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UNA OBJECIÓN INSUSTANCIAL


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Es la que trae un amable, pero tajante, comentarista,  y del que más abajo reproduzco el comentario al post anterior “Zanjando la cuestión de la infalibilidad del papa”. Al decir insustancial me refiero a la cualidad dicha de la objeción, tal como puede leerse en su comentario, que carece de sustancia, que como se sabe significa soporte o sostén de los accidentes, que  no pueden sostenerse sin sustancia, o sin otra sustancia que por milagro la sustituya. Es decir creo que es una objeción sin base como a continuación demostraré, de manera que no quede alguna duda.

Antes de proseguir diré que al decir “zanjar” las cuestión yo me refería no a la doctrina expuesta en sí,  sino a su discusión prolongada en el blog, como se deduce  obviamente de su lectura. Lo cual ha malinterpretado el comentarista  Pacodepaula.

Pero ciñéndonos a la doctrina expuesta creo que no existen razones convincentes para zanjar la cuestión, ahora sí, en sí misma, como él lo hace,  llegando a tachar al blog y a mí mismo  de sostener un error diciendo  “que de buena fe se equivoca y nos permite este espacio de expresión, pero no puedo respetar su error”.  No deja de ser chocante que quien niega la infalibilidad de los papas en su magisterio ordinario que han utilizado muchas veces para denunciar errores, defina apodícticamente   y achaque  a otros, errores.

PREÁMBULO NECESARIO A LA REFUTACIÓN DE LA OBJECIÓN

Como preámbulo a esta entrada repetiré lo dicho muchas veces: Infalibilidad es lo contrario de falibilidad en materias de Fe o costumbres. Lo cual quiere decir que quien la posea está libre en su magisterio de propagar herejías o errores contra la Fe.  Si un papa no fuera infalible en su magisterio ordinario, podría como maestro propalar herejías en todo el cuerpo social católico. O sea llevar con su magisterio- de quien dijo Cristo “Quien a vosotros oye a mi me oye”-  a toda la Iglesia al crimen de la herejía. Esto es lo que sucedió y sucede con antipapas  no protegidos por la infalibilidad. Más de una vez ha sucedido en la historia de la Iglesia.  Resumiendo: ser infalible, dicho de un papa, equivale a decir que no puede enseñar herejías o errores contra la Fe.

Si un papa hubiera caído en la herejía en su magisterio ordinario lo hubiera hecho porque no estaba protegido por la infalibilidad. Pero lo mismo vale decir si hubiera propagado errores contra el deposito de la Fe, aunque no hubiera sido ésta explicitada dogmáticamente en algún punto. Por ejemplo, un papa verdadero nunca enseñó el error contrario a la doctrina de la Inmaculada concepción,  que como puede comprobarse, en la historia anterior a la proclamación del dogma, nunca se dio. Sin embargo escuelas católicas lo sostuvieron y el mismo papa Alejandro VI en su bula Solicitudo omnium ecclesiarum prohibió tajantemente acusar de herejía o pecado mortal a los que sostuvieran la sentencia contraria. Los teólogos católicos podían hacerlo, porque no eran infalibles. Los papas no lo sostuvieron en su magisterio ordinario ni podían sostenerlo, porque estaban protegidos por la infalibilidad.

De manera que nuestra postura del “infalibilismo” es justamente ésta: Un papa legítimo en su magisterio ordinario no puede sostener herejías o errores contra la Fe. No quiere decir que en los documentos del magisterio todo lo que diga en el orden filosófico, histórico, natural, artístico prudencial, estratégico etc…sea verdad, pues en ello pueden deslizarse errores. Pero sí decimos que en estos documentos no habrá afirmaciones que sean  herejías ni errores contra la Fe o la Moral. Tampoco quiere decir que lo sostenido por el papa obligara siempre  a profesarlo entre los católicos, por lo menos en un grado igual al del magisterio solemne. Viene al caso lo dicho sobre la doctrina de la Inmaculada Concepción.

