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LOS PAPAS “PAPÓLATRAS”


Traigo el testimonio hallado en el magisterio de los papas sobre la doctrina que ellos mismos imparten. No se puede negar que desechaban cualquier posibilidad de error en el magisterio pontificio. Juzgue el lector por los textos siguientes. Quizás en nuestros días algunos consideren que hay una tradición ininterrumpida de “papas papólatras”.

LOS PAPAS HABLAN DE LOS PAPAS

San Lucio, papa y mártir (253 – 254), enseña: “La Iglesia romana, santa y apostólica, es la madre de todas las Iglesias, y está constatado que jamás se ha alejado del sendero de la tradición apostólica, conforme a esta promesa que el Señor mismo le ha hecho, diciendo: “yo he rogado por ti a fin de que tu fe no desfallezca” (Carta dirigida a los obispos de Galia y de España, nº 6).

San Inocencio I (401 – 417) asimila la Iglesia de la ciudad de Roma a una fuente pura de toda mancilla herética, que vivificando las iglesias locales, “como las aguas que surgen de su fuente original y que fluyen en todas las regiones del mundo por arroyos puros venidos de la fuente no contaminada”. (Carta In requirendis, 7 de enero de 417, dirigida a los obispos del concilio de Cartago).

San Sixto III (432 – 440) dice que San Pedro “ha recibido una fe pura y completa, una fe que no está sujeta a ninguna controversia”.

San León I el Grande (440 – 461) dejaba entender que San Pedro vivía y enseñaba por la boca de sus sucesores: “El bienaventurado Pedro, conservando siempre esta consistencia de piedra que el recibió, no ha abandonado el gobierno de la Iglesia (…) Si nosotros hacemos alguna cosa buena, si nosotros penetramos con precisión en las cuestiones, (…) es la obra, es el mérito de aquél cuyo poder vive y cuya autoridad manda en su Sede” (In anniversario assumptionis suae, sermón 3). Pedro y sus sucesores estaban asegurados de una rectitud doctrinal inquebrantable: “El Mesías es anunciado como debiendo ser la piedra elegida, angular, fundamental (Isaías XXVIII,
16). Es luego su propio nombre que Jesús da a Simón, como si le dijera: “Yo soy la piedra inviolable, la piedra angular, que reúne en uno dos cosas; yo soy el fundamento
al cual nadie puede substituir; mas tú también, tú eres piedra, pues mi fuerza deviene el principio de tu solidez, de suerte que lo que me era propio y personal de mi poder, te deviene común conmigo por participación. (In anniversario Assunptionis suae, sermón (4).Este papa dice todavía: “En el curso de tantos siglos, ninguna herejía podía manchar a aquéllos que estaban sentados en la cátedra de Pedro, pues es el Espíritu Santo quién les enseña” (Sermón 98). Los Padres del concilio de Calcedonia declararon formalmente sobre San León: “Dios, en su providencia, ha elegido, en la persona del pontífice romano un atleta invencible, impenetrable por cualquier error, el que viene de exponer la verdad con la última evidencia”.

San Gelasio I (492 – 496) dirige una decretal a los griegos: “Pedro brilla en esta capital (Roma) por el sublime poder de su doctrina, y tuvo el honor de derramar aquí gloriosamente su sangre. Es aquí que el reposa para siempre, y que asegura a esta Sede bendita por él de no ser jamás vencida por las puertas del infierno” (Decretal 14 titulada Responsione ad Graecos )

San Hormidas (514 – 523) redacta una profesión de fe el 11 de agosto de 515, que fue aceptada por toda la Iglesia, y retomada en los concilios de Constantinopla IV y Vaticano I. Después de haber recordado que Cristo había “construido la Iglesia sobre la piedra” contra la cual el infierno no prevalecería (Mateo, XVI, 18), el papa comenta con seguridad: “Esta afirmación se verifica en los hechos, pues la religión católica siempre ha sido guardada sin mancha en la Sede Apostólica”.

San Agatón (678 – 681) redacta un texto capital que fue leído y aprobado por el IV concilio ecuménico (concilio ecuménico = concilio general, no confundir con “ecuménico” relativo al ecumenismo).

