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LA RENUNCIA DEL PAPA HEREJE


Homero Johas

Esta entrada, del Dr. Homero Johas, publicada en 1986,  tiene una importancia excepcional desde distintos puntos de vista.

En primer lugar, porque en estos días nuestros, se habla mucho de renuncias de papas y de su validez. Se ha informado en muchos sitios, por ejemplo, de la actualísima noticia, de que el Rev. Paul Kramer  no sólo ha proclamado la Sede Vacante sino que ha proclamado, especificando, inmediatamente después (al día siguiente), que la Sede  no está vacante sino sigue ocupada por el “Papa emérito“, Benedicto XVI, atendiendo al hecho de que su renuncia fue inválida, por haber sido hecha bajo coacciones. No ha explicado qué coacciones pudo haber sufrido Benedicto, sino que se limita a decir que lo sabe por informaciones de “adentro”. Tampoco enfrenta el hecho de que Benedicto ha mostrado voluntariamente innumerables veces, por los hechos, sumisión al “papa” Francisco, lo  que significa que al mismo tiempo  revalida su renuncia, y actualiza su sumisión  y reconocimiento de la legitimidad del “papado” de Francisco. Es claro que la posición de Kramer es difícil, y aun casi imposible de sostener. Lo que no quita la extraordinaria influencia del editor de “La última batalla del diablo“, que sin duda hará que su posición sea ampliamente seguida, sobretodo entre los “fatimitas“, entre los que tiene tan amplia ascendencia. Frente a las renuncias explícitas y manifestadas, el autor de la entrada nos ilustra de “renuncias” tácitas y “ab ipso iure admissae” de los papas caídos en herejía notoria.

En segundo lugar, el post siguiente que traigo al blog, es excepcional y muy actual, porque se oyen cada vez con más frecuencia, opiniones que tienen que ver con la legitimidad  y validez de los “papas” heréticos. Ellos parten de la hipótesis que no es aceptada por nosotros de que un papa legítimo puede caer en herejía. Algunos señalan con torpes argumentos,  la permanencia en el cargo de  los “papas” heréticos, pese a reconocerse  ampliamente las herejías propias que pudieran invalidar su papado,  a menos que la Iglesia las reconozca como tales. O sea que para que una herejía “surta efectos” debe ser declarada tal por la Iglesia. En caso contrario sería meramente material, y no formal, con olvido y aun desprecio de lo que la teología enseña sobre la distinción entre herejía material y formal, que residiría en la “ignorancia” del que la profesa. En caso contrario sería “notoria” y “pertinaz”, aunque no necesariamente pública. De esto hemos tratado en el blog en varios posts, pero sobre todo en tres recientes:Papas herejes ¿Siguen siendo válidos hasta la sentencia de la Iglesia?,   Una gansada pertinaz y notoria, y   La cruzada de Mons. Fellay.

Parecida a esta opinión, aunque más chocante, es la de quienes afirman que una herejía en un papa sería meramente material y no formal, a menos que fuera proferida en el ejercicio de su cargo, e incluso yendo más lejos proferida en su  “magisterio extraordinario” con todas las notas de la infalibilidad, tal como ellos exigen. Brevemente, a menos que un papa enseñe infaliblemente, no habría herejía formal. El que los papas conciliares no hayan enseñado nunca, según ellos,  con “magisterio infalible”, exime, a sus ojos, de que  a pesar de sus herejías, múltiples, notorias y pertinaces, incluso abrazando un Concilio Ecuménico herético (Véase el artículo del mismo Homero Johas, Vaticano II, Concilio herético y otros en el blog  del mismo autor), como el Vaticano II, seguirian siendo papas legítimos. Para ello, ellos se dan maña también en negar al Vaticano II la cualidad de magisterio infalible. (Ahora se oyen voces negando que en las canonizaciones de los santos, exista infalibilidad- aunque ha sido siempre afirmada por la Iglesia. Esto lo hacen barruntando la que se  les viene encima en breve. Véase  el post Canonización de Wojtila: Tradis contra las cuerdas 

Pues bien el artículo que traigo del Dr. Homero Johas deshace todos estos presupuestos, profesando  su posición de que un papa puede caer en la herejía,  y afirma sin ambages la tácita renuncia del papa que profiriera una herejía de manera notoria y pertinaz, aunque fuera, esto último, implícitamente(como no puede ser de otro modo en un papa a quien se le supone necesariamente conocedor de la doctrina católica, lo cual si se niega caeríamos en la ignorancia crasa que agrava la herejía).

