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MÁS SOBRE EL MILENIO Y SOBRE EL P. LACUNZA


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Recién recibido el mensaje  del P. Méramo lo público en la primera ocasión que tengo para hacerlo. No hace falta decir que es un texto que ilustra con importantes citas la doctrina milenarística, por lo que debe leerse con atención y degustando esas cítas, algunas de Padres y otras de importantes escriturístas. Yo he sido lector  de D. Benjamín Martín Sánchez, a quien cito mucha veces en el blog. Él escribe las introducciones de la edición española de la Biblia de Straumbinger (reducida en sus notas) y aunque el no se llamaba milenarista sí describe algo, que amplía en sus libros, que puede llamarse Milenio. El Milenio estará  compuesto por “viatores”. Esto hace que muchas posiciones estén más cerca de lo que a primera vista pudiera pensarse. 

De cualquier manera que sea, animo a los lectores  a presentar sus dudas- no impugnaciones-  para profundizar en la materia y enriquecernos todos.  Contamos con la promesa del P. Méramo de responderlas  en el blog o donde estime oportuno.

Quizás sea bueno para la comodidad de los lectores trasladar aquí los 13 puntos expuestos por Fray Eusebio, a los que da respuesta el P. Méramo. Son los siguientes:

 

Si el P. Méramo desea defender las tesis lacuncianas, tal vez se animará entonces a contestar a las siguientes objeciones, no mías, sino de los examinadores de la Sagrada Congregación del Índice
, El 6 de Septiembre 1824.
1.er Cargo. «El objeto principal de la obra, a saber: el Reino de Cristo en la tierra por mil arios antes de la resurrección universal; por ser opinión constantemente desaprobada por los Santos Padres desde el fin del tercer siglo, y haber sido rechazada aun en los primeros por la parte más sana de la Iglesia, como un dogma peregrino y singular».
2.º Cargo. «La doble resurrección, una parcial en la venida del Mesías, y otra general al fin del mundo; porque cuantas veces se hace mención en las Sagradas Escrituras de la resurrección, siempre se dice será única, general y al fin del mundo; excepto una sola vez que en el Apocalipsis se nombra la resurrección primera, pero en otro sentido, como largamente ha demostrado anteriormente».
3.er Cargo «La doble conflagración del mundo, la primera parcial cuando la venida del Mesías a reinar sobre la tierra, en la que sólo perecerá una parte del linaje humano, y la segunda al fin del mundo, la que acabará con todo aquél; porque San Pedro y San Pablo y los demás escritores sagrados hablan de una conflagración ».
4.º Cargo: «Aquella mezcla de comprensores y viadores que con que supone durante los mil arios de aquel reinado; la cual Santo Tomás demuestra con razones naturales ser absurda».
5.º Cargo: «El que baje del cielo la Jerusalén material, para servir de metrópoli del Reino de Cristo acá en la tierra; lo cual fue acérrimamente impugnado por San Jerónimo y otros Padres, y también por todos los escritores con eclesiásticos cuando pensaron en ello Tertuliano, y algunos otros; y no bien suscitó de nuevo esta idea el P. Vieyra cuando fue condenado al silencio».
6.º Cargo: «El que asegure con tanto aplomo que su sistema está claramente expreso y revelado en las Sagradas Escrituras, y que casi todas las profecías contenidas en ellas se refieren al tiempo intermedio entre la venida del Mesías y el juicio universal».
7.º Cargo. «El que niegue referirse a la resurrección general las palabras de Cristo según San Lucas, cap. XX, 35: Qui digni habebuntur saeculo illo, et resurrectione ex mortuis, ex filii sunt, neque nubentur ultra mori porterunt; aequales enim angelis sunt; lo que admiten todos los doctores».
8.º Cargo. «Que diga, contra el común sentir de los Santos Padres, ser una mera parábola la sentencia de Cristo, según San Mateo, cap. XXV, 31: cun venerit Filius hominis in majestate sua, etc».
9.º Cargo. «El que pretenda no haberse cumplido casi nada de lo que han vaticinado los profetas sobre el regreso de los judíos de la cautividad de Babilonia, y que se ha de cumplir todo en su segunda vuelta de la presente dispersión».
10.º Cargo. «Que aplique a la Sinagoga, más bien que a la Iglesia, lo que dice el Apocalipsis sobre la mujer vestida del sol, contra la sentencia común de los intérpretes ».
11.º Cargo. «El que se hayan de restablecer los sacrificios y solemnidades de la ley antigua; en lo cual concuerda demasiado con Eunodio y Papías».
12.º Cargo. «Que para probar su sistema retina muchísimos textos de la Sagrada Escritura, extrayéndolos de una y otra parte, los cuales considerados en sus propios lugares tendrían un sentido muy diverso».
13.º Cargo. «El que interprete muchos lugares de la Sagrada Escritura en un sentido muy diverso del que les, da el unánime consentimiento de los Padres y doctores católicos ».

 

EN RESPUESTA A LOS TRECE CARGOS DE “FRAY” EUSEBIO ANTIMILENARISTA

 

Escribo con el fin de esclarecer los prejuicios y errores que existen en torno al Milenarismo Patrístico o Espiritual, que fuera doctrina común de la Iglesia primitiva durante sus primeros cuatro siglos, hasta que la perfidia judaica que todo lo mancha y más aún lo que es sublime y puro, que emerge con Cerintocorrompiendo la verdad con sus groserías carnales y heréticas, para adulterar la predicación de Apóstol evangelista y apocalíptico, San Juan, pasando por sus discípulos directos San w y San Policarpo, y de este último a San Ireneo,  evidenciándose su origen apostólico.

La tergiversación herética de Cerinto, hizo que fuera eclipsado el Milenarismo de San Juan y sus discípulos, a causa de sus graves errores con los cuales Satanás quiere destruir la doctrina del Reino de Cristo Rey e imponiéndose al alegorismo que tiene a un castrado por autor como Orígenes y su triste historia para terminar castrando la correcta interpretación del Apocalipsis y del glorioso milenio.

