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BELARMINO CON PIGHIO


Últimamente se ha citado a Pighius o Pighio, en un debate que venimos sosteniendo acerca de la infalibilidad del magisterio ordinario de los papas. La ocasión de este post es presentarles a los lectores la persona de este teólogo del siglo XVI, y su obra, así como lo que de ésta pensaron doctores como San Roberto Belarmino y ya más tarde San Alfonso María de Ligorio.
En primer lugar cito un texto cuya fuente doy más abajo y más tarde hago algunas consideraciones para determinar la mente de los dos doctores citados.
El contexto de la cita de Pighio por parte de San Roberto es el estudio que él hace acerca de si los papas pueden caer en herejía como doctores privados, o  dicho con más rigor y por usar la terminología del santo doctor en cuanto “particularem personam“, como persona particular.

Aunque el considerar el supuesto del papa como “doctor privado” no ha entrado dentro de los términos del  debate, habido en las anteriores entradas, que se limitaba a  estudiar si el papa puede enseñar en su magisterio ordinario, herejías o errores contra le Fe.

Pero lo dicho aquí sobre un supuesto papa hereje en tanto que doctor privado, a fortiorti debe aplicarse el magisterio de ese papa. Sin embargo nos puede ser útil para delimitar el pensamiento de los dos santos doctores citados, sobre la posibilidad de un magisterio ordinario de los pontífices herético, o equivocado en cuestiones de Fe o costumbres.

Como este ha sido un tema tratado hace ya tiempo en el blog, habiendo ya suscitado debates, aveces enconados, sobre el tema, y habiendo sido citado también entonces el teólogo holandés Pighio, me referiré al final  a algunos posts sobre estos temas en cuyos comentarios se debate la cuestión.

Éste es el texto que aporto, y que hasta ahora no ha sido traído al blog:

SAN ROBERTO BELARMINO REFUTA A LOS PARTIDARIOS DE LA TESIS DEL “DOCTOR PRIVADO HEREJE”

En lo que concierne al papa en tanto que doctor privado, Mons. Zinelli confía en la providencia; se refiere sin duda a un pasaje bien conocido del cardenal Belarmino sobre las relaciones entre providencia e inerrancia del papa en tanto que persona particular.

San Roberto Belarmino (1542 – 1621), doctor de la Iglesia, sostiene que un papa no puede errar, aun en cuanto simple particular. He aquí sus palabras, de un capítulo titulado “del papa en tanto que simple persona particular”:

[Esta es la traducción del original latino Tomo I, Libro IV,  De  la potestad espiritual de los pontífices, cap.6]

Es probable y se puede creer piadosamente, que  además de que el soberano pontífice  no puede errar en tanto que papa,  también no podría ser hereje o creer con pertinacia cualquier error en la fe en tanto que simple particular (particularem personam). Esto se prueba primeramente porque es requerido por la suave disposición de la providencia de Dios. Pues el pontífice no solamente no debe y no puede predicar la herejía, sino que también debe siempre enseñar la verdad, y sin duda lo hará, siendo así que Nuestro Señor le ha ordenado confirmar a sus hermanos (…).
Por lo tanto, yo pregunto, ¿cómo un papa hereje confirmaría a sus hermanos en la fe y les predicaría siempre la verdadera fe? Dios podría, sin duda, arrancar de un corazón hereje una confesión de verdadera fe, como en otro tiempo, Él hizo hablar la burra de Balaam. Pero esto sería más bien violencia y en absoluto conforme a la manera de actuar de la divina providencia, la que dispone todas las cosas con dulzura.

Esto se prueba en segundo lugar por los hechos, pues hasta hoy, ningún papa ha sido hereje (…); luego esto es un signo de que tal cosa no puede ocurrir.

Para más información consultar el manual de teología realizado por Pighius

 (San Roberto Belarmino: De Romano pontífice, IV, ch. 6).

Así pues San Belarmino remite para más informaciones a Pighius.

¿QUIÉN ES PIGHIUS?
¿Quién es Pighius? El holandés Albert Pighius (1490 – 1542) era un teólogo muy apreciado por los papas de su época. Compuso un Tratado de la jerarquía eclesiástica (hierarchiae ecclesiasticae assertio, Colonia 1538). En este tratado sobre todo en el libro IV, ch. 8) Pighius demuestra que un papa está en la imposibilidad de desviar de la fe, aun como simple particular ser hereje o creer con pertinacia cualquier error en la fe en tanto que simple particular (particularem personam).

