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LA CONFESIÓN PÚBLICA DE LA FE


LA PUBLICIDAD DE LA FE

Dr. Homero Johas

Por el Dr. Homero Johas

Según San Pablo, la Justicia que viene de la Fe en Cristo debe ser profesada interior y exteriormente:

“La palabra de la fe” debe estar: “en tu boca y en tu corazón”. “Serás salvo si confiesas por tu boca al Señor Jesucristo y si crees en tu corazón que Dios resucitó de entre los muertos”. “Porque de corazón se cree para la justicia: mas de boca se hace la confesión para salud” (Rom. X, 8-10).

La salvación exige la fe interior y exterior.

EL CANON 1325
Por esto el Derecho Canónico exige:

Están obligados los fieles cristianos a confesar la fe siempre que su silencio, tergiversación o manera de obrar llevara consigo la negación implícita de la Fe, desprecio de la religión, ofensa de Dios, o escándalo para el prójimo”.

EXPRESIÓN DE LA VOLUNTAD

Es un deber confesar la fe públicamente cuando es públicamente negada o pervertida por otros; como lo es abundantemente en la época actual, en que la libertad religiosa permite publicar y predicar cualquier falsa Fe. En esta época, quien se calla y debería  hablar, consiente por el silencio, la negación de la fe de otros. Su silencio es una expresión de voluntad; una implícita negación de la fe. Va contra el precepto divino por el cual, “para la salvación” (ad salutem), es necesario confesar la fe públicamente.
La fe se debe confesar no solo contra las herejías publicadas por la “nueva iglesia” del Vaticano II; libertad e igualdad religiosa; unidad ecuménica; poder supremo colegiado, misa celebrada por el pueblo… sino incluso contra la predicación de la herejía de aquellos que están contra el Vaticano II.
Predican estas herejías:
* Predican la validez del poder de jurisdicción ordinaria de los “papas” y obispos que defienden tales herejías.
* Predican la validez de un “papa” hereje que ocupa materialmente la Sede, de hecho, por el Derecho Positivista ateo.
* Predican la imposibilidad de elegir un papa fiel, como si Dios mandase cosas imposibles.
A la vista de estos escándalos, de la predicación pública de esas herejías y el silencio de aquellos que deben confesar la fe públicamente, es una implícita negación de la fe y una implícita aprobación de la herejía. Quien calla, consiente, cuando no debería callar.

EL CASO DE LOS JANSENISTAS
En el siglo XVII y XVIII existió un caso célebre sobre la negación de la fe por el silencio. Los herejes jansenistas no querían aceptar la condenación de las doctrinas de Jansénio sobre la imposibilidad de observar ciertos preceptos divinos. Inocencio X los había condenado. Decían que el sentido de los textos de Jansénio era otro. Alejandro VII hizo una fórmula de sumisión para los jansenistas. Debían condenar al hereje; “en el sentido intentado por el autor” (DS 2020).
Ante esto,  los herejes declararon que se sometían a la firma de la fórmula sólo por un silencio obsequioso exterior y no por un consentimiento de la voluntad y del interior del corazón.

Entonces, surgió  un “caso de conciencia”: ¿seria lícito absolver a quien no tuviera tal obediencia interior? El Rey Luis XIV pidió al papa Clemente XI una solución pública del caso y esta vino en la Constitución “Vineam Domini Sabaoth“, de 16/07/1705.
En ella se advierte  la doctrina revelada: es necesaria la adhesión tanto interior, como exterior, a las doctrinas y leyes de la Iglesia. No se puede tener la fe interior sin la exterior; ni sólo la exterior, sin la interior. Es de necesidad para la salvación creer con el corazón para la Justicia; y tener la confesión oral para la salvación.

Es el Magisterio de la Iglesia

EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA
“Para que sea retirada toda ocasión de error, y, para que los hijos de la Iglesia aprendan a escuchar a la Iglesia, no solo callándose, pues los impíos también se callan en las tinieblas (1 Sam. II-9: “et impii in tenebris conticescunt”); sino también obedeciendo interiormente, como es la obediencia verdadera del hombre ortodoxo; por nuestra presente Constitución, de validez perpetua, decretamos, declaramos, establecemos y ordenamos que el silencio obsequioso no satisface, de modo alguno, a la obediencia debida a las Constituciones Apostólicas antes promulgadas.”

El sentido condenado de las cinco referidas proposiciones del libro de Jansenio debe ser repelido y condenado, por todos los fieles, no solo con la boca, sino también con el corazón.
No se puede lícitamente suscribir la referida fórmula, con otra mente, espíritu y creencia.
Los que de modo contrario sintieren, sustentaren o pregonaren sobre todas y cada una de estas cosas y por palabras o escritos enseñaren o afirmaren, están absolutamente subordinados, como transgresores de las referidas Constituciones Apostólicas, a todas y a cada una de las censuras y penas que en ellas están contenidas”.

SITUACIÓN ACTUAL
Los que hoy se callan sobre el Vaticano II y sus “papas”, o bien sobre los que los validan, o sobre los que no quieren la elección de un papa fiel, inciden en estas censuras y penas de excomunión y otras.

Traducción : R. P. Manuel Martínez
Tomado de Fundación San Vicente Ferrer

48 replies »

  1. Confesión pública de la fe no sólo es denunciar a los falsos pastores que gobiernan hoy el Vaticano, sino también hacer sonar la voz de alarma ante los muchos sacrilegios que en nombre de la Tradición se cometen cada día. No basta con declararse sedevacantista y decir que Bergoglio-Francisco y todos sus “obispos” y “cardenales” son herejes (de hecho, por no ser, no son ni obispos, pues fueron ordenados después de 1968 con el nuevo rito inválido del pérfido Montini-P6, por lo que ni siquiera serían sacerdotes, ¡sino simples laicos!). Eso hoy en día es muy fácil a la vista de las constantes herejías y bufonadas que nos llegan de Roma. Hay que tener el valor también de denunciar a quienes se creen “obispos” válidos y lícitos pero que no son tales en realidad, por lo que todos sus actos son sacrílegos y ofenden al Buen Dios. Me refiero a todos aquellos que fueron “ordenados” por Monseñor Thuc de manera dudosa y por tanto ilícita. Esta gente NO es católica, hay que decirlo bien alto, y quienes les siguen (que por desgracia no son pocos) están cometiendo PECADO MORTAL y arriesgan seriamente sus almas. Me refiero a quienes se hacen llamar a sí mismos “obispos” cuando NO lo son: Carmona, Zamora, Pivarunas, Dolan, Cekada, Sanborn, Clemente Domínguez y su secta del Palmar de Troya, y muchos otros…

    Todo esto lo explican magistralmente el P. Clarence KELLY, el P. Fenton y su discípulo John Kenneth Weiskittel, y el Abbé François EGREGYI, argumentando por qué la línea thucista es inválida y sacrílega, por lo que NO se la puede seguir ni dar publicidad.

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  2. Mons. Thuc, si bien de pobre espíritu y falto de criterio, era ortodoxo y válidamente consagrado. Por ello las consagraciones de Mons. Carmona, Mons. Zamora y Mons. Guerard des Lauriers han sido válidas y legítimas.

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  3. Me temo que este Homero aún anda obnubilado por la magia de la malvada Circé del conclavismo.

    Porque no es de recibo mezclar en una misma la posición perfectamente diferenciada de los que reconocen autoridad ordinaria a las usurpadoras autoridades conciliares, como la FSSPX, y la de los sedevacantistas, que denuncian esas herejías y para nada predican la validez de un hereje electo “papa” , que en ese caso, lo es sólo materialiter, porque esa designación es puramente aparente.

    Tampoco predican la imposibilidad de elegir a un Papa fiel, lo que sí hacen, es recordar a nuestro desnortado Homero que eso no se puede hacer a lo salvaje, sin observar las condiciones mínimas para ello, como nos enseñan de común acuerdo el sentido común, el derecho de la Iglesia y la historia correctamente entendida, con numerosas elecciones fallidas, como las que prolongaron el Gran Cisma de Occidente, o más recientemente, las más de 20 “elecciones” papales más o menos confidenciales, todas más ridículas y presuntuosas las unas que las otras, y que sólo han conseguido aumentar todavía mucho más la confusión, y favorecer el descrédito de los que mantienen seriamente y con buenos argumentos la falta de Papa legítimo desde 1958.

    Y como esas condiciones mínimas para una elección legítima, a día de hoy, están muy lejos de darse, la sanior pars de los sedevacantistas hace muy bien en abstenerse de tales elecciones.

    Asimilar esa posición, reclamada tanto por la sana razón, como por la Divina Constitución de la Iglesia, con la postura de los jansenistas, es simplemente absurdo, y desacredita no poco la encomiable labor intelectual que por otra parte pueda haber realizado el Sr. Joás.

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  4. A intención del estimado Adeodato, y de los que pudieran verse afectados por sus irresponsables afirmaciones acerca de la validez de las consagraciones efectuadas por Mons. Thuc, dejo aquí el enlace en que el P. Cekada demuestra sin género de dudas esa validez, y muestra la gravísima responsabilidad en la que incurren esas personas que por motivos espurios lanzan esas acusaciones, que van contra la justicia, el buen nombre, la salvación de las almas y el derecho de la Iglesia.

    http://es.scribd.com/doc/73161621/La-Validez-de-Las-Consagraciones-de-Mons-Ngo-Dinh-Thuc-R-P-Anthony-Cekada

    Ahí verán cómo los verdaderos católicos pueden estar perfectamente seguros de la validez de los sacramentos que reciben, no por lo opinión de uno u otro particular, sino por la sanción teórica y práctica de la misma Iglesia.

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  5. A Tomás, y sobre todo a James Stuart, lo repito otra vez y las veces que haga falta: las ordenaciones de Thuc son INVÁLIDAS e ILÍCITAS. Mis afirmaciones no son irresponsables, James Stuart, el irresponsable eres tú, pues te basas en fuentes erróneas para justificar los terribles sacrilegios de esta gente (seguramente tú también participas de ellos, así que más te valdría informarte un poco acerca del tema, va en ello la salvación de tu alma…)

    Lo repito: los sacramentos que administran los thucistas son INVÁLIDOS, recibirlos es COMETER UN SACRILEGIO, hermanos míos. No os dejéis engañar por la solución fácil de que en tiempos de crisis cualquier remedio es bueno. Esto que digo NO ES UNA MERA OPINIÓN MÍA, yo no soy nadie, sino que me he informado bien y he hablado con alguien que sí tiene elementos de juicio, y voy a citar mis fuentes a continuación para la mayor gloria de Dios y el bien de las almas.

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  6. En respuesta a las calamitosas y graves afirmaciones de James Stuart, quien pretende hacer creer a otros que la sacrílega línea Thuc sería perfectamente válida y lícita, he aquí lo que dice el R.P. François Egregyi sobre Mons. Thuc y sus ordenaciones (lo pueden ver en su blog http://www.francoisegregyi.blogspot.com.es):

    Para comenzar debería hacerse notar que el propio Thuc (Pierre-Martin Ngô-dihn-Thuc, “Arzobispo” de Hué en Vietnam) nunca tuvo un espíritu tradicionalista. Al contrario, él fue uno de los obispos más modernistas y progresistas entre los del Vaticano II. Por ejemplo, durante el Concilio, deploró el hecho de que ningún representante de las religiones paganas estuviera presente y sostuvo que así debería haber sido (en ese momento se le hizo notar que estaba equivocado y ¡que los paganos habían sido invitados e incluso estaban presentes!); además argumentó a favor de las mujeres sacerdotisas. (1) Resumiendo, fue un hereje desde la época del Concilio y, presumiblemente, aún antes del Concilio.

    Más tarde, en 1982, hizo una declaración (fechada el 25 de febrero y publicada por primera vez en la revista alemana Einsicht) según la cual la Santa Sede estaba vacante. Esta declaración era muy breve y estaba redactada en un pésimo latín y además en ella Thuc continuaba hablando de la iglesia conciliar como la Iglesia Católica e incluso que la Iglesia estaba en estado floreciente en ese momento (1982). Por esa época concelebró la Sinaxis Conciliar el Jueves Santo con el obispo conciliar de Fréjus-Toulon (Francia), donde residía y obtuvo facultades de este obispo para escuchar confesiones en la catedral local.