BULA EX CATHEDRA “LICET EA”

Además demasiadas veces se olvida que hay doctrina solemnemente promulgada  y por lo tanto obligatoria que condena la sentencia contraria. En efecto Sixto IV en la  BULA LICET EA. Contra la herejía: Ecclesia Urbis Romae errare potest, condena enérgicamente “ex cathedra” la sentencia contraria de Pedro de Osma  que se atrevió a enseñar “Ecclesia Urbis Romae erarre potest”. Lo cual quería decir que Iglesia de Roma y el Papa que la preside como obispo de Roma, pueden propagar herejías o errar en la Fe.

Estos son los términos de la condenación de la doctrina, en la que había 7 proposiciones sobre las indulgencias y el sacramento de la penitencia:

“Nos, declaramos (…) que las proposiciones precitadas son falsas, contrarias a la santa fe
católica, erróneas, escandalosas, totalmente extrañas a la verdad de la fe, contrarias a los
decretos de los santos Padres y a las constituciones apostólicas y que ellas contienen una
herejía manifiesta” (Sixto IV: constitución apostólica bajo la forma de bula Licet ea de agosto 9 de
1478).

Pero además añade respecto de las proposiciones no citadas “por su enormidad” y que atañen a la sentencia citada anteriormente estos términos inusuales en las condenas:

“… y las otras (proposiciones) que Nos dejamos en
silencio a causa de su enormidad (que aquéllos que las
conocen las olviden, y que aquéllos que no las conocen
no sean puestos al corriente por nuestra presente),
Nos, las declaramos falsas, contrarias a la santa fe 

católica, erróneas, escandalosas, totalmente extrañas a
la verdad de la fe, contrarias a los decretos de los
santos Padres y a las constituciones apostólicas, y
conteniendo una herejía manifiesta

Ésta es la célebre condenación de Pedro de Osma qe fue eliminada del Denzinger en su edición de 1935 y relegada a una nota a pie de página por Carolus  Rahner. Pero dejó su número 730, vacío. De manera que se saltaba del número 729 al 731, sin dar ninguna explicación. Todas las ediciones del Denzinger posteriores hicieron lo mismo, sin ni siquiera reservarle la nota a pie de página. Por último la última edición de Hünerman suprime la condenación de Pedro de Osma en cuanto a dicha sentencia sin contemplaciones. Lo mismo hace el manual “La Fe de la Iglesia” [puede consultarse en la barra lateral] de Justo Collantes, que comete la impostura de decir “El papa sacó otras tres proposiciones de su condena” como queriendo decir que al papa no le pareció bien condenarlas.  Éste fue El triste estrambote de una impostura  que comenzó con Karl Rahner en 1935 y llegó a estos extremos en nuestros días. Todo esto puede comprobarse más extensamente pulsando el enlace  dado arriba del documento.

De manera que quien niegue, mi querido pacodepaula, la tesis del infalibilismo  o atribuya error o equivocación, como Ud. hace a quien la sustente, cae de lleno en esta condenación ex cathedra, si es que con ello Ud. acepta que un papa puede caer en su enseñanza en la herejía o error contra la Fe.

No se puede mantener  que la Iglesia de Roma puede errar contra la Fe  o lo que es lo mismo, mantener que el papa, que es quien la preside, puede enseñar en su magisterio, ordinario o extraordinario, herejías o errores contra la Fe. La razón de esto es porque está protegido por la infalibilidad prometida por nuestro Señor Jesucristo. O sea el papa en su enseñanza es infalible

Todo lo anterior está dicho en el blog desde hace tiempo y nunca ha habido una refutación. Está pero se lo ignora. pues bien hay que enfrentarse a la realidad de los hechos y pasar a la refutación.,si es que se puede.

REFUTACIÓN DEL COMENTARIO DE PACODEPAULA

Dicho todo lo anterior empiezo como es razón reproduciendo el comentario de pacodepaula:

Dice P.