[ Nota: Para probar sus dichos, él presentaba siete argumentos teológicos, más una demostración histórica:

a. El papa es la regla de la fe de todos los fieles católicos: si errara, un ciego guiaría a otro ciego (lo que sería contrario a la providencia divina)

b. Que Pedro no pueda errar es una creencia de la Iglesia universal (todos los católicos de todos los tiempos y de todos los lugares lo han creído: luego, esto es verdad)

c. La promesa de Cristo en Mateo XVI, 18 [Nota:  Yo te digo que tú eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno(las herejías) no prevalecerán contra ella (la piedra y la Iglesia fundada sobre ella)

d. La promesa de Cristo en Lucas XXII, 32 [Nota: Yo he rogado por tí para que tu fe ni falle, y tú una vez convertido confirma a tus hermanos)

e. La necesidad de guardar la cohesión: es necesario un centro estable y sólido (Roma) para oponerse a las fuerzas centrípetas (tantos pueblos diversos, viviendo a veces en regiones herejes, tienen necesidad de un polo que los mantenga en la fe).

f. Es necesario evitar a los herejes (Tito III: 2. Tesalonicenses III) “Por lo tanto, no nos es permitido en ningún caso separarnos de la cabeza del cuerpo de la Iglesia: separarse es ser cismático”. Pedro es el fundamento unido indisolublemente a la Iglesia contra la cual las puertas del infierno (…los herejes) jamás prevalecerán: “lo que no se puede si el papa fuera hereje”

g. El hereje o el cismático no tiene el poder de atar o desatar (San Atanasio, Agustín, Cipriano; Hilario). Por lo tanto, la plenitud del poder es necesaria a la cabeza de la Iglesia visible.

Luego, Dios no permitirá que el papa caiga en herejía. El autor emprende enseguida una refutación de los pretendidos casos históricos de papas que se habrían desviado de la fe.]

[Sigue Belarmino]

Esto se prueba primeramente porque es requerido por la suave disposición de la providencia de Dios. Pues el pontífice no solamente no debe y no puede predicar la herejía, sino que también debe siempre enseñar la verdad, y sin duda lo hará, siendo que Nuestro Señor le ha ordenado confirmar a sus hermanos (...). Por lo tanto, yo pregunto, ¿cómo un papa hereje confirmaría a sus hermanos en la fe y les predicaría siempre la verdadera fe? Dios podría, sin duda, arrancar de un corazón hereje una confesión de verdadera fe, como en otro tiempo, Él ha hecho hablar a la burra de Balaam. Pero esto sería más bien violencia y en absoluto conforme a la manera de actuar de la divina providencia, la que dispone todas las cosas con dulzura.

San Roberto Belarmino (De romano pontífice, libro 2º, cap. 30) emite este juicio sobre la tesis de Pighius: ¡“Es fácil de defender”!

Contrariamente a los que muchos de los comentadores de San Belarmino sostienen, el santo cardenal no cree en absoluto en la posibilidad de un papa hereje.
Adhiere, en efecto, a la tesis de Pighius. No es más en la hipótesis de un papa hereje, como hombre particular, que estudia la eventualidad de un “papa hereje”.
Citamos el pasaje en el que adhiere a la tesis de Pighius, y anuncia que estudiará las proposiciones contrarias:

“Hay cinco opiniones sobre esta cuestión. La primera es la de Albert Pighius (Hierarchiae ecclesiasticae assertio, libro IV, ch. 8), para quién el papa no puede ser hereje y por lo tanto no puede ser depuesto en ningún caso. Esta opinión es probable y fácil de defender, como lo veremos más adelante en tiempo oportuno. No obstante aceptando que esto no es cierto y que la opinión común es la opuesta, es útil examinar la solución a dar a esta cuestión, EN LA HIPÓTESIS  de que el papa pueda ser hereje” (De romano pontífice, libro II, ch.30).”

Después de haber anunciado que cree probable la primera opinión, el santo cardenal presenta enseguida las otras cuatro opiniones. Una vez hecha esta presentación de las cinco hipótesis, San Belarmino demuestra que la tesis de Pighius probablemente  verdadera: 1) por la suave disposición de la providencia de Dios; 2) por los hechos (libro IV, cap. 6; ver el texto citado más arriba).