Así dice el P. Lacunza: “Mas si buscamos con mediana atención el verdadero origen de estos errores, lejos de hallarlos en la letra o sentido literal de la Escritura, lo hallaremos siempre, o casi siempre en todo lo contrario. Todos los errores que se atribuyen a Orígenes (hombre por otra parte grande y célebre por su sabiduría y santidad de vida), parece cierto, que no tuvieron otro principio, siendo joven tuvo la desgracia de entender y practicar en sí mismo un texto del Evangelio, no digo ya según su sentido obvio y literal, esto es facilísimo, sino en un sentido grosero, ridículo, ajeno del espíritu del Evangelio y de la letra misma, que no dice, ni aconseja tal cosa. Como esta mala inteligencia le costó tan cara, empezó desde luego a mirar con otros ojos toda la Escritura, inclinando siempre su inteligencia no ya a lo que decía sino a una otra cosa distantísima que no decía. Casi cada palabra debía tener otro sentido oculto que era preciso buscar o adivinar; y la Escritura en sus manos no era ya otra cosa que un libro de enigmas”. (La Venida del Mesías en Gloria y Majestad. Tomo I, ed. Carlos Wood,Londres 1816, p.22-23).

Paso a responder a los interrogantes de alias “Fray” Eusebio de Lugo, formulados en trece cargos que toma del Santo Oficio de 1824, pero que a decir verdad, dan pena por su escaso conocimiento y profundidad exegético teológico que pareciera mentira que hubiera hombres tan ineptos ejerciendo ese digno y benemérito cargo de la Sagrada Inquisición que hizo de España espada de la Iglesia, martillo deherejes y luz de Trento en aquella inigualable época, hoy pisoteada.

Respondo no tanto por contestarle a “Fray” Eusebio, sino más bien para que resplandezca la verdad la cual nos libera y salva “veritas liberabit vos” (Jn. 8, 32).

Además para un verdadero tomista las objeciones, siempre son un medio que sirve de aclaración y explicitación de la verdad y de los aspectos contenidos en los principios y que no todos están en la condición intelectual de poderlos dilucidar aplicando los mismos a lo particular, de donde resultan los interrogantes al no poderlos ver con lucidez y claridad.

Respuesta al punto uno. En materia de doctrina transmitida, prevalece lo más cercano a la fuente y lo que se afirmó desde un principio, que lo que surge con posterioridad, como es el caso del milenarismo, que durante los primeros cuatro siglos fue doctrina común de la Iglesia; y esto hace que no pueda ser rechazado ni jamás de los jamases condenado, como muchos creen o pretenden. Si después hubo un cambio, se debe buscar la causa en otros factores como es el caso del surgimiento de una herejía como la de Cerinto, baste leer la tesis del Padre Alcañiz,Doctor y Maestro en Filosofía en la Universidad Gregoriana y Profesor en Teologíadel Seminario Pontificio Majore SardoEcclesia Patrística et Millenarismus, Granatae 1933, traducida al español por el Padre Castellani, enmarcándola con sus comentarios y publicada en el libro “La Iglesia Patrística y la Parusía, ed. Paulinas, Buenos Aires 1962.

Respuesta al punto 2. La doble resurrección, está explícitamente en las escrituras: “Esta es la primera resurrección. ¡Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección! Sobre esto no tiene poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, con el cual reinarán los mil años.(Apoc. 20, 5-6). Y en textos paralelos, que aunque no explícitos, la implican ysuponen I Corintios 15, 22-24, I Tesalonicenses 4, 16-17, por ejemplo.

El que conoce la obra de San Ireneo Adversus Haereses”, y el comentario del sabio Padre Antonio Orbe, de fama y reputación internacional como especialista en San Ireneo, puede leer lo siguiente sobre la doble resurrección, no solo para asombro, sino para que incluso se rasguen las vestiduras, para sorpresa de muchos: “La ‘primera resurrección’, exclusiva de los justos, distíngase de la universal (de los impíos) previa a la condenación”. (Teología de San Ireneo, III. ed. BAC, Madrid 1988, p.464).

Generalis resurrectionis, en antítesis con la ‘primera resurrectio’ (Apoc. 20, 5 y 6)… La primera se limita a los justos y pertenece a los tiempos del reino. La general, se extiende a los impíos; posterior al Milenio (cf. Apoc. 20, 12-15) se ordena al Juicio final (respcondenación)(Ibídem, p.526-527).

“La resurrección primera, característica del Milenio, deja para el Juicio la resurrección de los impíos”. (Ibídem 528).

“…los tiempos del reino entre ambas resurrecciones: primera, de los justos; y segunda de los impíos”. (Ibídem p.613).

“La secunda resurrectio’ vendría a traducir la ‘resurrectio iudicii’ de Job 5,29; o la ‘resurrectio iniquorum’ de Act. 24, 15. Así como la ‘prima resurrectio’ traduce la ‘resurrectio vitae’ Joh 5, 29; la ‘resurrectio iustorum’ de Lc. 14,14; y expresiones análogas”. (Ibídem p. 613).

Respuesta al punto tres. Es una objeción típica de los antimilenaristas que confunden, por no distinguir, dos cosas que son distintas, pretendiendo basarse en las Escrituras, sin percatarse que son dos hechos diferentes como lo explica el P. Castellani: “Pero los antimilenistas o alegoristas sostienen que el Gog-Magog de Ezequiel, el Gog-Magog del Apokalypsis y la guerra del Anticristo, son la misma cosa (…) Mas los milenistas defienden encarnizadamente que la derrota del Anticristo y la del ejército del Gog-Magog son dos cosas inasimilables, apoyando el texto de San Juan: pues en la primera la guerra era dirigida por la Fiera y elMalprofeta, en la segunda, por el Diablo; allá son vencidos por el ‘Verbo de Dios que baja con sus santos sobre las nubes’, acá son desechos por fuego del cielo, sin que Cristo se mencione para nada; allá no se menciona para nada campamentos ni ciudades, acá es sitiada la Ciudad Santa y sus reales; y las cosas que siguen a una y a otra pugna son del todo diferentes, pues los judíos se convierten en el tiempo del Anticristo, y en el tiempo de Gog-Magog, aparecen convertidos a Dios y viviendo reunidos y tranquilos en su tierra; por tanto esto no puede ser la guerra del Anticristo; y por tanto hay que admitir otra, sea expedición o rebelión o lo que se quiera, por extraña que ella parezca. Naturalmente esta argumentación supone a la interpretación literalno la alegórica, del capítulo XX de la Revelación”. (La Iglesia Patrística y la Parusía, Alcañiz – Castellani, Ediciones Paulinas, Buenos Aires 1962, p.73).

