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EL P. JOAQUÍN SÁENZ Y ARRIAGA: SOBRE LA INFALIBILIDAD DEL PAPA


Traigo un texto del P. Joaquín Sáenz de Arriaga en su libro La Nueva Iglesia Montiniana que publicamos a pedido del comentarista Joaquín, seguido de una respuesta que contradice su posición, de Fray Eusebio de Lugo

Padre Joaquín SÁENZ y ARRIAGA

… No quisiera yo que mis palabras fueran interpretadas como una falta del debido respeto que yo debo al Vicario de Cristo, al sucesor de Pedro, al representante de Dios en la tierra, ya se llame Pío, Juan o Pablo. Gracias a Dios, mi adhesión al Pontificado ha sido y es profunda y sincera, porque se apoya y sostiene en mi fe católica. Sin embargo, para entender mi actual desconcierto, que es el desconcierto de otros muchos, conviene tener presentes los siguientes puntos:
a) El Papa solamente es infalible “cuando habla ex cathedra, es decir, cuando funge su oficio de Pastor de todos los cristianos, al definir con su suprema autoridad apostólica la doctrina de la fe o de las costumbres, que debe ser creída por toda la Iglesia… y, por lo mismo, sus definiciones por sí mismas, no por el consentimiento de la Iglesia, son irreformables”. (Concilio Vaticano I, sesión IV, canon 4). De esta definición del Vaticano I se sigue, en primer lugar, que el Papa no siempre goza del privilegio de la infalibilidad; que este privilegio no significa infalibilidad personal, sino una infalibilidad didáctica, y que para que se dé, para que nosotros aceptemos como verdad de fe lo que el Papa define infaliblemente, se necesitan cuatro condiciones:
1) Que el Papa hable, como Pastor y Maestro Supremo de la Iglesia, y así nos lo haga ver con palabras expresas e inequívocas.
2) En la doctrina de la fe o de las costumbres.
3) Que defina, es decir que nos diga que una verdad precisa y concreta está comprendida en el Depósito de la Divina Revelación.
4) Que nos imponga a todos los católicos el deber de creer lo que ha definido, como cosa de fe, bajo la pena de eterna condenación
De la definición del Vaticano I también se sigue, contra las pretensiones del Cardenal Suenens y de otros progresistas, que esas definiciones papales no necesitan el refrendo de los eclesiásticos o fieles de la Iglesia para ser irreformables, para adquirir su valor de una verdad dogmática. Con las cuatro condiciones expresadas por el Vaticano I, esas definiciones papales son por sí mismas irreformables, son artículos de fe, son dogmas inalterables de nuestra religión católica.
b) El Papa, no solamente cuando define ex cathedra, en la doctrina de la fe o de las costumbres, goza indiscutiblemente de la asistencia del Espíritu Santo, sino también en el cumplimiento de sus altísimos deberes. Pero esa habitual asistencia no hacen al Papa personalmente ni infalible, ni impecable. Esa ordinaria asistencia divina presupone y exige la personal y libre correspondencia de la libertad humana. Y el Papa, como hombre, puede fallar en esa correspondencia.
c) En el Magisterio ordinario de los sumos Pontífices, el Papa es infalible cuando expone verdades que han sido ya definidas por anteriores Pontífices o por concilios Ecuménicos, o cuando enseña y repite la doctrina “Quam semper et ubique tenuit Ecclesia”, que siempre y en todas partes ha sido aceptada y creída por la Iglesia universal. Porque la Iglesia no puede universalmente caer en el error, contra las promesas infalibles de Cristo.
