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MAS SOBRE EL P. LACUNZA Y SU MILENARISMO


Me fue muy grato publicar el mensaje del P.Méramo debatiendo la concepción de Fray Eusebio sobre varias puntos. En esa entrada prometía también publicar la réplica-decía allí, si la hubiere- en el blog. Ahora al haber recibido un comentario de Fray Eusebio,  sobre el artículo  del querido P.Méramo, me parece equitativo publicarlo también en esta entrada. Naturalmente también serán publicados los comentarios, sobre los que expreso mi deseo de que se mantengan en la corrección deseable sin acudir a calificativos personales con mengua de la caridad.

También he visto publicado el artículo del P.Méramo en el apreciado blog Radio Cristiandad, a cuyo director agradezco la cita que hace en el título de la entrada, de este blog y de Fray Eusebio.

Dicho esto  aquí les dejo el comentario. Trata exclusivamente del tema lacunciano, dejando aparte otros puntos a los que alude el Padre, como la infalibilidad pontificia, sobre la que hay muchos posts en este blog, que podrán obtenerse pulsando la pestaña superior  correspondiente a la categoría “infalibilidad potificia”, y el tema sedevacantista, al que están dedicados algunos posts en este blog.

Resaltados propios.

Fray Eusebio de Lugo dice :

Acabo de leer la “refutación” que el estimado P. Méramo ha tenido a bien publicar, acerca de alguna reflexión personal mía, en la que cree ver aludido su pensamiento.

Procuraré pues examinar cuidadosamente las objeciones que amablemente nos expresa, y ver lo que se me ofrece contestar.

Al parecer, habría yo confundido al milenarismo joaquiniano, de reconocida raíz cabalística, con una interpretación sana y patrística, que habría sido la de la Iglesia en sus primeros cuatro siglos de existencia.

Como decían los examinadores de la Sagrada Congregación del Índice en su sentencia de 1824, vetando la lectura de la obra del P. Lacunza en cualquier idioma:”
. «El objeto principal de la obra, a saber: el Reino de Cristo en la tierra por mil años antes de la resurrección universal; por ser opinión constantemente desaprobada por los Santos Padres desde el fin del tercer siglo, y haber sido rechazada aun en los primeros por la parte más sana de la Iglesia, como un dogma peregrino y singular».

Es decir, nunca ha sido enseñanza de la Iglesia, sino de algunos Padres particulares, que como bien dicen los examinadores, al menos en esto, jamás fueron tenidos como la sanior pars, la parte que mejor entendió este asunto.

Pero suponiendo que hubiese sido enseñanza unánime de los cuatro primeros siglos de la Iglesia, el hecho bien averiguado de que la unánime posteridad de los escritores eclesiásticos haya abandonado esa opinión, y que muchos la hayan tenido como mínimo por sospechosa y no carente de peligro, debería ser para nosotros aviso bastante y suficiente del especial cuidado que debemos aportar en caso de estimarla probable.

La frase que aporta, procedente de las obras de san Luis María Grignion de Montfort, no puede asimilarse a la doctrina joaquiniana, porque mientras éste habla de una edad del Espíritu Santo aún por venir, el santo habla de un reino del Espíritu Santo ya presente, aunque susceptible de ser incrementado en el futuro.

Aunque no es mi propósito discutir aquí de las concepciones de san Luis María, no puedo sino reconocer que su periodización me deja perplejo:
El Padre habría reinado sólo hasta el diluvio, ¿Y después? Cuando además, sabemos que los tiempos previos al diluvio fueron de una impiedad satánica tan escandalosa, que sólo se mantuvieron incontaminados los Patriarcas y sus familias, los únicos en mantener viva la religión revelada primitiva, y su culto legítimo. ¡Rara forma de reinar, en verdad!

Pero peor queda el Hijo, que sólo habría reinado hasta su muerte en Cruz, visto que a continuación, habría empezado el reino del Espíritu Santo, que sólo acabará en un diluvio de fuego, amor y justicia, no mejor precisado…

Supongo que no hay que poner en esta apropiación más de lo que el mismo autor ha querido significar con ella, y estoy seguro de que el resto de su obra ofrece explicación satisfactoria, pero convendrán conmigo en que esta cita, por sí misma, prueba más bien poco.

La segunda cita de san Luis María, también la comparto yo, otra cosa es que con ella, nuestro santo se esté refiriendo a la Parusía de Nuestro Señor en Gloria y Majestad.

Conozco perfectamente las diversas versiones llamadas comúnmente milenarismos, pero no tengo por qué enumerarlas todas; de lo que aquí se trata, es de una visión muy concreta, egregiamente representada en la obra del P. Lacunza, y en su posteridad ideológica, desde luego nada patrística, entre los que pueden hallarse gentes como los Adventistas del Séptimo día, o los Testigos de Jehová.

No entraré aquí en los orígenes genealógicos del P. Lacunza, y en si es o no de descendencia judaica. No es lo principal del asunto.

El marranismo al que aludo es ideológico-espiritual, que sale de la Sinagoga, y a ella vuelve, como lo demuestran bien a las claras los delirios de los cristianos sionistas, que nos preparan otra guerra, apocalíptica o mesiánica, de la que ellos piensan librarse a través del Rapto.

Marcelino Menéndez Pelayo podrá ser muchas cosas, pero desde luego, no es a él a quién iré a pedir un certificado de ortodoxia, máxime cuando los encargados de ello, los responsables del Santo Oficio, han opinado otra cosa, aunque sin calificarlo como herejía.