Respuesta al punto cuatro. Por qué absurda no la mezcla sino el hecho que haya viadores y comprensores, si estos son ciudadanos de dos Jerusalén: una laJerusalén celeste, la otra la Jerusalén terrestre. Como dice San Ireneo y que explica el P. Orbe en la obra ya citadaDistíngase dos Jerusalén: a) La celeste, a que se refiere Apoc. 21,1  y denominada ‘la ciudad santa, Jerusalén nueva’; paradigma divino,  escrito o pintado en las manos de Dios” (Is.49, 16); la Ciudad que de Dios baja. b) la terrena, del Milenio, en la cual se ejercitan los justos en orden a laincorruptela, y se dispone a la Salud; imagen terrena de la anterior”. (Ibídem,p.541-542).

… la cuestión de las dos Resurrecciones; que es el punto esencial y el que define alMilenismoDe modo que su definición propia es: ‘Milenistas son los exégetas queleen dos resurrexiones en Apok. XX (y en los lugares paralelos de San Pablo y San Mateo), ‘la Primera y Segunda’, conforme allí se lee(La Iglesia Patrística… p.88).

“A la llegada de Cristo sucederá la Primera Resurrección. ‘Estas cosas y otras muchas están predichas sin duda alguna (‘sine controversia’) para la Resurrección de los Santos, que es inmediatamente después de la aparición del Anticristo y la perdición de él y de todos los suyos; Resurrección con la cual reinarán los justos sobre la tierra…’ ”. (Ibídem, p.136).

Y como dice el Padre José Rovira, “Hemos visto que según la predicción de Daniel VIII 26,27, inmediatamente después de la muerte del Anticristo, no se acabará el mundo,  sino que seguirá la Iglesia compuesta de Judíos y Gentiles y extendida por toda la tierra, y los santos ejercerán el poder y la soberanía y a ellos servirán y obedecerán todos los reyes del orbe. Esta interpretación del texto daniélico, no es universalmente reconocida, pero si la más común y autorizada y más conforme a las palabras del profeta”. (Enciclopedia EspasaCalpe, artículo Parusía, p. 440).

Respuesta al punto cinco. San Ireneo, discípulo de San Juan, en línea recta a través de San Policarpo, condiscípulo de San Papías, tiene más peso sobre el tema, conforme a los cuatro primeros siglos de la Iglesia, que San Jerónimo que es posterior, además, no trató ex profeso sino que se limitó a execrar el milenarismo craso, carnal  y herético, de Cerinto. No sólo San Ireneo, sino San Papías, San Justino mártir, San Teófilo, San Melitón, San Hipólito, San Victorino, San Metodio, San Zenón, San Ambrosio, para nombrar algunos santos  milenaristas anteriores o contemporáneos a San Jerónimo.

Respuesta al punto seis. El sistema no, la idea sí, lo cual hay que distinguir.

Respuesta al punto siete, Está hablando de lresurrección en general y no de la resurrección general específicamente (aunque no la excluye). De todos modos el distinguir dos resurrecciones es lo propio de los milenaristas cosa que los antimilenaristas no quieren admitir en su alegorismo exegético, como queda claro en Apocalipsis 20,5-6, imponiendo su sistema y negando la doble resurrección de las Escrituras.

Respuesta al punto ocho. No es una parábola ni tampoco es una alegoría.

Respuesta al punto nueve. Nadie niega eso, únicamente que no se han cumplido todas las profecías del Antiguo testamento, sino en parte. Ver lo que dice el Padre y Doctor Benjamín Martín Sánchez en su libro “Israel y las profecías” y como dice el P. Castellani: “Nosotros decimos que las profecías mesiánicas, se hancumplido en su primera parte y han de cumplirse de nuevo más espléndidas en su segunda parte” (El Apokalypsis, ed. Paulinas, Bs.As.1963, p.89).

Respuesta al punto diez. Baste ver lo que dice el P. Castellani sobre las dos Mujeres y saldrá de las dudas teniendo la correcta interpretación: “La visión de la Gloriosa Parturienta pertenece a la Séptima Tuba, y comienza con ella la secciónpuramente esjatológica  o parusíaca del Apokalypsis. Esta mujer es símbolo de Israel; y alude a la conversión de los Judíos  (o una parte de ellos) en los últimos tiempos, profetizada por San Pablo(El Apok. p.161-162). Y a continuación explicita el Padre Castellani: “Es, o bien la Virgen Santísima, o la Iglesia, o Israel, ‘el Israel de Dios’: no hay otras exégesis posibles. No conviene simplemente ni con María Santísima ni con la Iglesia; aunque en cierto modo, sí; por lo cual la Liturgia lee este pasaje figurativamente en la fiesta de la Virgen; los pintores cristianos representaron con ese símbolo la Inmaculada Concepción”. (Ibídem, p.162).

“Hacia el final del Apokalypsis aparecen en el dos Mujeres misteriosas, una Madre y una Mala Hembra”. (Ibídem, p. 255).

