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RESPUESTA A UN COMENTARISTA CARISMÁTICO


Ha habido un comentario en el blog- en el post Movimientos Carismáticos 2- que ha quedado sin respuesta. Es el siguiente:

NUNCA HE VISTO NINGUNA DEFORMACIÓN DE DOCTRINA, TODOOO LO CONTRARIO, EL BLOGUERO QUE ESCRIBE DEBERÁ RENDIRLE CUENTAS A DIOS POR EL DAÑO QUE LE HACE A LA IGLESIA, DEJÓ DE SER CATÓLICO , DESDE EL MOMENTO QUE NO ACEPTA AL PAPA. QUÉ DIOS LO PERDONE, DA LÁSTIMA ; PERO DE ESTE TIPO DE ACTITUDES YA ESTAMOS PREVENIDOS MUCHOS CATÓLICOS, NO VALE LA PENA DARLE PALCO, APENAS NOS DIMOS CUENTA…MMMmmm ¡¡ YA !!, NO PODÍAMOS CREER QUE UNA PERSONA DE IGLESIA HICIERA ESTE TIPO DE ESCRITOS, ¡¡ LE HACEN FALTA LAS ORACIONES DE LIBERACIÓN DE LOS LLAMADOS CARISMÁTICOS !!…MÁS BIEN PEDIR LA INTERCESIÓN DEL SACERDOTE EMILIANO TARDIF, HOY EN PROCESO DE BEATIFICACIÓN….. “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. “El que no está a favor Mío, está contra Mí; ..MT. 16:30, CATÓLICO LES HACEMOS UN LLAMADO MUY SERIO, NO SE DEJEN ENGAÑAR, EL LEÓN RUGIENTE BUSCA A QUIEN DEVORAR…¡¡ VIVA EL PAPA FRANCISCO !!, ¡¡ GRACIAS SEÑOR POR TU IGLESIA Y LA JERARQUÍA QUE TU ESPÍRITU SANTO NOS HA REGALADO !!, ¡¡ VIVA LA SANTÍSIMA VIRGEN, ESCUDO Y CAMINO SEGURO PARA COMBATIR IDEOLOGÍAS FALSAS, FUNDAMENTALISMO , HEREJÍAS, …..ORAR MUCHO POR USTEDES HERMANOS ESPERADOS….MUCHOS PENTECOSTALES ESTÁN LLEGANDO A NUESTRA IGLESIA…¿ PRIMERO QUE UDS. ?, ¡¡ VIVAN Y SE MULTIPLIQUEN MUUUCHOS MOVIMIENTOS ECLESIALES !!.- UNIDAD EN LA DIVERSIDAD.-

Éste último comentario siguió a otro más antiguo del mismo tenor y que tampoco recibió la respuesta adecuada:

Totalmente en desacuerdo con estos articulo se nota que como en todo se saca basura para cuando se quiere ir contra la iglesia por que cuando no se ha vivido ni sentido esta renovación no se puede hablar. solo el que lo vive es el que puede reconocer que Dios y la Virgen están presente en la católicos carismáticos y lo único que ha hecho la renovación Católica es decirle al mundo que Dios esta vivo y que no es solo verbo como anteriormente estaba solo era un nombre al que todos le temían. Dios es amor, y nos enseñan que la Santísima virgen hay que honrarla, los cristianos protestantes no hacen esto no reciben el cuerpo de Cristo solo lo que haces es comparar una galleta con la santísima hostia adicional aunque en la renovación carismática hallan hermanos que lleven la palabra de Dios , solo un sacerdote puede elevar la comunión por que así quedo escrito en la palabra de Dios,hay que investigar mÁs del tema antes de hablar bobadas y saber discernir la sagrada Biblia.

Estos dos comentarios tienen la característica de que quienes los escriben creen estar en posesión de la doctrina católica. Reaccionan al artículo que comentan como si estuvieran defendiendo a la Iglesia Católica de enemigos, que serían los autores de los artículos expuestos en el blog y al editor que los ha publicado. Ahora bien, la simple verdad es que lo que defienden nunca ha sido ni doctrina, ni práctica de la Iglesia. Y además está en oposición a la Escritura, a la Tradición y a la doctrina y práctica de los Santos. Como se ve la inversión es total. Refleja la triste situación actual en la que algunos movimientos- éste no es el único- se han adueñado de la Iglesia, alentados por una jerarquía que en gran parte ha caído víctima de ellos y de la herejía que  ellos preconizan.

Creo que como respuesta bastará que el lector conozca los siguientes artículos, uno de los cuales-el primero- es aquél en que ellos comentan. Se han publicado ya en el blog pero ahora los refundo con algún otro más (sobre Medjugorje y su carismatismo) y de los que ofrezco también un documento PDF de todo el post.. Con todo a ellos, por lo visto, no les ha hecho mella la abundancia de razones teológicas y citas escriturarias y exegéticas. Una muestra más de la infección que les corroe y no sólo a ellos sino a innumerables católico  que, en estos aciagos día, carecen de un pastor y de una autoridad jerárquica que les saque del error y de la corrupción de la Fe y moral que les domina. Incluso, el primero amonesta al bloguero por el daño que hace a la Iglesia y le amenaza con el juicio de Dios ante quien debe rendir cuentas. No se da cuenta que en ese juicio él mismo deberá rendir cuentas de su apostasía. Espero que se dé cuenta a tiempo de que no le valdrá entonces nada el haber sido fiel seguidor del papa Francisco, a quien vitorea. Éste último tambien deberá encontrarse un día ante el juicio de Cristo, quien le pedirá cuentas de la labor de destrucción de la Iglesia a la que tantos, como este comentarista, siguen con los ojos cerrados y ayudan en la labor.

Descargar DocumentoPDF del dossier completo con esta introducción

1º Artículo:

MOVIMIENTOS CARISMÁTICOS

Soy responsable de la Renovación Carismática en Argentina y por eso  los quiero tanto.” ( Mensaje del Papa Francisco a la Asamblea Carismática de Rímini el 27 de abril de 2013). Cita del artículo deJohn Vennari: El Papa Francisco,  los pentecostales y la Acción Interreligiosa  (Véase la entrada Sobre el cielo y la tierra)

Documento 1 PDF

Esta falsa forma de piedad no es nueva en la Iglesia, ya que bajo otros nombres se dio ya en el siglo I, arrastrando a muchos cristianos hacia el gnosticismo. Con distintas características externas se reiteró a lo largo de los siglos, en especial con los movimientos cátaros y albigenses y renació en el protestantismo a fines del siglo XIX. Hoy tiene una presencia de peso en la iglesia conciliar. De allí la necesidad de recordar la doctrina y esclarecerse sobre los hechos que se invocan como “sobrenaturales”, para no caer ingenuamene en un engaño peligrosísimo para la Fe y la piedad.

HISTORIA DEL MOVIMIENTO CARISMÁTICO Y DELIRIOS DE LOS CURAS SANADORES

De SISI NONO

1. Parte: El Movimiento Carismático

1.1. Introducción

Sacerdote católico impone las manos en una ceremonia (¿Misa?) litúrgica

El pentecostalismo es una herejía que ha logrado infiltrarse en la Iglesia con el fin de debilitarla desde el interior. Va de la mano del modernismo, y también lo refuerza; los dos movimientos proce­den de igual manera y se apoyan recíprocamente en este trabajo de demolición. Ahora bien, si el modernismo intenta destruir la Iglesia en cuanto a la doctrina, el pentecostalismo lo hace en cuanto al culto. Ambos se disfrazan con piel de oveja; por eso su terminología es muy similar a la católica. Con palabras piadosas y su proceder externo pueden engañar incluso a las personas más cautas, y por ello es preciso escudriñar bajo ese ropaje: para desenmascarar a los lobos rapaces que se esconden en su interior.

El pentecostalismo es un movimiento subversivo controlado y cuidadosamente dirigido por los enemigos ocultos de la Iglesia con el fin de llegar a su ruina total. Promete a sus adeptos la plena experiencia del Espíritu Santo que tuvieron los Apóstoles el día de Pentecostés, junto con algunos de los dones externos que recibie­ron, especialmente los de lenguas, curaciones y profecía.

A esta extraordinaria expe­riencia la llaman Bautismo del Espírituque dicen transmitir y recibir con la imposición de las manos, al estilo de otros ritos de nuestra Santa Madre Iglesia.

Los adjetivos pentecostal y carismático indican perfectamente el carácter de este movimiento: pentecostal se refiere a la plenitud del Espíritu Santo recibido en el primer domingo de Pentecostés, mientras carismático alude a los carismas, o dones extraordi­narios que acompañaron al don del Espíritu Santo en aquel día.

"Después de que se hubiese orado, lo primero que se me ocurrió fue arrodillarme, lo que es un gesto muy católico, para recibir su bendición  y la oración de las siete mil personas que estaban  presentes" "¿Cuál es el problema?

“Después de que se hubiese orado, lo primero que se me ocurrió fue arrodillarme, lo que es un gesto muy católico, para recibir su bendición y la oración de las siete mil personas que estaban presentes” “¿Cuál es el problema?

A partir de esta terminología es que muchas personas se engañan, porque entienden que el movimiento pretendesimplemente ofrecer plegarias especiales e intensificar la devoción a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad; si estos fines, y los efectos consecuentes, fuesen verdaderos, sobrepasarían con mucho los producidos por los siete Sacramentos instituidos por Jesucristo.

Pero esto no es así; las pretensiones de este movimiento transitan otros caminos, como veremos, por lo que el Movimiento Carismático y la Iglesia Católica no pueden estar de acuerdo. Como demostraremos en este trabajo, si la Iglesia es verdadera, entonces el pentecostalismo es falso, y al revés, si el pentecostalismo es verdadero, la Iglesia Católica es falsa;pero como la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana no puede ser falsa, se sigue que el pentecostalismo es falso y debe rechazarse, no sólo como un movimiento eclesial, sino como una especie de secta, de pseudorreligión, que —lamentablemente— está infiltrada en el mismo seno de la Esposa de Cristo.

Es menester examinar el movimiento desde distintos puntos de vista; al hacerlo, será imposible evitar repeticiones que, sin embargo, nos ayudarán a tener una idea lo más completa posible de este movimiento que toca los fundamentos mismos de la piedad cristiana.

1.2. Una construcción sobre arenas movedizas

Doctrinalmente, el movimiento está construido sobre arenas movedizas. En efecto, cualquiera que intentase analizarlo a la luz de la enseñanza infalible de la Iglesia y de su tradición auténtica, se encontraría frente a algo inasible.

El movimiento afirma fundarse en la experiencia personal y encontrarse bajo la inspiración directa del Espíritu Santo, cosas ambas que nadie puede controlar, y que los adeptos de esta organización se ocupan de hacer indemostrables, a partir de considerar esa inspiración y esas experiencias como incuestionables, por el mismo hecho de afirmarlas, transmitirlas y difundirlas. Además, como dicen los carismáticos, un movimiento tan lleno de vida no puede definirse y contenerse en los límites de fórmulas doctrinales; de ahí se sigue que el Movimiento Carismático no posee una doctrina sólida, sino sólo vagas afirmaciones, referencias inconsistentes al Nuevo Testamento, y formulaciones provisionales. En suma es una sombra evanescente.

Sus mismos jefes lo admiten. “Orientaciones teológicas y pastorales sobre la renovación carismática católica” es uno de los documentos más importantes del movimien­to. Fue preparado en Malinas, Bélgica, del 21 al 26 de mayo de 1974 por algunos “expertos” internacionales, bajo la guía del Cardenal León Suenens, que —como nos informa el documento— “tuvo parte activa en la discusión y formulación del texto(Prefacio). También se dice que “el documento no es exhaustivo y se requieren ulteriores estudios (…) esta afirmación representa una de las ideas más repetidas (…) el texto se presenta como una tentativa de respuesta a las principales preguntas que suscita el movimiento carismático” (Prefacio). En otras palabras, los autores no saben qué es lo que son: “ciegos guías de ciegos” (Mt. 15,14)

Cuando pasamos al texto, nos tropezamos con multitud de afirmaciones vagas, medias afirmaciones, intentos de respuestas y opiniones. A duras penas se hacen algunas distinciones; sin embargo las distinciones son justamente la base y la fuente de cualquier argumento teológico; sin ellas es imposible distinguir lo verdadero de lo falso, o la mera opinión, o una hipótesis, de la doctrina segura.

Tómese, por ejemplo, el pasaje de la página 21 titulado: “La experiencia religiosa pertenece al Testimonio del Nuevo Testamento”, donde se afirma que:

“La experiencia del Espíritu Santo es la contraseña de un cristiano y, en parte, con ella los primeros cristianos se distinguían de los no cristianos. Se consideraban representantes, no de una nueva doctrina, sino de una nueva realidad: el Espíritu Santo. Este Espíritu era un hecho vital, concreto, que no podían negar sin negar que eran cristianos. El Espíritu les había sido infundido y lo habían experimentado individual y comunitariamente como una nueva realidad. La experiencia religiosa, es preciso admitirlo, pertenece al testimonio del Nuevo Testamento: si se quita esta dimensión de la vida de la Iglesia, se empobrece la Iglesia”.

Sería difícil juntar en un párrafo tantas verdades, falsedades y medias verdades.

El texto es escurridizo, suena como algo piadoso y, para el ignorante, también con­vincente; pero en realidad es falso.

Es falsa la afirmación de que “los primeros cristianos se consideraban representan­tes no de una nueva doctrina, sino de una nueva realidad: el Espíritu Santo”. La verdad es que Cristo envió a los Apóstoles a enseñar a todas las gentes. Ahora bien, enseñar es, ante todo y sobre todo,aceptar y transmitir una doctrina; la experimentación es algo muy subjetivo y por lo mismo sujeta a ilusiones o falsas sensaciones.

La “tesis de la experiencia y de la Fe” es la tesis de Lutero, no de Cristo, que vino “a dar testimonio de la Verdad” (Jn. 18, 37) y que nos ha enseñado una doctrina bien definida respecto del Padre, de Sí mismo y del Espíritu Santo; de su Iglesia, de los Sacra­mentos, etc. Él exigía que su enseñanza fuera aceptada con fe, “el que creyere y fuere bautizado, se salvará; pero el que no creyere, se condenará” (Mc. 16, 16).

San Pablo escribió con duros reproches a los Gálatas (1,8), porque se habían desviado de su primitiva enseñanza y les decía que si él mismo o un ángel les predicase una doctrina distinta de la que les había predicado al comienzo, debía ser considerado anatema. Los apóstoles y los primeros cristianos estaban muy interesados en la doctrina, y muy poco en el sentimiento y en la experiencia.

El resto del párrafo y todo el capítulo que trata de Fe y Experiencia son una obra maestra de confusión. Tómese por ejemplo este pasaje:“el Espíritu Santo fue infundi­do sobre ellos y fue experimentado por ellos individual y comunitariamente como una nueva realidad”Esto implicaría, aunque los autores se cuidan de no comprome­terse con una afirmación categórica, que todos los cristianos de la era apostólica reci­bieron la efusión del Espíritu Santo y tuvieron la misma experiencia que los Apóstoles en el día de Pentecostés, con los mismos fenómenos místicos y milagros. Pero esto es falso: no hay nada en el Nuevo Testamento, en los escritos de los Padres, o en la enseñanza oficial de la Iglesia, que nos diga que sucedió así.

El Nuevo Testamento, es verdad, narra casos particulares en los que el Espíritu Santo descendió de manera extraordinaria sobre algunos de los nuevos cristianos, pero fueron casos raros y aislados. Incluso en el primer día cuando fueron bautizadas tres mil personas (Hch. 2, 41-47), los primeros convertidos de la Iglesia, no hay indicios de que se produjera algún milagro entre ellos, sino solo la conversión. Es más; estaban atemorizados porque veían a los Apóstoles realizar prodigios y milagros; y si tenían temor es porque esas maravillas eran desacostumbradas y sólo realizadas por los Apóstoles.

Además las palabras susodichas confunden dos cosas distintas: la íntima paz y alegría, que son propias de un verdadero cristiano (paz y alegría que sobrepasan todo sentido y humana comprensión y que nadie puede arrebatarle), con la experiencia extraordinaria y mística, con carismas maravillosos, concedida a los Apóstoles el día de Pentecostés y a algunas almas privilegiadas a lo largo de los siglos.

Ocasionalmente Dios concede tales dones divinos a los hijos de los hombres, pero en ningún modo se deben al hombre, ni han sido prometidos a todo cristiano, ni son necesarios para santificarse.

1.3. Antecedentes y orígenes del pentecostalismo

Hoy día la Iglesia está siendo criticada tácitamente en muchas de sus auténticas enseñanzas, sobre la base de lo que la gente cree “nue­vas” intuiciones y “nuevas” doctrinas. En realidad no son nuevas, sino simplemente viejos errores revestidos con nuevas vestiduras, nuevas sólo para aquellos (y son legión) que han olvidado el conocimiento del pasado. El Antiguo Testamento afirma que “no hay nada nuevo bajo el sol” (Qo 1,9)Nada; ni siquiera el pentecostalismo.

Sería interesante esbozar el origen, el desarrollo y el carácter de las herejías que desarrollan estos nuevos movimientos, pero esto nos llevaría demasiado tiempo. Sin embargo, hay una cosa común a todas ellas: sus fundadores y seguidores sostienen tener intuiciones especiales bajo la enseñanza e inspiración del Espíritu Santo.

En el tiempo de San Pablo había hordas de falsos profetas, que merodeaban afirman­do hablar bajo la inspiración o en nombre del Espíritu Santo y perturbaban a las comunidades cristianas de reciente fundación. Después vinieron los gnósticos y fueron los primeros herejes ofi­ciales; se relacionaban con los Apóstoles, y San Juan escribió su Evangelio para poner en guardia a los cristianos contra sus falsas doctrinas.

Un tipo particular de pentecostalismo apareció en el siglo II; lo fundó un tal Montano, que afirmaba hablar bajo la inspiración del Espíritu Santo. Él y sus seguidores soste­nían poseer la plenitud del Espíritu Santo y sus carismas; en particular, afirmaban po­seer, como sus émulos modernos, el don de curaciones, de profecía y de lenguas. Sus seguidores fueron innumerables, lo mismo que hoy son innumerables las víctimas del pentecostalismo; y también como hoy, entre sus víctimas hubo algunas situadas en puestos altos de la Iglesia y con capacidades intelectuales poco comunes. El mismo Tertuliano, que escribió brillantemente sobre la Iglesia Católica y la defendió contra sus enemigos, finalmente cayó víctima del montanismo, se separó del Papa y fundó su propia secta.

Los siglos XII y XIII conocieron multitudes de activos puritanos que se jactaban de tener una especial iluminación del Espíritu Santo;como los modernos pentecostales, viajaban sin parar de un sitio a otro, predicando su propio evangelio. Algunos sobrevi­ven hoy, otros no han dejado seguidores; podríamos citar los albigenses, los valdenses, los cátaros, los pobres de Lyón, etc. Todos fundamentaron sus creencias y prácticas extrañas en su interpretación particular, distorsionada y separada del Magisterio, de las Sagradas Escrituras, e intentaron menoscabar y en lo posible destruir a la Iglesia Católica.

luteroPero fue a Lutero a quien correspondió arrebatar a la Iglesia naciones enteras. Lutero, un desviado sacerdote católico, sostenía que él y sus seguidores poseían “la plenitud del Espíritu Santo”, a la vez que la negaban de los Obispos, de los Papas e incluso como sostén e iluminación de los Concilios Ecuménicos. De ahí que el protestantismo, por su misma naturaleza, llegó a ser la cuna y el terreno de cultivo del moderno pentecostalismo.

El moderno movimiento carismático o pentecostal, de hecho, nació del Protestantismo en Carolina del Norte (Estados Unidos); la fecha oficial de nacimiento fue el año 1892; sus fundadores fueron el Rev. R. G. Spurling y el Rev. W. F. Bryant, pastor bautista el primero, y pastor metodista el segundo. El movimiento fue bien recibido por otras comunidades de signo protestante contemporáneas a ellos.

Estos pentecostales afirmaban poseer la misma plenitud del Espíritu Santo que los Apóstoles recibieron el día de Pentecostés, junto con algunos carismas también otorgados a los Apóstoles en esa ocasión, en particular los dones de profecía, curaciones y lenguas. Como el resto de sus hermanos protestantes, afirmaban que el Espíritu Santo interviene directamente en la interpretación personal de la Sagrada Escritura. Rechazaban también todos los dogmas, porque sostenían que el Espíritu Santo inspira directamente a los fieles lo que es necesario creer para la salvación; de allí que en el movimiento no hubiera lugar para ningún tipo de magisterio, porque la piedad cristiana era vivida en forma personal, sin guías jerarquizados pero de manera entusiástica, incluso con emotividad y exaltación extremas.