Ya que tan oportunamente nos recuerda la necesidad de la sapiencia para entender la época en que nos ha tocado vivir, sería buena idea aplicarla en una visión de conjunto de la historia de la Iglesia, que nos mostraría que nuestra situación, con ser extremadamente grave, no es ni mucho menos excepcional, sino que, con menos intensidad y extensión, hemos conocido unas cuantas parecidas a lo largo de la historia.

Durante esas diferentes “crisis”, muchos fueron los que creyeron con toda buena fe (y sin ser herejes) que estaban en los últimos tiempos, que aquello era el acabóse, y que el Anticristo estaba justo a la vuelta de la esquina. Y todavía estamos aquí.

También a ellos les pareció que la situación era tan, tan grave, que no podía dar lugar más que a la Segunda Venida de Nuestro Señor. Pero si miramos la historia, veremos que el movimiento de apostasía, subversivo de todo orden religioso, político o simplemente natural, lleva caminando consecuentemente al menos desde hace 7 buenos siglos. Y durante estos 7 siglos, Nuestro Señor ha intervenido una y otra vez, y ha propuesto a los hombres su intervención decisiva otras muchas, sin que los hombres hayan querido aceptar el ofrecimiento de Nuestro Señor. Por ejemplo, el ofrecimiento del Sagrado Corazón a Luis XIV, o el del Inmaculado Corazón de María, a los Papas del S. XX).

Identificar el comienzo del Apocalipsis con la fundación del estado sionista en 1948, me temo que sea reeditar lo que quiso dar a entender Juliano el Apóstata, que intentó reconstruir el Templo de Jerusalén, para convencer a los cristianos de que el Anticristo estaba cerca, y de que era inútil que siguieran procurando la cristianización socio-política del Imperio. (Hasta que unas llamas misteriosas que quemaban a los obreros impidió tal reconstrucción, y Juliano acabó reconociendo la victoria de Cristo, que él llamaba el Galileo).
O lo que le ocurrió a Mahoma, influido por un rabino, que se trasladó a Jerusalén, ordenó que los primeros musulmanes oraran vueltos hacia ella, porque pronto vendría el Mesías. Se cansó de esperar, se hizo él mismo Mesías-profeta, y estableció su ciudad, La Meca, como nuevo punto focal de la oración.

“esta crisis por su contenido y extensión no puede ser otra que la gran crisis apocalíptica, la cual requiere la intervención de Dios como solución.”

Debajo de esa frase, muchos habrían firmado a través de los siglos, y muchos se han equivocado, cuando supusieron que implicaba necesariamente una Segunda Venida de Cristo, lo que nos invita por lo menos, a una cierta prudencia.

Con ello no estoy diciendo que no vaya a darse una muy especial intervención de Dios en la historia, lo que me pregunto, es si esa intervención sólo es posible en forma de Segunda Venida de Cristo en Gloria y Majestad, seguida de una especie de restauración general.

Porque según el entendimiento de la Iglesia, la Segunda Venida ocurrirá sólo al final del mundo, cuando Él venga sobre las nubes del Cielo, venza al último Anticristo, y suceda entonces el Juicio Final, cuando todos los muertos resuciten, y los que aún vivan sobre la tierra sean arrebatados. No cabe aquí un espacio de tiempo, de mil años o de dos meses, entre la Venida, y la Resurrección general y Juicio final.

Dice el Catecismo del Concilio de Trento, publicado por san Pío V:

“ Dos son las venidas de Cristo, atestiguadas por la Escritura:

1º Cuando por nuestra salvación tomó carne mortal en el vientre de la Virgen María y se hizo hombre.
2º Cuando al fin del mundo venga a juzgar a todos los hombres (Rom. 14 10; II Cor. 5 10.). Esta segunda venida es llamada comúnmente en las Escrituras «día del Señor» (I Tes. 5 2.), y su hora nadie la conoce (Mt. 24 36; Mc. 13 32.). Los fieles deben desear con afecto vehementísimo este día del Señor, de modo parecido a como los justos del Antiguo Testamento deseaban el día en que el Señor revestiría carne humana.

Modo de la celebración del Juicio

[8] Por las profecías de Daniel (Dan. 7.), de los sagrados Evangelistas (Mt. 24-25.) y del Apóstol (II Tes.
2.), podemos deducir que el juicio se realizará en los siguientes pasos:

1º Después de la aparición del Anticristo, vendrá la conmoción general de los astros y la
conflagración de la tierra.
2º Luego, la resurrección general de todos los hombres.
3º Finalmente, el Juicio mismo: • separación de buenos y malos; • revelación de las conciencias;
• recompensa de los justos (Mt. 25 34.); • y castigo de los impíos (Mt. 25 41.): [9] pena de daño, o privación eterna de Dios («apartaos de Mí»); ausencia total de todo bien, y presencia de todo mal («malditos»); [10] y pena de sentido, o aflicción por parte de las criaturas, especialmente por el tormento del fuego, duración eterna de esa pena («al fuego eterno») y compañía de los demonios («que fue destinado para el Diablo y sus
ángeles»).
[11] La materia del Juicio debe inculcarse con frecuencia en el espíritu del pueblo fiel, por dos motivos: • porque es muy útil para alejar al pecador del pecado, refrenar sus pasiones (Eclo. 7 40.), y llamarlo a la práctica de la piedad, al considerar que tendrá que dar un día a Dios una cuenta rigurosa de todos sus pensamientos, palabras, obras y deseos; • y para estimular a los justos a perseverar en la práctica del bien, aunque para ello pasen la vida en la miseria, deshonrados y perseguidos, con la esperanza del día en que serán declarados vencedores en presencia de todos los hombres, y ensalzados eternamente con los honores divinos de la gloria celestial.