“La Mujer significa en la Escritura constantemente Israel, es decir, la Religión del pueblo Judío y el pueblo judío. Dios apostrofa a su pueblo como a una adúltera o la requiebra como a una novia. Los uteroprofetas abandonan incluso la imagen de Reino para insistir en la figura de la Esposa. Cristo llamó a su gente ‘generación adúltera’. San Pablo representó a la Iglesia con la figura deuna doncella, ‘virginem castam exhibere Christo’, una virgen que da en matrimonio a Cristo. Las dos mujeres del Apokalypsis representan la religión verdadera en sus dos polos extremos, la religión corrompida y la Religión fiel: la ‘Forneguera’ sobre la Bestia Roja y la Parturienta vestida del sol de la fe, pisando la luna del mundo mudable, y coronada de la veinticuatral diadema estelar patriarcal y apostólica. Estos dos aspectos de la Religión, son perfectamente distinguibles para Dios, pero no siempre para nosotros”. (El Apok. p. 256).

Respuesta al punto once. Es el único error grave en toda la obra del P. Lacunza, pero esto no tira por tierra todo el resto, como pretenden. Además este error es fácilmente subsanable, pues en el milenio habrá Iglesias y Clero y Misas y los demás sacramentos, pues hay los viadores.

Respuesta al punto doce. Claro que tendrán un sentido diverso en sus propios lugares, si se interpreta alegóricamente y no literalmente. Como explica el P. Castellani, el sentido literal es el que prima y de él derivan todos los otros: “Los que no siguen el sentido literal de la Escritura no llaman al agua, agua; sino cualquier  otra cosa”. (El Apok. p.27).

“El ‘alegorismo’ contemporáneo, no es exégesis sino fantasía; y evacúa la profecíade dentro de la Escritura, convirtiéndola en mala poesía; propia deste tiempo de crisis de la fe. (El Apok. p.158).

“El milenarismo espiritual consiste simplemente en interpretar el Cap. XX del Apokalypsis (consecuentemente todos los lugares paralelos en los Profetas y en Pablo y en los Evangelios) literalmente; no literal crudo, sino literal simbólico, conforme al estilo de la literatura oriental, que es diverso y aún contrario a lo alegórico o ‘figurado’ ”. (La Iglesia Patrística… p. 336).

Respuesta al punto trece. Depende de qué unanimidad se esté hablando, pues la única que ha existido es la unanimidad patrística de los primeros cuatro siglos de la Iglesia, después de esa época, sobre el tema no ha existido la unanimidad que se pretende y menos en la época moderna.

Estas son  las respuestas a los trece puntos y espero que no se queden en sus trece como el testarudo aragonés, el antipapa Benedicto XIII, Pedro de Luna, aunque fueuno de los más grandes canonistas de su tiempo.

Conviene no olvidar que lo importante del Milenarismo es tener presente: “Cristo debe volver. Debe volver pronto. Y a medida que su retorno se aproxima, por fuerza se deben hacer más claras las Promesas de sus Santos y las Visiones de sus Videntes. Volverá no ya a ser crucificado por los pecados de muchos, sino a juzgar a todos, no como Cordero de Dios, sino como Rey del Siglo Futuro. Volverá para poner a sus enemigos de alfombra de sus pies, a restaurar y restituir para su Padre, todas las cosas, arrojando de ellas y amarrando el Príncipe de este mundo; volverá en el clímax de la más horrenda lucha religiosa que han visto los siglos, es el ápice mismo de la Gran Apostasía y de la tribulación colectiva más terrible después del Diluvio, cuando sus fieles estén por desfallecer y esté por perecer toda carne. Volverá Vincens ut vincat, como un rayo que surgiendo de Oriente se deja ver en Occidente, para arrebatar a él en los aires, a nosotros los últimos, los que quedamos, los reservados ‘in adventum Domini’, que hemossufrido más que Job, creído más que Abraham, y esperado más que Simeón y Ana”. (El Apok. p.90-91).

Toda la tradición antigua en masa durante los cuatro primeros siglos dela Iglesia, entendió en este capítulo simplemente que habría un largo período de paz y prosperidad en el mundo (mil años o bien mucho tiempo) después del Retorno de Cristo y el refulgir de su Parusía; que habría dos resurrexiones, una parcial de los mártires y santos últimos, otra universal al fin de buenos y malos, lo cual también San Pablo dice…”. (El Apok. p.295-296).

El famoso Cornelio Alápide, sin ser milenarista, dice lo siguiente: como hace ver Cristino Morrondo Rodríguez canónigo lectoral de Jaén, en su libro Catástrofe y Renovación. Jaén 1924: “Cornelio Alápide, comentarios al Profeta Daniel, VII-27, aunque en variedad de lugares de su obra voluminosa hace incesantes reparos a los milenarios, pero se vio obligado ante la evidencia del texto sagrado a considerar sus convicciones diciendo: ’que el Reino y la potestad y la Grandeza del reino que está bajado del cielo al pueblo de los Santos del Altísimo, cuyo reino es Eterno y todos los reyes se servirán y obedecerán… Yo digo que es cierto que vendrá este reinado de Cristo y de los Santos y que este reinado no será solamente espiritual como el que ha tenido siempre en la tierra,  ya que cuando se ha perseguido a los Santos, ya cuando estuvo sujeto a las persecuciones y trabajos, sino que este reinado será corporal y glorioso; es decir que los Santos, con sus cuerpos y sus almas, han de reinar con Cristo aquí en la tierra, como reinarán eternamente en el cielo. Mas creo que ese reinado dará principio en la tierra en el momento de haber dado muerte al Anticristo, pues muerte este y despojado de sus dominios, la Iglesia reinará en todo el universo, y el redil lo compondrán judíos y gentiles y después el reino será trasladado al cielo y por toda la eternidad’ ”. (p. 215).

