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MARÍA MEDIANERA DE LAS GRACIAS


[Artículo de lectura imprescindible, aunque un poco densa. Con razones de la escritura, y de los doctores, especialmente Santo Tomás, establece en sus justos términos la “Mediación de María”, subordinada a la de Cristo, así como el verdadero sentido, de la verdad hoy negada por muchos, de la “Corredención de María”. Ambos atributos no sólo no disminuyen el papel del único Mediador, que es Cristo, sino que lo engrandecen. Su último fundamento es la divina Maternidad de María, que la hace partícipe, de alguna manera del Orden Hipostático. Celebramos este artículo a gloria de Nuestra Bendita Madre, la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra.]

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LA MEDIACIÓN DE MARÍA

Alberto García Vieyra O. P.

Revista Roma N° 19 – Mayo de 1971

 I.    Introducción

Al discutirse en el Concilio Vaticano II sobre el papel de la Santísima Virgen en la vida de la Iglesia hubo un importante movimiento que anhelaba la institución del dogma de la mediación mariana en la economía de la Redención.

La mediación de María es ya una verdad recibida por la Iglesia. Desde tiempo inmemorial, desde que llega a los pueblos el fuego de Pentecostés, donde el Evangelio se predica con autenticidad, se invoca la mediación de la Madre de Dios para obtener las gracias de lo alto. La fiesta litúrgica de la Mediación, fue decretada el 21 de enero de 1921, bajo Benedicto XV.

En el Concilio, en el capítulo VIII de la Constitución Dogmática Lumen Gentium, se transparenta este espíritu de la Iglesia. A pesar de no postular la declaración dogmática de la Mediación, el tema del mencionado capítulo VIII es la Mediación de María, su papel de mediadora en la economía redentora de su Hijo.

No obstante, el documento no ha impulsado como debiera la predicación católica. La tendencia llamada minimalista se hace fuerte bebiendo las aguas de aquel silencio, para suprimir el Rosario y disminuir el culto a la Santísima Virgen.

Al discutirse en el Concilio el asunto (16-IX-1964), el cardenal Ruffini luchó para que se pusiera de relieve la cooperación de María en la obra de la Redención. Con él, los obispos italianos, españoles y portugueses e hispanoamericanos, en su gran mayoría querían la mediación. El P. Aniceto Fernández O. P., Maestro General de la Orden Dominicana, pidió que se conservara en el contexto el título de Mediadora[1].

La oposición a la mediación corrió por cuenta de los cardenales Leger, Dópfner, Alfrink, Bea que adujo motivos ecuménicos, Silva Henríquez en nombre de un grupo de obispos latinoamericanos.

Nada más desagradable que semejante oposición, que vino a canalizar una mentalidad negativa, aún vigente en la Iglesia de hoy.  Es la mentalidad creada en estos últimos años, que siempre pone el acento en la secularidad, en el hombre, en la conformación tecnológica de una sociedad sin Dios.

No es posible conformar al hereje, al ateo, al marxista, y olvidar al hombre y su salvación. El hombre no puede aclarar su misterio interior por sí mismo, no puede reconquistar la paz sino en la fe en Dios, en el amor de Cristo y por la mediación de la Santísima Virgen. Es por donde viene la Redención y no hay otro camino.

Hoy, el hombre de hoy, debe pensar en su salvación, no por caminos trazados por él, sino por el camino de la única redención de Jesucristo.

La mediación de María, el rezo del Rosario, contribuye a ponernos en aquel camino de la fe y de la vida sacramental, que es el camino de la redención de Cristo. Decimos de la fe, contra una tolerancia religiosa que antes de proclamarse externamente, ya vive en un corazón escéptico y mundano. La fe contra un mundo de seducciones que el demonio levanta e institucionaliza en el tiempo, con la etiqueta de: “moda para el hombre de hoy”. Agregamos la vida sacramental, contra el falso optimismo de vivir sin problemas, de perseguir una feliz convivencia sin pecados.

Es realmente trágico que mientras multiplicamos los encuentros, seminarios, congresos, reuniones de “nivel” diferente, mientras las técnicas catequísticas y escuelas “piloto” se multiplican, aumentan día por día los asaltos, secuestros, robos, matanzas, etc., todo en nombre del hombre feliz para mañana.

¿Qué hace la escuela piloto sin Dios? ¿Qué hace la escuela católica con una catequesis.. . para el desarrollo ? ¿Qué hace la Evangelización con un evangelio… pluralista, de convivencia humana?

La moral burguesa y laica sembró los vientos y recoge tempestades. La predicación católica debe sembrar la paz, las virtudes cristianas. Para eso, para sembrar la verdadera paz es que proclamamos la mediación de la Santísima Virgen y el rezo del Rosario.

