Infalibilidad pontificia

UNA ACLARACIÓN PERTINENTE SOBRE EL INFALIBILISMO


Es la que nos ofrece en comentario Fray Eusebio. Respondiendo a un comentario de Fernando R., acota algunas ideas suyas sobre el hincapié dado en el blog a cuestiones como la la infalibilidad de los papas en su magisterio ordinario. Lo cual se había estudiado desde antiguo con la pregunta si el papa puede ser hereje“.

Algunos se extrañan del énfasis dado a esta cuestión en el blog. Hay muchos posts sobre ello agrupados en la categoría “Infalibilidad Pontificia” (pulsar en la pestaña superior). La razón de ello es que esta cuestión es juzgada por mí como esencial. En la Iglesia se tuvo por indiscutible hasta el siglo XV. Y así lo dice el teólogo flamenco Pighio en el siglo XVI, en frase memorable : “La Iglesia siempre lo ha creído, luego es verdad”.

Inserto aquí las razones de Pighio en la defensa de su posición teológica sobre la infalibilidad de los papas- no pueden ser heréticos- :

a. El papa es la regla de la fe de todos los fieles católicos: si errara, un ciego guiaría a otro ciego(lo que sería contrario a la providencia divina)

b. Que Pedro no pueda errar es una creencia de la Iglesia universal (todos los católicos de todos los tiempos y de todos los lugares lo han creído: luego, esto es verdad)

c. La promesa de Cristo en Mateo XVI, 18 [Nota:  Yo te digo que tú eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno(las herejías) no prevalecerán contra ella (la piedra y la Iglesia fundada sobre ella)

d. La promesa de Cristo en Lucas XXII, 32 [Nota: Yo he rogado por tí para que tu fe ni falle, y tú una vez convertido confirma a tus hermanos)

e. La necesidad de guardar la cohesión: es necesario un centro estable y sólido (Roma) para oponerse a las fuerzas centrípetas (tantos pueblos diversos, viviendo a veces en regiones herejes, tienen necesidad de un polo que los mantenga en la fe).

f. Es necesario evitar a los herejes (Tito III: 2. Tesalonicenses III) “Por lo tanto, no nos es permitido en ningún caso separarnos de la cabeza del cuerpo de la Iglesia: separarse es ser cismático”. Pedro es el fundamento unido indisolublemente a la Iglesia contra la cual las puertas del infierno (…los herejes) jamás prevalecerán: “lo que no se puede si el papa fuera hereje”

g. El hereje o el cismático no tiene el poder de atar o desatar (San Atanasio, Agustín, Cipriano; Hilario). Por lo tanto, la plenitud del poder es necesaria a la cabeza de la Iglesia visible.

Luego, Dios no permitirá que el papa caiga en herejía. El autor emprende enseguida una refutación de los pretendidos casos históricos de papas que se habrían desviado de la fe.]

Como se sabe, San Roberto juzga esta opinión como probable diciendo que es fácil de defender:

“que sententia probabilis est et potest defendi facile”

Después pasa el santo doctor a estudiar las otras cuatro sentencias:

quia tamen non est certa, et communis opinio sit in contrarium, operae praetium erit videre, quid sit respondendum, si papa haereticus esse potest.

Todas las refuta, aunque reconoce que ya en su tiempo-pero no anteriormente- eran comunes, y adopta un estilo hipotético.

[Todo esto puede comprobarse consultando las “Controversias“, en el Capítulo XXX, que puede encontrar el lector en la barra lateral, pulsando la imagen de san Roberto..  De paso diré que me felicito de poderles darles este enlace que no he visto en ningún blog, y que remite a la magna obra, y única a lo que creo, de digitilización de la Opera Omnia de Belarmino, que agradecemos a la UANL, Colección digital,  que nos acerca la edición de París, Vives, 1870)]

Desde entonces hasta el Concilio Vaticano I, la opinión pasó a ser cierta, como se demuestra en el post “Una exégesis mejor…”.

Pero lo importante es decir  que  esta sentencia es la única que garantiza la unidad católica en torno al magisterio de los papas, y que hoy vemos quebrada, no sólo en la secta conciliar (fragmentada en cientos de opiniones a cual más aberrantes) sino en el mundo tradicionalista e incluso en el sedevacantista. Lo contrario también es cierto: La razón de la actual fragmentación es precisamente el no haber adoptado la sentencia infalibilista, cuya opuesta ya en los tiempos de Belarmino era communis- frente a lo que la Iglesia siempre sostuvo, en los Padres, los papas, y en eminentes teólogos como Santo Tomás, como puede verse en los últimos posts sobre el tema, en este blog-  es decir el pensar que el papa puede caer en la herejía. En nuestros días creemos que no es una opinión moralmente aceptable, como lo sancionó Sixto IV en Licet ea”. Que sea la causa de la fragmentación puede verse en el post Arco Iris del Catolicismo actual

Pues esta es la razón de nuestro hincapié en el infalibilismo, apenas sostenido hoy por unos pocos, frente a la fallida profecía de Le Floch.que aventuraba que sería la herejía común en los tiempos actuales. Creemos sinceramente que esta sentencia es el factor indispensable de la unidad.

