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SE SALVAN TODOS


“El Señor a todos, a todos nos ha redimido con la sangre de Cristo: a todos, no sólo a los católicos. ¡A todos! ‘Padre, ¿y los ateos?’. A ellos también. ¡A todos! ¡Y esta sangre nos hace hijos de Dios de primera clase! ¡

“El Señor a todos, a todos nos ha redimido con la sangre de Cristo: a todos, no sólo a los católicos. ¡A todos! ‘Padre, ¿y los ateos?’. A ellos también. ¡A todos! ¡Y esta sangre nos hace hijos de Dios de primera clase! ¡

[Es lo que denuncia el siguiente artículo, como dicho y predicado por la iglesia conciliar, con sus más altas jerarquías, los “papas”, sin que nadie proteste, salvó unos pocos pronto silenciados, ante esta doctrina alejada del Evangelio, de la doctrina de la Iglesia, de los Padres de la Iglesia y de la doctrina de Santo Tomás que anteriormente fue común en la Iglesia. Sin estar de acuerdo con la terminología del autor que llega a llamar Santo y Padre a quien esparce por el mundo revestido de autoridad tan deletérea y criminal doctrina, haciéndose con ello  cómplice de lo mismo, lo traigo al blog]

La Gran Mentira de la Salvación Universal

Por Ortiz de Zárate

Introducción

Para los Santos Padres y los grandes teólogos de la Iglesia, al contrario de lo que sucede con nuestra moderna Jerarquía de la Iglesia, lo más importante en sus vidas era exponer la fe católica y defenderla contra todas las herejías; penetrar y profundizar lo más posible el misterio de la vida íntima de Dios; tratar de vivir en ese perpetuo embeleso del misterio de Jesucristo, como preludio temporal de la contemplación inmutable y eterna al descubierto de la vida íntima de Dios después del término de nuestra vida terrestre. Decía, por ejemplo, San Agustín: Quis mihi dabit adquiescere in Te? Quis dabit mihi ut venias in cor meum et inebries illud, ut obliviscar mala mea et unum bonum meum amplectar Te? ¿Quién me dará descansar en ti? ¿Quién me dará que vengas a mi corazón y le embriagues, para que olvide mis maldades y me abrace contigo, único bien mío? (Confesiones, I, 5).

De acuerdo con la doctrina de Santo Tomás, Dios ha puesto en el corazón de cada hombre un deseo innato de inmortalidad (Summa Theologiae, I, q. 75, a. 6.)

Todos deseamos la vida y tememos la muerte. Este deseo innato y connatural al hombre de perpetuarse en la existencia no puede satisfacerse en este mundo, pues sabemos por experiencia que la muerte a todos llega y a nadie perdona. Pero no se puede dar el caso de que nuestra naturaleza desee algo que le sea imposible alcanzar. Si tenemos un deseo natural de inmortalidad es porque es posible alcanzar esta inmortalidad, y si esto no puede satisfacerse en este mundo entonces tendrá que ser satisfecho en el otro.

La doctrina Católica y la promesa de Jesucristo de prepararnos un lugar en la Casa del Padre llenó durante muchos siglos el corazón de los fieles, porque Cristo había prometido la Vida Eterna a todos aquellos que, olvidándose de sí mismos conformaran por puro amor de Dios su vida a la vida de Cristo, y abrieran su corazón a las muchas gracias que con su muerte nos vino a traer. Se sabía que esta vida y este seguimiento de Cristo suponía una auténtica lucha, una vida de sacrificio y de abnegación, un peregrinar por un valle de lágrimas; pero esto no importaba mucho porque ¿qué eran unos pocos años de sufrimiento en esta vida comparados con la alegría infinita de que al final del camino nos habríamos de reunir con Jesucristo por toda la eternidad?