Después del Concilio, la tendencia denominada “minimalista” hizo fortuna.

La oposición polarizó los aplausos y el beneplácito de la gran prensa mundial. Consignamos estos hechos dolorosos porque han influido realmente y aún son un ingrediente importante en la mentalidad de la iglesia de “los signos de los tiempos”, que no reza el Rosario y ha arrojado la imagen de Nuestra Señora del interior de los templos.

Nosotros intentamos poner nuestro grano de arena, para restaurar la imagen de la Virgen. La imagen de María Mediadora, con ese oficio suyo, de mediación en la economía de la Redención, desde las alturas de la corredención hasta la distribución de las gracias de salvación.

Queremos que no desaparezca y devolverla donde fuere menester, la tradicional confianza de nuestro pueblo en la Santísima Virgen. Ese pueblo que reza el Rosario en los santuarios de Nuestra Señora en Córdoba, en Lujan, en Itatí; que ruega en Sumanpa, en Catamarca, en todos los rincones de la Patria. Nuestros jóvenes hermanos en el sacerdocio deben recibir todo cambio que signifique promoción de la fe y de la vida cristiana; pero no deben dejarse seducir por un cambio que significa abandonar la religión, una secularización, la ruina de toda vida cristiana. Nuestros cristianos de hoy deben ser mejores que los de ayer; pero no llevados a una religión naturalista, donde la oración y la fe son letra muerta. Esto lo decimos porque lo hemos visto y palpado en conversaciones particulares, aquí, en Córdoba, y otras partes del país; para algunos clérigos cordobeses no existe más la salvación sino la liberación; no hay más fomento de la vida cristiana sino promoción humana; la devoción a la Virgen es siempre tildada de exageración…

La siniestra propaganda antimariana no sólo es patrimonio do las ciudades, sino que ha invadido la campaña. Desde nuestros Seminarios “puestos al día” egresan jóvenes sacerdotes que combaten en el pueblo el rezo del Rosario. Adoctrinados con un sociologismo de “liberación”, no saben de salvación; reiteran en encuentros y papeles, la búsqueda, el compromiso, la tensión, el aprontamiento, el blá, blá, blá, de todos los postulados sociales del Hombre feliz, higiénico y sin problemas, que vivirá en el promisor mundo de mañana, pluralista y ateo.

A pesar de los doctores de la nueva religión humanista y progresista, la devoción a la Madre de Dios sigue en vigor y será más acendrada en las generaciones por venir. Muchos esquemas actuales caerán despedazados en el polvo de los siglos, y la Mujer vestida de sol seguirá recogiendo la alabanza de las generaciones, eomo profetizó en el Magníficat.

II.    En la Escritura

Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta enel sol, con la luna debajo de sus pies y sobre la cabeza una corona de doce estrellas; y estando encinta gritaba con los dolores de parlo“.  Apocalipsis XII, 1.

Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo.. .” etc., Gen. 3, 15.

Siendo el género humano amigo del demonio por obra del primer pecado, la aparición de la Mujer es la señal de una profunda y radical enemistad, que se inicia entre el diablo y los hombres.

Debemos entender. El pecado, la aversión a Dios significa separación, enemistad con relación a Dios.

La aversión a Dios, significa en el hombre conversión moral y escatológica al reino del demonio. En virtud de esa conversión, hablamos de amistad con el diablo. El pecador no solamente es enemigo de Dios sino amigo del demonio.

La aparición de la Mujer, sería la señal de que esta correlación escatológica entre el hombre pecador y el demonio iba a ser quebrada.

La palabra “señal”, significa signo. Un signo de inmenso poder sacramental —divino y humano— contra el pecado.

El contexto del Apocalipsis continúa con el retrato del enemigo de la Mujer que está encinta. Enfrente de Ella está el Dragón que quiere quitarle el hijo.

En estos contextos vemos la mediación de la Virgen, como lo vemos en otros, tales como la Visitación, la Presentación en el Templo, las Bodas de Cana, etc. Apreciamos también el sentido de la Mediación.

Cuando decimos:

Vemos la mediación, significa que vemos el oficio que la Santísima Virgen tiene junto a su Hijo (y desde luego subordinada a El) en la obra de la Redención.

El sentido de la mediación, significa qué papel desempeña en concreto como corredentora. Exponemos lo que vemos en los mencionados textos bíblicos y nada más.

Una señal en el cielo. La señal indica antes que nada la voluntad salvífica de Dios. La aparición de la Mujer, es señal significativa y eficaz por ser de Dios.

