ALL POSTS

INFALIBILIDAD: RESPUESTA DEL P. MÉRAMO


RESPUESTA A UNA RESPUESTA DE “FRAY EUSEBIO”

SOBRE LA INFALIBLIDAD Y EL MAGISTERIO.

Este es el enlace del documento PDF cuyo texto publicamos abajo. de la respuesta del P. Méramo a la objeción de Fray Eusebio a la crítica del P. Méramo al trabajo publicado en este blog del P. Barbará sobre la “infalibilidad del Magisterio Ordinariio de la Iglesia” y en particular del “Magisterio Ordinario de los papas “.

Naturalmente estamos abiertos a públicar réplicas y contraréplicas sobre esta cuestión que puede hacer reflexionar a ls le tires en orden a hacer de todo ello un juicio práctico.

éste es el texto de la respuesta:

 

Lamentablemente, antes del atípico Concilio Vaticano II (conciliábulo) —que pretende  ser lo que no es  ni puede ser, es decir: un Concilio Ecuménico pero no infalible—, ha habido  una gran confusión entre los teólogos sobre la infalibilidad  del magisterio de la Iglesia incluida la del Papa, lo cual complica las cosas a la hora de querer explicarlas y ponerlas en claroateniéndonos a lo que la Iglesia ha definido al respecto;y el tema se dificulta más cuando se quiere encontrar una solución ante la herejía modernista que afecta a los Papas o Antipapas desde el Concilio Vaticano II hasta la fecha. Todo esto origina gran confusión, y se entienden así, los reparos de “Fray Eusebio” (que es un fiel español que dice conocerme pero que no tengo el gusto de saber quién es) y de muchos sedevacantistasviscerales, apodícticos, categóricos, dogmáticos y voluntaristas, tal como fue el caso del Padre Barbará, quién torna en argumento de fe, lo que es una cuestión teológica.

Se confunde, así, una cuestión  teológica con una cuestión dogmática de fe, y por eso todo el que no piense igual es un hereje, o cuasi hereje. Por si fuera poco todo esto, por consiguiente, origina divisiones.

Dicho esto, trataré de responder para esclarecer los conceptos al respecto, aunque hay que decir que no hay una respuesta neta y clara de su parte, no se ve con precisión lo que objeta.

Respecto al sentido que tiene la afirmación: “El Papa goza de la misma infalibilidad de la Iglesia”, es el de la primacía que tiene la infalibilidad de la Iglesia (como todo), ante la infalibilidad del Papa (como parte) al sercabeza y fundamento visible de la Iglesia; lo cual es evidente, ya que el todo nunca se identifica ni se confunde con sus partes, es una cuestión de simple lógica. El Papa es infalible porque la Iglesia es infalible y no al revés, como es la tendencia después de la promulgación del dogma de la infalibilidad del Papa ex cathedra.

La explicación que da “Fray Eusebio”, es la interpretación defectuosa que él hace, pretendiendo incluso decir que no es así como los mejores doctores católicos han explicado el asunto.

Sé debe saber que hay tres maneras de ejercerse la infalibilidad en la Iglesia (entendiendo siempre la Iglesia docente), y estas son: 1° la de toda la Iglesia (todos los obispos incluido el Papa como cabeza del colegio apostólico) dispersos por el mundo cada uno en sus diócesis (y el Papa en Roma o donde esté) cuando unánimes enseñan una verdad de fe y costumbre, y esto es el Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia;2° la de toda la Iglesia docente (todos los obispos incluido el Papa como cabeza del colegio apostólico)reunidos en Concilio, este es el Magisterio Extraordinario Universal infalible de la Iglesia, 3° lainfalibilidad del Papa solo (aisladamente,unilateralmente) sin el colegio apostólico, sin el concurso de los otros obispos, ya que goza (tiene) de la misma infalibilidad de toda la Iglesia docente, de todo el colegio apostólico, cuando habla ex cathedra; este es el Magisterio Extraordinario Universal del Papa. Todo otro magisterio es auténtico pero no es infalible. La pretensión de hablar de un magisterio ordinario del Papa solo, es extender abusivamente la definición de la Iglesia más allá de sus palabras o parámetros, lo cual viene a ser una corrección de lo definido solemne o extraordinariamente. Pretender que la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa está  implícito en la definición, es un error craso; basta decir para refutarlo ateniéndonos a lo que dice el canon 1323, §3 del Código de Derecho Canónico de 1917 que un  dogma debe estarclaro y  explícito para serlo, de lo contrario no  es un dogma declarado o definido solemnemente: “No se ha de tener por declarada o definida dogmáticamente ninguna verdad mientras eso no conste manifiestamente”.

Además, por si no basta esto  que es categórico y suficiente, puesto que hay algunos muy duros de mollera, recordemos que en el mismo canon se dice que las únicas definiciones solemnes son las emitidas por el Magisterio Extraordinario Universal  o solemne,sea el de un Concilio Ecuménico, sea el del Papa solo:“El dar definiciones solemnes pertenece tanto al Concilio Ecuménico como al Romano Pontífice cuando habla ex cathedra” (Canon 1323, §2). Todo lo que la Iglesia exige en materia de fe es: “Hay que creer con fe divina y católica todo lo que se  contiene en la palabrade Dios escrita o en la tradición divina y que la Iglesia por definición solemne o por su magisterio ordinario y universal propone como divinamente revelado”. (Canon 1323, §1). No  hay lugar para hablar de otro magisterio infalible como pretenden aquellos que quieren que haya además un magisterio ordinario infalible del Papa solo.