d) El Papa, como hombre particular no es siempre infalible, puede errar, no sólo en cuestiones puramente humanas, sino aun en asuntos relacionados con la fe. Puede, incluso (según el sentir de preclaros teólogos y según las lógicas consecuencias que se siguen de la naturaleza y restricciones de la prerrogativa de su infalibilidad didáctica), incurrir personalmente en la herejía. Sin embargo, la “inerrancia” de la Iglesia nos garantiza que, aun en estas circunstancias excepcionales, el Papa no podría definir, como verdad revelada y de fe, un error por él privadamente profesado.
e) Como Pontífice Supremo, pero no definiendo algo, en virtud de la plenitud de su autoridad apostólica, cuando habla de doctrinas que no deben ser creídas como dogmas por la Iglesia universal, su juicio no es dogmático ni definitivo. No podemos considerar estas enseñanzas pontificias como infalibles ni obligatorias para la fe católica, aunque -mientras no se opongan a la doctrina de la fe o nuestra sumisión debida a Dios sobre todas las cosas- debemos los católicos prestarles nuestra sumisión externa, nuestro “obsequium religiosum”.
f) El Papa, además de ser Maestro Supremo e infalible de la Iglesia, es también Jefe de una sociedad, también -si bien espiritualmente- humana y visible, y que está en íntimo contacto con las otras sociedades meramente humanas y, en especial, con las naciones y los gobiernos que las rigen. Por este motivo, los Papas han reivindicado su independencia política, han luchado por la conservación y defensa de sus Estados Pontificios, han firmado el Tratado de Letrán, en el que Italia reconoció la completa soberanía y autonomía de la Ciudad Vaticana. Por ese motivo también, en sus relaciones internacionales, los Papas han tenido su política, que unas veces formó alianzas bélicas y otras veces aceptó pactos de paz, según lo exigían, no sólo los altísimos intereses del Reino de Dios, sino las conveniencias de los propios intereses del Papado o de los Pueblos y Gobiernos, que eran sus aliados.
g) Así como en el ejercicio de su Magisterio, Ordinario o Extraordinario, los Papas utilizan los servicios de teólogos especialistas, y auscultan el sentir y opinión de los Obispos y de las escuelas teológicas principales, para preparar de tal modo los caminos de Dios, antes de emitir ellos, con su autoridad suprema, su juicio definitivo e inapelable; así también, como Jefes de esta sociedad visible, en el gobierno de la Iglesia, en su política administrativa y práctica, utilizan necesariamente los consejos y direcciones de hombres eminentes y especializados, que ellos asocian a su gobierno. No obstante, muchas veces deben actuar ellos también exigidos por presiones extrañas de gobiernos no solamente católicos, sino aun heréticos, cismáticos y, tal vez, enemigos secretos o descarados de la Iglesia de Dios. Y he aquí el gran peligro y la explicación manifiesta de los errores innegables que el Vaticano haya podido tener en su política Internacional:…
(Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga. “La Nueva Iglesia Montiniana”, pp. 148/151)