Envuelta en el sol de justicia, quiere decir, no que va a adquirir la gracia, sino que ya la posee. Esto se realiza plenamente en María. Como signo, representa también la derrota del Enemigo, el Dragón, “la antigua serpiente” que se le opone. Es la aparición de un inmenso y pleno orden sacramental, en que la salvación está en las creaturas sensibles. Esto da lugar a distintas metáforas, como la ciudad santa, la esposa, el paraíso del Nuevo Adán, etc. María tiene un oficio, dar al mundo el Hijo, al retoño de José, que “herirá al tirano con los decretos de su boca, y con su aliento matará al impío” (Is. XI, 4). La Madre del Salvador concentra en sí las enemistades del demonio. Si no desempeñara ningún papel en la economía de la salvación, no diría la Escritura que la Mujer tiene “enemistades” contra el demonio.

La enemistad, la oposición directa y beligerante contra el demonio, no puede ser de Dios; no sería algo consecuente con la dignidad divina.

El diablo es una creatura. Dios es el Creador y señor de todas sus creaturas.  Dios es el creador, incluso de la creatura angélicaJuez de los ángeles buenos y de los rebeldes. “No tentarás Señor tu Dios” (Le. IV, 14). El demonio, ángel caído, poderoso con respecto al hombre, no puede medir armas contra el Señor; sería injurioso pensarlo.

Sin embargo el demonio puede medir armas con otras creaturas. Las “enemistades” serán con creaturas y con creaturas humanas. Primero y sobre todo con Cristo en cuanto hombre (S. Th. III, 26, 2), único mediador perfectísimo (I Tim. II, 15), ipaz de merecer y satisfacer plenamente por los pecados de los ombres.

Es Cristo quien trae al mundo el poder divino de la gracia y canaliza por las causas segundas elegidas para completar la obra salvífica entre todos los hombres de todos los tiempos.

Pero Cristo viene al mundo por María. María es una pura reatura. No es Dios como su Hijo. Tiene por consiguiente, aunqlue preservada del pecado original, todas las debilidades inherenernts a la condición humana. Las “enemistades” del diablo, son contra Ella, que no es Dios, que es solamente una mujer; pero una mujer singularísima que abre los caminos de su derrota y la salvvación de los hombres.

Estas últimas palabras no significan polémica. Sólo queremos rendir un homenaje a la Madre de Dios, que ha venido a nuestra tierra, en estos últimos tiempos, para llamarnos a la fe y confianza en su Hijo, a la penitencia por nuestros pecados.

Trátase de la Mediación de la Santísima Virgen. Veremos así:

1″) En la Escritura, el papel de la Mujer en dos contextos correlativos del Génesis y del Apocalipsis,

2°) En una obra reciente, de la cual hacemos un resumen.

Las enemistades de la Mujer contra el diablo significa la Mujer actora en la destrucción del pecado. Con la gracia de su Hijo y por la misma gracia, pero actora verdadera. Así fue en la Visitación, en que se traslada a la casa de Isabel y santifica al Precursor. En las bodas de Caná, también su actuación es en el mismo sentido. En el mismo sentido que el pueblo fiel pide la intercesión de María, y por María viene Jesús[2].

La tradición —afirma Pío XII— ha visto, no una oposición —entre el diablo y María—temporal y limitada, sino una oposición Intemporal, de todos los tiempos“. (Fulgens Corona, 8-IX-195S). Oposición de todos los momentos. Oposición objetiva de la gracia contra el pecado, y a nivel subjetivo y personal de la Virgen contra el demonio. En el orden práctico esta oposición por una mayor sensibilidad frente al mal que comunica la devoción a la Virgen; un mayor fervor religioso circunda los santuarios consagrados a su veneración. No es porque la gracia de Cristo sea ineficaz sin la Virgen, sino porque así lo pide el orden establecido por Dios en su providencia salvadora.

No en vano los judíos esperaban la Mujer que debía reportar la victoria a Israel. En un tiempo la vieron en Judit, celebrando su triunfo sobre Holofernes con estas palabras proféticas:

“Bendita hija del Dios Altísimo sobre todas las mujeres de la tierra; y bendito el Señor Dios que creó los cielos y la tierra, y te ha dirigido hasta aplastar la cabeza del jefe de nuestros enemigos” (Judit, XIII, 18). La palabra: Bendita equivale a la mujer que tiene la plenitud de la gracia de Dios, sin precisar otra cosa.