El libro del cardenal Belarmino figura en la bibliografía especial sobre la infalibilidad, establecida por los Padres de Vaticano I (ver nuestro capítulo 2.4). A decir verdad, la obra especializada del cardenal Belarmino sobre el pontífice romano es el punto de referencia constante de los Padres del concilio Vaticano. Se refieren a él constantemente durante sus trabajos, citándolo para probar sus postulatum e intervenciones. Se puede decir que el libro De romano pontífice es, de alguna manera, la “Biblia” de los Padres del Vaticano, tanto como la Summa theolgiae de santo Tomás ha sido la “Biblia” de los Padres de Trento.

En una declaración común sobre el esquema preparatorio de Pastor aeternus los Padres, reconociendo la autoridad doctrinal del santo cardenal (“Bellarmini Auctoritatem”), le dan largamente la palabra, con exclusión de todos los otros autores (¡!), para la interpretación auténtica de Lucas XXII, 32, lo que prueba que consideran como siendo el mejor de los “autores aprobados” (“probatos auctores”).

Este doctor de la Iglesia refuta victoriosamente a los galicanos negadores de la infalibilidad pontificia y prueba que “el Señor ha rogado para obtener DOS PRIVILEGIOS para Pedro:

Uno consiste en que Pedro no podrá jamás perder la fe (…)

El otro consiste en que en tanto que papa Pedro no podrá jamás enseñar algo contra la fe, es decir que no se encontrará jamás que
él enseñe contra la verdadera fe desde lo alto de su cátedra”.

El privilegio de no enseñar jamás el error “permanecerá sin ninguna duda en sus descendientes o sucesores” (De Romano pontífice libro IV, cap. 4, citado por los Padres:
Relatio de observationibus reverendissimorum concilii Patrum in schema de romani pontificis primatu, in: Scheneemann: Acta…col. 288).

Fuente “Misterio de Iniquidad”, 1 (Véase en la barra lateral)

Ante esta cita hago las siguientes observaciones:

-Es claro que San Roberto Belarmino hace suya la sentencia de Pighio.

-Pighio expresa en su obra  que Que Pedro no pueda errar es una creencia de la Iglesia universal (todos los católicos de todos los tiempos y de todos los lugares lo han creído: luego, esto es verdad). Esta es una observación que es aceptada por los papas de su tiempo  que lo tuvieron en gran estima.

-Y no  es menos aceptada por San Roberto a cuya tesis general adhiere. Cuando se dice que San Roberto adhiere a la sentencia opuesta- que los papas pueden enseñar herejías- está afirmando algo completamente falso. No pasa de ser una declaración que intenta sorprender la buena fe de los lectores o quienes la oyen. El acepta el supuesto con estas palabras: “aceptando que sea cierto” y después “En la hipótesis de que el papa pudiera ser hereje”. Pero esto lo afirma “inquantum partiuclarem personam” nunca en el ejercicio de su cargo tal como lo demuestra en el cap.2º del libro IV.

  • Las cuatro sentencias que San Roberto examina- además de la de Pighio a la que adhiere-, las trae  a título de hipótesis, como él mismo lo dice:  

No obstante aceptando que esto no es cierto y que la opinión común es la opuesta, es útil examinar la solución a dar a esta cuestión, EN LA HIPÓTESIS  de que el papa pueda ser hereje”

  •  Sin embargo es muy frecuente oir las citas de San Roberto tergiversadas, como si él pensara que pueden ser adoptadas, o que un papa pudiera ser hereje, tanto en  cuanto persona particular como en cuanto papa, ya que debe confirmar a sus hermanos en la Fe.

En el blog tenemos algunos posts sobre san Roberto que pueden ser fácilmente encontrados con el buscador. En particular quiero referirme al capítulo 30 del libro IV , de su obra “De romano pontifice”, que hemos traducido íntegro en el post  San Roberto Belarmino vs. Cayetano, en el que refuta ampliamente la opinión del célebre teólogo que defendía la opinión de que un papa sería papa válido aun siendo hereje. El santo defiende con todo género de argumentos que esto es imposible. Un papa legítimo nunca podrá ser hereje. Un hereje cesa de ser papa ipso facto.

  • Respecto de la opinión que se cita a veces que la opinión de Pighio ha sido refutada por teólogos del XVI y XVII, como Cayetano y otros, da la impresión de quees una invención. Yo no puedo rechazarla porque para eso habría que haber leído la obra entera de esos teólogos. Pero el que sustenta tales afirmaciones, está en la obligación de presentar las citas y sus lugares pertinentes.

San Alfonso cita a pighio.