Todo esto lo expone con maestría el comentario de Fray Eusebio, respondiendo a Fernando R.

Dice Fray Eusebio:

Estimado Fernando R.

Aunque su comentario vaya dirigido al honorable Director, permítame expresar estos pocos pensamientos, por si pueden servir de ayuda:

Creo que aquí hay cuatro temáticas diferentes, que no conviene mezclar:

Una, el modo en que podamos dirigirnos a uno u otro de los intervinientes/comentaristas que por esta página se acercan. Desde luego, creo que procuramos tratar a todos decorosamente, sin insultar a nadie, aunque disientan de nuestra postura, si alguna vez usamos algún calificativo, como el de galicano y jansenista, no va dirigido a la persona, y menos con intención infamatoria, sino contra las teorías más o menos erróneas de las que vamos tratando, y que pueden reflejar lo que otros escribieron hace siglos, sin que eso signifique apreciar menos a la persona que hoy día las expresa, muy probablemente sin saber de esos antecedentes históricos.

Otra, la apreciación que aquí podamos hacer de algunas grandes figuras de la llamada resistencia católica. Los podemos apreciar mucho, y estar infinitamente agradecidos por todo lo que de bueno hicieron, pero eso ni nos ciega ni nos calla a la hora de enjuiciar los lados menos relucientes y acertados de sus hechos, dichos y omisiones. Aquí no hay jefes intocables ni “vacas sagradas”.

Si Mons. Lefebvre, el P.Arriaga, o cualquier otro han ayudado a sembrar algún error entre tanta verdad, incluso con la mejor intención, estoy seguro de que desde donde estén, serán los primeros partidarios de que lo señalemos, sin que eso suponga desmerecer lo demás. Que no se nos intente cerrar la boca con una devoción mal entendida que podría rayar en algún tipo de “latría”.

En tercer lugar, parece que desde algunas posiciones, se nos invitaría a “relativizar” nuestra postura acerca de algún tema que supuestamente no tendría relación directa con la resistencia que estamos llevando a cabo, entre otros, el de la infalibilidad de los Papas, y que sería conveniente dejar “aparcado” ese tema para mejores tiempos (cuando un Papa verdadero pueda zanjarlo), en aras de una más estrecha unión entre todos los que convienen en que los ocupantes actuales del Vaticano son ilegítimos, y que alguna vez, quién sabe cuando, se producirá la elección de un Papa verdadero.

Pues a nosotros nos parece que ese tema es capital, y que no debemos esperar a un Papa futuro que lo zanje, porque ya está más que zanjado por todos los pronunciamientos de los Papas, y de la misma Constitución “Pastor Aeternus” íntegramente leída y rectamente entendida.

Y es capital porque sobre ese dogma de la total inmunización de los Papas contra cualquier error en fe y moral, y a través de ellos, del resto de la Iglesia, reposa enteramente la credibilidad de esa misma Iglesia, la posibilidad de hacer un verdadero acto de Fe sobrenatural, sin el cual no podemos ser salvos.

Nunca como en estos tiempos han necesitado los cristianos tener fe absoluta y sin falla posible en que todo lo que ha enseñado la Iglesia a través de los siglos, todo lo que ha mandado por sus leyes generales, todo lo que ha practicado o consentido, todos sus ritos litúrgicos aprobados, vienen del Espíritu Santo, y que no puede haber en ellos engaño alguno.

En cuanto se introduce la pequeñísima cuña de la duda, de si quién sabe si puede ser que ese Papa no hablaba ex cáthedra, y pudo haberse equivocado, o que ese Concilio General, aquí hablaba con magisterio extraordinario, mientras que en la página siguiente, solo con el ordinario, y así de todo lo demás, entonces se destruye totalmente el carácter sobrenatural del acto de fe, pasando éste a ser puramente natural, prudencial hasta que no se demuestre lo contrario, y venga otro Papa mejor informado o asistido, u otro Concilio, u otra Venida intermedia de JesuCristo, etc…

Cuando se escucha cuidadosamente y en confianza a, por ejemplo, los fieles de la FSSPX, uno se encuentra con el horror de oír cómo, con la mayor tranquilidad, una parte de ellos sostiene que al fin, si los Papas desde Juan XXIII pudieron equivocarse, y enseñar el error a toda la Iglesia, incluso a través de un Concilio Ecuménico, que todos los autores tenían en principio por indudablemente infalible, por lo misma regla, también pueden haberse equivocado los Papas anteriores condenando el liberalismo, y demás errores conexos, y haber acertado los posteriores.

Y por el mismo precio del viaje, ¿Es que acaso los Papas anteriores al Concilio no pudieron haber cometido muchos más errores, o haber permitido, por ejemplo, que los ritos litúrgicos se convirtieran en “un bosque que no dejaba ver los árboles, en un galimatías que nadie entendía ya, en un muro incomprensible y caduco que impedía la participación de los fieles, y que sólo se mantenía por inercia, y por miedo del cambio, etc…“, que es lo que se oye con frecuencia, incluso en las más insospechables abadías benedictinas “tradis”, de las que no daré el nombre…?