    Por bastante tiempo pareció estar mentalmente senil y esto se agravó gradualmente hacia el fin de su vida. Ciertamente él estaba fuertemente influenciado por un grupo de Alemania, donde residió por un tiempo; una y otra vez fue persuadido para consagrar obispos, pareciendo serle totalmente indiferente a quién consagraba. Por ejemplo, en 1976 “consagró” a Clemente Domínguez Gómez (quien posteriormente se convirtió en el “Papa” del Palmar de Troya, Gregorio XVII, y este último “consagró” literalmente a cientos de obispos); en 1981 Thuc “consagró” al teólogo dominicano Michel-Louis Guérard des Lauriers; y en el mismo año 1981 “consagró” a dos mexicanos, Moisés Carmona y Adolfo Zamora; y a muchos otros también. Y Carmona “consagró” a George Musey en los Estados Unidos, quien posteriormente “consagró” a Louis Vezelis: y estos dos últimos cometieron juntos un acto de cisma cuando erigieron dos nuevas “diócesis”, una que comprendía la mitad este y otra que comprendía la mitad oeste de los Estados Unidos y se asignaron a sí mismos una “diócesis” para cada uno. En Francia además, Thuc “consagró” a personas realmente escandalosas, incluido un notorio homosexual. (2)

    De ninguna forma hemos agotado la lista, ya que en realidad el “árbol familiar” de Thuc continúa por largas páginas.

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  7. Otra cosa que debería mencionarse es que los obispos que él “consagró” mantuvieron y mantienen posiciones religiosas sustancialmente diferentes – por ejemplo que la Santa Sede está vacante, que el “Papa” Gregorio XVII es un verdadero Papa y otras. Además, otra cosa para notar es que ¡Thuc fundó realmente una nueva Iglesia con él mismo como su cabeza, ya que Musey y otros tuvieron que jurar que lo reconocían como su cabeza y la cabeza de todos los católicos en el mundo!

    De cualquier manera, todas estas “consagraciones” se encuentran en completa oposición a la ley de la Iglesia, fundada sobre la inmutable ley de Dios, la cual ordena que las consagraciones sólo pueden ser realizadas por la Santa Sede o por un mandato, directo o indirecto, de la Santa Sede. (Son ejemplos de mandatos indirectos la autoridad delegada en el pasado por la Santa Sede a algunos patriarcas para que decidieran quién podía ser consagrado en su zona de jurisdicción.)

    Las leyes más importantes con respecto a esta cuestión en el Código de 1917 son:

    Canon 953: “La consagración episcopal está reservada al Romano Pontífice de tal manera que ningún obispo puede lícitamente consagrar a otro si primero no le consta el mandato pontificio.”

    Canon 2370: “El obispo que sin mandato apostólico consagra a otro obispo, en contra de lo que dispone el canon 953, está suspendido por la misma ley (es decir, automáticamente) hasta que la Santa Sede otorgue una dispensa, y el mismo principio se aplica a los obispos asistentes en la consagración, o a los presbíteros reemplazantes, y también al que recibe la consagración.” Además el canon 2370 fue completado el 9 de abril de 1951, por el decreto siguiente promulgado por el Santo Oficio:

    “Un obispo, de cualquier rito o dignidad, que consagra al episcopado a alguien que no ha sido nominado ni expresamente confirmado por la Santa Sede, y la persona que recibe la consagración, automáticamente incurren en excomunión muy especialmente reservada a la Santa Sede, siendo aplicada esta pena incluso si ellos están coercionados por un grave temor (cf. canon 2224/3/3). Este decreto es efectivo a partir del día de su promulgación.”

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  8. Una cuestión importante es si en alguna ocasión puede considerarse lícito ser consagrado obispo, incluso en una grave emergencia, sin el permiso del Papa y contradiciendo las leyes de la Iglesia.

    Mientras que durante una emergencia es posible invocar la epikeia, de ninguna manera existe la certeza, de que se la pueda invocar para conferir las órdenes sagradas y las menores, es mucho más discutible, por lo menos, saber si el mismo principio podría aplicarse a la consagración de un obispo. El Concilio de Trento ha insistido en que los obispos no son lícitos si no han sido designados por la autoridad legal de la Iglesia (Sesión 23, capítulo 4, canon 7) y, por esto, parece indiscutible que la ley divina se encuentra implicada en este asunto; y la ley divina, incluso en una situación extrema, no puede ser omitida jamás.

    La conclusión es que: En lo que respecta a los obispos consagrados por Marcel Lefebvre, puede concluirse que ellos son válidos pero ilícitamente consagrados y que el acto de consagración constituye efectivamente un acto de cisma porque Lefebvre reconocía a Juan Pablo II como papa y lo desafiaba, sin embargo, en el terreno de la autoridad papal. (Sobre el carácter subjetivo u objetivo del cisma de Lefebvre trataremos en otro artículo.)

    Con respecto a los obispos “consagrados” por Thuc y sus “descendientes”, no sólo es cierto que sus consagraciones son ilícitas, sino que existe además una duda acerca de la validez de sus consagraciones. Esto se debe a que el mismo Guérard des Lauriers reconoció que Thuc había hecho cambios en el ritual de consagración, omitiendo varias partes. Los pasajes reconocidos como omitidos no son esenciales para la validez, y por eso, no se puede estar seguro de que la consagración fue inválida; pero una vez que se está consiente de que se ha cambiado el ritual de los sacramentos, nadie puede jamás estar completamente seguro de lo que hizo el ministro de los sacramentos ni de lo que podría haber pasado en otras consagraciones de las cuales no hay ningún registro disponible. Esto ocurre especialmente en el caso de Thuc quien, de acuerdo con fundada evidencia, estaba mentalmente senil y no poseía su juicio intacto. Hay fundamentos, entonces, para dudar de la validez de las Ordenes de todos los obispos descendientes de Thuc. (3)

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  9. Además un testigo presencial de una ordenación de la línea Thuc dijo que el obispo consagrante impuso una sola mano, en vez de ambas, sobre el ordenado. Y aunque esto no invalida las ordenaciones, como erróneamente supone el informante (ver Aertnys-Damen: Theologia Moralis, vol. 2, n. 563), permite mantener dudas acerca de la puntillosidad con la cual otras partes del ritual pudieron haber sido realizadas. Qué otros abusos pudieron haber ocurrido en casos similares, no podemos saberlo: abusos como las ceremonias realizadas por sectarios, muchas veces de una capacidad mental muy modesta, en sus conciliábulos momentáneos frente a un puñado de testigos o menos, y que por eso mismo están abiertas a poderosas sospechas.

    Y cuando se tienen buenas razones para dudar de la validez de las Ordenes de un sacerdote u obispo, se deben considerar inválidas estas Ordenes por motivos prácticos. La razón de esto es que debe seguirse el camino más seguro a fin de que uno no pueda jamás estar comprendido en los términos de la Ley que sanciona a quien se involucra con un sacramento cuya validez es dudosa, salvo en una o dos excepciones coherentes con este principio.

    Otro hecho que conviene mencionar con respecto a la validez o invalidez de las Ordenes de los obispos thuquistas, es que no conocemos a ninguno que sostenga la correcta posición católica. Y aún otro hecho para tener en cuenta es que, en el momento en que alguno de ellos asume autoridad para dar una supuesta jurisdicción o con algún otro propósito, están creando su propio nuevo cisma, porque los poderes de un obispo no confieren la autoridad de un ordinario de diócesis.

    Uno de los incontables ejemplos de obispos thuquistas que sostienen posiciones incorrectas es Robert McKenna. El adopta la postura inventada por Guérard des Lauriers, y sostiene que la Santa Sede no está vacante y que Juan Pablo II es materialmente Papa, aunque no formalmente. Esto se encuentra en total desacuerdo con la teología católica en los siguientes aspectos:

    Como enseñó Santo Tomás, no puede haber materia sin forma (Summa Theologie, III, q. 75, a. 3). Entonces, así como un bate de béisbol “material” que no es un bate de béisbol formalmente es tan solo una masa de madera, así las dos – materia y forma – siempre se encuentran juntas. Por eso, si una persona no es formalmente Papa, entonces no es Papa de ninguna manera, y dondequiera que la materia de cualquier cosa, desde un Papa hasta un bate de béisbol, se encuentra sin su forma o con otra forma en su lugar, la cosa no existe allí de ninguna manera: no hay Papa y no hay bate de béisbol.

    En Cum ex Apostolatus el Papa Pablo IV dice expresamente que un Papa herético no puede ser considerado legítimo ni siquiera parcialmente. Y el canon 151 dice que un oficio ilegítimamente ocupado está de jure vacante y listo para ser ocupado por otra persona.

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  10. McKenna y aquellos que sostienen el mismo punto de vista dicen que, aunque Juan Pablo II es Papa, no tiene jurisdicción sobre la Iglesia Católica porque no es formalmente Papa. Sin embargo, el Concilio Vaticano de 1870 declaró como dogma que un Papa tiene en todo momento completa autoridad sobre toda la Iglesia.

    ¿Y si un sacerdote, ordenado por McKenna fuera con un sacerdote católico y quisiera hacer la profesión de fe para unir fuerzas con él? La respuesta es que este sacerdote ordenado por McKenna tendría que hacer cambios radicales, poniendo su doctrina en conformidad con la doctrina católica y regularizando su situación de acuerdo con las leyes de la Iglesia Católica. Debería, además, reconocer que su ordenación es de dudosa validez y que entonces está obligado por las leyes de la Iglesia a dejar de celebrar misa y a cesar en sus funciones de sacerdote. (4) Nótese que él debería tener no menos de tres consagraciones u ordenaciones diferentes de las que debería preocuparse en lo que respecta a su validez antes de poder cumplir sus funciones de manera objetiva: la consagración de Guérard des Lauriers por Thuc, la consagración de McKenna por Guérard des Lauriers y su propia ordenación por McKenna.

    Surge, entonces, la pregunta: si alguien, ordenado por McKenna, se arrepintiera y cumpliera todas las condiciones requeridas, ¿podría ser absuelto?

    Si él hubiera cumplido con lo que tenía que hacer para obtener la absolución, realmente podría. Y lo que se requeriría es, sumariamente, lo que sigue:

    Puesto que ha incurrido en excomunión, tendría que abjurar de sus errores públicamente frente a dos testigos por lo menos y ser absuelto en el fuero externo antes de ser absuelto de sus pecados en el fuero interno.

    E incluso antes de ser absuelto en el fuero externo tendría que reparar además el escándalo provocado por los errores que propagó con respecto a su propio sacerdocio y las teorías religiosas de McKenna. Por ello, a menos que exista un motivo urgente (como peligro de muerte cercana), debería realizar esta reparación pública antes de ser absuelto en el fuero externo.

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  11. Después de ser absuelto en el fuero externo, podría entonces ser absuelto en el interno. Debe notarse que la absolución en el fuero externo debe ocurrir primeramente, ya que la absolución no puede ser otorgada en el confesionario a quien se encuentra públicamente en condición de hereje.

    Entrando en más detalles sobre lo que debería hacer antes de poder ser absuelto en el fuero interno o externo, diremos que debería aceptar la verdadera posición católica y hacer esto con especial firmeza en las cuestiones que actualmente se disputan, tales como la vacancia de la Santa Sede, el estado de la Fraternidad San Pío X y los obispos thuquistas, etc.

    Debería también aceptar que debe dejar de celebrar misa y de actuar como sacerdote. Habiendo cumplido todos estos pasos, habiendo abjurado de sus errores en presencia de al menos dos testigos y habiendo realizado su profesión de Fe, podría ser absuelto en el fuero externo. El Ritual Romano contiene la fórmula para la absolución de la excomunión pública.

    Otra cosa que convendría mencionar sobre cualquier sacerdote ordenado por Thuc que ha reconocido su error y se ha reconciliado con la Iglesia es que, lejos de estar ansioso por continuar su ministerio sacerdotal, sería imprudente en grado sumo que no sintiese temor con sólo pensarlo. Ciertamente los sacerdotes son importantes y valiosos pero la Iglesia prefiere no tener sacerdotes a tener malos sacerdotes, como se ve en la prescripción de San Pablo a San Timoteo de “no imponer las manos con ligereza” (I Timoteo 5:22) y en lo que explícitamente afirmó, por ejemplo, San Antonio María Claret. El hecho es que un sacerdote que ha sido ordenado fuera de la Iglesia, no tiene el llamado de la Iglesia y su principal obligación es hacer todo lo que pueda en términos de penitencia para expiar los sacrilegios y crímenes doctrinales en los cuales estuvo involucrado.