II. Dos son las venidas de Cristo al mundo.

. Las santas Escrituras aseguran que son dos las venidas del Hijo de Dios al mundo:

La una cuando tomó carne por nuestra salud y se hizo hombre en el seno de la Virgen; la otra cuándo al fin del mundo vendrá a juzgar a todos los hombres. Esta segunda venida se llama en las santas Escrituras, día del Señor, del cual el Apóstol habla así: “El día del Señor vendrá como el ladrón por la noche”
. Y el mismo Salvador: ―En orden al día y a la hora nadie lo sabe.

Finalmente para confirmación de la verdad de este último juicio baste aquella autoridad del Apóstol que dice: “Es preciso que todos nos presentemos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno dé cuenta y reciba la recompensa de lo que hizo viviendo en cuerpo, así bueno como malo”
. Toda la sagrada Escritura está llena de testimonios que a cada paso se ofrecerán a los Párrocos, no solamente para confirmar esta venida sino aun también para ponerla bien patente a la consideración de los fieles; para que así como aquel día del Señor en que tomó carne humana, fue muy deseado de todos los justos de la ley antigua desde el principio del mundo, porque en aquel misterio tenían puesta toda la esperanza de su libertad, así también después de la muerte del Hijo de Dios y su Ascensión al cielo, deseemos nosotros con vehementísimo anhelo el otro día del Señor “esperando el premio eterno, y la gloriosa venida del gran Dios”

VII. Tres señales que precederán al juicio universal.

. Mas las santas Escrituras declaran que han de preceder tres señales principalmente al juicio universal, es a saber la predicación del Evangelio por todo el mundo, la apostasía y el Anticristo. Y así dice el Señor: “Se predicará este Evangelio del reino de Dios en todo el mundo, en testimonio para todas las naciones, y entonces vendrá el fin”.

Y por otra parte el Apóstol nos avisa, que no nos dejemos engañar de
nadie “como si ya instara, el día del Señor, porque no vendrá este día sin que primero haya acontecido la apostasía, y aparecido el hombre del pecado, el hijo de la perdición”

Ahí tienen la doctrina sana y segura que la Iglesia siempre ha creído y enseñado. ¿Dónde hallan Udes que entre la Segunda Venida de Cristo y el fin del mundo presente, Resurrección de la carne y Juicio Universal, quepa un Reino Milenario, por muy mitigado, espiritual y patrístico que lo queramos suponer?

Parece claro que no interpretan la Bendita esperanza de san Pablo, san Pedro, o san Juan, de la misma manera que la Iglesia.:

O ¿Será que los redactores del Catecismo, entre ellos un san Carlos Borromeo, y el Papa que lo publicó, san Pío V, no amaban la verdad y la Parusía?

Si el P. Méramo desea defender las tesis lacuncianas, tal vez se animará entonces a contestar a las siguientes objeciones, no mías, sino de los examinadores de la Sagrada Congregación del Índice
, El 6 de Septiembre 1824.
1.er Cargo. «El objeto principal de la obra, a saber: el Reino de Cristo en la tierra por mil arios antes de la resurrección universal; por ser opinión constantemente desaprobada por los Santos Padres desde el fin del tercer siglo, y haber sido rechazada aun en los primeros por la parte más sana de la Iglesia, como un dogma peregrino y singular».
2.º Cargo. «La doble resurrección, una parcial en la venida del Mesías, y otra general al fin del mundo; porque cuantas veces se hace mención en las Sagradas Escrituras de la resurrección, siempre se dice será única, general y al fin del mundo; excepto una sola vez que en el Apocalipsis se nombra la resurrección primera, pero en otro sentido, como largamente ha demostrado anteriormente».
3.er Cargo «La doble conflagración del mundo, la primera parcial cuando la venida del Mesías a reinar sobre la tierra, en la que sólo perecerá una parte del linaje humano, y la segunda al fin del mundo, la que acabará con todo aquél; porque San Pedro y San Pablo y los demás escritores sagrados hablan de una conflagración ».
4.º Cargo: «Aquella mezcla de comprensores y viadores que con que supone durante los mil arios de aquel reinado; la cual Santo Tomás demuestra con razones naturales ser absurda».
5.º Cargo: «El que baje del cielo la Jerusalén material, para servir de metrópoli del Reino de Cristo acá en la tierra; lo cual fue acérrimamente impugnado por San Jerónimo y otros Padres, y también por todos los escritores con eclesiásticos cuando pensaron en ello Tertuliano, y algunos otros; y no bien suscitó de nuevo esta idea el P. Vieyra cuando fue condenado al silencio».
6.º Cargo: «El que asegure con tanto aplomo que su sistema está claramente expreso y revelado en las Sagradas Escrituras, y que casi todas las profecías contenidas en ellas se refieren al tiempo intermedio entre la venida del Mesías y el juicio universal».
7.º Cargo. «El que niegue referirse a la resurrección general las palabras de Cristo según San Lucas, cap. XX, 35: Qui digni habebuntur saeculo illo, et resurrectione ex mortuis, ex filii sunt, neque nubentur ultra mori porterunt; aequales enim angelis sunt; lo que admiten todos los doctores».
8.º Cargo. «Que diga, contra el común sentir de los Santos Padres, ser una mera parábola la sentencia de Cristo, según San Mateo, cap. XXV, 31: cun venerit Filius hominis in majestate sua, etc».
9.º Cargo. «El que pretenda no haberse cumplido casi nada de lo que han vaticinado los profetas sobre el regreso de los judíos de la cautividad de Babilonia, y que se ha de cumplir todo en su segunda vuelta de la presente dispersión».
10.º Cargo. «Que aplique a la Sinagoga, más bien que a la Iglesia, lo que dice el Apocalipsis sobre la mujer vestida del sol, contra la sentencia común de los intérpretes ».
11.º Cargo. «El que se hayan de restablecer los sacrificios y solemnidades de la ley antigua; en lo cual concuerda demasiado con Eunodio y Papías».
12.º Cargo. «Que para probar su sistema retina muchísimos textos de la Sagrada Escritura, extrayéndolos de una y otra parte, los cuales considerados en sus propios lugares tendrían un sentido muy diverso».
13.º Cargo. «El que interprete muchos lugares de la Sagrada Escritura en un sentido muy diverso del que les, da el unánime consentimiento de los Padres y doctores católicos ».

