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EL PODER PAPAL


[Soy consciente de que el siguiente artículo suscitará  en algún punto concreto, distinguos y subdistinguos. Pero ahí va. Nada ganamos escondiendo la cabeza bajo el ala. Era preciso llegar a este punto. Yo por mi parte estoy deseoso de aprender. Como saben algunos, aunque reconozcamos al Doctor Homero Johas su calidad de maestro, sin embargo tenemos algunas diferencias con él respecto de algún punto, en otra materia, como ya hemos advertido en su lugar. Por otra parte éste es uno más de los artículos  del Dr. Johas,  los cuales nos hemos propuesto publicar]

LA SUMISIÓN AL PODER PAPAL

Dr. Homero JohasPor Dr. Homero Johas

Concilio Vaticano I

El Pastor eterno

1. LA CABEZA VISIBLE PERPETUA

1.1 — Dogma de fe universal católica.

     Con fundamento en los claros testimonios de las Sagradas Escrituras y adhiriéndonos  a los elocuentes y claros Decretos de los Pontífices Romanos, Predecesores Nuestros, y de los Concilios universales, innovamos la definición del Concilio Ecuménico de Florencia, por el cual, por todos los fieles de Cristo, debe creerse que la Santa Sede Apostólica y el Pontífice romano posen el primado sobre todo el orbe.

Esto se debe creer; es norma de fe; dogma, y, quien no lo cree está separado de la fe, fuera de la unidad de fe, fuera de la comunión del Cuerpo uno de la Iglesia Católica.

1.2. Verdadero Vicario de Cristo

     El Romano Pontífice es el Sucesor de San Pedro, el Príncipe de los Apóstoles, el verdadero Vicario de Cristo, la Cabeza de toda la Iglesia y el Doctor de todos los cristianos.

El papa es la Cabeza visible representante de la Cabeza invisible divina; actúa con el poder divino de Cristo; es el regente y docente de todos los otros miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Su Magisterio universal sobre la elección de los Sucesores de Pedro, obliga a todos los miembros de la Iglesia por autoridad del poder divino. Y quien no se somete a ese deber está contra Cristo, separado de la Iglesia. Que no existan sofismas sobre esto.

1.3. Pleno poder de los Sucesores de Pedro

     Nuestro Señor Jesucristo entregó a San Pedro, el poder pleno para apacentar, regir y gobernar la Iglesia universal, como está contenido en las actas y sagrados cánones de los Concilios ecuménicos.

Esto también se debe creer, es dogma de fe universal. Quien no se somete a este “deber gravísimo” de elegir una Cabeza visible de la Iglesia, como uno de los “perpetuos Sucesores”de San Pedro, está “ipso facto” separado de la unidad de fe y de la unidad de régimen de la Iglesia.

2. EL DEBER DE SUMISIÓN DE LOS MIEMBROS

2.1. El Poder divino sobre todas las Iglesias

     Enseñamos y declaramos que, por disposición del Señor, la Iglesia Romana posee el primado de poder ordinario sobre todas las otras iglesias y que este poder de jurisdicción del Romano Pontífice es verdaderamente episcopal e inmediato.

No existe poder de un obispo de cualquier diócesis de la Iglesia Católica que no esté subordinado al poder de jurisdicción de la Cabeza visible de la Iglesia, a la autoridad de su Magisterio universal sobre elección papal de un nuevo Sucesor de Pedro en las vacancias de la Sede romana. Tal poder, recibido de modo inmediato de Cristo, no depende de las opiniones y del consenso de los otros miembros de la Iglesia. No es democrático. (D.S. 3074).

2.2. El deber de subordinación y de obediencia

     Los pastores y los fieles, de cualquier rito y dignidad, con relación a este poder, o cada uno por separado, o todos en conjunto, están obligados por deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia.

Todos los obispos y fieles, ya individual o colectivamente, están obligados a lo que los Sucesores de Pedro imponen para creer y actuar. Cuando imponen el “deber gravísimo y santísimo” de elegir un Sucesor de Pedro, en las vacancias, quien resiste y no se somete y no obedece, está “ipso facto” separado de la unidad del fe y de la unidad de actuar. Está fuera de la Iglesia. Es subversivo.