    Abbé Francois EGREGYI

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  12. A continuación publico las notas de este valiosísimo trabajo. Presten atención, queridos hermanos, pues en ellas se demuestra la total inconsistencia y el grave error que esconde la fuente citada por James Stuart, un artículo del Padre Cekada, el cual no resiste el mínimo rigor que semejante asunto merece.

    Notas

    (1) La decepción de Thuc debida a su creencia (infundada) que los representantes de las religiones paganas no habían sido invitados al Vaticano II está registrada en Acta Synodalia Vaticani II, vol. 2, parte 1, pp. 358-359. Sus protestas contra las “injustas prescripciones eclesiásticas” bajo las cuales las mujeres sufrían están registradas en el vol. 2, parte 3, p. 513.

    (2) Jean Laborie, fundador de la “Iglesia Latina de Toulouse” (una rama francesa de la Iglesia Viejo-Católica de Utrecht en Holanda). De hecho, Thuc lo “reconsagró” – él había sido consagrado y “reconsagrado” antes por varios otros obispos.

    (3) Luego de la publicación de este artículo, apareció otro defendiendo la validez de las “consagraciones” de la línea thuquista, escrito por el sacerdote ex-lefebvrista Anthony Cekada y publicado en el volumen III de una revista llamada Sacerdotium (editada por otro sacerdote ex-lefebvrista, Donald Sanborn) en la primavera de 1992.

    Este artículo cae en la ridiculez cuando sostiene que el “poder sacramental” de los obispos es “llamado Sucesión Apostólica” (negando por esto la necesidad para un obispo de adquirir lícitamente sus poderes – con la misión dada por la autoridad eclesiástica – si él va a ser sucesor de los Apóstoles), pero argumenta presentando un caso fuerte a favor de la validez de las “ordenaciones” de los obispos thuquistas. Un buen número de las piezas de evidencias citadas – como la opinión del pseudo-cardenal Ratzinger y una carta sin firma póstumamente atribuida a Thuc por el Concilio Vaticano – son totalmente irrelevantes; al contrario, las declaraciones de testigos de la consagración de Guérard des Lauriers en particular son realmente confiables.

    Sin embargo, la principal debilidad del caso citado por Cekada, se encuentra en que él supone que Thuc no modificó el ritual. Si esta suposición fuese verdadera, el único defecto posible en la consagración sería el de la intención. Pero, como ya se hizo notar arriba, la verdad es que Thuc en realidad sí cambió el ritual. Cekada cita una entrevista realizada a Guérard des Lauriers, publicada en la revista guerardiana de Italia Sodalitium de mayo de 1987, en la cual Guérard declara que “el ritual ha sido seguido íntegramente (excepto por la lectura del ‘Mandato Romano’)”, pero esta afirmación se encuentra en conflicto directo con otra afirmación de Guérard de la cual Cekada evidentemente no está enterado.

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  13. No mucho tiempo después de la consagración de Guérard des Lauriers, un ex-discípulo de este teólogo rebelde que lo conocía bien se sorprendió al saber que había afirmado que el rito tradicional se había usado sin alteraciones, ya que es bien sabido que el rito tradicional hace mención del Romano Pontífice más de una vez en términos que Thuc difícilmente hubiera utilizado para referirse al “Papa material” Karol Wojtyla. Entonces, esta persona escribió a Guérard cuestionando su afirmación y adjuntándole una fotocopia del rito tradicional de consagración episcopal. Recibió una respuesta de Guérard admitiendo que las delicadas referencias al Papa habían sido omitidas y le devolvió el texto de la consagración ritual con la palabra “omis” (omitido) escrita en el margen, de su propio puño y letra, junto a los pasajes omitidos.

    Lo que se concluye es que Thuc y Guérard omitieron, no sólo la lectura del inexistente Mandato Romano autorizando la consagración, sino también muchas otras cosas, incluyendo todo el juramento de fidelidad, el cual abarca cinco páginas del Pontificale Romanum, como así también parte de la interrogación al candidato. Y aunque algunas de estas omisiones, tales como el juramento de obediencia al Papa reinante, no eran imprescindibles dada la situación de la Iglesia y, entonces, no inapropiadas per se, esto no se aplica a una gran parte de ellas. Por ejemplo, no había ninguna cosa que impidiera a Guérard formular el juramento de cumplir “las reglas y los decretos de los Santos Padres” o de “perseguir y atacar a los herejes y cismáticos”. Sin embargo él prefirió no hacerlo. ¡Quizás esto se debía a que, en el caso contrario, habría estado obligado a perseguirse a sí mismo ya que era el inventor de la tesis herética de un Papa puramente material ocupando la Sede de Pedro!

    Ahora resulta bastante obvio que, en cuanto éste es un documento escrito por la propia mano de Guérard cuando los acontecimientos estaban aún frescos en su memoria, y no podrían ser considerados en su propio provecho, esta fotocopia constituye la evidencia central y permite contrapesar mucho la contradictoria afirmación hecha por Guérard algunos años después en Sodalitium bajo el patrocinio editorial de su protegido, el pseudo-obispo Munari, consagrado por Guérard mismo, quién más tarde abandonó el sacerdocio.

    Similarmente, mientras es entendible que Cekada debió haber sido favorablemente influenciado por el testimonio de dos testigos de que la consagración de Guérard había tenido lugar de acuerdo con (“nach”) el Pontificale Romanum, estos testimonios sencillamente no pueden neutralizar la propia admisión de Guérard sobre las omisiones sustanciales. Entonces esta pretensión de los testimonios debería ser entendida en el sentido muy restringido de que Thuc ni agregó nada ni distorsionó el ritual, ¡mientras que dejó de lado muchas cosas! Este hecho ilustra bien por qué la presunción legal de que los sacramentos católicos son válidos mientras no se demuestre lo contrario, no se aplica a las actividades de sectas enloquecidas que confieren supuestas consagraciones episcopales en un oratorio al fondo de un departamento ¡tan estrecho e improvisado que un teléfono reposa sobre el “altar” (claramente visible en las fotos de una “consagración” thuquista publicadas por sus fans)!

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  14. A pesar del citado artículo de Cekada, entonces, no se puede confiar plenamente en que Thuc hizo todo lo necesario para la validez. Aunque la ausencia de los pasajes señalados por Guérard como omitidos no serían invalidantes, es inevitable preguntarse (a) ¿cómo se puede saber que alguien tan dispuesto a modificar así los rituales de la Iglesia, no modificó nunca algo realmente esencial? y (b) ¿hasta qué punto se puede confiar en testimonios oculares, cuando aquellos aducidos por Cekada – o sea Guérard mismo y los profesores Hiller y Heller – han mostrado ser positivamente muy engañosos y equivocados y, en el propio caso de Guérard, definitivamente falsos?

    Sin embargo, es justo reconocer que otros estudios de la evidencia referidos a la consagración de Guérard podrían bastar para eliminar toda duda, en especial si estos incluyeran la explicación satisfactoria de los dos testigos mencionados arriba sobre cómo puede ser conciliado su testimonio original con el conocido hecho de las numerosas omisiones del ritual aprobado. Y en el caso de las consagraciones de Carmona y Zamora por Thuc, como así también en los casos posteriores, de la segunda y tercera generación de consagraciones de la línea thuquista, cada uno debería ser puntillosamente evaluado por separado según sus características particulares y a la luz del hecho que investigamos para verificar si han existido modificaciones, irregularidades o encubrimientos posteriores.

    (4) ¿Debería una persona, luego de su conversión, estar sujeta a las obligaciones del estado clerical, como por ejemplo el uso de vestimenta clerical, la observación del celibato y el rezo del Oficio Divino? En el Código de Derecho Canónico no se indica que las circunstancias que tornan ilícita la ordenación (la falta de las cartas dimisorias, el estado herético del obispo ordenante, a menos que haya sido consagrado lícitamente) excusen al sacerdote ordenado en forma irregular de sus obligaciones incluso si él jamás obtiene la dispensa necesaria para cumplir su función sacerdotal. Pero al menos una decisión del Santo Oficio implica que, cuando las Ordenes son conferidas fuera de la Iglesia por un renegado, la validez de cuyas Ordenes episcopales la Iglesia no puede verificar de ninguna manera, las cargas clericales no son contraídas. Ver T. L. Bouscaren, S. J., The Canon Law Digest, vol. V, p. 720. En consideración de esto, parecería, a los ojos de la Iglesia, que la segunda generación de sacerdotes thuquistas (o sea, personas ordenadas no por Thuc en persona, sino por los obispos consagrados por él) no poseen el estado clerical y que se encuentran libres de los deberes de este estado, como en el caso de los clérigos viejo-católicos que se convierten. Cada vez que la validez es dudosa, parece muy improbable que las obligaciones sean contraídas. Pero exactamente cuáles sacerdotes tradicionalistas ilícitamente ordenados están ligados a estas obligaciones y cuáles no lo están, en el caso de su conversión, es una cosa incierta. Quizás en el caso de clérigos lefebvristas de la segunda generación que se conviertan al catolicismo, dado que su validez no es dudosa, ellos podrían elegir regresar al estado laico como consecuencia de su error sustancial referente a dónde se encontraba la verdadera Iglesia al momento de su ordenación, o podrían elegir vestirse y comportarse como sacerdotes mientras cumplen sus funciones dentro de los límites permitidos por el Derecho Canónico y una aplicación razonable de la epikeia.

    SIGUE…

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  15. Recordamos a nuestros lectores que el sacerdote tiene dos poderes: (a) el poder de Orden, que comprende la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, la administración del sacramento de la Extremaunción y la bendición de personas y objetos; (b) el poder de Jurisdicción (ordinaria) el cual recibe el sacerdote, en tiempos normales, de su legítimo obispo diocesano (si es un sacerdote secular) o de su legítimo superior religioso (si es miembro de una orden religiosa regular aprobada). Este poder consiste en dar la absolución en el Sacramento de la Penitencia, bendecir matrimonios entre católicos y la predicación de sermones. En las circunstancias actuales no existen obispos diocesanos o superiores religiosos legítimos que otorguen las citadas facultades, porque los obispos diocesanos y los superiores son herejes públicos que aceptan las enseñanzas del pseudo-Concilio Vaticano II. Un sacerdote católico tradicionalista (no-miembro de sectas heréticas o cismáticas como la iglesia conciliar, los lefebvristas, los thuquistas, les kellystas, los guerardistas, etc.) recibe de la Iglesia Católica una jurisdicción extraordinaria para oír confesiones (ya que, de acuerdo con los principios de teología moral de San Alfonso María de Ligorio, es extremadamente difícil – en nuestros días – para los penitentes poder recurrir a sacerdotes católicos regulares puesto que la apostasía se extiende a todos los clérigos) y para bendecir matrimonios entre católicos (canon 1089, 2 del Código de Derecho Canónico de 1917). El no puede, sin embargo, predicar sermones durante las Misas que celebra porque no ha recibido mandato para hacerlo de su obispo diocesano o de un legítimo superior religioso (canon 1328 del Código de Derecho Canónico de 1917).

    FIN

    Abbé François EGREGYI

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  16. Sin ánimo de controversia estéril, sino como interrogantes quiero transcribir algunos cánones del Derecho Canónico, para cotejar, o aclarar, o ayudar a definir más claramente lo expuesto en los escritos del abbé Egregy:

    Canon 2261: 1º El excomulgado no puede LICITAMENTE hacer ni administrar Sacramentos o Sacramentales, SALVAS las excepciones que siguen.
    2º Pueden los fieles, sin perjuicio de lo que se escribe en el 3º, pedir por CAUSA JUSTA cualesquiera Sacramentos o Sacramentales a un excomulgado, SOBRE TODO SI NO HAY OTROS MINISTROS, y en este caso el excomulgado, así requerido puede administrarlos, sin que tenga obligación alguna de preguntar, a quien le requiere, la causa de la petición.
    3º Pero a los excomulgados vitandos y a otros excomulgados, cuando ha mediado SENTENCIA CONDENATORIA O DECLARATORIA, sólo en peligro de muerte pueden los fieles pedirles tanto la absolución sacramental, a tenor de los cánones 882 y 2252, COMO TAMBIEN, si no hay otros ministros, los DEMAS SACRAMENTOS y Sacramentales.

