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QUÉ ES VERDADERA HUMILDAD


P. Alonso Rodríguez S.J.

P. Alonso Rodríguez S.J.

San Lorenzo Justiniano dice que ninguno conoce bien qué es humildad, sino el que ha recibido de Dios ser humilde. Es cosa muy difícil de conocer. En ninguna cosa se engaña tanto el hombre, dice este santo, como en conocer la verdadera humildad.

¿Pensáis que consiste en decir que soy un miserable y que soy un soberbio? Si en esto consistiera, bien fácil cosa fuera; todos fuéramos humildes, porque todos andamos diciendo de nosotros que somos unos tales y unos cuales; ¡Plega al Señor que lo sintamos así y que no lo digamos sólo con la boca y por cumplimiento!

¿Pensáis que consiste la humildad en traer vestidos viles y despreciados, o en andar en oficios bajos y humildes? No consiste en eso porque ahí puede haber mucha soberbia y desear uno  ser tenido y estimado por eso, y tenerse por mejor y más humilde que otros, lo cual es la fina soberbia. Verdad es que ayudan mucho estas cosas exteriores a la verdadera humildad, si se toman como deben; pero al fin y al cabo no consiste en eso la humildad. 

Dice San Jerónimo: Muchos siguen la sombra y apariencia de humildad; fácil cosa es traer la cabeza inclinada, los ojos bajos, hablar con voz humilde, suspirar muchas veces, y a cada palabra llamarse miserables y pecadores; pero si a esos les tocáis con una palabra aunque sea muy liviana, luego veréis cuán lejos están de la verdadera humildad: cesen todas las palabras fingidas, vayan fuera todas esas hipocresías y exterioridades: que el verdadero humilde en la paciencia se echa de ver; ésa dice San Jerónimo, es la piedra de toque, donde se conoce la verdadera humildad.

San Bernardo desciende más en particular a declarar en qué consiste esta virtud y pone su definición. La humildad es una virtud, con la cual el hombre, considerando y viendo sus defectos y miserias, se tiene en poco a sí mismo. No está la humildad en palabras ni en cosas exteriores, sino en lo íntimo del corazón, en un sentir bajísimamente de sí mismo, en tenerse en poco, y en desear ser tenido de los otros en baja reputación, que nazca de un profundísimo conocimiento propio.

[Del Ejercicio de Perfección y Virtudes Cristianas,  Parte 2, Tratado III c.5.,  del P. Alonso Rodríguez, ]

[Hacia el fin de su vida el superior del P. Alfonso,  le pidió que gastara lo que le quedaba de vida en recopilar las pláticas que había hecho durante más de 40 años, a novicios y a profesos de La Compañía. Acabó su obra y la publicó en 1609, en tres volúmenes o partes, y tuvo una considerable influencia durante más de 350 años, habiendo sido alabada hace no muchos años,  por el papa Pío XI, en 1924.

Ejercicio de Perfección. Parte I. (pulsa)

Las tres partes han sido traducidas  en muchísimas lenguas, y conocida en muchos sitios como el “Rodricerius”. Se usó sobre todo, para aleccionar a novicios y postulantes de muy diversas órdenes y congregaciones religiosas (sobre todo apostólicas) y también en los seminarios diocesanos.

Fue el libro de cabecera de muchos santos. En particular el Santo cura de Ars, que hacía sus sermones con esta obra ante sus ojos. Santa Micaela del Santísimo Sacamento la leyó durando toda su vida diariamente. Ella  solía no dejar un capítulo hasta que estaba segura de haber adquirido la virtud correspondiente.

Son célebres  sobre todo los tratados de la Conformidad con la voluntad de Dios  y De la Humildad, así como   el de la Oración mental, y el Examen de Conciencia. 

Es una de las glorias, junto con el V.P. La Puente, de la ciudad de Valladolid [sus retratos pueden verse en la sacristía de la Iglesia de San Miguel, antigua de La Compañía, en la calle de San Ignacio, muy cerca del convento de las “brígidas”, fundación de otra gloria vallisoletana,  Doña María de Escobar, a quien el P. Lapuente coloca en el rango de las Matildes, Gertrudis y Catalinas].

El P. La Puente escribió la “Vida Maravillosa” de doña Marina de Escobar (principios del XVII) (pulsa). Oleo en la iglesia de San Miguel

Del P- Lapuente, se destaca entre su abundante  obra, las  “Meditaciones de la Nuestra Santa Fe” que ha acompañado durante siglos a sacerdotes y misioneros. En Francia es conocido como el P. Dupont. Tuvo influjo en las escuelas de espiritualidad francesas del XVII y XVIII.  Él mismo fue novicio del santo P. Baltasar Álvarez, confesor de Santa Teresa, y por quien ésta vertió abundantes lágrimas cuando conoció su  muerte. Bossuet lo pone entre las columnas de la espiritualidad cristiana.

P. La Puente. Meditaciones de Nuestra Santa Fe. (Pulsa)

Yo siempre aconsejo, como saben algunos que me tratan, de  hacer un amplio uso de estas dos obras de ambos Padres  de la Compañía: El “Ejercicios de Perfección” y las “Meditaciones“.  La primera es  un compendio de la espiritualidad cristiana, basada en  los Padres de la Iglesia,  los doctores (particularmente  Santo Tomás, y San Agustín) así como de los santos anteriores a su vida (San Bernardo, San Benito, Santo Domingo, San Francisco..) La obra del P. La Puente  es un monumento de la ascética- mística  y de la teología dogmática para su aplicación en la diaria meditación. Está tachonada de citas bíblicas y notas de los doctores  escolásticos y de la teología positiva.

En ambas obras, como es lógico, se nota la huella de la espiritualidad jesuítica y de la gigantesca figura de San Ignacio de Loyola.

Cristo se aparece a Dña. Marina, vestido de jesuita. Oleo que puede verse en la Iglesia de San Miguel de Valladolid. (Pulsa para la Vida Maravillosa… )

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