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LA CATEDRA DE MOISÉS PREFIGURA LA CÁTEDRA DE PEDRO


En la Basílica de San Pedro al fondo del ábside se conserva, encerrada en un relicario de bronce dorado, la preciosa silla que servía a San Pedro. Este asiento (término latino "cathedra") ha dado su nombre a las definiciones "ex-cathedra",proclamadas "desde lo alto de la cátedra" por el Vicario de Cristo

En la Basílica de San Pedro al fondo del ábside se conserva, encerrada en un relicario de bronce dorado, la preciosa silla que servía a San Pedro. Este asiento (término latino “cathedra”) ha dado su nombre a las definiciones “ex-cathedra”,proclamadas “desde lo alto de la cátedra” por el Vicario de Cristo

LA INFALIBILIDAD PONTIFICIA PREFIGURADA POR LA CÁTEDRA DE MOISÉS

Para comenzar, precisemos que no se debe confundir “infalibilidad” con “impecabilidad”2

catedra de moisés

Los doctores de la Sinagoga antigua fueron ciertamente corruptos, pero no obstante infalibles. Así como hubo en el Antiguo Testamento prefiguraciones de Cristo, hubo una prefiguración de la infalibilidad papal. La Cátedra de Pedro es en efecto prefigurada por la “Cátedra de Moisés”.

La “Cátedra de Moisés” de la antigua Sinagoga era infalible. Cuando una cuestión relevante de la religión o de la moral era disputada o no suficientemente clara, los judíos debían someter sus diferencias o sus dudas al veredicto de la Cátedra de Moisés. La Cátedra de Moisés era un tribunal que zanjaba con una autoridad soberana e infalible las cuestiones religiosas o morales. Los escribas y fariseos sentados en la Cátedra de Moisés interpretaban la Ley, y esto sin ninguna posibilidad de error.

“Entonces Jesús habló a las muchedumbres y a sus discípulos y les dijo: “Los escribas y los fariseos se han sentado en la Cátedra de Moisés. Todo lo que ellos os mandaren, hacedlo y guardadlo; pero no hagáis como ellos porque dicen y no hacen. (Pues ellos dicen bien lo que se debe hacer, pero no lo hacen).” (Mateo XXIII, 2-3).

Comentario de San Juan Crisóstomo (Homilía 71, citada por Santo Tomás de Aquino en su Cadena de oro)

“A fin de que nadie pueda excusar su negligencia para las buenas obras por los vicios de aquél que enseña, el Salvador destruyó ese pretexto ordenando: “Haced todo lo que ellos os digan”… etc. porque no es por su propia doctrina que ellos enseñan, sino las verdades divinas con las cuales Dios ha compuesto la ley que ha dado por Moisés”.

Comentario de San Agustín (De la doctrina cristiana IV, 27): :

“Lo verdadero y lo justo pueden ser predicados con un corazón perverso e hipócrita.. Esta cátedra entonces, que no era de ellos sino de Moisés, los FORZABA a enseñar el bien, aún cuando ellos no lo hacían. Ellos seguían así sus propias máximas en su conducta; pero una Cátedra que les era extraña, no les permitía enseñarlas… Son numerosos aquéllos que buscan la justificación de sus desórdenes en la conducta de quiénes son propuestos para instruirlos, diciéndose interiormente y a veces aún gritando en público: “¿Porqué me ordenas lo que tú mismo no haces?”. Se llega así a que ellos … desprecian a la vez LA PALABRA DE DIOS y el predicador que la predica”.

San Francisco de Sales (1576 – 1622) razonaba así:

si ya la Cátedra de Moisés era infalible cuando ella enseñaba sobre la fe o las costumbres, con más fuerte razón la Cátedra de Pedro no podría errar. Este doctor de la Iglesia compuso un libro notable sobre la infalibilidad, en el que se puede leer esto: “La Iglesia tiene siempre necesidad de un confirmador infalible3 al cual se pueda acudir, de un fundamento que las puertas del infierno, y principalmente el error, no puedan confundir, y que su pastor no pueda conducir al error a sus hijos: los sucesores de San Pedro tienen luego todos sus mismos privilegios, que no siguen a la persona, sino a la dignidad y la carga pública.

