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ZANJANDO LA CUESTIÓN DE LA INFALIBILIDAD DEL PAPA


En esta entrada, yo, como editor del blog, ayudado por muy buenos colaboradores, he llegado a la que hace el número 895, desde la primera hecha el 9 de marzo de 2011,  o sea hace casi dos años y medio. A lo largo de los días desde entonces, con titubeos, he adquirido posiciones que no poseía en un primer momento con la misma claridad.

Citaré las siguientes posiciones del blog, que ahora profeso con firmeza:

1. La Sede de Roma, está vacante, porque los que la ocupan son en realidad usurpadores. No son los jefes supremos de la Iglesia, porque antes de ser elegidos profesaban herejías, o sea doctrinas ajenas, con frecuencia contradictorias, al cuerpo doctrinal católico. Después de su elección a la que acudieron inhabilitados canónicamente, siguieron propagando falsas doctrinas, como cabía esperar de falsos papas. Desde 1958 en que salió elegido en el cónclave Juan XXIII, hasta el día de hoy en que ocupa la sede Francisco I, no hay papas legítimos, sino usurpadores.

2. El Concilio Vaticano II, no fue un verdadero concilio, sino un conciliábulo cuyos documentos fueron aprobados por un falso papa, Pablo VI. No tiene nada de particular que sus documentos también contradigan la doctrina católica.

3. Los ritos sacramentales aprobados por el pseudo papa Pablo VI, en 1969, son absolutamente inválidos.  Lo mismo debe decirse de la Misa actual, que es también inválida e ilícita.

4. Creo por tanto que la llamada iglesia conciliar, es una falsa iglesia y todavía más una falsa religión, que compromete la salvación de los que a ella pertenecen.

Junto con lo anterior, han surgido agrias discrepancias acerca de la Infalibilidad de los papas, tema al que hemos dedicado algunas entradas que pueden obtenerse pulsando las pestañas [en la parte superior del blog] de Infalibilidad (para la infalibilidad de la Iglesia) e “infalibilidad pontificia” para el tema específico de la infalibilidad de los papas. Igualmente hay etiquetas al final de las entradas que aluden a lo dicho en el blog, sobre este tema o temas conexos. Pulsándolas también pueden obtenerse los posts que dejan clara la posición del blog.

En las últimas entradas se ha tocado el tema de nuevo, y en ellas pueden leerse opiniones discrepantes en las respuestas o comentarios.

Mi posición es clara al respecto:

Creo que

la Infalibilidad pontificia tanto en el magisterio extraordinario o solemne, llamado  ex cathedra  con exclusividad, lo cual creo ser una injusta terminología si se atiende a “con exclusividad”; como también en el magisterio ordinario del papa solo, es una verdad  que la Iglesia siempre profesó desde la más remota antigüedad como lo demuestra el testimonio de los Padres de la Iglesia (véanse los post dedicados a ello agrupados en la categoría respectiva), como por el testimonio de los papas (me remito igualmente a los respectivos posts del blog) y el de doctores como Santo Tomás, San Francisco de Sales, San Belarmino y  San Alfonso, [los dos últimos con algunas indecisiones]

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San Alfonso María de Ligorio en el libro La verdad de la Fe escribió, en referencia a lo dicho por el propio Belarmino: “¿Que algunos papas hayan caído en la herejía, algunos han tratado de probarlo, pero no lo han probado, ni nunca lo probarán; nosotros vamos a probar claramente lo contrario en el capítulo X. Pero además, si Dios permitiese [mera hipótesis] que un Papa fuese hereje notorio y contumaz, éste dejaría de ser Papa, y la sede quedaría vacante. Mas si fuera hereje oculto, y no propusiese a la Iglesia ningún dogma falso, entonces no causaría ningún daño a la Iglesia, pero nosotros tenemos que presumir con justicia, como dice el cardenal Belarmino, que Dios no permitirá jamás que ningún Pontífice romano, ni siquiera como doctor [hombre] privado, llegue a ser hereje notorio ni siquiera oculto “ .

También profeso la posición contraria a los que sólo admiten infalibilidad pontificia cuando coincide con la Infalibilidad de la Iglesia, y se funda en ella como propia de una parte de esa Iglesia.