Vengamos ahora al estudio del pensamiento de San Alfonso:

Un teólogo observa:

la posición de Pighi, ha sido refutado por un santo teólogo como San Alfonso María de Ligorio, pero también por una pléyade de teólogos como el cardenal Torquemada, Melchor Cano, Domingo Soto, Bañez, Cayetano, comentadores de Santo Tomás.  

Dejando aparte la pléyade de teólogos como Torquemada, Melchor Cano, Soto, Báñez Cayetano  que a su parecer refutaron a Pighio o Pighius pero sin aportar ninguna cita o prueba de su aserción, con lo fácil que sería en gracia a los lectores traerla, tanto más que parece haberlos citado seguro por sus lecturas, vengamos al caso de San Alfonso que ahora nos ocupa.

Cita:

“Nuestros adversarios objetan que muchos Soberanos Pontífices han errado en sus juicios en materia de fe. Pero nosotros podríamos sustraernos sin pena de esta objeción, respondiendo de una manera general con Melchor Cano y Belarmino, que esos Papas que han sido representados como habiendo errado, no han hablado como doctores universales de la Iglesia, sino como personas privadas, así como estos dos autores lo verifican manifiestamente por la historia” (Oeuvres  Complètes de S. Alphonse de Liguori, Traduites par le P. Jules Jacques, Extrait du Tome IX, Traités sur le Pape et sur le Concile, ed. Desbonnet, Gent-Belgium 1975 p. 322-323).

¿Pero no se da cuenta que en este misma cita se demuestra que según la mente de san Alfonso limita el error del papa a hacerlo como persona privada. Clara señal de que San Alfonso piensa que sólo como persona privada PODRÍA errar el papa, pero no en su magisterio como doctor universal, es decir como papa. San Alfonso en la cita limita la hipótesis del papa errado al papa como doctor privado. Es una paladina confesión de que en cuanto papa, en su magisterio no podría errar.

¿Pero esto es así? ¿Es verdad que San Alfonso piensa que el papa puede errar como “doctor privado”?

Esta es otra cita de San Alfonso traída por mi en un post anterior:

San Alfonso María de Ligorio en el libro La verdad de la Fe escribió, en referencia a lo dicho por el propio Belarmino:

¿Que algunos papas hayan caído en la herejía, algunos han tratado de probarlo, pero no lo han probado,ni nunca lo probarán; nosotros vamos a probar claramente lo contrario en el capítulo X. Pero además, si Dios permitiese [Nota.:mera hipótesis] que un Papa fuese hereje notorio y contumaz, éste dejaría de ser Papa, y la sede quedaría vacante. Mas si fuera hereje oculto, y no propusiese a la Iglesia ningún dogma falso, entonces no causaría ningún daño a la Iglesia, pero nosotros tenemos que presumir con justicia, como dice el cardenal Belarmino, que Dios no permitirá jamás que ningún Pontífice romano, ni siquiera como doctor [hombre] privado, llegue a ser hereje notorio ni siquiera oculto “ .“ .

Entiéndase bien claro y nótese cómo San Alfonso adhiere a la opinión de San Roberto, diciendo claro y fuerte:

PERO NOSOTROS TENEMOS QUE PRESUMIR CON JUSTICIA, COMO DICE EL CARDENAL BELARMINO, QUE DIOS NO PERMITIRÁ JAMÁS QUE NINGÚN PONTÍFICE ROMANO NI SIQUIERA COMO DOCTOR PRIVADO LLEGUE A SER HEREJE NOTORIO NI SIQUIERA OCULTO .

Como se ve San Alfonso sigue a Belarmino y presume con justicia la opinión del cardenal que un pontífice romano nunca llegará a ser hereje notorio (y aún más pues lo extiende al caso de que lo sea ocultamente) en tanto doctor privado. Pues a fortiori debe decirse en su magisterio ordinario.

Con todo lo anterior queda demostrado que Pighio, San Roberto y San Alfonso son de la misma opinión la cual fue enunciada así por Pighio:

 un papa está en la imposibilidad de desviar de la fe, aun como simple particular

Y así por San Roberto:

Él demuestra que la tesis de Pighius es la única verdadera: 1) por la suave disposición de la providencia de Dios; 2) por los hechos (libro IV, cap. 6; ver el texto citado más arriba).

Pues a esto se suma en realidad San Alfonso que  “nosotros tenemos que presumir CON JUSTICIA que Dios no permitirá jama un papa hereje en cuanto doctor privado.