Y así con todo lo demás. Viendo la perspectiva de la próxima “canonización” de Juan XXIII y JP II, ¿qué creen que piensan los adeptos del falibilismo de cuño más o menos lefebvriano, al menos en privado?

Si los Papas pueden equivocarse canonizando a dos alipendes del tamaño de estos, también han podido equivocarse en otras muchas canonizaciones“. Resultado: La desaparición del culto de los santos, sobre todo tal como regulado y propuesto por la liturgia, sustituido por una desconfianza y un irrespeto casi protestante, como he podido comprobar personalmente, oyendo cómo cierto muy notorio “teólogo” de la FSSPX mantenía que cierta práctica religiosa era muy “pura” porque sólo tenía por objeto a Nuestro Señor y a su Madre, siendo todo el resto de la devoción católica desviación y distracción, por lo que se negaba a poner las imágenes de los santos en los correspondientes altares que les estaban dedicados.

Esa misma actitud de desconfianza es la que propició que los clérigos fueran poco a poco asimilando la visión sesgada y mentirosa de la historia de la Iglesia y de la Cristiandad, en la que todo son abusos, crímenes, desviaciones de una hipotética perfecta “Iglesia primitiva”, etc…y acabaran cayendo en el abismo del modernismo, como vio muy bien san Pío X a principios de siglo.

Y por eso los modernistas camuflados como un tal Roncalli  inficcionaban especialmente los estudios de historia como los de Duchesne, que preparaba las mentes a esa general desconfianza en la Iglesia, subrepticiamente y sin que se notara casi, lo mismo que en losestudios de liturgia, derecho, o cualquier otra rama del saber.

Y es esa actitud la que provoca que entre los mismos “tradis” sea imposible una verdadera unidad. Porque aunque todos coincidieran, milagrosamente, en exactamente los mismos términos, en el tema de la ilegitimidad de la iglesia conciliar y sus fementidos pontífices, seguirían divididos por un enorme montón de cuestiones, en que cada uno pensaría según su doctor favorito, en vez de atenerse a lo que la iglesia ya ha decidido y establecido a través de la voz de sus Pontífices.

Con la Iglesia pasa como con su fundador: O todo o nada.

O Nuestro Señor es Dios, exactamente igual que el Padre, y entonces podía obligar estrictamente a observar cada una de sus palabras y órdenes, so pena de condenación, y es lo más grande que ha nacido bajo el Cielo, o no lo es, es sólo semejante al Padre, como decían toda laya de arrianos y semi-arrianos en tiempos de san Jerónimo, y entonces, es lo más bajo y despreciable entre los seres creados, un loco megalómano, que según la palabra de Nietzche, habría ocasionado un daño incalculable a la Humanidad.
Y no, como decían los arrianos, semi-arrianos y simili-arrianos de entonces y de nuestros días, un profeta maravilloso, un hombre excelso, etc…siendo lo importante el estar unidos en una cierta confesión de fe no necesariamente verdadera, pero que convenía más o menos a todas las partes.

¿Qué pensaban sobre eso los santos Atanasio o Liberio? Que aunque sólo quedaran un puñado de católicos perdidos en un mar de arrianos, no debían ceder nunca ante la perspectiva de una supuesta unión ficticia, porque lo que importaba era estar asentado en la Verdad Indeficiente.

Lo mismo pasa con la Iglesia y sus Papas. Siendo JesuCristo continuado, o son totalmente infalibles siempre que definen o explican la doctrina de fe o moral, así como en los demás actos oficiales que implican una u otra, y entonces es lo más grande plantado en este mundo, y digno de total confianza y entrega, o puede inducir al error e incluso al pecado, y entonces se convierte en la peor máquina de desgracias que haya parido este mundo, porque ya se sabe que el veneno camuflado es siempre el más peligroso.

No hay término medio. Los falibilistas de hoy son el equivalente eclesiológico de los semi-arrianos de los tiempos de san Jerónimo. Lo que entonces se decía de JesuCristo, hoy se dice de su Esposa. Y como son una sola carne y un solo Espíritu, la falibilidad que se atribuye a la una, inevitablemente se atribuye a su Cabeza.

No cabe unidad posible con los representantes de un uranio doctrinal tan radioactivo que es capaz de envenenar a cualquier vida cristiana, por robusta que pueda parecer.

Porque el Esposo vengará terriblemente los ultrajes infligidos a su Santa e Inmaculada Esposa, y los que hayan dudado de su fidelidad, aunque sea en un sólo punto, como decía san León XI, no pueden esperar premio, sino látigo y galeras.

Por último, algunos intentan proponer la situación de sede vacante como puramente opinable, hipotética, apoyada sobre las cuestionables opiniones de unos u otros doctores, por lo que los “resistentes” deberían asentar las bases de su unidad, y de la futura designación de un Papa verdadero, sobre las endebles bases de un “Loyal parliamentary agreement”, perfectamente revisable al albur de las conveniencias, como en la actual Iglesia de Inglaterra…

Cuando lo cierto es que ya ha intervenido la Iglesia, ha definido lo que debíamos creer, y ha mandado para siempre lo que debíamos obrar.(Ya saben a qué Bula me refiero…)

Así como el observar los ritos judaicos, una vez que la ley evangélica ha sido suficientemente propuesta, era señal evidente de no creer que el Mesías ya había venido, y era pasible de los correspondientes castigos espirituales y temporales, lo mismo, el tratar como cosa opinable y discutible lo que ya ha sido suficientemente definido y decidido por la Santa Sede es señal de deslealtad, cuando no de alta traición, y no puede ser aprobado, y menos aún, tomado como base de cualquier unidad de pensamiento y acción.