Considérese el siguiente comentario surgido hace unos minutos, que resume la posición que yo estimo falsa:

Yo estoy de acuerdo en todo lo que dijo el Dr. Saenz y Arriaga, el Papa se puede equivocar en materia de fe como cualquier mortal imperfecto que somos, pero entonces al hacer eso ya no habla excatedra porque se sale del magisterio tradicional. La infalibilidad funciona cuando se circunscribe unicamente a la tradicion y al magisterio de la iglesia.

O éste que incide en el mismo tópico, y que en realidad niega la infalibilidad de la Iglesia:

Es absurdo creer que el ser humano investido como Papa jamas errara en materia de fe o de algun otro tema. Existe la libertad humana, Ntro. Sr. Jesucristo siempre rogará para que su vicario no yerre, pero por la libertad humana quien tiene el cargo de vicario de Cristo puede desoir al Espiritu Santo, a menos que este se le presente en persona y lo tenga siempre de asesor de cabecera, cosa que es absurdo pensar.

 En dos pequeños comentarios encontramos la negación de la infalibilidad del Vicario de Cristo ex sese  y la objeción común que haría depender absurdamente la infalibilidad, de la libertad humana.

Yo en cambio me adhiero a la verdad de la infalibilidad del papa en su magisterio ordinario en sentido estricto,  verdad que creo que  en los tiempos actuales está muy oscurecida, no sólo en la Iglesia conciliar, sino también en el campo tradicionalista, y en el sedevacantista en sus distintas versiones. Esta verdad ha sido incluso tratada en el magisterio extraordinario, llamado ex-cathedra, como puede verse en el siguiente documento  pdf  BULA LICET EA.Contra la herejía: Ecclesia Urbis Romae errare potest, en el cual se tacha de herejía lo que se declara en él como contrario a la doctrina católica. Se recogía en el número 730 del Denzinger hasta la edición de 1937 amputada por Karl Rahner. y siguientes, [Recomiendo su entera lectura] En la barra lateral puede comprobarse en el Denzinger de 1854.

Desde aquí expreso mi profundo sentimiento de caridad y respeto para con aquéllos que disienten. Yo no los juzgo y creo, que en su fuero interno proceden con absoluta  honradez y buena intención. Yo a mi vez les pido igual correspondencia. Pero creo que lo mejor para todos es que cesen las disputas y alusiones sarcásticas o ácidas. Desde aquí, en adelante, en el blog no se mencionarán los nombres de personas o instituciones opositoras  con un ánimo combativo.  Yo espero igual correspondencia. Simplemente piensen que este es un blog sedevacantista, e infalibilista. Si desean entrar en él, no deben aludir en comentarios a estos extremos con ánimo impugnador.  En otros temas se agradecerá sus comentarios que pueden enriquecernos, o también en éste si el propósito no es cuestionar esta posición sino demandar razones, que intentaremos dárselas.  Creo que el asunto ya está cerrado. Ruego lo tengan en cuenta.

Ahora bien, en lo que sigue del post, me permito zanjar la principal razón con que en el pasado y ahora mismo se ataca la posición infalibilista. No es otra que la declaración dogmática del Concilio Vaticano, en su constitución Pastor Aeternus, objeción que la he visto muchísimas veces en blogs tradicionalistas y sedevacantistas, aportando textos de autores, incluso de manuales, como el de OTT (aunque en su última edición es claramente  conciliar)

En la cita siguiente traigo la que yo creo acertada explicación del texto citado que con frecuencia es tergiversado. La traigo del libro que puede descargarse en la barra lateral, “Misterio de iniquidad” y que también puede leerse en el blog en la entrada ¿Puede un papa enseñar el error?, con mayor amplitud que en la siguiente cita:

n la Basílica de San Pedro, al fondo del ábside, se conserva, encerrada en un relicario de bronce dorado, la preciosa silla que servía a San Pedro. Este asiento, (término latino: cathedra) ha dado su nombre a las definiciones “ex cathedra”, proclamadas “desde lo alto de la cátedra” por el Vicario de Cristo.”

En la Basílica de San Pedro, al fondo del ábside, se conserva, encerrada en un relicario de bronce dorado, la preciosa silla que servía a San Pedro. Este asiento, (término latino: cathedra) ha dado su nombre a las definiciones “ex cathedra”, proclamadas “desde lo alto de la cátedra” por el Vicario de Cristo.”