Tengo que observar que disentimos del autor como a veces se ha señalado en la posibilidad de que esto ocurra. Creemos, en efecto, que los papas legítimos están protegidos por el Espíritu Santo de caer en herejías en su magisterio, incluso el ordinario. Los ejemplos en contra, no son más que mixtificaciones históricas creadas en ámbitos heréticos y cismáticos, precisamente para desacreditar al papado, tal como el Concilio Vaticano declaró acerca de la Fe nunca deficiente del Supremo Pastor Aeternus. Pero también convenimos en que esta disidencia no afecta a la argumentación del autor  contra los que creen que el papa herético seguiría siéndolo.

O sea, para dejarlo bien claro: El autor niega la posibilidad de que un papa hereje siga siéndolo. Pero admite que pueda llegar  esa eventualidad. Nosotros aceptamos que alguien tenido por papa exteriormente incluso por la universalidad de los fieles, caiga en la herejía. Si ésta es notoria y pertinaz, entonces la única conclusión válida sería decir, que nunca ha sido papa debido a un vicio oculto en su elección, por ejemplo la herejía, que haría su elección inválida y no canónica. Esto se deriva con claridad de la Bula Cum ex Apostolatus

En esa hipótesis de un papa verdadero vale su argumentación. Pero nosotros negamos esa hipótesis. Traemos el artículo porque refuta a los que admiten la posibilidad del papa hereje, por lo menos en algunas circunstancias.

Muy recomendable el siguiente artículo de una claridad verdaderamente notable, aunque como todos los suyos, siendo tan densos, requiera de una lectura atenta y meditada. Es un artículo más entre los muchos que venimos publicando de la Revista Roma y también entre  los del Dr. Homero Johas

RENUNCIA TÁCITA AL SUMO PONTIFICADO “AB IPSO JURE ADMISSA”

Homero Johas

Revista Roma N° 95 – Agosto de 1986 

La cuestión de la posibilidad de que un Papa que ha incurrido en herejía prosiga con la jurisdicción papal, me parece que, en último análisis, se resuelve por la consideración de dos puntos: la distinción entre jurisdicción ordinaria y extraordinaria y los requisitos, ya de la parte del hombre, ya de la parte de Dios, para que tal jurisdicción exista en una persona que, siendo Papa, incurrió en herejía.

La distinción entre jurisdicción ordinaria y extraordinaria es requerida porque el cargo papal tiene su jurisdicción, que es suprema en la tierra, anexa a él por la Revelación. Así, es ordinaria, delimitada por la Revelación terminada. De modo absoluto, Dios podría hacer otra Revelación, pero es de fe que no lo hará hasta el final de los tiempos. Luego, la posibilidad absoluta de que Dios pudiese conceder una jurisdicción extraordinaria a un hereje deja de existir en presencia de la jurisdicción ordinaria que pertenece a la Iglesia tal como fue instituida por Cristo.

Dios podría gobernar la Iglesia por un animal, como por el milagro que hizo con la mula de Balaam; aún así sería necesario que revelase que tal mula hablaba por acción directa de Dios. En el caso concreto, presente, no existe tal Revelación ni puede existir y, si existiese, el Papa herético dejaría de manifestarse exteriormente como herético, pues Dios no podría enseñar herejías.

Que el Papa herético pierde la jurisdicción ordinaria inherente a su cargo, eso se evidencia por dos consideraciones: de parte del hombre herético y de parte de la propia jurisdicción ordinaria del cargo papal.

El hereje deja de adherir a la fe y a la autoridad del cargo papal, pues todo hereje es también cismático. Luego, necesariamente, él, por su propia voluntad, se separa de la autoridad jurisdiccional inherente a su cargo. Tal separación se sigue pues de la definición de herético, el cual está “subvertido […] por el propio juicio” (Tito 3, 11). La separación del cargo papal es por lo tanto consecuente a la adhesión renitente de la voluntad papal a la herejía y no a las verdades divinas definidas por la autoridad inherente al cargo papal. La separación es, pues, “a seipso” y no “ab alio”. El renuncia “ipso facto” por la adhesión a una doctrina opuesta a la doctrina católica enseñada por la autoridad divina inherente al cargo suyo. Se da, pues, de parte del sujeto de la jurisdicción, la renuncia tácita y necesaria a la jurisdicción papal. El no puede querer simultáneamente dos cosas opuestas aunque explícitamente diga que desea proseguir siendo Papa.