Como ve, siempre es el mismo tema: Tratar a Dios como Dios, y a la iglesia como Señora, Madre y Maestra infalible de la Verdad, y gobernadora de su Derecho.

4 replies »

  1. Estimado Fray Eusebio:

    Valoro su respuesta. No obstante, debo decirle que no parece haber comprendido mis aclaraciones y puntualizaciones, ya que ni aboné la tesis denominada falibilista, ni mucho menos pretendo un cierto relativismo -como Ud. dice- de parte del blog, o de quien fuere, menos que menos tratándose de temas doctrinales o morales. con el pretexto de buscar la unidad a todo trance. Para nada pienso así, NI LO HE DADO A ENTENDER.
    Y con respecto a aquellos egregios defensores de la fe católica a que aludo en mi participación, rechazo sin más la peregrina idea que Ud sugiere de que pudieran ser para mí figuras ‘intocables’, al punto de caer en una suerte de ‘latría’ -como Ud. dice. Nada más lejos de lo que pienso; sólo quise hacer justicia a la memoria de quienes abrieron surcos en esta lucha por la verdadera Fe, trinitaria y teándrica, en medio del inmenso campo sembrado de cizaña por el enemigo, y que amenaza ahogar el trigo de la verdad aun en el mismísimo terreno del tradicionalismo. Y esta justa memoria de aquéllos me parece de ley, aun cuando podamos no coincidir en todo con ellos. En este sentido, no me parece que haga honor a la memoria de un discípulo y soldado de Cristo como fue el P. Sáenz, referirse a él -como Ud. lo hace hacia el final de su respuesta en el post titulado “El P. J. Sáenz y Arriaga sobre la infalibilidad”-, cuando dice:
    “¡Aquí habla, no un galicano, o un jansenista de los tiempos de Unigenitus, sino un jesuita!” Y un par de renglones más abajo: “¡Éstos son los grandes defensores del Papado, de la Tradición, etc… que te besan la mano para mejor apuñalarte la espalda!” Y si bien Ud se refiere a los jesuitas en su conjunto, es inocultable que sus palabras alcanzan de lleno al P. Sáenz, al punto que las mismas se generan en el hecho de hallar la postura del P. Sáenz a propósito del tema de la infalibilidad, no sólo condenable y herética (esto último está dicho por Ud. en otra de sus intervenciones), sino ¡también falsa!
    ¡Y esto a despecho de la declaración inicial del mismo Padre Sáenz con relación a su firmísima adhesión a la cátedra de Pedro!
    Como entre paréntesis, le hago saber, que el Dr Disandro que luchó toda su vida contra la perfidia jesuítica, y que publicó una edición bilingüe del breve de Clemente XIV, ‘Dominus ac Redemptor’, con traducción propia y precedido de un extenso y profundo estudio sobre el tema, no obstante tenía en gran estima al P. Sáenz, no sólo como Dr. en teología y Derecho canónico que era, sino también como persona. Y es que el aludido sabía deslindar los tantos, o “no mezclar las cosas”, como Ud. gusta decir…
    Finalmente, y para que no se le ocurra a nadie tildarme de lo que no soy, estoy completamente de acuerdo en que un Papa legítimo jamás puede incurrir en herejía. Pero entiéndase bien. Esta expresión: ‘incurrir en herejía’, comporta que el Vicario de Cristo pudiese enseñar el error, en materia de fe o moral, a toda la Iglesia y con pertinacia; lo cual nunca ha sucedido ni puede suceder, ni por vía del magisterio ordinario, ni aun como ‘doctor privado’.
    Discrepo sin embargo con aquellos que -esto dicho sin ninguna intención peyorativa- podría llamar ‘infalibilistas a ultranza’, los cuales no admiten ni el más mínimo descuido o negligencia en la defensa de la ortodoxia católica, como es justamente el remanido caso de Honorio I. Aquí me adelanto a un más que seguro alud de citas y testimonios documentales que, supuestamente, prueban que se trata una falsificación de las actas del VI Concilio ecuménico y III de Constantinopla. Pues bien, la excelente bibliografía a que he tenido acceso, PRUEBA LO CONTRARIO. Esto quiere decir que Honorio I fue realmente condenado por un Concilio General, cuyas definiciones tienen valor dogmático. Sólo que es preciso tener en cuenta que el Papa San León II, al confirmar con su signatura las decisiones de aquel Concilio, cambió la calificación final con la que éste condenaba a Honorio, declarándolo en vez como ‘fautor de herejes’, es decir favorecedor de los herejes, y esto por su NEGLIGENCIA EN COMBATIR LA HEREJÍA. Este cambio, lejos de ser un simple matiz, comporta en realidad una significativa atenuación en el juicio de la Iglesia con respecto al error del Papa Honorio I Y tanto es así, que gracias a esta última sentencia, el caso de aquel ilustre discípulo de San Gregorio Magno, nada menos,y tan lleno de méritos por lo demás, no podría hoy ser aducido sino abusivamente, para probar que un Papa sí puede enseñar pertinazmente el error en materia de Fe a toda la Iglesia.
    Finalmente, con ánimo de aportar, en la interpretación del ‘caso Honorio’, una vía diferente que la expuesta en este blog, transcribo a continuación una página de la ‘Historia de la Iglesia Católica’ del P. B Llorca (tomo I, pág. 811)