¿Qué diremos entonces del pensamiento de San Alfonso sobre el magisterio de los papas,  en el que él niega que puede darse herejía y que en hipótesis  supondría ipso facto su deposición como papa?

Textos relacionados en este blog son los que se obtienen en el buscador  en los temas que tocan a éste tópico. Tambien pueden obtenerse pulsando la categoría infalibilidad, e infalibilidad pontificia, en las pestañas superiores.

6 replies »

  1. La Iglesia no ha declarado como dogma de fe ni como doctrina infalible, hasta hoy, la infalibilidad del Papa como doctor privado y ni siquiera que lo sea todo su magisterio ordinario. Porque la Providencia divina lo permitió o lo quiso así, el Concilio Vaticano fue interrumpido.

    Hasta hoy, es decir, hasta que la Iglesia se pronuncie, las interpretaciones teológicas son distintas, pero no debieran ser excluyentes de los hermanos. La exclusión por la cerrazón en lo opinable con descalificaciones de los disidentes, ni es cristiana porque falta a la caridad, ni puede dar buen fruto, y ni siquiera es humanamente eficaz. La prueba: unos pocos millares (y creo que exagero) sedevacantistas en todo el mundo, divididos en cientos de capillitas y con una acelerada tendencia a mayor fragmentación, cada una de las cuales se cree poseedora de la verdad y en las que en algunas se caído en la ruda herejía (repasen en su mente las más conocidas), cuando no en el más crudo sectarismo.

    Apoyarse en argumentos de los Santos está bien, pero elevar las opiniones de éstos a dogmas, como si ellos mismos fueran infalibles, no es apropiado. Y no lo es porque, de una parte, no tienen el carisma de infalibilidad y por otra, sus opiniones no gozan del don de la profecía y difícilmente podían imaginarse la crisis de hoy; es conveniente no hacer participe a nuestros juicios sobre el presente del vicio histórico de anacronismo.

    Luego que haya opiniones diversas sobre esta cuestión, puede ser bueno, más elevarlas a dogmas no lo es(y más aun faltando a la caridad); sólo a la Iglesia con el Papa a la cabeza o a éste sólo corresponde tal cometido.

    Mi opinión personal y digo opinión por lo que no la elevo a fe divina es la siguiente:

    Belarmino: “aunque se le[a Liberio] hubiera condenado erróneamente por documentos falsificados, eso en nada merma, disminuye ni contradice el principio teológico de que el Papa se puede equivocar en materia de fe y que si se equivoca puede ser juzgado”.

    “Puede ser juzgado” se puede entender de varias formas, si se refiere al juicio de la Iglesia; la primera:

    Si ha errado ex cathedra, el juicio es la declaración por quien corresponda, de que no es Papa y ha perdido toda jurisdicción; por lo que Belarmino estaría considerando la posibilidad de que el Papa errara en materia de fe ejerciendo su suprema potestad. Esta interpretación de la opinión de Belarmino es imposible, porque el Papa no puede errar ex cáthedra, conforme al Concilio Vaticano I.

    La segunda; que S. Belarmino esté llamando Papa al que errando en materia de fe sin el uso de su potestad suprema, ex cáthedra, usurpa el ministerio por haber caído en herejía o error en la fe; luego ‘juzgar significaría’ que el llamado Papa es en realidad alguien que se ha desviado de la fe y se convierte en usurpador. Esta opinión de Belarmino es una probable interpretación del párafo y no contradice ni niega Pastor Aeternus, lo que admitiría en Belarmino que el Papa pudiera hablar como doctor privado y que no cualquier magisterio ordinario goza de la infalibilidad. Estaría de acuerdo con Pastor Aeternus

    La tercera es que Belarmino diga juzgar a alguien que previamente a ser elegido cayó en herejía, lo que significaría que es un usurpador, y por lo tanto su entronización es inválida y debe ser depuesto. Esta interpretación es apropiada al párrafo de Belarmino, pero no creo que sea la única, porque también puede ser la anterior, amén de otras.