Era esperable que un movimiento de este género se resolviera en el caos. Esto habría debido abrir sus ojos y hacerles cambiar de camino, porque el Espíritu Santo no produ­ce el caos; en cambio, los pentecostales protestantes explicaron el fenómeno diciendo que la confusión era inevitable en un movimiento vivo y en expansión. Una mirada a los organismos vivos en torno a nosotros les habría debido enseñar que la vida sana se desarrolla armoniosamente y produce cosas buenas, mientras la vida que se desarrolla caóticamente no puede producir más que monstruos y abortos de la naturaleza.

La Iglesia Católica juzgó el movimiento por lo que era, y en el segundo Concilio Plenario de Baltimore (Estados Unidos) los obispos católicos pusieron en guardia a los fieles para no prestarle ningún tipo de adhesión. Prohibieron a los católicos incluso estar presentes, aun por mera curiosidad, en los llamados encuentros de oración.

La Iglesia, sin embargo, no conoció un movimiento así en su interior por siglos, y los católicos se libraron del contagio hasta 1966, cuando llego a la Iglesia por medio de dos laicos, ambos profesores de Teología en la Universidad de Duquesne en Pittsburg Pennsylvania(Estados Unidos). Se llamaban Ralph Keifer y Patrick Bourgeois; ellos leyeron, releyeron y discutieron los dos libros sobre el movimiento pentecostal protestante: “Cruz y la palanca de cambiodel pastor Wikerson y “Ellos hablan en lenguas” del periodista J. Sherill.

En su deseo de reencender la llama de la Fe en los estudiantes universitarios, pensaron erradamente que Dios ponía en sus manos un medio providencial. En su lucha contra la apatía y la increencia de los universitarios, tenían necesidad de aquel poder que creían que poseía Wikerson.

Estudiaron o reestudiaron durante dos meses sucesivos; luego releyeron algunos pasajes de la Carta de San Pablo a los Corintios (1 Cor, 12) y de los Hechos de los Apóstoles que sirvieron como base teológica al movimiento, y por fin se dirigieron a un grupo de oración pentecostal protestante para recibir… El Bautismo del Espíritu.

Y así fue como el 13 de Enero de 1967, en un encuentro de oración, se impuso las manos a Ralph Keifer y a Patrick Bourgeois, que recibieron el Bautismo del Espíritu junto con el don exaltante de “hablar en lenguas. Su entusiasmo se inflamó; conven­cieron a los estudiantes de que probasen la misma experiencia, y en el siguiente encuentro de oración el mismo Keifer impuso las manos sobre algunos estudiantes, que súbitamente recibieron el Bautismo del Espíritu con varios “dones extraordinarios”.

Desde entonces el movimiento se difundió ampliamente en toda la Iglesia Católica. Ha ganado seguidores incluso entre Cardenales y Obispos, y naturalmente atrae, como una calamidad irresistible, amillares de religiosas, deseosas de experimentar lo que creen ser las emociones del primer Pentecostés.

Pero es necesario subrayar todavía una vez más que no existe un movimiento caris­mático “católico”El movimiento no es católico, sino protestante. No ha nacido en la Iglesia Católica, sino que fue importado a ella desde las sectas pentecostales protestan­tes, en las cuales nació.

Es protestante hasta la médula: es hijo de la herejía; llamarlo católico significaría decir que puede haber un auténtico movimiento carismático católi­co y un auténtico movimiento carismático protestante, como si el Espíritu Santo pudiera asumir roles diversos según obre en la Iglesia Católica o entre las diversas sectas protestantes.

Aunque durante dos mil años la Iglesia no había conocido ningúnBautismo del Espírituy aunque el movimiento provenga de la herejía, el fenómeno se ha extendido como un incendio. ¿Cómo ha podido suceder una cosa así?

La respuesta, pensamos, es ante todo esta: el movimiento carismático promete una conversión inmediata y una inmediata santidad.Además es permisivo especialmente desde el punto de vista moral. ¿Quién renunciaría a tan preciosos dones y a tan poco precio?

Para quienes presentan objeciones, tienen una respuesta pronta y aparentemente convincente: “¿por qué pones objeciones? ¿Acaso no ves que muchos sacerdotes, obispos e incluso cardenales y el Papa respaldan el movimiento? Es claro que no hay ningún mal en ello“. Es evidente que el engaño diabólico escondido en el movimiento carismático ofus­ca a la masa de superficiales que van en busca del éxito clamoroso y de resultados inmediatos, olvidando que el camino de la santidad auténtica y del apostolado eficaz y duradero está hecho de abnegación, silencio, mortificación, humillación, y también de aparentes fracasos: “Si el grano de trigo no cae en tierra y no muere, no produce fruto” (Jn. 12,24)

Hay que advertir que si entre los seglares y en algunas religiosas se puede presumir la “buena fe“, no es así en los eclesiásticos que están en situación de comprender el diabólico fraude. Algunos de ellos sondemoledores de la Iglesia Católica demasiado conocidos como para no sospechar otra de sus maniobras de destrucción.

El caso del reconocimiento pontificio está relacionado con la buena disposición que existe actualmente para reconocer a los movimientos. Pero aclaremos que al momento de solicitar la aprobación pueden presentarse postulados “para ser aprobados” y luego en el marco de la actual desobediencia que reina en la Iglesia hacer lo que quieran hacer.

Esto es fácil de comprobar al conocer algunos postulados que, como veremos en los próximos capítulos, son insultantes para con Dios, para con los Santos y para con la Iglesia. El Papa jamás aprobaría a un movimiento que tuviera entre sus prácticas “perdonar a Dios” como los carismáticos. Nunca jamás el sucesor de Pedro ha aprobado ni aprobará estas cosas jamás.

Algunos piensan que el propio éxito del movimiento habla a su favor; sostener esto sería un grave error; la historia enseña que todos los movimientos heréticos, particularmente en sus comienzos, recibieron el respaldo entusiasta de muchísimos cristianos, incluso en las alturas de la Jerarquía católica.

Aquí es necesario aclarar que criticar al Movimiento Carismático no es estar contra el Espíritu Santo. ¿Cómo podría ser así?; el Espíritu Santo es la misma alma de la Iglesia, el propio principio de su vida sobrenatural.

Si fuese posible demostrar que procede del Espíritu Santo, el Movimiento Carismático tendría derecho a que todos lo apoyáramos; pero si no es así, entonces estamos obligados a combatirlo hasta su destruc­ción, porque sólo dos pueden ser las fuentes de su existencia: Dios o Satanás.

Si viene de Dios, todos debemos adherirnos a él; si viene de Satanás, todos debemos combatir­lo.

Ahora bien; cuando se lo examina a la luz de la sana Teología, la conclusión inevitable es que el pentecostalismo y por lo tanto el Movimiento Carismático, aunque se autoproclame católico no viene del Espíritu Santo (y por tanto viene de Satanás).

1.4. Pretendidos fundamentos escriturísticos

El movimiento busca su justificación sobre todo en los capítulos 12 a 14 de la primera carta de San Pablo a los Corintios. Pero la semejanza entre el movimiento carismático – pentecostal y lo que acaeció en Corinto es sólo superficial; los dos fenómenos concuer­dan únicamente en que ambos pretenden recibir del Espíritu Santo algunos carismas, como el don de lenguas, de curaciones y de profecía. Difieren en el resto.

a) A diferencia del movimiento carismático – pentecostal, en Corinto no hubo Bautismo del Espí­ritu, no hubo imposición de las manos,no hubo tentativas de organizar encuentros de oración o retiros con el fin de distribuir el Espíritu Santo.

b) De las cartas de San Pablo se deduce con evidencia que el fenómeno no estaba generalizado en la Iglesia apostólica, sino que estuvo limitado a Corinto, y que ensegui­da se comprobaron muchos abusos. Por otra parte, no hubo ningún intento por parte de San Pablo o de otro apóstol o discípulo de difundirlo en otros lugares, con el fin de acrecer o sostener la piedad de los fieles. Por fin, los improperios de San Pablo tuvieron el efecto de una ducha fría sobre el movimiento, que de repente desapareció y no se oyó más hablar de él en la Iglesiahasta 1966. Los pentecostales modernos, por su parte, no ahorran esfuerzos para difundir el movimiento en todo el mundo.

c) En Corinto los católicos hablaban “lenguas extrañas”, al revés de los pentecostales que emiten “sonidos extraños” [mussitationes].

Eran verdaderas lenguas, si bien desconocidas a los presentes. Esto es evidente por la “unánime interpretación de los Padres de la Iglesia” e incluso por los repetidos reproches del mismo San Pablo: “Hay sin duda muchas y diversas lenguas en el mundo y ninguna carece de significado; pero si no entiendo el significado de la lengua seré extranjero para el que habla y el que habla será extranjero para mí” (1 Cor. 14,10).

Además, San Pablo, dice que él mismo posee el don y que lo posee con más plenitud que ellos (1 Cor. 14,19). Y así era justo que fuese, porque debía predicar el Evangelio a diversos pueblos. ¿Cómo habría podido aprender tantas lenguas tan rápidamente? Dios por lo tanto, obró en él el mismo milagro que había obrado en los otros Apóstoles el día de Pentecostés.

Por el contrario, los pentecostales – carismáticos emiten sonidos ininteligibles (mussitationes), y el balbuceo no puede ser lenguaje de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, que es Espíritu de suprema Sabiduría y Verdad.

d) Los pentecostales no tienen en cuenta los consejos de San Pablo, y por lo tanto se vuelven inhábiles para recibir el Espíritu Santo.

De hecho, San Pablo, si bien no prohibe a los Corintios profetizar y hablar en lenguas, repite insistentemente que el don de lenguas es el menos importante entre los carismas, y que no debe buscarse ansiosamente. Cuando se presente el caso auténtico de una persona que habla en lenguas, debe hacerlo con discreción y de manera decoro­sa, y en cuanto no haya nadie que comprenda o ningún intérprete presente, debe callarse.

Las mujeres tienen gran parte en el movimiento carismático

San Pablo pone en evidencia que el fiel debería ambicionar no estos dones, sino más bien las grandes virtudes de la Fe, de la Esperanza, y de la Caridad. Concluye diciendo que “las mujeres deben callar en la asamblea”porque no les está permitido hablar, sino que deben estar sujetas, como dice también la ley, porque “es indecoroso para una mujer hablar en la asamblea” (1 Cor 14, 34-35).

Los pentecostales, sin embargo, fundándose insistentemente en la Epístola de San Pablo, no tienen en cuenta los consejos y las normas prescritas en nombre de Dios, volviéndose así inhábiles para recibir el Espíritu Santo y sus dones. De hecho anhelan el don de lenguas y lo consideran como prueba irrefutable de la efusión del Espíritu Santo.Las mujeres, pues, no sólo hablan en la iglesia, sino que son las más activas en organizar encuentros de oración carismática, en profetizar, en ver señales del Espíritu Santo, en obrar curaciones(de su naturaleza y de su causa se hablará enseguida) y en imponer las manos a todos.

Lejos de escuchar las palabras de San Pablo, los jefes del movimiento hacen todos los esfuerzos para atraer a las mujeres; ellos intentan justificar su abierta desobediencia a la palabra de Dios afirmando que la prohibición de San Pablo de permitir a las mujeres hablar en la Iglesia fue sugerida a causa de las limitaciones  que imponía la cultura en la que vivían. Hoy la cultura ha cambiado radicalmente, y así, pretenden ellos, el mandato de San Pablo no es actual; como de costumbre, los pentecostales carismáticos tergiversan y malinterpretan la Sagrada Escritura para adaptarla a sus propios fines.

La verdad es que en el mundo pagano, en los tiempos de San Pablo,había muchas mujeres que pretendían profetizar y hablar en nombre de los dioses. Pero San Pablo no tiene en cuenta las costumbres y hábitos culturales, sino que apela a la ley de Dios: “como dice la ley” (ibídem).

¿Cuál puede ser, entonces el verdadero motivo, aunque oculto e inconfesable, de todos los esfuerzos para persuadir a las mujeres de que se adhieran al movimiento? Creemos que sucede porque se percatan de que, por su naturaleza emotiva, las mujeres pueden ser manejadas más fácilmente que los hombres para “creerse” movidas por el Espíritu Santo.

2) Los pentecostales se apoyan también en algunos episodios de los Hechos de los Apóstoles, especialmente en la efusión del Espíritu Santo el día de Pentecostés.

Buscan traer a la mente de todo cristiano aquella gran experiencia mística: “¿por qué -dicen- hay que privar a un cristiano de aquel don incomparable, tan necesario para una vida cristiana ferviente?”.

La respuesta es la siguiente:

a) En el primer Pentecostés, la experiencia mística y sensible del Espíritu Santo, junto con los carismas de lenguas, de profecía, de curaciones y semejantes, no fue concedida a todos, sino sólo a los Apóstoles y, probablemente, a los discípulos presen­tes en el Cenáculo. Ciertamente no se concedió a los tres mil convertidos que fueron bautizados en aquel día; sin embargo, los Apóstoles hablaban en una lengua, mientras que los oyentes les oían cada uno hablar en su propia lengua. Obviamente los Apósto­les hablaban arameo con su acento galileo, pero la gente les oía hablar en griego, en latín, en parto, en elamita, etc.; evidentemente, es del todo distinto a lo que sucede en los encuentros carismáticos de oración.

b) Los pentecostales se remiten también al capítulo 8 de los Hechos de los Apósto­les, donde se lee que en Samaria el diácono Felipe convirtió y bautizó muchas perso­nas. Cuando los Apóstoles en Jerusalén oyeron lo que había sucedido en Samaria, mandaron a Pedro y a Juan, que a su llegada impusieron las manos sobre los nuevos bautizados, quienes recibieron el Espíritu Santo.

Obviamente se trata del Sacramento de la Confirmación, cuyo ministro ordina­rio es el Obispo. Esta es la interpretación constante de la Iglesia. Felipe, aunque diácono, hacedor de milagros, gran predicador, y que ha­bía administrado el Bautismo, no se atrevió a imponer las manos a sus nuevos bautizados, porque esto estaba reservado a los Apóstoles, que eran Obispos.

3) Otro episodio al que se remiten los carismáticos es la conversión de San Pablo, cuando Ananías le impuso las manos diciéndole: “Saulo, hermano, me ha enviado el Señor; a quien viste en el camino, para que recuperes la vista y te llenes del Espíritu Santo”. Inmediatamente sucedió que se desprendieron de los ojos de Pablo unas como escamas, y comenzó de nuevo a ver (Hech. 9, 17-19).

Impoisción de manos carismática por parte de laicos

Los carismáticos insisten en el episodio para justificar la imposición de las manospracticada por ellos. Pero nuevamente estamos ante una interpretación evidentemente errada.

Ananías era probablemente sacerdote y, de todas maneras, no iba imponiendo las manos a la gente para dar el Espíritu Santo; tuvo una visión y un mandato especial para este caso particular“vete a la calle estrecha y busca en la casa de Judas a uno que se llama Saulo y que viene de Tarso” (Hech. 9, 11). Esto no tiene nada que ver con las pretensiones de los carismáticos.

4) Además hay otros dos episodios a los que apelan los pentecostales:

a) El primero es el episodio referido en el capitulo 19 de los Hechos de los Apóstoles (vv. 1-7), cuando San Pablo encontró en Éfeso doce discípulos de Juan Bautista. Des­pués de haberles instruido sobre Cristo, los bautizó en el nombre del Señor Jesús, y después que “les impuso las manos, el Espíritu Santo descendió sobre ellos y comen­zaron a hablar en lenguas y a profetizar” (Hech. 19, 6). Pero esto es un caso más de administración de la Confirmación por parte de San Pablo, que era Obispo.

b) Otro episodio es la conversión a la Fe de Cornelio y de sus familiares: “mientras Pedro hablaba todavía, el Espíritu Santo descendió sobre los oyentes. Los fieles judíos que habían acompañado a Pedro se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo pudiese infundirse también sobre los paganos, toda vez que les oían hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios” (Hech. 10, 44-46).

Una vez más es preciso rebatir con firmeza que esto constituya una justificación del movimiento carismático. San Pedro no fue a Cesarea para imponer y conferir el Espíritu Santo; fue llevado hasta allí a través de una revelación especial, y el Espíritu Santo descendió mientras les hablaba para instruir a los oyentes sobre Cristo y sobre su misión. Dios obró un gran milagro, incluso antes que Cornelio y los suyos fueran bautizados, porque eran los primeros gentiles en ser acogidos oficialmente en la Iglesia y se necesitaba que le quedase bien claro a todos los cristianos judíos, tan convenci­dos de la idea de que nadie fuera del pueblo elegido podría entrar en el reino mesiánico, de que a partir de entonces los gentiles serían invitados a participar de los beneficios de la Redención.

De vuelta a Jerusalén, San Pedro fue ásperamente criticado por los judíos por lo que había hecho en Cesárea, pero él se defendió de sus acusadores con estas escuetas palabras: “si, pues, el mismo don otorgó Dios a ellos que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿yo quién era para poner vetos a Dios?” (Hech. 11,17).

Fuera de estos textos citados, casi esporádicos, no hay ninguna otra prueba de que semejante efusión externa del Espíritu Santo haya tenido lugar en la Iglesia Apostólica, ni siquiera, como ya se ha subrayado, el día de Pentecostés, cuando después de la predicación de San Pedro tres mil personas fueron bautizadas.

Además, Cristo jamás prometió tales experiencias místicas y dones extraordinarios a los cristianos, ni dio disposiciones para transmitirlos por medio de ritos particulares. Más exactamente, Él instituyó el Sacramento de la Confirmación, que la Iglesia siempre ha administrado y a través del cual cada cristiano participa en la efusión del Espíritu Santo.

La Confirmación, sin embargo, no confiere el Espíritu Santo consignos externos y milagros, tan ajenos al Espíritu de Cristo, sinosilenciosamente y de manera misteriosa, como los otros Sacramentos.

Bautismo del Espíritu

Bautismo del Espíritu

Durante sus dos mil años de vida, la Iglesia Católica jamás ha conocido el “Bautismo del Espíritu“, tal como nos lo quieren enseñar los pentecostales carismáticos; sino que ha enseñado, infaliblemente, desde el Concilio Ecuménico de Florencia (1439) que la Confirmación es el Pentecostés de todo cristiano; las palabras del Concilio son: “en la Confirmación el Espíritu Santo se da para fortificar al fiel lo mismo que fue dado a los Apóstoles el día de Pentecostés” (Denz. 697)

1.5. El Bautismo del Espíritu

Como ya se ha dicho, el “pentecostalismo” y el “carismatismo” eran desconocidos en la Iglesia, habiendo nacido en el siglo XIX entre las sectas protestantes. Los dos seglares católicos Ralph Keifer y Patrick Bourgeois, que lo Introdujeron en la Iglesia Católica, recibieron el Bautismo del Espíritu de las manos de pentecostales protestantes; por lo tanto, su acción FUE UN INSULTO A LA VERDADERA Y ÚNICA IGLESIA de Nuestro Señor Jesucristo y en consecuencia, UNA AUTÉNTICA APOSTASÍA

"A la siguiente semana, el titular de una revista decía: 'Buenos Aires, Sede Vacante. El arzobispo comete pecado de apostasía' “ (Card. Bergoglio)

Ellos, con su acción, si no con las palabras, declararon que la Iglesia Católica no estaba capacitada para darles el Espíritu Santo por medio de los Sacramentos, los sacramentales, las bendiciones, el Sacrificio de la Misa, la Comunión, los retiros, las peregrinaciones, etc. Por eso se sintieron constreñidos a buscarlo fuera, entre los pentecostales protestantes, donde se encontraría fácilmente.

Ahora bien, ¿cómo podía el Espíritu Santo comunicarse a tales personas? Si fuera así, esto implicaría que la Iglesia Católica no tiene el derecho a decir que es la única y verdadera Iglesia de Cristo; por consiguiente, si lo que afirma el Movimiento Carismático es cierto, todo católico debería abandonar la Igle­sia y unirse a los pentecostales protestantes, que fueron henchidos del Espíritu Santo mucho antes que la Iglesia Católica supiera algo de ello.

¿Cómo puede un católico buscar al Espíritu Santo en una Iglesia no católica, sin negar implícitamente la unicidad de la Iglesia Católica?