    CUESTIÓN DEL PAPA HONORIO
    Como el Papa Honorio en su conducta impuso silencio a los defensores de la ortodoxia y dio, al menos aparentemente, la razón a Sergio y a sus partidarios, se supone que erró dogmáticamente, por lo cual no se puede decir que el Papa sea infalible. Este argumento lo han esgrimido y lo siguen esgrimiendo hasta nuestros días todos los enemigos del Pontificado, y es bien conocido que, cuando se discutió en el Concilio Vaticano Vaticano I el dogma de la infalibilidad pontificia, la cuestión del papa Honorio fue una de las más agitadas y de las que proporcionaron armas constantemente a los impugnadores de la definición de este dogma
    Ahora bien, ¿qué solución cabe dar a este enmarañado problema?. Algunos apologistas, sobradamente expeditivos, han querido resolverlo negando a estas cartas el carácter de de documentos dogmáticos o ex cathedra. Según esta solución, como la infalibilidad pontificia sólo se extiende a los documentos emanados ex cathedra, no pueden estas cartas ofrecer dificultad ninguna al dogma. Aunque contuvieran algún error, éste sería muy de lamentar en un papa, mas sería puramente error privado, sin consecuencia para la infalibilidad pontificia.
    anatema ninguno y dan normas prácticas de conducta, como es el silencio impuesto sobre aquellas discusiones. Este argumento resulta en verdad inconsistente, y, si bien se advierte, echaría abajo una buena parte del magisterio eclesiástico pontificio primitivo. Para que se pueda decir que el Papa habla ex cathedra, no es necesario que emplee un tipo especial de documentos, ya se llamen bulas, ya encíclicas, privilegios o decretos, en los que con toda solemnidad defina alguna verdad revelada. Lo importante es que hable como papa y maestro de la Verdad, determinando con autoridad suprema algún punto referente al depósito de la fe. Aunque esta enseñanza la publique en forma de carta, breve o rescripto, no deja de tener el carácter de documento ex cathedra.
    Si no se admite este principio, deberíamos decir que la Epístola dogmática de San León a Flaviano, por ejemplo, no tiene carácter dogmático. Evidentemente, detrás de Flaviano, a quien se dirige la carta, veía San León a toda la Iglesia, como detrás de San Cirilo veía el papa Ceferino a todos los fieles, y, en nuestro caso, el papa Honorio, al dirigirse a Sergio y Sofronio, enseñaba a toda la Iglesia. Por lo demás, no se trataba en nuestro caso únicamente de cuestiones prácticas o disciplinares, sino que se debatía un punto dogmático de importancia fundamental en la doctrina cristológica. Así lo entendían de hecho todos los que intervinieron en la discusión.
    Descartada, pues, esta solución y partiendo de la base de que las dos cartas de Honorio son documentos doctrinales y, en tales condiciones, que deben ser consideradas como declaraciones ex cathedra, debemos afirmar que no contienen error ninguno dogmático. Por consiguiente, no ofrecen dificultad ninguna contra la infalibilidad pontificia. Lo único que debemos conceder es que el papa Honorio no estuvo acertado en el modo como
    resolvió el asunto, al imponer silencio a las dos partes. Fue un error de táctica, de graves consecuencias para la Iglesia, pero no un error doctrinal, que es lo único que comprometía la infalibilidad.
    Efectivamente, la expresión “unde et unam voluntatem fatemur Domini nostri Iesu Christi” y otras semejantes que se emplean, si se estudia bien el contexto, se refieren a la unidad moral de las dos voluntades de Cristo, no a la unidad física, que es lo que defendían los monoteletas. Ciertamente era una expresión que engendraba confusión ; pero el sentido que tenía en la mente de Honorio era plenamente ortodoxo: unidad moral. Por esto habla de un único operante, de dos naturalezas unidas en un solo Cristo; dos naturalezas que obran lo que les es propio, sin confusión ni separación, pero en unidad moral perfecta. Todo esto, que es doctrina expresada por Honorio en sus cartas, no es otra cosa que el dogma ortodoxo católico. El que Sergio y sus secuaces interpretaran en favor suyo la expresión de única voluntad en Cristo, como si Honorio defendiera una sola voluntad física, no debe inducirnos a error. También en otro tiempo los adversarios de San Cirilo, los nestorianos, interpretaban algunas expresiones de sus anatematismos como si fuera partidario del monofisismo, y, en realidad, sus palabras daban pie para esta sospecha; pero si se atiende al conjunto de su doctrina, aparece claramente que no contiene ningún error.
    No de otra manera opinaban sobre el sentir del papa Honorio los prohombres de la causa católica que intervinieron en estas discusiones. Todos ellos lo presentaban como autoridad en favor de sus ideas contra los monoteletas, sin temor de que nadie los contradijera. Así, el más insigne de todos, San Máximo Confesor, afirmaba que, en las conocidas cartas, Honorio solamente había querido “explicar que jamás de ninguna manera la naturaleza humana, concebida virginalmente, fue de hecho arrastrada por la voluntad de la carne”; es decir, que únicamente quiere salvar la unidad moral de las dos voluntades. Precisamente esta argumentación era la que más fuerza daba a San Máximo en sus encarnizadas luchas contra los monoteletas. Por otra parte, él, contemporáneo de los acontecimientos, podía estar muy bien enterado del verdadero sentido de las palabras del papa Honorio, tanto más cuanto que nadie le contradijo de hecho en todo este razonamiento.
    Del mismo parecer era el abad romano Juan, quien se supone haber redactado la primera carta. Pero, sea de esto lo que se quiera, el hecho es que, según él atestigua, el papa Honorio únicamente defendía una voluntad mora, no una sola voluntad física.
    A la misma conclusión llegaríamos si consideramos la manera como más tarde se condenó al papa Honorio. En todas las fórmulas de condenación y anatema contra él no se le atribuía ningún error dogmático ni se afirmaba que hubiera defendido ninguna herejía, sino únicamente que había sido negligente en el desempeño de su oficio y no había sido bastante enérgico, fomentando con su descuido la herejía.
    En realidad, pues, esta es la verdad en la cuestión del papa Honorio. Con una sólida argumentación histórica y a base de documentos convincentes, se puede probar que no erró dogmáticamente ni enseñó ningún error ex cathedra.
    En cambio, no puede librarse al papa Honorio de una conducta desacertada y verdaderamente dañina a la causa católica. Se dejó prender demasiado fácilmente en las redes de Sergio, como en otro tiempo el papa Zósimo en las de Pelagio y Celestio. Creyó con demasiada facilidad en las falacias de de este hombre astuto, por lo cual tomó aquella medida desacertada de imponer silencio a los defensores de la verdadera causa. Este sistema no podía favorecer más que al error, el cual podía de este modo extenderse sin que nadie se le opusiera, y esto por obra del que debía haberle cortado los pasos. La obligación del vigilante supremo de la Iglesia ha sido siempre imponer silencio al que compromete la verdad, no a los que la defienden
    La gran falta de Honorio consistió en dejarse alucinar por Sergio y juzgar toda aquella contienda como cuestión de palabra, ordenando, en consecuencia, guardar silencio a los defensores de la fe y dando con ello ocasión a que se propagara el error. En este sentido deben entenderse todas las condenaciones subsiguientes de este Papa.