Lo que es sobresaliente, es que el capítulo 4 de Pastor aeternus, donde se trata de la fe inquebrantable del papa, culmina justamente con la definición de infalibilidad pontificia. Esta definición comienza con las palabras “Es por esto…” Por la expresión “es por esto”, los Padres establecen un lazo con lo que precede, a saber la fe inquebrantable. La infalibilidad de la enseñanza – ¡notemos bien el nexo! Deriva de la fe siempre pura. De suerte que al ser la fe siempre pura, la enseñanza será forzosamente por vía de consecuencia, ¡siempre pura de todo error!

“Este carisma de verdad y de fe por siempre indefectible ha sido acordado por Dios a Pedro y a sus sucesores en esta cátedra (…) ES POR ESTO, ligándonos fielmente a la tradición recibida desde el origen de la fe cristiana definimos como un dogma revelado por Dios:

El pontífice romano, cuando habla ex cathedra, es decir cuando, desempeñando su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define, en virtud de su suprema autoridad apostólica, que una doctrina sobre la fe o las costumbres debe ser cumplida por toda la Iglesia, goza, por la asistencia divina a él prometida en la persona de San Pedro, de esta infalibilidad que el divino Redentor ha querido que fuera provista su Iglesia, cuando ella defina doctrina sobre la fe y las costumbres. En consecuencia, estas definiciones del pontífice romano son irreformables por ellas mismas y no en virtud del consentimiento de la Iglesia. Si alguno, lo que Dios no quiera, tuviera la presunción de contradecir esta definición, que sea anatema” (Pastor aeternus, ch. 4).

Destaquemos, enseguida, que esta definición no prescribe ningún modo de enseñanza específico. Vaticano I dice: el pontífice romano es infalible “cuando él define” y no: “solamente cuando define solemnemente”. No se precisa tampoco que el pontífice romano deba escribir obligatoriamente: “Nosotros definimos”. Basta que declare que tal o cual punto forma parte de la doctrina o de la moral cristiana.

Analicemos más de cerca la definición. Cuando el papa enseña solo, “goza (…) de esta infalibilidad (de) la Iglesia”. Luego esta infalibilidad de la Iglesia, como lo hemos visto en el prólogo y en el capítulo 3 de Dei Filius, engloba los dos modos de enseñanza(magisterio extraordinario y magisterio ordinario). Así, el papa enseñando solo, es infalible cuando impone una doctrina a los fieles, sea por una definición solemne (modo extraordinario) o por su enseñanza de todos los días (modo ordinario).

Retengamos bien esto: Vaticano I no dice de ninguna manera que el papa sería “SOLAMENTE” infalible en sus definiciones solemnes. ¿Por qué? Y bien,
¡simplemente porque el papa es TAMBIÉN infalible en su enseñanza de todos los días! Esto surge netamente de una puntualización de Mons. D’Avanzo, el relator de la Diputación de la Fe de Vaticano I: “La Iglesia es Infalible en su magisterio ordinario, que es ejercido cotidianamente principalmente por el papa, y por los obispos unidos a él, que por esta razón son, como él, infalibles de la infalibilidad de la Iglesia, que es asistida por el Espíritu Santo todos los días (…)

Pregunta: ¿Luego a quién pertenece el :
1. declarar las verdades implícitamente contenidas en la revelación?
2. definir las verdades explícitas?
3. vengar las verdades atacadas?

Respuesta: Al papa, sea en concilio, sea fuera de concilio. El papa es, en efecto, el Pastor de los pastores y el Doctor de los doctores”(Mons. D’Avanzo), relator de la Diputación de la Fe del primer concilio del Vaticano: “Status questionis” (“estado de la cuestión de la infalibilidad”), comienzos de julio de 1870; documento histórico nº 565 del apéndice B de las actas del concilio, in: Gerardus Schneemann (ed.): Acta et decreta sacrosanti oecumenici concilii Vaticani cum permultis aliis documentis ejusque historiam spectantibus, Freiburg 1892, col. 1714).