Me abstendré de comentar los polémicos calificativos con los que define el P. Méramo nuestra posición sobre la Sede Vacante, en gracia a la paz y buena comprensión.

Tampoco pretendo aquí una refutación de lo afirmado por el estimable Padre en su trabajo sobre la Sede Vacante. Además de lo ya publicado en el blog, será sin duda conveniente dedicarle algún que otro post específico. Sólo me refiero aquí al porqué de mis expresiones.

Hablo de sedevacantismo sui generis, porque, visto que ha estudiado el tema desde hace ya más de 20 años, debería saber que la posición de aquellos católicos que proclaman que no tenemos Papa desde 1958 no viene dictada por unas sesudas y complicadísimas conclusiones filosófico-teológico-canónicas sólo al alcance de algunos sabios, y poseedoras de un valor de certeza meramente probable, dado que están fundadas en los pareceres más o menos concordantes de cierto número de doctores o teólogos; sino que se apoya en lo que la misma Iglesia Romana ha practicado siempre, y en la decisión definitiva y estrictamente obligatoria para todo católico tomada por el papa Paulo IV, precisamente previendo una situación como la nuestra.

Tratar como una cuestión abierta y meramente probable u opinable lo que ya ha sido decidido por la Santa Sede, no es el mejor proceder.

Salvo, claro está, que en un intento por no “divinizar al Papa”, sostengamos que sus enseñanzas pueden ser impunemente obviadas, con el argumento de que “no serían infalibles”, mientras que sus órdenes directas, claras, precisas y no revocadas, dirigidas específicamente a gobernar a los católicos en una situación como la nuestra, cuya posibilidad preveían expresamente Paulo IV, o san Pío V, podrían ser desobedecidas, simplemente con pretender que han sido abrogadas, o haciendo como si jamás se hubiesen publicado.

A menos que se funden en estas firmes bases, acabarán con tantos sedevacantismos diferentes y sui generis cuantos teólogos se fijen en la cuestión.

Tampoco trataré aquí ex profeso el tema de la infalibilidad del Papa, ampliamente tratado ya en el blog, pero que será sin duda objeto de mayores desarrollos ulteriores.

Sólo diré aquí, que considerando cómo el P. Méramo y la escuela de pensamiento a la que pertenece se esfuerzan en limitar lo más posible las prerrogativas dadas por Dios mismo a Pedro y a sus sucesores, como ya hicieran los galicanos y jansenistas, y yendo a repescar en sus obras todo el viejo argumentario ya rechazado por los Padres del Concilio Vaticano I antes de proceder a aprobar la definición de 1870, creo que se puede comprender que pueda pensarse que desprecian la autoridad papal.

Evidentemente, no llamo herejes a los teólogos, santos o doctores citados por nuestro contradictor, porque conozco las especiales dificultades con las que tropezaron a la hora de formar un juicio sobre el particular, lo mismo que no tengo por herejes, a los que se manifestaron contrarios a la creencia en la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, antes de 1854.

Pero que después de los muchísimos trabajos históricos previos a la definición de 1870, que según el unánime sentir de los Padres de Vaticano I demostraban sin ningún género de duda lo que siempre había enseñado la Iglesia Romana, a saber, que NUNCA JAMÁS ningún Pontífice había fallado en la Fe, ni había enseñado el error a la Iglesia, ni era posible que ello ocurriera en el futuro, y demostraban también que los supuestos hechos históricos aducidos por los enemigos de la Iglesia eran producto de calumnias y falsificaciones, todavía vengan a servirnos los mismos refritos definitivamente rechazados en 1870, no parece muy puesto en razón……

Precisamente, el pensamiento de la Edad Media era el siguiente: Que si alguna vez aparecía la herejía en el ocupante del trono petrino, era signo evidente, no de que un Papa verdadero y legítimo había caído en cisma o herejía, sino de que la persona que ocupaba el puesto nunca había sido legítimamente designada, por lo que todo su (Pseudo)Pontificado, con todos sus actos de gobierno y jurisdicción, quedaba anulado de raíz.

