatorio dentro de afirmaciones definitivas, si bien no deja de ser verdad y tener autoridad, no goza del beneficio de la infalibilidad que acompaña a las frases definitorias, excepto claro, que su infalibilidad haya sido previa o subsecuentemente establecida por otra decisión independiente.

    La Constitución Dogmática Pastor Æternus, promulgada por el papa Pío IX el 18 de julio de 1870, tras haber sido elaborada y aprobada por el Concilio Ecuménico Vaticano I, contiene la definición solemne del Dogma de la Infalibilidad Pontificia, que es del tenor literal siguiente:

    …con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando, ejerciendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, en virtud de su Suprema Autoridad Apostólica, define una doctrina de Fe o Costumbres y enseña que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por lo mismo, las definiciones del Obispo de Roma son irreformables por sí mismas y no por razón del consentimiento de la Iglesia. De esta manera, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de contradecir ésta, nuestra definición, sea anatema.

    Ejemplos de pronunciamientos EX CATHEDRA:

    Así el 1 de noviembre de 1950 se publicó la bula Munificentissimus Deus en la cual el Papa Pio XII, declaraba como dogma de fe la Asunción de la Virgen María:
    Por eso, después que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.
    La definición del dogma de la Inmaculada Concepción, contenida en la bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854, dice lo siguiente:
    …Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho.

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  5. Ahora, una cosa es cierta. Que el comportamiento de muchos papas, cardenales, obispos y resto de religiosos desde el CVII en cualquier otra época los hubieran suspendidos, cesados o excomulgados ipso facto.

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  6. Sin duda el padre Pío fue un santo que le tocó vivir la dificil época del aggiornamiento” de la Iglesia, por eso es interesante exponer algunos comentarios de este Santo sobre el Concilio.
    Al inicio del Concilio decía el Padre Pío:

    “Ahora comienza la torre de Babel”

    y posteriormente afirmo:

    “Éste es un concilio que desconcilia”

    El Padre Pío mandó decirle a Pablo VI, por conducto de Mons. Del Ton (el latinista del Vaticano), que “se apresurara a clausurarlo; cuanto más tiempo pasa, peor es”.

    En 1965 año en el cual concluia el Concilio, durante la euforia de una supuesta “nueva primavera para la Iglesia”, el Santo Padre Pío confío a uno de sus hijos espirituales:

    “En este momento de oscuridad, Oremos. Vamos a hacer penitencia por los elegidos, y especialmente para el que tiene que ser su pastor”.

    El Padre Pío ya había expresado su descontento frente a los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II cuando el cardenal Bacci fue a verlo a San Giovanni Rotondo.“¡Terminad con el concilio de una vez! ¡Por piedad, terminádlo pronto!”, le había dicho al cardenal.

    En 1966 cuando el Padre General de los Franciscanos visito al Padre Pío para pedirle oraciones y su bendición para la reunión del Capitulo especial para poner a tono con el “Aggiornamiento” del Concilio a la orden franciscana, el Padre Pío con un gesto violento gritó:

    “Eso es nada mas que tonterías destructivas”

    Entonces el padre Pío se enojó mucho. Apenas oyó el padre la palabra “nuevos capítulos” se puso a gritar: “¿Qué están combinando en Roma? ¡Ustedes quieren cambiar la regla de San Francisco! “¡No debemos desnaturalizarnos nosotros mismos, no debemos desnaturalizarnos nosotros mismos!¡En el juicio final San Francisco no nos reconocerá como hijos suyos.” Y frente a la explicación de que los jóvenes no querían saber de nada con la tonsura ni con el hábito, el padre gritó: “¡Echádlos fuera! ¡Ellos se creen que le hacen un favor a San Francisco entrando en su Orden cuando en realidad es San Francisco quien les hace un gran don!”.

    Visiones de A. C. Emmerick:

    LA ESCISIÓN DE LA IGLESIA

    12 de abril de 1820 – Tuve todavía una visión sobre la gran tribulación, bien en nuestra tierra, bien en países alejados. Me pareció ver que se exigía del clero una concesión que no podía hacer. Vi muchos ancianos sacerdotes y algunos viejos franciscanos, que ya no portaban el hábito de su orden y sobre todo un eclesiástico muy anciano, llorar muy amargamente.Vi también algunos jóvenes llorar con ellos. (AA.III.161)

    Vi a otros, entre los cuales todos tibios, se prestaban gustosos a lo que se les demandaba.