    Canon 2264: Los actos de jurisdicción , tanto del fuero interno como del externo, realizados por un excomulgado, son ILICITOS; y si se ha pronunciado sentencia condenatoria o declaratoria, son también INVALIDOS, salvo lo que se prescribe en el canon 2261, 3º; antes de la sentencia son válidos, y aun lícitos, si los solicitaron los fieles, a tenor del mencionado canon 2261, 2º.

    (sigue)

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  17. Se lee en el Magisterio de la Iglesia (Denz.169):
    7º Según la costumbre de la Iglesia Católica, reconozca el santísimo pecho de tu serenidad que a ninguno de éstos a quienes bautizó ACACIO (obispo cismático) o a quienes ordenó según los cánones sacerdotes o levitas, les alcanza parte alguna de daño por el nombre de Acacio, en el sentido de que acaso parezca menos firme la gracia del sacramento por haber sido trasmitida por un INICUO…Porque si los rayos de este sol visible, al pasar por los más fétidos lugares, no se mancillan por mancha alguna del contacto, mucho menos la virtud de Aquel que hizo este sol visible, puede constreñirse por indignidad alguna del ministro…

    9º Por eso, pues, también éste, administrando mal lo bueno, a sí solo se dañó. Porque el sacramento inviolable que por él fue dado, obtuvo para los otros la perfección de la virtud.

    (San Atanasio II 496-498. De las ordenaciones de los cismáticos)

    (sigue)

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  18. También dice el Magisterio:

    “Desde hace ya muchos años la extensión del imperio teutónico está separada de la unidad de la Sede Apostólica. En este cisma se ha llegado a tanto peligro que -con dolor lo decimos- en tán grande extensión de tierras apenas si se hallan unos pocos sacerdotes o clérigos católicos. Cuando, pues, tantos hijos yacen entre semejantes ruinas, la necesidad de la paz cristiana exige que se abran en este asunto las maternas entrañas de la Iglesia. Instruídos pues, por los ejemplos y escritos de nuestros Padres que en diversos tiempos recibieron en sus órdenes a novacianos, donatistas y otros herejes, nosotros recibimos en su oficio episcopal a los obispos del predicho Imperio que han sido ordenados en el cisma, a no ser que se pruebe que son invasores, simoníacos o de mala vida. Lo mismo constituímos de los clérigos de cualquier orden a los que su ciencia y su vida recomienda.”

    Pascual II,1199-1118, Concilio de Guastalla: De las ordenaciones heréticas y simoniacas. (Denz.358).

    (sigue)

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  19. No intento justificar nada o a nadie. Solo quiero mostrar las “entrañas de misericordia” de la Iglesia. Han pasado más de cincuenta años de apostasía generalizada. Pregunto: ¿estuvo mal recurrir,como se hizo, a la utilización de la epikeia, para tener ministros católicos?
    ¿El abbé Egregy, de dónde salió? ¿Vive aún? ¿Conoce o conocía estos cánones citados? ¿Cómo se compagina lo que escribe, con las “entrañas de misericordia” de la Iglesia, que acepta en su seno a los ordenados aún en el cisma y la herejía, cuando peligraba el bien eterno de las almas? ¿El peligro de muerte eterna sin sacramentos, no justifica actuar bajo la protección de la epikeia?

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  20. Sin ministros católicos, ¿Cómo se cumpliría la Promesa de Jesucristo ” Yo estaré siempre con vosotros”? La Fe entra por los oídos, ¿quién predicaría? ¿quién bautizaría? ¿Y la continuación del Sacrificio Perpetuo quién lo haría? ¿Y la restauración de la Jerarquía católica desde su Cabeza cómo se haría, pues San Pedro DEBE tener perpetuos sucesores? ¿Se acabó la Iglesia Católica? ¿Cómo sería eso, si aún no se ha manifestado el Anticristo, no ha habido persecución masiva a los cristianos, ni aparecieron los Dos Testigos, ni Jesucristo ha vuelto todavía? De alguna manera la Iglesia Católica existe y no puede morir, en algunos lugares aún se sigue ofreciendo el Sacrificio Perpetuo, por tanto es evidente que hay ministros católicos que ejercen el poder de orden sin tener jurisdicción otorgada, pues no hay Vicario Visible, principio y fuente de unidad y de gobierno, y se supone que ejercen su ministerio en la perspectiva de obtener la confirmación de sus licitud y validez cuando se elija a un verdadero Vicario de Cristo. Desconozco los detalles de cómo se hará, pero entiendo que DEBE hacerse con urgencia por aquellos a quienes les corresponde hacerlo supletoriamente, y que el resto de los cristianos deben ayudar a que se haga…escribiendo, hablando, alertando y rezando al Buen Dios que mueva los corazones de los hombres para que tengamos un Papa según Su Corazón.

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  21. Vistas las importantes repercusiones que esta cuestión puede tener en las vidas de los fieles católicos, iré contestando según el orden seguido por nuestro apreciado contradictor, con el fin de despejar las ilegítimas e infundadas dudas sembradas por individuos sectarios y fanáticos, y recogidas luego por otras gentes tal vez bien intencionadas, pero mal formadas e informadas. Mi intención va sobre todo encaminada a la defensa de los obispos adeptos del sedevacantismo serio y católico, como son los que derivan su consagración de Mons. Guérard des Lauriers, o Mons. Carmona.

    En primer lugar, no existe aquello de “obispos thucistas” como si el ex arzobispo de Hué hubiese fundado una especie de secta de la que los obispos que él consagró fuesen miembros, lo que es evidentemente falso.

    Supongamos que el dicho obispo realmente hubiese sido hereje (lo cual no han probado sus enemigos), incluso así, eso no prueba la invalidez de las consagraciones conferidas, como es evidente por la práctica de la Iglesia, que reconoció la validez de consagraciones realizadas por los obispos revolucionarios franceses, o las de los viejos católicos.

    No basta con afirmar sin pruebas la hipotética senilidad de un consagrante para poder emitir dudas legítimas sobre la validez de una consagración episcopal. Primero, tendrían que contarnos dónde ponen el umbral de habilidad e inhabilidad psicológica que haría inválida una consagración. Por la práctica de la Iglesia, aparece claro que la situación mental de Mons. Thuc era perfectamente suficiente para conferir válidamente dicha consagración.

    Eso es lo que han apreciado gentes cualificadas: El P. Guérard des Lauriers era uno de los teólogos más ilustres del S. XX, encargado por Pío XII de misiones muy delicadas, creo que se puede confiar en su buen juicio mucho más que en el de un Egregyi que no es capaz de aportar un solo argumento convincente, y que actúa exactamente en contra de la enseñanza y práctica de la Iglesia en estos casos, puesto que para Ella, no basta con que cualquiera se presente y acuse sin pruebas para volver un acto dudoso, sino que es el contradictor el que debe probar su afirmación.

    Si además los mismos enemigos de esas consagraciones reconocen la lucidez mental del arzobispo en el momento de realizar esas consagraciones, trátese de un sacerdote tan respetado como el P. Barbara, o un astuto y para nada ignorante Ratzinger, que hubiera podido sacar ventaja de una duda legítima, si es que hubiese existido alguna vez, creo que hay poco más que hablar. Los que siguen dudando después de tantos testimonios coincidentes demuestran que su empecinamiento es de lo más irrazonable.

    Son los que emiten dudas injustas e ilegítimas sobre la condición mental del consagrante los que vienen obligados en estricta justicia a probar sus afirmaciones, lo cuál no hacen, contractando una gravísima responsabilidad, de la que tendrán que responder ante Dios.

    Lo que luego hayan sido, hecho, dicho u omitido los individuos por él consagrados no depone a favor o en contra de la validez de esas consagraciones. Sí depone en contra de la honestidad intelectual de aquellos que se permiten utilizar tales argumentos en una discusión que se presume seria y competente.

    Acerca de si tales consagraciones se hallan en oposición a la ley eclesiástica, cabe decir:

    Que la Iglesia siempre ha reconocido la legitimidad de proceder a consagraciones episcopales sin contar con la autorización del Sumo Pontífice cuando éste último no era accesible, o era dudoso, o directamente no existía. Es el caso por ejemplo, de muchos obispos que se consagraron en tiempos del Gran Cisma de Occidente, o en países desde los que la comunicación con la Santa Sede era imposible, últimamente, los situados detrás del telón de acero, o detrás del telón de bambú, en la China comunista, especialmente. Se actuaba así suponiendo que en tiempos normales, el Papa habría dado su consentimiento a tales consagraciones, y que serían luego reconocidas en cuanto fuera posible la comunicación con Roma, cosa que efectivamente sucedía.

    La excomunión se señaló por Pío XII en los años ’50 por causa de la situación creada por las autoridades comunistas chinas, que suscitaron una serie de consagraciones episcopales CONTRA la voluntad expresa del Papa, con el fin de crear una Iglesia nacional separada de Roma, y entendiendo que a través de la consagración episcopal, esos obispos recibían a la vez el poder de jurisdicción ordinaria, cayendo así de lleno en una situación claramente cismática, que hacía necesaria una declaración de excomunión antes innecesaria.

    No es desde luego comparable con lo realizado por Mons. Thuc, que con buen criterio, presumía que un Papa habría aprobado la acción que estaba realizando. En su caso concreto, conviene recordar que se le habían concedido por parte de Pío XI amplísimas facultades de Legado a latere, que incluían entre otras las de poder consagrar obispos sin el expreso mandato de la Santa Sede. No habiéndosele retirado nunca tales facultades, era lógico que pensara poder usar de ellas en una situación infinitamente más crítica que la de su Vietnam natal.

    Tampoco es comparable, porque Mons. Thuc nunca pretendió conferir a los obispos consagrados por él poder de jurisdicción, ni un Mons. Guérard o Mons. Carmona pretendieron nunca haberlo recibido, al revés, tomaron todas las medidas necesarias para mostrar que en modo alguno se atribuían lo que sólo un Papa en acto puede conferir.

    Es por esa razón especialmente deshonesto apelar al Concilio de Trento, que hablaba, contra los protestantes, de los prelados residenciales, con verdadero poder de gobierno y jurisdicción ordinaria, de la que sólo gozan los enviados por la autoridad legal y oficial de la Iglesia, y que pueden o no haber recibido la consagración episcopal.

    Esa es precisamente la razón de la omisión de ciertas partes no esenciales del rito de consagración episcopal, por ejemplo, en el caso de Mons. Guérard des Lauriers.

    Como deberían saber nuestros imprudentes contradictores, mucho tiempo antes del Concilio, los teólogos y canonistas de impronta galicana habían ido favoreciendo la doctrina que sostenía que el poder de jurisdicción episcopal se confería por medio de la consagración episcopal, junto con el poder de Orden en su grado máximo.

    Mientras que la Santa Sede enseñaba que esa facultad provenía directamente del Sumo Pontífice, y en modo alguno a través del sacramento.

    Esa errónea doctrina galicana llegó a ser tan preponderante, que el seudo-Concilio Vaticano II la adoptó, como fundamento de su no menos errónea doctrina de la colegialidad episcopal.

    Ello implicaba que automáticamente, una consagración episcopal daba también a los consagrados el poder de jurisdicción, y lo suponía en el consagrante, porque nadie da lo que no tiene.

    Para no ser objetos de una infundada y maligna acusación de comportamiento cismático, suprimieron del ritual todo lo que pudiera hacer explícita referencia a la concesión de un poder de jurisdicción ordinaria, como son el (inexistente) Mandato Pontificio, o ciertas preguntas del Examen, referidas a su administración de una jurisdicción que no se les confería, o al Juramento, en que también vienen promesas que no se les aplican. Todo lo demás, referente al poder de Orden, fue escrupulosamente observado, sobre todo la parte central, con las palabras esenciales señaladas por Pío XII.

    Esas omisiones no sólo no hacen dudosa la intención de hacer lo que hace la Iglesia, sino que la confirman poderosamente, porque muestran con qué cuidado evitaban hasta la sombra de una posible usurpación cismática de un poder que sabían no poderles ser concedido en la situación actual de privación de autoridad legítima. Creo que no se puede pedir más en lo que respecta a la licitud de una consagración en circunstancias extraordinarias.