Es en ese sentido, y únicamente en ese, que hay que entender las afirmaciones que hablan de juzgar a un papa, de deponerlo, o de expulsarlo. No se juzgaba a un Papa, cosa imposible, sino se juzgaba si había sido legítimamente elegido. Ésa es la teoría y la práctica supuesta, codificada, definida y sancionada para siempre en la Bula de Paulo IV, Cum ex apostolatus, que san Pío V mandaba observar “ad unguem”. (precisamente porque los enemigos de la Iglesia ya pretendían, como los de ahora, que había quedado abrogada; siempre las mismas tretas).

Conste aquí que no excluyo una intervención extraordinaria, sobrenatural, de Dios en la historia, que señale una nueva época en la historia de la Iglesia y del mundo, ni sostengo que la situación símili-apocalíptica que nos ha tocado vivir pueda arreglarse simplemente por el libre juego de las fuerzas y dinámicas naturales, hoy día firmemente asidas por Satanás.

Lo que me parece cuando menos dudoso, es que esa intervención tenga que consistir necesariamente en la Segunda Venida de Nuestro Señor, y que los que no sean del mismo parecer, sean tenidos por enemigos de la Cruz de Cristo.

No espero una restauración fruto del puro espíritu y esfuerzo humano; lo que sí digo, es que esa restauración no se operará sin nuestra colaboración, y ésa, debe ajustarse a lo decretado por Dios y Su Iglesia, y preparar lo necesario para cuando vaya a darse esa restauración, ese triunfo.

Como en otra ocasión semejante dijo una de esas intervenciones providenciales de Dios en la historia de los hombres, Santa Juana de Arco: “¡Los hombres pelearán, y Dios dará la Victoria!”

13 replies »

  1. Hola,
    Primero quiero decir que respeto todas las posiciones en el tema de la interpretación de las profecías, Jesús nos mando a buscar la verdad, luego si nos da la gracia hasta igual acertamos. También valoro enormemente la sapiencia de los foreros (y por supuesto los comentarios de los padres de la Iglesia) que vienen opinando en este tema. Con un poco de atrevimiento me voy a permitir dar mi opinión sobre el milenio. Creo que el milenio viene muy claro en el Apocalipsis. Luego del exterminio de las bestias y el falso profeta en el capítulo 20 viene lo que sigue:

    20:1 Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano.
    20:2 Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años;
    20:3 y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.
    20:4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.
    20:5 Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.
    20:6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.
    20:7 Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión,
    20:8 y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar.
    20:9 Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió.
    20:10 Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

    En 20:4 y 20:6 dice claramente que reinaran (los que no adoraron a la bestia) con Cristo mil años. Luego se soltará a Satanás, batalla de gog y magog (que será en la tierra 20:8, es decir que el reinado con Cristo es en la tierra), después el diablo será arrojado al lago de fuego, y luego de esto viene el juicio final, y la Jerusalén celeste. Así, leído linealmente y literalmente no hay otra interpretación.Francamente no sé como el catecismo puede decir en [8]:

    …podemos deducir que el juicio se realizará en los siguientes pasos:

    1º Después de la aparición del Anticristo, vendrá la conmoción general de los astros y la conflagración de la tierra.
    2º Luego, la resurrección general de todos los hombres.
    (comentario mío: sin embargo 20:5 dice que hay primera resurrección, mas adelante hay otra en 20:12-13)
    3º Finalmente, el Juicio mismo: • separación de buenos y malos; • revelación de las conciencias;”
    (comentario mío: además entre 1 y 3 se saltan todo el capitulo 20 del apocalipsis)

    Además, en el apocalipsis en ningún lado habla de más de dos venidas, el juicio final no es en una tercera venida sino que ocurre despues del milenio.

    En cuanto a los cargos contra Lacunza
    Cargo 1: va contra los versículos 20:4-6
    Cargo 2: va contra el versículo 20:5
    Cargo 3: va contra 20:8
    Cargo 4: va contra 20:4
    Cargo 5: ese está bien, porque la Jerusalén celeste baja luego del juicio final

    En fin, yo lo siento por el Catecismo del Concilio de Trento, pero leyendo linealmente y literalmente el final del apocalipsis está muy claro que relata una suceción de acontecimientos. Es de recalcar que en esta parte el apocalipsis ya terminó con los símbolos como los sellos, los jinetes, las tubas, las bestias etc y pasa a hablar directamente. No sé cómo se puede censurar que se haga la interpretación literal del texto. Tampoco entiendo porqué ha producido y produce turbación la idea de que Jesús haga un reino en este mundo. Parece como que lo queremos, pero allá, lejos en el cielo.
    Atentamente
    Jorge

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  2. Bien dicho Jorge,
    Reciben el Milenarismo: en el 1er. Siglo la Didajé y la Epistola de Bernabé y no lo rechaza nadie. En el 2do. Siglo: San Paías, San Justino Mártir, muy probable San Teófilo, probabilísimo San Melitón, Polícrates más probable y San Ireneo, y según san Justino “muchos” lo reciben sin nombrarlo. En el siglo 3ro. Tertuliano, San Hipólito, Nepote, San Victorino, San Metodio y Commodiano y según San Denís “Iglesias enteras”. En el 4to. Lactancio, Quinto Julio Hilariano, San Zenón, San Epifanio, San Ambrosio, Sulpicio Severo y el Pseudo Ambrosio, y “muchos” según San Epifanio. En el 5to. San Agustín en la primera época, “ingente muchedumbre” según San Jerónimo, y “muchos” según Casiano.