*************

Respuesta de Fray Eusebio  de Lugo

PRIMER TEXTO. (Del P. Sáenz Arriaga).

a) ¿De dónde saca el Padre que el Papa es “solamente” infalible cuando habla ex cathedra, mal entendiendo el alcance y significado de esa expresión latina, puesto que la restringe únicamente al magisterio extraordinario, cuando lo cierto es que la expresión ex cathedra designa toda enseñanza del Papa en cuanto tal, diferenciando esa enseñanza oficial de la que eventualmente pudiera impartir como doctor privado, o simple particular.
No parece haber entendido que lo que define el Concilio no es en sí la infalibilidad pontificia, sino sólo lo que pertenecía a un aspecto discutido del magisterio extraordinario del Papa, a saber, si las definiciones solemnes con las que el Papa pretendía obligar estrictamente y en conciencia a toda la Iglesia, bajo pena de excomunión, cisma o herejía, eran infalibles únicamente por la autoridad propia del Papa, o bien si, como sostenían galicanos y jansenistas, era necesario el consenso de la Iglesia Universal (es decir, el de los obispos residenciales), para que tales decretos de fe adquirieran pleno vigor, y pudieran ser tenidos por irreformables, y por ende, infalibles.

Como sabemos, el Concilio optó claramente por la primera posibilidad, con el famoso ex sese, non ex consensu Ecclesiae, que es la auténtica clave del documento, aunque pase hoy día desapercibida por casi todos.

El Concilio Vaticano I no pretendía agotar en la Constitución Pastor Aeternus todo lo referente a la infalibilidad del Papa, como dando a entender que ahí se situaban los límites de ese don divino, sino que estaba previsto que en las próximas sesiones conciliares, otros documentos fueran perfeccionando la expresión de la doctrina acerca de este importantísimo punto de fe, precisamente porque ya preveían los Padres conciliares que esa era una de las verdades que más procurarían deformar los enemigos de la Iglesia, según su costumbre desde el primer milenio de la era cristiana.

Esos enemigos también lo sabían, y por esa razón desencadenaron la guerra franco-prusiana, y la sacrílega invasión de Roma por las tropas piamontesas, para que nunca pudiera volverse a reunir el Concilio en una Roma esclava y prisionera, y sujeta a todas las maquinaciones del enemigo, y evitar que ese Concilio por fin pudiera acabar su obra, que iba a cerrar para siempre las bocas de los impíos.

Las famosas cuatro condiciones enumeradas por el Padre, fueron apuntadas por el Concilio para caracterizar únicamente al modo extraordinario de ejercicio del magisterio papal, sin que jamás se pretenda que toda infalibilidad se conforme con esas cuatro condiciones.

Porque el Papa, por ejemplo Pío XII, hablaba como Pastor y Maestro supremo de la Iglesia, tanto si definía solemnemente la Asunción de María a los Cielos, como cuando pronunciaba un discurso ante los jóvenes esposos, o a la asociación italiana de obstetricia, por ejemplo.

Evidentemente, hablaba de fe, y aquí, sobre todo de moral

Sin embargo, no lo hacía per viam definitionis, que implica una decisión última autoritativa, normalmente sobre un punto de vista polémico o dudoso, sobre el que es necesario que la Santa Sede se pronuncie, y obligue en conciencia a los católicos a aceptar esa decisión última, incluso con penas canónicas.

Aquí, se expresa per viam explanationis, por vía de explicación, como un padre se entretiene con sus hijos, sin que medie ahí más obligación que la devoción filial, y la seguridad de fe que de la boca del Papa no saldrá jamás el error en su dominio propio.

Ahí está la gran diferencia entre el magisterio ordinario y el extraordinario, y no en que el primero no sea infalible, y el segundo sí lo sea.

Los dos son igual e incondicionalmente infalibles, pero no obligan los dos de la misma manera, y con la misma fuerza coactiva.

En el ordinario, habla sobre todo como padre y maestro dulce y paciente, que insinúa suavemente la verdad en el alma del discípulo, sin necesidad de amenazar con la vara destinada a los rebeldes.

En el extraordinario, habla sobre todo como Rey y gobernante, que sienta un precepto final, y entiende obligar a todos a aceptarlo, bajo pena de excomunión, cisma, herejía, y al fin, eterna condenación.

El Papa prefiere, con mucho, el primer modo, por lo que mientras éste basta, no utilizará el extraordinario, no queriendo agravar la conciencia de los que ya se encuentran cerca del precipicio, ni acabar de quebrar la caña cascada, a no ser que estén en peligro la fe y la salvación de los fieles, y se vea conveniente usar ese otro instrumento definitivo a la hora de acabar con las dudas y controversias. Entonces, se arma con toda la autoridad de Moisés del Nuevo Testamento, y opera la separación clara entre las ovejas y los cabritos, que se ven ipso facto expulsados de la Iglesia en la que hasta ahora todavía pretendían estar.

Por último, cabe decir aquí que la enseñanza papal es siempre irreformable, no importa si impartida de uno u otro modo, queriendo decir con esto que lo que un Papa ha enseñado, jamás vendrá otro a contradecirlo, porque es el mismo Espíritu de verdad el que por boca de todos ellos habla y enseña una doctrina que no cambia ni se reforma.