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  2. Estimado Fernando R:

    Me alegro de sus puntualizaciones. Así pues, no es Ud. falibilista ni relativista, ¡Bendito sea Dios!

    Los egregios defensores de la fe a los que ud. alude no necesitan que nadie se levante a hacer justicia de su memoria. Sus obras y palabras están todavía en la mente de todos, y yo soy el primero en reconocerles sus muchos méritos.

    Tal vez le hayan parecido un poco duras mis palabras hacia el P. Sáenz y Arriaga, y podría efectivamente matizarlas y quitarles hierro, pero eso no cambiaría radicalmente la realidad de las cosas: Que como gusta decir cierto doctor teólogo, borraban con el codo lo que escribían con la mano. Declarar que se adhiere firmísimamente a la Cátedra de Pedro, pero luego, cuando realmente necesita esa Cátedra de toda la fidelidad y apoyo, retirarse tras la excusa de que al fin y al cabo, un Papa puede enseñar el error, si no es ex cátedra, no puede ser ocasión de alabanza, y sí de deplorar que la inmensa mayoría de los teólogos, y consiguientemente, de los profesores de seminarios y universidades, hayan caído en tal error ya condenado por la Iglesia como herético, de donde sin saber esto último, lo tomó el P. Sáenz, igual que muchos otros.

    Desde luego, él, que no sabía de las condenaciones de la Santa Sede, y se atenía a lo que le enseñaron, no era ningún hereje, pero los jesuitas que alteraron el primitivo Denzinger, para hacer desaparecer esa condenación, (Licet Ea, de Sixto IV) e incluso hacer decir a los Papas exactamente lo contrario de lo que decían, sin duda que lo eran, y de los peores.

    Con mucha menos ciencia que él, yo también acompaño al Dr. Disandro en el aprecio por el dicho Padre, como ya he tenido oportunidad de afirmar en otras ocasiones.

    Me dice que la expresión “El Papa no puede incurrir en herejía” implica que el Vicario de Cristo no puede enseñar el error a la Iglesia en materia de fe, con pertinacia, ni siquiera como doctor privado.