Esto está demostrado por la autoridad de la Iglesia, de Santo Tomás y de San Roberto Belarmino, además de otros teólogos.

La iglesia, en el Canon 188, S 4 “admite” la vacancia “ipso facto” de cualquier cargo de jurisdicción ordinaria por el hecho de que una persona haya adherido públicamente a una doctrina herética. No se desvaloriza ese juicio de la Iglesia diciéndose que es derecho humano y que el papa no está sometido a él, pues él se basa sobre la “incompatibilidad” objetiva entre dos objetos opuestos a los que no puede físicamente adherir al mismo tiempo la voluntad del hereje, la voluntad cismática: a la jurisdicción ordinaria y al rechazo de lo que es impuesto por ella. Por lo tanto, el juicio de la Iglesia ahí, al juzgar “admitida por propio derecho” la renuncia tácita, está haciendo referencia al derecho divino que, por un lado, garantiza la autoridad papal y, por otro, es rechazado por la voluntad cismática del hereje. La incompatibilidad entre la herejía y el cargo de jurisdicción ordinariaantecede al juicio humano de la Iglesia, trasciende a él y existiria incluso si el juicio humano de la Iglesia nada dijese en el Derecho Canónico. Pero, si la Iglesia lo dice, ella confirma la incompatibilidad “ex natura” entre las dos cosas. Pío XII enseñó que el cisma y la herejia “suapte natura” separan de la Iglesia (Mystici Corporis). Por lo tanto, esos pecados separan al papa herético o cismático de la jurisdicción ordinaria pertinente a los cargos de la Iglesia. Y eso, dice la Iglesia en su canon citado, “sin cualquier declaración” explícita, pues la renuncia se sigue de los derechos incompatibles que de por sí manifiestan claramente la voluntad del hereje-cismático. No está pues en cuestión si
el papa está subordinado al derecho humano de la Iglesia, sino si el hecho de que la Iglesia, por su juicio, juzga que existe la renuncia tácita cuando existe la manifestación de voluntad pública, de adhesión a la herejía o al cisma. Es un acto unilateral del papa herético, por lo tanto.

Santo Tomás (2-2, 39, 3) niega la permanencia del poder de jurisdicción ordinaria de los herejes y cismáticos en cuanto al poder que es “ex iniunctione hominis“;  la extraordinaria si la Iglesia la concediese “ad actum”, y si por parte del propio hereje éste aceptase ejercer este acto jurisdiccional conformando su intención con la de la Iglesia en el ejercicio de ese acto. Sin estas dos condiciones, “nihil actum est”.

Así, la argumentación de la permanencia de la jurisdicción papal en el papa que incurrió en herejía peca por dos razones si fuera fundada en el ejemplo del sacerdote herético que absuelve en casos donde la Iglesia le da tal poder y donde ese sacerdote acepta hacer lo que la Iglesia  tiene intención de hacer: el papa herético pierde por la adhesión a la herejía la jurisdicción ordinaria del cargo papal y no consta por la Revelación la concesión de una jurisdicción extraordinaria para el papa y ella no puede ser supuesta: la suposición sólo puede ser hecha en sentido opuesto, dada la herejía y el cisma. Y aunque hubiese en la Revelación terminada la concesión de tal jurisdicción extraordinaria, no existiría por parte del papa herético la adhesión volitiva a la autoridad del cargo papal que enseñase que existen en la Revelación dos tipos de jurisdicción pertinentes al cargo papal: la ordinaria y la extraordinaria. Quien rechaza la autoridad divina para determinada materia, la rechaza para todas las materias. El hereje cismático, es hereje-cismático independientemente de la naturaleza de la herejía, del artículo de fe que él niega.

Eso fue visto por San Roberto Belarmino cuando enseñó que un papa manifiestamente herético cesa por sí mismo de ser papa y cabeza de la Iglesia, del mismo modo que cesa de ser cristiano y miembro de la Iglesia y, por esta razón, puede ser juzgado y castigado por la Iglesia (de Romano pontífice 1.2,30).