Lo de enseñanza reformable, se lo inventaron los galicanos, precisamente porque suponían que el Papa podía enseñar el error, en cuyo caso tocaba a la Iglesia (los obispos), enmendarle la plana al Papa, y si quería obligar a todos los fieles, debía contar con el consenso de los obispos, igual que un rey parlamentario con el de sus parlamentarios, para que esa decisión adquiriera fuerza de ley. Si eso no ocurría, imaginaban que alguna vez, en un tiempo futuro, un Concilio Ecuménico, o un “Papa mejor informado” corregiría el error de su predecesor. Mientras, podían acampar tranquilamente sobre sus posiciones, aunque el Papa los amenazara con las más severas excomuniones. Total, siempre podía venir luego otro Papa a decir lo contrario…

b) La libre y personal correspondencia del Papa a la asistencia divina, la prestó el electo al Papado de una vez y para todo el curso de su Pontificado, en el momento de la aceptación del Pontificado. Si se acepta éste, se acepta todo entero, sin que puedan separarse unos deberes de otros. Y por lo tanto, también se acepta que desde ese mismo instante, no será libre, ni de creer el error en cuanto persona incluso privada, porque recibirá aquella misma indefectibilidad con que Nuestro Señor quiso robustecer a Su Iglesia, ni será tampoco libre de enseñar el error a la Iglesia, porque la misma infalibilidad con que el Señor quiso que estuviera protegida su Iglesia se lo impedirá.

No queda en manos del Papa ser infalible o no serlo, una vez aceptó el Pontificado, lo aceptó con todas sus consecuencias, que seguirán haciéndose sentir, hasta que no se vea descargado de ese fardo por la muerte, la renuncia a la insania mental. Nunca por cisma o herejía, que no pueden darse en aquél por quién el Señor ha rogado con oración infinitamente eficaz.

c) Afirmar que el Papa es infalible cuando repite lo que otros han dicho infaliblemente, parece una tomadura de pelo. ¿No ve que es la pescadilla que se muerde la cola? ¿Qué tienen de más esos Concilios, o definiciones, o creencia universal, que no tenga ese Papa en concreto, para que sean infalibles, mientras éste último no lo es por sí mismo?

Es mirar las cosas exactamente al revés de cómo han sido constituidas por el mismo Dios. Nosotros, fieles pertenecientes a la Iglesia discente, o enseñada, también somos infalibles de esa manera, pero es una infalibilidad pasiva. La que tiene el Papa, es una infalibilidad activa, por lo que se le asegura que no proferirá nunca ningún error, aunque el objeto de su enseñanza jamás se haya tratado antes. Por ejemplo, en ciertas cuestiones de bioética, inimaginables hace menos de 50 años, ¿Dónde estaría el precedente infalible que haría a su vez infalible al Pontífice que lo repitiera? Empezaría una cadena de enseñanzas sobre un tema nuevo. ¿Quién le conferiría infalibilidad? Los que por sí no la tienen? Nadie da lo que no tiene, y nadie tiene en propio la infalibilidad activa, más que el Papa. Él es el confirmador, sin que necesite ser confirmado, puede hablar en cualquier ocasión, sobre un tema nunca antes tocado por el magisterio, y tenemos la seguridad de que lo hará sin que pueda mezclarse error alguno en su enseñanza.

d) Como Hernández a Fernández “¡Yo aún diría más!” El Papa, como hombre privado, no es NUNCA infalible. Entiéndaseme bien. La infalibilidad, por definición, no tiene que ver con la persona privada del Papa, sino con su persona pública. La preservación absoluta de toda posibilidad de que la persona privada del Papa crea el error contra la fe o la moral se llama indefectibilidad, porque si no gozara de ella, desde el momento mismo de su aceptación canónica, el Papa podría en algún momento defeccionar, dejar de ser Papa por haber caído en herejía o en cisma. Por eso Nuestro Señor ruega primero por la Fe de Pedro (persona), porque ese robustecimiento de la fe personal de Pedro va a ser la raíz de su infalibilidad en cuanto personaje público.