San León IX (1049 – 1054), después de haber dicho que la Iglesia construida sobre Pedro no podía absolutamente “ser dominada por las puertas del infierno, es decir por las disputas heréticas” (cf Mateo XVI, 18) y luego citado la promesa de Cristo a Pedro (Lucas XXII, 32), amonesta a los cismáticos griegos Miguel Cerulario y León de Acrida en su carta In terra pax de 2 de septiembre de 1053: “¿Alguien será lo bastante loco para osar pensar que la plegaria de aquél para quien querer es poder pueda ser sin efecto sobre un punto? La Sede del príncipe de los apóstoles, la Iglesia romana, ¿no ha, sea por Pedro mismo, sea por sus sucesores, condenado, refutado y vencido todos los errores de los herejes? ¿No ha confirmado los corazones de los hermanos en la fe de Pedro, que hasta ahora no ha fallado y que hasta el fin no fallará?”

Pío IX (1846 – 1878) afirma en su elevación al soberano pontificado (en el Discurso de su exaltación) que un papa no podría ¡“JAMÁS” (nunquam) desviar de la fe! Lo mismo escribe en su encíclica Qui pluribus del 9 de noviembre de 1846. Para interpretar las Escrituras, los hombres tienen necesidad de una autoridad infalible: Pedro, al cual Cristo “ha prometido que su fe no desfallecerá jamás”. La Iglesia romana “ha guardado siempre íntegra e inviolable la fe recibida de Cristo Señor, y la ha enseñado fielmente”. Misma palabra en la carta In suprema Petri de 6 de enero de 1848: “jamás”. Como en la encíclica Nostis et noviscum de 8 de diciembre de 1849: “jamás”.

León XIII (1878 – 1903) reafirma la antigua creencia en su encíclica Satis cognitum de
29 de junio de 1896: jamás un pontífice romano se ha desviado de la fe. Su encíclica sobre el Espíritu Santo contiene un comentario memorable sobre el evangelio según San Juan. El día de Pentecostés, “el Espíritu Santo comienza a producir sus auxilios en el cuerpo místico de Cristo. Así se realizaba la última promesa de Cristo a sus apóstoles, relativa al envío del Espíritu Santo (…): “Cuando este Espíritu de Verdad venga, os enseñará toda la verdad” (Juan XVI, 12). Esta verdad la acuerda y la da a la Iglesia, y, por su presencia CONTINUA, vela para que ella jamás sucumba al error” (Encíclica Divinum illud. 9 de mayo de 1897).

San Pío X (1903 – 1914) enseña: “El primero y el más grande criterio de la fe, la regla suprema e inquebrantable de la ortodoxia es la obediencia al magisterio SIEMPRE viviente e infalible de la Iglesia, establecida por Cristo “la columna y el sostén de la verdad” (1. Timoteo III, 15).
“(…) San Pablo dice: “Fides ex auditu – La fe viene no por los ojos sino por los oídos”, por el magisterio viviente de la Iglesia, sociedad visible compuesta por maestros y por discípulos (…). Jesucristo mismo ha prescripto a sus discípulos escuchar las lecciones de los maestros (…y) ha dicho a los maestros: “Id y enseñad a todas las naciones. El Espíritu de Verdad os enseñará toda verdad. He aquí que Yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos” (San Pío X: alocución Con vera soddisfazione a los estudiantes católicos, 10 de mayo de 1909).
“Los hijos fieles del papa son aquéllos que obedecen a su PALABRA y le siguen en TODO, no aquéllos que estudian los medios de eludir sus órdenes” (alocución a los nuevos cardenales, 27 de mayo de 1914).