Si el considerado Bautismo del Espíritu fuese verdadero, sería en realidad un “Super sacramento”, instituido, sin embargo, no por Cristo sino por los hombres.

Naturalmente, los pentecostales “católicos” niegan que sea un sacramento, pero esto se debe a la confusión e inseguridad que invaden toda su enseñanza doctrinal. Insisten en la “experiencia” y no están completamente seguros de la “doctrina”.

En esto los pentecostales protestantes son mucho más coherentes:rechazan el Bautismo de los niños y la Confirmación de los adolescentes, y en su lugar predican un bautismo de fe para los adultos, que debe ser seguido por el verdadero Bautismo del Espíritu.

Pero los pentecostales católicos no se atreven a rechazar estos Sacramentos, por­que sería una palmaria herejía; sin embargo, a duras penas aluden a ellos en sus ense­ñanzas, y aquí y allá hacen afirmaciones sorprendentes, ajenas a la Fe.

Tómese por ejemplo lo que dicen Kevin y Dorothy Ranaghan en el libro “Pentecostales católicos”que se considera uno de los clásicos del movimiento:

El Bautismo del Espíritu Santo es una parte fundamental de nuestra iniciación cristiana. Para los católicos, esta experiencia es una renovación, que hace nuestra iniciación concreta y explícita”.

Es difícil sondear la profundidad de los errores contenidos en estas líneas, pero aún así, pueden ser detectados.

En primer lugar, en esta afirmación se supone que el Bautismo del Espíritu tiene un significado distinto según se sea católico o protestante, y por lo tanto habría un Bautismo del Espíritu para los protestantes y otro para los católicos.

Además, si “el Bautismo del Espíritu Santo es una parte fundamental de nuestra iniciación cristiana”se sigue de ello que nadie es auténtico cristiano si no lo ha recibido, porque le faltaría algo fundamental en la vida cristiana.

Las conclusiones serían verdaderamente sorprendentes: San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Avila, San Francisco Javier, Santa Teresa de Lisieux, San Pío X,todos los papas y los buenos cristianos anteriores a 1966, y posteriormente todos aquéllos que rehusan recibir el Bautismo del Espíritu o que simplemente no lo han recibido, no serían auténticos cristianos, ya que estuvieron privados de algo fundamental en la vida cristiana.

Esto implicaría también que habría una cristiandad dentro de la cristiandad, una raza elegida dentro del pueblo de Dios.

Implicaría incluso que durante dos mil años la Iglesia Católica habría privado a sus hijos de la plenitud del Espíritu Santo. Se habría comportado con ellos como una madrastra indigna, hasta que los pentecostales trajeron la plenitud del Espíritu Santo al seno de la Iglesia.

¿Quién podría medir las dimensiones de este necio y subyacente orgullo?

Los pentecostales católicos niegan que el Bautismo del Espíritu sea un sacramen­to, pero su negación la contradicen los hechos. Un sacramento, en realidad, es un signo externo que produce la gracia. Ahora bien, el llamado “Bautismo del Espíritu” tendría todos los elementos constitutivos de un sacramento: la imposición de las manos seria el signo externo; la invocación al Espíritu Santo sería la forma; la efusión del Espíritu sería el efecto.

Pero hay más. Si el “Bautismo del Espíritu” fuese verdadero, no seria un simple sacramento, sino un “Super sacramento”, muy superior a los otros siete reconocidos por la Iglesia, porque: a) no produciría simplemente la gracia, sino una efusión de ella semejante en plenitud a la producida el día de Pentecostés; b) además no produciría solamente la gracia en el alma, sino también una milagrosa efusión externa; c) por último, no produciría solamente la gracia interna y externa, sino que conferiría también dones milagrosos, como el don de curaciones, de profecía, de lenguas, etc.

TODO ESTO, NATURALMENTE, ES CONTRARIO A LA FE.

De pasada se puede observar que los carismáticos no se muestran muy interesados en los siete dones del Espíritu Santo, que se dan a todos los cristianos en el Bautismo y en la Confirmación: los dones deSabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Cien­cia, Piedad y Temor de Dios. Es más, incluso en el caso de algunos sacerdotes como el P. Darío Betancourt, uno de los líderes del movimiento en América, los dones del Espíritu Santo adquieren características nuevas y plagadas de mentiras.

Pero los verdaderos dones del Espíritu Santo, son mucho más deseables que los secundarios, como la sanación, la profecía, el don de lenguas etc., los cuales no son necesarios ni para la salvación ni para conseguir un alto grado de santidad, y que incluso podrían terminar en una terrible trampa, en cuanto podrían conducir al orgullo espiritual.

Si lo que los pentecostales afirman del Bautismo del Espíritu fuese verdad, ¿dónde habría que colocar la Confirmación en la vida cristiana?

Los pentecostales católicos o Renovación carismática, evitan la cuestión, y como no quieren negar abierta­mente la Confirmación, la ponen aparte. Ranaghan, en el libro citado “Pentecostales católicos”, propone la cuestión en estos términos:

Se puede estar más seguro de lo que quiere decir estar bautizado en el Espíritu Santo, que de lo que quiere decir estar Confirmado”.

¡No saben lo que quiere decir estar confirmado! Sin embargo la enseñanza inmemo­rial de la Iglesia es la infalible declaración delConcilio de Florencia en 1439, a saber: que “la confirmación es el Pentecostés de todo cristiano”.

Incluso —como veremos más adelante— algunos, como el ya mencionado Padre Darío Betancourt, afirman que aunque se recibe el Espíritu Santo en la Confirmación y en el resto de los Sacramentos, EL ESPÍRITU SANTO ESTÁ COMO LIGADO, FRENADO HASTA QUE EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU DE LOS CARISMÁTICOS, LO LIBERA DE NUESTRO INTERIOR Y LO HACE SURGIR.

El dilema es por lo tanto inevitable: o el Bautismo del o en el Espíritu es verdadero y la Confirmación es falsa, o por lo menos no necesaria; o la Confirmación es verdadera y el Bautismo del Espíritu es falso.

No pueden ser verdad las dos cosas.

Si un laico, hombre o mujer, o una religiosa, al imponer las manos, pueden impartir el Espíritu Santo junto con algunos poderes milagrosos, ¿qué necesidad tenemos de los obispos o de los sacerdotes? ¡NINGUNA! Los pentecostales protestantes no tienen necesidad de ellos; ¿por qué habríamos de tenerla los católicos?

Cualquiera podría objetar que esto es llevar las cosas demasiado lejos. Además, los carismáticos dicen: “¿Qué hay de malo en la imposición de las manos? ¿Es que cada cual no puede imponer las manos e invocar al Espíritu Santo?”.  [Nota: También se ha dicho ¿Cuál es el problema?(Card. Bergoglio) ]

A la primera objeción se responde que esto no es llevar las cosas demasiado lejos, sino su lógica conclusión. Desgraciadamente los pentecostales siguen la “experiencia” y no la “lógica”, y esto les vuelve sordos a la voz de la razón.

A la segunda objeción se responde que todos son libres para invocar al Espíritu Santo, pero no lo son para imponer las manos con el fin de introducir a los fieles en el camino al que quieren llevarles.

Imponer las manos denota autoridad: Los Patriarcas del Antiguo Testamento impo­nían las manos a sus hijos para bendecirles. Cristo imponía las manos sobre los Após­toles para conferirles el Espíritu Santo. Los Apóstoles a su vez, y después de ellos los Obispos y los Sacerdotes, imponen las manos para consagrar y confirmar.

Es normal entre los carismáticos, que laicos, hombres y mujeres, impongan las manos.

Pero ¿qué autoridad tiene un laico para imponer las manos sobre otro laico, o lo que es peor, sobre un Sacerdote, o sobre un Obispo O UN CARDENAL? ¿Quién les ha dado esa autoridad?

NO CRISTO, que ha establecido el Sacramento de la Confirmación para conferir el Espíritu Santo; NI LA IGLESIA, que no sabe nada del Bautismo del Espíritu; NI EL MISMO ESPÍRITU SANTO, puesto queno hay pruebas en la Escritura o en la Tradición de que haya conferido tal autoridad.

Y no se objete que es un simple gesto que cualquiera puede hacer: no es un simple e inútil gesto. Es un intento de acción “sacramental”, porque se hace una petición fantástica (casi se podría decir sacrílega) para que, por medio de ese gesto, se produzca una efusión extraordinaria del Espíritu Santo, con experiencia mística y carismas muy superiores a los que pueden producir los Sacramentos del Bautismo, de la Confirmación, del Orden, y verdaderamente de cualquier otro Sacramento.

Los carismáticos dicen que la efusión milagrosa del Espíritu Santo se debe a la fe: ¿es que no ha dicho Cristo que dondequiera que se reúnan dos o tres en su nombre, Él estaría en medio de ellos? ¿No ha afirmado también que cualquiera que tuviese fe como un grano de mostaza, sería capaz de obrar grandes milagros? ¿Por qué maravillarse entonces, si los carismáticos obran cosas extraordinarias?

La afirmación suena bien cuando no se examina de cerca.

Pero en realidad Cristo prometió que estaría entre aquellos que se hallaran reuni­dos en su nombre, pero tiene que ser en su nombre, esto es, entre aquellos que se reúnen para pedir lo que agrada a Dios. Ahora bien, Dios jamás ha prometido tales experiencias místicas, ni éstas son de ningún modo necesarias para nuestra santifica­ción. Dios nos pide hacer uso de todos los medios ordinarios puestos a nuestra dispo­sición: Confesión, Sacrificio de la Misa, Comunión, otros Sacramentos, etc.

En realidad la búsqueda de la experiencia extraordinaria implica que los carismáticos no creen en el poder de los Sacramentos. Ellos ni siquiera creen en la presencia del Espíritu Santo, a menos que, como Tomás, lo sientan y lo toquen; y esto quedará certificado con las palabras del Padre Darío Betancourt, como veremos más adelante.

Aquí son oportunas las palabras de Cristo: “¡porque me has visto, has creído! Bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Jn. 20, 29). Parece que los pentecostales carismáticos han olvidado esta enseñanza de Cristo.

1.6. Examen de los pretendidos carismas

Levántate y Anda

Levántate y Anda

EL DON DE SANACIÓN: – Al oír a los pentecostales o carismáticos o de la renovación carismática o en el espíritu, parece que estuvieran caminando sobre una alfombra esmaltada de innumerables milagros, que exhiben como prueba segura del origen divino del movimiento. Sin embargo, para aceptar como auténticas las curaciones milagrosas se requieren tres condiciones:

a) Que se excluyan todas las causas naturales capaces de obrar una curación súbita, lo que no sucede por ejemplo en las curaciones milagrosas reales o verdaderas del cáncero en la resurrección de los muertos.

b) Que el supuesto milagro se someta a un examen atento por parte de médicos, científicos y teólogos, como sucede por ejemplo en los milagros de Lourdes o en los que se atribuyen a la Virgen y a los Santos.

c) Que la sentencia final sea dada por la autoridad competente.

Ahora bien, estas tres condiciones no se dan en el Movimiento Carismático o Renovación Carismática. Ellos creen en los milagros por el simple testimonio de quienes dicen recibirlos; algunos “milagros” son de naturaleza trivial, otros de naturaleza psicológica, otros no duran permanentemente. Además sería necesario examinar las causas de cada milagro en

Francisco impone las manos a un enfermo ¿oración de sanación? ¿Rito de liberación?. Amorth asegura que fue un exorcismo a un hombre a quien el había practicado cuatro exorcismos. Todo ello cabe dentro de la imposición de manos pentecostal

Francisco impone las manos a un enfermo ¿oración de sanación? ¿Rito de liberación?. ¿Exorcismo? Amorth asegura que fue un exorcismo a un hombre a quien el había practicado cuatro exorcismos. Todo ello cabe dentro de la imposición de manos pentecostal.

particular.

Hay tres posibles causas:

1) Dios: pero en este caso hay que establecer que son verdaderos milagros, y en tal caso no debe haber ninguna traza de orgullo, de ostentación o de autosatisfacción, muy presentes en el movimiento carismático.

2) Procesos psicológicos: Por ejemplo, se pone un gran énfasis en el hecho de que algunos convertidos han abandonado su costumbre de beber; pero es notorio que los miembros de Alcohólicos Anónimoslogran resultados similares por medio de la ciencia profana y con tratamientos que incluyen técnicas psicológicas, sin ningún recurso al “espíritu” invocado por los carismáticos.

3) El demonio: – Puede, también él obrar algunos “prodigios“, especialmente en una atmósfera cargada de emotividad, atmósfera que es la buscada en esos encuentros multitudinarios, que duran varias horas y donde se relatan testimonios y anécdotas, con fondo de música percusiva, sincopada y fuerte; y el orador a los gritos. Ante estas circunstancias se producen fenómenos de tipo psicológico, a partir de los cuales incluso se llega a una disociación de conciencia tan extrema que se liberan hormonas relajantes y que adormecen, explicando así las desapariciones de síntomas de dolor, aunque no disminuyan en nada las enfermedades.

El mismo Cristo nos ha puesto en guardia sobre esta posibilidad, por cuanto nos ha avisado que vendría un tiempo en el que los falsos profetas obrarían “milagros” o “prodigios” para engañar, si fuese posible, hasta a los elegidos. Como el movimiento carismático se basa en falsas premisas doctrinales, le es fácil al demonio infiltrarse y extraviar a las almas.

glosolalia-5EL DON DE LENGUAS– Aunque ya hemos dicho algo de este argumento cuando examinamos la primera carta de San Pablo a los Corintios, podemos añadir alguna consideración, puesto que los carismáticos – pentecostales aprecian muchísimo este “don”.

Hasta hace poco tiempo ellos lo han considerado como la prueba definitiva de la efusión del Espíritu Santo. Esto implica como consecuencia que al recibir los Sacramentos nosotros no podamos estar seguros de haber recibido el Espíritu Santo, toda vez que no hay ningún fenómeno externo; ni siquiera en Sacramentos como elBautismo, la Confirmación y el Orden, que han sido instituidos justamente para conferir una especial efusión del Espíritu Santo. En los Sacramentos, en efecto, nuestra única garantía es la fe sincera en la promesa de Cristo, atestiguada por la infalible autoridad de la Iglesia, aunque esta fe no se apoya casi nunca en el sentimiento o en la experiencia.

Contrariados por tales objeciones, los pentecostales católicos dejaron de considerar estos dones como la prueba de la efusión del Espíritu Santo. Ante tales contradicciones, ¿qué debemos pensar? ¿Con qué autoridad establecen ellos los criterios de su fe? ¿Les indujo primero el Espíritu Santo a creer que el don de lenguas es la prueba definitiva, y después que no lo es? ¿Puede el Espíritu Santo estar sujeto a tales contra­dicciones?

Y si consideramos la naturaleza del “carisma“, nuestra perplejidad no puede más que aumentar, porque las lenguas que dicen hablar los pentecostales – carismáticos no son de hecho len­guas humanas. Sonlenguas extrañas, simples balbuceos de sonidos ininteligibles, (que algunos han llegado a afirmar que era la “lengua o lenguaje de los ángeles“) a los que se llama glosolalia. Ya hemos notado que las “lenguas extrañas” de que se habla en los Hechos de los Apóstoles y en la primera carta a los Corintios eran verdaderas lenguas, si bien desconocidas en su mayor parte a los pre­sentes.

Los pentecostales, sin embargo, dan una explicación y hablan de la posibilidad de orar no objetivamente, de una manera pre-conceptual”.Esta es la definición dada por Le Renouveau Charismatique (ver Lumen Vitae, Bruselas 1974):

La posibilidad de orar no-objetivamente, de una manera pre-conceptual, tiene un valor considera­ble en la vida espiritual. Permite expresar con medios pre-conceptuales lo que no puede ser expresado conceptualmente. La oración en lenguas es a la oración normal como la pintura abstracta, no representativa, es a la pintura ordinaria. La oración en lenguas requiere un tipo de inteligencia que tienen hasta los niños“.

En primer lugar, no existe nada semejante en la Tradición de la Iglesia, en la ense­ñanza de los grandes maestros del espíritu y de los grandes místicos de la Iglesia. Y aunque Cristo ha enseñado a los Apóstoles y a los primeros discípulos a orar y ha dado hasta una fórmula con la cual expresar las propias peticiones, Él jamás ha orado de manera “pre-conceptual” y “no objetiva“, ni ha enseñado a sus discípulos a hacer algo así. Este género de oración implica que los murmullos no corresponden a la realidad objetiva, puesto que son no objetivos, y que el Espíritu Santo es incapaz de expresar la realidad divina en el lenguaje racional. PERO TODO ESTO ES FALSOLos Profetas, Cristo, los Apóstoles y después los Santos en el curso de veinte siglos, inflamados en el Espíritu Santo, fueron capaces de expresar la más alta Verdad en lenguaje humano. La expresión, lógicamente, es inferior a la realidad, pero esto no se debe al uso de un lenguaje “no objetivo” o “pre-conceptual”, sino al hecho de que cuando el hombre habla de la realidad divina, necesariamente se expresa de forma analógica.

A este argumento de los carismáticos, además, sería necesario plantearle ulteriores interrogantes. Por ejem­plo; ¿podría ser que, lejos de ser un don del Espíritu Santo, el “hablar en lenguas” [mussitationes] fuera un fraude o una manifestación de procesos psíquicos debidos a una explosión emotiva? Se puede añadir que hay, al menos en algunos casos, otra posible fuente: Satanás, que intenta engañar a los hombres remedando los milagros del primer Pentecostés.

Otro fenómeno que hay que juzgar desfavorablemente es lamultiplicación de este milagro. Uno de los jefes del carismatismo francés en 1978 decía que “en Francia el 80% de los carismáticos pentecostales habla en lenguas” (Le Figaro, 18 de Febrero 1978).

¿ Así es que los milagros suceden con esa frecuencia?

1.7. Indiferentismo religioso

Como ya hemos recordado, el movimiento carismático “católico”pentecostal fue importado del pentecostalismo protestante. Los pentecostales católicos lo han reconocido agradeci­dos, y han llegado a considerar como auténtico el movimiento pentecostal de los pro­testantes. Era lógico que fuera así, pues de otra manera caerían en abierta contradicción con sus propios orígenes; en consecuencia,celebran sus encuentros de oración con los protestantes de cualquier denominación y sin distinciones.

En estos encuentros, cualquiera que haya recibido el don de ser “guía”puede impo­ner las manos sobre cualquiera, sin preocuparse de la Iglesia o de la secta a que perte­nezca. Todos reciben dones supuestamente del Espíritu Santo, hablan en lenguas, interpretan, profetizan y sanan.

Las diferencias doctrinales no son una barrera. Y así los católicos, que deberían sostener que solamente ellos poseen la Verdad plena, no intentan iluminar a sus herma­nos protestantes con la plenitud de la Verdad que sólo se puede encontrar en la lglesia Católica. En cuanto a los protestantes, lejos de admitir las justas pretensiones de la Iglesia Católica, lo cual debería ser el resultado lógico de una auténtica efusión del Espíritu Santo, afirman experimentar un conocimiento más claro de la doctrina de sus respectivas denominaciones protestantes.

Tanto los carismáticos “católicos” como los protestantes afirman trabajar, con rapidez y en espíritu de caridad y de mutua comprensión,por la unidad, que es la mira del movimiento ecuménico. Las cuestiones doctrinales no se discuten, porque (como ellos dicen) buscan la unidad a “UN NIVEL MÁS PROFUNDO”.

Con lo de “nivel más profundo” intentan decir “nivel emotivo”, que confunden con el “amor sobrenatural“. Sin embargo, el nivel emotivo es el más falaz.

Sólo la Verdad es el nivel más profundo, y en él la unidad es posible porque Cristo vino a dar testimonio de la Verdad, rechazando todas las componendas con el error y la ambigüedad. Él ha dado su vida por la Verdad; si la Verdad no es aceptada y confesada plenamente, el amor sobrenatural y la unidad son imposibles.

El movimiento carismático, por tanto, está destinado a hacer naufragar la esperanza del ecumenismo, ya que ninguna unión será posible en tanto nuestros hermanos protestantes —o de otras confesiones— no acepten la plena potestad de fe y de gobierno de la Iglesia Católica.

Es notorio también que algunos jefes carismáticos han hecho afirmaciones, y han tomado posiciones, que difícilmente se pueden conciliar con la doctrina católica. Así por ejemplo, Kevin Ranaghan(quien junto con su mujer Dorothy ha recibido el Bautis­mo del Espírituayuda al Card. Suenens a organizar el movimiento en todo el mundo, y ha escrito “Pentecostales Católicosque se considera un clásico en el tema) con ocasión de la Encíclica Humanae Vitae (1968) sostiene, contra la enseñanza del Papa Paulo VI, el derecho al control de los nacimientos.