Los herejes no se mantienen, de ningún modo, en la Iglesia, ni tienen unión alguna con ella. Pío XII enseñó que los que poseen poder en la Iglesia “son sus miembros primarios y principales” [primaria ac principalia membra] y los herejes no son miembros. Hablaba ahí el papa del poder jurisdiccional ordinario (Mystici Corporis). El “cargo de doctor, rey y sacerdote” exige ser miembro de la Iglesia, de modo ordinario, dice el papa.

Pío IX, en la Encíclica ” Jam vos omnes” niega que los que están “visiblemente” separados de la unidad de la Iglesia sean de cualquier modo miembros o partes de la Iglesia. Así, quien no es parte de la Iglesia no tiene jurisdicción ordinaria.

Y nadie puede ser regido en la Iglesia Católica por un hereje, vivir “haereticorum ductu” (D. S. 2881). Ahora bien, tal situación en la Iglesia subordinaría a los fieles a la regencia de un hereje. Si debemos “evitar al hombre herético” (Tito 3,10), no podemos ser regidos por él. Si debemos “no recibir” a aquel que no trae la doctrina católica (2 Juan 10-11), no podemos ser gobernados por él; sería “recibirlo” a él. Si ni en las cosas terrenas debemos procurar un juez infiel, ser juzgados “apud infideles”, “judicari apud iniquos”, sino que debemos buscar los jueces que están dentro de la Iglesia [qui sunt in Ecclesia] (I Cor. 6, 1-6), con mayor razón, en casos espirituales, no podríamos ser gobernados por los que tienen odio a los fieles por causa de las verdades de la fe. “Qué parte [pars] existe entre el fiel y el “infiel”, dice la Revelación (2 Cor. 6,14-18). Si el hereje fuese papa exhibiría esa “parte”. El infiel debe ser objeto de anatema (Gal. 1,8-9) y no de unión. No se obedece a la autoridad humana, inferior, si está rebelada contra Dios, autoridad superior.

Si la Iglesia está edificada sobre la roca de Pedro, esta roca forma parte de los fundamentos de la Iglesia. Ahora bien, es de fe que el papa herético no es miembro de la Iglesia. Luego, tampoco es parte de la Iglesia, además de no ser miembro.

Cristo ordenó a Pedro que confirmase a “sus hermanos” en la fe. Ahora bien, el papa herético no es hermano en la fe. En el Antiguo Testamento, Dios también vetó a los judíos hacer un rey de otro pueblo [alterius gentis] que no fuese un hermano [qui non sit frater tuus] (Deut. 17,15), que no fuese de la misma tribu [de tribus vestris] (Deut. 1, 13-15).

“El hombre espiritual no puede ser juzgado por el no espiriritual” (1 Cor. 2, 15). Ahora bien, las sectas son obras de la carne (Gal. 5, 20). Luego, los fieles, hombres espirituales, no pueden ser juzgados por el papa que ha incurrido en doctrina sectaria. Si Cristo “aborrece” a los herejes (“Et Ego Odi”, Apoc. 2,6), no les concede poder para gobernar a los hijos de Dios.

Por lo tanto, de este modo se concluye que el papa herético dejó “ipso facto”, por sí mismo, por renuncia tácita a su cargo, de tener la jurisdicción papal, de ser papa. Y, por lo tanto, que no es el papa herético un papa que deba ser depuesto [deponendus], como pretendieron algunos teólogos refutados por San Roberto Belarmino. Ningún ser humano depone la autoridad suprema; sin embargo, ella puede perder el cargo en razón de su propia voluntad cismática en relación a la autoridad divina inherente a su cargo.

Tal doctrina trae consigo responsabilidad para los Obispos que permanecieron fieles a la doctrina de la Iglesia. A ellos les corresponde ordenar la Iglesia, restablecer el orden jurisdiccional.

Que ninguno alegue la imposibilidad de la vacancia cuando es el hereje quien por su voluntad propia rechaza la jurisdicción ordinaria al cargo papal, causando la vacancia: “ipso facto vacant“, enseñó la Iglesia sobre los cargos de jurisdicción ordinaria. La Iglesia “admite” la vacancia.