Como la mayoría de los miembros de la Iglesia somos legos en materia de teología y en el conocimiento de tan intrincadas doctrinas, que como se ha visto aquí, hasta los más versados difieren y cuánto más ilustrados, más sutiles son las diferencias entre una y otra, entonces yo, como católico simple, me ciño a la doctrina que la Iglesia dió siempre a quienes como nosotros necesitamos conocer las verdades de a puño, al Catecismo.

Y para eso cito aquí el Catecismo Mayor de San Pío X que se puede consultar en este mismo blog en el siguiente enlace:

https://moimunanblog.files.wordpress.com/2011/04/catecismo-mayor-san-pio-x.pdf y que textualmente dice:

200.- ¿Cuándo es infalible el Papa? El Papa es infalible sólo cuando, en
calidad de Pastor y Maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema
y apostólica autoridad, define que una doctrina acerca de la fe o de las
costumbres debe ser abrazada por la Iglesia universal.

Al decir ‘sólo’ hace una distinción y establece un límite que excluye todas las demás circunstancias.

De manera que yo, como la mayoría de los católicos simples que no tenemos ni las luces, ni el conocimiento ni el acceso a todos los textos que ustedes citan, somos herejes y estamos equivocados con San Pío X?

Así pues, creo que San Pío X ya zanjó, él no puede enseñar el error, como todos están de acuerdo en este blog, de manera que adhiero esa doctrina, que es la de la Iglesia, la que se ha sabido y profesado siempre en todas partes, la misma que ha defendido aquí el Padre Méramo.

El Papa no es persona divina, puede errar fuera de los términos establecidos por el concilio Vaticano I que son los aquí referidos.

Respeto mucho al señor Moimunan que de buena fe se equivoca y nos permite este espacio de expresión, pero no puedo respetar su error.

Un saludo en Cristo

En tan breve comentario encuentro una contradicción de fondo y prejuicios y acusaciones que paso a detallar.

Es contradictorio negar la infalibilidad de los papas en su magisterio ordinario, y al mismo tiempo dar autoridad a un catecismo supuestamente aprobado por el papa Pío X. El comentarista niega la infalibilidad, que exime de error o herejía, al magisterio ordinario del papa en sus encíclicas, alocuciones, cartas apostólicas, y otros pronunciamientos. Lo cual quiere decir que implícitamente reconoce que en todo este magisterio han podido propalarse errores y herejías. Lo cual   equivaldría a resistir  y poder enjuiciar, por graves motivos, eso sí, como dicen, la enseñanza de los papas. No otra cosa hicieron los protestantes, y antes los cismáticos griegos, después los jansenistas y más tarde los galicanos.   Aun hoy en día es lo que hacen los que reconociendo a los actuales papas, enjuician su magisterio, lo condenan, escriben contra él, y en resumidas cuentas le hacen objeto de agrios ataques, hasta irreverentes, porque niegan el carácter infalible de sus pronunciamientos. Muchos otros por esta senda llegan a despreciar los códigos aprobados por los papas, la liturgia, los concilios aprobados por ellos diciendo que son pastorales, las  canonizaciones etc.. Como se ve es todo el arco iris del catolicismo actual – que abarca los católicos liberales, los neoconservadores, los tradicionalistas de distinto adscripción, y aun los sedevacantistas antiinfalibilistas- quienes se oponen a la condenación de Sixto IV.

Pero, eso sí , un catecismo supuestamente de San Pío X, sería cuasi infalible. Hasta el punto de que Ud. tache de errónea cualquier disensión, y acusar de equivocación y de error que no puede respetar.

Es sabido que hay quienes negando el bautismo de deseo han tachado a catecismos como el de Trento y éste de San Pío X, como erróneos.[ Dejo aparte la negación que hacen de la enseñanza de toda la Iglesia, de los obispos unidos al papa, de papas, de santos, de doctores etc..  No contemplo ahora el hecho que ellos rechazan de  que el Concilio de Trento se haya pronunciado en dos famosos cánones,  retorciendo su obvio sentido gramatical. Pero lo cierto es que al rechazar el magisterio infalible de los papas, sostienen sus propias herejías y errores en esta materia. ]

Ellos enjuician así  lo dicho por el catecismo de San Pío X:

..éste catecismo aunque atribuído a San Pío X, no salió de su pluma y no fue solemnemente promulgado por él. No hay una bula papal de este papa promulgándolo, por lo que es un catecismo falible que se hizo público en su reinado y llevó su nombre.