Quede claro que la infalibilidad viene directamente del Espíritu Santo a la Iglesia o al Papa solo cuando hablaex cathedra. Fuera de los tres modos infaliblesmencionados, todo otro magisterio en la Iglesia esmagisterio simplemente auténtico ordinario, no infalible, con la aclaración para disipar cualquier duda, que un Concilio Ecuménico, legítimo y verdadero, es por derecho propio y esencial constitución, magisterio extraordinario universal infalible, de lo contrario no es nada, pues las cosas son lo que son y deben ser, o no son nada, en cuanto a su esencia, substancia y naturaleza se refiere.

Otra aclaración, el Papa puede ejercer su magisterio extraordinario ex cathedra, cada vez que unilateralmente (él solo) se pronuncia, y esto puede ocurrir dentro de un Concilio Ecuménico, o fuera de un Concilio, en una encíclica, en una bula, o sentado en su escritorio, etc. , siempre que reúna las condiciones que constituyen el magisterio ex cathedra, este es en cuanto al sujeto, al objeto y al modo, o también si se quiere, las cuatro condiciones que se enumeran a continuación (y que están contenidos en el anterior enunciado) y que son: cuando habla como Doctor yPastor de los cristianos, define una doctrina, por su suprema autoridad apostólica, sobre la fe y la moral;esto quiere decir que cuando el Papa se pronuncia, allí donde esté y como esté, con solemnidad o sin solemnidad, con pompa o sin pompa, con bombos trompetas y timbales o sin ellos, y se cumplan estas cuatro condiciones, será siempre infalible. Si no se cumplen, se trata de magisterio ordinario auténtico (excepto si pronunciase errores o herejías como hacen los usurpadores de ahora) del Romano Pontíficeconsiderado solo, aisladamente, o a menos que en unanimidad hable como instrumento del Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia que ejercen todos los obispos juntos y coadunados entre sí y bajo su cabeza visible el Papa. Este es el único magisterio cotidiano infalible que se puede ejercer en la Iglesia por el Papa o cualquiera de los obispos, con las condiciones del mismo, entre ellas la unanimidad, y es un error grave creer que es del Papa solo o también de cualquiera de los obispos considerado aisladamente. Claro está que este Magisterio Ordinario Universal infalible de la Iglesia, que se puede ejercer cotidianamente, no quiere decir que se ejerza necesariamente todos los días, aunque esto sería lo normal.

El verdadero problema para entender esto es, que a raíz de la herejía modernista, quieren probar la herejía del Papa para afirmar la Sede Vacante de un modo dogmático y no a través de una consideración teológica, como conclusión evidente, cierta y verdadera, pero node fe o dogmática.

Conviene recordar que fuera del Concilio Ecuménico y fuera del magisterio ordinario universal de la Iglesia los obispos y  el Papa incluido como obispo de Roma, no son infalibles, con la salvedad para el Papa, cuando esté ejerciendo su magisterio extraordinario ex cathedra.

Y esto lo vemos demostrado en el caso en que Pío XII se equivocó en la encíclica “Humani Generis”, hacia el final, donde admite erróneamente que la ciencia puede estudiar la posibilidad de que el hombre provenga de otra materia orgánica o viviente que no sea la del barro. Esto contradice lo que las Sagradas Escrituras dicen del hombre  creado a partir del barro, infundiéndole Dios a esa materia el alma; si esto no es un error y hasta una herejía, entonces ¿qué es?

De todos modos hay que recordar que la Iglesia deja muy en claro  en el Canon 1323, que no hay una verdad proclamada o definida solemnemente como dogma, sino consta explícitamente.

De otra parte, no hay que confundir la solemnidad (del magisterio ex cathedra), con la exterior (pompa), como hace ver Umberto Betti O.F. M. en su estudio LaConstituzione Dommatica “Pastor Aeternus” del Concilio Vaticano I.

No existe un magisterio ordinario universal del Papa solo, porque el magisterio ordinario universal no es del Papa solo sino de toda la iglesia docente, la cual no se reduce al Papa, sino que comprende todos los obispos incluido el Papa como cabeza del cuerpo o colegio episcopal.

Es importante recabar también, que es un error pensar que la infalibilidad en la Iglesia docente, en su versión universal tanto ordinaria como extraordinaria, deriva del Papa hacia el resto de la Iglesia o de los demás obispos; la infalibilidad deriva directamente del Espíritu Santo que es su causa, tanto a toda la Iglesia,como también cuando la recibe el Papa solo, hablandoex cathedra; luego es un error de “Fray Eusebio”y de los que como él piensan, creer que la infalibilidad viene participada y comunicada por el Sumo Pontífice. Por eso se dice que el Papa goza de la misma infalibilidad de toda la Iglesia y no que la Iglesia goza de la infalibilidad del Papa; este problema vino después de la promulgación del dogma de la infalibilidad ex cathedradel Papa, inclinando hacia el otro extremo el problema por una mala inteligencia de las cosas.