2.3 — Sumisión a las normas de creer y de actuar

     No sólo en materia de fe y de costumbres, sino también en materia de disciplina y de régimen de la Iglesia en todo el orbe.

En el caso del Magisterio dogmático sobre “los perpetuos Sucesores” de Pedro existen los dos deberes, de creer y de obedecer a la norma del actuar universal, venido del Magisterio universal de la Sede de Pedro. Nadie puede decir que cumple el deber de creer, cuando no se somete a la norma del actuar imperado por el régimen monárquico de la Sede de Pedro. Se rompe ahí o la unidad de fe, o la unidad de régimen. Ambas están unidas entre si.

2.4. Dos unidades inseparables

     Siendo guardada con el Romano Pontífice esta unidad de comunión y de profesión de la misma fe, sea la Iglesia de Cristo un sólo rebaño, subordinado a un sólo Pastor supremo.

Tal norma de “un sólo rebaño y un sólo Pastor supremo” es “de derecho divino” (Jo X, 16).

Quien no se somete a la norma divina sobre los “perpetuos Sucesores” de Pedro; o a la norma del actuar subordinada al Magisterio universal de la Sede de Pedro, se separa automáticamente por la naturaleza de su delito de la unidad de la Iglesia de Cristo, de la“unidad de comunión” y de la “unidad de fe”. Es inseparable la unidad de fe y de régimen. Esta es la gravedad del delito, la secta de acéfalos.

No obedecen a lo que les es mandado por la unidad de fe y de régimen. No tienen“comunión” con la Sede de Pedro, con la Cabeza visible de la Iglesia. Están fuera de la Iglesia.

2.5. Fuera del camino de la salvación

     Esta es la doctrina católica de la cual nadie puede se desviarse.

Los acéfalos, no obedecen al deber de elegir una Cabeza visible de la Iglesia, mandado por la Sede de Pedro, se desvían de la fe, y de la unidad de régimen de la Iglesia. Pervierten la verdad católica, la fe católica, el régimen de la Iglesia de Cristo; no le obedecen. No se salvan. Y vemos obispos y laicos en ese camino; enseñando y caminando por tal camino de perdición.

3 – EL DEBER DE OBEDECER DE LOS OBISPOS

3.1. El Poder episcopal subordinado al papal

     Este poder del Pontífice romano está lejos de perjudicar el poder ordinario e inmediato de jurisdicción de los obispos, puestos por el Espíritu Santo (Act. XX, 28), sucediendo como verdaderos pastores a los Apóstoles, apacientan y rigen cada uno el rebaño que les fue designado.

Los obispos también recibieron, de modo inmediato, de Cristo, el poder divino; pero, este poder divino está subordinado al poder superior de la Cabeza visible de la Iglesia, dado solamente a Pedro (D.S. 3053). El Sucesor de Pedro rige los corderos y a las ovejas. El obispo que viola el dogma de los perpetuos Sucesores de Pedro y el deber de elegir un Sucesor de Pedro, en las vacancias, se separa de la fe universal y de la unidad de régimen, como cualquier sacerdote o laico que cometa el mismo crimen. Nadie está dentro de la Iglesia violando la unidad de fe o de régimen; siendo acéfalo por resistencia al deber de creer, en lo que debe creer, y al deber de actuar en aquello en que debe obediencia a la norma de la Sede de Pedro.

3.2. Los Pastores subordinados obedecen

     Este poder es antes bien afirmado, fortalecido y reivindicado por el Supremo Pastor, según las palabras de San Gregorio Magno: “Mi honra es la honra de la Iglesia universal. Es el vigor sólido de mis hermanos. Soy verdaderamente honrado cuando a cada uno no le es negada la honra que le es debida”.

La honra debida a los obispos está subordinada, a la honra debida al Vicario de Cristo en la Tierra. No es una honra debida a una multitud de cabezas, autónomas e independientes, que niegan obediencia al deber de creer y al deber de elegir un Sucesor de Pedro en las vacancias. No se presta igual honra a Judas, traidor de Cristo y a San Juan, obediente a Cristo. El “Supremo Pastor” es uno sólo. El obediente al Derecho divino no es subversivo; el desobediente ya está condenado por su propio juicio (Tit III, 10-11). Los acéfalos no quieren al Pastor supremo; no obedecen sus normas.