    Vi a los viejos, que habían permanecido fieles, someterse a la defensa con una gran aflicción y cerrar sus iglesias. Vi a muchos otros, gentes piadosas, paisanos y burgueses, acercarse a ellos: era como si se dividieran en dos partes, una buena y una mala. (AA.III.162)

    ¿A que les recuerda esto de eclesiásticos desprendiéndose de sus hábitos y vestidos como gente común y demás cosas…? ¿CVII? ¿desde cuando hubo una oleada masiva de abandono de vocaciones y cierre de iglesias? ¿desde cuando se produce esto? Adivinen.

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  7. No hace falta “invalidar” los pontíficados de esos personajes que con sus palabras, obras y omisiones, ya manifestaron suficientemente que no eran legítimos sucesores de Pedro. En cuanto a una declaración oficial sobre esa ilegitimidad, no nos toca a nosotros hacerla, será una de las tareas prioritarias del “Digno Pastor” que el Señor nos enviará pronto.

    En cuanto a las promesas de Nuestro Señor, rara interpretación es ésa de ir buscando más y menos en las palabras eternas del Eterno e inmutable…

    En cuanto al “no prevalecerán” interpretan los Padres y Doctores, asistidos por el Espíritu Santo, que la Iglesia jamás será vencida por el error, no sólo a través de una cierta unanimidad meramente moral, en la que caben caídas ocasionales, como repiten hasta nuestros días los herederos de los galicanos, sino con una perseverancia absoluta y sin posibilidad de fallo alguno.

    Ya sabemos que hay muchos, afectados de apocalipticismo desviado, que en nuestos días toman apoyo de una presunta Pasión (¿Y muerte?) de la Iglesia para achacarle calumniosamente los crímenes de aquellos que ya no le pertenecen desde hace mucho, y que no pueden hablar en su nombre.

    Un creyente que afirma que la Iglesia puede enseñar el error demuestra que ya no es católico, y que ha salido de la Iglesia Visible.

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  8. Luso:

    La Constitución “Pastor Aeternus” del Concilio Vaticano I que Ud. cita sólo se refiere a uno de los modos en que el Papa ejerce su Magisterio siempre infalible, pero no pretende de ninguna manera agotar la materia referente a la infalibilidad del Romano Pontífice, como muchos parecen haber creído, desde el mismo año 1870.

    Por lo que los rasgos descriptivos, (que no condiciones de infalibilidad) que Ud. apunta, únicamente se enderezan a caracterizar el ejercicio del Magisterio Extraordinario del Papa sólo. Lo que Ud. escribe sobre los Concilios, Constituciones, leyes y demás se sale de lo apuntado en la Pastor Aeternus, pero no son por ello menos infalibles.

    Siempre que hable el Papa en calidad de tal, aunque sea en una catequesis a los niños de una parroquia de Roma, está inmunizado contra el error, y la Providencia especialísima de Dios le impedirá siempre proferir el menor error referido a Fe y costumbres, aun involuntariamente.

    No es necesario que utilice uno u otro de los posibles formatos documentales usuales, ni que publique una definición, semejante a la de 1854, sobre la Inmaculada Concepción, por ejemplo.

    En cuanto al Magisterio Ordinario, sí ha sido definida conciliarmente, en la Constitución Dei Filius, que se refiere al Magisterio Ordinario Universal.

    Históricamente, ha ocurrido lo contrario de lo que Ud. supone: Sabiendo los fieles todos que el Papa no podía equivocarse en su enseñanza de todos los días, ésto es, en su Magisterio Ordinario, con el que confirma a los demás obispos que conforman junto con él el Magisterio Ordinario Universal, todo buen católico concluía que evidentemente, tampoco podía enseñar el error en las ocasiones en que procedía a definir una verdad de Fe, y a obligar a los fieles a creerla y profesarla según los términos exactos de su definición, incluso sin estar acompañado por el Cuerpo episcopal, en Concilio Ecuménico.

    Porque tenían claro que es el Papa el que comunica la infalibilidad al resto de la Iglesia, y no ésta, representada en sus obispos, la que robustecía la enseñanza del Papa, y le confería su infalibilidad.
    Es la Roca la que proporciona solidez a la ciudad edificada sobre ella, y no la ciudad la que sostiene la Roca.

    Pero como los tendencialmente cismáticos y heréticos galicanos afirmaban que la definición del Papa sólo, sin el asenso en Concilio del resto del episcopado, necesitaba el consenso al menos tácito de la Iglesia, es decir, de los obispos y demás fieles, para pasar a ser infalible y definitivamente vinculante, fue necesario que el Concilio Vaticano I definiera que el Magisterio Extraordinario del Papa sólo, era igualmente infalible, ex sese, non ex consensu Ecclesiae. Por sí mismo, no por el consenso de la Iglesia.