    “Testis unus, testis nullus” Un sólo testigo equivale a no tener ninguno. Además de no contarnos quién fue ese testigo, ¿Sabe en qué momento se produce esa imposición de una sola mano? Porque hay momentos en que el rito requiere una, y otros en que requiere las dos manos.

    Pero visto que nuestros mismos atrevidos e ilegítimos abogados del diablo reconocen que no hay alteración sustancial el rito, esa afirmación gratuita e indocumentada sólo sirve para acreditar la mala fe de los acusadores.

    Igualmente “extra subjectum” queda aquí el aludir a la llamada Tesis de Cassiciacum, original creación de Mons. Guérard des Lauriers, que puede ser más o menos discutible, pero que no afecta para nada la validez de las consagraciones episcopales.

    Pero esa incongruente alusión demuestra una vez más que nuestros dubitores sistemáticos, por una parte son unos incompetentes, que no han entendido la propia Tesis, y por otra, que acusan injustamente, porque los partidarios de la Tesis, preguntando ellos mismos si sí o no los electos conciliares son Papas, contestan con un claro y sonoro NO:

    La historieta-ficción que se montan a continuación acerca del pobre sacerdote que tendría la mala fortuna de acercárseles, a ellos los puros, ya es de película de terror, de las malas. Y con ello todavía confirman más su total incomprensión de las nociones básicas sobre las que se fundamenta el derecho canónico.

    ¡Y tienen la cara de llamar a ese engendro “un valiosísimo trabajo”! Será para la cuenta del Enemigo, digo yo…

    Por no saber, no saben ni siquiera que la sucesión apostólica tiene que ver con la transmisión del Orden, que puede o no verse acompañada por la correspondiente concesión de un poder de jurisdicción.

    Dejo de lado los postreros desarrollos de tan peculiar pensador, que no añaden nada al tema de nuestro argumento, y demuestran que el tal Egregyi tal vez esté afectado por un cierto desorden psicológico que le hace mezclar cosas heterogéneas en un todo perfectamente indigesto, con el pérfido intento de asustar, desmoralizar y traumatizar a los pobres fieles católicos, amenazándoles con unos inexistentes excomunión, sacrilegios y otros enormes delitos, en completa contradicción con la práctica de la Iglesia.

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  22. Evidentemente y a razón de los cánones de la Iglesia, Mons. Thuc, ejerció el ministerio de Obispo consagrando Obispos válidos y lícitos, porque no consta de haber incurrido en excomunión, muy al contrario, declarando la Sede vacante, actuó convenientemente confiriendo el Episcopado a personas idóneas para ese ministerio. E incluso me atrevo a decir que si hubiera esperado a actuar -según quieren algunos en el presente momento- dejando el asunto a solo Dios, probablemente nos hubiéramos quedado sin Obispos y Sacerdotes católicos. Lo mismo ocurre hoy en los que en vez de solucionar el gravísimo problema de la vacancia de la Sede Apostólica, consideran que deben dejárselo a Dios a que resuelva con una intervención milagrosa, una situación que los hombres de Iglesia pueden y deben solucionar afianzados en la Doctrina y en las Leyes. El dar a la Iglesia un sucesor de San Pedro es deber urgente, sagrado y gravísimo. En algún momento -no muy lejano- habrá que considerar muy seriamente esta NECESIDAD. Dios sin los hombres no hará el milagro de un Papa, pero Dios ayudará si los hombres se deciden.
    A mi entender considero que Mons. Thuc actuó como verdadero Obispo católico, dando a la Iglesia lo que hacía falta, incluso me atrevo a pensar que en su alma vislumbraría la elección de un Pontífice.

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  23. Ya veo que la sacrílega línea thuc tiene demasiados seguidores, por desgracia.

    James Stuart, responderás de tus gravísimas acusaciones ante Dios, incompetente falsario. Sin conocer quién es el Padre Egregyi, lo desprecias y ridiculizas abiertamente. Intentaré que sea el propio Padre quien te responda, porque él sí tiene argumentos suficientes y de peso para hacerlo, mientras que yo soy un simple laico sin conocimientos de derecho canónico.

    La male fe es la tuya, que intentas acallar tu conciencia sembrando la confusión y atacando a quienes intentamos esclarecer este espinoso tema para la mayor gloria de Dios y el bien de las almas. Poseo varios escritos que el Padre Egregyi me dio que demuestran claramente que ante Thuc y sus adeptos sólo cabe el RECHAZO TOTAL, escritos del Profesor Gustavo Daniel CORBI (quien se basa a su vez en el estudio del P. Clarence KELLY “Tragedy and Travesty” en donde se desenmascara el origen totalmente espurio de las “órdenes” del seudo-obispo Pivarunas y el origen altamente dudoso de las “consagraciones” episcopales de Thuc) y del P. Francis FENTON, cuyo discípulo John Kenneth Weiskittel explica magistralmente como toda la línea Thuc es INVÁLIDA e ILÍCITA, y por tanto, SACRÍLEGA.

    Iré transcribiendo esos escritos aquí, aunque me temo que para ti será inútil, pues eres como esos tercos que se niegan a reconocer sus errores… peor para ti. Pero no quieras engañar y confundir a los fieles de buena voluntad. Carga tú con tu culpa y deja en paz a los demás, ya que tan listo te crees.

    Simón del Temple, esto no se trata de un asunto de opiniones, a Dios no se le engaña, y si se antepone la salvación de las almas a su Gloria, ya se está intentando alterar los fines últimos. La GLORIA DE DIOS exige que todo se haga conforme Él nos ha enseñado a través de Sus vicarios de nuestra santa madre la Iglesia. No nos compete a nosotros saber quién será o cuándo habrá un verdadero Papa, no. Si Dios quiere que estemos sin pastor, no podemos inventarnos obispos para que luego elijan un Papa. Eso es saltarse a la torera todos los cánones impuestos por la Iglesia. Pero Thuc y sus defensores están haciendo justamente eso. Y es un crimen execrable, un SACRILEGIO que clama justicia. ¿Acaso no se acuerda usted de San Hermenegildo, quien prefirió morir antes que recibir la comunión de manos de un arriano? ¡Prefirió su Fe a los sacramentos dudosos e inválidos!

    El buscar los sacramentos a todo precio es lo que parece mover a muchos thuquistas, pero son sacramentos para su perdición en lugar de producirles un bien. Puedo continuar sobre esto, pero prefiero tener la ayuda del Padre Egregyi para rebatir a los soberbios “ilustrados” como James Stuart. Iré publicando los escritos que él me proporcionó en cuanto tenga tiempo.

    Mientras tanto, sólo diré una cosa a los fieles de buena voluntad que sólo desean perseverar en su Fe y crecer en la Caridad: DESCONFIAD DE ESOS FALSARIOS QUE CREEN QUE VAN A SALVAR A LA IGLESIA ELLOS SOLOS. A DIOS NO SE LE PUEDE ENGAÑAR. LOS OBISPOS ORDENADOS POR THUC Y SUS SACERDOTES ADMINISTRAN SACRAMENTOS INVÁLIDOS E ILÍCITOS, POR LO QUE RECURRIR A ELLOS ES UN ENORME SACRILEGIO. ES MEJOR ABSTENERSE DE ESOS SACRAMENTOS POR AMOR A DIOS Y PARA SU MAYOR GLORIA. LA COMUNIÓN ESPIRITUAL ES UN ARMA VALIOSÍSIMA PARA NUESTRO TIEMPO, HERMANOS MÍOS. NO CAIGAMOS EN LA TENTACIÓN FÁCIL DE ACEPTAR LAS MENTIRAS QUE CIERTOS PERSONAJES QUIEREN DIFUNDIR. DIOS Y SU GLORIA ESTÁN PRIMERO QUE TODO LO DEMÁS.

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  24. Los sacramentos son necesarios para la salvación. Eso es dogma.

    Tres de ellos son absolutamente necesarios.
    Para las personas individuales el bautismo y la confesión después de haber cometido un pecado mortal. Para la comunidad el orden sacerdotal, pues sin el sacerdote no puede haber sacramentos, salvo el bautismo y el matrimonio.

    Así como está permitido en una situación de emergencia recibir el bautismo de cualquier persona, incluso de un no católico, y confesarse con cualquier sacerdote, incluso con un apóstata, es legítimo recibir la ordenación o la consagración sin el permiso de las autoridades eclesiásticas, teniendo en cuenta que ni existen ni van a existir en tiempo previsible, y – como ya dicho – las consagraciones y ordenaciones son absolutamente necesarias, incluso de un obispo no católico, en caso de no haber un católico.

    Aquellos que no aceptan el principio de necesidad y emergencia en el derecho canónico, no deberían ejercer el ministerio sacerdotal en caso de ser sacerdotes ordenados en forma “ilegal” por Lefebvre y los laicos “legalistas” no deberían asistir a las misas de estos sacerdotes “irregulares” o recibir de ellos los sacramentos.

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  25. “Los sacramentos son necesarios para la salvación. Eso es dogma.”
    A continuación lo dicho en el Concilio de Trento en la Sesión VII. Canon 4:
    “Si alguno dijere que los sacramentos de la Nueva Ley no son necesarios para la salvación, sino superfluos, y que sin ellos O EL DESEO DE ELLOS (AUT EORUM VOTO) alcanzan los hombres, por la sola Fe, la gracia de la justificación…sea anatema.”
    Respecto de lo último, muchos sacerdotes recibieron su ordenación de Mons. Lefebvre LÍCITA Y VÁLIDAMENTE ANTES DE LA CONSAGRACIÓN DE LOS CUATRO OBISPOS.

    “y los laicos “legalistas” no deberían asistir a las misas de estos sacerdotes “irregulares” o recibir de ellos los sacramentos.”
    Eso es lo que hizo SAN HERMENEGILDO, que prefirió sufrir el martirio antes de recibir la Comunión de un obispo arriano.
    En la divisa de una moneda acuñada por el príncipe se lee: HAERETICUM HOMINEM DEVITA.

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  26. Adeodato dice : 13 de enero de 2014 en 23:39

    El hecho que Thuc haya sido modernista y no entendía nada de nada de la actual situación no tiene importancia alguna, pues en esta situación de necesidad y emergencia se puede recibir la ordenación o la consagración de un no católico que no entiende nada de nada de la actual situación.

    Así como en caso de peligro para la vida es lícito recibir la absolución sacramental de un sacerdote apóstata y satanista no habiendo un católico.

    Por eso, las consagraciones de Mons. Carmona, Mons. Zamora y Mons. Gerard des Lauriers por parte de Thuc han sido válidas y lícitas.

    Sea dicho de paso la validez de un sacramento no tiene nada que ver con la licitud de su uso. Los sacramentos administrados por los herejes no son lícitos, por no tener el permiso de la Iglesia, pero si son válidos.

    Si el Padre Egregyi piensa que las consagraciones de Thuc han sido ilícitas, incluso inválidas, no debería practicar el sacerdocio, pues el mismo ha sido ordenado en forma ilegal por el hereje Lefebvre.

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  27. “Así como en caso de peligro para la vida es lícito recibir la absolución sacramental de un sacerdote apóstata y satanista no habiendo un católico.”
    No se puede en ese caso recibir la absolución de un no católico. La comunicatio in sacris está expresamente prohibida. Peto sí se puede recibir de alguien que carece de jurisdicción o que está excomulgado. Que me corrijan si estoy equivocado.