III.    En una obra reciente

A la amplia bibliografía mariana aparecida en estos últimos tiempos se ha incorporado  “Maternidad Divina y  Corredención Mariana”,  del ilustre teólogo salmantino, Manuel  Cuervo O.P., recientemente desaparecido.  Consagrado desde hace muchos años al estudio del Verbo Encarnado y a la teología de la Redención en general, con todo lo que ella importa, el trabajo del Padre Cuervo es el último homenaje en vida a la Madre de Dios, antes de ir acontemplarla para siempre a la Casa del Padre.  El P. Manuel Cuervo O. P. habla de la Virgen con el lenguaje clásico de la verdadera teología católica, afincada en Santo Tomás, sin los temores perniciosos de disminuir al Hijo por los títulos y prerrogativas de la Madre, que son en última instancia voluntad y donación del Hijo.

Dar unidad y trabazón a todas las cuestiones de la Mariología y recuperar el verdadero concepto de corredención objetiva de la Virgen, no solamente corredención subjetiva, en cuanto a la dispensación de las gracias de salvación, sino con-causa de nuestra redención, unida a su Hijo, dependiente y subordinada a El, todo esto lo defiende el P. Cuervo contra Schmaus y otros teólogos que reducen el papel de la Virgen a la distribución de las gracias.

“La desorientación que todavía existe en no pocos teólogos modernos acerca de la corredención mariana, es indudablemente secuela inevitable de una desviación del recto concepto de la maternidad divina que arranca del siglo XIV ” (p. 9).

El concepto de maternidad divina es adulterado por Scoto primero y después por Suárez y tiene sus raíces, dice Cuervo, en la identidad de la esencia y existencia.

Según Santo Tomás se distinguen la esencia y existencia. La cosa recibe la existencia y no la tiene como propia (quid proprium). La naturaleza humana de Cristo existe, dice Santo Tomás, con la existencia del Verbo. “Un solo ser subsiste en dos naturalezas” (III, 2, 4). La naturaleza humana es generada en el seno de María, (est quo generatur), pero la persona, el término de la generación es la persona (id quod generatur). La persona en este caso es el Verbo de Dios.

“El ser concebido y el nacer —explica Santo Tomás— se atribuye a la hipóstasis por razón de la naturaleza en que la hipóstasis es concebida y nace. Pues como en el mismo principio de la concepción la naturaleza humana se haya unido a la persona divina, sigúese que se puede decir con toda verdad que Dios es concebido y nacido de la Virgen” (III, 35, 4).

Quiere decir, que nunca hubo algo en el seno de María, en ningún momento del proceso generativo, que no estuviera unido al Verbo, terminado por la hipóstasis divina, el Verbo. Entonces el sujeto que nacía siempre fue el Verbo, y la maternidad de la Virgen, maternidad divina. En otras palabras, no hubo nunca un hombre, en el seno de María que después fuera asumido por el Verbo. La unión hipóstatica significa que el Verbo inmediatamente asume la naturaleza humana en formación, desde el primer instante.

Como explica el Padre Cuervo, si se admite con Suárez y Scoto en Jesucristo una existencia propia, queda en María un sujeto existente, que no es aún el Hijo de Dios. Entonces, dice con razón, queda socavada la maternidad divina de María. Suárez conoce la dificultad y procura superarla con todo el talento que Dios le dio. Pero es verdad que la maternidad divina queda disminuida e influye en los teólogos posteriores.

Los teólogos entienden por redención objetiva: la institución o posición de la causa de nuestra salvación. Aquella causa principal, perfectiva e inmediata es la pasión de Cristo en la cruz:

“La pasión de Cristo es la causa propia de la remisión de los pecados, de tres maneras: en cuanto mueve a la caridad; por vía de redención, y por vía de eficiencia (S. Th. III, 49, 1).

Por redención subjetiva se entiende la aplicación a nosotros de los méritos de la misma pasión de Jesucristo.

Enumera Cuervo a quienes sostienen que María interviene en la redención inmediata objetiva (Llameras, Sauras, Bover, etc). Otros muchos tienen la objetiva mediata o la subjetiva (Lennerz, Poschmann, Goosens, Deillenschneider, etc.).

Mediación es unir los extremos, vincular lo distante (III, 26, 1). La mediación es obra del mandadero, del ministro, oficial de enlace, etc. Cuando los extremos a unir, no sólo están distantes sino que se procura una reconciliación moral, entonces se habla de mediación propiamente dicha.

En la mediación se busca la satisfacción y reconciliación de los extremos; en este caso es la reconciliación del hombre pecador con la Divina Justicia.

“Unir de una manera perfecta a los hombres con Dios compete ciertamente a Cristo, pues por Cristo son reconciliados los hombres con Dios”  (III, 26, 1).

Las palabras de Santo Tomás son taxativas, fundadas en San Pablo (II Cor. V, 19; I Tim. II, 15).