“Fray Eusebio” no duda de la capacidad del P. Barbará, no obstante hay que decir que éste formuló una herejía, borrando con el codo lo que había escrito con la mano, pues había dicho que era de fe y ahora reconoce  lo contrario, al decir: “Convengo, la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa no está enseñada formal y explícitamente. Pero nótese bien que la infalibilidad y su magisterio extraordinario, no lo es tampoco” (La Bergerie… p.203) De una parte, si reconoce que no es formal y explícito, ¿cómo va a afirmar que es de fe?, y después, ¿cómo va a decir que el magisterio extraordinario, que es el magisterio ex cathedra, tampoco lo es, cuando es un dogma definido por Pío IX?

“Fray Eusebio” por falta de lógica consecuencial, no tiene la necesaria ilación argumentativa; si quiere saber mi pensamiento al respecto, le recomiendo por lo menos leer o echarle una hojeada al trabajo“Consideración Teológica sobre la Sede Vacante”.

Espero que con esto se le aclaren las ideas y los conceptos a “Fray Eusebio”, que debería leer también el escrito que hice sobre el tema, en 1998 titulado: “La Infalibilidad y el Magisterio”.

 

P. Basilio Méramo

Bogotá, 27  de Agosto de 2013

 

 

4

 

Enviado desde mi iPad

3 replies »

  1. Estimado Sr. Moinmunan:
    Ante esta nueva instancia acerca de los controvertidos, delicados y trascendentes temas de la infalibilidad papal, distintos tipos de magisterio y declaraciones ex cathedra, le solicito insertar aquí la dirección de la página de este mismo blog donde Ud. muy amablemente, hace pocos días, publica 3 documentos que le envié, concernientes a estos mismos asuntos, y extraídos de las siguientes fuentes: 1) “La Nueva Iglesia Montiniana”, del R.P. Dr. J. Sáenz y Arriaga, 2) Infalibilidad – Magisterio de la Iglesia (tomado del la obra “Iniciación Teológica”; Editorial Herder, año 1957; Tomo I: “Las fuentes de la Teología – Dios y la Creación”; pp. 31/33), y 3) El magisterio del Romano Pontífice (Francisco de B. Vizmanos S. I. – Ignacio Riudor S. I.; “Teología fundamental”, pp. 693/95 y 703).
    Como siempre, queda a su entero criterio hacer lugar o no a esta petición, cuyo exclusivo sentido es hacer conocer estos documentos que considero de suma importancia, y que probablemente a muchos se les pasaron por alto, debido exclusivamente a lo tardío de mi aporte.
    Desde ya, muchas gracias y un saludo afectuoso.
    Joaquín.

    https://moimunanblog.wordpress.com/2013/08/25/17945/#comment-5315

    Me gusta

  2. Señor Moimunan: largo es el escrito, espero que lo considere adecuado para su blog

    En otro post hago mención a que este tan discutido asunto del alcance de la infalibilidad papal debe ser atado cada tanto a conceptos básicos, para evitar que la inteligencia de cada opinador, así sea éste un erudito teólogo, abra su propia senda. Cuando esto ocurre, lo más probable es que nos conduzca a una plantación de tomates. Ya sabemos que “cuando el cristiano se pierde, agarra para el lado de los tomates”.

    Principios elementales a tener en cuenta:

    Principio 1- La voluntad de NSJC. Aunque parezca ocioso, y peque de prolijo, reproduzco, según la traducción de Mons. Straubinger los versículos de los evangelios en que se expresa esa voluntad respecto a lo que nos interesa.

    Díjoles: y según vosotros ¿quién soy yo? Respondiole Simón Pedro y le dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús le dijo: Bienaventurado eres, Simón bar Yoná, porque carne y sangre no te lo reveló, sino mi Padre celestial. y Yo, te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella. Mt 16, 15-18

    Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como se hace con el trigo. Pero Yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanosLuc 22, 31-32

    Habiendo pues almorzado, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas tú más que estos? Le respondió: Sí Señor, Tú sabes que yo te quiero. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Le volvió a decir por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió Sí, señor, Tú sabes que te quiero. Le dijo: Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le preguntó ¿Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Se entristeció Pedro de que por tercera vez le preguntase: ¿Me quieres?, y le dijo: Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que yo te quiero. Díjole Jesús: Apacienta mis ovejas.

    Los once discípulos fueron, pues, a Galilea, al monte donde les había ordenado Jesús. Y al verlo lo adoraron; algunos sin embargo, dudaron. Y llegándose Jesús les habló, diciendo: Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra. Id pues y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a conservar todo cuanto os he mandado. Y mirad que Yo con vosotros estoy TODOS LOS DÍAS, hasta la consumación del siglo

    Resumen: Primero, hay voluntad de Jesús de elegir una persona para construir sobre ella la Iglesia: “Tú eres Pedro…” “He rogado por ti…” “Apacienta mis ovejas…”

    Segundo, hay una oración de Jesús cuyo único fin es asegurar la fe de Pedro: “Pero Yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no desfallezca” (“¿Habrá, pues, nadie de tamaña demencia que se atreva a tener por vacua en algo la oración de Aquél cuyo querer es poder?” Papa San León IX).

    Principio 2- Necesidad permanente de la infalibilidad para que la Verdad recibida a través de las Escrituras, de la Tradición, no sea alterada u oscurecida. Y permanente quiere decir en cada día, cada hora, cada minuto. ¿Es que los papas publican bandos para que quiénes quieran recurrir a su indefectibilidad en la fe sepan a qué atenerse? “Se comunica a los señores fieles que tal día a tal hora, Su Santidad el papa…”

    Si esa permanencia de la asistencia del Espíritu Santo no existiera, Jesús hubiera encomendado sus ovejas (los obispos) y sus corderos (los fieles) a alguien incapaz de cuidarlos.

