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EL BUEN USO DE INTERNET


calumnia

De   LA MISSION SAINTE -AGNÈS

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El buen uso de Internet y de este sitio en particular

Fidem servavi

Internet es una Red totalmente  pública, donde cualquiera puede “publicar” lo que quiere, de todo y de  cualquier cosa, al menos hasta un cierto límite.

Por ello, es importante comprender  que Internet en el mejor de los casos es una enciclopedia con muchos artículos de calidad muy desigual, y en el peor, un colector, una alcantarilla de todo los que los seres humanos pueden secretar tanto por el cerebro como por  otros órganos.

Entre ambos extremos, Internet sería como un mercadillo  donde  se amontonan elementos e informaciones  de origen más o menos verificable, de  tipo material o espiritual, natural o sobrenatural, ortodoxo o herético, divino, humano o diabólico, público  o privado, etc.,  que es preciso manejar con extrema precaución.

Uno  no debería aventurarse a entrar en la web, sino como  lo hace en un vertedero, es decir provisto, a priori, de una gran reserva sobretodo si se busca algo específico.

Uno no debería aventurarse en

Se debe entrar en internet con las precauciones que uno tiene en un vertedero

Porque Internet no se consulta, sino que se utiliza. En ningún caso es un oráculo que nos da, en un par de clics, respuesta a cualquier pregunta reducida a algunas palabras claves  escritas en la barra de búsqueda. Ahora bien, no hace falta decirlo, son muchos los que se contentan con formarse una opinión por medio de la lista de  resultados  obtenidos tocando la tecla “enter”.

No es nada  extraño que ésta sea la  manera de proceder del hombre moderno totalmente acostumbrado a la anarquía de la razón, con una mentalidad  deformada por una educación atea. Pero que los católicos se comporten así, supera  toda comprensión.

Como tantas cosas terrenales, Internet es un espejo de la mente,  cosa que no es un misterio. A menos de que se emplee con una  sana disposición  y con las precauciones  a priori de las que hemos hablado, es algo inevitable  que la subjetividad de quien lo emplea termine por reflejarse  a sí misma  en los resultados de la búsqueda.

No insistiremos en la fascinación de lo escrito, derivada  de la obligada  reverencia  que se tenía antaño a la Sagrada Escritura. Hoy en día, Internet parece ser, al menos en el ámbito de la libre circulación de  ideas, la mejor herramienta para lograr el proyecto democrático, hasta ahora utópico en gran medida.

El católico también, al conocer  la enseñanza ofrecida  en esta materia por el Magisterio, especialmente en el siglo XIX,  debería resistir a a la tentación de relacionar la autoridad de una declaración con  su publicidad, con su carácter público.  Dicho de otra manera,  no debe considerarse  algo verdadero por el hecho de estar en Internet.  Ello tiene además que ser  cierto, y la certeza se adquiera por medio de la objetividad y la racionalidad de la investigación.

Esta afirmación, que es evidente, es importantísima. En muchos casos, el contenido de Internet es sólo la opinión privada puesta  a disposición de cualquier persona. Se comprende, pues,  que ofrece a cualquiera el medio de realizar su “voluntad de poder” a la medida de sus fantasías, de su ignorancia o de su maldad.

Por unas  decenas de euros al año,  cualquier individuo con un dominio en la Red, ignorado por sus semejantes en la “vida real” a causa de su mediocridad, tiene la oportunidad  de  sentirse dotado de un poder ilimitado en la Red.

Cada “post” que cuelga es virtualmente una encíclica, ya que técnicamente es posible que se lea  ¡ por  millares de  internautas! Se  comprende que la publicidad  unida a la insignificancia, especialmente cuando se combina con la rabia de ser un desconocido, da a cualquier persona un enorme poder de hacer daño, lo que es tan cierto, cuanto que se dirige a personas tan ignorantes como él…

Alegoría de la Calumnia

Alegoría de la Calumnia

La Religión Católica tiene una doctrina moral muy precisa, que regula las condiciones de este último caso. Nos dice que lo que ella llama  pecados de la lengua (que son, por extensión, también los de la pluma o el teclado) son mortales en su género, hacen perder la gracia santificante, de manera que  el alma así privada  de la vida divina,  está muerta y en camino de la perdición eterna. Trátese de la difamación, la murmuración, la calumnia, el juicio o sospecha temeraria, o de la mentira, la sentencia es la misma (véase más adelante un extracto del Catecismo).