    La afirmación de Belarmino “si se equivoca puede ser juzgado”, según la doctrina infalible de la Iglesia puede ser interpretado según la segunda y tercera forma y nunca según la primera, fuese cual fuese la intención de Belarmino al escribirlo entonces, porque eso ya no importa tanto, ya que la Iglesia se ha pronunciado; porque hasta hoy, no hay más que definido de forma infalible que el Papa hablando ex cathedra goza de la infalibilidad; y eso lo puede hacer mediante magisterio solemne y extraordinario o mediante el magisterio ordinario; la lectura atenta de un documento de magisterio ordinario nos dirá si tiene las notas de Pastor Aeternus para gozar de la infalibilidad o no. Esta es hoy la doctrina de la Iglesia, al margen de las opiniones de los teólogos. Lo demás es opinión, legítima, pero que llevada a fundamento excluyente de las opuestas, es la mejor forma de hacer cada uno de nosotros una capillita aparte con nuestra esposa y eso, hasta que ella decida hacer una propia en el salón de la casa. La causa: no atenerse estrictamente a lo definido por la Iglesia y a elevar las opiniones vehementes, legítimas, a dogma de fe católica, cuando no lo son; lo que crea la división.

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  2. Dios le bendiga, Moimunan, por las valiosas aportaciones suyas y de otros que colaboran aquí, como Fray Eusebio. No está bien que por teólogo nadie pretenda descalificarle a Ud. y a otros, si tienen la capacidad de arguementar y criterio para hacerlo. Por otro lado, tienen Uds. a su favor las citas que muestran, en cambio “otros” señalan, afirman y niegan con muy escasa prueba o citación. ¡Sigan adelante! Porque si estuvieran equivocados, sus contendientes deberían aportar fundamentos sólidos para destruir pretendidos “Castillos de papel”, que, sin embargo, no parece ser el caso. Solo les pediría que consideraran no caer en un lenguaje que fomente la discordia, ni en la argumentación ad hominem, en las algunos caen con facilidad y que les resta a su argumentación. ¡Luz y bendición dé el Señor a las partes en disputa!

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  3. Apreciado Sofronio:

    La Iglesia (aún) no ha realizado una definición solemne semejante a las de 1854, 1870 o 1950, acerca de la infalibilidad del Papa en su magisterio ordinario, o acerca de su indefectibilidad en la fe, incluso como persona particular.

    Pero eso no quiere decir que esas dos sean cuestiones de libre disputa, y que sea lícito admitir su contraria.

    Porque la Iglesia ya ha hablado a través de Papas, Concilios Generales y condenas a los errores opuestos, y todos esos pronunciamientos son infalibles, y son obligatorios en conciencia, aunque la Iglesia no haya querido usar de la máxima severidad hacia los partidarios de la sentencia contraria, y los siga tolerando en su seno, por condescendencia hacia la debilidad humana, porque sabe que desde el S. XIV, los espíritus de los sabios están muy confusos, debido a los incesantes debates a que dieron lugar los pertinaces enemigos de la Iglesia, entre otros, los conocidos como galicanos.

    Esta es una controversia de primera importancia, porque aquí se juega el ser o no ser de la credibilidad de la Iglesia, de sus pastores, y en primer lugar, del Pastor por antonomasia, Nuestro Señor JesuCristo, cuya palabra no engaña, ni se queda a medias en su cumplimiento.

    No excluimos a nadie, ni somos quienes para hacerlo. Es la Iglesia, quién, a través de los siglos, ha condenado la sentencia de los que pretendían que los Papas se podían equivocar, que la Iglesia de la Ciudad de Roma podía errar, o que era suficiente un silencio obsequioso, cuando ella decidía una cuestión, y la sacaba del ámbito de lo discutible.

    Su argumentación ad hominem, sobre una situación en la que no tenemos ninguna responsabilidad, como es la penosa división entre los que son llamados sedevacantistas, no prueba la verdad de la sentencia contraria. Más bien, es argumento clarísimo a favor de lo que venimos diciendo: Siempre que se pretende que la Iglesia, y en primer lugar sus Sumos Pontífices, pueden errar en su magisterio oficial, surge como lógica consecuencia ese movimiento centrífugo en el que cada uno deja de obedecer a los Papas, para preferir la sentencia de tal o cual doctor o teólogo, haciendo de ese modo imposible una verdadera unidad, puesto que se han alejado voluntariamente del centro de esa unidad.

    Y si con mucho dolor de corazón, pero con toda verdad, nos vemos obligados a calificar a esos disidentes como rebeldes a la autoridad del Papa, e incluso, a veces, como herejes, no es por nuestro juicio, sino por el de la Iglesia Romana, que permanece siempre en vigor, aunque los teólogos quieran hacer como si no hubiese existido.

    No atribuya sistemáticamente a falta de caridad, lo que es simplemente llamar a las cosas por su nombre.