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  28. La “excomunión ” es una censura por la cual se excluye a alguien de la comunión de los fieles, con efectos propios y que son entre sí inseparables.
    La “comunión de los fieles” puede ser interna , externa o mixta.
    La interna consiste en la unión de los fieles con Cristo mediante la Gracia santificante y las virtudes, esto no lo puede romper la excomunión, pero desata el vínculo externo o mixto, tanto en el fuero interno como en el externo, privando de la comunión externa y de bienes sagrados cuya administración compete a la Iglesia. Es la más grave de las censuras eclesiásticas. También se llama anatema.
    Entre los excomulgados los hay vitandos y tolerados, según que a los demás fieles se les prohíba o se les permita tener cierto trato o comunicación con ellos. Ninguno es vitando si no ha sido excomulgado nominalmente por la Santa Sede y la excomunión haya sido públicamente proclamada y en el decreto se diga expresamente que se debe evitar al excomulgado. Entre los efectos de la excomunión, el excomulgado no puede recibir (lícitamente) los sacramentos, ni ser promovido lícitamente a las ordenes. Tampoco puede administrar ni dar ser a sacramentos o sacramentales, SALVO las excepciones mencionadas en los cánones arriba citados: 2261 y 2264.

    pregunto: ¿Mons. Thuc en cual categoría de estas entraría habiendo declarado la vacancia de la Sede y actuando como Obispo consagrando otros Obispos y procurando con ello obtener el doble fin de la Iglesia: dar gloria a Dios y salvar las almas? ¿Cuál sería -si hay- su “error” en hacerlo?.
    En ningún momento fue excomulgado, por tanto su ejercicio sacerdotal no estaba impedido por ningún canon ni ninguna censura. No se ve ilicitud habiendo declarado la vacancia, asi como tampoco se ve invalidez en sus consagraciones. La jurisdicción no podía otorgarla él, por tanto actuó como se debe actuar en los casos de extrema necesidad contemplado por las Leyes de la Iglesia. La confirmación en los cargos las deberá conceder o no un verdadero Vicario cuando lo haya, pero no se debe actuar hasta el infinito invocando el estado de necesidad para ampararse evitando actuar para elegir un Papa.

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  29. Simón del Temple dice:

    ” ¿Mons. Thuc en cual categoría de estas entraría habiendo declarado la vacancia de la Sede y actuando como Obispo consagrando otros Obispos y procurando con ello obtener el doble fin de la Iglesia: dar gloria a Dios y salvar las almas? ¿Cuál sería -si hay- su “error” en hacerlo?.
    En ningún momento fue excomulgado, por tanto su ejercicio sacerdotal no estaba impedido por ningún canon ni ninguna censura. No se ve ilicitud habiendo declarado la vacancia, asi como tampoco se ve invalidez en sus consagraciones. La jurisdicción no podía otorgarla él, por tanto actuó como se debe actuar en los casos de extrema necesidad contemplado por las Leyes de la Iglesia. La confirmación en los cargos las deberá conceder o no un verdadero Vicario cuando lo haya, pero no se debe actuar hasta el infinito invocando el estado de necesidad para ampararse evitando actuar para elegir un Papa.”

    Parece que Ud. SUPONE que Thuc consagró obispos sólo después de haber declarado la vacancia de la Sede.
    Pero esto no es así, antes de declarar la vacancia consagró obispos. Además dos obispos de su línea se alzaron con la jurisdición de dos diócesis que cubrían la totalidad del territorio USA. (In the United States one Thuc-ite bishop, Bishop Vezelis, claimed jurisdiction over the half of the U.S. east of the Mississippi; the other, Bishop Musey, over the half west of the Mississippi and also over Florida.). Parece que Thuc no dijo nada:
    …en 1982, hizo una declaración (fechada el 25 de febrero y publicada por primera vez en la revista alemana Einsicht) según la cual la Santa Sede estaba vacante.
    Por esa época concelebró la Sinaxis Conciliar el Jueves Santo con el obispo conciliar de Fréjus-Toulon (Francia), donde residía y obtuvo facultades de este obispo para escuchar confesiones en la catedral local.
    Antes de todo esto ya había realizado muchas consagraciones:

    … en 1976 “consagró” a Clemente Domínguez Gómez (quien posteriormente se convirtió en el “Papa” del Palmar de Troya, Gregorio XVII, y este último “consagró” literalmente a cientos de obispos);
    Mons. Thuc consagrando a Guérard des Lauriers en 1981
    Thuc consagrando al P. Guérard des Lauriers en Mayo de 1981
    ..en 1981 Thuc “consagró” al teólogo dominicano Michel-Louis Guérard des Lauriers; y en el mismo año 1981 “consagró” a dos mexicanos, Moisés Carmona y Adolfo Zamora; y a muchos otros también. Y Carmona “consagró” a George Musey en los Estados Unidos, quien posteriormente “consagró” a Louis Vezelis: y estos dos últimos cometieron juntos un acto de cisma cuando erigieron dos nuevas “diócesis”, [ ¿puestas bajo la obediencia de Thuc?]una que comprendía la mitad este y otra que comprendía la mitad oeste de los Estados Unidos y se asignaron a sí mismos una “diócesis” para cada uno. Con ellos se reunió en fecha incierta antes de su muerte en 1987 en USA, para organizar un cónclave en el que saldría elegido papa uno de los varios obispos de su línea o él mismo [véase información en Wikipedia] . En Francia además, Thuc “consagró” a personas realmente escandalosas, incluido un notorio homosexual.

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  30. Arca: Gracias por la aclaración, pero…es conveniente recordar que siempre que haya habido materia, forma, intención y ninguna clase de óbice en el que confiere el Sacramento o en el que lo recibe, siempre el Sacramento obra por su misma virtud (ex opere operato).El accionar posterior de haberlo recibido no empaña al Sacramento sino a la persona que lo ha recibido (ex opere operantis). Por eso citaba los cánones tan claros que expresan la mente de la Iglesia. Y en el caso de Mons. Thuc el Sacramento del Orden conferido a personas idóneas siempre que se hayan observado los requisitos necesarios, han sido válidos, y por lo que usted me dice, veo que en otros casos estaría afectada la licitud, e incluso la validez. No obstante las atribuciones posteriores de los consagrados, actuando como si tuvieran jurisdicción ordinaria, no es atribuible al Sacramento ni a su virtud sobrenatural, sino a la falsa concepción del poder inmóvil (el Orden) conferido, que la hacen extensiva al poder móvil (la jurisdicción) no conferida.
    En todos los casos, en condiciones normales, es otorgada por el Sumo Pontífice, pero en esta situación extrema de apostasía de la Jerarquía, ningún Obispo puede arrogarse ningún tipo de jurisdicción que no sea supletoria y hasta tanto se normalice o se restaure la Jerarquía. Yo acuso a los Obispos de haberse quedado en la cómoda indolencia, sin procurar subsanar de raíz el verdadero problema, que es la elección de un Sumo Pontífice, el único que tiene poder de confirmarlos, o no, en el cargo dándoles jurisdicción para ejercer el Episcopado. Cuanto más tiempo pase es peor, incluso algunos han llegado a decir que “el Papa no interesa”, o que “todavía no es tiempo para elegir al Papa porque en Roma hay materia convertible” (!).
    Al margen de las equivocaciones de Mons. Thuc, de las que se arrepintió (Palmar de Troya) considero que ha actuado católicamente al conferir el Sacramento del Orden, teniendo en vista el desvío en la Fe de la iglesia conciliar. Caso contrario al de Mons. Lefebvre que siempre consideró legítimas a las “autoridades” de Roma e hizo lo que le venía en ganas, dividió a la Tradición y generó un cisma, no obstante sus ordenados y consagrados serían válidos, pero imposibilitados de ejercer el ministerio por ilicitud, aunque en “peligro de muerte” un cristiano podría recurrir a ellos para recibir el Sacramento. Yo personalmente no recomiendo la asistencia permanente a sus templos y a sus misas, por peligro de acostumbramiento en el cisma, además de confirmar en el error asistiendo a sus ceremonias, que con la pretensión de honrar a Dios, lo ofenden.
    ¿Ve usted la NECESIDAD imperiosa de que haya un Papa verdadero?. Es el único que puede poner orden en todo este caos.

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  31. Muchas gracias por sus intervenciones, Arca. Todo esto yo ya lo sabía y lo tengo en varios documentos que el Abbé Egregyi me dio, pero a los simpatizantes de Thuc parece importarles poco. A ver si se enteran de una puñetera vez que la línea Thuc es INVÁLIDA e ILÍCITA, siendo el origen de constantes SACRILEGIOS. A los “iluminados” que intervienen por aquí tratando de justificar lo injustificable para tranquilizar sus conciencias ante su participación de los sacramentos administrados por esos herejes cismáticos, decirles que los católicos japoneses nos dieron un ejemplo heroico durante 300 años de cómo hay que conservar nuestra santa Fe incluso sin tener los sacramentos! La Gracia de Dios NO se agota con los sacramentos. Hay otros canales, otras vías extraordinarias por las que el Buen Dios nos envía su gracia, tales como la Comunión espiritual, el rezo del Santo Rosario, el uso de sacramentales…

    Desde luego, cualquier cosa antes que recurrir a sacramentos administrados INVÁLIDA e ILÍCITAMENTE, lo cual los convierte en SACRILEGIOS!!!!

    Para información de algunos, el Abbé Egregyi fue válida y lícitamente ordenado por Mons. Lefevbre en 1976, mucho antes de que éste consumara el cisma de las ordenaciones episcopales que le enfrentó a su “Papa JP2” y le valió la excomunión, por lo que ´de él (del Padre Egregyi) sí que NO HAY DUDA ALGUNA de la validez y licitud de su ordenación, y puede administrar perfectamente los sacramentos, cosa que no se puede decir de los thuquistas, una secta repleta de escándalos y contradicciones como no podía ser de otra manera teniendo a quien tienen como líder, Mons. Thuc, una persona variable y voluble como el viento, que un día se levantaba declarando la sede vacante y al otro día se arrepentía y se echaba a los pies del usurpador del Vaticano.

    Simón del Temple, tu “necesidad imperiosa” de que haya un Papa verdadero te lleva, como a tus compañeros thuquistas, a cometer y consentir tropelías en nombre de Dios y de la Iglesia (!?) No nos compete a nosotros este asunto, bastante tenemos ya con mantener la Fe en estos tiempos oscuros de apostasía y herejía por doquier como para meternos a buscar un nuevo Papa! CONSERVEMOS LA FE Y CREZCAMOS EN CARIDAD. SI NO TENEMOS PASTOR VISIBLE ES PORQUE DIOS ASÍ LO HA QUERIDO, PARA QUE BRILLE MÁS NUESTRA FE Y NUESTRAS OBRAS LO GLORIFIQUEN. ¿QUÉ MIEDO HEMOS DE TENER? DIOS ESTÁ CON NOSOTROS, NADA PUES HEMOS DE TEMER!

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  32. Adeodato :
    Gracias por tu comentario, pero te recuerdo que la Iglesia Católica es una Sociedad perfecta y visible, con un sistema de gobierno monárquico, querido y establecido por el mismo Cristo. Ya no se trata de resistir como los japoneses, porque en ese entonces la Iglesia estaba bien visible con su Cabeza, como Cuerpo bien organizado, pero hoy en día, y para seguir siendo católicos NECESITAMOS al que nos confirme en la Fe, nos UNIFIQUE y nos GOBIERNE, y la Iglesia se muestre como Cuerpo Místico organizado como ejército en orden de batalla, y no como pequeños grupúsculos peleados entre sí, cada uno con su propia visión. Jesucristo instituyó el Primado de San Pedro a perpetuidad y ha querido que SU Iglesia esté constituída de esa manera y no de otra. Es de Fe que San Pedro DEBE tener perpetuos sucesores y para eso la misma Iglesia, con autoridad divina, instituyó Leyes para que los católicos siempre tuviéramos y estuviéramos regidos y enseñados por Uno que representa a Cristo como Cabeza Visible, a través del cual el mismo Cristo, uniéndoselo por los vínculos del Vicariato, siguiera enseñando, gobernando y santificando a las almas.¿Por qué motivo los que tienen el grave DEBER de hacerlo, no lo hacen? ¿Por qué motivo los católicos no podemos EXIGIRLES a los Obispos Católicos que cumplan con su DEBER, para que sigamos reconociéndolos por católicos y no como una secta acéfala episcopaliana?
    Veo que no comprendes la magnitud del problema.
    Con respecto a Mons Thuc, digo, que lo que quería salvar escribiendo lo que escribí es la eficacia del Sacramento, al margen de los atropellos y falsas atribuciones que los ordenados hayan tenido, y lo diferencio con el actuar de Mons Lefevbre, que en apariencia muy ortodoxo y pulido, ha provocado un cisma de características monstruosas, por actuar “cojeando con los dos pies” como decía el Profeta Elías de los falsos profetas.
    Yo personalmente hace más de veinte años que no tengo Sacramentos, y sé perfectamente que Dios no se agota en ellos, que son canales ORDINARIOS de la Gracia, y tengo como modelos a los antiguos anacoretas que vivieron en el desierto sin misa ni sacramentos casi toda su vida, San Pablo ermitaño, San Antonio Abad, Santa Tais penitente, etc, hasta el mismísimo San Jerónimo que siendo sacerdote, no se atrevía a decir Misa. Pero esto no quita que deba luchar y trabajar en la medida de mis posibilidades, para que la Iglesia Católica tenga su Cabeza Visible, imprescindible como Cuerpo organizado contra la Apostasía generalizada y constituída en religión universal.