Y como las consecuencias de una caída de su dignidad de aquél sobre quien todo reposa podrían ser funestas y casi mortales para la Iglesia, como vemos actualmente, y ya preveía Paulo IV en pleno S. XVI, Nuestro Señor ha provisto que Pedro cubriera a su sucesor con su sombra, y el Espíritu Santo lo asistiera de tal modo, que no puede pecar contra la fe, o la unidad de la Iglesia.

e) Este punto podría traducirse así: “Mientras no definas con truenos y relámpagos, habla lo que quieras, que yo haré y pensaré lo que me dé la gana”. Esa es la clase de obediencia y sumisión que el jesuita propone a los fieles…
El último de una larga serie de Papas, ya había rechazado Pío XII esos propósitos subversivos, cuando recordaba que el magisterio ordinario también requería asentimiento interno y obediencia externa en conciencia, porque también a él se aplican las palabras “Quién a vosotros escucha, a Mí me escucha”. Salvo que se pretenda que el Señor sólo exigía “silencio obsequioso”, mientras los fieles se ponían de acuerdo para saber si Sus palabras eran conformes o no a la doctrina previa, interpretada cada uno a su manera…

f) Este punto está directamente extra subjectum, salvo que muy pérfida y jesuíticamente, se quiera sugerir que visto que el Papa tiene intereses económico –políticos, sus decisiones doctrinales se ven influidos por tan espúreas motivaciones, por lo que no obligarían en conciencia…

g) Más abundamiento. Estando “el pobre Papa” tan presionado por todo tipo de enemigos, su magisterio, casi siempre falible, necesariamente tiene que resentirse, así que si algo no nos gusta, siempre podremos achacarlo a las presiones provenientes de uno u otro lado, y zafarnos de nuestra obligación como católicos…

¡Y aquí habla, no un galicano, o un jansenista de los tiempos de Unigenitus, sino un jesuita! Pregúntense luego por qué los expulsaron de todos lados, y luego los suprimió el Papa, precisamente por ser monstruosamente subversivos de cualquier autoridad!

Con estos amigos, ¿Para qué quiero enemigos? Éstos son los grandes defensores del Papado, de la Tradición, etc…, que te besan la mano para mejor apuñalarte la espalda!

No me extraña que el Señor haya maldecido con la esterilidad y la división a esa resistencia de cartón-piedra…

9 replies »

  1. Ante todo, pido disculpas al Sr. Director del blog por todo lo que voy a expresar.
    Cuando me aprestaba a responder al nuevo embate (con ironías,y lenguaje burlón irrespetuosamente incluidos) efectuado por el Sr. Scivias en relación a este punto doctrinal, y para lo cual no sólo insiste en la reinterpretación de la Constitución Apostólica “Pastor Æternus”, sino que malinterpreta al Dr. en Teología J. Sáenz y Arriaga y a todos los que coinciden con éste; cuando a ello me disponía, digo, aparece este nuevo post, de alguien que sigue la misma línea argumental, emplea los mismos métodos e incurre en los mismos errores, con un empecinamiento y constancias dignos de mejor causa..
    Ante ello, desisto totalmente del intento que menciono al comienzo, limitándome, entonces, a explicar brevemente las razones que encuentro para ello.
    Indudablemente, disputar con algunos “eruditos” que, cual nuevos “Doctores” de la Iglesia Católica, o “Pontífices” ad hoc, ante la absoluta orfandad en que los simples fieles nos encontramos en esta hora de tinieblas; han surgido por doquier, paseando orondos figura por el escaparate de los diferentes sitios tradicionalistas, dictando cátedra y pontificando dogmáticamente sobre cuanto tema doctrinal exista, sin más ánimo que el de exhibir pomposamente su supuesta erudición; disputar con ellos, digo, no sólo es tarea ardua, desagradable y engorrosa, sino, además, tan interminable como inútil.
    Sólo es de esperar que a alguno de ellos no se le ocurra en algún momento dictar alguna bula o constitución, con anatema incluido, porque es lo único que está faltando hasta ahora, puesto que la diferencia con aquellos verdaderos Doctores que alumbraron la Fe en la Iglesia Católica a través de tantos siglos, es que éstos, por gracia de Dios, estaban exentos de padecer los vahos que la altura provoca en el común de los mortales, y así, munidos siempre de la humildad y la verdadera sabiduría que sólo el Espíritu Santo inspira, pudieron guiar a los católicos de todos los tiempo por el camino de la Verdad.
    Por último, doy por descontado que este mensaje recibirá la respuesta del caso, y en esa convicción, sea cual fuere el tenor de la misma, adelanto que no voy a continuar con ninguna polémica, por respeto a los demás lectores, foristas y -ante todo- al Sr. Director, a quien le agradezco la amabilidad de concedernos -aun sin los suficientes méritos de nuestra parte- estos espacios para poder expresarnos.
    Sin más, saludo al Sr. Director atte.
    Joaquín