¿Cómo podría el Espíritu Santo inspirar una cosa al Papa y otra a Kevin Ranaghan?

¿O quizás él tenía razón y el Papa estaba equivocado?

Todavía más: en la página 4 de su libro “Pentecostales Católicos”, Kevin, citando “La Cruz y el puñal” de David Wilderson, escribe:

estas palabras muestran claramente que Cristo recibió el Espíritu para que pudiese ser Mesías y Señor”.

¡Sin embargo, esto es una herejía! Porque Cristo no recibió el Espíritu Santo para ser Mesías y Señor, sino que era las dos cosas desde su concepción, a causa de la Unión Hipostática.

INCREÍBLEMENTE, ES LO QUE TAMBIÉN AFIRMA EL PADRE DARÍO BETANCOURT COMO VEREMOS MÁS ADELANTE, Y QUE LO HACE CAER EN LA HEREJÍA.

Tómese también la afirmación de la página 250, relativa a los promotores de una “auténtica vida de FeKevin cita no sólo a San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola y San Francisco de Sales, sino también a Joaquín de Fiore (cuyos errores fueron condenados en 1215), George Fox (fundador de los cuáqueros protestantes), John Wesley (fundador de los metodistas) y el ¡Telepastor Billy Graham!

Por ello, según Kevin Ranaghan,

“el Espíritu Santo no hace diferencia entre la Iglesia Católica y las varias denominaciones protestantes, sino que trabaja igualmente en todas, despreocupándose de lo que creen y enseñan.

1.8. Demolición de la ascética cristiana

Si pasamos de la teología especulativa a la ascética, tal como ha sido enseñada y vivida por los Santos, descubrimos que el movimiento carismático no sólo está privado de los requisitos fundamentales de una verdadera ascensión a Dios, sino que incluso le es perjudicial.

Arruina la humildad y favorece el orgullo – La humildad es el fundamento y la fuente de todas las virtudes; el orgullo es la fuente de todos los pecados; la humildad es la virtud de Cristo, de María Santísima y de los Santos; el orgullo es el vicio de Satanás y de sus secuaces. El orgulloso está lleno de seguridad en sí mismo y de autoconfianza, busca lo sensacional y lo ostenta como virtud; el humilde, en cambio, busca el último puesto, evita lo sensacional y extraordinario, tiene miedo de engañarse y se considera indigno de los dones extraordinarios. Si Dios le da estos dones, los acepta con temor y temblor, incluso pide al Señor que se los quite y le lleve por la vía ordinaria; los esconde lo más posible, y si a veces, constreñido por la obediencia, debe hablar, lo hace con extrema repugnancia y reserva.

Es exactamente lo opuesto de lo que les sucede a los carismáticos:desean dones extraordinarios, particularmente los que impresionan los sentidos, como el don de len­guas [mussitationes], el de su interpretación, y el de curación.

Mientras el humilde implora “¡No a mí, Señor, no a mí!“, el pentecostal se pone en primer lugar con atrevimiento y dice con los hechos, sino con las palabras: “Heme aquí, Señor; haz que yo tenga la experiencia mística de Tu presencia, que hable lenguas, que yo tenga el poder de conferir el Espíritu Santo en el momento y ocasión que considere oportuno, que yo profetice, que yo cure a las personas en cualquier parte”.

Y cuando cree haber recibido el Bautismo del Espíritu, el carismático prosigue con atrevimiento imponiendo las manos, clamando al Espíritu Santo y confiriéndolo; y sí alguna vez el Espíritu “se retrasa“, él insiste histéricamente: ¡Espíritu Santo, baja, tienes que bajar!”.

Expone al alma al autoengaño – Alimentando un morboso deseo de lo sensacional, el movimiento crea una atmósfera sobrecargada de emoción, y que, por lo tanto, expone al autoengaño; declara, en efecto, que la experiencia personal es la suprema prueba de la efusión del Espíritu Santo.

Sin embargo esto es contrario a la enseñanza de Cristo, que dijo que elcumplimiento de la Voluntad de Dios es el único criterio seguro de estar en la vía de la salvación: “No todo el que me dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre Celestial, este entrará en el Reino de los Cielos” (Mt. 7,21)

Frecuentemente, ¡qué penoso y difícil es hacer la voluntad de Dios! El corazón está seco, la voluntad es débil y la carne molesta; sin embargo, hacer la voluntad de Dios en estas circunstancias, es gran perfección.

Jesús llegó hasta a excluir que los dones extraordinarios fueran un signo seguro de salvación, mientras que los pentecostales y carismáticos los consideran como una prueba irrefutable de la autenticidad de su experiencia. Estas son las palabras de Jesús: “muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor; ¿es que no hemos profetizado en tu nombre y no hemos expulsado los demonios y hecho milagros en tu nombre? Entonces les diré: ¡No os conozco, alejaos de mí, obradores de iniquidad!” (Mt 7 22 23)

La experiencia, siendo muy subjetiva y la más débil de todas las pruebas, está extremadamente expuesta al autoengaño. Basta estar presente en los momentos culminantes de los encuentros de oración de los carismáticos. Lo que sucede muy frecuentemente en estos momentos es desconcertante, y en lugar de inducir al espectador honesto a reconocer la presencia de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, le induce a temer que otro “espíritu” esté en medio de ellos, espíritu que goza al poder engañar tan fácilmente a los hijos de los hombres y conducirlos sin esfuerzo a un reino donde Cristo no reina.

carismáticos-libro

En torno a este aspecto del movimiento carismático, he aquí lo que escribe un autor francés, Henri Caffarelsería inútil recoger aquí ejemplos, pero es claro que normal­mente, por la excitación que domina en esta asamblea, se está muy cerca del histeris­mo colectivo y los jefes son evidentemente incapaces de canalizar las explosiones emotivas. En algunos casos no se puede estar seguro de sí se está todavía en los límites de una auténtica vida cristiana, o si ya se roza la superstición y la magia. El Maligno, ciertamente… ¡recoge su cosecha!” No es difícil comprender que estas asam­bleas amenacen seriamente la fe de las personas, su vida espiritual y su equilibrio psíquico. También se comprende que den origen a falsos profetas y sanadores, como aquellos de quienes habló Cristo cuando dijo: “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con vestiduras de corderos, pero por dentro son lobos rapaces’ (Mt.7,15)”.

Todavía más: Ralph Martin, director del Movimiento Carismático, en su libro “A me­nos que el Señor construya la Casa“, expone el problema en términos más sangrantes: “demasiados van más allá de los límites de la moralidad, ya que se crean relaciones personales entre sacerdotes, religiosas y laicos que tristemente degeneran del plano espiritual a un nivel puramente natural y sensual. El ágape degenera en el eros“.

No pocas veces la Imposición de Manos de los Carismáticos culminó en lascivas y lujuriosas situaciones de toqueteos sexuales.

Es contrario a la experiencia de quienes han vivido espiritualmente – La enseñanza y la práctica de los carismáticos – pentecostalescontradice el ejemplo de los Santos, parti­cularmente de los grandes místicos, (a pesar de citarlos constantemente como inspiradores de las técnicas que ellos ponen en marcha). Los Santos constantementetemían ser engañados por el demonio, desdeñaban los fenómenos extraordinarios, y pedían al Señor con insistencia el mantenerlos en la vía ordinaria.

Para evitar autoengañarse, se confiaban ordinariamente a expertosdirectores espi­rituales, y frecuentemente recibían ayuda providencial del mismo Dios. Les declaraban hasta los más insignificantes sentimientos de su corazón y obedecían heroicamente a lo que les mandaban. ¿Se puede imaginar a Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, recorriendo el mundo haciendo ostenta­ción de sí mismos, en su reconocido carácter de auténticos dispensadores del Espíritu Santo?

La enseñanza y la práctica carismática contradicen también la explícita enseñanza de los grandes maestros de la vida espiritual y de los Doctores de la lglesia, que constante y unánimemente enseñan que las verdaderas virtudes que hay que pretender son la humil­dad, la mortificación, el amor de la humillación, el aniquilamiento de sí mismo, la vida escondida, el evitar la singularidad y la ocasión, para que el orgullo no nazca en el corazón.

San Juan de la Cruz resume así esta doctrina: “POR TANTO DIGO QUE DE TODAS ESTAS APRENSIONES Y VISIONES IMAGINARIAS Y OTRAS CUALESQUIERA FORMAS O ESPECIES (…) AHORA SEAN FALSAS DE PARTE DEL DEMONIO, AHORA SE CONOZCAN SER VERDADERAS DE PARTE DE DIOS, EL ENTENDIMIENTO NO SE HA DE EMBARAZAR NI CEBAR EN ELLAS, NI LAS HA EL ALMA DE QUERER ADMITIR NI TENER PARA PODER ESTAR DESASIDA, DESNUDA, PURA Y SENCILLA” (Subida al Monte Carmelo. Lib II. Cap. 16).

Es exactamente lo opuesto de lo que hacen los carismáticos.

Los carismáticos abandonan la Cruz– El movimiento se concentra en la celebración de la “alegría” del espíritu. No hay lugar en el movimiento para la agonía del Getsemaní, los tormentos de la Pasión, las noches del alma que resaltan en la vida de los Santos; como la noche tan profunda que arrancó de los mismos labios de Cristo el grito de indecible dolor: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Porqué me has abandonado?” (Mt. 27,46).

Los carismáticos deberían saber que la santidad no consiste en la alegría, sino más bien en el sufrimiento. Cristo ha llevado a sus Santos, particularmente a los grandes místicos, a las alturas de la santidad no precisamente por el camino de la alegría, sino por un inenarrable dolor, porque la esencia del amor no es la alegría, sino el sufrimiento: quien quiera ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt. 16,24) [Nota: La Iglesia sí está para decir también no, o levantar muros o para alentar alos que sufren y por ello tienen cara avinagrada, aunque interiormente tengan la alegría de la Cruz de Cristo que es muy poco bulliciosa  y compatible con el sufrimiento de Getsemaní]

La auténtica celebración de la alegría está reservada para el cielo.

Es indicio de mayor perfección decir “que se haga tu Voluntad” en la agonía de Getsemaní, que en la alegría de Pentecostés.

1.9. Conclusión de la Primera Parte

Hemos examinado, con objetividad y sinceridad, el Movimiento Carismático desde distintos puntos de vista, y lo hemos encontrado frágil, contradictorio, erróneo y pernicioso. Pero en medio de la multitud, el clamor, el dinero que movilizan y el alboroto suscitados por el Movimiento, es difícil hacer prevalecer la voz de la recta razón.

Vivimos una época delirante, en que la enseñanza y la tradición de la Iglesia son abiertamente atacadas o postergadas con desprecio. Parece que han llegado los tiempos profetizados por San Pablo a Timoteo:cuando no soportarán la sana doctrina, antes a medida de sus concupiscencias tomarán para sí maestros sobre maestros, con la comezón de oídos que sentirán, y por un lado desviarán sus oídos de la verdad y por otro se volverán hacia las fábulas” (2 Tim. 4,3-5)

San Pablo nos invita a examinar todo, a retener lo bueno, a rechazar lo malo.

A LA LUZ DE LA SANA TEOLOGÍA Y LA TRADICIÓN, EL MOVIMIENTO NO SE CALIFICA COMO COSA BUENA: PARTE DE PRETENSIONES FANÁTICAS, MINA LA FE, INDUCE A LAS ALMAS A UN FALSO MISTICISMO, Y LAS CONDUCE A TRAVÉS DE LA CREDULIDAD Y EL ORGULLO OCULTO, A SATANÁS.

Por tanto está plenamente justificado el juicio del Arzobispo Robert Dwyer, cuando dijo: “Juzguemos el Movimiento Carismático como una de las orientaciones más peligrosas de la Iglesia en nuestro tiempo, estrechamente ligado en espíritu con otros movimientos destructivos y separadores que amenaza con grave daño a su unidad y a innumerables almas” (Christian Order, mayo 1995, pág. 265).

Autores varios Revista SI SI NO NO Ed. It

Artículo 2º

MOVIMIENTOS CARISMÁTICOS 2

Documento 2  PDF

Cobra extraordinaria actualidad esté artículo aparecido hace más de una década en la revista que se indica, que será seguido de otro de la misma autoría. Las referencias al actual pontificado en el que empiezan a aflorar bendiciones pentecostales, imposición de manos, oraciones de liberación, exorcismos imprevistos etc.son evidentes e inquietantes. Juzgue el lector.

Jorge Bergoglio, cardenal de buenos aires toma la benición del espíritu , de un fraile católico y un pastor protestante

Soy responsable de la Renovación Carismática en Argentina y por eso  los quiero tanto.” ( Mensaje del Papa Francisco a la Asamblea Carismática de Rímini el 27 de abril de 2013). Cita del artículo deJohn Vennari: El Papa Francisco,  los pentecostales y la Acción Interreligiosa  (Véase la entrada Sobre el cielo y la tierra)

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MOVIMIENTO CARISMÁTICO UNA  FORMA “DEMOCRATIZADA DE  INICIACIÓN DIABÓLICA

De SISINO

Imágenes y resaltados propios

«Los católicos saben ahora que se puede recibir el bautismo del Espíritu Santo sin la imposición de las manos por parte de los obispos ni de los sacerdotes, porque pueden ir directamente a Jesús [como los protestantes].
He descubierto con gran sorpresa por mi parte que los católicos se alegran de no depender ya en todo de los sacerdotes» (Testimonio de un pentecostalista) (1)

La Congregación para la Doctrina de la Fe promulgó una Instrucción relativa a las plegarias para obtener la curación de parte de Dios (v. L’Osservatore Romano, 24 de noviembre del 2000). Además de ratificar la autoridad del obispo diocesano, la Instrucción exige que. Al efectuar tales “plegarias”, «no se llegue, sobre todo por parte de quienes las dirigen, a formas semejantes al histerismo, a la artificiosidad, a la teatralidad o al sensacionalismo» (art.5 §3).

Seminaristas católicos de  la Faternidade  carismática  de Yahvé de Sao Paulo

La Instrucción se refiere claramente al movimiento carismático, cuyas formas de fanatismo y de sensacionalismo son las únicas que parecen temer las autoridades romanas. De ahí que la prensa haya visto en el documente una legitimación del «auge súbito del carismatismo, tanto más cuanto que, al ser un fenómeno que comprende a cristianos de todas las confesiones, coincide con el camino de reunificación de las iglesias, al cual se han adherido, desde el Concilio Vaticano II en adelante, todos los Papas, especialmente el actual» (Libero, 6 de Enerodel 2001).

Si es así, hay que decir una vez más que el ecumenismo es la palanca de la “autodemolición” de la Iglesia. En efecto, en el movimiento carismático (llamado también movimiento pentecostista o “renovación del Espíritu”) hay algo mucho más grave que las manifestaciones de fanatismo y de sensacionalismo. Por eso nos ha parecido bien brindar una reducción y traducción nuestras de algunos artículos aparecidos en Sous la Bannière, nn. 89-90, de mayo-junio y julio-agosto del 2000, animados por la esperanza de redespertar algún sentido de la responsabilidad en los Pastores y, en cualquier caso, por la de poner en guardia a algunas ovejas del pobre rebaño de Cristo, indefenso y engañado.

Lo preternatural diabólico

pentecostal-diabolicoParece necesario y urgente de todo punto tratar nuevamente de la renovación carismática, porque se dice que en ella suceden “cosas extrañas”, lo cual nada tiene de sorprendente, toda vez que dicha “renovación” se injerta en una corriente oculta que nos lleva en línea recta a lo preternatural diabólico. El pentecostismo carismático parte de un fenómeno al que, según parece, se quiere hacer pasar por obra del Espíritu Santo, mientras que es obra de Satanás, travestido de ángel de luz: dicho fenómeno consiste en una iluminación iniciática, cuyo punto de llegada estriba en una forma de unión con el demonio.

La iluminación iniciáticaLa iluminación iniciática constituye el umbral de todo lo que se erige en sede de influjos diabólicos: sociedades secretas, congregaciones iniciáticas, etc. En el movimiento carismático, la iluminación iniciática “precipita” al alma en 8un universo que no es ya, pese a las apariencias, el de la fe católica, sino otro universo: el universo del “otro”, del enemigo de Dios y de las almas. Para llegar a la iluminación iniciática se requiere una elección, una decisión. En el movimiento carismático, dicha elección consiste en la de recibir el famoso “bautismo del Espíritu”. Nótese que la iluminación iniciática no es algo que se aprende, sino una “impresión” que se recibe y que no se puede explicar. René Guénon, gran especialista en el arte luciferino, expresa así la esencia de la iluminación iniciática: «No se aprende nada misterioso, sino que se experimenta» (Aperçus sur l’initiation).

Iniciación masónica.

La iluminación iniciática exige un iniciadoPara experimentar ese “algo misterioso” se necesita a alguien que haya recibido ya la iluminación iniciática. En el libro Les authentiques fils de la lumière (Los auténticos hi­jos de la luz), ed. de la Colombe, 1961), el autor, un masón anónimo, escribe al hablar de su iniciación en el grado de “Rosa-Cruz”: «El Venerable es un canal del influjo espiritual, que es el agente» (p. 87). Un “canal”: el “Venerable”, es decir, el soporte de un poder que no entiende y que al mismo tiempo debe transmitir. Este es el papel del iniciador.

Ahora bien, es evidente que en el movimiento carismático nada, absolutamente nada, puede verificarse sin un miembro “iniciador”, que haya recibido ya el “bautismo del Espíritu” (o sea, la “iniciación carismática”) y que, por lo mismo, se haya vuelto capaz de transmitir el “influjo espiritual” productor de la impresión iniciática. Esto constituye un elemento ca­pital en el movimiento carismático, elemento que también permite distinguir el sacramento de la confirmación conferido en el seno de la Iglesia católica del susodicho “sacramento carismático”.

Sólo el obispo obra en el sacramento de la confirmación (o un sacerdote delegado por él), y no puede transmitir su poder a sus sacerdotes y aún menos a los laicos. En el movimiento carismático, en cambio, el iniciado transmite con la iniciación su propio poder de “iniciar”. Además -¡cosa extraña!-, un cardenal puede recibir la iniciación carismática de manos de un niño dotado de “poderes espirituales” de que carece el príncipe de la Iglesia; basta con que este niño haya recibido el “sacramento” iniciático del “bautismo del Espíritu”. Lo cual, habida cuenta de la naturaleza jerárquica de la Iglesia, ¡es sencillamente aberrante!

De ahí que los grupos carismáticos puedan multiplicarse hasta el infinito: basta con que tengan un “iniciado”, sea cura, religioso o laico, hombre o mujer, viejo, adulto o niño; eso no importa.

La iluminación iniciática exige un ritoOtro punto capital es el de la necesidad de un rito para realizar la iluminación iniciática. Este “rito” sirve para comunicar la corriente de “satánica”, para injertar a las almas en aquel que se hace llamar el “Gran Espíritu”.

Imposición de manos, rito de iniciación automática preternatural

Oigamos ahora al anónimo autor masónico citado más arriba: «Pero, para conservar su eficacia, los ritos deben observarse escrupulosamente» (op. cit., p. 87). Y René Guénon dice (Aperçus… cit.) que, con objeto de que el rito pueda comunicar el influjo “espiritual”, es necesario que un ejercicio «o de silencio, o de recitación, o de movimiento [piénsese en la imposición de las

manos en el bautismo carismático] suscite vibraciones rítmicas» (y aquí se desvela el carácter encantatorio del rito); dichas vibraciones les permiten, a los que se entregan al rito iniciático, «percibir directamente -nos dice Guénon- los estados superiores de su ser» (se trata, que quede bien claro, de estados ligados, en realidad, al influjo preternatural diabólico). De tal modo, el rito encantatorio «sirve para provocar artificialmente una especie de ‘éxtasis’», esto es: “hace salir” al iniciado de su universo para introducirlo en otro, dominado por el espíritu infernal.

Guénon habla aquí de la gran iniciación masónica que exige, por ser tal, “éxtasis” repeti­dos; pero hay que reconocer que el movimiento carismático es la historia de un influjo “espiritual” (ajeno a la fe católica) transmitido por un “iniciado” mediante un rito que sirve de vehículo: el “bautismo del Espíritu” con imposición de las manos; ¡rito que los católicos fueron a buscar entre los pentecostistas protestantes!; el movimiento carismático no es nada, nada en absoluto, sin tal rito, es decir, sin la transmisión de un influjo “espiritual” destinado a producir una impresión o iluminación iniciática. El padre Philibert de Saint Didier, capuchino y maestro en teología, subraya justamente que este rito «se requiere para todo nuevo recluta» (Plaidoyer pour le Pentecotisme de M. l’abbé Laurentin).

