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LA “DIVINIZACIÓN” DE LOS PAPAS


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Se ha repetido un concepto que ha aflorado en el debate, que traemos a raíz del post publicado por el P.Méramo, entre él mismo y  fray Eusebio, sobre el que versa este post: la supuesta ” divinización” de los papas por obra de los que supuestamente les profesan “papolatría” equiparando ésta a la creencia, por otra parte secular, de la infalibilidad de los papas.

Ante la acusación hecha en un comentario, sobre la papolatría en la que se incurriría por el hecho de creer en la infalibilidad del magisterio ordinario del papa, yo mismo he contestado a Jacinto en un comentario de este tenor:

Estimado hermano…….
Respecto de creer que esa oración de Cristo, lleve implícita la posible defección en la Fe de Pedro o alguno de sus sucesores le traeré solamente dos citas, ambas de santos y papas y curiosamente ambos de nombre León.
1? San León I el Grande:

1. San León I el Grande (440 – 461) dejaba entender que San Pedro vivía y enseñaba por
la boca de sus sucesores: “El bienaventurado Pedro, conservando siempre esta consistencia de piedra que el recibió, no ha abandonado el gobierno de la Iglesia (…) Si nosotros hacemos alguna cosa buena, si nosotros penetramos con precisión en las cuestiones, (…) es la obra, es el mérito de aquél cuyo poder vive y cuya autoridad manda en su Sede” (In anniversario assumptionis suae, sermón 3). Pedro y sus sucesores estaban asegurados de una rectitud doctrinal inquebrantable: “El Mesías es anunciado como debiendo ser la piedra elegida, angular, fundamental (Isaías XXVIII, 16). Es luego su propio nombre que Jesús da a Simón, como si le dijera: “Yo soy la
piedra inviolable, la piedra angular, que reúne en uno dos cosas; yo soy el fundamento al cual nadie puede substituir; mas tú también, tú eres piedra, pues mi fuerza deviene el principio de tu solidez, de suerte que lo que me era propio y personal de mi poder, te deviene común conmigo por participación. (In anniversario Assunptionis suae, sermo)

Este papa dice todavía: “En el curso de tantos siglos, ninguna herejía podía manchar a aquéllos que estaban sentados en la cátedra de Pedro, pues es el Espíritu Santo quién les enseña” (Sermón 98). Los Padres del concilio de Calcedonia declararon formalmente sobre San León: “Dios, en su providencia, ha elegido, en la persona del pontífice romano un atleta invencible, impenetrable por cualquier error, el que viene de
exponer la verdad con la última evidencia”.

Otro papa santo y de nombre León dice:

2. San León IX (1049 – 1054), después de haber dicho que la Iglesia construida sobre Pedro no podía absolutamente “ser dominada por las puertas del infierno, es decir por las disputas heréticas” (cf Mateo XVI, 18) y luego citando la promesa de Cristo a Pedro
(Lucas XXII, 32), amonesta a los cismáticos griegos Miguel Cerulario y León de Acrida en su carta In terra pax de 2 de septiembre de 1053: “¿Alguien será lo bastante loco para osar pensar que la plegaria de aquél para quien querer es poder pueda ser sin efecto sobre un punto? La Sede del príncipe de los apóstoles, la Iglesia romana, ¿sea por Pedro mismo, sea por sus sucesores, ¿ es que no ha condenado, refutado y vencido todos los errores de los herejes? ¿No ha confirmado los corazones de los hermanos en la fe de Pedro, que hasta ahora no ha fallado y que hasta el fin no fallará?”.
Es claro lo que piensa San León IX sobre la oración de Aquel para quien querer es poder y que Ud. cree ver en ella motivos para poder pensar en la posible defección en la Fe de algún pontífice.
Por otra parte ¿alguien sería tan temerario para llamar papólatras a estos dos grandes santos y papas que afirmaban taxativamente que la Sede de Pedro estaba libre de todo error y herejía por providencia de Cristo?
¿Es que se puede afirmar con verdad que esta creencia que ha sido común en la Iglesia desde los primeros siglos equivalga a “divinizar” a los papas?
Yo por mi parte no lo creo así.
Y me uno a la sentencia de Pighio, de quien el doctor San Roberto Belarmino, dijo que “es muy fácil de defender“. Otras opiniones de este santo sobre un papa cayendo en herejía son en realidad hipotéticas. Sobre esto hemos puesto algún post en el blog, traduciendo íntegro el CAP. 30 de. “De romano pontífice“