    Nosotros no elevamos opiniones a dogma, ni siquiera las de los santos. Habrá podido observar por lo ya publicado en ese blog, que gran cantidad de citas pertenecen a Papas o Concilios, en su calidad oficial, que no estaban emitiendo opiniones particulares y discutibles, sino proclamando una verdad indiscutible. Ellos, que llamaban delirio y locura la sentencia contraria, y directamente locos a los sostenedores de esas opiniones, ¿No tenían caridad? Esos Concilios y Papas, ¿No poseían el carisma de la infalibilidad?

    San León IX, ¿No tenía acaso esa infalibilidad, cuando en carta al pre-cismático Patriarca de Constantinopla, llamaba locura al que pretendiera que el error podía tener acceso a la cátedra de Pedro.? O ese santo Papa, no tenía caridad al expresarse tan enérgicamente?

    Santo Tomás sintetiza admirablemente los deberes de los católicos acerca de esa obediencia debida a todos los pronunciamientos papales, aunque no sean definiciones solemnes:

    ““La Iglesia apostólica (de Pedro), situada por arriba de todos los obispos, de todos
    los pastores, de todos los jefes de Iglesias y de los fieles, permanece pura de todas la
    seducciones y de todos los artificios de los herejes en sus pontífices, en su fe siempre
    entera y en la autoridad de Pedro. Mientras las otras iglesias son deshonradas por los
    errores de ciertos herejes, sola ella reina, apoyada sobre fundamentos inconmovibles,
    imponiendo silencio y cerrando la boca a todos los herejes; y nosotros (…), confesamos
    y predicamos en unión con ella la regla de la verdad y de la santa tradición apostólicas”
    (cita de San Cirilo de Alejandría retomada por Santo Tomás en su Cadena de oro, en
    relación a su comentario de Mateo XVI, 18).
    Apoyándose sobre Luc XXII, 32, el doctor común enseña que la Iglesia no puede
    errar, porque el papa no puede errar. “La Iglesia universal no puede errar pues Aquél
    que es escuchado en todo a título de su dignidad ha dicho a Pedro, sobre la profesión de
    fe del cuál es fundada la Iglesia: «Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca
    jamás»” (Suma teológica, II-II, q. 1, a. 10).
    “Una vez que las cosas han sido decididas por la autoridad de la Iglesia universal
    quien rehusara obstinadamente someterse a esta decisión, sería hereje.. Esta autoridad
    de la Iglesia reside principalmente en el soberano Pontífice. Pues se ha dicho (Decret.
    XXIV, q. I. c. 1.2): “Todas las veces que una cuestión de fe es agitada, pienso que todos
    nuestros hermanos y todos nuestros colegas en el episcopado no deben remitirse más
    que a Pedro, es decir a la autoridad de su nombre y de su gloria”. Ni los Agustín, ni los
    Jerónimo, ni ningún otro doctor ha defendido su sentimiento contrariamente a su
    autoridad. Es por lo cual San Jerónimo decía al papa Dámaso (in expo. symbol.): “Tal es
    la fe, muy santo Padre, que nosotros hemos aprendido en la Iglesia católica: si en
    nuestra exposición se encontrara alguna cosa poco exacta o poco segura, nosotros te
    rogamos corregirla, tú que posees la fe y la Sede de Pedro. Pero si nuestra confesión
    recibe la aprobación de vuestro juicio apostólico, quién quiera acusarme probara que es
    ignorante o mal intencionado, o que no es católico. Pero no probará que soy hereje”
    (Suma teológica II-II. q 11. a. 2).
    “Es necesario atenerse a la sentencia del Papa a quién pertenece el pronunciarse en
    materia de fe, mucho más que a la opinión de todos los sabios” (Quaestiones
    quodlibetales q. 9 a 16)”

    Cfr. “Misterio de iniquidad”, 2.1.4. descargable en este mismo blog.

    Como ve, no es por nuestra voluntad que nosotros designamos como cismáticos, y según la gravedad de lo afirmado, como herejes a los que se niegan a hacer caso de la doctrina coincidente y siempre profesada de Papas, Concilios, Padres, Doctores y simples fieles a través de todos los siglos, máxime cuando saben que la contradictoria “Ecclesia Urbis Romae errare potest”, ha sido objeto de condenación solemne, indudablemente infalible incluso según sus criterios respectivos, como verdadera y propia herejía, y monstruosidad inconcebible.