4. LA LIBRE COMUNICACIÓN CON LOS SUBORDINADOS

4.1. La Comunicación libre con los gobernados

     Del poder supremo del Pontífice romano para gobernar la Iglesia universal se sigue que existe, en el ejercicio de su cargo, el derecho de libre comunicación con los pastores y con el rebaño de toda la Iglesia para que puedan ser por él regidos y enseñados en el camino de la salvación

Es claro que el Pontífice Romano debe tener libre comunicación con sus regidos y enseñados, para que eviten los errores en el creer y en el actuar.

Pero los cismáticos o heréticos; no quieren ser enseñados y regidos por el Pastor supremo.

4.2. El Juicio de los subordinados contra Cristo

     Condenamos y reprobamos las sentencias de los que dicen que se puede impedir lícitamente esta comunicación de la suprema Cabeza con los pastores y los rebaños.

Lo que es lícito o ilícito en el actuar procede de las normas de Cristo y del Vicario de Cristo y no de los juicios humanos de los subordinados a Cristo y al Vicario de Cristo, de los desviados de la fe y de la unidad de la Iglesia. Los acéfalos quieren impedir esta comunicación.

4.3. Superioridad de lo divino sobre lo humano

     Los que obedecen al poder secular, pretendiendo que lo establecido por la Sede Apostólica, si no es confirmado por el plácet del poder secular, no tiene fuerza y valor.

Toda criatura humana está subordinada al poder divino del Vicario de Cristo. Todos los integrantes del poder secular, en cuanto son criaturas humanas están subordinados al poder supremo del Vicario de Cristo. Seria querer someter el poder divino al poder humano, someter el poder del Vicario de Cristo al poder de las criaturas del poder secular. Seria someter a Dios al juicio y voluntad humana en materia de fe y de costumbres morales. Los acéfalos quieren someter la validez y licitud del poder papal al propio arbitrio.

5. LA AUTORIDAD DIVINA DE LA SEDE DE PEDRO

5.1. El supremo Juez por Derecho divino

     Porque por el poder divino del primado apostólico, el Pontífice Romano preside a la Iglesia universal, enseñamos y declaramos que es él el supremo Juez de los fieles y que se puede recurrir a su juicio en todas las causas que pertenecen al foro eclesiástico:

Por la naturaleza divina de la autoridad del Sucesor de Pedro es él el poder supremo en materia de fe y de costumbres y en materia de régimen y de disciplina relativa a la salvación eterna de las almas. Ningún otro juicio humano puede elevarse para juzgar al Juez supremo(D.S. 3116).

Si un obispo se desvía de la fe, podemos recurrir a la Sede de Pedro. Si el propio ocupante de la Sede de Pedro, válido, se desvía de la fe, pierde el poder, por su delito contra la autoridad divina de Cristo (Paulo IV). En ese caso puede ser juzgado por los hombres que se mantienen en la unidad de la Iglesia en la fe universal, común a todos, perpetua (Inocencio III). El delito contra la fe divina separa al hombre “ipso facto” de la unidad de la Iglesia, y sin el juicio de autoridades de la Iglesia antes de las  penas por ellas impuestas posteriormente.

5.2. No es lícito juzgar el poder divino

     El juicio de la Sede Apostólica, está encima de cualquier autoridad, nadie lo puede discutir; a nadie es lícito juzgarla.

Hasta el papa, en cuanto es criatura humana, está subordinado a la autoridad divina dada por Cristo a la persona del Sucesor de Pedro, en cuanto es miembro del Cuerpo Místico de Cristo, ligado a él por el vínculo visible de la fe divina, universal, común a todos. Nadie puede juzgar a Pedro sobre los dogmas, verdades universales divinamente reveladas. Ni el mismo Sucesor de Pedro puede mudar lo que ya fue enseñado como verdad. La verdad no contradice a la verdad. Lo que fue divinamente revelado debe ser perpetuamente conservado por todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Al hombre no le es lícito juzgar la verdad divina sobre el deber de creer y de obrar.