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  3. Además de todo y según la Escritura Jesucristo DEBE reinar en la tierra para poder dar cumplimiento a todas las Promesas, por ejemplo: ¿cuándo los justos poseyeron la tierra? como se expresa una Bienaventuranza, pues será en el Milenio

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  4. Extractos del Apocalipsis de San Juan capítulo 20, según la traducción de Mons. Straubinger:
    …Y se apoderó del dragón… que es el Diablo y Satanás y lo encadenó por mil años… y lo arrojó al abismo… hasta que se hubiesen cumplido los mil años… y vi … a… los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Los restantes de los muertos no tornaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección! Sobre éstos no tiene poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, con el cual reinarán los mil años

    Cuando se hayan cumplido los mil años Satanás será soltado de su prisión…

    Epílogo del Apocalipsis:

    Yo advierto a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguien añade a estas cosas, le añadirá Dios las plagas escritas en este libro; y si alguien quita de las palabras del libro de esta profecía, le quitará Dios su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, que están descriptos en este libro…”

    La discusión sobre el milenarismo me excede totalmente, pero mi inteligencia simplona y poco alimentada se pregunta: ¿No les corre un frío por la espalda a los que voluntariamente, al negar el milenarismo, quitan de las palabras del libro de esta profecía y se exponen a que les quite Dios su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa?

    No veo cómo puede negarse siquiera el intento de interpretar el capítulo 20

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  5. No veo ni escucho la relación de esta conferencia con el Milenarismo. Además la Fe verdadera (que no puede ser más que católica) tiene como fundamento no sólo a las Sagradas Escrituras, sino también a la Sagrada Tradición y al Magisterio de la Iglesia fundada por Jesucristo “fuera de la cual no hay salvación”.
    Con respecto al Milenarismo, entendido literalmente, del capítulo XX del Apocalípsis, en un post del blog de Amado, donde “refresca” la “condena” del Santo Oficio a Lacunza, he escrito tres comentarios, evidentemente no referidos a Lacunza ni a su “condena”, sino a los “mil años” que revela Jesucristo a San Juan, y que me voy a tomar la libertad de traerlos aquí:

    Dice Jesucristo en San Mateo:
    “El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino todos los escándalos, y a los que cometen la iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. ¡Quien tiene oídos, oiga!” (Mt. XIII, 41 ss.).
    San Gregorio enseña que esta recogida de escándalos, es todavía durante “el tiempo de la Iglesia”, por tanto si no hubiera un Reino Milenario en donde “los justos resplandecerán como el sol”,y el Juicio Final no fuera como desdoblado (de vivos y de muertos) tratándose del de muertos simplemente como el único acto de la Parusía, ¿qué necesidad habría de “recoger escándalos” en un Juicio de muertos, si no fuera para diferenciar la iniquidad (motivo de la “ira del Cordero”) con la Misericordia para los Justos que “resplandecerán en el Reino del Padre”?. Ante un análisis alegórico se pierde de vista la magnificencia de las gestas gloriosas del Cordero contra la iniquidad de las naciones apóstatas y de la inauguración, que San Juan dice que será por “mil años”, del Reino temporal de Jesucristo en esta tierra, como interpretamos literalmente las Promesas de los Profetas, sobre todo Daniel y San Juan, sin entrar a discutir sobre la “corporalidad” o la “visibilidad” de Jesucristo en Su Reino.

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    Anónimo21 de octubre de 2016, 17:44
    Es más,a la destrucción de las naciones apóstatas, figurada en la destrucción de Babilonia, solo que no se trataría de la antigua, sino del conjunto (que podríamos llamar Nuevo Orden Mundial Apóstata regenteado por el Inicuo y favorecido por la idólatra y apóstata Ramera), le sigue el lógico resplandecer y la expansión en todo el mundo de la Iglesia (San Gregorio decía que el Reino es la Iglesia), pero sin tener como enemigo al mundo-mundano ni al demonio, encadenado en el infierno, durante un período del Juicio de vivos (ya saciada la ira del Cordero y dando lugar a la Misericordia y a las Promesas divinas) que durará -según San Juan- “mil años”, lo que equivaldría a aquello de Daniel que fue dado a los santos del Altísimo el reino de toda la tierra. Acabado el cual período se llevará acabo el Juicio de los muertos, según aquello de “Venid a Juicio” y saldrán de los sepulcros y el mar entregara sus muertos, etc.
    Vemos entonces cómo el Juicio Universal comienza con los vivos (los apóstatas a través de la Ira del Cordero, y los Justos con la Resurrección a la llegada de Jesucristo, con la transformación de los que queden -como dice San Pablo- hasta finalizados los “mil años”.

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    Anónimo22 de octubre de 2016, 8:40
    El motivo del aplastamiento y quite de toda potestad adversa y hostil por la “ira de Cordero” lo expresa San Pablo : porque “es NECESARIO que El reine”( I Cor, XV, 24-25). Por tanto los “mil años” de San Juan no son ninguna nueva fundación, sino el desenvolvimiento sin enemigos externos (mundo y demonio) del ya existente Reino de Jesucristo, la Iglesia Católica, desarrollando en la tierra, purificada por la “ira”, aquella aseveración que el mismo Jesucristo dijera ante Pilatos: “Yo soy rey, para esto he nacido…pero AHORA (en ese momento histórico en vísperas de su muerte) mi reino no es de aquí”. Pero como la Escritura no falla, porque tiene como autor principal a Dios, por tanto “es NECESARIO que El reine”, y lo hará sobre esta tierra, para dar acabado cumplimiento a las Promesas que pregonan todos los Profetas y las Suyas propias, en favor de la Iglesia Católica, y acabado ese período de tiempo (que es como dice San Gregorio “todavía es el tiempo de la Iglesia” y por tanto en esta tierra, “entregará -después del segundo acto del Juicio- su reino al Padre, para que Dios sea todo en todos” escribe San Juan.