San Bernardo (De consideratione, libro II, c. 8) llama al papa otro “Moisés en autoridad”:
…luego, cuán grande fue la autoridad de Moisés no hay quién lo ignore pues él se sienta y juzga sobre todos las diferencias que había en el pueblo y todas las dificultades que sobrevenían en el servicio de Dios. Así entonces el supremo pastor de la Iglesia es para nosotros un juez competente y suficiente en todas nuestras más grandes dificultades, de lo contrario nosotros seríamos de peor condición que este antiguo pueblo que tenía un tribunal al cual podía dirigirse para la resolución de sus dudas especialmente en materia de religión”

San Francisco de Sales: Las controversias, parte III, c. 6 art. 14, in: Obra de San Francisco de Sales, Annecy 1892, t 1, p. 305)

“Yo ruego que meditéis, si en la oscuridad había luces de doctrina y perfecciones de verdad en el pecho del padre, para nutrir y afirmar al pueblo, ¿qué no tendrá nuestro Sumo Sacerdote? ¿De nosotros, digo, que estamos en el día y con el sol en lo alto? El Sumo Sacerdote antiguo… presidía en la noche, por sus iluminaciones, y el nuestro preside en el día, por sus instrucciones”

Nota: 2 Esto dicho, todos los papas llevaron una vida correcta, aún santa. Alejandro VI Borgia, presentado como el papa más depravado de la historia de la Iglesia, es en realidad inocente de los crímenes que se le reprochan. Hay un estudio magistral que rehabilita totalmente a este gran papa, redactado por Mons. Peter De Roo (Material for a History of Pope Alexander VI. His Relatives and His Time. The Universal Knowledge Foundation, New York 1924, 5 t.).
Este estudio es definitivo porque no ha sido refutado jamás por nadie desde su aparición. Mons. De Roo consagra el primer tomo a la genealogía de los Borgia con el fin de disipar las confusiones tenidas – voluntariamente o no, – por los historiadores. Trabajó sobre documentos contemporáneos: crónicas, biografías y archivos. De ellos resulta que este papa fue víctima de su propia generosidad. Sus enemigos políticos – las familias romanas rivales: Orsini, Colonna, Savelli, Estouteville, etc. – lo calumniaron porque había emprendido limitar sus ambiciones. Cuando el cardenal Rodrigo Borgia (futuro Alejandro VI) acogió a sus sobrinos huérfanos, se difundió el rumor de que eran sus hijos bastardos.

Fuente “Misterio de Iniquidad, 1 (Véase en la barra lateral)

2 replies »

  1. En mi opinión, este argumento de comparar la cátedra de los antiguos Sumos Sacerdotes con la cátedra de Pedro no es concluyente con respecto a la infalibilidad. No surgen problemas si uno compara los primeros sacerdotes Moisés y Pedro, grandísimos santos. Pero si nos vamos a los de la época de Jesús, me refiero a Anás y Caifás, seguramente tendremos que revisar el argumento. Podemos recurrir, otra vez, al recurso de que si se equivocaron al crucificar a Jesús entonces no eran Sumos Sacerdotes verdaderos (además en esa época eran nombrados por Herodes y luego por los procuradores romanos). De la misma manera, podríamos decir que los verdaderos judíos eran los apóstoles de Jesús y no los que “votaron” por su crucifixión cuando Poncio Pilatos hizo la “consulta popular”. Luego, los judíos tampoco habrían crucificado a Jesús, sino unos que se hacían pasar por judíos. Ahora también se hace lo mismo al decir que los Papas que cometen herejías no son Papas verdaderos.
    Yo entiendo que este recurso puede usarse para salvar, llamémoslo así, la “Institución” (Sumo Sacerdocio, Papado). Pero, debo decir que me deja una sensación de insatisfacción. Es como salvar la etiqueta con la marca de una prenda que se ha echado a perder, y ahora compramos una prenda nueva y le queremos pegar la etiqueta de la anterior. Me pregunto ¿no hay un poco de autoengaño?
    Una nota al margen, leyendo la historia de los sumos pontífices de Flavio Josefo:
    http://es.scribd.com/doc/5622297/Antiguedades-de-los-Judios-Flavio-Josefo
    Parece que el linaje de los sumos sacerdotes descendientes de Aarón se corta con Onías III muerto por Antíoco Epifanes (por cierto, prefigura del anticristo). Después, los macabeos y sus descendientes ejercieron de reyes y sumos sacerdotes hasta los romanos. Entonces, habría habido unos 200 años sin sumos sacerdotes “validos” hasta la predicación de Jesús.