    Entiendo lo que intenta comunicar, pero espero me permita alguna distinción de dos diferentes conceptos entrelazados:

    Propiamente, esa afirmación no se refiere principalmente a la enseñanza pública del Papa en cuanto tal, sino a la persona vamos a decir “privada”, particular, del Papa, que no puede cometer el delito de herejía (exteriorizar el error contra la fe que ya estaría presente en su fuero interno), ni tampoco el pecado de herejía (que crea el error contra una verdad de fe suficientemente propuesta como tal por la Iglesia, aunque no llegue a manifestar exteriormente ese sentimiento).

    Este perpetuo carisma de fe nunca deficiente (que dura mientras esa persona no deje de ser Papa por muerte, renuncia o insania mental incurable y debidamente constatada), se llama propiamente indefectibilidad, y es la base de su inmunización contra el error en su magisterio público, (tanto ordinario como extraordinario) que llamamos infalibilidad.

    No hace falta preguntarse si hay pertinacia o no la hay, etc…como hacen algunos, es más simple que todo eso, un Papa legítimo viene impedido por el Espíritu Santo no sólo de enseñar cualquier error en fe o moral, aunque no sea una herejía, sino también de creer ese error, aun meramente en su fuero interno.

    No sé a qué “infalibilistas a ultranza” se refiere ud., pero desde luego, creo que no vamos incluidos en el lote.

    Una cosa es que el Papa, al creer o hablar, venga impedido de caer en error, o de inducir a otros en él, y otra muy diferente, es que se nos garantice que siempre será diligentísimo en el cumplimiento de todos sus deberes pontificios, incluso el primero de todos ellos, la defensa y explicación de la doctrina de la fe.

    Puede perfectamente suceder que un Pontífice advierta la existencia de un error, que compruebe la necesidad de oponerse a ese error, pero que llevado por otras contingencias, imaginemos, por ejemplo, diplomáticas, se abstenga de hablar contra un cierto error, o reserve para más tarde el tomar medidas contra los fautores de herejía.

    Supongamos que la continuación de la historia enseña que ese retraso y condescendencia ha ocasionado la propagación de la herejía por países enteros, poniéndolos a sangre y fuego, como se arrepentía amargamente el Emperador Carlos V de no haber estrangulado con sus propias manos a Lutero cuando lo tuvo delante, en vez de concederle un salvoconducto.

    Sin duda, más de un historiador podría haber opinado que el Papa se había hecho culpable de una grave negligencia, sin perjuicio de su indefectibilidad e infalibilidad.

    Concedido esto “in abstracto”, niego absolutamente que “in concreto” haya sido ese el caso del Papa Honorio.

    Ya nos dirá qué tumbativa bibliografía es esa, que prueba lo que toda los testimonios de la Iglesia Romana niegan, desde los días del ilustre y santo Papa, hasta los días del Concilio Vaticano I, en que previo detenido examen de la bibliografía tanto favorable como adversa, los Padres de ese Concilio declararon la perfecta inocencia de Honorio, no sólo de herejía, sino también de cualquier debilidad, descuido o negligencia, y colocando en el Índice de libros prohibidos las obras que tal sostenían.

    No repetiré lo que ya dicen varios posts dedicados al tema en este mismo blog, y que demuestran sin género de duda que no fue condenado por Concilio Ecuménico ni Papa alguno, sí fue siempre defendido por la Iglesia Romana y sus sucesores en esa Sede contra las calumnias de los proto-cismáticos griegos, y sus sucesores galicanos, jansenistas, y modernistas, y sepultado honoríficamente en la Basílica de san Pedro.

    Lo inocentan, no sólo de la acusación de heterodoxia, sino también de la de cualquier negligencia, y todo el que examine desapasionadamente la sucesión de acontecimientos, y pese los motivos del actuar papal, llegará sin dificultad a la misma conclusión.

    Todo esto, sin tener en cuenta que la piedad filial ordena observar el mayor respeto y circunspección a la hora de considerar los actos del Soberano, porque los secretos de su actuar, él solo se los conoce, mientras que son en su mayoría insospechables para los mismos contemporáneos, y mucho más par los que vivimos más de 1000 años después.

    Interesante por más de un concepto el párrafo del P. Llorca que nos apunta:

    En primer lugar, porque señala claramente que pretender que para ser ex cathedra, las definiciones papales deben parecerse necesariamente a los solemnes actos de 1854, 1870, o 1950, es una argumentación inepta, y que el Papa puede zanjar un asunto independientemente de la forma del documento empleado, sus circunstancias, el número o cualidad del o los destinatarios del mismo, las fórmulas empleadas, etc…Se supone que es siempre infalible, y que además, pretende que el o los temas tratados en dichos documentos salga del ámbito de las cuestiones disputadas, para entrar a pertenecer al de las ya definidas y obligatorias, aunque el grado de esa obligación pueda variar con el tiempo, y volverse más exigente, si así se juzga expediente.

    Luego, porque demuestra claramente que sus palabras no tienen en modo alguno un sentido heterodoxo, reconocido por sus contemporáneos católicos. Se ve que no era la primera vez que los herejes intentaban arrimar el ascua a su sardina atribuyendo a las palabras de los Doctores católicos un sentido heterodoxo, lo mismo que hoy día, otros se desviven por encontrar un sentido católico a las evidentes herejías de un Bergoglio.