Revista “Roma” N° 95, Pg. 17

LOS “PAPAS” DEL CONCILIO

Visto  en Católicos Alerta

 

5 replies »

  1. Si un Papa no puede caer en herejía, la renuncia tácita por herejía de este canon 188, # 4 no se aplica al Pontífice sino a otros oficios inferiores. ¿O me equivoco? Gracias.

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  2. Ya he dicho que en esto disentimos del autor. Él cree que los papas pueden caer en herejía. Su argumentación vale para otros cargos- obispos cardenales etc.- de la Iglesia que caen en herejía.
    Ahora bien, el artículo está traído para afirmar que la herejía y el papado son incompatibles. Pero también su argumentación vale para refutar a aquellos, tan frecuentes hoy día bajo el influjo de los lefebvrianos o filo…, que admiten o bien que el papa caído en herejía sigue siendo papa hasta la sentencia de la Iglesia o bien que el papa caído en herejía seguiría siéndolo si no la hace en su magisterio, bien sea el ordinario de su cargo o bien el magisterio infalible. Todo esto son patrañas. El hereje queda ipso facto fuera de la Iglesia.
    Pero el autor demuestra cómo el derecho de la Iglesia no admite que los cargos de ella, sigan com su cargo. Él lo aplica a los papas también, cosa que nosotros no admitimos porque estamos persuadidos de que los papas están protegidos e impedidos de enseñar el error. En realidad están protegidos por la indefectibilidad, o sea no sólo en su magisterio sino en su vida personal. “Yo rogaré por ti para que tu fe nunca falle.
    Este punto es el único que nos separa ( a mí y a los que escriben en el blog) de Homero Johas, como he dicho muchas veces. Pero él es un gran defensor del SEDEVACANTISMO, precisamente porque ha dejado muchas veces en claro que la herejía es incompatible con el papado. Y también con los concilios verdaderos y con cualquier cargo. El hereje deja de ser católico, luego no puede tener jurisdicción en la Iglesia. Esta es la doctrina de los doctores y papas de todos los tiempos.

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  3. Benedicto 16 fue un anti-Papa, miembro del cuerpo místico del Anticristo. Fue uno de los que profetizó San Malaquias, quien incluyó en su lista tanto a los Papas como a los anti-Papas. La lista acabó con la venida de Pedro Romano, último Papa, el cual fue nombrado, durante el reinado de B16, por el Señor en persona.

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  4. Muy interesante este artículo, entre otras muchas cosas, porque muestra que no es el delito de herejía el que esencialmente y por la naturaleza misma de las cosas, causa la pérdida de la jurisdicción ordinaria, sino el pecado de herejía, aunque se mantenga perfectamente oculto, y por ende, no llegue a poder probarse que se ha cometido el delito.

    Así, por ejemplo, cuando Nestorio, Patriarca de Constantinopla, acogió la herejía, consciente y voluntariamente, en ese momento, perdió realmente, todo poder de jurisdicción. Pero sin embargo, como esa herejía aún no se había hecho pública, la autoridad suprema del Papa suplía ese defecto, concediéndole una autoridad suplida.

    Desde el momento en que Nestorio hizo pública y notoria su herejía nada menos que desde la propia cátedra patriarcal, esa jurisdicción suplida dejó de existir inmediatamente, y no hay poder en la tierra capaz de podérsela mantener.

    Pero en el caso del Papa, ya no hay autoridad superior que pueda conceder jurisdicción suplida, por lo que si fuera posible que un Papa cayera en herejía (más probablemente oculta), perdería el Pontificado en ese momento, pero la Iglesia no tendría medio de saberlo hasta que ese sujeto la exteriorizara públicamente, quizás muchos años después. Todo lo hecho en ese lapso de tiempo sería nulo, pero nadie sabría decir exactamente desde cuando, salvo que el mismo ex-Papa lo confesara, cosa poco probable.

    Entre otras por esa razón, Nuestro Señor concede al Papa no sólo la infalibilidad (que tiene que ver con su enseñanza pública), sino también la indefectibilidad, que asegura que ese Papa, una vez canónicamente electo, jamás caerá en el pecado de herejía, incluso perfectamente oculta, y menos aún, en delito de herejía (público).