El Padre José Rovira S.J.al parecer sobrino del Padre Ramón Orlandis (1873-1958) quién fue un gran entusiasta del Reinado de Cristo e influyó en él para que escribiera sobre el Milenarismo; el P. Orlandis tuvo, además, el mérito de ser el origen de la llamada Escuela Tomista de Barcelona, con sus discípulos Bofill, Canals y sus continuadores como Forment, es el autor del artículo Parusía de laEnciclopedia EspasaCalpe, en donde dice: “En este texto se predice claramente que a la destrucción del Anticristo y de las otras potestades antiteocráticas les seguirá no solo un triunfo, sino un reino de Cristo y de los santos, un reino, que  será sobre la tierra o debajo del cielo, como dice Daniel, un reino en que el poder será del pueblo de los santos altísimos, al cual (pueblo) todos los reyes le servirán y obedecerán. Es, por consiguiente, muy probable que inmediatamente después de la muerte del Anticristo no se acabará el mundo, sino que se seguirá todavía  laSanta Iglesia, el reino de los santos que ejercerá la soberanía sobre toda la tierra. Y en ese sentido interpretan el texto de Daniel los mejores y más renombrados intérpretes, Maldonado, Mariana, Menoquio Tirini, Gaspar Sánchez, Cornelio aLapide y Kabenbauer. Véase, por ejemplo, lo que dice Cornelio a Lapide:‘Entonces, destruido el reino del Anticristo, la Iglesia reinará en toda la tierra y de los judíos y de los gentiles se hará un solo redil con un solo pastor’ ”. (p. 440). Realizándose así, apocalípticamente, la Gran Promesa de toda la Escritura. Esta es la bienaventurada esperanza de la cual nos habla S. Pablo: “Aguardando la dichosa esperanza y la aparición de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo”Tit. 2,13).

Me permito, antes de terminar, hacer una aclaración, pues si bien el que ignoratiene derecho a preguntar, no quiere decir que le da derecho para impugnar, el ignorante pregunta, no impugna. Pues estoy cansado de ver cómo hoy en día, cualquiera con un barniz de algunos conocimientos, se erigen en maestros y doctores, hay una insolencia intelectual de creerse poseedores de una materia porque se haya leído, como si el que lee sobre medicina ya es médico, o el que lee sobre leyes ya es abogado. Las ciencias filosóficas y teológicas, requieren mucho estudio y preparación académica. Por lo tanto, no hay que pretender que ya se es filósofo, teólogo o exégeta, porque nos hayamos medio pulido a los brincos en estas materias; hay que aprender a respetar la verdad, y aunque no haya muchos que la defiendan, no por eso cualquiera que lea y se empape es  un maestro en esa disciplina. Por mucho que una enfermera vive con enfermos, médicos y cirujanos, y aprenda y sepa mucho, jamás se le va a ocurrir que por eso ya es un médico que puede formular recetas, o un cirujano que puede operar. Digo esto porque produce indignación el ver la falta de respeto que hay en estos menesteres. Es muy lícito formular preguntas o exponer dudas, pero una cosa es preguntar al que sabe, y otra muy distinta impugnarloEsto demuestra cuán desjerarquizados intelectualmente nos encontramos hoy en día, que cualquiera es un doctor, cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón o lo que sea, como dice la famosa canción “Siglo XX Cambalache”.

Con esto quiero dejar claro que acepto todas las preguntas, dudas que se quieran hacer, pero no las del fariseo que pregunta siinterés de la verdad, sino que lo hacepara poner una zancadilla. No voy a contestar las preguntas que se hacen para impugnar lo que se desconoce.  Claro está, que responderé en la medida que pueda, según mis límites, pues como es natural, nadie se las sabe todas. Pero una cosa es querer aprender y otra cosa es refutar la verdad. Y si se tiene una posición contraria, pues simplemente expóngala y si es errónea, alguien con capacidad intelectual la podrá rebatir. 

No nos queda más que decir y esperar la gloriosa y bienaventurada esperanza de la Parusía, diciendo: “Si alguno no ama al Señor, sea antema, Maranatha. (I Cor.16.22”).

P. Basilio Méramo

Bogotá, Junio 29 de 2013

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5 replies »

  1. Me gustaría saber si el P. Méramo conoce lo concerniente a las apariciones de Ezquioga, en las que se mezclaron videntes ilusos o aún diabólicos con videntes de buena Fe. Fueron condenadas por el Santo Oficio debido a las enormes presiones del gobierno masónico de Azaña y del Gobierno del País Vasco. Hubo personajes dudosos como el P. Laburu que las combatieron pero también hubo personajes insignes como el mártir obispo Irurita y otros de vida ejemplar que las aceptaron. La línea del Santo oficio fue contradictoria con sus Intervenciones iniciales.
    Pues bien en ellas junto con otras profecías que se cumplieron- terrible guerra española y persecución sangrienta- se habla de un Milenio sui generis en el que Cristo bajaría con los bienaventurados a reinar mil años sobre la tierra ( es dudoso que no hablara también de viatores).
    Naturalmente lo pregunto por curiosidad porque no tengo opinión formada sobre ello. Quizás eso no se pueda aceptar y habría que rechazarlo como hace el P. Urrutia en un folleto suyo : “El tiempo que se aproxima “

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  2. Estimado P. Méramo, me gustaría agradecerle por su predicación de estos temas, así como las enseñanzas de teología que da en sus sermones. Escucho siempre sus sermones de los domingos y creo que he aprendido mucho de ellos. Quiero, humildemente, alentarlo a que continúe con su labor. Que la Virgen María lo guíe y lo proteja.

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  3. La verdad es que debo agradecer no poco al estimado P. Méramo que haya atraído nuestra atención no sólo sobre la obra del P. Lacunza, sino además, sobre las corrientes milenaristas modernas; que se están revelando de lo más interesantes.

    Asumiendo desde el principio que tratamos aquí exclusivamente del milenarismo llamado espiritual o patrístico, entremos en materia:

    Aunque, de modo variado según uno u otro autor, y con no pequeñas diferencias entre ellos, es difícil admitir que una doctrina particular, no compartida por buena parte de sus contemporáneos del los siglos I-IV, pueda ser tenida como de origen apostólico, sin que la Iglesia Apostólica por antonomasia (la de Roma), la haya predicado nunca, y la haya mirado con ojos más bien severos.