Sin embargo la mediación de Jesucristo implica y causa otros oficios menores, en el ámbito de la misma mediación.  El oficio de los Apóstoles, de los sacerdotes, de su Madre.

Santo Tomás distingue diversas especies de mediación: dispsitiva, perfectiva y ministerial. Los profetas y sacerdotes de la Antigua Ley eran mediadores de una manera dispositiva y mlnisterial; igualmente los de la nueva Ley (ad Im).

De manera perfectiva: “Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo” (II Cor. V, 19). Cristo es el mediador perfectivo.

“La mediación perfectiva —dice Cuervo— es mucho más honda y profunda, teniendo por objeto la consecución y realización de la unión del hombre con Dios por medio de la gracia reconciliativa y santificante” (p. 203).

La mediación perfectiva se distingue en moral y eficiente. La moral es por el mérito de la gracia y la satisfacción del pecado. La eficiente, causa o produce la gracia en el sujeto.

La mediación moral es perfectísima y universal en Jesucristo. En María, la gracia, el mérito y la satisfacción no son totalmente perfectos; por su pertenencia al orden hipostático, tiene una ordenación divina contra el pecado de toda la humanidad. Tanto en Jesucristo como en María el mérito y la satisfacción se extienden tanto a la redención objetiva como a la subjetiva.

La mediación perfectiva eficiente es exclusivamente de Jesucristo (p. 207). Unir los hombres con Dios requiere una eficiencia verdadera en la humanidad del Señor, causa instrumental física de la Redención.

La mediación de María se desarrolla en un plano del mérito, de la intercesión. Tampoco le corresponde la ministerial del sacerdote. La corredención mariana tiene una relación analógica con la redención de Jesucristo.

María es corredentora nuestra por su pertenencia al orden hipostático. La maternidad divina postula la asociación a la obra del Hijo, postulado que hace efectivo la voluntad de Dios.

Su pertenencia al orden hipostático es algo relativo. Por tanto como corredentora está en absoluta dependencia de Jesucristo.

Jesucristo nos redimió por todos los actos de su vida; todos constituyen un solo acto redentivo. En Cristo no hay progreso esencial en su gracia, en su caridad. En María hubo progreso. Su corredención comienza con su asentimiento para ser madre de Dios.

En cuanto a los modos de Redención:

A modo de sacrificio. El sacrificio es agradar a otro en cuyo honor se hace el sacrificio. Cristo, lo hizo por su pasión y muerte de cruz.  María al pie de la Cruz ofrece sus padecimientos por el fin de la Pasión.

A modo de  satisfacción. Jesucristo en cuanto hombre satisfizo plenamente por los pecados del mundo.

María, aunque no pertenece al orden de la unión hipostática, sino de modo relativo, también satisface, por su gracia intrínsecamente ordenada a la satisfacción. Sólo en la hipótesis de que el pecado del hombre revistiera una gravedad absolutamente infinita, no podría verificarse esto.

El mérito de María —añade el P. Cuervo— es de condignidad. Si María no satisface de alguna manera condignamente, no podría decirse que nos consigue la salvación.

Después de examinar los distintos tipos de causalidad eficciente, en relación con la causalidad instrumental de la humanidad de Cristo, el P. Cuervo concluye así:

“Siendo la Virgen María verdadera causa con Jesucristo de nuestra redención, del modo ya dicho, le corresponde también la denominación de perfectiva, aunque siempre en grado y modo diverso que Jesucristo, o sea analógicamente” (p. 323).

En esta denominación estarían significados los dos aspectos esenciales de la corredención mariana: adquisición de las gracias y aplicación a los individuos. Debe considerarse como análoga a la mediación de Jesucristo.

La influencia causal de María descrita, debe entenderse en la Redención, pero no de la gracia que recibimos nosotros. En ella la causalidad es de tipo moral (p. 385).

Queriendo hacer algo valedero, hemos expuesto lo que hemos encontrado de mejor sobre este asunto de la Mediación de María, los contextos bíblicos apuntados, y el trabajo del P. Manuel Cuervo O. P.

Revista “Roma” N° 19, Pg. 10

Visto en Católicos Alerta

ÍNDICE DEL N° 19

_________________________________________________

[1] Concillio Vaticano II, Terso Periodo, IV vol., pág. 14 y sig. Ed. La Civilitá Cattollca. Roma.

[2]Sobre lo que podemos ver de Mediación en los misterios de la Anunciación del Ángel, la Visitación, Presentación al Templo, lo hemos expuesto en “La Devocción a la Santísima Virgen“, Buenos Aires 1967., Buenos Aires, 1967.

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