    Todo análisis de la infalibilidad debe hacerse con cuidado de estar siempre a la sombra de estos principios elementales.

    Si nos alejamos del primer principio, caemos en el error de decir que “a veces, y bajo ciertas condiciones”, el papa es infalible, despreciando o ignorando la oración de Jesús, “Aquél cuyo querer es poder”, despreciando su promesa: “Yo con vosotros estoy TODOS LOS DÍAS”, despreciando lo que la Iglesia siempre enseñó.

    Si nos alejamos del segundo principio caemos en la solución absurda: La Iglesia se ha mantenido libre de error gracias a la prudencia y sabiduría de los sucesivos papas. La salvaguardia no ha sido la infalibilidad permanente, que según sus impugnadores no existe, sino las virtudes personales de los sucesores de Pedro, más poderosas que las promesas y voluntad de Jesús. De otra manera, ¿cómo se explica que durante 2000 años no se haya colado el error?

    Sentados esos principios básicos como regla para el análisis de la cuestión, podemos leer críticamente lo aportado por el lector y comentarista Joaquín, aportado en orto post.

    Sáenz y Arriaga dice:
    “(es necesario) Que el Papa hable, como Pastor y Maestro Supremo de la Iglesia, y así nos lo haga ver con palabras expresas e inequívocas”. Nunca la Iglesia enseñó eso. (Ver en Pastor aeternus las referencias a los distintos concilios mencionados como guía para CVI que luego pueden ser consultados en el Denzinger). Al revés, habría que pedirle al papa que se despoje de su condición de tal “con palabras expresas e inequívocas” para que sepamos que no está alcanzado por la asistencia del Espíritu Santo, que no está hablando como papa, o sea como Pastor y Maestro Supremo de la Iglesia. ¿O es que el papa no es siempre el Pastor y Maestro Supremo? Lo que no hace permanentemente (supongo) es hablar de fe o costumbres. Nos alejamos de lo que la Iglesia enseña y llegamos al tomatal… o a Ratzinger, no sólo por su renuncia sino porque siendo “papa” publicó un libro en que había opiniones de “no papa”

    Sigue Sáenz y Arriaga:

    “Que defina, es decir que nos diga que una verdad precisa y concreta está comprendida en el Depósito de la Divina Revelación.” Tomo al azar alguna definición que sienta doctrina en la que el papa no hace tal aclaración: La fecundación artificial fuera del matrimonio debe considerarse pura y simplemente como inmoral(Pío XII, Alocución ante el Cuarto Congreso Internacional de Médicos Católicos)

    Sigue Sáenz y Arriaga:
    “Que nos imponga a todos los católicos el deber de creer lo que ha definido, como cosa de fe, bajo la pena de eterna condenación” Vale el ejemplo anterior. No abunda en palabras; en este caso dice “pura y simplemente” que es inmoral.

    Sigue Sáenz y Arriaga:
    “El Papa, no solamente cuando define ex cathedra, en la doctrina de la fe o de las costumbres, goza indiscutiblemente de la asistencia del Espíritu Santo, sino también en el cumplimiento de sus altísimos deberes. Pero esa habitual asistencia no hacen al Papa personalmente ni infalible, ni impecable. Esa ordinaria asistencia divina presupone y exige la personal y libre correspondencia de la libertad humana. Y el Papa, como hombre, puede fallar en esa correspondencia”. No cree en el poder de la oración de Jesús. Piensa (tengo derecho a suponer eso) que Jesús encomendó su rebaño a quién podía no serle fiel. No es lo que la Iglesia enseña. Cómo se resuelve el asunto del libre albedrío no está a mi alcance analizarlo. Me conformo con creer y saber que si Jesús rogó por la indefectibilidad de la fe de Pedro, seguro que Pedro es indefectible. Nada tiene que ver aquí la impecabilidad, asunto que corre por otros carriles

    Sigue Sáenz y Arriaga:

    “El Papa, como hombre particular no es siempre infalible, puede errar, no sólo en cuestiones puramente humanas, sino aun en asuntos relacionados con la fe. Puede, incluso (según el sentir de preclaros teólogos y según las lógicas consecuencias que se siguen de la naturaleza y restricciones de la prerrogativa de su infalibilidad didáctica), incurrir personalmente en la herejía” Mismo comentario: Me conformo con creer y saber que si Jesús rogó por la indefectibilidad de la fe de Pedro, seguro que la fe de Pedro es indefectible. (Aquí entra también el asunto del “doctor privado”, algo que la Iglesia nunca enseñó ni admitió.)

    De la “Iniciación Teológica” aportada por Joaquín tomo simplemente la última frase: “De hecho, el Papa habla “ex cathedra” muy raras veces”. Lo mismo ya dicho: ¿normalmente no es papa? ¿Se despoja de su oficio para tomarlo “muy raras veces”?

    Mientras escribo esto, leo la nueva intervención del padre Méramo.

    En los primeros párrafos ya tropieza uno con los tropiezos del padre Méramo. Dice él “El Papa es infalible porque la Iglesia es infalible y no al revés” El carro delante de los bueyes… Corresponde dejar hablar a los papas.