La iluminación iniciática goza de una eficacia automáticaLa particular eficacia de la iluminación iniciática es muy importante, porque constituye el signo seguro de la toma de contacto con el influjo preternatural. René Guénon se muestra tajante al respecto: el rito iniciático es «siempre eficaz cuando se cumple según las reglas; poco importa que su efecto sea inmediato o más lento». La eficacia automática es un elemento impor­tante de las “místicas” diabólicas: la seguridad absoluta de obtener el efecto buscado consti­tuye un elemento precioso en la seducción del falso ángel de luz.

Ahora bien, la eficacia automática, índice revelador de la transmisión del influjo preternatural, es una nota esencial del movimiento carismático, así como de todo movimiento iniciático. Escuchemos al anónimo autor del citado Les authentiques fils de la lumière, quien nos ha­bla de su iniciación masónica: «… sentí al punto una impresión ardiente, como un relámpago… ‘algo’ subía desde lo más profundo de mi ser. Descubría un mundo nuevo, donde, de improviso, el tiempo natural se había cambiado en tiempo sacro. Sensación que no puede analizarse, pero tampoco borrarse. Así, cuánta alegría experimenté al participar, esta vez en varios ágapes en que el pan y el vino creaban un lazo místico entre los comensales del banquete sagrado» (pp. 98-99).

Así, pues:

-impresión imborrable; -descubrimiento de un mundo nuevo, es decir, emergencia de un espíritu nuevo que lo ve todo de una manera absolutamente distinta; -creación de un lazo “místico” con los demás participantes porque el iniciado, en virtud de su iniciación, se halla incorporado a una especie de “cuerpo místico”. Pasemos ahora de la iniciación masónica a la carismática.

Para darse cuenta de hasta qué punto la eficacia constituye una característica esencial del movimiento carismático, basta considerar los efectos producidos por el rito del “bautismo del Espíritu” mediante la imposición de las manos.

Cuando refieren tales efectos, los Ranaghan, que figuraron entre los primeros “pentecostistas católicos” y asimismo entre los primeros en escribir sobre el movimiento carismático (v. Le retour [sic] de l’Esprit, ed. du Cerf, Paris), no se cansan de hablar de ellos. He aquí cómo se expresa uno de los dos: «Con este bautismo fue como si me hubieran sumergido en un gran océano, solo que el agua era Dios, era el Espíritu Santo» (p 24). Sigue la ilustración de los efectos experimentados por el grupo de “fundadores” del “pentecostismo católico”:

bautismo espiritu

«Cuando estas personas de Pittsburg [profesores universitarios de los Estados Unidos, en Pensylvania] describen su experiencia del ‘bautismo en el Espíritu Santo’, hablan de una nueva conciencia del amor de Dios, cual se ofrece particularmente a través de Cristo resucitado [sic]. Jesús se les torna familiar de un modo nuevo, y ellos se encontraban a sus anchas cuando se le acer­caban como a Señor y hermano, tanta era la conciencia de su familiaridad con El. Sus plegarias se trocaron espontáneamente en alabanzas a Dios, y el deseo de orar creció en su interior. De repente, la Biblia presentó para ellos un atractivo nuevo. Habían estudiado la Escritura hacía ya tiempo, pero comenzaron a leer el Viejo Testamento y el Nuevo por pura alegría y a alegrarse de las maravillas obradas por el Padre en la historia de la salvación. Se hallaban en paz de un modo sorprendente. Serios problemas de personalidad, tensiones entre particulares, laborales o relativas a los estudios, se resolvieron fácilmente en el ámbito del amor a Cristo. Una fe nueva los llenaba. […] Junto con esta maravillosa transformación interior, recibieron varios dones del Espíritu Santo, o incluso todos. Se trata de los carismas que abundaban sobremanera en la Iglesia primitiva [pero de un origen diametralmente opuesto, como veremos]. […] Recibieron otro don que parece muy extraño. Aunque San Pablo nos recuerda que no constituye, sin duda, el más im­portante de los dones del Espíritu Santo, con todo y eso, es el que más llama la atención cuando se trata del movimiento pentecostista: es el “don de lenguas” [o glosolalia]. Se le puede definir como una alabanza a Dios en un lenguaje nuevo, un lenguaje que no lo entiende quien lo profiere, aunque lo hable.[…] Por lo común, esta plegaria no es inteligible, pero, con to­do, tiene un estilo, un vocabulario, una serie de inflexiones que denotan un verdadero lenguaje humano. Considerado el menos importante de los dones, es a menudo el primero en ser recibi­do, pero no siempre. Constituye para muchos un umbral a través del cual se entra en el reino de los dones y de los frutos del Espíritu Santo» (pp. 25-27).

Estos efectos producidos por el “sacramento” del Crisma han seguido manifestándose al ritmo de las sucesivas iniciaciones, muchas veces de manera clamorosa. He aquí un tes­timonio:

pentecostales4«Estaba de pie ante el altar, y un momento después me hallaba derribado por tierra, llorando y sumido en un rapto que quizás no vuelva a experimentar jamás. Después de algún tiempo (no sé cuánto), volví a encontrarme en pie, y bajé con la conciencia de que el Espíritu de Dios había obrado en mí [..]. Reflexioné y comprendí que debía volver a la capilla para rezar. Tenia miedo de entrar, pero lo hice. Me encontré tumbado de espaldas, con los brazos en cruz. Rogaba, pero con una sensación extrañísima: no pensaba en las palabras antes de pronunciarlas; al escuchar lo que decía lo oía por vez primera. Era como si oyese hablar a otra persona. Entretanto, alguien había entrado en la capilla, pero casi no me di cuenta. Al cabo de un rato, me senté y vi que era una amiga mía. Me sentí tan feliz al verla rezar, que no pude contenerme; la miré y le dije: ‘Le deseo bien’; ella me respondió: ‘Yo también’, y me preguntó si podía leerme algo. Abrió la Biblia y comenzó a leer. No sé cómo fue, pero, tras las primeras palabras, sentí la cercanía de Cristo aún más intensamente que antes. Al ir a hablar con los que habían entrado me di cuenta de que emitía sólo sonidos ininteligibles, como un mudo que intentara expresarse» (pp. 34-35).

Y he aquí otro testimonio, con “olor a azufre” y un pasaje típico que pondremos de relieve más adelante: «Aquella noche, nueve de nosotros nos

"Si el P.Lombardi lo desmintió quiere decir que no entendió nada"

reunimos con el profesor Duquesne para rezar y le pedimos nos impusiera las manos y rogara para que recibiéramos el bautismo en el Espíritu. Comenzó ordenando a Satán, en nombre de Jesús, que saliera de nosotros [Nótese aquí una
inversión propiamente diabólica]; que hiciera cesar las tentaciones, las dudas y los obstáculos que suscitaba en nosotros; que nos dejara en libertad de responder plenamente a Dios [¿?] Luego nos impuso las manos y rogó para que nos llenásemos del Espíritu Santo […]. Cuando se llegó a mí, no me esperaba realmente ninguna manifestación exterior […] Se paró un momento frente a mí y, en nombre de Cristo, expulsó a Satanás [¿?]. Apenas había terminado de hablar, tuve conciencia de que un demonio [¿?] me dejaba. Sentí que temblaba y reconocí clara y distintamente un olor a azufre quemado. […] Después, me impusieron las manos y aunque no recibí el don de lenguas aquella primera noche, comenzaron a suceder tantas cosas que estuve cierto de la fuerza del Espíritu Santo [¿?] Me sentí de improviso atraído con fuerza hacia la Biblia. La Escritura me parecía transparente; la plegaria, una auténtica alegría. Era tan fuerte el sentimiento de la presen­cia y del de Dios, que me acuerdo de haber permanecido sentado en la capilla durante media hora, riendo de alegría mientras pensaba en el amor de Dios» (pp. 62,63).

Francisco impone las manos a un enfermo ¿oración de sanación? ¿Rito de liberación?. Amorth asegura que fue un exorcismo a un hombre a quien el había practicado cuatro exorcismos. Todo ello cabe dentro de la imposición de manos pentecostal

Prestemos atención a este pasaje: “Se paró un momento frente a mi y, en nombre de Cristo, expulsó a Satanás. Apenas había terminado de hablar, tuve conciencia de que un demonio me dejaba, etc.”. Citemos a modo de parangón algunas líneas de un texto del Padre Catry: un religioso ha expulsado con agua bendita al demonio de un energúmeno mientras éste practicaba la escritura automática:

«El poseso: -¿Qué ha pasado?

El religioso: -Señor N.: estaba usted escribiendo y yo le he rociado con agua bendita. El poseso: -¿De veras?… Había en mi una que pugnaba por escribir, pero otra fuerza me lo impedía desde fuera. He luchado y perdido.

El religioso: -¡Ha sido vencido por el poder de Dios en el agua bendita! ¿Nunca antes ha­bía experimentado nada semejante?

El poseso: -No; o mejor dicho, sí, pero en sentido contrario. Fue el día de la iniciación. La fuerza que resistía estaba dentro de mi, y yo la expulsé.

El religioso: -Era el Espíritu Santo de su bautismo. Expulsó a Nuestro Señor Jesucristo pa­ra dar cabida al demonio».

Recordemos estas palabras del endemoniado: “Fue el día de la iniciación”.

El paralelismo entre ambos textos muestra la inversión diabólica [Dios es expulsado por Satanás, y Satanás por
Dios] y que el olor a azufre advertido por la víctima ¡venía en rea­lidad del prof. Duquesne, quien desempeñaba su papel de iniciador carismático!

Sacerdote católico impone las manos en una ceremonia (¿Misa?) litúrgica

Todos los promotores del movimiento carismático sedicentemente católico alardean, con complacencia, de los efectos del “bautismo del Espíritu”, como el abate Caffarel en ¿Se debe hablar de un pentecostismo católico?; Un incremento de vida divina y el descubrimiento del Huésped interior; una plegaria viva y jubilosa; el amor a la Sagrada Escritura; el apego a la Iglesia; el impulso misionero; una experiencia de liberación (en el plano físico, moral, psicológico), y, por último, los carismas: profecía, discernimiento de espíritus, poder de curar, hablar en lenguas, don de interpretar… En pocas palabras: ¡todo lo que se precisa para renovar la faz de la tierra! Y precisamente porque provoca estos efectos maravillosos de ardor religioso, la renovación carismática presenta un atractivo fuera de lo común, toda vez que la atracción de lo extraordinario es la más fuerte de todas. En efecto, ¿qué sacerdote, qué católico militante, no desea que su apostolado sea eficaz? ¿qué discípulo de Cristo no desea ardor al rogar, al leer la Sagrada Escritura, al practicar la caridad? ¿qué cristiano de a pie no desea “sentir” el amor de Dios, su inefable presencia, su acción benéfica? ¿Qué católico no se cansa de vivir en la “desnudez” de la fe, en la “negrura” de la esperanza (sperare contra spem), en un mundo cada vez más desierto, en el cual los miedos, los compromisos, las traiciones asfixian cada vez más a la Verdad, natural o sobrenatural, y donde la caridad es muchas veces nada más que filantropía sin fuego divino y, por ende, sin llama?

Así, pues, hay que considerar ante todo que la eficacia automática del pentecostismo, de todo movimiento carismático, constituye el signo manifiesto de un influjo extremadamente poderoso capaz de transformar a un ser humano en el plano físico, psíquico, moral, religioso, sin que éste haga el menor esfuerzo, salvo el de dejarse imponer las manos y escuchar la fórmula requerida. «El rito siempre es eficaz», nos dice Guénon.

La cuestión capital: ¿de qué naturaleza es ese influjo iniciático?Llegados a este punto, se plantea el interrogante más importante: ¿cual es la verdadera naturaleza de este influjo iniciático?

Dejemos hablar otra vez al masón anónimo de Los auténticos hijos de la luz, quien cita un texto que considera en extremo esclarecedor:

«Hay algunos que pueden, en determinados momentos, separarse de sí propios, descender bajo el umbral, cada vez más abajo, a las oscuras profundidades de la fuerza que sostiene su cuerpo, donde esta fuerza pierde su nombre y su individualidad. En dicho punto, se tiene la sensa­ción de que esta fuerza se dilata, comprende al yo y al no-yo, invade la naturaleza toda, ma­terializa el tiempo, transporta miríadas de seres como si estuvieran ebrios o alucinados, presentándose bajo mil formas: fuerza irresistible, salvaje, inagotable, que no descansa, caren­te de límites, abrasada por una insuficiencia y una privación eternas» (p. 88).

Es un lenguaje que termina por coincidir con el propio de los escritores eclesiásticos cuan­do hablan del demonio. La fuerza salvaje, que no descansa, abrasada por una insuficiencia y una privación eternas, la fuerza capaz de transportar miríadas de seres como si estuvieran ebrios o alucinados, es el Espíritu de Lucifer, marcado por una incandescencia que ilumina y “quena”, y que puede transformar en un instante a un ser humano para hacer de él una víctima segura.

Ahora bien, basta leer los testimonios de las víctimas de la renovación carismática para comprender que el “Espíritu” que presta su fuerza preternatural al influjo iniciático produce efectos absolutamente extraordinarios por su número, género, rapidez, intensidad.

El actor masónico llega hasta a hablar de una “presencia invisible” en el momento de la iluminación iniciática: «Es uno de los misterios de la iniciación: el ambiente (…) y quizás una presencia invisible causan una emoción inefable» (p. 99). En efecto, la “presencia” de Satanás es la que explica la subitaneidad y la intensidad de la emoción experimentada, y la que hace de la iluminación iniciática una experiencia mística diabólica. No se trata de “autosugestión”: la eficacia prodigiosa de la iniciación está ahí para demostrarlo; se trata de la verdadera recepción de una influencia externa: aquí radica la gravedad de la iniciación.

Escuchemos ahora al Padre Catry, en el artículo ya citado: «¿Cuál es la naturaleza del ‘influjo espiritual’, tan indispensable para el iniciado como la electricidad para el motor? René Guénon habla de un ‘elemento no humano’, ‘de orden trascendente’, ‘sobrenatural’, que pone en comunicación con los ‘estados superiores del ser’. Este no puede ser el verdadero sobrenatural, el sobrenatural divino: Dios da testimonio de Sí propio, no del ‘gran todo’. ¿Será un influjo de orden preternatural, diabólico? Es posible. Tanto más cuanto que Guénon asimila los ángeles a los ‘estados superiores del ser’… Pero, dado que el demonio sobresale en el arte de disfrazarse de ángel de luz, importa distinguir los influjos. ¿Qué ángeles intervienen en la iniciación? Los buenos concurren sólo a preparar la iluminación de la fe y observan siempre la mayor discreción. Pero los ángeles malos pueden alimentar cualquier ilusión y ha­cerla seductora, acompañándola hasta con prodigios en los que se entregan a su acción».

Es de bulto que la iluminación iniciática no puede tener un origen divino en el movimiento carismático, porque su fuente no es la de la fe católica. El Padre Eugenio de Villembanne escribe al respecto: «El pentecostismo sedicente ‘católico’, que se ramifica en ‘renovación carismática’ y ‘renovación del Espíritu’ y que intenta, a posteriori, dotarse de una justificación doctrinal, empezó por rechazar a la Iglesia Católica jerárquica, por rebelarse contra ella u olvidarla voluntariamente; los fundadores de este pentecostismo ‘católico’ y los padres de las distintas ‘renovaciones’ le volvieron la espalda a su obispo para ir a pedir a unos pentecostistas protestantes la iniciación doctrinal y el ‘bautismo del Espíritu’, o efusión del Espíritu Santo mediante la imposición de las manos. Violaron, además, el canon 1399, nº 5…» (Illuminisme “67”: Reflexions et conclusions, p. 1; traducción nuestra). En efecto, todo comenzó con la participación en asambleas de pentecostistas protestantes y con la recepción del “bautismo del Espíritu” por obra de los sobredichos pentecostistas.

También aquí nos encontramos otra vez con René Guénon, con la necesidad -dice- de «vincularse a una organización ritual, porque nada puede comenzar y progresar sin iniciación». Leyendo en el libro de los Ranaghan (Le Retour de l’Esprit) la narración del origen del pentecostismo católico, se reconocen todos los elementos de la iniciación indicados por Guénon: en el seno de la organización protestante hallamos al iniciado o a los iniciados mediante los cuales se transmite “el influjo espiritual” según un rito bien preciso: la plegaria al “Espíritu” acompañada de la imposición de las manos; y este rito demuestra su eficacia por los efectos que se siguen de él. Veámoslo.

El 18 de enero de 1967, «día de la octava de la Epifanía, consagrada por la liturgia católica a la celebración del bautismo de Jesús mediante el Espíritu Santo en el Jordán, … ellos [los fundadores del pentecostismo] se encontraban en casa de miss Florence Dodge, una presbiteriana que había organizado el grupo de oración un tiempo antes. El grupo se reunía en su ca­sa con regularidad y ella dirigía habitualmente estas reuniones» (p. 22). Después, los tres profesores de Pittsburg y la mujer de uno de ellos asistieron a una primera reunión carismática: «Nos dejó la impresión duradera, dice uno de ellos, de que allí obraba el Espíritu [¿?]» (p. 23)

Dos de los de los profesores asisten a la siguiente reunión: «terminó -dice el mismo testigo- cuando Pat y yo pedimos que se rogase con nosotros a fin de recibir el bautismo del Espíritu.

Ellos se dividieron en varios grupos, porque rogaban por varias personas. Sólo me pidieron que hiciera un acto de fe para que el poder del Espíritu obrara en mi. Muy pronto recé en lenguas» (p. 23). «La semana siguiente -agregan los Ranaghan-, Ralph [uno de los dos iniciados] impuso las manos a los otros dos [compañeros] y también ellos recibieron el bautismo del Espíritu» (p. 24). El proceso está en marcha: el iniciado se vuelve iniciador a su vez y así transmite el “influjo espiritual”. Todo el denominado pentecostismo ‘católico’ se halla en germen en estos textos del libro de los Ranaghan. Prosiguiendo su lectura, vemos cómo la “corriente” pasa de uno de los promotores a los recién llegados: «Una pareja de novios… había oído hablar del “bautismo del Espíritu Santo” y deseaba recibirlo. Se acercaron por eso a Ralph Keifer [uno de los fundadores del pentecostismo “católico”] y le pidieron que rogara con ellos para que el Espíritu Santo se hiciera plenamente activo en su vida… fueron profundamente to­cados por el Espíritu de Cristo. El Espíritu se manifestó muy pronto con el don de lenguas en las cuales aquel joven y aquella muchacha loaron a Dios» (p. 29). Y no acaba todo ahí: «Pero ellos sabían que, al mismo tiempo, una de las jóvenes [miembro del grupo
pentecostista] …había sido atraída a la capilla y que allí había sentido la presencia casi tangible del Espíritu de Cristo. Salió temblando de la capilla y apremió a los otros para que regresaran a ella. Los miembros del grupo, solos o en parejas, se trasladaron allí y, mientras estaban todos unidos en oración, el Espíritu Santo se derramó sobre ellos» (pp. 29-30). ¡Salta a la vista que esta especie de “Espíritu” sopla mucho y “pneumatiza” a todo el que se entrega su acción desbordante de favores carismáticos! En pocas palabras: la corriente carismática pasó del protestantismo herético e iniciático a los susodichos católicos, provocando “efectos maravillosos” de ardor religioso que no pueden explicarse por el recurso a una causa sobrenatural, porque el Señor no puede en manera alguna entrar en una experiencia hecha por católicos desobedientes a la Iglesia, en un ambiente herético y con una iniciación, un rito, abiertamente acatólico.

La renovación carismática no se funda ni en la doctrina católica, ni en la espiritualidad católica, ni en la liturgia católica. Tiene la exterioridad de la fe, pero, en realidad, cons­tituye su negación. La “fe” carismática está hecha de intuición, de sentimiento, de experien­cia interior; es una “fe” inmanente y subjetiva. No se trata ya de “saber” para creer, sino de “sentir” para creer. El alma toma el camino de la sensibilidad, y es ahí donde el demonio está en acecho.