    La infalibilidad del Magisterio Ordinario del Papa no se tocó, porque no había sido puesto directamente en cuestión, y porque los enemigos de la Iglesia procuraron alargar indefinida e innecesariamente las discusiones, hasta que lograran hacer estallar la guerra europea que suspendería el Concilio, como así ocurrió.

    Si el Concilio hubiese sido llevado a buen fin y concluido, con toda seguridad, habría definido igualmente la infalibilidad del Papa en su Magisterio Ordinario.

    (Se hará cuando los trabajos del Concilio Vaticano I, aún abierto y nunca clausurado, sean llevados a término, más pronto que tarde).

    Nos dice: “Lo que no es magisterio extraordinario ni ordinario universal y constante puede contener errores.” Por lo dicho más arriba, se ve ser ésto palmariamente erróneo, pero además, revela otro error.

    El Magisterio Ordinario Universal sólo sería infalible en un lapso de tiempo más o menos dilatado, es decir, si lo que enseña se ha proclamado desde siempre, o al menos, desde hace un tiempo considerable.

    No es así como funciona ese Magisterio. Lo que en un tiempo dado viene siendo enseñado pacíficamente por la unanimidad moral de los obispos unidos al Papa, o por la unanimidad moral de esos mismos obispos, que, cual obedientes ovejas respecto de Pedro; repercuten las enseñanzas siempre infalibles que fluyen de la Cátedra del Apóstol, es infalible statim, enseguida, porque participa de la inquebrantable solidez de la Roca de Pedro, sin que sea necesario esperar a ver si dentro de 200, o 500 años, los obispos siguen enseñando lo mismo, para cerciorarse de que realmente es infalible, y sus enseñanzas, como hablan los galicanos, se convierten, de provisionales que eran, en definitivas…

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  9. Aquí, el trozo de artículo apuntado no explica TODA la infalibilidad papal, sino sólo uno de sus modos de ejercicio, el modo Extraordinario fuera del Concilio Ecuménico. Las “condiciones” son las de una definición ex cathedra, pero ni mucho menos las de todo ejercicio del Magisterio infalible.

    Por lo que este Núm 2. “Es, por lo tanto, sólo es infalible cuando enseña doctrina de fe o moral en ese carácter” es subrepticio y atentatorio a la pureza de la Fe católica.

    Me gustaría que nos precisaran qué es lo que entienden exactamente con aquello de “algún punto de doctrina de forma final e irrevocable”, dando a entender por ahí que podría haber otros puntos enseñados por el Papa, que no sean irrevocables, es decir, que un Papa podría enseñar, pero que otro Papa posterior podría reformar e incluso abandonar…

    …………………………………………………………….

    Al parecer, el creyente, ante una enseñanza formal del Papa, o incluso de un Concilio Ecuménico, antes de dar su asentimiento, debería cerciorarse de que esa enseñanza es DEFINITIVA, es decir, que no es provisional. Lo que nos lleva a preguntar si pueden existir en la Iglesia de Dios enseñanzas auténticas (no opiniones personales de teólogos) que puedan servir para un tiempo, e incluso ser obligatorias para ese tiempo, para pasar luego a ser desechadas, y no ser ya consideradas como obligatorias???

    That is the question…

    No parece recordar cuál es el origen de esos conceptos de no-definitivo, o provisional, referidos a las enseñanzas de Fe o moral: Son un invento de galicanos y jansenistas, los cuales interpretaban el Roma locuta, causa finita, en el peculiar sentido de que mientras un pronunciamiento del Papa, o incluso de un Concilio, no se volvían realmente y plenamente obligatorios hasta que toda la Iglesia consentía en ellos, o recibía universalmente el dicho Concilio.

    Ya dejó el Vaticano I herida de muerte esa pestífera doctrina, que algunos ahora se empeñan en exhumar.

    Luego, confunde definición, con infalibilidad, cuando lo cierto es que la segunda tiene un ámbito de aplicación mucho mayor que la primera. Por supuesto, el Papa, o el Concilio, son infalibles en el texto preciso y escueto de la definición, pero también, y no menos, son igualmente incapaces de enseñar el error en el resto del documento en que va engastada la definición, y todo el documento es Magisterio Extraordinario, y no sólo la o las escasas frases de las que suele constar la definición.

    Es TODA la Bula de Pío IX, o Pío XII la que no puede encerrar ningún error acerca de la Fe o la moral, y no sólo una pequeña parte de ella.