    Pastor aeternus:

    “Así, para que el oficio episcopal fuese uno y sin división y para que, por la unión del clero, toda la multitud de creyentes se mantuviese en la unidad de la fe y de la comunión, colocó al bienaventurado Pedro sobre los demás apóstoles e instituyó en él el fundamento visible y el principio perpetuo de ambas unidades, sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno, y la altura de la Iglesia, que habría de alcanzar el cielo, se levantara sobre la firmeza de esta fe.

    Analicemos: “Así para que el oficio episcopal fuese uno… colocó al bienaventurado Pedro… e instituyó en él el fundamento visible… sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno y la altura de la Iglesia…” Sobre Pedro se construye la iglesia y no al revés.

    “Y ya que las puertas del infierno, para derribar, si fuera posible, a la Iglesia, se levantan por doquier contra su fundamento divinamente dispuesto con un odio que crece día a día, juzgamos necesario, con la aprobación del Sagrado Concilio, y para la protección, defensa y crecimiento del rebaño católico, proponer para ser creída y sostenida por todos los fieles, según la antigua y constante fe de la Iglesia Universal, la doctrina acerca de la institución, perpetuidad y naturaleza del sagrado primado apostólico, del cual depende la fortaleza y solidez de la Iglesia toda; y proscribir y condenar los errores contrarios, tan dañinos para el rebaño del Señor.”

    Analicemos: “Y ya que las puertas del infierno… juzgamos necesario, con la aprobación del Sagrado Concilio… proponer para ser creída y sostenida por todos los fieles, según la antigua y constante fe de la Iglesia Universal, la doctrina acerca de la institución, perpetuidad y naturaleza del sagrado primado apostólico, del cual depende la fortaleza y solidez de la Iglesia toda; y proscribir y condenar los errores contrarios, tan dañinos para el rebaño del Señor La fortaleza de la Iglesia toda depende de Pedro y no al revés.

    Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial. Así, quitada la tendencia al cisma, toda la Iglesia es preservada en unidad y, descansando en su fundamento, se mantiene firme contra las puertas del infierno.

    Analicemos: “Así, quitada la tendencia al cisma, toda la Iglesia es preservada en unidad y, descansando en su fundamento, se mantiene firme contra las puertas del infierno.” El fundamento de la Iglesia es Pedro y no al revés.

    El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.

    Analicemos: “…posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres.” ¿Quién la posee? ¿Pedro o la Iglesia?

    Después lanza una acusación temeraria contra Pío XII, el que simplemente indica que la Iglesia no prohíbe determinados estudios científicos ¡jamás lo hizo en cuanto no implicaran manipulaciones inmorales!. Alude en este caso al origen del cuerpo humano, no así del alma, y a esto se puede agregar la Creación en siete días, la antigüedad del universo de seis mil y tantos años… Y sobre esto dice: “Los once primeros capítulos del Génesis… con estilo sencillo y figurado, acomodado a la mente de un pueblo poco culto, contienen ya las verdades principales y fundamentales en que se apoya nuestra propia salvación, ya también una descripción popular del origen del género humano y del pueblo escogido”. ¿Es eso una herejía?

    El tema da realmente para un libro, pero algo es seguro: Si no nos atamos a las enseñanzas de la Iglesia, agarramos para el lado de los tomates.

    Me gusta

  3. En primer lugar, agradezco al P. Méramo que se tome la molestia de contestar. Ojalá este intercambio pueda revelarse fructífero, ya que el tema, ciertamente, lo merece.

    Y es que esta cuestión no es meramente teológica, abierta a la libre disputa entre diversas opiniones, sino que es efectivamente una verdadera cuestión de fe, en la que el magisterio ya se ha pronunciado numerosas veces, aunque no por medio de una definición solemne, y sobre la que se juegan su fe numerosos católicos.

    Siento que no vea con precisión el lugar en que objeto. Para ser corto, el problema está en saber si la infalibilidad de la que el Redentor quiso que estuviera provista Su Iglesia abarca todo el magisterio del Papa, tanto ordinario como extraordinario, solo o acompañado, o si cabe la posibilidad de que en su magisterio ordinario y no universal puedan deslizarse errores, con lo que estaría induciendo al error a toda la Iglesia.

    Y conexo con esta primera pregunta, si esa infalibilidad reside en propio, primaria y principalmente en el Papa, y a partir de esa cabeza, fluye en el resto del Cuerpo de la Iglesia, principalmente de sus pastores, haciéndolos participar de la infalibilidad de su cabeza, o bien, si esa infalibilidad inhabita el Cuerpo entero de la Iglesia, en primer lugar sus obispos, al modo en que el alma informa al cuerpo, sin estar en una parte del cuerpo más cualificadamente que en otra, siendo entonces la infalibilidad del Papa una mera participación de algo que él no tendría como algo propio, y quedando, salvo la excepción definida por el Concilio Vaticano I, en las mismas condiciones que sus hermanos en el episcopado, expuesto por lo tanto a enseñar el error en su magisterio ordinario.

    ¿Puede un Papa enseñar el error en fe o moral a la Iglesia sí o no?

    Si la respuesta es un NO, entonces, podemos estar seguros de que un Papa verdadero nunca enseñará nada contrario al depósito de la fe, basta con que lo diga, para creerlo.