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  33. Adeodato: Me olvidaba decirte que no tengo “compañeros tuhquistas”, y no cometo ningún “atropello” contra la Iglesia, recordando cual es el DEBER de los cristianos, sobre todo de los Obispos, máxime en este tiempo de apostasía.
    Si no tenemos Pastor visible es porque no lo queremos tener, lo demás que me escribes de conservar la fe, etc, es un mero sueño melancólico. Cuando hay que pelear es traición bajar las armas. La Iglesia las tiene, solo hay que aplicarlas…y después de más de cincuenta años, la “prudencia” y la “paciencia” se están agotando. Los intentos de tener un Papa manifiestan que existen anticuerpos todavía, solo hay que aplicar correctamente los medios y la Leyes, que para eso existen.!!! No hay nada que temer!!!

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  34. Conviene siempre ver en las cosas de Iglesia el modelo Trinitario. “Si no tenemos Pastor es porque Dios así lo ha querido”, dice Adeodato. Ahora bien, Dios, como Trino en Personas y Uno en esencia, es inmutable en lo que conoce y quiere, porque lo conoce y quiere siempre, desde toda la eternidad. En la esencia divina no hay cambios. Sabemos que la Segunda Persona, por un decreto eterno en la Mente y en la Voluntad divina, en la plenitud de los tiempos se encarno en las entrañas vírgenes de Nuestra Señora. Jesucristo, el resultado de una Persona divina asumiendo una naturaleza humana completa, carece de persona humana, por tanto el querer y el obrar de Jesucristo, no puede -metafísicamente hablando- oponerse al querer y al obrar divino. Jesucristo, Dios hecho Hombre, fundó SU Iglesia y constituyó una Jerarquía cuya cúspide es el Papa, sucesor de San Pedro. Por tanto si este es el obrar de Jesucristo, este es el obrar de Dios, entonces si El ha querido que San Pedro tuviera perpetuos sucesores, y como su querer es inmutable, de ninguna manera podría querer que en algún tiempo no haya. Dios siempre quiere lo que El mismo ha establecido, por tanto si en algún tiempo no hay Papa, es debido a la falta de voluntad humana, no la de Dios.
    El amigo Adeodato con su afirmación opone Jesucristo a Dios, diferenciando lo que no tiene diferencia, y poniendo dos voluntades distintas.
    Insisto, la Iglesia tiene Leyes queridas por Dios, y quiere que los hombres las usen según SU Voluntad expresada en la fundación inconmovible de la Iglesia Católica, “fundamento de la Verdad para todos los siglos”.

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  35. Amigo Simón del Temple, te ruego que dejes ya de confundir al personal. Lo que Dios NO QUIERE bajo ningún concepto es que gente que es INVÁLIDA e ILÍCITA usurpe el título de Obispo. ¿Lo entiendes ya? La secta thuquista es un gran castigo para los pocos católicos de verdad que todavía quedamos en el mundo porque está haciendo cometer terribles SACRILEGIOS a un gran número de esos católicos apelando a la “imperiosa necesidad” de recibir los sacramentos a cualquier precio y vengan de quien vengan.

    Más les valdría a todos ellos hacer como tú haces, según has contado aquí, que sigues a los antiguos anacoretas del desierto. Muy bien hecho. Te felicito sinceramente y ruego por ti para que perseveres en tu santificación, porque ellos redundará sin duda en una mayor gloria para Dios Ntro. Señor. En estos tiempos de oscuridad y pérdida de referencias visibles, Dios nos llama al combate viril y no a la mediocridad y la acomodación culpable de nuestras conciencias mediante la recepción de sacramentos dudosos, y por tanto, inválidos e ilícitos. Dios nos llama a resistir fuertes en la Fe, a vivir de la sola Fe sobrenatural y al martirio espiritual. Así quedará de manifiesto que la salvación sólo viene de Él, Ntro. Señor Jesucristo, Quien en Su segunda venida aniquilará al Anticristo con el soplo de su boca. Y créeme, esos tiempos no están ya demasiado lejos…

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  36. Adeodato:

    Agradezco tus conceptos y trato de acomodar mi cabeza y mis decisiones con las “entrañas maternales” de la Iglesia. Reconozco que la Apostasía se ha valido de la ignorancia en la Fe católica de muchos cristianos, considero muchísima más culpabilidad en el Sacerdocio que no puede tener ignorancia invencible como para “tragarse la iniquidad” como lo han hecho y han hecho con su caída, sucumbir a muchos en la Fe…
    Pero, a ver, razonemos un poco, suponiendo que la descendencia de Mons Thuc fuera, en todos, inválida e ilícita, vamos no es que me lo crea, pero digo, supongamos. Pues bien, qué queda? ¿La fraternidad cismática de Mons. Lefebvre? Serían válidos, pero ilícitos, no? O sea que se podría recurrir a ellos -según enseña el Derecho Canónico en 2261, parágrafo 2 y 3- pues no media sentencia declaratoria que sean excomulgados vitandos, entonces los fieles podrían pedir cualquier Sacramento, máxime no habiendo otros ministros. Los ordenados en el cisma lefebriano son válidamente ordenados, pero no hay autoridad competente – léase Papa- que los acepte en el gremio de la Iglesia, entonces recurrir a ellos indiscriminadamente y de manera habitual, es como mínimo peligroso de contagio y acostumbramiento en el cisma. Por eso no es conveniente alentar a los fieles a que frecuenten sus Templos ni sus misas. Entonces, ¿ que queda? ¿el abbé Egregyi? Carga grande has puesto sobre sus hombros, Adeodato, pues DEBERIA recorrer la tierra entera para socorrer los pedidos de los fieles y enseñarles sus credenciales de UNICO sacerdote válido y lícito de la tierra. ¿No te parece un desatino lo que planteas? ¿Cuántos más habría, con credenciales de auténticos, digo? Me temo que esa postura intransigente tiene visos de extremismo. Eso no es católico. Sigo preguntando, ¿qué queda? Pues lo que queda es la Promesa de Jesucristo que la Iglesia -docente y dicente, o sea Jerarquía visible y fieles, no puede fallar. Y en el caso que no hubiera sobre la faz de la tierra más que el abbé Egregyi y algunos fieles, deberían darle a la Iglesia al Papa para que fueran confirmados en la Fe Católica, cosa que sin el Papa, Cabeza Visible de la Iglesia de Cristo es IMPOSIBLE.
    Deberías trabajar, Adeodato, escribir, hablar y convencer al abbé Egregyi y a los fieles que le siguen, a que lo haga, pues San Pedro DEBE tener PERPETUOS SUCESORES, y esto es de FE.
    Creo que el que está confundiendo “al personal” no soy yo.

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  37. Amigo Simón del Temple, tu “ansiedad” por que haya un Papa es peligrosa, te recomiendo que te tranquilices, porque es precisamente esa ansiedad y ese querer hacer las cosas a la manera humana lo que ha llevado a los thuquistas a cometer las barbaridades y los sacrilegios de los que tendrán que dar cuenta a su debido tiempo.

    Vamos por partes. En primer lugar, no entiendo ese ansia tuya. Mi contacto con la tradición católica viene del mundo tradicionalista francófono, que representa el grueso de la tradición en todo el planeta. Tanto en Francia como en los círculos tradicionalistas de Canada (principalmente en Quebec) te puedo asegurar que los fieles no tienen ninguna ansiedad por que aparezca un Papa, además de que la sacrílega línea Thuc apenas ha calado en ellos, a diferencia del mundo anglosajón. Conozco a muchos fieles allí que viven sin sacramentos y perseveran admirablemente en su Fe y en las buenas obras, santificándose a los ojos del Buen Dios. Si somos fieles a Dios, Él nunca nos abandonará y velará a cada momento por todos y cada uno de nosotros. ¿Por qué razón, pues, tendríamos que estar ansiosos o preocupados por no tener Papa? La terrible crisis espiritual que atravesamos, ¿no es acaso un castigo merecido del Buen Dios por la tibieza e indiferencia de nuestros padres y abuelos en materia de fe y educación religiosa?… El nefasto conciliábulo Vaticano II, ¿no es acaso un castigo a una humanidad descreída y rebelde, como ya advirtiera proféticamente Pío XII a finales de su papado al ver los inminentes desastres que se cernían sobre la Iglesia y el mundo?… ¿No llevamos vagando por el desierto más de 40 años como castigo merecido por nuestras transgresiones?… ¿Por qué vamos entonces a protestar contra el Buen Dios?… ¿Por qué nos obcecamos en buscar remedios humanos a algo que Dios ha querido, precisamente para probarnos y purificarnos por completo?… ¿Comprendes ahora, querido Simón, que todo cuanto ha sucedido ha sido porque Dios así lo ha querido para el bien de los que lo aman y la confusión de los malos cristianos?…

    Muchos católicos tradicionalistas de habla francesa llevan viviendo desde hace bastantes años a la espera de que se manifieste el Anticristo y se desencadene la gran tribulación anunciada en el libro del Apocalipsis. Cuando todo esto suceda, será un momento para regocijarnos y brincar de alegría!!! Sí, pues ello sólo puede significar una cosa: NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO ESTÁ YA A LAS PUERTAS!!!

    ¿Qué nos queda ahora? Desde luego, NO se puede recurrir a la cismática Fraternidad de San Pío X, la cual camina a grandes pasos hacia su anulación total con su absurda política de reconocimiento de la Roma apóstata y herética. Del mismo modo, la línea Thuc es tabú absoluto a causa de su invalidez e ilicitud. ¿Queda pues algún sacerdote?… Sí, quedan ALGUNOS SACERDOTES. Muy pocos, es cierto, pero aún quedan.

    ¿Quiénes son esos sacerdotes? Son sacerdotes ordenados por Mons. Lefebvre antes de que consumara su cisma. El Abbé Egreyi es uno de ellos. Él viaja incansablemente por todo el mundo para apacentar a fieles y familias que necesitan su dirección espiritual y los sacramentos. Su persona ha sido injustamente calumniada por gente que está celosa de él y no soporta que este valiente siervo de Dios se dedique a cumplir la misión para la que fue ordenado. También está el R.P. Feliciano Chávez Nolasco, de Méjico. Este sacerdote está encargado de administrar los sacramentos a dos grupos de fieles bastante numerosos, uno en Méjico y otro en Guatemala. Creo que en Francia podría haber unos pocos sacerdotes más, pero no sé si es recomendable recurrir a ellos. Tendré que preguntárselo al Padre Egregyi. Él conoce casi a la perfección a todos los grupúsculos que integran el amplio espectro de la tradición.

    Ya ves, Simón, que no estamos solos. Pero sobre todo, que nuestra fuerza y nuestra esperanza es JESUCRISTO, ayer, hoy y siempre. Me despido de ti encomendándote a los Sagrados Corazones de Jesús y María Santísima.