Así el deber de creer en los perpetuos Sucesores de Pedro y el deber de obrar “gravísimo y santísimo” no puede ser cambiado ni ser juzgado por ningún ser humano. Los que defienden la acefalía de la Iglesia, conforme a las circunstancias actuales, caen en el crimen de desobediencia del ser humano al poder divino; de contradecir la norma divina del actuar y del creer.

5.3. Ir fuera del camino recto

     Los que afirman que es lícito apelar los juicios del Romano Pontífice a un concilio ecuménico, como superior a la autoridad del Pontífice Romano, andan fuera del camino recto.

Ningún ser humano puede juzgar el juicio de la Sede de Pedro dicho con autoridad divina, ni el clero, ni el pueblo, ni las autoridades temporales. No existe autoridad mayor que la autoridad divina. El propio Vicario de Cristo, en cuanto ser humano, está enteramente subordinado al Derecho divino (D.S. 31 14) y al Magisterio universal de la Iglesia (D.S. 3116) y no puede contradecirlos.

Los que niegan el deber de elegir un papa en la vacancia actual, niegan la autoridad divina de la Iglesia que impera ese deber de actuar, unido al deber de creer. Quien lo hace:“está fuera del camino recto”, fuera de la unidad de fe y de gobierno de la Iglesia; fuera da comunión de los fieles con Cristo y con el Vicario de Cristo.

6 – CRÍMENES CONTRA EL PODER DIVINO

6.1. Anathema sit

     Si alguien dice que el Romano Pontífice tiene solo un deber de inspección y de dirección, pero no pleno y supremo poder de jurisdicción sobre la Iglesia universal, no solamente en cosas que pertenecen a la fe y a las costumbres, sino también en las que pertenecen a la disciplina y al régimen de la Iglesia difusa por todo el orbe… sea anathema

Los que violan el supremo poder de la Iglesia en materia de fe, como el dogma de los“perpetuos Sucesores” de Pedro y en cosas que pertenecen a la disciplina y régimen de la Iglesia, como el “deber gravísimo de elegir un Sucesor de Pedro”, en cualquier vacancia de la Sede Romana, están claramente “bajo anatema”, como el que está definido por el Concilio Vaticano I (D.S. 3064). Quieren retirar la validez divina del poder de la Sede de Pedro en materia de fe y de régimen. Ahí se insertan, por presunción, en el foro externo, los Señores Mons. Pivarunas, Mons. Alarcon, Sr. Arai Daniele, Sr. John Dale y sus seguidores en cualquier parte del mundo. Lo mismo que los que reconocen como “verdadero papa” como Mons. M. Lefebvre; Mons. Mayer y los seguidores del “papa material”, como Mons. Guerard de Lauriers y Mons. Sanborn; y los que los siguen, contra la autoridad divina de Paulo IV en la Bula “Cum ex apostolatus”. Y lo mismo digo del Sr. A.V. Xavier da Silveira da T.F.P., en cuanto reconoce a los “papas y obispos heréticos”, conforme a su libro y sus obras publicadas y de sus coaligados. Salvo prueba en contrario, conforme al Canon 2200, 2. No es necesario aquí repetir el mismo anatema contra los que siguen el Concilio Vaticano II, con sus herejías de la libertad e igualdad religiosa, ecumenismo y poder supremo colegiado de “representantes de las iglesias”, misa del pueblo y órdenes sin Sucesión Apostólica; y otras herejías. Fáltales la sumisión debida y necesaria a la autoridad divina al Vicario de Cristo en cuanto docente y regente de todos los fieles.

     “Anathema sit”, dice el Vaticano I.

6.2. La plenitud del poder divino

            O que sólo tiene la parte principal, pero no la plenitud del poder supremo… anathema sit.

El Concilio Vaticano II concede a su “papa”, como “representante de las iglesias” la parte principal del poder de la “nueva iglesia”, como “Cabeza del colegio”, sin el poder divino recibido de modo directo e inmediato de Cristo. Además de no tener el poder divino dado por Cristo a Pedro; no tiene la plenitud del poder humano, democrático y agnóstico. El papa tiene de modo monárquico, la plenitud del poder divino. El anatema del Vaticano I está sobre quien valida tal especie humana de “papa”.