    Y si alguno viniera diciendo otra cosa, sabemos con seguridad de fe que ese NO puede ser Papa, como es el caso de los electos conciliares.

    Pero si la respuesta es SI, puede enseñar el error a la Iglesia, entonces, se insinúa la duda perpetua en las mentes de los católicos, la desconfianza más o menos sistemática ante el magisterio papal, la resistencia ante aquello con lo que no estemos de acuerdo, y andando el tiempo, como nos ha enseñado la historia, cismas de consecuencias tan duraderas como el de los orientales desde 1054, que aún dura, precisamente por afirmar que el Espíritu Santo no protegía a los Papas de todo error doctrinal, y que por ende, era lícito resistirles y desobedecerles, e incluso pretender que habían dejado de ser Papas.

    Y si alguno viene diciendo lo contrario de lo enseñado por sus predecesores, no por ello tendríamos que concluir necesariamente que no es Papa; podríamos afirmar tranquilamente que sigue siendo Papa a pesar de sus doctrinas heréticas, o que ha perdido el Pontificado, en uno u otro momento, o que es Papa sólo materialiter, etc…

    Si yo estuviera de acuerdo con esta segunda opción, tendría que convenir con el P. Méramo en que la posición Sede Vacante sería sólo una posibilidad entre otras, y que no puede imponerse dogmáticamente.

    La Constitución Pastor Aeternus del Concilio Vaticano I no dice que el Papa goza de LA MISMA infalibilidad que la Iglesia, sino que dice exactamente esto: “aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres.”

    Si se lee bien todo el desarrollo lógico de la Constitución, se da uno perfecta cuenta de que el Papa es la cabeza de la cual fluye todo poder y gracia del Cuerpo de la Iglesia.
    Primero habla del Primado en general, del que dice lo siguiente:” Lo mismo debe ser dicho de aquellos que afirman que este primado no fue conferido inmediata y directamente al mismo bienaventurado Pedro, sino que lo fue a la Iglesia y que a través de ésta fue transmitido a él como ministro de la misma Iglesia. “ “Por esta razón siempre ha sido «necesario para toda Iglesia –es decir para los fieles de todo el mundo–» «estar de acuerdo» con la Iglesia Romana «debido a su más poderosa principalidad»[13], para que en aquella sede, de la cual fluyen a todos «los derechos de la venerable comunión»[14], estén unidas, como los miembros a la cabeza, en la trabazón de un mismo cuerpo. “

    Luego pasa a hablar de uno de los aspectos más combatidos de ese Primado, su poder de jurisdicción, del cual fluye todo otro poder de jurisdicción, y en tercer lugar, pasa a hablar de su infalibilidad, que es efecto de su Primado, y de su poder de suprema jurisdicción, con el que puede obligar en conciencia a los fieles a creer y profesar una u otra doctrina, que es precisamente la función de las definiciones solemnes, no sólo enseñar la verdad, sino obligar jurídicamente a todos los cristianos.

    Se ve bien que lo mismo que “los derechos de la venerable comunión, y toda jurisdicción proviene del Papa, porque él la posee siempre inmediatamente y en grado máximo, lo mismo, toda infalibilidad presente en la Iglesia proviene del Papa, y no se puede decir que pertenece a la Iglesia, y que ésta (es decir, el colegio episcopal) la trasmite luego al Papa, como ministro de la Iglesia.

    De ahí concluyen los Padres conciliares, que siendo el Papa la cabeza independiente y soberana, no necesitan sus definiciones del consenso del resto de la Iglesia para adquirir perfecta fuerza obligativa, lo mismo, por ejemplo, que las leyes del Rey no necesitaban del consenso del Parlamento para entrar en vigor.

    La Pastor Aeternus no diserta principalmente sobre la infalibilidad, aunque en eso se hayan fijado casi todos; su objetivo principal es asentar los derechos de jurisdicción primacial del Soberano Pontífice, también en lo que toca a la enseñanza y definición de las verdades de la fe para toda la Iglesia, que era específicamente lo que negaban jansenistas y galicanos.

    No queriendo hacer un monográfico exhaustivo acerca de la infalibilidad papal, el documento no habla de la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa, no porque no se creyera en él, sino porque los galicanos, jansenistas, y otros herejes de los últimos siglos le habían dedicado poca atención. Se entiende por qué: Para esos hijos rebeldes de la Iglesia, pero que hacían todo lo que podían para que la autoridad no pudiera señalarlos claramente y expulsarlos definitivamente de su seno, poco importaba que los Obispos de Roma enseñaran una u otra cosa a través de su magisterio ordinario. Podían decir lo que quisieran, que en traspasando los Alpes, ellos creerían y seguirían enseñando lo que les diera la gana. Así que no se molestaron mucho en negar la infalibilidad de ese magisterio ordinario, menos peligroso para sus intereses.

    Pero si los Papas se ponían firmes, usaban del modo extraordinario de su magisterio, y pretendían obligar mediante definiciones solemnes, esos protervos ya olían el peligro cercano, porque sabían que negarse a obedecer tales definiciones los desenmascaraba, los revelaba como cismáticos y herejes, y los ponían fuera de la Iglesia ante las miradas de todos, que es lo que más temían.