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  2. Algún comentario más sobre Sáenz y Arriaga.

    Debo aclarar que sé que en mis análisis nunca alcanzaré las alturas de los ilustrados fray Eusebio de Lugo o padre Méramo. Mucho menos las alturas de Sáenz y Arriaga. Mis estudios, mi profesión, me atan a la tierra que pisamos, y aún a las regiones inferiores… las que son conocidas como subsuelo. A ellos, sus estudios los atan al cielo. Pero tal vez forzando un poco el sentido de la expresión, no debemos olvidar que “encubres estas cosas a los sabios y a los prudentes, y las revelas a los pequeños”. Sabemos que los principios de la religión están al alcance de los niños y no debemos tampoco olvidar que la fe es un regalo que se recibe y no un título que se obtiene después de años de trabajosos estudios.

    Justifica Sáenz y Arriaga la opinión acerca de la posible caída del papa en la herejía con los siguientes argumentos:

    El Papa, como hombre particular no es siempre infalible, puede errar, no sólo en cuestiones puramente humanas, sino aun en asuntos relacionados con la fe. Puede, incluso (según el sentir de preclaros teólogos y según las lógicas consecuencias que se siguen de la naturaleza y restricciones de la prerrogativa de su infalibilidad didáctica), incurrir personalmente en la herejía.

    Vemos que prefiere el sentir de preclaros teólogos antes que las palabras de Jesús y las enseñanzas de la Iglesia.

    Para leer a Sáenz y Arriaga, y a cualquier otro que escriba sobre asuntos de fe, recordemos la enseñanza de Pío XII expresada en su encíclica Humani generis:

    …Dios ha dado a su Iglesia el Magisterio vivo, para ilustrar también y declarar lo que en el Depósito de la fe no se contiene sino oscura y como implícitamente. Y el divino Redentor no ha confiado la interpretación auténtica de este depósito a cada uno de sus fieles, ni aún a los teólogos, sino sólo al Magisterio de la Iglesia.

    No debemos caer en la tentación de hacer la “interpretación auténtica”, sino que debemos remitirnos a la interpretación de la Iglesia.