Piénsese en la novela modernista de Fogazzaro Il Santo (publicada hacia el 1904): «Recoger nuestras almas en Dios, silenciosamente, cada uno por su cuenta, hasta sentir dentro de nosotros la presencia misma de Dios… Queremos sentirnos unidos… debemos sentir a Dios presente en nosotros, pero cada uno de nosotros debe sentirlo presente también en los otros; ¡y yo lo siento tan vivamente en vosotros!… Todos nosotros que sentimos que Cristo prepara… una inmensa transformación por medio de profetas y de santos». La “fe” carismática es tal a base de experiencia sensible [v. San Pío X, Enc. Pascendi contra el
modernismo]. El cardenal Suenens se expresa de esta suerte sobre la esperanza “teologal”: «La esperanza teologal se hace experi­mental» (Une nouvelle Pentecôte). A lo que el padre Philibert de Saint Didier (ya citado) se apresura a responder: «Es una afirmación curiosa. El objeto de una esperanza declarada ‘teologal’ es Dios que promete. ¡pero no se experimenta a Dios! Se cree en El. Cuanto al motivo de dicha esperanza ‘teologal’, estriba (por lo mismo que antes, por su teologalidad) nada más que en la fidelidad por naturaleza de Dios que promete. Y tampoco ésta se experimenta» (Interroga­tion sur le Pentecotisme?).

Nos queda ahora por tratar un último punto: ¿Dónde desemboca la iluminación iniciática?

La desembocadura de la iluminación iniciáticaHenos aquí ante almas “iniciadas”, es decir, entenebrecidas, incapaces de efectuar el discernimiento necesario para volver a encontrar el verdadero camino de la fe católica. Estas almas deseosas de recibir el “bautismo del Espíritu” no se han dado cuenta de que le abren los brazos al demonio en el seno de la experiencia carismática, tanto mas cuanto que éste pone el mayor cuidado en esconder sus cuernos y sus garras, y se viste de luz para seducir a sus víctimas.

Bossuet nos previno: «Veo en la Iglesia dos tipos de persecuciones: la primera, en el origen y bajo el imperio romano, preponderantemente violenta; la segunda, al fin de los tiempos, la cual será el reino de la seducción». Al comprobar el poder de seducción de la renovación carismática, ¡no puede uno dejar de creerse de alguna manera en este último reino! Con la seducción es con la que el “príncipe de este mundo” quiere enredar a las almas que aún distinguen el bien del mal.

La impresión recibida durante la iluminación iniciática es una impresión luminosa, eufórica, exaltante. Así se exalta ni más ni menos un carismático anónimo: «Alegría y luz, desper­tar cristiano [cf. el “despertar” masónico] , renovación de vida y de voluntad, explosión de alegría interior, dulce y duradera, iluminación divina del último grado de la vida mística: todas estas cosas se conceden con la fuerza del Espíritu Santo a los principiantes…».

Los favores carismáticos abundan y sobreabundan en el umbral del camino iniciático, lo que le permite al pentecostismo- renovación “crecer como los hongos” para el mayor daño de las almas incautas. El nuevo afiliado se calma en virtud de la seducción diabólica; una tranquilidad perfecta se adueña de él, por lo que ya no puede descubrir el disfraz del falso ángel de luz. Puesto que el mal incluido en la iluminación iniciática no es manifiesto, las almas no se ha­cen siquiera la pregunta de si está bien o mal, y caen presas en la red infernal sin saberlo. Para librarlas de su ceguera sería menester obrar el discernimiento de espíritus, lo único que permite desvelar una inspiración diabólica allí donde se cree ver una inspiración divina. Lo que pone en peligro al falso místico es precisamente el hecho de que le inspira el Tentador, el cual impulsa con tiento a las almas a donde jamas habrían querido ir si se les hubiera revelado antes el auténtico desemboque.

Las cosas se presentan en el movimiento carismático como si el demonio quisiera, de algún modo, “democratizar” una forma simplificada de iniciación para coger en sus redes al mayor número posible de almas, ígnaras como están de sus astucias más sutiles. De hecho, ¿cuál es el resultado de la maniobra carismática de Satanás? El “Espíritu” al que se adora no es ya objetivamente el Espíritu Santo de la fe católica: es el “gran espíritu” salido del infierno, y los “dones carismáticos” concedidos por él son la manifestación de su presencia y de su acción. Si el demonio da con tanta largueza es porque así usurpa el lugar del Señor y recibe una adoración que sólo a El se debe. Dios, en efecto, no se puede dejar confiscar por una caricatura simiesca del sacramento de la confirmación, totalmente ajena a la fe católica.

La doctrina católica da el remedio contra la seducción diabólicaDios, en verdad, es dueño de sus dones y puede dar los que quiera, a quien quiera y cuando quiera; pero el católico no debe “tentar” al Señor (Mt 4, 7), a diferencia de lo que el pentecostalismo- renovación le invita a hacer. En efecto, si hay una petición a la cual el demonio responde con toda seguridad es la del “bautismo del Espíritu” con todo su diluvio de carismas: el “espíritu” implorado se apresura a llegar, ¡pero no es el que se esperaba!

Por eso San Vicente Ferrer, como Santo Tomás y San Juan de la Cruz, pone muy en guardia a las almas contra la «sugestión e ilusión del demonio, que engaña al hombre en sus relaciones con Dios y en todo lo que a Dios se refiere» (La Vida espiritual), y da el remedio contra las tentaciones espirituales suscitadas por el diablo: «Los que quieran vivir en la voluntad de Dios no deben desear obtener […] sentimientos sobrenaturales superiores al estado ordinario de quienes tienen un temor y un amor de Dios muy sinceros. Tal deseo, en efecto, sólo puede ve­nir de un fondo de orgullo y de presunción, de una vana curiosidad respecto a Dios y de una fe demasiado frágil. La gracia de Dios abandona al hombre presa de este deseo y lo deja a la mer­ced de sus propias ilusiones y de las tentaciones del diablo que lo seduce con visiones y revelaciones engañosas» (ivi). Y también: «Huid de la compañía y la familiaridad de quienes siem­bran y difunden estas tentaciones y de quienes las defienden y alaban. No escuchéis sus relatos ni sus explicaciones. No busquéis ver lo que hacen porque el demonio no dejaría de haceros ver en sus palabras y obras signos de perfección a los cuales podríais prestar fe y así caer y perderos con ellos» (ivi).

De aquí la necesidad de abstenerse no sólo de participar en las ceremonias carismáticas para recibir en ellas una influencia real, sino también de asistir a ellas en calidad de simples espectadores. Agreguemos asimismo las palabras de San Ignacio, experto en el discernimiento de espíritus: «Es propio del ángel malo, transfigurado en ángel de luz, comenzar con los sentimientos del alma devota y terminar con los propios».

Desde el momento en que el alma cruza el umbral del universo carismático (universo oculto), puede pasar de todo. Se empieza con dones inefables: entusiasmo y ardor ferviente, liberación de los complejos, de los vicios, don de profecía, de curación, de glosolalia (o xenoglosia: ha­blar una lengua extranjera desconocida), etc…; se sigue con una evolución paralela a la de la droga (puesto que la “efusión del Espíritu” en el seno del movimiento carismático es una auténtica droga espiritual: comporta una degradación progresiva del alma, un anonadamiento cada vez mayor de la vida de la fe), y se termina con juergas sensibles y sensuales, y a veces en la locura. Y dado que vivimos en una época en que no se conoce ya al demonio (la demonología ya no es una ciencia religiosa oficial, ya no se la enseña en los seminarios), una época en que no se habla de él, en que se ríe sólo con pensar en é1 o mencionarlo, una época en que hay pocos sacerdotes o religiosos competentes en este campo, en que se toma la conciencia de una cierta posesión interior por una enfermedad que atañe a la psiquiatría, bien se echa de ver cuánto habrán de sufrir las almas que, “ígnaras” o “imprudentes” (como dice San Juan de la Cruz), se hayan dejado atrapar en las fantasías carismáticas del pentecostismo- renovación, «es­ta nueva forma de brujería que apela al Espíritu Santo» (Padre Calmel, o. p.).

Imposible no acordarse de estas palabras del Evangelio: «Muchos me dirán en aquel día: ¡Señor, Señor!, ¿no profetizamos en tu nombre, y en nombre tuyo arrojamos los demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Yo entonces les diré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de iniquidad» (Mt 7, 22-23).

Pentecostismo y modernismoAñadamos, para completar, que el pentecostismo o renovación carismática, si bien constituye el fruto de todos los “iluminismos” del “Paráclito” que han marcado la historia de la Iglesia desde el gnosticismo, es también el fruto de las filosofías que han preparado, sostenido, provocado “teologías” esotéricas. Todo lo que rechaza la objetividad de la razón filosófica o científica así como de la fe católica, en provecho exclusivo de la intuición del corazón, de la experiencia íntima y personal, ha preparado, de lejos o de cerca a la “religión” carismática. Por esta vía, y sobre todo gracias al modernismo, se ha podido hacer del “hombre moderno” un hombre que siente su filosofía, su religión, como provenientes del corazón, de su religión personal. La renovación carismática es subjetivismo gnóstico por naturaleza: se trata de hacer en sí la “experiencia de lo divino” o, traducido al lenguaje carismático, la experiencia viva del “Espíritu Santo”.

Pentecostismo y ecumenismoSe comprende fácilmente que la renovación carismática sea un instrumento privilegiado en el plan ecuménico de la Contra- Iglesia, que deba servir de común denominador para la unificación de las religiones.

Así lo escribe el Padre Eugenio de Villeurbanne ya citado: «Esta pretensión se patentiza a todo lo largo del libro del modernista cardenal Suenens Une nouvelle Pentecôte… el autor quiere que el Espíritu Santo sea ‘agente de comunión’ … nótese también su comparación errada y falsa de la Iglesia con la Trinidad, ‘unidad plural’, para persuadirnos de que la Iglesia (el autor nunca dice la Iglesia Católica, porque para él la Iglesia es lo que los protestantes llaman ‘la gran Iglesia’ o federación de iglesias) debe componerse de varios elementos distintos (mejor dicho: heterogéneos). Pero, por desgracia para el cardenal, la Santísima Trinidad no es una ‘unidad plural’, porque lo que constituye fundamentalmente su unidad está total, igual e idénticamente en cada una de las tres Personas; y dado que la esencia divina, una y única, no está dividida, ¿cómo podrá ser “plural”? Las Personas divinas no multiplican la unidad divina. Por ello, si la Iglesia debe ser una imagen de la Trinidad, lo será sólo cuando todas sus partes tengan la misma sustancia y naturaleza, lo que no sucede ni sucederá jamás con “iglesias” que no posean la misma fe ni el mismo ‘depositum fidei’ o Credo. Es certísimo que a los carismas se les quiere hacer desempeñar el papel de denominador común, a costa de una blasfemia sacrílega: poner al Espíritu en contradicción consigo mismo, haciendo que llene de carismas y de una supuesta efusión a los que niegan los dogmas que El ha revelado junto con el Padre y el Hijo».

De este modo, la renovación carismática, al funcionar de denominador común para la unificación de las “religiones”, ¡nos encamina hacia la Iglesia universal, o sea, hacia el cuerpo místico de Satanás! Los enemigos de la Santa Iglesia no se equivocan sobre este punto: «Estos es­fuerzos hacia el ecumenismo cristiano significan para nosotros nada más que unos pasos en el camino de un ecumenismo que querríamos total» (F . .. Ryandey, citado por P. Virion en Mystère d’iniquité, p. 132).

La “Iglesia del amor” o el hombre en lugar de DiosEn el libro de Huysmans titulado Là bas (“Allá”), figura un pasaje particularmente importante, el cual evoca a la iglesia carismática de Juan (contrapuesta a la iglesia jerárquica de Pedro), que florecerá con la venida del Paráclito y que se denomina la “iglesia del amor” (en sintonía con la “civilización del amor” de Pablo VI), la “iglesia de la reconciliación”, la “iglesia ecuménica” o “universal” (en virtud de su carismatismo): «Es un axioma teológico que el espíritu de Pedro vive en sus sucesores. Vivirá en ellos, más o menos celado, hasta la expansión auspiciada del Espíritu Santo. Entonces Juan, tenido de retén -dice el Evangelio- comenzará su ministerio de amor y vivirá en el alma de los nuevos Papas». Este texto muestra claramente el lazo esotérico que media entre la “expansión del Espíritu Santo” (por conducto de la “renovación carismática”) y el “ministerio de amor” de Juan. El autor esotérico Salémi anunciaba en 1960: «El nuevo evangelio de Juan pronto se predicará en toda la tierra» (Le message de l’Apocalypse, p. 293).

Estamos en los tiempos de este “nuevo evangelio”: «Se invoca al apóstol San Juan -escribe Pierre Virion-, discípulo del amor, contra la autoridad de Pedro. Es la vieja teoría de los Rosa- Cruz, que profetiza la iglesia esotérica [iniciática] de Juan, superior a la iglesia exotérica [no iniciática] de Pedro, y cuyos tiempos apocalípticos parecen llegados hoy. La Iglesia romana debe cederle el puesto, debe desaparecer tal como es: ‘El ciclo de Juan… se ha abierto’» (Mystère d’iniquité, p. 146).

Se plantea entonces la pregunta: ¿qué diablos es esta “iglesia de Juan”, la iglesia de la tercera hora, la iglesia de la hora del Espíritu Santo? La iglesia de Juan no es ya Dios en el primer puesto, sino el hombre; no la trascendencia divina, sino la inmanencia; no la fe, sino el gusto sensible, lo prodigioso, los carismas (democráticamente asegurados a todos gra­cias al “bautismo del Espíritu”); no el dogma, sino la “revelación interior”, el subjetivis­mo, el profetismo, el iluminismo; no el sacramento instituido por Cristo, sino otra especie de “sacramento” injertado en una corriente oculta (tal es el “bautismo del Espíritu: una parodia de sacramento al haber en él efusión de “gracia diabólica” por conducto de un rito herético); no la eucaristía- sacrificio (de aquí el encarnizamiento contra el rito llamado de San Pío V), sino la eucaristía- fiesta; no el sacerdocio ministerial, sino el carácter sa­cerdotal de todo fiel (1); no la iglesia jerárquica y carismática al mismo tiempo, sino una iglesia meramente carismática; no el Papa, sino un sínodo paralizador; no los obispos, sino una colegialidad sofocante; no los párrocos, sino las asambleas presbiterales; no la jerar­quía oficial, sino comisiones, comités, etc., etc., constitutivos de un gobierno paralelo; no la Iglesia Católica Romana, sino una iglesia universal que asfixia todos los cultos tributados a cualquier divinidad. En conclusión: la que René Guénon llamaría una “iglesia integral”. Y esta “iglesia integral”, cuyo cometido se cifra en destruir por asfixia a la iglesia jerárqui­ca tradicional, que es la iglesia de Pedro, debe ser el fruto de la venida del Espíritu (los Ranaghan decían: del “retorno” del Espíritu), ¡porque es el “Pentecostés” de este “Espíritu” el que permitirá a Juan ejercer su “ministerio de amor”!

Comprendemos ahora por qué en nuestros días se nos habla tanto de amor: «Se engañará al pueblo en nombre del amor, de un amor que no es la caridad teologal, pero cuyo nombre usurpa. Así, nunca habíamos leído tanto en las publicaciones masónicas la frase: ‘Amaos los unos a los otros’. Pero se la emplea siempre, en nombre de Cristo, contra su Iglesia» (Mystère d’iniquité, cit., p. 146).

¿Qué hacer?¿Qué hacer frente a la ceguera causada por la invasión carismática, caricatura diabólica del sacramento de la confirmación, pero llamada “bautismo” con razón porque marca el paso del mundo católico al oculto? San Juan de la Cruz dice: «[Una vez cegada el alma] podrase engañar en la cuantidad o cualidad, pensando que lo que es poco es mucho, y lo que es mucho poco; y acerca de la cualidad teniendo lo que tiene en su imaginación por tal o tal cosa, y no será sino tal o tal, poniendo, como dice Isaías, las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, y lo amargo por dulce y lo dulce por amargo (5, 20)» (Subida del Monte Carmelo, L. 3, cap. 8).

Es necesario hoy más que nunca insistir en lo que constituye la verdadera vida de fe. Sigamos escuchando a San Juan de la Cruz: «(…) y así, yendo el alma vestida de fe, no ve ni atina el demonio a empecerla, porque con la fe va muy amparada -más que con todas las demás vir­tudes- contra el demonio, que es el más fuerte y astuto enemigo.

Que por eso san Pedro no halló otro mayor amparo que ella para librarse dél cuando dijo: Cui resistite fortes in fide (I Petr 5, 9). Y para conseguir la gracia y unión del amado, no puede el alma haber mejor túnica y camisa interior, para fundamento y principio de las demás vestiduras de virtudes, que esta blancura de fe, porque sin ella, como dice el Apóstol, imposible es agradar a Dios (Hebr 11, 6), y con ella es imposible también dejarle de agradar, pues El mismo dice por el profeta Oseas: Desponsabo te mihi in fide (Os 2, 20), que es como decir: Si te quieres, alma, unir y desposar conmigo, has de venir interiormente vestida de fe» (Noche pasi­va del espíritu, cap. 21).

Recurramos a la santísima Virgen para que aplaste la cabeza de aquel que se hace pasar por el Espíritu Santo y quiere hacerse adorar en su lugar. Recitemos por eso el Santo Rosario con todo el ardor de nuestra fe, enemiga de la “sensibilidad carismática”.

El lanzazoEl pentecostismo- renovación es, en la evolución de la iglesia “conciliar”, como el lanzazo al corazón de Cristo, golpe no sentido por quien lo recibió porque ya estaba muerto. Se diría que revive místicamente en la iglesia “conciliar”, que no advierte el lanzazo inferido a su corazón por la renovación carismática; la falta de reacción al respecto de las autoridades parece la insensibilidad de un muerto en las tinieblas sepulcrales. Pero el sepulcro esta contiguo a la resurrección, y si nos sintiéramos tentados de preguntar al Señor lo que Isaías (21, 11) preguntaba al centinela: «¿A qué hora estamos de la noche?», la respuesta del Místico Custodio sería: «Se acerca la mañana».