    Por esa razón, es en ese magisterio extraordinario en el que van a concentrar sus tiros, pretendiendo que para que esas definiciones fueran estrictamente obligatorias e irreformables, tenían que contar con el asentimiento de la Iglesia, lo mismo que los parlamentarios británicos pretendían que las leyes reales no obligaban si no contaban con el consenso del Parlamento.

    Los más avanzados (hacia el precipicio) incluso llegaban a afirmar que el poder de jurisdicción no provenía directamente de Dios, transmitiéndose directa e inmediatamente al gobernante, sino que Dios daba ese poder al Cuerpo político o eclesiástico (Parlamento, o Colegio episcopal), y que ese cuerpo soberano era el que se lo concedía, por delegación al monarca (Rey o Papa), siempre que éste obedeciera la voluntad del verdadero soberano.

    Sabiendo esto, me sorprendió encontrar bajo la pluma del P. Méramo las afirmaciones siguientes: “Es importante recabar también, que es un error pensar que la infalibilidad en la Iglesia docente, en su versión universal tanto ordinaria como extraordinaria, deriva del Papa hacia el resto de la Iglesia o de los demás obispos; la infalibilidad deriva directamente del Espíritu Santo que es su causa, tanto a toda la Iglesia,como también cuando la recibe el Papa solo, hablandoex cathedra; luego es un error de “Fray Eusebio”y de los que como él piensan, creer que la infalibilidad viene participada y comunicada por el Sumo Pontífice. Por eso se dice que el Papa goza de la misma infalibilidad de toda la Iglesia y no que la Iglesia goza de la infalibilidad del Papa; este problema vino después de la promulgación del dogma de la infalibilidad ex cathedra del Papa, inclinando hacia el otro extremo el problema por una mala inteligencia de las cosas.”

    Es decir, niega que esa Iglesia docente, dispersa o coadunada, recibe su infalibilidad a través del Papa. Y en esto, no evita caer en los muy interesados dislates de galicanos y jansenistas.

    Y entonces me pregunto: El Concilio Ecuménico, reconocido por todo católico digno de ese nombre como constitucionalmente infalible, ¿Por qué razón es infalible? ¿Cuál es la causa que hace que sea infalible? Los mejores doctores le contestarán: El Papa, que cubre a los obispos como con un manto, y los hace participar de su infalibilidad, que sólo él posee en propio, lo mismo que sólo el monarca posee en propio el poder de jurisdicción, pero lo extiende y hace participar de él a los miembros de su Parlamento, que sin él no gozan en absoluto de él.

    Decir lo contrario es ir contra la naturaleza de las cosas, en una especie de versión eclesiástica del puritanismo político que tantas revoluciones nos ha traído, y que no es menos revolucionario y subversivo en el orden eclesial que en el orden político.

    Pero no se queda ahí: Porque a despecho de lo afirmado por muchos Papas, para quienes era sencillamente locura afirmar que la oración de Aquél para quién querer es poder podía fallar en un solo punto, y dejar que el Papa enseñara el error a la Iglesia, él mantiene que fuera de las famosas cuatro condiciones, “se trata de magisterio ordinario auténtico (excepto si pronunciase errores o herejías como hacen los usurpadores de ahora) del Romano Pontífice considerado solo, aisladamente, o a menos que en unanimidad hable como instrumento del Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia que ejercen todos los obispos juntos y coadunados entre sí y bajo su cabeza visible el Papa. Este es el único magisterio cotidiano infalible que se puede ejercer en la Iglesia por el Papa o cualquiera de los obispos, con las condiciones del mismo, entre ellas la unanimidad, y es un error grave creer que es del Papa solo o también de cualquiera de los obispos considerado aisladamente.”

    Así que el Papa dejado solo puede enseñar el error, salvo que se convierta en siervo e instrumento de su Parlamento-Colegio episcopal, disperso por la tierra con el nombre de Magisterio Ordinario y Universal, que es quien le va a conferir infalibilidad también en su magisterio cotidiano. Aquí tienen, redivivo, el concepto de “cabeza ministerial” tan caro a los doctores galicanos más clásicos.

    Igual que los liberales en el plano político, en el plano eclesiástico, los neogalicanos de la FSSPX ven las cosas exactamente al revés de lo que son. Me temo que el P. Méramo ha vivido demasiado tiempo en Francia, y algo malo entre tanto bueno se le habrá pegado…

    Hemos dicho y concedido, corrigiendo en este punto lo afirmado por el P. Barbara, que la infalibilidad del Magisterio Ordinario del Papa NO viene definida en el Concilio, y que es vano pretender encontrar en sus textos lo que éstos no han querido decir.

    Ahora bien, no es buena cosa querer utilizar el Derecho Canónico para pretender que la Iglesia sólo obliga al asentimiento de fe en el caso de las definiciones solemnes, o lo anunciado por magisterio ordinario y universal. Tengan en cuenta que estamos hablando de Derecho, es decir, de obligaciones exigibles en el fuero externo, y cuya inobservancia puede dar lugar a sanciones de mayor o menor consideración.

    Por eso se dice que no se ha de tener por definido más que aquello que con evidencia conste como tal. Porque negar una verdad de fe definida es mucho más grave que negar una que sólo ha sido objeto de predicación por el magisterio ordinario, sin llegar a la definición. La gravedad del delito no es la misma, y tampoco la pena.

    No alude aquí el Derecho para nada a la infalibilidad, sino que la supone en la autoridad que manda con poder de castigar a los negadores.