Aunque alguien se esfuerce en llevar una vida completamente regulada y aparentemente virtuosa, si transmite  tal o cual información falsa (a través de Internet o en otro medio), carga con  un pecado mortal, que vuelve nulas, vanas y sin mérito  las demás  buenas acciones.

Frecuentemente no se piensa en ello; y aunque este pecado nos parezca trivial y sin incidencia no solamente en nuestras propias vidas sino también en las de aquellos de quienes se habla-y que nunca lo sabrán (según se cree)- provoca inevitablemente la cólera divina.

Acerca de los Canónigos Regulares de San Agustín

Por otro lado, con respecto a las realidades humanas, especialmente las de las comunidades religiosas,  Internet es  además de un escaparate, un boletín de noticias, que permite que sean conocidas  algunas de las actividades que se realizan en ellas, con el fin de informar de su sencilla existencia.

Puede, por ejemplo, anunciar que  se celebrará una misa,  bien que para participar en ella haya que estar  físicamente presentes. Seguir  la misa en la “Red”, mediante  una cámara que transmita en directo las imágenes  puede ser una innegable  fuente  de consuelo para aquellos que no tienen el privilegio de estar presentes.  Pero aunque se comulgue por el deseo (lo cual es más difícil de lo que se piensa), esto no sustituye a la asistencia corporal,  ya que sólo ella permite la comunión en el sentido propio y cabal del termino.

Vivir pendientes de internet, para  descargar  informaciones de todo tipo, sentirse obligado a mantener  al corriente a un aerópago indefinido que se supone contiene el aliento ante nuestros “posts” más allá  del interés  documentario que esto pueda representar  para eventuales historiadores  y cronistas, supone lo que San Juan llamaba el “orgullo de la vida“.

Nuestra Comunidad no considera útil ni necesario participar en este tipo de complicaciones.  Sin embargo,  usando  las palabras de nuestro divino Maestro, decimos a aquellos que querrían conocer la  Religión Católica para abrazarla  y ser eventualmente salvos  de la Cólera venidera,  a través de la frecuencia de Sacramentos y del uso ordenado de los medios de salvación que la Iglesia ofrecerá hasta final de los tiempos; decimos :Venid  y ved” (Ev. según San Juan, I, 39)

Es sorprendente  constatar que, contra todo buen sentido, los que quieren enterarse de todo ello, prefieren interrogar a gentes próximas incapaces de dar una respuesta verdadera.  Y es más extraño todavía  el caso  de quien habiendo acudido a la buena fuente continúe expandiendo falsedades y calumnias como si no fuera nada la cosa.

Internet se caracteriza por la posibilidad de mantener el anonimato de los usuarios,  por lo que la gran mayoría lo utiliza sin cortapisas. Pero los que quisieran resolver cualquier duda  que se les ofrezca, no tienen ninguna excusa  para no aprovechar la oportunidad de consultar directamente a los Canónigos Regulares de San Agustín.

Recordamos a  los usuarios de Internet que no hagan de él un uso atinado, es decir que planteen preguntas  que ya están respondidas con claridad en el sitio, que somos una comunidad sedevacantista de sacerdotes católicos, que se rigen por la Regla de nuestro Padre San Agustín. Nuestros sacerdotes están bajo la obediencia de Mons.Michael French, obispo católico  romano residente en el Reino Unido.

Nuestras órdenes sagradas provienen de la Iglesia Católica Romana, conferidas por el ritual tradicional Pontificale Romanum. La historia de nuestro linaje apostólico esta resumida  aquí.

Profesamos la fe católica ortodoxa, celebramos la liturgia según los decretos  del Concilio de Trento siguiendo el Ordo tradicional y la disciplina de la Iglesia  en el marco del Codigo de Derecho canónico de 1917.

¿Qué debemos entender  por el término “Vaticano II” ? Obviamente, una apostasía de la Tradición.  La iglesia que ha dado como resultado no puede ser considerada como la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica fundada por Nuestro Señor Jesucristo. Nosotros sentimos indiferencia hacia  ella,  como somos indiferentes a la iglesia luterana, calvinista, neo-galicana, anglicanas y otras religiones falsas.