    Si eso no es una decisión “Ex Cathedra”, que venga Dios y lo vea.

    Y en el caso concreto del sedevacantismo, si existe esa división, es entre otras cosas, por no obedecer la Bula Cum ex Apostolatus, también ella definición “Ex Cathedra”, e incluso pretender que una decisión de este tipo pueda alguna vez ser abrogada.

    Recuerde que san Roberto habla aquí en pura hipótesis, porque al principio del análisis de la cuestión, y en su conclusión, afirma que la sentencia verdadera es la de Pighius, a saber, que el Papa es infalible en su enseñanza oficial, siempre, y que es indefectible en su fe, como persona particular, por lo que es totalmente imposible que un Papa verdadero sea juzgado por herejía. Más bien, son los sostienen que se puede juzgar y deponer a un Papa por herejía, sobre todo después de los exhaustivos estudios realizados con ocasión del Concilio Vaticano I, los que deberían ser señalados como herejes, al menos materiales.

    San Roberto ni siquiera usa la locución “doctor privado”, sino “particularem personam”, es decir, si en su fuero interno, es el Papa capaz de creer una herejía, o un simple error en fe o moral, y en caso de exteriorizarse, si perdería el Pontificado, y podría ser expulsado por la Iglesia. Todo esto es puramente hipotético, exactamente igual que cuando san Pablo dice que si un ángel del Cielo o el mismo anunciara otro Evangelio, no se le haga caso. Es evidente que un ángel, comprehensor, no puede enseñar error, ni los Apóstoles podían, porque tenían a la vez la infalibilidad, y la inspiración del Espíritu Santo.

    La única forma en que podría entenderse en un sentido sano aquello de juzgar al Papa, se daría en una situación como la prevista por Paulo IV, en que una persona inhabilitada para acceder al Pontificado, por cisma o herejía antecedente a su elección, todo ello ocultamente, es elegida (anticanónicamente), acepta, puede estar mucho tiempo en el cargo mal habido, hasta que no sólo por sus palabras, sino también por sus actos y omisiones, se llega a la sospecha fundada de que no se está ante un verdadero Papa, sino ante un usurpador, a favor de quién no rezan las Promesas de Nuestro Señor, y la perpetua asistencia del Espíritu Santo.

    En ese caso, que es el nuestro actualmente, no se juzga a la persona, sino al acto de elección. En caso de hallarse error en los actos oficiales del encartado, o incluso, pongamos por caso, en su correspondencia privada, como persona particular, sería señal evidente, no de que ha perdido el Pontificado, cosa imposible por esa causa, sino de que nunca lo tuvo en realidad de verdad.

    No se depondría al sujeto usurpador, simplemente se le expulsaría materialmente de un lugar que nunca ocupó legítimamente.

    No busque las notas de Pastor Aeternus en el magisterio ordinario. Esas notas caracterizan el Magisterio Extraordinario del Papa sólo. El magisterio ordinario es igualmente infalible, independientemente de esas notas.

    La regla general, siempre creída y enseñada en la Iglesia, no opinión nuestra, es que todo lo que enseña el Papa es infalible, es decir, no puede contener ningún error acerca de fe o moral. Obligará con más o menos fuerza y gravedad, es en eso en lo que se distingue el magisterio ordinario del extraordinario, no en que el uno pueda ser falible y el otro no.

    Y la opinión de trillones de teólogos no cambiará esa realidad, por muchas citas que nos quieran encadenar, jamás representarán el pensamiento de la Iglesia, ni convertirán en opinión particular lo que es de estricta y obligada creencia.

    Los falibilistas son los que oponen su particular y ya condenada opinión al juicio muchas veces expresado de la Santa Madre Iglesia Romana y Universal.

    Haciendo esto, se salen del ámbito de la Iglesia Visible, puesto que no mantienen la Fe íntegra, primero de los tres criterios de pertenencia a esa Iglesia Visible. Júzgue Dios si siguen perteneciendo invisiblemente a la iglesia, por ignorancia invencible, buena fe, o cualquier otro atenuante por Él conocido. Pero en lo que podemos conocer por profesión y signo exterior, los que se empecinan en afirmar lo que la Iglesia ha condenado como herejía, son herejes.

    Y después de haber leído lo tantas veces posteado en este blog, no pueden alegar ignorancia invencible.

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  4. Muy estimado Christian:

    Muchas gracias por estos importantes y muy interesantes textos. Los voy estudiando, sin duda pueden dar lugar a más de un comentario.

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