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  3. Agradeciendo de antemano al señor director del blog, Sr. moinuman, la deferencia de publicar este pequeño comentario, si así fuere su voluntad, por este medio manifiesto lo que sigue.
    Coincido totalmente con los dichos de Joaquín, a los cuales agrego que hoy los simples fieles que solamente deseamos permanecer fieles a la Santa Iglesia Católica y mantener su Fe, soportando gracias a Dios todos los ataques de sus mortales enemigos, vemos azorados como todo el campo del tradicionalismo se ha convertido no sólo en una nueva Torre de Babel sino en un verdadero Campo de Agramante, donde nadie se entiende con nadie, y donde todos disputan mezquinamente sobre todo lo que venga a mano, sin reparar en que con ello no sólo no clarifican nada, sino que terminan sumiendo todavía en más confusión a quienes necesitan más luz que nunca.
    Pareciera ser que la soberbia, la vanidad y la falta de caridad hubiesen ganado el espíritu de aquellos que, teniendo en sus manos la posibilidad de alumbrar, por todo lo que saben, lo único que consiguen con sus disputas innecesarias es el efecto contrario.
    Obviamente, esta lamentable situación no deja de ser una más de todas las consecuencias de los tiempos nefastos que vivimos los católicos.
    Es de esperar, pues, que, en tanto aguardamos la llegada de alguien que conduzca nuestra Iglesia como ella se merece, estos señores recapaciten y le sirvan a ella y sólo a ella, para bien suyo y de todos sus hijos fieles, tal como hicieron otros, en tiempos lejanos algunos y no tan lejanos otros, verbigracia el siempre recordado “Teólogo de Hierro”, padre Joaquín Sáenz y Arriaga, a quien, rogamos, Dios tenga en la Gloria.
    Ernesto

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  4. Perdón, Sr. moimunan, por escribir incorrectamente su nombre (“moinunam”) al comienzo del mensaje anterior.
    Saludos para Ud.
    Ernesto

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  5. Efectivamente, el comentario de Joaquín recibe la respuesta del caso, porque así lo debo al señor Moimunan.

    Primero: lamentaría enormemente que mis comentarios, que yo no sabía irrespetuosos, puedan alejar a cualquier lector de este blog. Si el señor Moimunan nota tal efecto, le ruego que no suba más mis comentarios. Sabré entender. Es su obra, y es buena; merece la más amplia difusión posible.

    Segundo: si lo irritante es la contradicción a determinada persona, hoy Sáenz y Arriaga, mañana tal vez otro, bueno sería que quién proponga escritos de tal persona, aclare que no deben ser contradichos.

    Tercero: si en mis escritos hay algo que contradiga la enseñanza de la Iglesia, por favor, díganme qué es eso, así lo corrijo y dejo de difundir el error, mucho más cuando el vehículo para esa difusión es sustentado con el esfuerzo de una tercera persona. Si no lo hay… paciencia y un poco de tolerancia. No todos tenemos la misma manera de expresarnos.

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  6. Señor Moimunan: Acabo de enviar este comentario y no aparece como esperando la moderación. Si llega dos veces es porque lo reenvío.

    Efectivamente, el comentario de Joaquín recibe la respuesta del caso, porque así lo debo al señor Moimunan.

    Primero: lamentaría enormemente que mis comentarios, que yo no sabía irrespetuosos, puedan alejar a cualquier lector de este blog. Si el señor Moimunan nota tal efecto, le ruego que no suba más mis comentarios. Sabré entender. Es su obra, y es buena; merece la más amplia difusión posible.

    Segundo: si lo irritante es la contradicción a determinada persona, hoy Sáenz y Arriaga, mañana tal vez otro, bueno sería que quién proponga escritos de tal persona, aclare que no deben ser contradichos.

    Tercero: si en mis escritos hay algo que contradiga la enseñanza de la Iglesia, por favor, díganme qué es eso, así lo corrijo y dejo de difundir el error, mucho más cuando el vehículo para esa difusión es sustentado con el esfuerzo de una tercera persona. Si no lo hay… paciencia y un poco de tolerancia. No todos tenemos la misma manera de expresarnos.

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  7. YYo estoy de acuerdo en todo lo que dijo el Dr. Saenz y Arriaga, el Papa se puede equivocar en materia de fe como cualquier mortal imperfecto que somos, pero entonces al hacer eso ya no habla excatedra porque se sale del magisterio tradicional. La infalibilidad funciona cuando se circunscribe unicamente a la tradicion y al magisterio de la iglesia.