    Estas reflexiones sencillas y no exhaustivas referidas a la imposibilidad que no vaya a existir un Milenio de honor y de justicia debidos a Jesucristo, las he planteado siempre y están mejor expresadas en un post de este mismo blog que se llama “La perspectiva escatológica”, en el cual me he complacido en leer y recomiendo vivamente, además está libre de “condenas”.

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  6. Simon del Temple; me permite una pregunta: ¿signiifica su exposición que Ntro Sr Jesucristo va a REFUNDAR el Paraíso terrenal, el jardín de Edén, que dure esta vez unos, digamos, mil años?

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  7. Debogo; no me crea un ignorante de la Doctrina. El Paraíso terrenal o Jardín del Edén quedó cerrado. Yo no confundo en ningún momento el Paraíso con el Milenio. Jesucristo NO VA a refundar nada, pues el Reino YA EXISTE, y es la Iglesia, solo que nadie puede decir que en estos dos mil años de Historia, se hayan cumplido completamente las Promesas…fíjese que Israel todavía no entró a la Iglesia, y es de saber que todas la Promesas hechas AL pueblo de Israel han quedado en suspenso hasta su conversión y entrada a la Fe: “No volveré a vosotros hasta que digáis ‘Bendito el que viene en Nombre del Señor’ “, anunció Jesucristo, lo cual NO significa que NO VAYA A VOLVER, ni tampoco que Israel NO VAYA a convertirse a la Fe verdadera y reciba el Bautismo para pertenecer al Cuerpo Místico de Jesucristo…Sabemos que su vuelta se va a deber muy especialmente a la predicación del Profeta Elías, uno de los Dos Testigos que aparecerán antes de la Parusía y que serán contemporáneos al Anticristo, quien al final de su tiranía sobre el mundo los matará en Jerusalén, como dice la Profecía.
    Ahora bien, Jesucristo a Su vuelta reinará sobre un solo Pueblo, que es la Iglesia, dentro de la cual ya habrán entrado los Judíos. Quitado -con la manifestación de la Parusía- el Anticristo -junto con Falso Profeta- y encadenado el Diablo por “mil años”, la Iglesia, Reino de Jesucristo, se expandirá sin enemigos externos de un confín a otro del mundo, lo cual coincide con el Juicio de vivos: la Misericordia para con los “justos que resplandecerán”, y como este período glorioso, al decir de San Gregorio “todavía es tiempo de la Iglesia” se entiende que haya viadores y resucitados, hasta el segundo acto del Juicio, el de muertos, cuando será la resurrección de los réprobos y se hagan públicas las obras de cada hombre, y cada uno reciba lo que le corresponde. Nada impide que los resucitados en ese período de “mil años” sean como una corona para la Iglesia, y que tengan comunicación con los viadores para alcanzar la santificación personal.
    Fíjese que en ningún momento he hablado sobre la presencia de Jesucristo en Su Reino de “mil años”, para no entrar en debates inútiles, simplemente me limito – como lo he hecho antes en otros comentarios sobre el tema y también publicadas en este blog- que es muy probable que sea como en el tiempo post-resurrección, que aparecía y desaparecía de la mirada de los discípulos y Apóstoles para acostumbrarlos a que no significa verlo para saber que ESTÁ, lo que tampoco impide que esté a la diestra del Padre, pues Iglesia y Jesucristo son inseparables. Sea dicho de paso que porque creemos ésto, creemos que la Iglesia Católica NECESITA de un Papa verdadero, pues “donde está el Papa, está la Iglesia, y donde está la Iglesia está Jesucristo”, con lo cual no adherimos de ninguna manera a aquellos que esperan la Parusía en Sede vacante.
    No Debogo, el Milenio NO ES el Paraíso refundado.

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  8. Simón Del Temple. Vd.tiene toda la razon.Jesus reinara en la tierra mil años,y eso esta suficientemente explicado en la Biblia tanto en el viejo como en el Nuevo Testamento.

    El Reino Milenial es el titulo dado a los 1000 años del reinado de Jesucristo en la tierra. Algunos buscan interpretar los 1000 años de manera alegórica. Otros entienden que los 1000 años son solo una manera figurativa de decir “un largo período de tiempo”. El resultado es que algunos no esperan que sea literalmente un reinado físico de Jesucristo sobre la tierra. Sin embargo en Apocalipsis 20:2-7, SEIS VECES SE MENCIONA que el reinado de mil años de Cristo sera en la tierra. Si Dios hubiera querido decirnos “un largo período de tiempo”, Él lo hubiera hecho fácilmente, sin mencionar explícita y repetidamente un marco exacto del tiempo.

    La Biblia nos dice que cuando Cristo regrese a la tierra, Él mismo se establecerá como Rey en Jerusalén, sentándose en el trono de David (Lucas 1:32.33). Los pactos incondicionales demandan un retorno físico de Cristo para establecer Su reino. El pacto Abrahámico prometió una tierra para Israel, un postrero gobernante, y una bendición espiritual (Génesis 12:1-3) El pacto Palestino prometió a Israel una restauración de la tierra y su ocupación (Deuteronomio 30:1-10). El pacto Davídico prometió a Israel el medio por el cual perdonaría a la nación y podría ser bendecida (Jeremías 31:31-34).

