ALL POSTS

RÉPLICA A UNA ENTRADA DESDE FRANCIA


image

He recibido un mensaje con la réplica a un post del blog hecha por un, al parecer, lector francés- a juzgar por su apellido que si no me equivoco es de antiguo abolengo- y que ha tenido a bien enviarme la traducción del artículo de Pierre Legrand [mes felicitations Pierre par la celebration de votre onomastique] en CatholicaPedia blog.
El mensaje escrito en correcto castellano -que denota que el autor es bilingüe- es el siguiente:

Estimado Sr. Moimunan:

Habiendo leído la última intervención del Sr Lécuyer, reproducida en su meritorio blog, me complacería poder hacer uso del derecho de réplica que tan caballerosamente concede a los opinadores contrastantes y pedirle tenga a bien publicar la respuesta del sitio aludido, nuestro benemérito compañero de armas Pierre Legrand de CatholicaPedia, traducida por su seguro servidor.

Agradeciéndole de antemano el gesto, se despide en unión de afanes y oraciones:

Eustache de la Mothe-Frontenac, KG, KHC.

Ésta es la traducción del noble Monsieur de la Mothe-Frontenac:

AUTOPSIA DE UN DESORDEN DEL ALMA   o el arte de corromper la noción de caridad

En su blog, y en un extenso documento repleto de reproches hacia “los sembradores de discordia y cizaña”, el Señor Clément Lécuyer vuela en socorro de aquéllos, a quienes designa con el nombre de la tesis que defienden, clérigos y laicos que han escogido explicar la verdadera fe y la verdadera doctrina con la rejilla de lectura de esta tesis conocida como de Cassiciacum.

Dicho de otro modo, Monsieur Lécuyer emprende, con harta imprudencia, el difundir en foro público (el de su blog) sus reproches evangélicos y morales hacia una “disputatio” que no sólo toca una polémica doctrinal (¿acaso éstas también estarían prohibidas en lo que queda de Iglesia?), que no fue iniciada por el webmaster del blog en cuestión (CatholicaPedia) más que por razón de la naturaleza polémica que tomaba automáticamente cualquier evocación de esa tendencia ideológica en los diálogos y mensajes que suelen intercambiarse entre católicos non una cum. Como si el unacumismo fuera de alguna manera la panacea capaz de explicarlo todo y ¡reunir en torno suyo (a todos los católicos sedevacantistas) !

Además de que Monsieur Lécuyer se atribuye de alguna forma la iniciativa de hablar y defender a esa categoría de clérigos y laicos, que ya son mayorcitos para defenderse ellos solitos, Monsieur Lécuyer parte de presupuestos cuya inanidad, falsedad y peligrosidad vamos a demostrar.

Con una primera llamada, asaz temeraria, al “sentido común”, expresión ambigua (si se trata aquí del «sensus fidei”en sentido estricto, nos permitimos dudar de ello) , sentido común que suponemos existe en la mayor parte de los católicos, Monsieur Lécuyer parece partir del principio de que todo católico, y a fortiori “non una cum”, tiene el deber de estar unido a los demás por “un espíritu de fe y caridad”.
Es perfectamente evidente que, en términos absolutos, ese espíritu debe informar la vida de todo creyente. Pero san Pablo añade enseguida que ese precepto no vale más que para los que se encuentran “unidos en la Fe”, es decir, por una fe rigurosamente idéntica, cuyos frutos naturales son la paciencia, la ayuda mutua y…la caridad! Vemos pues, que lo mismo que el Señor, san Pablo pone con toda evidencia la fe como criterio primero y absoluto de la caridad y de otras virtudes comunitarias.

Esa base que es la fe es indisociable de la caridad que no es en primer lugar amor hacia el prójimo, sino amor de Dios y observancia de sus mandamientos..
Así que se puede llegar hasta a desplazar las montañas,-gran milagro de fe, sin duda-y sin embargo, no tener caridad y por ende, no agradar a Dios ! Ni tampoco, pues, a su prójimo, puesto que rehusamos comunicarle esa fe separada de la caridad..
Además los Evangelios nos explican que esa unidad de espíritu en la fe no puede conservarse si no es en el lazo de la paz, siendo esa paz el resultado de la unión en la fe y en la caridad . ¡Todo está unido! Vana cosa sería pretender escoger a la carta la humildad para unos, la paciencia para otros, la dulzura o la caridad para esos otros. Notemos bien que la Escritura nos da la receta que va a borrar de alguna manera las diferencias de talento, de carácter y de humores por el afecto que hace que concedamos a los demás una benevolente atención, y que va hasta a atribuir cualidades y virtudes que no posen, y méritos que realmente no merecen. Ese estado de espíritu verdaderamente cristiano no puede expandirse plenamente si no es en la fe, que no es otra cosa, en este sentido, que ponerse cuerpo y alma ¡al servicio de Nuestro Señor! Y ponerse «al servicio del Señor»no es nada menos que agradar a Dios y realizar, en el abandono de sí mismo, toda Su voluntad, y nada más que Su voluntad La referencia a los tiempos antiguos no quita absolutamente nada, pero tampoco añade nada a esta consideración: Que para asegurar nuestra salvación, es necesario que agrademos a Dios de todas maneras, y que le concedamos el primer lugar en nuestras vidas. Los primeros cristianos le daban muchas veces bastante más, ¡en las arenas del circo! Apelar sin cesar a la virtud de caridad sin recordar a la vez que no puede haber verdadera caridad si no es en una fe pura y mutuamente compartida me parece que es una visión un tanto reductora de esa loable intención.