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  8. SABEN CUANTOS AÑOS TENÍA QUE ESTUDIAR UN SACERDOTE JESUITA PARA SER ORDENADO? al menos, y esto lo se por el que fuera mi director espiritual, que en paz descanse, 20 años, antes de iniciar el diaconado, ES TERRIBLE que con solo unos pocos años de estudio se pretenda saber más y contradecir lo que el Teólogo de hierro afirmó y el teólogo Homero Johás confirma, junto con el Padre Méramo, y que se basan no en sus dichos sino en los dichos y hechos avalados por la Tradición, no por su simple y pura opinión.

    Por otra parte se dijo que ya no se iban a publicar este tipo de comentarios, pero se sigue haciendo.

    Zahiriendo y dividiendo a los que pretendemos mantenernos fieles aún más de lo que ya estamos divididos.

    Creo que es suficiente saber que si es hereje no es Papa y se acabó, todo lo demás es vana palabreria y discusión que no lleva más que a confundirnos. y evitar una acción conjunta y más efectiva que lo que hasta ahora venimos haciendo.

    LA UNION HACE LA FUERZA,
    LOS QUE SEAN DE DIOS JUNTENSE CONMIGO (de la oración abrazada de San Luis Ma. Grignon de Monfort)

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  9. Un jesuita para llegar a ser sacerdote tiene que haber hecho tres años de filosofía y tres años de teología(ellos se ordenan a los tres años y después hacen un año más). Puede añadir dos o tres años de estudios humanísticos (latín y algo de griego etc..).
    Pero aunque fuera verdad lo de los veinte años-lo cual es una majadería- pregunto : ¿quienes lo echaron de la orden no tenían también los 20 años de estudios? Y gran parte del clero modernista, también tenían muchos años de estudio. El acumular años de estudio no es garantía de nada.
    Ud prejuzga en otros lo de pocos años de estudio, y puede que se equivoque. Si según Ud. el magisterio ordinario de los papas no es infalible ¿por qué concede infalibilidad a personas cuya doctrina no deja de ser puramente humana?
    Mire los argumentos que se traen, diga quien los diga (hay teólogos eminentes que los respaldan) y si puede refútelos. Además están fundados en la doctrina de los papas.
    Todo esto se le ha explicado a Ud. Pero por lo visto no quiere hacer caso.
    Aquí no se han traído argumentos que son pura opinión. Se ve que no los ha leído.
    Se cerraron los comentarios después de agrias discusiones en las que Ud. no daba argumentos ni razones. Se limitaba a repetir siempre lo mismo.
    Pero por supuesto el blog no va a dejar de exponer sus tesis y comentar los que quieran, sólo porque Ud. lo diga. Aquella discusión se cerró y ahora todo el mundo es libre de expresar sus opiniones sobre éstas y otras materias.
    Aquí la única que zahiere y divide es Ud, quiero que lo sepa. Sí Ud. se siente libre para decir eso, los demás también lo somos respecto de lo que Ud. machaconamente repite.
    Sus creencias sobre esto me son indiferentes.
    Cuando habla de vana palabrería se está Ud. excediendo, muy poco educadamente. Lo que Ud dice que no sirve para una acción conjunta, es una mera opinión suya que haría bien en defenderla en su propio blog.
    Para terminar le diré que la cita que trae de San Luis es muy cierta a condición de que se tome en serio lo que dice de lo que viene de Dios, en lo que no entran las afirmaciones teológicas que no son las que la Iglesia siempre ha tenido y el propio San Luis sostenía. Pregúntele al Santo si el creía que los papa pueden caer en herejía. Pues esto es lo que Ud. dice.
    No reabra las discusiones anteriores y mucho menos intente colar aquí sus averiadas opiniones.

    No voy a dejar que nadie conteste a sus provocaciones y le pido que Ud. también no persista en lo mismo.

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