He aquí todavía otra intervención, del mismo relator de la Diputación de la Fe. “Hay, en la Iglesia, un doble modo de infalibilidad: el primero se ejerce por el magisterio ordinario. (…) Es porque, lo mismo que el Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad permanece todos los días en la Iglesia, la Iglesia también enseña todos los días las verdades de la fe, con la asistencia del Espíritu Santo. Ella enseña todas las verdades, sea ya definidas, sea explícitamente contenidas en el depósito de la revelación, pero no definidas todavía, sea, en fin, aquéllas que son el objeto de una fe implícita. Estas verdades, la Iglesia las enseña COTIDIANAMENTE, TANTO PRINCIPALMENTE POR EL PAPA, como por cada uno de los obispos en comunión con él. Todos, el papa y los obispos, en esta enseñanza ordinaria, son infalibles con la infalibilidad misma de la Iglesia. Ellos difieren solamente en esto: los obispos no son infalibles por ellos mismos, sino que tienen necesidad de la comunión con el papa que los confirma, pero EL PAPA, ÉL NO TIENE NECESIDAD DE OTRO QUE DE LA ASISTENCIA DEL ESPÍRITU SANTO, QUE LE HA SIDO PROMETIDA. Así, el enseña y no es enseñado, él confirma y no es confirmado” (Intervención oficial de Mons. D’Avanzo, relator de la Diputación de la Fe, ante los Padres del Vaticano, in: Dom Paul Nau “Le magistère pontifical ordinaire, lieu théologique. Essai sur l’autorité des enseignements du souverain pontife”, in Revue thomiste, 1956, p. 389 – 412 extraído por Neubourg 1962, p. 15).

Algunos años después del concilio Pío IX critica a los católicos liberales (Carta Per tristissima, 6 de marzo de 1873). Allí se encuentra una frase clave: “ellos se creen más sabios que esta cátedra a la que ha sido prometido un socorro divino, especial y PERMANENTE”. Visto que la cátedra de Pedro goza de una asistencia permanente del Espíritu Santo, la infalibilidad“ordinaria” es atribuida no solamente a la Iglesia universal, sino también al papa enseñando solo. El magisterio pontificio ordinario es, él también, infalible.

El conocimiento de todos estos pasajes constituye una ayuda preciosa para comprender bien el sentido de la famosa definición de la infalibilidad pontificia hecha en Vaticano I. Pues es grande el peligro de malinterpretar Pastor aeternus. Un especialista en la cuestión, Dom Nau, pone en guardia a los teólogos que disertaban sobre el crédito a acordar al magisterio pontifical:

 “El más grande peligro” es “quebrantar la confianza y la adhesión de los fieles. Sería particularmente peligroso oponer magisterio solemne y ordinario a partir de las categorías demasiado simplistas de falible e infalible” (Nau, op. cit.). El dominio de la infalibilidad del papa cubre en efecto no solamente el magisterio extraordinario, sino también el magisterio ordinario. La gran mayoría de los católicos, sin hablar de los teólogos, sabe que Vaticano I ha proclamado la infalibilidad del pontífice romano. Pero lo que se olvida bastante a menudo, es que Vaticano I definió una infalibilidad para los dos modos de enseñanza: 1. la enseñanza pontificia extraordinaria (solemne); 2. la enseñanza ordinaria.

El magisterio pontificio ordinario es, él también, infalible, se trate de una alocución, de una encíclica o de una bula de canonización. Para que el texto sea infalible, basta simplemente que el papa quiera imponer una doctrina a todos los fieles comprometiendo su autoridad pontificia: 

Ciertas fórmulas empleadas en los documentos concernientes al magisterio ordinario prueban que el papa quiere comprometer su infalibilidad.

Citamos algunos ejemplos:

La interdicción de la contracepción artificial es “la expresión de una ley natural y divina, contraria al orden establecido por Dios” (Pío XII: Discurso a las parteras, 29 –
30 de octubre de 1951). “En calidad de maestro supremo de la Iglesia, Nos hemos, sentados en la cátedra de San Pedro (ex cathedra Divi Petri) pronunciado solemnemente: en honor de la Trinidad santa e indivisible, para la exaltación de la ley católica y la extensión de la religión cristiana, en virtud de la autoridad de NSJC, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la nuestra (…) Nos definimos y declaramos que la bienaventurada Jeanne Antide Tiouret es santa” (Pío XI: carta decretal Sub salutiferae, enero 14 de 1934).
“Penetrado del deber de nuestro cargo apostólico, y pleno de solicitud por nuestra santa religión, por la sana doctrina, por la salud de las almas que nos es confiada de lo alto y por el bien mismo de la sociedad humana, Nos hemos creído deber elevar nuevamente la voz”(Pío IX: encíclica Quanta cura, diciembre 8 de 1864).