Notas:

  • (1) Así lo testimonia un pentecostista: «Los católicos saben ahora que se puede recibir el bautismo del Espíritu Santo sin la imposición de las manos por parte de los obispos ni de los sacerdotes, porque pueden ir directamente a Jesús [como los protestantes] . He descubierto con gran sorpresa por mi parte que los católicos se alegran de no depender ya en todo de los sacerdotes» (citado por Lumière, julio de 1975). También un cura católico carismático atestigua: «Comenzamos a realizar el sacerdocio de todos los fieles» (ivi) Il Segno, revista de la Diócesis de Bolzano- Bressanone, 25 de Noviembre del 2000: «Hacia el Adviento/ Reflexionamos sobre el perdón», con la firma de un tal Gualtiero Meneghelli. En su primera “reflexión”, nos informa de que Dios «es un papá que no premia ni castiga», y se acoge al Evangelio: a la parábola de la oveja descarriada y a las demás “parábolas de la misericordia”. Pero el Evangelio -observamos- no se encuentra enteramente en las parábolas de la misericordia. ¿Nunca ha leído el articulista de la revista diocesana de Bolzano- Bressanone, por ejemplo, el juicio universal en Mt. 25, 46?: «Y aquellos irán al suplicio eterno y los justos a la vida eterna»: ¡He aquí en el espacio de una sola frase, el premio eterno de los buenos, y el castigo, eternamente eterno, de los malos! No importa: leer en la Sagrada Escritura aquello que agrada o sirve a las propias tesis es un arte tan viejo como el “padre de la mentira”, quien, incluso para tentar a Nuestro señor Jesucristo se sirve de un pasaje aislado de la Escritura (v. Mt. 4, 5-7).Del Evangelio de San Mateo cita Meneghelli, en cambio, el capítulo 18, versículos 15 al 18, ofreciendo de él una “novísima” exégesis además de una versión “ad usum delphini”. Según él, cuando Jesús dice: Si el hermano, corregido privadamente y luego en presencia de dos testigos, no te escucha, «díselo a la Iglesia, y si ni siquiera la Iglesia presta oído, sea para ti como gentil y publicano», en realidad no habla de someterse al juicio de la Iglesia, a quien confiere incluso el poder de expulsar de su seno al rebelde obstinado, sino que invita a todos a poner a esos obstinados rebeldes… en lugar preferente, igual que puso en lugar preferente a los gentiles y publicanos (¡sin importar que estuviesen o no arrepentidos!) y cuando Jesús añade: «En verdad os digo que todo cuanto atareis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado también en el cielo», siempre según Meneghelli, no se refiere a la jerarquía sino, democráticamente, a toda la comunidad cristiana, como ya pretendieron, contra el unánime testimonio de los Padres y del Magisterio constante e infalible de la Iglesia, Zuinglio y otros “reformadores” protestantes, que con tal fin, transformaron el “Dic ecclesiae” en “Dic communitati”, exactamente como “Il Segno” cambia el “díselo a la Iglesia” por el “díselo a la Asamblea” (sobre este tema, v. Cornelio A lapide, Commentarium In Mattheum, cap. XVIII).Esta interpretación -admite Meneghelli- «parece contradecir nuestra tradición… También va contra la enseñanza que nos a sido dada». ¿Y qué? La enseñanza tradicional “es algo que ha contribuido al alejamiento de muchos cristianos [“los hermanos separados”] respecto de la comunidad de la que formamos parte [la Iglesia Católica] “y ahora -ecuménicamente- contradecimos la tradición, rechazamos la enseñanza de Cristo que nos ha sido infaliblemente transmitido por la Iglesia y protestantemente con los peores protestantes, digamos, como dice Meneghelli en Il Segno, que «el cometido de la reconciliación, de la remisión de los pecados, no ha sido confiado solamente a los sacerdotes», sino que «perdonar los pecados concierne a todos, y no sólo a los sacerdotes, [y puesto que los hermanos separados niegan la confesión, más precisa y reductivamente prosigue:] reconciliarse con cualquiera que sepamos tener algo en contra nuestra».
    Y si algún católico atrasado aún deseara confesarse, ¡hágalo, pues!. «Con todo aquello que hemos dicho [¿plural mayestático?] – escribe Meneghelli- no queremos convencer a ninguno de la inutilidad de confesarse con un sacerdote. ¡Absolutamente no!» ¿Y sabéis por qué? Porque «el hombre, cada uno de nosotros, necesita de alguien a quien dirigir sus demandas de perdón, confesar sus angustias y sus pecados». ¡Eso es todo! Simple cuestión de utilidad psicológica (que el hombre moderno ya ha resuelto recurriendo al “psicólogo”), de ningún modo cuestión de un sacramento de institución divina, obligatorio para obtener el perdón de todo pecado mortal.
    Las irreflexiones… ¡perdón! Las reflexiones sobre el perdón publicadas por la revista diocesana Il Segno no acaban aquí. Después de la confesión, le toca a la Eucaristía. Meneghelli nos informa que en la iglesia, nuestra iglesia católica [minúscula, por supuesto, a pesar de las reglas gramaticales, poco respetadas por cierto en todo el discurso de las tres reflexiones] existe una norma, una decisión doctrinal, la cual, -¡pásmense!- proviene del Concilio de Trento, he aquí un ditirámbico elogio sobre la autoridad de ese Concilio cordialmente detestado por los modernistas. Bien manifiesta es la razón de tal elogio. Meneghelli necesita de la autoridad de ese Concilio para convencer a los católicos de que pueden acercarse a la Santa Comunión, incluso en pecado mortal: «Una de las decisiones del concilio de Trento, tomada en la XII sesión del 25 de noviembre 1551 (§ 1743) -escribe solemnemente- afirma que: ‘La Eucaristía concede la gracia y el don de perdonar los crímenes y los pecados, incluso graves’. Sin embargo esto -deplora- no suele predicarse [¡menos mal!], pero nosotros debemos saberlo, debemos enseñarlo, a menos que -añade- nuestro obispo o incluso el Papa nos digan que esta norma ya no vale».
    No, querido improvisador, no es necesario que el obispo o incluso el Papa nos digan que esa norma y ano vale: ¡tal norma no existe, no ha existido nunca! El DS 1743 se refiere no a la Eucaristía- Sacramento (comunión), sino a la Eucaristía- Sacrificio (Santa Misa) y en realidad, suena exactamente así: «Aplacado por esta ofrenda el Señor, concediendo la gracia y el don de la penitencia, perdona las deudas y los pecados aunque éstos sean graves». Es la defensa del valor propiciatorio de la Santa Misa, valor negado por los protestantes. Dios concede el perdón de los pecados con motivo del sacrificio de su Hijo, pero no por medio de la Misa, sino por medio del sacramento de la Confesión. En cambio, para la Eucaristía- Sacramento (comunión), el Concilio de Trento promulga una norma muy diferente que dice exactamente lo contrario de lo afirmado por Meneghelli desde las páginas de Il Segno: «Nadie, consciente de estar en pecado mortal, por mucho que pueda estimarse contrito, se acerque a la santísima Eucaristía sin que haya precedido la Confesión sacramental» (DS 1647), con su correspondiente anatema en al canon 11: «Si alguno tuviera la presunción de enseñar, predicar o afirmar pertinazmente lo contrario o incluso defenderlo en pública discusión, sea por ello excomulgado» (DS 1661; cf. 1646- 1647).
    No nos asombramos de las heréticas proposiciones de Meneghelli, que entre otras cosas, no parece sacerdote. Nos asombramos de que -sacerdote o laico- haya obtenido el permiso de divulgar tales errores desde las páginas de la revista diocesana de Bolzano- Bressanone y por ende, a la sombra de la autoridad del Obispo de aquella diócesis, cuyo primer deber como obispo (i.e. inspector o vigilante) consiste, en cambio, en vigilar sobre la integridad y pureza de la Fe. Nos asombramos, además, y no cesará nunca nuestro estupor, de que indignos pastores sean enviados para hacer estragos en el pobre rebaño de Cristo.
    En medio de los actuales desórdenes, es importante repetir a los hombres que la Iglesia es, por divina institución, la única arca de salvación para la humanidad… Más que nunca, es oportuno enseñar que la Verdad liberadora, tanto para los individuos como para las sociedades, es la verdad sobrenatural en toda su plenitud y en toda su pureza, sin atenuaciones o disminuciones y sin compromisos, tal y como Nuestro Señor Jesucristo viene a darla al mundo, confiando su enseñanza y custodia a Pedro y a la Iglesia.

Tomado de SiSi NoNo

Un comentario a este último artículo:

Eustache de la Mothe-Frontenac

Uno de los mejores artículos que haya podido leer sobre esta verdadera infección espiritual que está gangrenando lo que todavía podía quedar de fe y espiritualidad auténticamente católicas en la iglesia conciliar.

Y muy apropiado el título, “Democratización de la iniciación diabólica”, porque desde los tiempos más remotos, todas las religiones y sectas inventadas por el Enemigo para engañar a los hombres y hacerles rechazar la única religión verdadera revelada por Dios a nuestros primeros padres, siempre tuvieron una doble faz:

Una primera faz exotérica, pública y notoria, destinada a las masas profanas, rudas e ignorantes, a las que sólo se revelaban una pequeña parte de los misterios, velados bajo groseros simbolismos, brillantes ceremonias e inmoralidades sensuales que no es necesario describir.

Y otra faz esotérica, secreta, reservada a unos pocos iniciados, seleccionados con la máxima exigencia, sometidos a duras pruebas, y obligados al secreto absoluto cuya ruptura iba seguida infaliblemente por la muerte del indiscreto.

Si todas esas falsas religiones, cultos, sectas y demás han tenido y tienen en nuestros días tanto éxito e influencia, es precisamente porque ofrecían una verdadera experiencia “espiritual”, al menos para la minoría capaz de soportar las pruebas hasta el final.

El pentecostismo o carismatismo ofrece ahora esa misma experiencia a cualquiera, sin preparación previa, ni esfuerzo alguno por parte del recipiente. Señal de que Satán se apresta a librar la última batalla, para la que necesita el mayor número posible de tropas, engañadas bajo apariencia de bien.

Y democratización, también, porque invierte la mismísima divina constitución de la Iglesia (y de cualquier sociedad bien constituida).

En la Iglesia Católica, el Espíritu Santo se recibe siempre de arriba, hacia abajo, de Dios, a la jerarquía apostólica (principalmente Papa y obispos) hasta los fieles laicos. Reciben tanto los dones y gracias espirituales, como la enseñanza, como el gobierno.

Sin embargo, en la nueva iglesia conciliar, ocurre exactamente al revés.

Como veíamos hace poco,

Las señales de schonborn

son los fieles laicos, “que tienen el Espíritu Santo”, los que revelan a un Príncipe de la Iglesia a quién tiene que elegir como Papa.

By the way, es el mismo esquema que desde hace siglos han utilizado galicanos y jansenistas, cuando pretendían que la enseñanza del Vicario de Cristo no era infalible, ni definitiva, hasta que el consenso general de toda la Iglesia transformara en infalibles y definitivos los que hasta entonces sólo eran pronunciamientos provisionales del Obispo de Roma.

Es decir, que no era de la Cátedra de Pedro de quién procedía la infalible solidez de la Fe Católica, sino que eran los fieles los que robustecían a esa misma Cátedra apostólica.

Ése es todavía el esquema subyacente en muchos negadores en la práctica de la infalibilidad pontificia, por muchos insultos que quieran dedicarles a sus contradictores.

Y casualidad, casualidad, resulta que entre los jansenistas, encontramos los mismos fenómenos “místicos” que se dan hoy día entre los carismáticos.

Desde los raptos de la orgullosísima Madre Angélique Arnault, abadesa del famoso Port-Royal, hasta los contorsionistas del cementerio Saint-Médard.

"Les convulsionares" en Francia a finales del siglo XVIII, confinados en ad Bastilla.

Los convulsionantes

Muy acertada la comparación que hace el artículo entre el “espíritu” que comparten los iniciados, y la corriente eléctrica.

Porque ése es el secreto de su éxito, y de la suma utilidad que presenta para los proyectos de Satán, de edificación de un Nuevo Orden Mundial soportado por una Iglesia Ecuménica Universal que sólo tendría de católica el nombre, aunque sí un falso Papa aparente.

Ese “espíritu” actúa como la gran fuerza unificadora de todas las mentes, voluntades y corazones de los que se le entregan, funcionando como una especie de Gracia santificante, pero invertida.

Ese es también el gran secreto de los increíbles éxitos cosechados por la masonería desde el siglo XVIII, y que siempre ha maravillado a los historiadores.

¿Cómo era posible que unas pocas decenas de miles de adeptos pudiesen haberse coordinado de tal modo, que hayan logrado desarrollar ese complejo encadenamiento de acontecimientos improbables que llamamos Revolución Francesa?

¿Cómo han sido posibles el resto de revoluciones, “crisis”, etc…imposibles en su desencadenamiento lógico, sin una fuerza unificadora, controladora, e inspiradora, de todos los instantes, y mucho más que humana?

Como bien saben los padres y demás educadores, los niños más consentidos suelen ser los más violentos cuando se les quita el objeto de sus caprichos. Imaginen ahora cómo van a reaccionar esas ingentes multitudes, cuando de repente, se les separe de esos mundos felices y maravillosos en que se encuentran sumidos, y experimenten el “mono” de esa drogadicción espiritual que ellos confunden con el Espíritu Santo.

Solamente hará falta una mínima sugerencia, para que esos rebaños de insensatos echen la culpa a esos malvados tradicionalistas, ultras, con cara de pepino en vinagre, según la finísima observación de un tal Francisco, para que sin aviso previo, y de un día para otro, nos veamos sumidos en otra persecución, por parte de unos auténticos zombies espirituales totalmente dominados por la voz de su Amo, Lucifer…

Los que hasta ayer eran unos dulces y mansos corderitos, balando aleluyas, “flower power”, que nos juraban paz y bien, amor eterno y armonía universal, se transformarán de repente en monstruos que no retrocederán ante nada, con tal de eliminar a esos molestos “trouble-fête” que les quieren quitar “su tesoroooo”, como en “El Señor de los anillos”.

Conocerán la misma transformación interior que, por ejemplo, un Robespierre, que, de ser un joven gentilhombre sumamente dulce, atento, empático y del que sus amigos sólo podían hablar bien, se convirtió en un monstruo genocida que prefería ver a Francia reducida a un montón de cadáveres, antes que renunciar a sus sueños de igualdad absoluta.

Ahí tienen una de las principales razones de la tremenda peligrosidad de ese fenómeno, pocas veces advertida por aquellos que quizás vayan a ser su primeros objetivos.

3º Artículo

Documento 3   PDF

RENOVACIÓN CARISMÁTICA, MEDJUGORJE, IGLESIA CONCILIAR

He ahí tres realidades que guardan un relación muy estrecha. Nadie negará la íntima relación de las dos primeras, cuando sabemos que el fenómeno Medjugorje  casi ha llegado a confundirse con la llamada “Renovación”. El P.Tardif  figura relevante y casi fundadora de la Renovación católica, cuya causa de beatificación se ha incoado, no sólo recomendó sino tuvo un protagonismo especial en M.  Los afiliados carismáticos actuales hacen causa común con M. El panorama se completa  con la aprobación a veces entusiasta de los “papas” conciliares del movimiento del carismátismo católico. Pero al mismo tiempo, y salvo algunas voces más lúcidas, la iglesia conciliar mantiene una reserva “tolerante” del fenómenos M. Pero con la aprobación, según dicen, de JPII y por supuesto del “papa” Francisco (Véase aquí ). De hecho M. es omnipresente en las librerías católicas. Se puede aventurar que nunca vendrá una desautorización de la iglesia conciliar, a unas apariciones que al parecer tantos “frutos” espirituales producen, y que ofrece un respaldo tan evidente a las principales notas de la iglesia conciliar: su Ecumenismo, la Libertad religiosa, el concilio V.II, la figura de los papas conciliares, y el engrosamiento de sus números (personas, cuentas, etc..)

Pero las tres realidades, son vivificadas y animadas por un mismo “Espíritu” que no es el Espíritu Santo.

Las consecuencias son claras para quien quiera razonar y tenga un mínimo de “discreción de espíritus” tan recomendada por los maestros espirituales. Y para quien quiera comparar el fenómeno de M. con la tradición doctrinal y sacramental de la Iglesia.

El siguiente artículo proporciona una claridad meridiana sobre esas tres realidades. Creo que debería hacer reflexionar a las innumerables personas que están atrapadas por una o dos o por las tres realidades. Sinceramente creo que es difícil  ”salir” de esa prisión del espíritu que no sabemos- ¿o sí lo sabemos?- a dónde puede conducir a los prosélitos, a veces ingenuos, siempre imprudentes casi hasta la temeridad.

De Le catholicaPedia blog

PENTECOSTÉS  LUCIFERIANO: La Renovación Carismática, una brujería cabalística

Por Cave Ne Cadas

Después del artículo sobre los falsos místicos que recientemente publicamos, concluimos tratando  sobre la Renovación Carismática y el pentecostalismo en la iglesia conciliar,  con  los dos últimos artículos que informan al lector sobre estas prácticas progresistas, modernistas y cabalísticas- luciferinas.

Hippy catolicismo

De la Renovación Carismática, Montini/ Pablo VI dijo lo siguiente:

Esta renovación espiritual ¿no será una oportunidad para la Iglesia y para el mundo? 

Montini Pablo VI

El eminente masón Carlos Vázquez Rangel (Gran Comendador del Supremo Consejo de la masonería mexicana, grado 33) afirmó en una entrevista dada a Proceso , periódico político de México, en 1992, que Juan xxiii y Pablo VI se iniciaron  en la masonería: “El mismo día, en París, el profano Angelo Roncalli (Juan xxiii) y el profano Giovanni Montini (Pablo VI) se introdujeron en los misterios augustos de la Hermandad. 

***

Les ofrecemos hoy dos textos de 1985.:

  •  El primero reeditado en  una segunda edición de 2003:“La Renovación Carismática hoy”,  de  l’ Action Familiale et Scolaire que también publicó en 1985 un folleto titulado « Connaissance élémentaire du Renouveau charismatique », el cual  fue completamente revisado y actualizado bajo el título de “Le Renouveau charismatique aujourd’hui ”. Este documento  de Arnaud de Lassus es el que nos proponemos ofrecerles, dando un resumen de una parte de su contenido. El presente artículo se publica por su valor informativo, que trata principalmente sobre la  Communauté charismatique de l’Emmanuel .
  • El segundo, de las señoritas Lebaindre y Grandjean  que se firman comoGeorgre Lacordelle es un extracto de su folleto “Juan xxiii y el Concilio Vaticano II, a la luz  del Pentecostés luciferiano” (texto que, por desgracia, no se ha distribuido más que en círculos limitados) y analiza el fenómeno (!!!!) “Medjugorje y la Renovación carismática” …

*** 

Documentos sobre el Pentecostalismo

En nuestra serie sobre el pentecostalismo llamado “católico” después de  los textos de 1975-1976, proponemos un documento del período de transición: (2 ª ed., 1985 1 ª ed.) 2003 de Arnaud de Lassus.

A diferencia de los documentos anteriores, se llegó a un punto (en especial  en la 2 ª edición) en el que ya no es posible ignorar (excepto voluntariamente …) que ¡ la iglesia Conciliar no es la Iglesia Católica!

Arnaud de Lassus, en cambio, es lo que hace a lo largo de este documento … No es  sorprendente, dado que  la posición de Arnaud de Lassus es bastantes confusa respecto de la  Tradición … Recordemos que  Arnaud de Lassus había hecho campaña con ardor contra las consagraciones realizadas por el Arzobispo Lefebvre en 1988  y se volvió a alinear con los medios de Ecclesia Dei … antes de verse abuelo de dos jóvenes sacerdotes de la F $ $ PX  la cual le promocionó desde entonces  en sus capillas y en sus instituciones! ( www.fsspx.org ,La Porte Latinewww.dici.org )

Pese a  esta tara  inherente a los incondicionales del  ”una cum, les  proponemos su estudio, por su valor informativo, que trata principalmente de la Communauté charismatique de l’Emmanuel. El avisado  lector sabrá rectificar el lenguaje inapropiado …

Carismática Comunidad del Emmanuel

Renovación Carismática hoy

Sobre esta cuestión, la   Action Familiale et Scolaire publicó en 1985 un folleto titulado Connaissance élémentaire du Renouveau charismatique que  ha sido completamente revisado y actualizado en el año 2003 bajo el título Le Renouveau charismatique aujourd’hui.   Arnaud de Lassus dio una serie conferencias en 2003 sobre este tema.

***

El segundo documento, mucho más interesante, analiza el fenómeno (en el sentido patológico de la palabra!) de Medjugorje frente al que dos “pseudo-obispos” conciliares  que se sucedieron en la diócesis adoptaron una actitud cada vez más negativa, hasta llegar a hablar de “uno de los mayores fraudes en la historia de la Iglesia. “El ex exorcista del Vaticano, “Monseñor” Andrea Gemma, dijo que “todo lo que sucede en Medjugorjees viene del diablo” … (ver este documento conciliar, en pdf )

Medjugorje

Ninguna aparición mariana en la historia de la Iglesia duró tanto tiempo – los hechos comenzaron  exactamente hace veinte cinco años, el 24 de junio 1981 – Jamás la  Virgen se apareció tantas veces – más de 35.000 veces pues los videntes ya no ven a la Virgen en grupo sino que ahora la siguen viendo individualmente, algunos todos los días – nunca  hechos semejantes  han suscitado una literatura tan abundante  y tan contradictoria. (Yves Chiron, , Présent — Samedi 24 juin 2006 )

Medjugorje  y la Renovación carismática

¿Cómo hablar del  despliegue actual del  Iluminismo suscitado  por las más altas sectas luciferinas, sin hacer alusión  una vez más a las apariciones de Medjugorje, tanto más que la famosa “Renovación Carismática” ha venido a añadirse  a las visiones, ellas mismas carismáticas, de los jóvenes  yugoslavos? Hay que decir en primer lugar que el conjunto de los   “responsables” de la propagación de los hechos de Medjugorje están relacionados en mayor o menor grado con la Renovación Carismática.

Le Père Emiliano TardifCuriosamente, las apariciones en cuestión habían sido profetizadas por el gran líder carismático, P. Emiliano Tardif:

“No tengas miedo, le dijo al sacerdote que desempeñó un papel excepcional en Medjugorje, el padre Tomislav Vlasic, mientras asistía a una reunión en Roma de los líderes de la RenovaciónCarismática, no temas, yo te envío a mi madre. 

En realidad esta  ”Madre” se apresuró a venir a Medjugorje más o menos un un mes después de la profecía, desde entonces  famosa. Además, ella misma anunció el Pentecostés Yugoslavo:

“Si podéis , dijo a los videntes el día de Pascua de 1983, ayunad un día por semana, y rezad más  todos los días porque durante el Año Santo de la Redención, dios (?) enviará al Espíritu Santo (?) al mundo. “(Citado por CRC N ° 200 p. 4.)