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  2. Estimado Jorge Rodríguez:

    Si es como Ud dice, entonces, ¿Cómo interpreta el evangelio de san Juan, (Jn. 11,51), en que se nos dice que Caifás profetizó sobre la necesidad de que muriera el Salvador por todo el pueblo, “Esto no lo dijo por propia iniciativa, sino que, como era el Sumo Sacerdote aquél año, profetizó”.

    Más claro no se puede decir, que eran de verdad Sumos Sacerdotes, que Nuestro Señor y los Apóstoles reconocieron como tales, a pesar de que fueran monstruos de iniquidad capaces de crucificar a su Salvador.

    No importa si eran de linaje aaronita, o quién les había nombrado, una vez reconocidos, decían la verdadera doctrina, INCLUSO CONTRA SU VOLUNTAD. Por eso Nuestro Señor decía que aunque se hubiesen sentado los fariseos sobre la Cátedra de Moisés, los judíos debían escuchar la doctrina que desde ahí impartían, porque el Espíritu Santo los obligaba a decir la verdad sin mezcla de error, aunque fuera de esa cátedra, pudieran estar llenos de las máximas de su secta perversa. “Haced lo que ellos dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen” (Mt. 23, 1-12).

    Los Sumos Sacerdotes y los escribas se equivocaron en un acto de gobierno, haciendo que Cristo fuera crucificado, pero nunca enseñaron el error oficialmente, desde la Cátedra de Moisés. Lo mismo que si un Papa mandase algo evidentemente injusto, sería un error de gobierno, por el que nadie pretendería que no era verdadero Papa, o que había perdido el Pontificado. No se obedecería ese mandato evidentemente injusto, pero nada más.

    Ud sabrá de sus insatisfacciones, pero no son argumento ante lo hecho y dicho por Nuestro Señor y sus Apóstoles, ni ante el sentir común de Padres y Doctores, que afirman junto con la Sagrada Escritura que los Sumos Sacerdotes, también los del tiempo de Nuestro Señor, eran infalibles en la enunciación de la doctrina, independientemente, no sólo de su virtud y acierto gubernativo, sino hasta de su misma voluntad personal. Porque una vez aceptaban el Pontificado, y se revestían con los preciosos ornamentos de su cargo, asumían que el Espíritu Santo los poseería incluso a pesar suyo, y los obligaría a enseñar la verdad.

    Lo mismo ocurre con los Papas. Ellos saben por experiencia íntima y evidente que una vez han aceptado legítimamente el Papado, han sujetado su libre voluntad a una ley más alta, que los libera de poder caer en el error en todo lo que de cerca o de lejos diga relación con la fe o la moral.

    Por ello, tenemos certeza de fe divina de que si alguna vez aparece el error predicado desde esa Cátedra de verdad, es señal inequívoca de que su ocupante es ilegítimo, no ha aceptado válidamente el Pontificado, nunca ha sido Papa más que en apariencia.

    Eso es precisamente lo que define el Papa Paulo IV en su Bula Cum ex Apostolatus.

    Nos guste o no, nos deje satisfechos o no, esa es la doctrina definida de una vez y para siempre, precisamente pensando en una situación como la nuestra.

    ..

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