“En tanto que doctor de la Iglesia Universal”, Pío XII enseña los “misterios revelados por Dios” válidos para “todo el pueblo de Dios”(encíclica Mystici corporis, junio 29 de 1943). Los términos empleados por Pío XII, ¿no indican claramente que él habla “ex cathedra”? y esta enseñanza infalible, ¿no se encuentra en un escrito ordinario? Desde luego, ¿cómo se puede reducir el dominio de la infalibilidad pontificia a las únicas definiciones solemnes, en los casos de la definición de la Inmaculada Concepción en 1854 y la de la Asunción en 1950? ¿No es amputar la doctrina católica?

Visto que ciertos teólogos (pseudocatólicos) niegan la infalibilidad del magisterio ordinario pontificio, Pío XII reafirma netamente la infalibilidad permanente de los pontífices: No puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema majestad de su Magisterio. Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: El que a vosotros oye, a mí me oye; y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya — por otras razones— al patrimonio de la doctrina católica. Y si los sumos pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos. (Encíclica Humani generis, agosto 12 de 1950).

Pío XII se yergue aquí contra las personas que bajo pretexto de que el papa no enseñaría solemnemente, creen que tales escritos pueden contener opiniones contestables. Luego, las encíclicas y otros actos corrientes del “magisterio ordinario”, dice Pío XII, son la voz de Cristo. Y como Cristo no miente jamás, estos textos son por la fuerza de las cosas siempre infalibles. La infalibilidad es así permanente, de ninguna manera limitada a las definiciones solemnes puntuales.

Y el mismo papa decía en otra ocasión: “Cuando se hace oír la voz del magisterio de la Iglesia, tanto ordinario como extraordinario, recibidla con un oído atento y con un espíritu dócil” (Pío XII a los miembros del Angélico, enero 14 de 1958).

El papa León XIII manda a los católicos creer todo lo que enseña el papa (nueva prueba de la infalibilidad permanente del soberano pontífice): “Es necesario tener una adhesión inquebrantable a TODO lo que los pontífices romanos han enseñado o enseñarán, y, todas las veces que las circunstancias lo exijan, hacer profesión pública”. (León XIII: encíclica Immortale Dei, noviembre de 1885). El papa no hace ningún distingo entre magisterio extraordinario u ordinario: “Todas las veces que la palabra de este magisterio declara que tal o cual verdad hace parte del conjunto de la doctrina divinamente revelada, cada uno debe creer con certitud que eso es verdadero; pues si esto pudiera de alguna manera ser falso, se seguiría, lo que es evidentemente absurdo, que Dios mismo sería el autor del error de los hombres” (León XIII: encíclica Satis cognitum, junio 29 de 1896).
Todas las encíclicas que condenan los errores modernos de 1789 son del dominio del magisterio ordinario. Ahora bien, León XIII afirma que a este respecto, “cada uno debe atenerse al juicio de la Sede apostólica y pensar como ella piensa. Si pues, en estas coyunturas tan difíciles (crisis de la Iglesia y de la sociedad), los católicos nos escuchan como hace falta, sabrán exactamente cuáles son los deberes de cada uno tanto en teoría como en práctica” (Inmortale Dei, noviembre 1 de 1885). Luego, el magisterio pontificio ordinario es infalible. El papa es infalible cotidianamente.

La expresión “infalibilidad cotidiana del papa” sorprende probablemente al lector, porque es raro leer una aseveración parecida en las revistas o libros actuales. No obstante, esta interpretación de Vaticano I es realmente el reflejo de lo que el papado mismo ha enseñado al respecto de la infalibilidad del magisterio pontificio ordinario. Hemos citado ya Humani generis, citemos todavía otra interpretación auténtica de la definición de Vaticano I, que debería contar con la adhesión del lector, visto que ella emana de un papa:

El magisterio de la Iglesia – el cual, siguiendo el plan divino, ha sido establecido aquí abajo para que las verdades reveladas subsistan PERPETUAMENTE y que sean transmitidas fácilmente y seguramente al conocimiento de los hombres – se ejerce CADA DÍA por el pontífice romano y por los obispos” (Pío XI: encíclica Mortalium animos, enero 6 de 1928).