    Las alusiones personales en contra de la persona de Orígenes, impropias en la pluma de un sacerdote, ni quitan ni ponen acerca del valor de una doctrina. Y desde luego, atribuir un origen tan deshonroso a lo que fue la práctica exegética constante de la Iglesia Apostólica de Alejandría, ya conocida por los LXX, todavía parece menos afortunado. Si de ese peso son los demás argumentos, mal hemos empezado.

    Acerca de los conocimientos teológicos y exegéticos de los consultores y jueces del Santo Oficio, cabe decir que los de España no le cedían a ninguno.

    Sin embargo, aunque los beneméritos Inquisidores tanto de la España peninsular como los de Méjico ya habían mandado prohibir la lectura de la obra y recoger todas las ediciones de ella, (piratas y sin los debidos permisos eclesiásticos y reales que toda obra no subversiva se honraba en llevar); no fueron ellos los que formulan los cargos, sino los del Santo Oficio Romano, con la formulación del Card. Fontana, el acuerdo de la Plenaria, y la aprobación in forma specifica del mismo Papa León XII, en la habitual audiencia de tabella de los Jueves. (Al parecer, todos unos ignorantes).

    PUNTO UNO. Interesante método teológico, muy utilizado por todos los que han querido zafarse de la autoridad de la Iglesia y de sus Doctores, pretextando un “retorno a las fuentes”. Porque la Iglesia está asistida por el Espíritu Santo, que nos va recordando TODO lo que nos ha sido entregado. Y normalmente, no sigue un esquema regresivo-decadente de más a menos, como ocurre en las demás ciencias humanas que se basan en el testimonio falible y torcible, (como la Historia), en que según pasa el tiempo y se multiplican los intermediarios, menos fiable es el testimonio; sino de menos desarrollo a más desarrollo en el entendimiento explícito del depósito entregado. Y uno de los aspectos de ese desarrollo, reside en desechar opiniones, que aunque hayan sido muy seguidas en algún tiempo, e incluso durante varios siglos, al fin son abandonadas, a favor de un mejor entendimiento, unas veces sancionado por la autoridad eclesiástica, y otras, simplemente tenido en pacífica posesión teológica. Es así el caso, por ejemplo, del entendimiento de la relación existente entre el poder de Orden y el poder de jurisdicción. Muchos creyeron que la jurisdicción provenía del Sacramento del Orden, hasta que esa opinión se abandonó, antes de ser resucitada por galicanos y jansenistas, y finalmente, por el seudoconcilio Vaticano II.

    Por mucho que se intente solicitar nombres y textos de allá o de acullá, jamás se obtendrá que una parte notable de los Padres de los tres o cuatro primeros siglos hayan sostenido el sistema milenarista, tal y como viene formulado en la obra del P. Lacunza. Leyendo sus escritos, uno se da cuenta de que incluso los aparentemente favorables diferían grandemente de unos a otros, y proponían su sentimiento, no con la seguridad de poseer alguna doctrina enseñada autoritativamente por el Apóstol san Juan, sino una particular opinión, que muchos otros, ya en aquellos primeros siglos, estaban muy lejos de compartir, en primer lugar la Sede de Roma, y sus Pontífices. Ante el juicio, al menos negativo, de esa Iglesia Madre, evidentemente sanior pars, no cabe duda de que tal creencia puede con justicia ser llamada peregrina y singular.

    PUNTO 2. Supone probado lo que precisamente está en discusión, a saber, que ese pasaje de la Escritura deba interpretarse en sentido literal. Pero es que incluso si se interpreta ese pasaje en sentido literal, cabe perfectamente un sentido concordante con la doctrina comúnmente enseñada, sin necesidad de recurrir a ese espacio de tiempo tan dilatado entre una y otra resurrección. Cabría pensar, que el Día del Juicio Final, resuciten primeramente los justos, y luego los prescitos, cosa que yo no aseguraría, por aquello del “In ictu oculi”, pero que no es absurdo, y desde luego, tiene bastante más plausibilidad que el suponer un espacio de mil años en que los justos resucitados vivirían ya con su cuerpo glorioso, mientras que seguirían existiendo viadores (lo cual parece imposible pueda ser, porque las propiedades de los cuerpos gloriosos son tales que hacen participar de la celeste beatitud a todos los que se acercan a ellos, situación incompatible con el estado de viador, que vive todavía por la Fe).

    Como le dijo san Roberto Belarmino al persistente Galileo, para obligar a la Iglesia a interpretar un pasaje (o varios concatenados) en sentido diferente a como ella, a través del consenso de Padres y Doctores, lo enseña, son necesarias pruebas muy fuertes y apodícticas. Ni su sistema astronómico-teológico las aportaba entonces, ni el sistema profético-teológico lacunciano las aporta en el tema del que al presente tratamos.

    PUNTO 3. Parece que aquí, por conflagración, no hay que entender el sentido moderno, bélico del término, sino el antiguo, todavía de uso común a principios del S. XIX, y que indica un gran incendio. De lo que habla la objeción, es de que al fin del mundo, y después de la Resurrección de toda carne, el mundo será renovado por el fuego. El sistema lacunciano pretende que habría un primer incendio del mundo, que sólo acabaría con los malvados. Cosa que pocos o ninguna ha sostenido con algún argumento de peso.