    Por cierto, ya que conceden liberalmente que los documentos provistos de la debida fórmula definitoria, semejantes a los dos citados al final del comentario, son indudablemente infalibles, irreformables y definitivos, ¿Tendrían la bondad de indicarnos si un documento provisto de la siguiente cláusula dispositiva y definitoria de importantísimas decisiones tocantes a la Fe y a la moral es o no infalible y obligatoria para siempre?

    ” por la misma deliberación y
    asentimiento de los Cardenales, con esta Nuestra Constitución, válida a perpetuidad, contra
    tan gran crimen -que no puede haber otro mayor ni más pernicioso en la Iglesia de Dios- en la
    plenitud de Nuestra Potestad Apostólica, sancionamos, establecemos, decretamos y
    definimos, que por las sentencias, censuras y castigos mencionados…”

    Aquí quedo, esperando respuesta para las preguntas arriba formuladas…

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  10. Interesante cuestión. ¿Cuál ha sido el magisterio de la Iglesia y sancionado por los Papas a lo largo de la historia sobre temas como la usura, prestar a tipo de interés (que “puede” ser distinto de usura, los espectáculos, corridas de toros, etc.? Podría citar otros, pero se me han ocurrido estos a vote prontos. Muchas gracias. El tema es bastante interesante.

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  11. Dice Don:”Don dice : 14 de mayo de 2013 en 1:39
    Interesante cuestión. ¿Cuál ha sido el magisterio de la Iglesia y sancionado por los Papas a lo largo de la historia sobre temas como la usura, prestar a tipo de interés (que “puede” ser distinto de usura, los espectáculos, corridas de toros, etc.? Podría citar otros, pero se me han ocurrido estos a vote prontos. Muchas gracias. El tema es bastante interesante.”

    Efectivamente, muy interesante cuestión, que si se estudia honestamente, llevará a la inquebrantable certeza de que en todos estos temas, y aun muchos otros, jamás han variado los Papas, desautorizando a sus predecesores, sino que han sido las circunstancias las que han variado:

    Por ejemplo, los toros, tal como se celebraban en el S. XVI, eran un espectáculo realmente muy diferente del de nuestros días, como podrán certificar los taurinos que me leen. Precisamente gracias a la desaprobación de la Iglesia, ha sido poco a poco modificado en el sentido de proteger mejor a los animales (el caballo del picador), aliviar de sufrimiento la muerte del toro, y sobe todo, evitar lo más posible el daño para el torero.

    Con todo ello, la Iglesia, que “abhorret a sanguine”, meramente tolera un espectáculo que sigue siendo sangriento, y lo tolera en gracia a las modificaciones reseñadas. Si se celebraran las corridas igual que en el S. XVI, se aplicarían también igualmente las prescripciones de san Pío V y sus sucesores.

    Lo mismo dígase del muy espinoso tema de la usura, el préstamo a interés, y otras prácticas comerciales y financieras. La “Vix pervenit” de Benedicto XIV recoge la enseñanza tradicional, pero desde entonces, el mundo financiero se ha complicado increíblemente, como bien saben los afectados por afinsas, Bankias, preferentes y otras cincuenta mil armas demónico-talmúdicas.

    Los Papas hasta Pío XII no cambiaron su enseñanza, pero por una parte,se vieron sumergidos por las incesantes modificaciones operadas por los magos de unas finanzas cada vez menos basadas en la realidad, mientras que por otra, iban perdiendo cada vez más su libertad de acción y de palabra, frente a las fuerzas oscuras que desencadenarían la Revolución Francesa, con el fin de imponer un nuevo estado tiránico en que pudiera desarrollarse sin trabas el sistema capitalista usurero moderno.

    Benedicto XIV aún gozaba de suficiente libertad para escribir la Vix pervenit, mientras que un Pío VI, un Pío IX, o un Pío XII no gozaban de esa libertad, ni estaban en situación de distinguir adecuadamente en el maremágnum financiero moderno.

    En esas condiciones, no quedaba más remedio que seguir condenando lo más evidentemente inmoral, mientras se dejaba a la discreción de los interesados y sus directores de conciencia el aplicar concretamente el espíritu y la letra de la Vix pervenit.

    Hacer otra cosa hubiera significado inducir a muchas almas en indecibles angustias de conciencia, sin ser capaz de detener la progresiva esclavización de la humanidad por el dinero-deuda.

    Sin duda, muchos hubiéramos deseado palabras más claras y enérgicas, pero quién puede conocer los motivos del Soberano, cuando contemplamos la delicadísima situación en que se encontraban los Papas, mucho antes de la Revolución conciliar?

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