El Padre Tomislav afirmó que se había cumplido esta profecía:

“Los hechos  de Pentecostés, referidos  en los Hechos de los Apóstoles se reprodujeron  aquí (Medjugorje) el 22 de mayo de 1983, día de Pentecostés. “(Ibid.)

El Padre Emiliano Tardif:

“Jesús ha hecho de mí un testigo …”

1928-1999
El Padre Emiliano nació en Saint-Zacharie de Beocia el 6 de junio de 1928. Profesó en los Misioneros del Sagrado Corazón en 1949 y fue ordenado sacerdote en Rapide-Dancer, el 24 de junio de 1955, y partió a la República Dominicana el 16 de septiembre de 1956.
Su causa de beatificación fue incoada  por el Cardenal López Rodríguez el 15 de julio de 2007.

El padre Tomislav Vlasic

Le père Tomislav Vlasic

El padre Tomislav Vlasic fue reducido al estado laical. – Zenith: La pérdida del estado clerical del P. Vlasic no constituye un juicio sobre Medjugorje. Leer aquíhttp://www.zenit.org/fr/articles/la-perte-de-l-etat-clerical-du-p-vlasic-n-est-pas-un-jugement-sur-medjugorje

¿Vlasic ha manipulado a los videntes?
http://www.marcocorvaglia.com/medjugorje-fr/vlasic-a-t-il-manipul% C3% A9-les-voyants.html

La villa de Medjugorje  se incendia y estalla.

Era el colmo de los colmos, después de las múltiples apariciones de aquélla que se hizo llamar  ”Reina de la Paz” (¡¿qué paz?!), después de “producirse ” en Medjugorje el Gran (y único) Pentecostés de la Iglesia, ahora el “soplo” falta.  ¿Se necesita algo más?…

Seis jóvenes de la parroquia de Medjugorje, Ivanka Ivankovic, Mirjana Dragicevic, Vicka Ivankovic, Ivan Dragicevic, Ivan Ivankovic y Milka Pavlovic, vieron en el monte Crnica, en un lugar llamado Monte de las Apariciones, una aparición blanca con un niño en brazos .

Los jóvenes videntes piden a su Marie enviarles a un sacerdote que les  “enseñe a orar de verdad (?)según el corazón de dios” para la curación de los enfermos. La supuesta  Maria se apresura a responder a  esta oración enviando a Medjugorje, por mediación  del Padre Tomislav, la gran autoridad internacional de la Renovación Carismática,el Padre Tardif de quien hemos hablado. Entonces se produjo en la ciudad yugoslava  una  verdadera explosión carismático. Dejamos la palabra  para discutir este fenómeno, al Hermano Miguel de la Santísima Trinidad :

“Toda la parroquia de Medjugorje, videntes,  franciscanos y  fieles, se puso a aprender del maestro carismático. Les enseñó a profetizar (?), a hablar o cantar en lenguas (glosolalia=). La muchedumbre  recibió entonces ”la efusión del Espíritu Santo” (?), el famoso “bautismo en el Espíritu Santo” de  la secta baptista  de donde nació la”Renovación” Hubo , según dicen, curaciones (¡el Padre Tardif pasa por ser unfamoso sanador!). ”Fue aquello  un gran descubrimiento y una gran alegría.” Se sintió ”una paz extraordinaria,”  de una intensidad similar a la de las asambleas de los primeros cristianos “.

“Al día siguiente, en el lugar de las apariciones, el Espíritu sopló y las curaciones  empezaron a producirse, a anunciarse  y confirmarse inmediatamente. La gente empezó a decir que había una profecía del Padre Tardif,  de que el lugar  de las apariciones sucederían en el futuro muchas curaciones. El P. Tardif  no sabía que  la Virgen había dicho, casi palabra por palabra, lo mismo hacía unos meses sobre el sitio de las apariciones. “(La Contrarreforma católica, n º 200, mayo 84, p. 4-5)

El  rito luciferino de  la imposición de manos.

Ante esta historia surge una pregunta importante: la eficacia prodigiosa  de esta efusión del Espíritu¿ ha sido provocada directamente?; dicho de otra manera: ¿hubo allí un rito que da la “gracia”?; dicho de otra manera ¿hay un nuevo “sacramento”; dicho de otra manera, (porque esto no puede ser de Dios): ¿Hubo allí una iniciación  diabólica?

La respuesta nos la da el texto citado en la página 5 del número 200 de la Contre Reforme Católica:

“Luego (los Apóstoles de la Renovación) pedimos a los cuatro videntes que nos impusieran las manos ( nosotros mismos en  veinticuatro horas no dejaríamos de imponer  las manos) porque  lo que habíamos recibido en unos minutos, nunca  dejaríamos  estropearlo   por la costumbre. 

Henos aquí en el meollo de  la cuestión del carismatismo: los efectos de una cierta efusión de un cierto  Espíritu se producen por medio de un rito, el de la imposición de manos. Sin este rito, los  efectos maravillosos del Pentecostés de Medjugorje, no se habrían producido. Pudo haber tenido lugar allí cierta efervescencia que produjo  efectos parapsicológicos, ¡ Pero no habría habido ningún Pentecostés! Es un rito luciferino el que se practica en Medjugorje. Se puede hacer referencia a propósito de este rito al trabajo de José-Michael, La iglesia ocultada.

 La guinda final:  en el pasaje que acabamos de citar  los sacerdotes van pedir la imposición de manos a unos niños: nunca se ha visto algo parecido  en la historia de la Iglesia! …

Pero tenemos que entender que el gesto en cuestión no ha sido más que  un efecto añadido, porque si estos sacerdotes no han dejado de imponer las manos durante veinticuatro horas, imposición que trajo  los efectos carismáticos sabidos, ellos mismos habían ya recibido la imposición de manos de otros, o sea,  el “Sacramento del diablo.”

La experiencia de lo divino en uno mismo.

Uno de los más importantes  efectos de este sacramento es alcanzar  una “sensación” de lo  ”divino”  en uno mismo. El gran leitmotiv es el mismo del libro luciferiano de Fogazzaro, El Santo. Yo “siento”.Las citas dadas del  Hermano Miguel de la Santísima Trinidad  evocan  justamente la experiencia sensorial de lo divino en sí mismo.

Mirjana-Dragicevic-226x300Escuchemos a  Mirjana una  de las videntes que se vio privada de  apariciones  después de recibir los secretos, pero que siente la presencia de la Virgen:

«“Cuando oras, le pregunta el l P. Tomislav Vlasic, puedesexperimentar la sensación (sic, es una típica pregunta de un sacerdote carismático) de su presencia dentro de ti? 

Mirjana responde, con palabras que deben sopesarse una por una:

“Oh, sí! Me pasó ayer por la noche, al recitar los siete Padrenuestros. Sentía algo tan maravilloso.. como si yo orase con ella. Era como si yo escuchase su voz en mi corazón. Era como un eco en mí,  de quien oraba conmigo … Yo  simplemente me sentía sumergida en la oración, exactamente como ella lo hace. Yo oía mi voz, y el eco de su voz … En la oración, yo lo oía , completamente sumergida. Era exactamente como si ella orase conmigo maravillosamente. Rezaba el Padrenuestro desde el principio, no sólo la segunda parte (?). Todo lo que ella decía, era  exactamente como si ella estuviese  conmigo. “(. P de RF85).

El Hermano Miguel de la Santísima Trinidad, dice a esto:

“En Medjugorje, no se reza  a la Virgen María como Mediadora de la gracia; no, se reza  con ella. Cuestión de matiz reza con nosotros mismos el Pater entero,  con las peticiones finales que la meten escandalosamente entre los pecadores. Además, ruega  sólo haciendo eco a nuestra oración. Entonces, la inversión es completa, porque cuando una madre hace que su hijo rece, es el niño el que repite como un  eco, la voz de su madre, no al revés. De hecho, está a cien leguas de la oración católica, enteramente divina en su inspiración  y en su objeto, pero más allá de los “sensaciones” y  de los sentimientos, estamos en la oración de Mirjana,  en plena ilusión carismática … en la que la  ”sensación “es la esencia de la experiencia mística …” (CRC 201 p. 10-11)

 He aquí otro ejemplo de oración carismática. Un derviche musulmán entregado al sufismo, es decir lo más esotérico de la religión del Islam y que fue admitido en la iglesia en Medjugorje en la pieza de

las apariciones. Tomemos otra vez el texto del Hermano Miguel de la Santísima Trinidad que cita en primer lugar al Padre Laurentin:

P. Laurentin

“Imbuido de  las experiencias místicas del sufismo, reaccionó muy positivamente al asistir a las apariciones “, ( narra Laurentin  que se maravilla de ello.¿ Vislumbró él  sólo un poco la verdad del catolicismo? Ha sentido alguna vez  el deseo de informarse de la vida de Jesucristo?) Su estima por la Iglesia Católica ha aumentado? No, en absoluto. ”Salió de allí mejor musulmán que nunca (la Virgen de Medjugorje está a  la moda conciliar) Pero él fue íntimamente asociado y de manera indecible  a la experiencia mística de los videntes :

Esta es la reacción del derviche:

“Sentí en mi corazón tanta energía que hubiera gritado. Sentí que yo también iba a caer en éxtasis.Decidí orar durante toda la noche. No dejen entrar en esta pequeña capilla  más que a gente avisada (sic). Este mundo busca a dios. Si lo intenta, lo encuentra ( no importa con qué condiciones). Si lo encuentra, lo rodea de amor, y a quien está enamorado de dios, nada puede separarlo de él. “(L. p. 154)

El Hermano Michel continúa:

“En Medjugorje, nuestra mahometano ha encontrado a dios sin Cristo, en una experiencia mística sublime, casi extática, comparable a las de los más grandes santos católicos.

“… El místico carismático, centrado completamente en la experiencia directa de dios, cuya presencia siente en lo íntimo con total independencia  de la fe en algo dado revelado objetivamente y claramente fijado por los dogmas, casa perfectamente  con la gran corriente de la apostasía moderna que acepta la igualdad de todas las religiones. “(Ibid p. 6)

La Virgen de medjugorje patrocina la  Renovación carismática.

A la Virgen de Medjugorje,  se la podría llamar la Virgen de la Renovación Carismática, porque esta Virgen patrocina la  Renovación Carismática. Escuchémosla  en su afán de promover la Renovación,medjugorie-173x300 (3) objeto de altas instancias iluministas:

A propósito de la oración por los enfermos, aboga por un rito carismático que no tiene nada de  católico:

“¡Orad por los enfermos! ¡Ayunad por los enfermos! ¡ Imponedles  las manos! ¡Ungidles con el óleo de unción carismática (no sacramental, se especifica en otro lugar) … “(CRC n ° 200, p. 4).

Nuestra Señora de la Renovación Carismática no sólo promueve el rito  carismático por excelencia, sino también lod grupos de oración carismáticos. A la pregunta que le hizo: “¿Tenemos que hacer un grupo de oración carismática en Medjugorje? “La señora respondió:” No sólo en Medjugorje, sino en todas las parroquias de Yugoslavia! (ibid.)

Esto no carece de importancia, porque la Virgen de la Renovación Carismática como última referencia da  esta consigna a los que le preguntan lo que deben hacer:

“Organizad  grupos de oración” “En todas las parroquias”, por que “se necesita una renovación espiritual para toda la Iglesia.” (SK p. 86)

El Hermano Miguel de la Santísima Trinidad continúa:

“Por  venir aquí, explica a los peregrinos, os habéis convertido en participantes del “ agua viva ”que fluye de la Madre de dios (?) Hasta todas las partes de la tierra reseca“ (SK p. 88) .

“Estoy convencido, escribe P. Ljubik, la Virgen  baja a la tierra reseca de Herzegovina para que de allí surjan  torrentes de Renovación general »(CRC n ° 201, p. 17-18).

A los fieles de Medjugorje “, el Espíritu Santo se les  hizo tangible, sensible.” Sienten a voluntad, una experiencia íntima, emocionante e indescriptible. Escuchemos predicar al portavoz de la Aparición, tres meses después de este nuevo Pentecostés (la de 22 de mayo 1983), 15 de agosto 1983:

“La gente que vive aquí no se preguntan si las apariciones son verdaderas o no, ellos dicen:” Nosotros no creemos, nosotros sabemos “Vivimos una nueva vida y no queremos volver atrás,  nosotros ahora somos felices. Queremos continuar en este Camino porque estamos seguros de él.

“… Los videntes  lo afirman:” Hay que orar hasta que se resucite  internamente. Que se sienta  interiormente la alegría, el renacer  de la fe (?). La Virgen (?) lo pide ’”(P. Vlasic Téqui, p. 30).

“Al leer estas líneas simples, tan contrarios a la enseñanza de la Escritura y de las máximas de los grandes  doctores místicos, cualquier espiritual católico  concluiría sin la menor duda que los videntes de Medjugorje y su guía espiritual son unos peligrosos iluminados . »(CRC n ° 200 p. 4)

A propósito de los  grandes doctores místicos, citemos a San Juan de la Cruz:

“La unión (dios) no consiste en los gozos y consuelos  en los sentimientos espirituales, sino en la muerte real de la Cruz, en lo  sensorial y espiritual, interior y exterior. “(La subida del Carmelo, cap. VI).

Y en contraste citemos  este pasaje del libro mencionado anteriormente, el Santo,  de Fogazzaro (publicado alrededor de 1904), que reveló el plan de la masonería llamada Católica:

“Recoger nuestras almas en dios, en silencio, cada uno la suya,  hasta sentir en el interior  de nosotros la presencia del mismo dios (?), su deseo, en nuestro corazón, de su propia gloria. 

La Virgen de Medjugorje , reina de la Renovación Carismática,   da su “videntes” esta consigna: “¡Dejaos guiar por el Espíritu Santo en lo profundo (?)” (P. Vlasic Téqui, p. 28).

Nunca la Santísima Virgen hablaría así. Ella sabe que la Iglesia siempre se ha opuesto a los que decían serían  guiados directamente por el Espíritu Santo.

Todo lo contrario de la Virgen de Medjugorje, San Francisco de Sales dice:

“Hay almas que, dicen que podrían ser dirigidos por el Espíritu de Dios, y les parece que todo lo que se imaginan son inspiraciones y movimientos del Espíritu Santo que los lleva de la mano y los lleva en todo lo que quieren hacer, como hijos, pero en esto se equivocan grandemente “(Las verdaderas conversaciones espirituales 12 de la entrevista)

Medjugorje es el “nuevo pentecostés” profetizado por el “papa” juan xxiii, unido a su Concilio.

Concluyamos con el Hermano Miguel de la Santísima Trinidad:

“Sí, bajo  apariencias engañosas de las apariciones marianas tradicionales, Medjugorje reemplaza diabólicamente el mensaje genuino y saludable profética de Fátima, con la apostasía moderna en su último avatar, la del pentecostalismo, aún más peligroso para la fe católica  que la herejía protestante y modernista de la que deriva. »(CRC n ° 201 p. 4).

En el fondo, el pentecostalismo o Renovación Carismática es la gnosis cabalística iluminista. Estamos de lleno ante la brujería bajo la apariencia de un espíritu que se hace pasar por el Espíritu Santo, pero que es en realidad el “Gran Espíritu del infiernio “.

Sí, el pentecostalismo o Renovación Carismática es el último gran golpe a la verdadera fe católica: es el golpe mortal por excelencia. Da razón a la palabra llena de tristeza de nuestro Salvador: “Cuando venga el Hijo del Hombre hallará fe en la tierra? 

Georges Lacordelle – Juan xxiii y el Vaticano II, bajo la luz del Pentecostés luciferino(cf. Juan xxiii y el Concilio Vaticano II, bajo las luces del pdf luciferino Pentecostés )

***

Sobre la cuestión de precisar el interés [de la visión], el pseudo-”obispo” Conciliar Andrea Gemma, dijo: “Me refiero a la” mierda del diablo el  “dinero 
Es sólo una cuestión de dinero.

En Medjugorje todo gira en torno aldinero: Peregrinaciones, alojamiento, compra de objetos religiosos.

Así, los “falsos videntes” se aprovechan de la credulidad de los fieles que acuden a Medjugorje y creen que allí esta la Madre de Dios.Ellos se enriquecen por sistema para poder  llevar una vida de comodidades.

Mirjana Dragicevic

“Adelante. Que uno de ustedes organice  decenas de peregrinaciones directamente desde los Estados Unidos. Y  a ganar dinero. 

Los supuestos videntes tienen claramente un interés material y  hacen que la gente piense que ven a la Madre de Dios y hablan con ella. Ellos dicen estar en contacto con la Madre de Dios, pero  en verdad están  inspirados por Satanás e infunden en la gente crédula turbación y desorden.

5 replies »

  1. Recién comienzo a analizar esta imponente respuesta. Quizás un ejercicio inútil para la mente del comentarista “carismático”, pues ha sido ganado y corrompido por una herejía diabólica, empero pienso que puede ser de gran provecho para alertar a mucho “católico” dormilón que circula por la web, para que no caiga en tan abyecto error.
    Felicitaciones.

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  2. La verdad es que la verdadera Iglesia de Dios, hoy concretizada en el “Resto Fiel”, es carismática. Para demostrarlo os invito a que CONTEMPLEMOS:
    1) Cómo Jesús es concebido por la obra del Espíritu Santo en el seno de la Santísima Virgen María (Lc 1, 30-35)
    2) Cómo Jesús es consagrado Mesías en el Jordán por el Espíritu Santo (Lc 3, 21-22)
    3) Cómo Jesús muere en la cruz para quitar el pecado y nos da el Espíritu Santo (Lc 3, 21.22)
    4) Cómo Jesús da a los Apóstoles el Espíritu Santo para la remisión de los pecados (Jn 20, 19-23)
    5) Cómo el Padre y el Hijo, en Pentecostés, derraman el Espíritu Santo y la Iglesia, constituida en poder, se abre a su misión en el mundo (He 2, 1-13)
    6) Cómo el Espíritu Santo desciende por primera vez sobre los paganos (He 10, 34-48)
    7) Cómo el Espíritu Santo guía a la Iglesia Católica, dándole sus siete dones y carismas (He 15,22-29; Ga 5, 22-23; 1Co 12, 12-14; Rm 8, 26-27)

    En cuanto al poder de sanación, recordemos los milagros que hicieron en nombre de nuestro Señor Jesucristo tanto San Pedro como San Pablo.

    Distingamos, pues, el trigo de la cizaña. Para ello pidamos el don del discernimiento al Espíritu Santo. Dice el Señor que por las obras podemos reconocer a los falsos profetas -y por tanto sus prodigios-, pues no salen frutos buenos de un árbol malo. Personalmente tengo un elemento diferenciador: si rezan el santo rosario y, además de a Dios, alaban a la Virgen, es que están en el Camino.

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  3. ¿teneis en el blog algun articulo sobre los KIKOS?

    me encantaria ver vuestra opinion sobre el señor kiko argüello y sus seguidores fanáticos.

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  4. Hay bastantes. Pon en el buscador “Camino Neocatecumenal”. Los mejores son el fr Fray Antonio de Lugo y el de ZOFFOLI. Indirectamente se trata en muchos posts. También salen algunos en “Neocatecumenales” y “kiko”
    Hay también una foto muy buena con kiko y la Iglesia de los papas conciliares hundiéndose como el Titanic:
    image

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  5. El autor no tiene ni idea de lo que es la Renovación Carismática y lo que si tiene es muy mala idea. Lo primero que hay que tener en cuenta es que hay más de un millón de carismáticos en todo el mundo y a título personal alguno alguna vez ha dicho alguna tontería, pues el discernimiento no es una cuestión trivial. Mezclar a la Renovación con Medjugorje es una canallada. Con los mismos argumentos que aquí se citan yo podría decir lo mismo incluso de la Legíón de María. Lo que dice de la imposición de manos y de la oración en lenguas me da asco. Es una pena que gente como esta se las den de adalides, de defensora de la fe católica, cuando no son más que burdos panfletistas sin la menor idea de Teológía. El Papa Francisco está dando una buena lección. El próximo verano presidirá en el Estadio Olímpico de Roma la convención annual de la Renovacion Carismática italiana, y se documenta un poco mejor verá que acaba de enviar un video de 7 minutos saludando a una convención de pentecostalistas en EEUU. El pobre bloguero dirá ahora que el Papa es el anticristo y que está metido en círculos demoniacos. Pobrecillo, yo le sugeria que en vez de escribir bobadas se fuera a Caritas a ayudar una temporadita.

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