Conclusión: La enseñanza del papa será siempre irreprochable. Es simple de probar, comparando los prólogos de dos textos de Vaticano I:

1. La Iglesia enseña la verdad todos los días (prólogo de Dei Filius)
2. Esta infalibilidad cotidiana de la Iglesia docente reposa sobre la fe indestructible del papa (prólogo de Pastor aeternus)
3. Luego el papa predica la verdad todos los días así como los obispos en comunión con él.
Esta conclusión es corroborada por otros documentos de Vaticano I presentes en el capítulo siguiente.

RESUMIDO: Según el concilio Vaticano I un papa no enseñará jamás un error en la fe

 

4 replies »

  1. Estimados Amor de la Verdad.

    Como la mayoría de los miembros de la Iglesia somos legos en materia de teología y en el conocimiento de tan intrincadas doctrinas, que como se ha visto aquí, hasta los más versados difieren y cuánto más ilustrados, más sutiles son las diferencias entre una y otra, entonces yo, como católico simple, me ciño a la doctrina que la Iglesia dió siempre a quienes como nosotros necesitamos conocer las verdades de a puño, al Catecismo.

    Y para eso cito aquí el Catecismo Mayor de San Pío X que se puede consultar en este mismo blog en el siguiente enlace:

    https://moimunanblog.files.wordpress.com/2011/04/catecismo-mayor-san-pio-x.pdf y que textualmente dice:

    200.- ¿Cuándo es infalible el Papa? El Papa es infalible sólo cuando, en
    calidad de Pastor y Maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema
    y apostólica autoridad, define que una doctrina acerca de la fe o de las
    costumbres debe ser abrazada por la Iglesia universal.

    Al decir ‘sólo’ hace una distinción y establece un límite que excluye todas las demás circunstancias.

    De manera que yo, como la mayoría de los católicos simples que no tenemos ni las luces, ni el conocimiento ni el acceso a todos los textos que ustedes citan, somos herejes y estamos equivocados con San Pío X?

    Así pues, creo que San Pío X ya zanjó, él no puede enseñar el error, como todos están de acuerdo en este blog, de manera que adhiero esa doctrina, que es la de la Iglesia, la que se ha sabido y profesado siempre en todas partes, la misma que ha defendido aquí el Padre Méramo.

    El Papa no es persona divina, puede errar fuera de los términos establecidos por el concilio Vaticano I que son los aquí referidos.

    Respeto mucho al señor Moimunan que de buena fe se equivoca y nos permite este espacio de expresión, pero no puedo respetar su error.

    Un saludo en Cristo

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  2. ¡No tan rápido!

    Primero, esa cuestión es en sí misma sencillísima, y así la comprendieron todas las generaciones cristianas, cultos e incultos. Se resume en un sola frase:

    “Por la Oración y Promesa de Cristo, el Espíritu Santo impide al Papa enseñar a la Iglesia cualquier error en fe y moral”

    En cuanto al Catecismo atribuido a san Pío X, el argumento que Ud. utiliza es ya muy viejo, y sobre todo, falso.

    Porque el mismo Papa ordenó primero la impresión para Italia de un texto anterior, de 1765, llamado Compendio de la fe cristiana, en 1905, y cuyas primeras impresiones aparecieron en 1906.

    Ese texto NO contaba con la aprobación personal y en forma specífica de san Pío X.

    Precisamente por este error, y otros, san Pío X ordenó una refundición completa del texto, con bastantes menos artículos, y haciendo desaparecer errores galicanos como ese solamente, puesto que el Papa, incluso para los partidarios de restringir al máximo el ámbito de su infalibilidad, y de multiplicar sus condiciones, es infalible en muchos de sus actos, como son las canonizaciones, la promulgación de leyes generales, o de ritos litúrgicos.

    El verdadero Catecismo de san Pío X, el de 1912, fue hecho desaparecer de todas las librerías en un tiempo récord, mientras se imprimían a toda prisa ediciones del texto de 1906, pero con el título Catecismo de san Pío X, que en rigor sólo pertenecía al de 1912.

    Para mayor confusión, ciertas ediciones incluso mezclaron puntos del catecismo de 1906, con otros del de 1912, sin avisar a los fieles de esos cambios.

    Todo ello, porque la mafia modernista seguía muy activa, y aprovechó esa magnífica ocasión para hacer decir a san Pío X precisamente lo que éste quiso corregir con la edición de 1912.