 

6.3. Los pastores y fieles acéfalos

     O que su poder no es universal e inmediato, sobre todas y cada una de las iglesias y sobre todos y cada uno de los pastores y fieles, anathema sit.

Estos pastores y fieles, de estas iglesias de sedevacantistas, anticonclavistas, cuyos nombres ya mencionamos, a pesar de tener los ritos de Sao Pio V, por no obedecer al poder divino universal de los perpetuos Sucesores de Pedro y a las normas de acción consistentes en el deber de elegir el Sucesor de Pedro en las vacancias, El Concilio Vaticano I los coloca bajo “anathema”. De modo igual el Concilio de Trento, con relación a los que dicen que Cristo Dios manda cosas imposibles. La acefalia por resistencia al deber de obedecer las normas del poder divino de la Sede de Pedro es delito contra la autoridad divina de la Sede de Pedro, contra la autoridad de Cristo-Dios.

CONCLUSIÓN

Al analizar la parte central de la Constitución “Pastor aethernus” del Concilio Vaticano I se demuestra que, en los días presentes, lo principal es la desobediencia de las personas, fingidamente “católicas”, a la autoridad divina del Magisterio universal de la Sede de Pedro. Es el “non serviam” de Lucifer, profetizado por Jeremías (Jer. II, 20). Es la “operación del error” profetizada por San Pablo (2 Tess. II, 10). Es la abominación en el lugar santo profetizada por Cristo (Mt. 24); con los “pseudo-profetas” seduciendo a muchos (Mt. 24, 11).  El Apocalipsis ordena: “Sal del medio de ella (de la grande Babilonia) para no participar de sus delitos (Ap. 18, 4). “Quien persevere hasta el fin será salvo” (Mt. 24, 13).

“El mantenimiento de la unidad en la verdadera fe es la norma principal para la salvación”.Esto, el Vaticano II y los actuales falsos profetas no lo mantienen. Cambian la verdad universal y perpetua, (D.S. 3020). No seguimos a los hombres, sino a Dios (Gal. 1, 8-9) y esta verdad divina está en el Magisterio universal de la Sede de Pedro (D.S. 3011).

            “Prima salus est rectae fidei regulam custodire” (VIII Concilio).

Laus Deo nostro.

Traducción: R.P. Manuel Martinez H.

Visto en Fundación San Vicente Ferrer.

6 replies »

  1. Gracias por publicar estos escritos. Cuando cita la Bula de Paulo IV, si hubiera puesto “en el hipotético caso que un Papa se desviara de la Fe”, lo cual creo que es lo que quiso expresar el Papa en su Bula, pues en imposible que un Papa válido se “desvíe de la Fe”, pues Paulo IV creía en la infalibilidad pontificia .
    El resto del escrito me parece muy lúcido y es lo que venimos queriendo que se haga. Se movieran los corazones de los Obispos católicos a tomar la decisión de la elección.!

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    • Ese es precisamente el error de Homero Johas. Él cree que un papa puede fallar en la fe, y así lo tiene escrito en el falso caso del papa Honorio. También me parece que la solución que da en ese supuesto caso se contradice con lo que dice de que un papa no puede ser juzgado. ¿Quién decidiría que el papa ha fallado en la Fe y por tanto ya no es papa? Otra cosa es si ese supuesto papa nunca ha sido papa legítimamente electo. Entonces los que lo juzgaran por un fallo evidente en la Fe, ya no juzgarían al papa sino a un supuesto papa. De todas maneras es muy difícil en estos tiempos, que alguien juzgue a los actuales papas por más heréticos que sean, porque el cuerpo social católico, jerarquía y pueblo dan muestras de ser herejes. Esa es la baza con la que cuentan. Desde luego también sería heroico que un obispo o sacerdote, se viera privado de su modo de vida y sometido al ostracismo y hostilidad de todos sí saliera por los fueros de la verdad católica.
      Tampoco se explica muy bien cuando habla de “órdenes sin Sucesión Apostólica”. ¿Será que reconoce que las consagraciones y órdenes han sido dadas por alguien que carecía de mandato? ¿O bien querrá decir que los obispos consagrados sedevacantistas carecen de Sucesión Apostólica?