    En ambos casos, haciendo el ridículo más espantoso, aunque siempre encuentren quien se lo quiera creer, por la cuenta y los intereses que en cada momento puedan tener…

    No hay historiador que pueda controlar ni siquiera lo esencial de lo publicado sobre todos los temas controvertidos por la malicia de los herejes, porque eso necesitaría varias vidas. Supongo que el P. Llorca no conocería los estudios que desde el S. XVII se han hecho sobre el asunto de las falsificaciones de las Actas del Concilio de Constantinopla, ni sobre las seudoepigráficas cartas condenatorias atribuidas al Papa san León II, máquina de guerra forjada por los enemigos del Papado desde el mismo primer milenio, y que contribuirían al desencadenamiento del Cisma “ortodoxo” culminado en 1054, y todavía no resuelto.

    No es que el Papa Honorio fuera un bendito ingenuo que cayera con facilidad en las trampas de los embrollones de Oriente, no; es que sabía demasiado bien lo liantes que eran, y no quiso entrar en su juego, que en inglés se suele designar como “damned if you do, damned if you don’t”.

    Mal si me contestas, porque de todos modos voy a interpretar tus palabras como mejor me convenga, y si no, las falsifico; y mal si no me contestas, porque entonces quien calla otorga, y además, se te puede sospechar de herejía, por no lanzarse al estanque de los tiburones al primer golpe de silbato.

    Si tuviéramos que juzgar por ese baremo a los Papas siguientes, tendríamos que acusar de lo mismo a los que impusieron el silencio a las inacabables controversias “de auxiliis” sobre la Gracia, o a los que impusieron retención a los defensores y detractores de la Inmaculada Concepción de María, o a los que demostraron una heroica paciencia frente a los desplantes y frescuras de galicanos y jansenistas, sin querer expulsarlos “Manu forti et brachio extento” de la Iglesia, aunque harto se lo merecían.

    Cosa que sería con toda evidencia absurda y verdaderamente ofensiva a la santa memoria de tan eximios Pontífices…

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  3. El comentario de las 7.56 y el de las 8.55 han sido borrados.
    Recuerdo que el Administrador del blog se reserva el derecho a publicar entradas y comentarios según lo que considere.
    Hay temas que lo prudente es cerrarlos y no dar lugar a debates interminables.
    El tema relativo a la infalibilidad de los papas ya ha sido suficientemente expuesto en el blog.
    La línea del blog es la “infalibilista”.Es decir creemos ser doctrina católica avalada por los Padres, los Papas en su magisterio ordinario y extraordinario, y la tradición inmemorial de la Iglesia, que un papa no puede caer en el error contra la Fe y la herejía. Es la doctrina seguida por San Roberto Belarmino en sus controversias. [Ver el enlacede su opera omnia en la barra].
    Respetamos a las personas que sostienen lo contrario pero creemos sinceramente que están en el error. Tenemos derecho a pensar así y a publicarlo. No las censuramos ni siquiera queremos tener nada con o contra ellas.
    Si un supuesto papa cayera en herejía manifiesta es cierto, no quizás, que su elección ha sido inválida. Está dicho, en la bula “cum ex apostolatus”, que una persona herética está inhabilitada para ser elegido canónicamente papa.
    Como consecuencia de lo anterior, al “papa” hereje no se le juzga sino se juzga su elección. A un papa nadie pude juzgarlo. Ni siquiera la Iglesia, un concilio o los cardenales. Las citas en contrario han sido ya rebatidas en el blog.
    Los católicos deben tener claro ante todo la doctrina católica. Si tuvieran que vivir para ver que un papa la contradice, deberían pensar no que hay que deponerlo -deponendus est- sino que con certeza nunca ha sido papa.
    En la Iglesia conciliar todos los papas han dado muestras de su herejía aun antes de su elección. Sólo por el hecho de haber abrazado el Concilio Vaticano II, tanto los “papas” como sus electores, estaban inhabilitados para una elección canónica. [Cum ex apostolatus]
    Esta es la línea del blog. Los discrepantes harían bien en discrepar en sus propios blogs o en otros cualesquiera. Sin embargo se admitirán comentarios en contrario a aquéllas personas que intenten aprender de buena fe los motivos de esta postura. Pero aquéllos que han leído y a quienes se han rebatido sus comentarios, no es oportuno dejar que sigan insistiendo en su posición.

    Sobre este tema tan manido ya no se aceptarán comentarios. Deseamos evitar agrias calificaciones y comentarios repetitivos sobre el asunto.

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  4. Yo también soy infalibilista, Moinuman, y lo he demostrado, pero no puede negarse que primero tienen que ser públicamente heréticos y luego llegar a dicha conclusión… y eso no es ser antiinfalibilista sino aterrizar los hechos tal como suceden en la realidad.
    NO es que por revelación divina nos damos cuenta de que el que se hace pasar por Papa es hereje, sino por herejía manifiesta, y entonces llegas a la conclusión pertinente.
    NO se porque te molesta el ejemplo que te puse que deja en claro como xxxx de ser considerado Papa y al versele caer en el error, podemos llegar a la conclusión no es Papa pues no puede ser cabeza de lo que no forma parte.

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