    En la Segunda Venida, estos pactos serán cumplidos mientras Israel es reunido de entre las naciones (Mateo 24:31),(Hechos 15:15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: 15:16 Después de esto volveré
    Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; Y repararé sus ruinas,
    Y lo volveré a levantar)convertido (Zacarías 12:10-14), y restaurado a su tierra bajo el gobierno del Mesías, Jesucristo. La Biblia habla sobre las condiciones durante el Milenio, como un ambiente física y espiritualmente perfecto. Será un tiempo de paz (Miqueas 5:2-4; Isaías 43:17-18); gozo (Isaías 61:7,10); confort (Isaías 40:1-2); sin pobreza (Amos 9:13-15), ni enfermedad (Joel 2:28-29). Por esto, habrá un tiempo de completa justicia (Mateo 25:37; Salmo 24:3-4); obediencia (Jeremías 31:33); santidad (Isaías 35:8); verdad (Isaías 65:16); y llenura del Espíritu Santo (Joel 2:28-29). Cristo regirá como Rey (Isaías 9:3-7; 11:1-10), con David como gobernante (Jeremías 33:15,17,21; Amos 9:11). Nobles príncipes también gobernarán con Jesus (Isaías 32:1; Mateo 19:28). Jerusalén será el centro del mundo (Zacarías 8:3).

    Apocalipsis 20:2-7 simplemente da el período de tiempo preciso del Reino Milenial. Aún sin estas Escrituras, hay muchísimas otras que apuntan hacia un literal reinado del Mesías en la tierra. El cumplimiento de muchas de las promesas y pactos de Dios descansan sobre un literal y físico reino futuro. No existen bases sólidas para negar una aceptación literal del Reino Milenial y sus 1000 años de duración. En mi humilde opinión.

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  9. Le agradezco su respuesta, Simón del Temple.
    Si bien pienso que usted ya lo supone, este agradecimiento no significa estar de acuerdo con las teorías e hipótesis que expone en su comentario. Pero no es mi intención generar debate alguno al respecto. Muchas gracias y saludos fraternos!

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  10. Birgita 2012: Debo decir que su comentario es sólido y quiero agradecerle por corroborar con citas de la Escritura el honor que por justicia le debemos todos los hombres a Jesucristo, manifestado o por la ira de Dios contra los adversarios, o por la misericordia para con los que le temen. O por Gracia y Misericordia, o por Justicia, la Providencia hace que todo lo que sucede sea para bien de aquellos que aman a Dios. y como dice San Pablo: “si alguien no ama a Dios sea anatema”, y “el que me ama es el que guarda mi Palabra, y el Padre lo amará y vendremos a él y en él haremos morada”.
    He aquí las Promesas a la Iglesia, resumidas en las siete cartas del Apocalípsis:
    “Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida que está en el Paraíso”.
    “El vencedor no será alcanzado por la segunda muerte”.
    “Al vencedor le daré del maná oculto; y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo que nadie sabe sino aquel que lo recibe”.
    ” Y al que venciere y gusrdare hasta el fin mis obras, le daré poder sobre las naciones -y las regirá con vara de hierro y serán desmenuzados como vaso de alfarero- como Yo lo recibí de mi Padre, y le daré la estrella matutina”.
    “El vencedor será vestido así, de vestidura blanca y no borraré su nombre del libro de la vida; y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles”.
    “Del vencedor haré una columna en el Templo de mi Dios, del cual no saldrá más, y sobre él escribiré el nombre de Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén , la que desciende del cielo viniendo de de mi Dios”.
    “Al vencedor le haré sentarse conmigo en mi trono, así como Yo vencí y me senté con mi Padre en su trono”.

    ¿Alguien puede dudar de las Promesas de Jesucristo, que se cumplirán en Su Reino?

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  11. Debogo: Conversar de estas cosas inflama el corazón en los deseos del Cielo. Mutuamente, en Caridad, nos hemos dado la oportunidad de hablar sobre las cosas de Dios. De mi parte quedo agradecido.

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  12. Solo una cosa bIen sencilla para entender a jesus y su REINADO de mil años en la tierra.Que ningun cristiano que se tenga por verdadero puede negar,porque procede de las Santas Escrituras.
    San Mateo,26,29
    Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
    La pregunta es:Sera que Jesus se refiere a que bebera vino en el cielo o en la tierra despues de su SEGUNDA VENIDA,O MEJOR, QUE SIGNIFICA VENIDA SINO A LA TIERRA???.
    Y despues de concluido el reino de mil años,la Santa palabra dice:
    1 de Corintios:
    15:24 Luego el fin, cuando entregue el REINO al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.
    15:25 Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
    15:26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.
    Salmo 37,
    37:9 Porque los malignos serán destruidos,
    Pero los que esperan en Dios , ellos HEREDARAN LA TIERRA.
    37:10 Pues de aquí a poco no existirá el malo;
    Observarás su lugar, y no estará allí.
    37:11 Pero los mansos HEREDARAN LA TIERRA,
    Y se recrearán con abundancia de paz.
    Hebreos 12:28 Así que, habiendo recibido un reino que no puede ser sacudido, retengamos la gracia,* y mediante ella sirvamos a Dios, agradándole con temor y
    reverencia.
    GRACIAS JESUS,ten misericordia de nosotros.

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