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  38. Adeodato:

    Se nota que tus intenciones son honestas. No quiero redundar en detalles, pero yo hace mucho que no tengo ansiedad, o por lo menos está bajo control. Tu descripción “mística” de la situación no está del todo mal, pero es todo un edificio no muy bien sustentado. La mística está subordinada e iluminada por la Fe, y la Fe Católica tiene un triple fundamento: Las Sacras Escrituras, la Tradición y el Magisterio. Ninguna de las tres debe faltar y es lo que constituye el Depósito de la Fe católica. La Teología es la reina de las ciencias y tiene por objeto entrar en el dato revelado hasta donde llegue la luz natural de la razón humana para hacer inteligible lo que se cree, pero no anula la Fe, sino se destruiría su objeto y dejaría de ser la ciencia de las cosas de Dios. El Magisterio, o sea la Iglesia que enseña siempre lo mismo y en todas partes, se sirve de la Teología como de instrumento para explicitar el Depósito y tiene una fuente infalible, que es el Papa, de manera que cualquiera que enseñe algo diferente, tiene quien lo juzgue sin ser El juzgado por nadie. Ahora bien ¿te parece que sería “ansiedad” después de más de cincuenta años sin la Roca, querer y hacer lo posible para que como Cabeza visible y viva haga brillar las luces de su Magisterio infalible, para que los cristianos podamos seguir a Jesucristo en Su Iglesia sien error, sin discordia, sin herejías, sin grupitos desparramados sosteniendo cada uno una opinión, dentro de un gran “salvese quien pueda y como pueda”. Sin la Cabeza visible la Iglesia es un Cuerpo monstruoso e irreconocible, justamente el Papa con su Primado de jurisdicción, es lo que detesta la Apostasía constituída en religión oficial. Es blasfemar contra Cristo no querer tener un Papa verdadero. Es un sueño la santificación personal no queriendo trabajar para que el que ha instituído Jesucristo nos unifique, nos gobierne y nos guíe. Sin el Papa la Iglesia es una nave a la deriva, sin timonel, y no trabajar para que haya uno, es señal de próximo hundimiento. El Magisterio enseña que cuando la sede está vacante es “el deber mas sagrado y urgente” que tienen los que están para eso. Sin el Papa, el Anticristo se frota las manos y se oye el eco de la carcajada de Satanás. Yo no quiero eso, es una cuestión de honor con Jesucristo. La “ansiedad” no existe.

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  39. Para que un sacramento sea válido tiene que haber forma, materia y un ministro que tenga la intención de hacer lo que la Iglesia hace.
    La falta de Fe o la vida inmoral del ministro o de aquel que recibe el sacramento no invalida el sacramento.

    Por eso todas las consagraciones de Thuc han sido válidas. En el caso de Mons. Carmona y Mons. Zamora han sido también lícitas, pues debido al estado de necesidad y emergencia en el cual nos encontramos es legítimo recibir la consagración sin el permiso del Papa no existente e incluso de un obispo dudoso.

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  40. Simón Del Temple dice : 18 de enero de 2014 en 0:41

    De acuerdo. Lamentablemente como pinta la cosa el estado de vacancia de la Santa Sede va seguir existiendo, hasta que Dios intervenga.

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  41. Tomás, veo con pesar que a vuestros sacrilegios añadís además el pecado de la pertinacia en el error, lo cual agrava vuestra ceguera y aumenta vuestra culpa. ¡Que Dios tenga misericordia de vosotros y os abra los ojos antes de que sea demasiado tarde y os castigue en su justo furor!

    Te vuelvo a repetir lo que el Abbé Egregyi escribe en su blog al respecto de la línea Thuc:

    “Todas estas “consagraciones” (las de los “obispos” thuquistas) se encuentran en completa oposición a la ley de la Iglesia, fundada sobre la inmutable ley de Dios, la cual ordena que las consagraciones sólo pueden ser realizadas por la Santa Sede o por un mandato, directo o indirecto, de la Santa Sede. (Son ejemplos de mandatos indirectos la autoridad delegada en el pasado por la Santa Sede a algunos patriarcas para que decidieran quién podía ser consagrado en su zona de jurisdicción.)

    Las leyes más importantes con respecto a esta cuestión en el Código de 1917 son:

    Canon 953: “La consagración episcopal está reservada al Romano Pontífice de tal manera que ningún obispo puede lícitamente consagrar a otro si primero no le consta el mandato pontificio.”

    Canon 2370: “El obispo que sin mandato apostólico consagra a otro obispo, en contra de lo que dispone el canon 953, está suspendido por la misma ley (es decir, automáticamente) hasta que la Santa Sede otorgue una dispensa, y el mismo principio se aplica a los obispos asistentes en la consagración, o a los presbíteros reemplazantes, y también al que recibe la consagración.” Además el canon 2370 fue completado el 9 de abril de 1951, por el decreto siguiente promulgado por el Santo Oficio:

    “Un obispo, de cualquier rito o dignidad, que consagra al episcopado a alguien que no ha sido nominado ni expresamente confirmado por la Santa Sede, y la persona que recibe la consagración, automáticamente incurren en excomunión muy especialmente reservada a la Santa Sede, siendo aplicada esta pena incluso si ellos están coercionados por un grave temor (cf. canon 2224/3/3). Este decreto es efectivo a partir del día de su promulgación.”

    Una cuestión importante es si en alguna ocasión puede considerarse lícito ser consagrado obispo, incluso en una grave EMERGENCIA, sin el permiso del Papa y contradiciendo las leyes de la Iglesia.

    Mientras que durante una emergencia es posible invocar la EPIKEIA, de ninguna manera existe la certeza, de que se la pueda invocar para conferir las órdenes sagradas y las menores, es mucho más discutible, por lo menos, saber si el mismo principio podría aplicarse a la consagración de un obispo. El Concilio de Trento ha insistido en que los obispos no son lícitos si no han sido designados por la autoridad legal de la Iglesia (Sesión 23, capítulo 4, canon 7) y, por esto, parece indiscutible que la ley divina se encuentra implicada en este asunto; y la ley divina, incluso en una situación extrema, no puede ser omitida jamás.

    Con respecto a los obispos “consagrados” por Thuc y sus “descendientes”, no sólo es cierto que sus consagraciones son ilícitas, sino que existe además una duda acerca de la validez de sus consagraciones. Esto se debe a que el mismo Guérard des Lauriers reconoció que Thuc había hecho cambios en el ritual de consagración, omitiendo varias partes. Los pasajes reconocidos como omitidos no son esenciales para la validez, y por eso, no se puede estar seguro de que la consagración fue inválida; pero una vez que se está consiente de que se ha cambiado el ritual de los sacramentos, nadie puede jamás estar completamente seguro de lo que hizo el ministro de los sacramentos ni de lo que podría haber pasado en otras consagraciones de las cuales no hay ningún registro disponible. Esto ocurre especialmente en el caso de Thuc quien, de acuerdo con fundada evidencia, estaba mentalmente senil y no poseía su juicio intacto. Hay fundamentos, entonces, para dudar de la validez de las Ordenes de todos los obispos descendientes de Thuc.”

    En cuanto el Padre Egregyi regrese de un viaje que ha hecho a Francia para administrar los sacramentos a unas familias de allí, le pediré que intervenga en este blog para que explique personalmente por qué NO podemos recurrir a la sacrílega línea Thuc, por el bien de muchos fieles que tienen derecho a ser informados honestamente antes de cometer algún pecado grave del cual tengan que arrepentirse el resto de sus vidas.

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  42. Adeodato: A pesar de tus esfuerzos, la cosa no está clara. El que puede y tiene autoridad para dirimir esta cuestión NO EXISTE. El abbé Egregyi NO ES el Papa. Aunque tenga toda la mejor intención, incluso con el Derecho Canónico en la mano, sigue siendo una opinión más dentro de un abanico de interpretaciones. El tiene tanta autoridad como cualquiera que opine lo contrario, también con el Derecho Canónico en la mano. La Sede está vacante, por tanto tu opinión, o la mía, o la del abbé, o la de Williamsons, o la de “Pirulo”, están todas en el mismo plano. La falta de criterio común no es atribuible a mala fe, sino a la ausencia de autoridad, y así seguiremos…pero no hasta que Dios quiera, porque lo que quiere está claramente manifestado, sino hasta que los hombres recapaciten que sin el Papa, la nave de Pedro va a la deriva. No sé por qué resulta tan difícil subordinar las propias interpretaciones para no cumplir el DEBER de obedecer la voz del Magisterio, que es la voz de Cristo, cuando dice que elegir un Papa es lo más “sagrado y urgente”, pues no tener al Vicario de Cristo es enredarse en las mil interpretaciones privadas y opuestas. Nadie puede arrogarse la autoridad de desacreditar otra opinión, fundamentada y coherente, sin el juicio final del Sumo Pontífice. ¿Te das cuenta? Yo considero al abbé Egregyi inteligente, pero falto de las “entrañas maternales” de la Iglesia, como ha hecho, por ejemplo en otros tiempos con los ordenados en el cisma, pero el que los aceptó al gremio de la Iglesia fue el Papa, que es el UNICO que tiene la última palabra y su juicio es definitivo. ¿Por qué no quieren un Papa? Sin El la Iglesia -máxime después de tantos años de indolencia y de propios juicios-no es otra cosa que grupitos desparramados con libre interpretación, al estilo protestante, de la Escritura, de la Tradición, del Magisterio y de las Leyes!!!! Agradezco que quieras hacer intervenir al abbé en esta disputa, pero no dejará de ser más que otra opinión y tan válida como la mía.

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  43. Adeodato

    19 de enero de 2014 @ 10:39

    Canon 953 CJC no es de derecho divino, sino eclesiástico. Es decir, en caso de necesidad y emergencia, aplicando epikeia, se los puede violar.

    Los sacramentos no necesarios para la salvación. Eso es dogma.

    El bautismo y la confesión, después de haber cometido un pecado mortal, son absolutamente necesarios para la salvación de los individuos.
    El orden sagrado no es absolutamente necesario para la salvación de aquél que es ordenado o consagrado, pero si para la comunidad. Eso lo puede leer en cualquier teología dogmática. Por ejemplo, en la de Ott.

    Así como es lícito recibir el bautismo o la absolución en un caso de emergencia de un no católico, se puede violando la disposición canónica arriba citada, la cual – repito – no es derecho divino, sino eclesiástico, recibir la consagración, incluso de un ministro no católico.

    En el caso especial de Mons. Thuc se agrega el hecho que este Arzobispo tenía el permiso de Pío XII de consagrar sin el mandato o el permiso del Papa. Es decir que, incluso desde un punto de vista “legalista”, Mons. Thuc actuó lícitamente.

    Si el Padre Egregyi es tan “legalista” y no admite el estado de emergencia y el principio de epikeia como justificativo para violaciones formales del CJC, tendría que ser coherente y no ejercer el sacerdocio, pues también el fue ordenado en forma “ilegal” por Lefebvre.

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  44. Simón Del Temple

    19 de enero de 2014 @ 11:43

    Todos lamentan que no haya el Papa, pero en realidad (casi) nadie lo quiere, pues tendrían que someterse y se les habría acabado la “buena vida”.

    Por ese motivo, todos los intentos de elegir el Papa han sido estériles y como pinta la cosa lo van a ser en el futuro.

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  45. Tomás:

    Los futuros contingentes son infinitos. No se puede saber -sin revelación especial- lo que pasará mañana. Se pueden prever situaciones, que es lo que hace la Iglesia en su Magisterio y en sus Leyes, al punto que los católicos podemos descubrir en situaciones extremas, la falta de oposición en la mente del Legislador para actuar de una determinada forma sin violar lo establecido en la Ley. Pues bien, en mi caso particular y sin saber qué pasará mañana, ni tampoco haber recibido ningún tipo de revelación privada del futuro inmediato, lo que tengo que hacer es lo que DEBO hacer, o sea, viendo que el Vicario de Cristo es prioridad en la mente de la Iglesia, aunque no tenga certeza que mis reclamos tengan solución, no puedo en conciencia sino alzar la voz para que en los que recae el DEBER INELUDIBLE de hacerlo, lo hagan. “Donde está el Papa está la Iglesia y donde está la Iglesia está Cristo”, por tanto, ¿dónde está la Iglesia si no hay Papa hace más de cincuenta años? ¿Y Cristo dónde estaría si no hay Papa, que es el instrumento visible de Su presencia para seguir hablando, gobernando y santificando a las almas? ¿Es que la “confirmación en la Fe” mandato exclusivo dado a San Pedro, así nomás Jesucristo se lo “saltearía” para confirmar El mismo? ¿Dónde lo dijo? Y si seguimos sin Papa, ¿quién podrá resistir? Sin Pastor el rebaño se pierde.

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  46. Es evidente, que el tal ADEODATO, es una persona laica, que pretende asumir actitudes pontificias y declaraciones dogmaticas, sobre quien es Obispo, y quien no lo es….es aberrante y anticatolico todo lo que expresa en sus escritos. No es prudente, a un buen catolico escucharle, sin correr el riesgo de ser confundido, por esta persona.

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