Por lo menos hay que atribuirles coherencia, la cual brilla por su ausencia en su  comentario. Ellos niegan la Tradición motejándola de “tradición de hombres”, niegan la infalibilidad de la Iglesia (que aprobó esta doctrina universalmente durante siglos), y sólo aceptan la infalibilidad de las doctrinas ex cathedra. Aunque eso sí, interpretadas con su juicio privado. Por eso digo que son coherentes.

No deja de ser cierto lo que dicen calificando a este catecismo de “atribuído a San Pío X“.  Lo cual es más que dudoso porque era el catecismo que corría en las diócesis italianas, y que el mismo San Pío X corrigió con una nueva versión, que desconocemos, porque ha sido ocultada por aquéllos que haciéndose propagadores del pensamiento galicano tenían por objetivo propalar la falsa interpretación del capítulo IV de la Pastor Aeternus.  De todas maneras el “sólo”  del punto 200, contradice abiertamente otras manifestaciones de este santo papa, que reclamó muchas veces obediencia y sumisión a la enseñanza de los papas. Si sólo fueran infalibles  en contada circunstancias (por ejemplo hace más de 60 años en la proclamación del dogma de la Asunción de Nuestra Señora, y en su tiempo en la proclamación en 1854 del dogma de la Inmaculada Concepción) ¿a qué viene erigirse en pastor y regla de la fe, promulgando encíclicas  como la Pascendi, que en resumidas cuentas pudieran estar equivocadas en cuanto a la Fe o las costumbres?. A propósito de este punto llega un comentario de Fray Eusebio de Lugo que detalla todo esto que transcribo:

¡No tan rápido!

Primero, esa cuestión es en sí misma sencillísima, y así la comprendieron todas las generaciones cristianas, cultos e incultos. Se resume en un sola frase:

“Por la Oración y Promesa de Cristo, el Espíritu Santo impide al Papa enseñar a la Iglesia cualquier error en fe y moral”

En cuanto al Catecismo atribuido a san Pío X, el argumento que Ud. utiliza es ya muy viejo, y sobre todo, falso.

Porque el mismo Papa ordenó primero la impresión para Italia de un texto anterior, de 1765, llamado Compendio de la fe cristiana, en 1905, y cuyas primeras impresiones aparecieron en 1906.

Ese texto NO contaba con la aprobación personal y en forma specífica de san Pío X.

Precisamente por este error, y otros, san Pío X ordenó una refundición completa del texto, con bastantes menos artículos, y haciendo desaparecer errores galicanos como ese solamente, puesto que el Papa, incluso para los partidarios de restringir al máximo el ámbito de su infalibilidad, y de multiplicar sus condiciones, es infalible en muchos de sus actos, como son las canonizaciones, la promulgación de leyes generales, o de ritos litúrgicos.

El verdadero Catecismo de san Pío X, el de 1912, fue hecho desaparecer de todas las librerías en un tiempo récord, mientras se imprimían a toda prisa ediciones del texto de 1906, pero con el título Catecismo de san Pío X, que en rigor sólo pertenecía al de 1912.

Para mayor confusión, ciertas ediciones incluso mezclaron puntos del catecismo de 1906, con otros del de 1912, sin avisar a los fieles de esos cambios.

Todo ello, porque la mafia modernista seguía muy activa, y aprovechó esa magnífica ocasión para hacer decir a san Pío X precisamente lo que éste quiso corregir con la edición de 1912.

El que un profesor del Seminario francés de Roma se atreviera, en plenos años ’20, a calificar la infalibilidad cotidiana de los Papas como “la gran herejía del S. XX”, sin que nadie moviera un dedo, ya nos puede indicar los progresos que había realizado la secta modernista desde los tiempos de Dom Guéranger, y sobre todo, desde la muerte de san Pío X, de quién falsificaron la obra, lo mismo que los cismáticos y los herejes falsificaron no sólo cartas, sino hasta Actas conciliares, con tal de acusar a santos Papas como Liberio u Honorio.