    PUNTO 4. Lo que la Iglesia siempre ha creído, es que al final del mundo, todos los hombres que han vivido y han muerto, desde Adán hasta el último antes de esa Resurrección general, todos al mismo tiempo, In ictu oculi, como dice san Pablo en ICor 15, volverán a recuperar el mismo cuerpo que antes tenían, pero con muy distintas propiedades: Porque los salvados tendrán cuerpos gloriosos, mientras los condenados los tendrán horribles y sufrientes. Todos, en su propia carne, se mantendrán ante el Trono de Dios, todos escucharán la sentencia última del Juez, y todos contemplarán entonces el gran fresco de la historia de la humanidad, en que se revelarán todos los porqués hasta entonces ocultos. Siendo ello infaliblemente así, ¿Qué sentido tendría una primera resurrección, parcial, de sólo todos, o una parte, de los justos, y que éstos vuelvan a la tierra, para “reinar” sobre un mundo que, al parecer, ya no funcionaría según las reglas normales de soberanía, sino que sería gobernado misteriosamente por esos resucitados, esa especie de nuevo Olimpo dominante sobre las órdenes de los nuevos reyes de la tierra…Es evidente que aquí, estamos en presencia de otra Iglesia, que ya no es la Iglesia Católica Apostólica y Romana, puesto que la divina constitución que tiene, por voluntad e institución de su mismo Fundador, JesuCristo, se vería radicalmente alterada. Ya no tendríamos un poder de jurisdicción capaz de ser ejercido exclusivamente por los viadores, sino que tendríamos que en cualquier momento, los comprehensores podrían alterar sus juicios y disposiciones, y reformarlos, como pertenecientes a un super-poder celeste. ¿Qué soberanía tendrían estos reyes, si en cualquier momento, como ocurría con los éforos de la antigua Esparta, una orden superior puede cambiar sus disposiciones? Por no hablar del gran Ausente: En todo esto, ¿Dónde queda el Papado? Por lo que veo, desaparecería, ya que, estando presente el Amo, ¿Qué necesidad tenemos ya de Vicario?
    Claro que esto ya no sería la Iglesia Romana, que debe durar en su propio ser hasta el fin del mundo, sino otra cosa. ¡Cuántos, a lo largo de los siglos, han pretendido que se hallaban en tiempos novísimos, y que por ende, la Iglesia Romana había caducado, como la Sinagoga, y debía dar paso al Reino!

    PUNTO 5. Acumular nombres en un intento de sepultar bajo los mismos al gran san Jerónimo no adelanta en nada la posible solución a este punto. La cuestión es: ¿Qué sentido tiene suponer que va a bajar del Cielo una ciudad celestial, para regir a una humanidad de viadores? Sencillamente, rompería todo el Orden divino que Nuestro Señor ha impreso en nuestro mundo, y que el mismo Dios Obedientísimo observa cuidadosamente. Cuando sabemos por las vidas de los santos que éstos, ya en la Gloria, cuando venían a visitar a sus hijos o protegidos aún moradores de esta tierra, evitaban mezclarse en los asuntos propiamente de dirección espiritual, aconsejando a sus pupilos que recurrieran a los confesores y directores deputados, que es a quienes el Señor daba gracia específica para ello.
    De repente, se rompería ese orden perenne, y los viadores se verían gobernados directamente desde el Cielo venido a la tierra, como una especie de Nueva Atlántida, tan caras a gentes como Francis Bacon, Isaac Newton, John Milton, John Locke, o William Blake, poco católicas, by the way…

    PUNTO 6. Volvemos a lo mismo. El sistema, desde luego que no, pero la idea, tampoco, salvo que se interprete literalmente ese pasaje apocalíptico, que es precisamente de lo que aquí tratamos, y que como en el caso de Galileo, no ha quedado demostrado la necesidad de cambiar de sistema interpretativo, por mucho que su autor y defensores porfiaran en que sí. Interpreta la Escritura en sentido diferente al comúnmente expuesto por los Padres, y asumido por la Iglesia en su Magisterio Ordinario y Universal, indudablemente infalible, afirmando además que los Padres y Doctores que no se conforman con su interpretación, más bien son estorbo que ayuda, en la labor de evangelizar a los judíos. Afirmación ésta difícilmente creíble en boca de un católico…

    PUNTO 7. Ingeniosa distinción, pero que desde luego, no adelanta la solución de nuestro problema, la licitud, y el acierto de la interpretación literal de esta parte de la Escritura. Por cierto, que aquí, nadie “impone su sistema”, sino que todos, estamos obligados a reconocer la realidad siguiente: La opinión milenarista jamás fue mayoritaria, ha sido totalmente abandonada desde el S. IV, ha sido mirada con recelo y sospecha por la infalible Iglesia de Roma, y no puede ser enseñada con seguridad, aún cuando se la atenúe todo lo posible.

    PUNTO 8. No me pondré yo aquí a discutir, si son galgos o son podencos. Sólo diré, que la creencia universal mantiene que aquí, se está hablando del Último Juicio, y no de ninguna Venida intermediaria o milenaria.

    PUNTO 9. Podría estar de acuerdo, al menos de algún modo, con D. Benjamín, en el sentido de que ciertas profecías se van cumpliendo de manera cada vez más ajustada, aunque no todas.

    PUNTO 10. La Mujer apocalíptica no puede ser símbolo de algo que como tal, ha dejado de existir. Las XII Tribus han quedado completamente disueltas entre los demás pueblos del mundo, siendo así que es más probable que muchas gentes europeas tengan más proporción de sangre hebraica, que los mismos sefarditas. En cuanto a los ashkenazíes, tienen poquísima o ninguna. Pero sobre todo legalmente, espiritualmente, el Israel de Dios son todos los miembros de la Iglesia Católica Visible, nadie más. Los que actualmente se llaman judíos, por el mero hecho de ponerse debajo de esa bandera, forman parte del cuerpo visible del Anticristo, (sin entrar en el fuero interno de su responsabilidad subjetiva) y sería una grave ofensa el llamarlos siquiera Israel.