Después de este comentario, Fray Eusebio ha añadido el suyo contestando a Jacinto, que como puede verse  adhiere a la tesis de la divinización de los papas hecha por quienes creemos en su infalibilidad mostrando lo que llama “papolatría”, que entra de lleno en la clásica objeción de la “divinización” de los papas, por quienes creemos en la “infalibilidad” de los papas aneja a la constitución del papado como Roca contra la que no podrían las puertas del Hades, que como se sabe es el abismo de la muerte, la desaparición, la herejía de carácter mortal para quien la abraza.

Éste es el comentario de Fray Eusebio que completa con profunda doctrina las dos citas anteriores.
En respuesta a Jacinto Pérz G.
Además de lo dicho por el honorable webmaster, quisiera puntualizar aquí sobre esta acusación de atribuir una cualidad divina al Papa, razón por la que algunos nos llaman papólatras.Dice Ud: “pues todo Papa canónicamente elegido goza de la infalibilidad limitada por participación, sólo Nuestro Señor Jesucristo, único Hombre-Dios, es absolutamente infalible, de lo contrario estaríamos concibiendo al Papa a la misma altura que Cristo y de ahí la herejía actual de la papolatría.”

Y estoy completamente de acuerdo, la infalibilidad del Papa es una participación limitada de la de Cristo, porque sólo se extiende a las cosas en la medida que se relacionen con la Fe y la moral, y todo el ámbito de verdades necesariamente conexas con ellas.“Absolutamente infalible”, creo que debería Ud. precisar qué es exactamente lo que entiende con ello.Si entiende que no pueda caer en error en nada, evidentemente, el Papa no se encuentra en ese caso.Pero si entendemos con ello, que el Espíritu Santo impide que un Papa verdadero enseñe el error a la Iglesia, sin otra condición que su legitimidad de origen, entonces, sin duda, es absoluta, es decir, que nadie puede mediatizarla, ni siquiera él mismo.El término absoluto viene de a legibus solutus, es decir, que el soberano no está sometido a la Ley ordinaria y a fortiori, a ninguna otra instancia o poder semejante. Sin embargo, sí está sometido a las Leyes Fundamentales que dictan el ser esencial de su Reino, Casa y Dinastía. Ni siquiera un acto de voluntad de su parte era capaz de modificarlas.La Ley Fundamental del Pontificado es que su titular legítimo viene inmunizado contra el error, en el sentido dicho más arriba.

Una vez han aceptado su función los designados para ella, la aceptan libremente, con todo lo que lleva consigo. Aceptan pues implícitamente al menos, que su voluntad ya no es libre de abandonar la Fe, o de enseñar el error a la Iglesia, de modo semejante a lo que ocurre cuando un casado promete fidelidad exclusiva a su Esposa, se entiende, al menos implícitamente, que renuncia a todas las demás mujeres, mientras la muerte no los separe.

Esta es la razón por la que no tiene sentido hablar de si el papa “quiere utilizar o no” su infalibilidad. Es tan poco libre de “dejar de utilizarla” como lo somos nosotros de dejar de ser lo que somos, para transformarnos en otra cosa.

Simplemente, ES Pedro, y no puede serlo en unas cosas, y dejar de serlo en otras, a voluntad, hasta que la muerte o la renuncia no los separe del Pontificado.

Esto, que es simplemente reconocer la constitución íntima de las cosas, y someterse humildemente a esa realidad superior a nosotros, me admira que algunos lo consideren como una “divinización”.

Pero me admira más aún que la objeción venga de parte de unos sacerdotes.

Ellos, que reciben el poder divino de engendrar hijos de Dios, de hacer que el mismo Hijo de Dios Encarnado les obedezca y se presente sobre el altar, de perdonar los pecados, etc…cosas estas que en algún sentido les hace dioses por participación, todos los días; se extrañan de que el papa participe, limitadamente, de otro don divino, de Aquél que ni se engaña ni nos engaña.

Me cita Ud. las afirmaciones de los decretalistas o canonistas.

Supongo sabido que los canonistas suelen evitar meterse en el jardín de los teólogos, e intentan mantenerse en la pura positividad del derecho.