    Por esa razón, los católicos medievales, cuando algún antipapa predicaba la herejía, o simplemente daba muestras de connivencia con ella, directamente pensaban y luego declaraban que esa persona nunca había sido verdadero Papa, por lo que eran todos sus actos oficiales los que se invalidaban y anulaban, sin necesidad de preguntarse desde cuando duraba la herejía del presunto Papa.

    Muy interesante también, el recordar esa incompatibilidad radical entre dos voluntades diametralmente opuestas por la propia naturaleza de las cosas:

    Por una parte, la voluntad objetiva de separarse de la Iglesia, a través del cisma o de la herejía, que existe, incluso si el interesado piensa subjetivamente que no se aleja de la Iglesia, o incluso, que le está haciendo un enorme favor y un gran bien favoreciendo esa separación objetiva, que él no percibe como tal.

    (Por lo que no tiene sentido argumentar que el “papa” no quiso decir eso, no se sabe si realmente quiere o no ser cismático o hereje, no se da cuenta, etc…
    Basta la separación objetiva.)

    Por otra parte, la voluntad de seguir siendo Papa. Es semejante a la voluntad viciada de aquél que se casa sin tener la intención objetiva de cumplir los deberes esenciales del Matrimonio. Ese hombre, subjetivamente, en ese momento, podía creer que realmente quería cumplir esos deberes, pero si esa creencia no se corresponde con la verdad objetiva, ese consentimiento es nulo.

    Que es lo que viene a decir, por ejemplo, Mons. Guérard des Lauriers, cuando afirma que los “papas” conciliares no tenían la intención objetiva de realizar el Bien de la Iglesia, por lo que no pudieron aceptar válidamente el Pontificado.

    Evitando los interminables retorcimientos lefebvrianos que intentarán cualquier cosa con tal de no reconocer el cisma y herejía patentes, él argumenta simplemente que suponiendo que Juan XXIII, Pablo VI, (o Bergoglio ahora), eran unos mansos e inocentes corderillos, animados de las mejores intenciones subjetivas, convencidos internamente de que estaban obrando lo mejor para el bien y servicio de la Iglesia, si esas convicciones internas y subjetivas no se ajustan a las exigencias objetivas del Bien-Fin de la Iglesia, su deseo y aceptación subjetivos de ser Papas no viene soportado por nada real, objetivo, y por lo tanto, es nulo.

    Creen que quieren ser Papas, pero realmente, objetivamente, no lo quieren.

    E igual que en el matrimonio, irán mostrando que no tenían esa necesaria intención objetiva, produciendo hechos contrarios a ella, como ese casado que presuntamente prometía fidelidad exclusiva, pero que era infiel antes durante y después de la boda.

    Es evidente que jamás tuvo intención objetiva de cumplir ese deber esencial del matrimonio, aunque él, por algún misterio de la mente humana, ignorancia, o cualquier otra razón, creyera que sí.

    Esa persona creía que quería el matrimonio católico, cuando de hecho, quería otra cosa, que ya no es el matrimonio católico.

    Lo mismo Bergoglio: Pongamos que quiere ser Papa, pero por Papa entiende algo muy diferente de lo que realmente es un Papa, concluiremos que objetivamente, jamás aceptó el Papado, sino el fantasma que de él se ha construido en su subjetividad más o menos enfermiza.

    Creo que a estas alturas, cualquiera ha podido comprobar que Bergoglio rechaza ostensiblemente el Papado real y objetivo, y ha anunciado su intención de transformarlo para adecuarlo a la distorsionada imagen que de él se ha formado.

    Debería ser evidente a cualquiera que ese hombre no tiene ninguna intención de conformarse al ejemplo de san Pedro, de san Gregorio Magno, san Pío V o san Pío X, modelos eternos de todo Papa.

    Incluso si, dando por buena la deshonesta argumentación de cierto sitio de desinformación confesadamente desordenado, excluyéramos totalmente la posibilidad de cisma o herejía formal, sólo con esa poderosa razón, de falta de consentimiento objetivamente normado y conformado por las incambiables exigencias del oficio petrino, y por las del Bien-Fin objetivo de la Iglesia, ya tendríamos razón más que sobrada para impugnar la legitimidad de un Bergoglio.

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  5. Que Dios los perdone y tenga misericordia de todos ustedes, por sembrar tanta duda a los Catolicos!
    No se les olvide… pagaran hasta el ultimo centimo!
    El que no esta conmigo, esta contra mi!

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