Discípulo de ese P. Le Floch fue un tal Marcel Lefebvre, cuyos seguidores han hecho todo lo posible para acreditar la idea de que el texto de 1906 era el auténtico de san Pío X, mientras escondían cuidadosamente el verdadero y corregido, menos convenientes para sus doctrinas subversivas de la autoridad del Papa.

Por último puede ver que no sólo por esa cuestión, los fieles se han preguntado si esa edición de 1905 o 1906 (ahora generalmente reproducida) era realmente la auténtica, y si san Pío X podía haber dado su aprobación a tal texto, y desde luego, les es enormemente difícil obtener una edición de 1912 no adulterada, porque ya se encargó el enemigo de hacerla desaparecer tan pronto como salió.

Siete diferencias

Dos años más tarde, estallaba “il guerrone”, y poco después moría el mismo santo Papa, por lo que ya tuvieron las manos libres para proceder al cambiazo.

Pero aun teniendo en cuenta lo dicho anteriormente, el argumento de Pacodepaula  no se sostiene y es insustancial por el siguiente motivo:

¿QUÉ DICE EN REALIDAD EL CATECISMO SUPUESTAMENTE DE PÍO X?

Es muy discutible que el Catecismo diga lo que Ud. afirma:

El Catecismo no exige que las condiciones dichas sean expresas y enunciadas en cada ocasión. Traigo esta cita del post anterior sobre la definición del capítulo IV de Pastor aeternus, pero que vale mutatis mutandis,   para el  numero 200 del catecismo.

Destaquemos, enseguida, que esta definición no prescribe ningún modo de enseñanza específico. Vaticano I dice: el pontífice romano es infalible “cuando él define” y no: “solamente cuando define solemnemente”. No se precisa tampoco que el pontífice romano deba escribir obligatoriamente: “Nosotros definimos”. Basta que declare que tal o cual punto forma parte de la doctrina o de la moral cristiana.  

Lo anterior puede aplicarse a lo dicho por el catecismo que si enuncia unas condiciones no prescribe que sean expresamente enunciadas. Un papa cuando enseña habla siempre  como Pastor y Maestro de todos los cristianos, y habla en virtud de su suprema y apostólica autoridad, y si define que una doctrina acerca de la fe o de las costumbres debe ser abrazada por la Iglesia universal etc.. puede aplicarse sin más a todo el magisterio ordinario.

¿Acaso en el magisterio ordinario de los pontífices, ellos no actuaban  en cuanto tales,  o sea como Pastores y Maestros Supremos, y no enseñaban doctrinas definiéndolas y delimitándolas para denunciar errores, y no las exponían a la Iglesia Universal que estaba ante la obligación de aceptarlas? ¿Pretende pacodepaula, que esto SÓLO  ocurre en los pronunciamientos solemnes? ¿Dónde se dice esto en la Pastor Aeternus o en el Catecismo atribuído a San Pío X?  Más bien parece una definición (¿ex cathedra?) de los mismos que contradicen el infalibilismo. ¿Tendremos obligación de acatarla y ellos  se verán  a sí mismos investidos de autoridad, para denunciar errores de otros y achacárselos?

Le sugiero al comentarista que revise  el Denzinger, cuya edición latina de 1935 tengo delante y que en la portada dice: Enchiridion symbolorum definitionum et declarationum de rebus fidei et morum”. En él se recogen como definiciones y declaraciones pronunciamientos papales que no explicitan  las condiciones que Ud. pretende imponer para que se dé magisterio infalible. A veces son simples cartas a un obispo o a un particular. Nada que ver con las condiciones  de que habla el catecismo, si se requiere la expresión explícita de ellas.