Y lo que el derecho ve, es que sobre la Sede de Pedro se han sentado personas que han sido reconocidas como Papas al menos por algunos durante un cierto tiempo, y que desde allí, han enseñado la herejía: La Iglesia nunca reconoció a esos individuos como verdaderos Papas, sino como invasores, usurpadores, falsos papas, etc…

El problema que se planteaba era el POR QUÉ no eran Papas verdaderos.

¿Era porque habían sido legítimamente elegidos, pero subsiguientemente, habían defeccionado, abandonado el Papado, cometiendo cisma o herejía?

¿O más bien, conforme a la sana doctrina teológica, no habían sido NUNCA Papas legítimos, puesto que éstos últimos están impedidos de caer en semejantes faltas?

La resolución de esa cuestión, se la dejaban a los teólogos, y no será definida hasta la Bula de Paulo IV, zanjando una cuestión muy notablemente enturbiada por las corrientes más o menos heretizantes y conciliaristas de fines de la Edad Media, que es cuando se sistematiza el Derecho.

Mientras tanto, al jurista, lo que le interesa es el resultado práctico: ¿Qué hacemos en caso de tener un marrano Anacleto II ocupando Roma, y reconocido por buena parte al menos de la Cristiandad, por ejemplo?

Pues, sin prejuzgar de su legitimidad de origen, vamos a insistir en que ha perdido su legitimidad de ejercicio, es decir, que por haber cometido cisma o herejía, pierde el derecho de gobernar, lo mismo que un rey pierde el derecho de mandar, cuando se extralimita gravemente en sus funciones.

En este caso lo depone su superior, el Papa, en el otro, se depone el Papa a sí mismo.

No intentan prejuzgar de una cuestión teológica, se trata sólo de un instrumento jurídico para salir del paso de una situación difícil. Por ello, no hay que pedir al Derecho lo que éste no quiere dar. No se pueden sacar argumentos teológicos de afirmaciones que explícitamente no quisieron serlo.

Los teólogos postmedievales que trataron de la cuestión, y cuyos pareceres se nos suelen oponer, se han visto cruelmente afectados por las controversias de los siglos XIV y XV, en que corrientes subversivas como el galicanismo, el gibelinismo, los franciscanos “espirituales”, los conciliaristas, por no hablar de Wiclefitas y Hussitas, discordantes en muchas cosas, sin embargo, se van a poner de acuerdo en una: El Papa que los condena no puede ser sino un cismático y un hereje.

La aguas hasta entonces limpias, en que era evidente que la Iglesia de la Ciudad de Roma no puede errar, van a verse removidas hasta el punto de que el cieno levantado va a oscurecer de tal forma la cuestión, que los teólogos de los siglos siguientes van a perder en mayor o menor medida la verdadera noción de indefectibilidad e infalibilidad del Papa.

Lo que hasta entonces había sido un patrimonio pacíficamente poseído por el pueblo cristiano, se convertía en cuestión ásperamente discutida.

Los Papas recordarán la verdadera doctrina:

La Regla de Fe

ECCLESIA Urbis Romae errare potest

Cum APOSTOLATUS: Análisis y vigencia

O los teólogos como Pighius

Tercero declara la unidad de mando en la jerarquía eclesiástica  que está en Pedro constituído cabeza por Cristo así como a sus sucesores...y cartón, la autoridad de la cabeza funda excelentemente la singular prerrogativa de la Cátedra Apostólica.

Tercero declara la unidad de mando en la jerarquía eclesiástica que está en Pedro constituído cabeza por Cristo así como a sus sucesores…y cuarto, la autoridad de la cabeza funda excelentemente la singular prerrogativa de la Cátedra Apostólica.

                                                                Pighius

pero el pliegue ya estaba tomado, y los enemigos de la Iglesia se dieron tal maña para ocultar los pronunciamientos papales, o desvirtuar su sentido y alcance, que la cuestión ha seguido siendo debatida hasta nuestros días, a pesar de haber sido ya juzgada por la primera Sede.

Hasta el punto, de que los defensores de la creencia verdaderamente tradicional deben soportar el ser llamados herejes, entre otras lindezas, cuando han sido sus adversarios los que han sido condenados por la Santa Sede.

 

1 reply »

  1. Esto se refuerza con el hecho de que no todos los papas han sido canonizados. Había oído cosas así por parte de los protestantes y todas sus ramas al llamarnos “papistas” y cosas por el estilo, pero nunca creí que hubiera duda por parte de sacerdotes.

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