Monsieur Lécuyer, no contento con hacerse el apóstol de una caridad aproximativa, más afectiva y reunidora que divinamente conformada, se complace en echarnos en cara los lugares comunes bien conocidos como pueden ser la existencia en Internet y entre blogs católicos de “querellas”, “divisiones”, y “polémicas inútiles” pretendiendo que por definición, dañarían el “espíritu de caridad”. No volveremos aquí sobre esa concepción tan peculiar suya, ni removeremos el cuchillo en la llaga.

A continuación, nos habla de “puntos de desacuerdo” como si se tratara aquí de algunas inconsecuencias o escándalos ¡entre cristianos! El angelismo de M. Lécuyer no deja de sorprender cuando se recuerdan las palabras de Cristo acerca de este asunto. Pero donde M. Lécuyer traspasa todos los límites, es cuando afirma desde lo alto de su cátedra que los desacuerdos solo afectan a cuestiones “secundarias” desde el punto de vista teológico. ¿Y él qué sabe? ¿Qué sabe realmente sobre los alcances de esa verdad? ¿Es que ha tomado siquiera una vez parte en una polémica de fondo sobre este tema específico? Claro que no puede, porque entonces, se vería obligado a escoger uno u otro campo. Tomar parte en una polémica significa automáticamente verse obligado a definirse en virtud de su libre albedrío intelectual y moral, a favor de una doctrina, una tesis o un punto de vista acerca del cual nos jugamos la fe, o, para ser más exactos, ¡la integridad de la fe! Ninguno de nosotros se permite juzgar a los guerardianos en su fuero interno, o prestarles las más negras intenciones. Cada ser humano es libre de equivocarse, pero debe asumir las consecuencias en la medida de su comprensión intelectual, de su percepción del problema. Si se equivoca de buena fe o por ignorancia, el deber de sus hermanos consistirá en formularle las observaciones necesarias para devolverlo al buen camino. Si se equivoca con mala fe, asumirá toda la responsabilidad ante Dios, y nuestro deber está en recordárselo.

La aspereza de las polémicas, la agudeza de las querellas alrededor de la famosa Tesis muestra bien, contrariamente a lo que afirma el Sr. Lécuyer, que este tema no parece para nada secundario a la mayor parte de los intervinientes en esta“disputatio” !!! Porque al decir «secundario », hay como un regusto de “inútil”, de “poco importante” y casi, de “fútil y vano”.

Hablar a continuación de «contra testimonio ” equivale a hablar para no decir nada puesto que no precisa claramente a favor de qué “partido” ese contra-testimonio va a ejercer esa mala influencia!!!(¡Aunque el lector atento lo adivinará rápidamente !!!!)

Pero esto no sería nada si, unas líneas más abajo, no se permitiera atacar el“deber de estado ” de los fieles, atribuyéndose el derecho de negarles en ese campo todo derecho a intervenir, no se sabe muy bien en nombre de qué, refiriéndose a personas que en su mayoría no conoce, pero cuya competencia pone sistemáticamente en duda … con el pretexto falacioso y clerical de que son temas difíciles que de algún modo estarían reservados a los clérigos o ¡teólogos patentados! Cuando leo lo anterior, tengo la impresión de que aquello ya «pasa de castaño oscuro», y de que ya no vivimos en el mismo siglo! Lejos de mí pretender que todos los fieles (e igualmente todos los clérigos) sean o deban ser teólogos, y que no siéndolo, todos esos laicos y clérigos deberían abstenerse de tomar parte en esa polémica; pero está claro que cuando conozcan su visión de las cosas, van a quedar encantados de saber que no tienen NINGUNA competencia y que los manda, con el derecho de estar calladitos, directamente a su casa, y a sus respectivos deberes de estado! Se arriesga Ud. a recibir unas respuestas más bien enérgicas !!!! Pero no estando yo aquí para compadecerlo o defenderlo, sigo con mi paseíllo por su jardín “non una cum”.

Se queja a continuación de la obstinación de algunos fieles porque, según Ud., es una pérdida de tiempo y ganas! Permítame sonreír un poco para relajar el debate. Porque si existe esa obstinación, es porque los fieles la tienen por virtud, cuando no como pura necesidad para defender la fe y no las elucubraciones, incluso piadosas y sabias, de algunos sectarios. Pero se nota enseguida que en esa palabra, le pone una especial connotación de “cabezonería”. Tratándose de sus amigos guerardianos, seguro que hubiera utilizado la palabra “tenacidad”, si es que en su discurso, hubiese más de un partido merecedor de reprobación…¡Como siempre! Al menos, podría ud. haber intentado disimular y hacer parecer que distribuía equitativamente los reproches, ya que al parecer, no comparte ud. la Tesis de nuestros amigos del IMBC. Esa disparidad en el oprobio es cuanto menos extraña, ¿no le parece? Por esta clase de cosas suele clasificarse a los hombres!!! !