      Otro punto oscuro es que los obispos actuales no son unánimes en puntos concretos de Fe. O bien se niegan entre sí validez de consagración episcopal. ¿Cómo van a ser electores si fuera así? Por otra parte, quienes eligieran al pontífice ¿tendrían algún mandato para proceder a una elección? ¿Podrían ser laicos como en el caso de la elección del papa Lino, con los que él mismo formó, al parecer, el cuerpo de electores? ¿. Por qué se arrogaron, un puñado de laicos y parece que una mujer, el derecho a ser electores? Son muchas las cuestiones que surgen. Quizás alguien pudiera ayudarnos. Yo no lo veo nada claro.
      Sin embargo hay muchas ideas excelentes en el artículo y que son muy actuales. Pues muchos se obstinan en negar la infalibilidad pontificia o restringirla al máximo e igualmente restringen su poder de jurisdicción.

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  2. NO ES QUE LA MAYORIA DE LOS CATOLICOS SEAMOS HEREJES , NO NOS HEMOS INSTRUIDO EN EL CONOCIMIENTO REQUERIDO, PERO SIN CONOCIMIENTO, ESTAMOS SEGUROS DE NUESTRA FE.
    POR OTRA PARTE : GALATAS 2 11 TIEMPO DESPUES, CUANDO KEFAS VINO A ANTIOQUIA, LE ENFRENTE EN CIRCUNSTANCIAS EN QUE SU CONDUCTA ERA REPRENSIBLE.

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  3. Maria Elena Lozano: La Apostasía justamente ha cundido por la falta que usted misma acusa darse cuenta: la falta de instrucción en la Fe, pero para el sostenimiento y confirmación en la Fe, Jesucristo ha dispuesto que fuera un hombre, San Pedro y sus Sucesores, el que lo hiciera, por eso lo constituyó en la Roca y lo hizo uno con El en el gobierno, para enseñar sin error la verdad y para lograr la santificación de los hombres en Su Iglesia. La falta de la Cabeza Visible genera el desvío y la confusión. Para las almas que tienen Fe pero poca instrucción -pues a todos no se pide el conocimiento en la misma medida- basta con que sepan que un Papa habla y enseña y que entonces estando unidas a él están seguras de no caer en el error. De ahí los esfuerzos que con la mejor intención se trabaja y se quiere la elección de un Vicario de Cristo válido, tratando de someter la propia inteligencia a la Doctrina y a las Leyes que la misma Iglesia nos ha dado para que estando adheridos a lo que siempre y en todo lugar ha enseñado, es decir a la Tradición y al Magisterio, no erremos en nuestro actuar. Por eso sin el Papa, Principio de unidad y de gobierno y Roca segura de la Verdad, siempre estaremos a la deriva azotados por todo viento de doctrina.

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  4. Arca: Quiero entender que cuando habla de “Obispos sin sucesión apostólica” debe referirse a la falta de jurisdicción otorgada por un Pontífice, el único que puede hacerlo, y que por no tener ni Papa ni jurisdicción, el ejercicio del Episcopado queda restringido al estado de necesidad pero con vistas a la elección de un Vicario para que los constituya en auténtica Jerarquía católica.
    Tengo entendido que a pesar de instar por el cónclave, Johas, no estuvo presente en el de Asís.
    Yo mismo me opuse porque me parecía que faltaban condiciones para hacerlo y escribí a los responsables para que no lo hicieran, uno de ellos era el fallecido Lopez-Gastón, quien sin dudar de su consagración -él mismo me lo escribió y le insté a que no lo hiciera porque iba a provocar escándalo y sacrilegio- pero no escuchó y se hizo reconsagrar y continuó con la organización del fallido cónclave de Asís arrastrando almas que tenían buenas intenciones.
    Para no caer en lo mismo -desesperadamente- entiendo que el apostolado principal, hoy, debe hacerse con los Obispos para que entiendan que el Papa es NECESARIO y que ellos sin El son muchedumbre confusa y perturbada, que no tienen jurisdicción para ejercer su Episcopado y que recae sobre todo en ellos el deber “sagrado y urgente”, y que si se mantienen sin tomar partido, ya no podremos confiar en su catolicidad. Tarea de gigantes, pero ¡Dios lo quiere! : esta es nuestra Cruzada.