En  el post anterior que el comentarista puede leer con atención se recogen pronunciamientos de Pío XII sobre distintas materias morales, que fueron recogidas por la Iglesia Universal, en las que habla en virtud de su autoridad apostólica como pastor supremo ( si no para qué las hacía y qué fuerza tendrían más allá de la que tendrían dichas por cualquier teólogo) definiendo verdades atingentes a la moral que todos los fieles debían cumplir.

El mismo  Pío XII dice :

No puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema majestad de su Magisterio. Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: El que a vosotros oye, a mí me oye; y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya — por otras razones— al patrimonio de la doctrina católica. Y si los sumos pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos. (Encíclica Humani generis, agosto 12 de 1950).

CARTA Y SENTENCIA MEMORABLE QUE CORROBORA LO DICHO

Es memorable la carta del papa San Dionisio al obispo de Alejandría, llamada la Sententia Dionisii, de la que San Atanasio se sirvió en su lucha contra el arrianismo. En ella no parece haber las condiciones explícitas del Catecismo. sin embargo la Iglesia entera la ha tomado como dicha a ella misma.  En una carta a Félix, escribió la memorable sentencia que puede leerse abajo en la cita.

San Atanasio (295-373) se sirvió de una carta de un papa para luchar contra los
herejes arrianos. El papa San Dionisio había escrito, hacia el año 260, una carta
doctrinal a Dionisio, obispo de Alejandría, donde condena la herejía de los sabelianos,
que fue retomada más tarde por arrianos,. Es por esto que San Atanasio reprocha a los
arrianos  haber sido ya condenados desde hacía largo tiempo por un juicio definitivo,
lo que prueba que él creía en la infalibilidad papal (De sententia Dionysii). En una carta
a Félix, escribía esta frase memorable: “La Iglesia romana conserva siempre la
verdadera doctrina sobre Dios”.

EL PAPA PERSONA DIVINA

Ud. escribe su comentario  acusando de divinizar la persona de los papas [léase en el enlace la refutación de esta acusación] a quienes sostienen la sentencia del infalibilismo.  Por consiguiente serían papólatras. Pero más bien habría que decir esto de los que aceptan la sentencia de un catecismo- que no es magisterio ordinario- dudosamente atribuido a San Pío X, y que en todo caso extienden arbitrariamente en su interpretación hasta a hacerle decir que se requieren las enunciadas condiciones explícitas y manifiestamente declaradas. ¿Pero no se da cuenta que con ello inhabilita la mayor parte del Denzinger, las sentencias de los papas como San León magno y San Leó IX (véanse en el enlace puesto a continuaciónde la tradición entera de la Iglesia, que contrariamente a lo que Ud. dice siempre ha profesado por sus Santos Padres, por sus papas, por sus doctores como San Roberto, y que lo contrario  a ello  Ud falsamente  afirma ser   doctrina, que es la de la Iglesia, la que se ha sabido y profesado siempre en todas partes?

Justo lo contrario a  esta úlltima afirmación que Ud. hace, es lo verdadero. La Iglesia nunca ha profesado esta doctrina suya, más bien ha profesado la doctrina contraria, que nosotros sostenemos, como se demuestra por los últimos enlaces. “La  Iglesia siempre la ha sostenido, como dijo San Roberto Belarmino, luego es verdad”.

RUGIDOS DE DOS LEONES QUE PROCLAMAN LA VERDAD SIEMPRE CREÍDA POR PAPAS Y FIELES

San León I el Grande (440 – 461)

ÉL dejaba entender que San Pedro vivía y enseñaba por la boca de sus sucesores: “El bienaventurado Pedro, conservando siempre esta consistencia de piedra ecibida por él, no ha abandonado el gobierno de la Iglesia (…) Si nosotros hacemos alguna cosa buena, si nosotros penetramos con precisión en las cuestiones, (…) es la obra, es el mérito de aquél cuyo poder vive y cuya autoridad manda en su Sede” (In anniversario assumptionis suae, sermón 3).