Ah !Los espíritus batalladores! Se le llena la boca con ese vocablo tan agradable y tan necesario en su papel de buen apóstol de los católicos non una cum. Es precisamente por esa razón por lo que fundó su blog, con el fin de controlar y corregir mejor a todos esos espíritus batalladores que Ud. detectaba entonces en las filas del tradicionalismo rebelde… Para Ud, un “batallador ¡»siempre se equivoca de combate! He aquí un buen ejemplo de posición liberal !En realidad, su unacumismo es en el fuero externo una guardería de ositos amorosos en la cual todo sucede como en el mejor de los mundos, y que da de sí al que pasa en frente el aspecto fresco e impecable de un ashram idílico del que toda violencia, incluso verbal, se hubiese visto expulsada. Me recuerda Ud. a ese ridículo gurú que « exterminaba » cien veces al día a decenas de extraterrestres desde su Mandarom con su ejército apocalíptico, pero que en el seno de su comunidad religiosa hacía reinar un auténtico régimen de terror, dominio psicológico y sectario de lo más loco… Disparemos a discreción sobre los extraterrestres conciliares, pero entre nosotros, ni una voz más alta que la otra, y sigamos adorando y sirviendo a nuestro gran Gurú! Inútil decirle que Ud. y yo estamos a mil millones de años-luz de compartir la misma concepción del combate. ¿No sabe que el enemigo del género humano puede estar en todas partes, incluso en nosotros mismos, y que aquí también, Nuestro Señor no nos ha puesto nunca suficientemente en guardia contra los que quieren matar el alma, más bien que el cuerpo ?

Por otra parte, su cita del Papa Pablo V ilustra perfectamente su estado de espíritu; lo que querría, lo que reclama desde lo más íntimo de Ud. mismo, es un decreto de neutralidad, es un pacto de no-agresión que haría de nuestros buenos católicos non una cum unos emasculados perpetuos, y unos tuertos espirituales incapaces de discernir ningún criterio de verdad excepto los comunes al grueso de la tropa. Una especie de consenso amplio que equivaldría a restituir a los clérigos la autoridad y poder que han perdido en parte desde hace medio siglo por causa de sus traiciones, cobardías y tejemanejes. Ud, se convierte en ese caso en un aliado al menos subjetivo del clericalismo dominador sobre los consumidores de sacramentos que somos y que al parecer, habríamos debido seguir siendo eternamente. Desgraciadamente mi estimado Sr. Lécuyer, el eclipse de la Iglesia ha pasado por aquí, y ya no estamos en tiempos de Pío XII!!!

No sólo es inútil, …belicosa …no caritativa…la polémica es para Ud. “estéril” es decir, que no puede dar ningún fruto, y admitiendo que por milagro pudiese darlo, jamás dará ninguno bueno, e incluso, peor aún, estará enteramente en las manos del Príncipe de este mundo “seductor del mundo entero” !!! Pero ¿es que no ve que sus propósitos están totalmente fuera de razón, y que su exageración misma muestra bien a las claras su falsedad histórica y espiritual? Claro que su sitio se define en primer lugar como “político” y que es sin duda debido a ese título por lo que se ve obligado a respetar ciertas tenebrosas alianzas para servir a designios no menos tenebrosos ya que todo lo que no participa de la verdadera búsqueda de la verdad bajo la luz de la Fe ¡le hace el juego al demonio! Así que con esa base, está claro que no podemos coincidir!

Y cuando nos dice: rehusando reconocer cualquier autoridad a los enemigos de la Iglesia al presente sedentes en Roma» deduzco de ahí que debe de estar muy mal informado sobre sus amigos guerardianos y sobre la autoridad materialiter que éstos conceden a las jerarquías conciliares mientras esperan una hipotética decisión de la Iglesia declarando que son de nuevo católicos, puesto que ¡por fin se han convertido! Me dirá entonces, que esto es muy secundario, y que al fin y al cabo, conservamos ¡lo esencial de la fe! E incluso si así fuera, permítame estar en desacuerdo con Ud. (si es que tengo ese derecho), y tener una concepción diferente de la pureza de la fe, sobre todo cuando ésta se apoya también sobre la doctrina de los santos Padres y de los Papas.

El día en que compartamos rigurosamente la misma fe, el día en que los guerardianos ya no digan que somos unos cismáticos, luteranos y enemigos de Dios, entonces estaremos, si las circunstancias lo exigen, dispuestos a morir los unos por los otros en virtud del mismo principio divino que tan bien nos recuerda Tertuliano.
.
Rezad por mí!
Pierre Legrand.

Télécharger en pdf

1 reply »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s