Nuestra fidelidad a la Santa Sede, es decir al  Soberano Pontífice, sucesor de San Pedro,  Vicario de Nuestro Señor Jesucristo, garantía firme de la fe católica es inquebrantable. “El carisma de la verdad y la fe inquebrantable  fue dada por Dios a Pedro y a sus sucesores en esta cátedra, para que cumplan con su alta misión de  la salvación de todos, a fin de que el rebaño universal de Cristo, apartado  de los alimentos envenenados del error sea alimentado con la doctrina celestial, para que  suprimiéndose  toda ocasión de  cisma ,  sea conservada  la entera unidad de la Iglesia y  establecida  en su fundamento se mantenga firme contra  las puertas infierno. “(Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor Aeternus, en Denzinger 2001 N º 3071)

El Santo Sacrificio de la Misa lo ofrecemos  con pureza  libre de toda unión al personaje  que actualmente ocupa la Sede de la Cátedra de San Pedro,  profanándola y usurpándola, lo que la deja  absolutamente  vacante y manchada  – situación terrible, pero ya predicha  en tiempos de la Antigua Alianza por el profeta Daniel (Daniel VIII, 11), y ya anunciada por nuestro Señor Jesucristo como la abominación de la desolación (S. Mat. XXIV, 15).

Como enseña S. Cipriano de Cartago “: Adherirse a un falso obispo de Roma, es estar fuera de la comunión de la Iglesia. “

Ésta nuestra posición es inequívoca.

Extracto del 

Catecismo Mayor de San Pio X,

Octavo Mandamiento:

“No dirás falso testimonio ni mentirás. »

( Parte III  cap. 3, § 5.)

Del octavo mandamiento

452.- ¿Qué nos prohíbe el octavo mandamiento: NO DIRÁS FALSO TESTIMONIO NI MENTIRÁS? – El octavo mandamiento: No dirás
falso testimonio ni mentirás, nos prohíbe atestiguar en falso en juicio; prohíbe además la detracción o murmuración, la calumnia, la adulación, el juicio y
sospecha temeraria y toda suerte de mentiras.
453.- ¿Qué es la detracción o murmuración? – Detracción o murmuración es un pecado que consiste en manifestar, sin justo motivo, los
pecados y defectos de los demás.
454.- ¿Qué es calumnia? – Calumnia es un pecado que consiste en atribuirmaliciosamente al prójimo culpas y defectos que no tiene.
455.- ¿Qué es la adulación? – Adulación es un pecado que consiste en engañar a uno diciendo falsamente bien de él o de otros, con el fin de sacar
algún provecho.
456.- ¿Qué es el juicio o sospecha temeraria? – Juicio o sospecha temeraria es un pecado que consiste en juzgar o sospechar mal de uno sin
justo fundamento.
457.- ¿Qué es mentira? – Mentira es un pecado que consiste en asegurar como verdadero o falso, con palabras o con obras, lo que no se tiene por
tal.
458.- ¿De cuántas especies es la mentira? – La mentira es de tres especies: jocosa, oficiosa y dañosa.
459.- ¿Qué es la mentira jocosa? – Mentira jocosa es aquella con que se miente por burla o juego y sin perjuicio de nadie.
460.- ¿Qué es la mentira oficiosa? – Mentira oficiosa es la afirmación de una falsedad por el propio o ajeno provecho, sin perjuicio de tercero.
461.- ¿Qué es la mentira dañosa? – Mentira dañosa es afirmar una cosa falsa con perjuicio de tercero.
462.- ¿Es lícito alguna vez mentir? – Jamás es lícito mentir, ni por juego, ni por interés propio o ajeno, por se cosa en sí mala.463.- ¿Que pecado es mentir? – La mentira jocosa u oficiosa es pecado venial, pero la dañosa es pecado mortal, si el daño que acarrea es grave.
464.- ¿Es preciso decir siempre todo lo que se piensa? – No siempre es preciso, especialmente cuando el que pregunta no tiene derecho a saber lo
que pregunta.
465.- ¿Basta la confesión al que ha pecado contra el octavo mandamiento? – Al que ha pecado contra el octavo mandamiento no le
basta la confesión, sino que tiene obligación de retractarse de cuanto dijo calumniando al prójimo, y de reparar, del modo que pueda, los daños que le
ha causado.
466.- ¿Qué nos manda el octavo mandamiento? – El octavo mandamiento nos manda que digamos la verdad en su lugar y tiempo, y que
echemos a buena parte, en cuanto podamos, las acciones de nuestro prójimo.

 

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