Pedro y sus sucesores estaban asegurados de una rectitud doctrinal inquebrantable: “El Mesías es anunciado como piedra elegida, angular, fundamental (Isaías XXVIII, 16). Por eso   Jesús da a Simón si propio nombre de piedra, como si le dijera: “Yo soy la piedra inviolable, la piedra angular, que reúne en uno dos cosas; yo soy el fundamento al cual nadie puede substituir; mas tú también, tú eres piedra, pues mi fuerza deviene el principio de tu solidez, de suerte que lo que me era propio y personal de mi poder, te deviene común conmigo por participación. (In anniversario Assunptionis suae, sermón 4). 

Este papa dice todavía: “En el curso de tantos siglos, ninguna herejía podía manchar a aquéllos que estaban sentados en la cátedra de Pedro, pues es el Espíritu Santo quién les enseña” (Sermón 98).

Los Padres del concilio de Calcedonia declararon formalmente sobre San León: “Dios, en su providencia, ha elegido, en la persona del pontífice romano un atleta invencible, impenetrable por cualquier error, el que viene de exponer la verdad con la última evidencia”.

San León IX (1049 – 1054),

Después de haber dicho que la Iglesia construida sobre Pedro no podía absolutamente “ser dominada por las puertas del infierno, es decir por las disputas heréticas” (cf Mateo XVI, 18) y luego citado la promesa de Cristo a Pedro (Lucas XXII, 32), amonesta a los cismáticos griegos Miguel Cerulario y León de Acrida en su carta In terra pax de 2 de septiembre de 1053:

“¿ALGUIEN SERÁ LO BASTANTE LOCO PARA ATREVERSE A PENSAR QUE LA PLEGARIA DE AQUÉL PARA QUIEN QUERER E PODER PUEDA QUEDAR SIN EFECTO SOBRE UN PUNETO CUALQUIERA?

 La Sede del príncipe de los apóstoles, la Iglesia romana, ¿no ha CONDENADO , sea por Pedro mismo, sea por sus sucesores, refutado y vencido todos los errores del os herejes? ¿No ha confirmado los corazones de los hermanos en la fe de Pedro, que hasta ahora no ha fallado y que hasta el fin no fallará?

Conclusión de todo lo dicho que confirma la doctrina comúnmente aceptada por la Iglesia SIEMPRE Y EN TODO LUGAR :

Los evangelistas y los representantes de la Tradición (Padres, Santo Tomás, papas y concilios) claman unánimemente que el pontífice romano no puede en NINGÚN  momento fallar en la fe.

Epílogo

Me he extendido un poco en refutar el aporte tantas veces oído del número 200 del supuesto catecismo de San Pío X, porque es necesario comprender bien su alcance y la ilegitimidad con que muchísimos respaldan una opinión contraria a la infalibilidad de los papas en su magisterio ordinario, es decir para justificar su opinión de que los papas pueden enseñar el error o la herejía.

 Si esto fuera así, un papa dejaría inmediatamente de ser papa como lo afirma San Roberto en el capítulo 30 de su De romano pontífice y es sentencia común. Pero entonces ¿quien le leería al papa  su deposición, puesto que la primera sede “a nemine iudicatur”?  En la práctica esto sería imposible, o en todo caso, causaría un serio cisma en la Iglesia como lo demuestra la historia y tendríamos un papa hereje descarriando a la Iglesia entera. ¿No es más lógico pensar que un papa por su infalibilidad  está protegido de enseñar el error? ¿alguien puede mostrar ejemplos en contrario, fuera de las falsificaciones demostradas de las herejías de Honorio, San Liberio, y de Juan XXII?

Yo estimo que la opinión de tantos hoy día es ajena a la tradición, y a los doctores, es errónea, peligrosa, y quizás cercana a la herejía.

Mucho más prudente es aferrarse a lo que la Iglesia siempre ha creído como lo dijo el mismo BelarminoEs una sentencia muy fácil de defender” y también “Lo ha creído siempre la iglesia luego es verdad”.
Parte de la s informaciones de este post están tomadas del libro “Misterio de Iniquidad” cuya lectura recomiendo y que puede descargarse en este blog desde la barra lateral.

 

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