    PUNTO 11. ¡Albricias! Que por lo menos se reconozca un error en la obra del P. Lacunza. Ahora bien, afecta muy gravemente a todo el resto. Porque lo que se viene a pretender a través de toda la obra, es nada menos que lo siguiente: Que la Iglesia Católica Romana ha sido solamente algo provisional, y que los Judíos volverán a ser el pueblo rector y guía de la Humanidad, que la Sinagoga volverá a tomar el puesto de honor temporalmente cedido a la Iglesia, y que los ritos judaicos volverán a tomar el puesto de los ritos católicos, ya caducados. No cabe duda de que la lógica del sistema lacunciano funciona perfectamente. Como nos ha recordado lo ocurrido con la revolución litúrgica bugniniana, Lex orandi, Lex credendi. Tal como se reza y adora, así es también la creencia. Pero la Iglesia siempre ha enseñado que el mero uso de los ritos judaicos era una anti-profesión de Fe Católica, porque era como significar externamente que Cristo aún no había venido.
    No había nada más importante para un judío que el Culto del Templo, ése es precisamente el punto central del sistema lacunciano, y no puede ser simplemente reinterpretado como culto católico. Porque con la Sinagoga, pasaba como con la Iglesia, que iban siempre juntas estas tres cosas: La creencia, el culto, y la potestad legal. Si se restaura el culto judaico, automáticamente se restauraba también las creencias rabínicas, y la autoridad del Sanedrín, ahora celeste, y de su Sumo Sacerdote y Rey, presuntamente Nuestro Señor JesuCristo, que se habría divorciado de su Esposa la Iglesia, a quien había prometido que estaría con ella todos los días hasta el fin del mundo (Mt.28,20), para recasarse con la Sinagoga.

    Gracias a que el P. Lacunza conoció una época de mucha debilidad en el Santo Oficio. Si se le hubiera ocurrido decir lo mismo en la España de los Reyes Católicos, no habría salido tan bien librado.

    PUNTO 12. Más bien, parece que es el P. Lacunza el que interpreta alegórica o literalmente uno u otro pasaje, según convenga para la edificación de su sistema. Porque él interpreta literalmente lo que la Escritura dice simbólica o alegóricamente, mientras que, como hemos visto antes, cuando la Escritura trata claramente del último Juicio, él, con todo desprecio por la interpretación unánime, no teme afirmar que es sólo una parábola.

    PUNTO 13. Unanimidad patrística más que dudosa. Pero aunque se hubiese dado realmente, no probaría nada. La verdadera interpretación, la da la Iglesia, custodia e intérprete oficial e infalible de las Sagradas Escrituras, entre otros modos, a través de su Magisterio Ordinario y Universal, tal como expresado, por ejemplo, en los textos del Catecismo Romano, aprobado por el Papa san Pío V, y que puse en mi anterior intervención.

    (O esta exposición del P. Mazo, a partir de la pág. 78, que resume bien lo que siempre se ha creído: https://moimunanblog.files.wordpress.com/2011/04/catecismo-catc3b3lico-24.pdf)

    No se condenó a los Padres antiguos que sostuvieron tal opinión, porque se entendió que tomaron un núcleo de verdad, y lo mezclaron con algún error inocente, fruto del poco desarrollo teológico y de la inconexión de las diferentes iglesias entre sí y con la Sede Romana, por estar sometidas a las persecuciones. Sin duda sabían, que llegaría el día en que Nuestro Señor intervendría de manera decisiva, y que restauraría la influencia de su Iglesia, mediante un triunfo que asombraría a la tierra entera. Pero se equivocaron, al suponer que esto necesariamente se operaría con una venida intermediaria de Nuestro Señor JesuCristo, que reinaría corporal y visiblemente por mil años.. No digamos nada, suponiendo una resurrección parcial de sólo los santos, que convivirían con los viadores.
    Y también, al suponer que la divina constitución de la Iglesia pueda sufrir alteración tan notable, sin convertirse en otra cosa.

    Al decir “Reino corporal”, ¿A qué se estará refiriendo? ¿A que Nuestro Señor reinará con su cuerpo glorioso visible? Si es así, no parece que pueda ello ser, puesto que pasó el tiempo en que debía asumir las características de hombre viador, celando su Gloria a las miradas de los hombres. Si Nuestro Señor estuviese en tierra, con su Cuerpo brillante de luz tabórica, ya no habría hombre capaz de continuar con su penosa existencia de viador, como bien experimentó el Apóstol san Pedro “Hagamos tres tiendas”.(Luc. 9,33).

    ¿O es Reino únicamente eucarístico? Si ese es el caso, ¿Cuál sería la diferencia respecto de nuestra situación actual?

    ¿Por qué esa insistencia en distinguir siempre judíos de gentiles? Cuando ya no hay casi judío verdaderamente descendiente de Abrahán, y que todos los que se convierten al cristianismo, dejan de ser judíos, como le ocurrió a Salomón ha Leví, primero Gran Rabino de Castilla, y luego de su conversión, obispo de Burgos, con el nombre de Don Pablo de Santamaría., y que desde luego, no se habría calificado como judío, ni habría llamado gentiles a sus diocesanos.

    Más inquietante todavía es el extracto siguiente: “un reino en que el poder será del pueblo de los santos altísimos, al cual (pueblo) todos los reyes le servirán y obedecerán. “

    ¿Qué pueblo de los santos es ése, para que los reyes de la tierra tengan que estarle sirviendo?

    Si es la multitud de los santos que ya gozan de la beatitud eterna, no tiene sentido alguno que unos reyes terrenos les sirvan. Máxime cuando los mismos santos del Cielo, incluso ya canonizados, siempre han mostrado un exquisito respeto a los reyes cristianos legítimos, aunque fueran viadores, cuando se dignaban aparecerse a alguno de ellos.
    ¿O se trata de los judíos, a quienes se les habría restituido su lugar primigenio, y se convertirían en la aristocracia sacerdotal de los pueblos, que deberían respetarlos y obedecerlos como a “hermanos mayores”?

    Creo haber actuado en toda buena fe suscitando las graves preguntas arriba reseñadas, y desde luego, no creo que sean zancadillas. Todo católico necesita absolutamente saber si va a quedar incluido en otra Iglesia (o Sinagoga), que ya no será la misma tal como la fundó Nuestro Señor JesuCristo, lo mismo que necesita saber si la presente iglesia conciliar sigue siendo la Iglesia Católica, o una monstruosa falsificación.

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