    El que un profesor del Seminario francés de Roma se atreviera, en plenos años ’20, a calificar la infalibilidad cotidiana de los Papas como “la gran herejía del S. XX”, sin que nadie moviera un dedo, ya nos puede indicar los progresos que había realizado la secta modernista desde los tiempos de Dom Guéranger, y sobre todo, desde la muerte de san Pío X, de quién falsificaron la obra, lo mismo que los cismáticos y los herejes falsificaron no sólo cartas, sino hasta Actas conciliares, con tal de acusar a santos Papas como Liberio u Honorio.

    Discípulo de ese P. Le Floch fue un tal Marcel Lefebvre, cuyos seguidores han hecho todo lo posible para acreditar la idea de que el texto de 1906 era el auténtico de san Pío X, mientras escondían cuidadosamente el verdadero y corregido, menos convenientes para sus doctrinas subversivas de la autoridad del Papa.

    Por último puede ver que no sólo por esa cuestión, los fieles se han preguntado si esa edición de 1905 o 1906 (ahora generalmente reproducida) era realmente la auténtica, y si san Pío X podía haber dado su aprobación a tal texto, y desde luego, les es enormemente difícil obtener una edición de 1912 no adulterada, porque ya se encargó el enemigo de hacerla desaparecer tan pronto como salió.

    Siete diferencias

    Dos años más tarde, estallaba “il guerrone”, y poco después moría el mismo santo Papa, por lo que ya tuvieron las manos libres para proceder al cambiazo.

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  3. Estimado Sr. Moimunan:
    No pensaba escribir una sola palabra más sobre este tema y dejarlo cerrado para siempre.
    No obstante, y con las disculpas por esta nueva incursión en su blog, le confieso que me quedó una espina clavada después de leer su definición en “Zanjando la cuestión…”, y que, no deseando que me siga molestando, quiero manifestársela seguidamente, sin que esto signifique, de ninguna manera, reabrir el tema, pues, como Ud. verá, a lo que me voy a referir es concreta y exclusivamente a un juicio suyo sobre “la posición que Ud. estima falsa”.
    Le aclaro, de antemano, que respeto su criterio, su postura, su opinión, pero no un error como el que Ud. ha cometido -si no estoy equivocado- en su exposición.
    Con todo respeto, creo un derecho, y hasta una obligación, objetarle el recurso argumental consistente en tomar como ejemplo o parámetro de la opinión de varios foristas con los cuales Ud. disiente, un par de mensajes de una misma y determinada persona (Manuel Vázquez), para cuestionar y descalificar en absoluto a toda “la posición que Ud. estima falsa”, diciendo que dichos comentarios (los de Vázquez) “resumen” (sic) la posición que Ud. no comparte.
    En tal sentido, deseo poner en claro que, habiendo leído todos los mensajes sobre este mismo tema, absolutamente en ninguno de ellos encuentro que ni siquiera se vislumbre una opinión como la que deja asentada el Sr. Vázquez, quien, no sólo incurre en gravísimos errores doctrinales, sino que hasta comete el desatino y la falta de respeto de atribuirle al padre J.Sáenz Arriaga algo que jamás éste dijo ni sostuvo (mensaje del 31 de agosto de 2013 a las 21:32).
    Para terminar, insisto en que respeto su opinión, y en absoluto intento contrariarla, sino que, simplemente, deseo poner blanco sobre negro en esta cuestión, haciéndole notar el error que significa apelar al recurso de tomar como punto de partida de su cuestionamiento una opinión absolutamente individual y fuera de lugar, como la del nombrado Vázquez, cuando ni siquiera le hacía falta a Ud. tal argumento, puesto que cuenta con otros muchos más válidos y sustanciales que ése.
    Sin más, y agradeciéndole desde ya la publicación de este comentario, si así lo creyere oportuno, lo saludo cordialmente.
    Ernesto

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  4. Apreciado señor Moimunam, permítame contestarle a Fray Eusebio:

    Discúlpeme Fray Eusebio, pero el Señor Moimunam, ilustre responsable de este blog, es un experto profesional bibliotecólogo, como el mismo nos lo refiere y de lo cual no dudamos; y no creo que se le hubiera pasado ese detalle al que usted alude, hasta el punto de poner en su propio blog, una edición falsa del catecismo de San Pío X.
    Un saludo en Cristo

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