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  5. He aquí un artículo que prometía mucho, pero que se ha revelado como una completa decepción en cuanto se leen las aberrantes conclusiones que su autor es capaz de sacar de los documentos papales y conciliares.

    Vamos a ir viendo que este Homero, menos afortunado que su homónimo antiguo, aunque obnubilado por el mismo género de sirenas, naufraga siempre en el mismo escollo:

    1.3. Ese deber gravísimo de elegir una Cabeza visible de la Iglesia afecta a quién tenga derecho para ello, es decir, únicamente a los cardenales válidamente creados, o en su defecto, a los prelados con autoridad de jurisdicción ordinaria, cosa que como sabe el Doctor Johás, no tenemos en la actualidad.

    Ni siquiera los cardenales que en otros tiempos omitían su deber de entrar en el Cónclave quedaban “ipso facto” separados de la unidad de fe y régimen de la Iglesia.

    2.1. Deja subsistir aquí D. Homero una ambigüedad harto peligrosa, cuando afirma, sí, que no existe poder de obispo en su diócesis que no esté subordinado al Papa, y que ese poder (se entiende, de jurisdicción) se recibe inmediatamente de Cristo. Si debemos tomar sus palabras tal como suenan, tendremos que concluir que nos induce claramente en el error, visto que la jurisdicción episcopal NO proviene inmediatamente de Cristo, sino que es el Papa el que la otorga, por lo que es posible que haya obispos consagrados, pero que carecen de jurisdicción, mientras que siguiendo la afirmado por el autor, los obispos consagrados en estos decenios a favor de los católicos “resistentes” o “remanentes” sí tendrían jurisdicción, recibida inmediatamente de Cristo a través de la consagración episcopal, error galicano reverdecido por el conciliábulo Vaticano II.

    La consecuencia lógica de todo ello, es que los obispos “remanentes” tendrían el poder (y sobre todo la obligación) de reunirse en un Cónclave, y elegir a un Papa).

    Conclusión errónea, porque es falsa la premisa que otorga a dichos obispos el poder de jurisdicción necesaria par proceder a tan trascendental elección.

    2.2. Los obispos remanentes no sólo no tienen ese “deber gravísimo y santísimo” de designar a un Papa, sino que más bien, si lo intentaran sin gozar de la autoridad necesaria para ello, estarían usurpando funciones que no les corresponden, y sólo serían capaces de producir un aborto de Papa, es decir, un Papa tan dudoso como los que ya han sido proclamados en los últimos decenios, con los lamentables resultados que todos conocemos. Eso sí sería subversivo, y sentaría un pésimo precedente.

    2.3. Es falso que rompiéndose la unidad de régimen, automáticamente se rompa también la unidad de fe. La historia, maestra de la vida, nos enseña lo contrario. Durante el Gran Cisma de Occidente, por ejemplo, rota estuvo la unidad de régimen, pero desde luego, no la de fe, que existía en cada una de las obediencias.

    2.4. Me parece que es abusar escandalosamente de los textos el pretender que la norma divina impone realizar una elección cuando no se dan las condiciones mínimas para ello, y más todavía si se pretende reforzar tal abuso con un terrorismo espiritual que condena al cisma a todos los que con buen criterio se dan cuenta de que una buena elección, con los medios de los que hoy disponemos, es imposible, y más si las amargas experiencias pasadas nos aleccionan en tal sentido.

    2.5. Los acéfalos, como injuriosamente los llama Johás, ni se desvían de la fe, ni de la unidad de régimen, y no menos importante, no se desvían de la sana razón y sentido común. Aun suponiendo que estuvieran equivocados, y el Doctor en lo cierto, no por ello se habrían apartado de la Iglesia.

    3.1. Vuelve la burra al trigo, y el errante a su error: Porque el poder de los obispos es ordinario y sobre todo inmediato sólo hacia abajo, respecto de sus fieles, pero desde luego, no hacia arriba, respecto del Sumo Pontífice, que es el único que puede otorgar jurisdicción ordinaria, por sí, o a través de otras mediaciones eclesiásticas.