El diccionario de teología católica (artículo “infalibilidad del papa”) sostiene que el papa Inocencio III (1198 – 1216) se habría pronunciado contra la infalibilidad perpetua del papado. Como prueba, el diccionario cita esta frase: “Principalmente yo tengo necesidad de la fe, porque no dependo para todas las otras faltas más que de Dios; por las faltas contra la fe, al contrario, puedo ser juzgado por la Iglesia”.
Se podría interpretar este pasaje en el sentido de que un papa puede errar en la fe y en consecuencia podría ser juzgado por la Iglesia (un concilio general por ejemplo), No obstante, es de notar que el Diccionario de teología católica ha incurrido en una falsificación del texto. El procedimiento es viejo como el mundo: se extrae la cita de su contexto y se le da un sentido opuesto a aquél dado por el autor mismo. ¡Qué lector se tomará el trabajo de ir a las fuentes para verificar! He aquí el texto no amputado:
“Si yo mismo no tuviera una fe sólida, ¿cómo podría confirmar a los otros en la fe? Y esa es una de las partes principales de mis funciones, pues ¿no ha dicho el Señor a San Pedro: “yo he rogado por ti para que tu fe no vacile”, y: “Una vez convertido, fortifica entonces a tus hermanos”. Él ruega, y fue escuchado en todo a causa de su obediencia. La fe de la Santa Sede no vacila jamás en los tiempos de confusión sino que permanece siempre firme e inquebrantable, a fin de que el privilegio de San Pedro permanezca inviolable. Pero precisamente por esta razón yo tengo sobretodo necesidad de la fe, porque no dependo para todas las otras faltas más que de Dios; por las faltas contra la fe, al contrario, puedo ser juzgado por la Iglesia”. Yo tengo la fe y una fe constante, porque ella es apostólica” (Inocencio III: principal discurso al pueblo después de su consagración; traducción francesa in: J. B. J. Champagnac: Philippe Auguste y su siglo, París 1847 p. 264).
El Diccionario de teología católica (artículo “infalibilidad pontificia”) ha mentido amputando una parte del sermón de Inocencio III. En otro artículo (”deposición”), el mismo diccionario peca todavía por omisión, al citar una frase extraída de otro texto de Inocencio III, sin indicar que, en ese mismo texto, Inocencio defiende la ortodoxia del papado (“Pedro ha renegado de palabra mas no de corazón”). ¡He ahí cómo ese diccionario disfraza el pensamiento de Inocencio III!

Con el fin de no dejar subsistir alguna duda sobre el pensamiento auténtico de este papa, citaremos otro texto suyo. Inocencio III , después de haber recordado la promesa a San Pedro (“yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca”), hizo el comentario siguiente: “Nuestro Señor insinúa evidentemente por sus palabras que los sucesores de Pedro no se alejarán EN NINGÚN TIEMPO de la fe católica, sino que conducirían más bien a los otros; por eso le acuerda el poder de confirmar a los otros, a fin de imponerles la obligación de obedecer” (Carta Apostólica Sedis primates al obispo de Constantinopla, 12 de noviembre de 1199). ¡Este pasaje es capital, pues la expresión “en ningún tiempo” (nullo unquam tempore) hace la tesis de la infalibilidad perpetua del soberano pontífice absolutamente irrefutable!

CONCLUSIÓN
Los evangelistas y los representantes de la Tradición (Padres, Santo Tomás, papas y concilios) claman unánimemente que el pontífice romano no puede en NINGÚN momento fallar en la fe.

RESUMIDO: Un papa jamás naufragará en la Fe porque todos los papas, concilios y Padres de la Iglesia lo han dicho.
El gran sacerdote judío revestido del trozo de tejido cuadrado llamado “racional”, Dios ordena a Moisés y a los otros israelitas: “Vosotros grabaréis sobre el racional del juicio: “doctrina y verdad”, que estarán sobre el pecho de Aarón cuando el entre (en el tabernáculo para presentarse) delante del Señor, y llevará siempre sobre su pecho el (racional del) juicio, (donde estarán escritos los nombres) de los hijos de Israel, cuando se presente ante el Señor, ( a fin de que él recuerde que es encargado de instruirlos en la doctrina y de enseñarles la verdad)” (Éxodo XXVIII, 30).

“Si en la sombra tenían las luces de la doctrina y las perfecciones de la verdad en el pecho del padre, para nutrir y confirmar al pueblo, ¿qué es lo nuestro Sumo Sacerdote no tendrá? ¿De nosotros, digo, que estamos en el día y a la luz del sol? El Sumo Sacerdote antiguo (…) presidía en la noche por sus iluminaciones, y el nuestro preside en el día por sus instrucciones” (San Francisco de Sales).
Fuente Misterio de Iniquidad I

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