    Bien sabe el P. Méramo que la Iglesia exige asentimiento de Fe en otras muchas ocasiones, como pueden ser las canonizaciones, la promulgación de leyes generales o litúrgicas, etc…que no pueden contener error contra la fe o la moral, aunque no sean ni definiciones, ni predicación del magisterio.

    Y eso lo exige, porque sabe que el Soberano promulgador es siempre infalible, y perpetuamente impedido por el Espíritu Santo de proferir cualquier error en su función pública. Si hubiera creído la Iglesia que el Papa podía equivocarse, habría exigido sólo una fe humana y prudencial, la misma que reclama el P. Méramo para su versión de sedevacantismo.

    Pero no, exige la fe teologal, absolutamente firme y exenta de cualquier duda, la misma que nos exige creer y profesar que un “Papa” aparente que toma por guía un conciliábulo herético, y predica otras muchas enormidades a la Iglesia, es imposible que haya sido alguna vez Papa legítimo.

    Por todo ello, no es mi particular interpretación, que valdría menos que nada, lo que aquí expongo, sino lo que la Iglesia siempre ha creído y profesado.

    ¿Podría el P. Méramo decirnos cómo interpreta él las numerosas afirmaciones no sólo de Padres, Doctores y Concilios, sino de los mismos Papas, de que éstos últimos tienen la fe indefectible de Pedro, ni han caído jamás en el error, ni caerán jamás, por la Promesa y Oración de Cristo?

    Por ejemplo, lo que escribía san León XI al Patriarca de Constantinopla, poco antes de que éste consumara un cisma, causado precisamente por negar la infalibilidad perpetua y cotidiana de los Papas: “¿Habrá pues, alguien de tamaña demencia que se atreva a tener por vacua en algo la oración de Aquél cuyo querer es poder,…que hasta ahora no ha desfallecido ni desfallecerá?

    ¿Por qué el Papa Sixto IV, en su Bula Licet ea, condena el error “Ecclesia Romana errare potest”, y lo califica de tan monstruoso, que no quiere ni ponerlo por escrito?

    Lea, por ejemplo, la obra “Misterio de iniquidad”, o “Mystère d’iniquité” en francés, tendrá decenas de citas unas más elocuentes que otras. ¿Será que los Papas conocían mal su función, y presumieron de lo que no tenían?

    Al ver cómo tiene la inmensa osadía de acusar nada menos que a Pío XII de herejía, cualquiera podría llegar a esa conclusión.

    ¡A Pío XII, que en su Encíclica, no hace ninguna afirmación doctrinal, sólo recuerda que la Santa Sede no desea cerrar todavía las discusiones entre eruditos, y tolera el que algunos planteen la posibilidad de que el hombre pudiese haber sido formado de materia viviente preexistente!

    Por supuesto, ni él creía otra cosa que lo que pone el Génesis, y ha creído toda la Iglesia, pero aún así, estimaba conveniente seguir permitiendo la libre discusión en ese punto particular. ¿Es eso una herejía?

    ¡A esto llegamos, precisamente por negar no mi interpretación, sino la fe de la Iglesia, y preferir una creencia que los mismos Papas han calificado de demencia!

    Pues oiga a Pío XII, en la misma Encíclica:

    “Y aunque este sagrado Magisterio, en las cuestiones de fe y costumbres, debe ser para todo teólogo la norma próxima y universal de la verdad (ya que a él ha confiado nuestro Señor Jesucristo la custodia, la defensa y la interpretación del todo el depósito de la fe, o sea, las Sagradas Escrituras y la Tradición divina), sin embargo a veces se ignora, como si no existiese, la obligación que tienen todos los fieles de huir de aquellos errores que más o menos se acercan a la herejía, y, por lo tanto, de observar también las constituciones y decretos en que la Santa Sede ha proscrito y prohibido las tales opiniones falsas [2].”

    “13. Afirmaciones éstas, revestidas tal vez de un estilo elegante, pero que no carecen de falacia. Pues es verdad que los Romanos Pontífices, en general, conceden libertad a los teólogos en las cuestiones disputadas —en distintos sentidos— entre los más acreditados doctores; pero la historia enseña que muchas cuestiones que algún tiempo fueron objeto de libre discusión no pueden ya ser discutidas.
    14. Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema majestad de su Magisterio.
    Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: El que a vosotros oye, a mí me oye[3]; y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya —por otras razones— al patrimonio de la doctrina católica. Y si los sumos pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos.”

    “Quién a vosotros oye, a Mí me oye” ¿Acaso Nuestro Señor podría, aunque sólo fuera una vez, tolerar que el Papa enseñara el error en Su Nombre?
    Por último, deseando siempre aprender la verdad, allí donde se encuentre, acojo con gusto la invitación del P. Méramo, de ir a estudiar sus dos obras en lo referente al tema que nos ocupa, y rogaría instantemente al mismo Padre, que en cuanto le den tiempo sus numerosas ocupaciones, tenga a bien examinar la obra siguiente, en que se expone con suma competencia lo que imperfectamente trato de exponer en estas líneas:

    Haz clic para acceder a 1misterio-iniquidad011.pdf

    Haz clic para acceder a misterio-iniquidad02.pdf

    Haz clic para acceder a misterio-iniquidad03.pdf

    Haz clic para acceder a misterio-iniquidad04.pdf

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s