    Ese poder no sólo está SUBORDINADO, sino que PROVIENE INMEDIATAMENTE del Papa, cosa que el autor se guarda muy mucho de precisar, porque entonces, se le cae toda la tesis, con todas sus tremebundas maldiciones y exclusiones.

    Tengamos en cuenta que las citas hablan aquí de obispos residenciales, con verdadera jurisdicción ordinaria sobre sus diócesis, cosa que no tienen los obispos remanentes actuales. Si la tuvieran, pudiera el Doctor Johás tener razón, pero no es este el caso.

    3.2. Mal podría probar que los obispos remanentes fallan en su deber de creer y profesar la fe apostólica. Ni pueden traicionar estos obispos un deber que no tienen, puesto que no pertenecen a la jerarquía de jurisdicción de la Iglesia. Quieren y desean con todas las veras de su alma volver a tener un Supremo Pastor, pero no se lo van a inventar contrariando las normas del derecho divino natural y positivo, que exigen que aquellos que designan a una persona para un cargo y reciben el consentimiento del electo gocen de autoridad pública y jurídicamente reconocida para ello, cosa que los dichos obispos ni tienen, ni pretenden tener.

    4.2. El Doctor Johás se sumerge con fruición en el ridículo, cuando pretende que esos textos se aplican a los obispos remanentes sensatos.

    4.3. Es evidente por el tenor mismo del texto, que alude a las autoridades temporales que presumieran controlar la obediencia de los fieles católicos al Papa en acto, y no de la sana y razonable evaluación de las circunstancias, que procuran realizar los obispos actuales.

    5.1. Bis fractus Homerus! He aquí el otro Scylla en que va a romper la galera homeriana: Suponer que un Papa puede desviarse de la Fe, y perder su poder a causa de ello. Y ya, tras unos decenios de estudios y controversias, lo que no es admisible en absoluto, es citar en apoyo de esa tesis como mínimo próxima a la herejía nada menos que la Bula de Pablo IV, que enseña exactamente lo contrario, y establece que el desvío de la fe en el ocupante de la Sede papal es síntoma indudable de ilegitimidad de origen, y lo recuerda y define para que nunca pueda concluirse que un Papa verdadero ha fallado, ni aun una sola vez, en la fe.

    Lo que juzgan entonces los hombres, no es a un Papa, sino la legitimidad de la elección. Eso es lo que supone conocido la famosa frase de Inocencio III, de la que tanto abusan los neogalicanos de todo pelaje que pretenden ser devotos defensores de la Tradición y la Roma petrina.

    5.2. ¿Nos puede enseñar el autor dónde en el Bulario mandan los Papas que puros laicos, incluso mujeres, o clérigos sin jurisdicción estén obligados a reunirse en cónclave más o menos confidencial para elegir a un hipotético Papa igualmente confidencial, y ello, bajo tremebundas amenazas de muerte espiritual?

    Cuando nos muestre algo parecido, entonces nos creeremos que hemos desviado, pero de momento, el que ha perdido la brújula es él.

    6.1. Precisamente porque creemos en que Pedro tendrá perpetuos sucesores, sabemos que la Providencia divina también tiene previstos todos los medios necesarios para proveer a esa elección en tiempo oportuno, sin que necesite la cuestionable ayuda de unos “cónclaves-spaghetti” que ya han demostrado de sobra su inanidad.

    6.2. Puede guardarse sus anatemas, que Dios no manda cosas imposibles, lo mismo que no manda cosas que van contra el propio derecho divino natural y positivo, que es lo que está proponiendo, y en lo cual, al parecer, ya ha participado, con el éxito que cabía esperar desde el mismo principio.

    Contemplando en conjunto este cúmulo de despropósitos, compuesto por una inextricable mezcla de error teológico-canónico, abuso manifiesto de leyes y textos oficiales, y eclipse del sano sentido común, me pregunto si no nos habremos equivocado de Homero, y en vez de tener a un émulo del de Ítaca, no estaremos frente a un imitador del de Springfield (NT).

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