Cristianismo Anónimo

Hacia mediados del siglo pasado, la Iglesia quiso adaptarse a los tiempos modernos y fue entonces cuando, en su afán de acercarse a las otras religiones, claudicó de los principios evangélicos para transformarse en una Nueva Iglesia Universal, con el propósito de englobar, por igual y sin distinciones, a todas las otras religiones mundiales. Esta nueva Iglesia consideró que el precio que había que pagar para alcanzar la vida eterna era demasiado caro, y poco adecuado a la mentalidad del hombre moderno; eso de perder la propia vida (Mc. 8, 35; Mt. 16, 25; Lc. 9, 24) o de caminar por la senda estrecha(Mt. 7, 14; Lc. 13, 24) fue considerado como una auténtica locura. Había que buscar nuevas formas de asegurar a los hombres un modo fácil de acceder a la vida eterna, más acorde y en sintonía con la mentalidad del hombre moderno, sin las complicaciones y los excesos desmesurados de la religión tradicional católica, a la que se calificó de oscurantista y retrógrada.

De esta manera, el Evangelio y la Tradición quedaban relegados a un segundo plano, y se adoptaron nuevas teorías de salvación universal como la imagedel cristianismo anónimo, propugnada por no pocos miembros de la jerarquía de la Iglesia, desde el mismo Juan Pablo II hasta el Papa Francisco. Esta doctrina afirma que todos los hombres son cristianos, lo sepan o no, y que todos estamos salvados por el mero hecho de que por todos murió Cristo y a todos nos redimió con su sangre. He aquí las palabras textuales de nuestro Santo Padre:

“El Señor a todos, a todos nos ha redimido con la sangre de Cristo: a todos, no sólo a los católicos. ¡A todos! ‘Padre, ¿y los ateos?’. A ellos también. ¡A todos! ¡Y esta sangre nos hace hijos de Dios de primera clase! ¡Hemos sido creados hijos a imagen de Dios y la sangre de Cristo nos ha redimido a todos! Y todos tenemos el deber de hacer el bien” (Homilía del 22 de mayo de 2013).
De acuerdo con las palabras del Papa, la única condición para salvarse es obrar el bien; pero no se especifica qué es el bien, ni se hace referencia alguna al Bien Supremo, Dios. Ya no es necesario pertenecer a la Iglesia Católica, ni siquiera profesar alguna religión. Incluso los ateos, si obran el bien, están salvados. Las consecuencias que se desprenden de esta postura son devastadoras. Si todo el mundo se salva por el mero hecho de que Cristo murió por todos, entonces ¿a qué se ve reducida la labor misionera de la Iglesia? ¿Por qué esforzarse por traer a la Iglesia Católica a los hermanos separados y a los infieles, si éstos tienen las mismas posibilidades de salvación que los católicos?¿Se equivocó la Iglesia al desplegar un séquito de misioneros que llevaran el Evangelio por los confines del mundo?¿Es ahora la Iglesia Católica una opción entre muchas otras para alcanzar la salvación?

Santo Tomás

La errónea creencia sostenida por muchos de que todos los hombres se salvan por el mero hecho de que Dios murió por todos y a todos redimió, así como muchos otros problemas de la Iglesia actual, es una consecuencia directa del olvido, desprecio y total desconocimiento que, especialmente a partir del Concilio Vaticano II, se ha hecho de la filosofía y teología Tomista. La que había sido erigida como pilar y fundamento de la doctrina católica por siglos inmemoriales, alabada y ensalzada por muchos papas como el arma más segura para afianzarse en las verdades del Evangelio era, junto con la Tradición de siglos, arrojada por la borda.

Efectivamente, Jesucristo murió por todos los hombres, y a todos redimió con su sangre, pero Santo Tomás y la Tradición de la Iglesia siempre han enseñado que la redención tiene dos fases distintas: una realizada por Cristo antes de la subida al Cielo; y otra, que se está realizando todavía y se realizará hasta el fin de los tiempos. La primera es la redención hecha o redención objetiva; y la segunda, o redención subjetiva, es la aplicación o llegada a cada hombre de la redención que para todos se hizo (Summa Theologiae, IIIa, cuestión 49, a. 1 ad 5).

Con su muerte en la Cruz Jesucristo satisfizo por nuestros pecados, nos mereció la gracia y todo aquello necesario para rehabilitar al hombre a su estado de amistad con Dios. El hombre tiene desde entonces todo lo que necesita para alcanzar la salvación de su alma. Pero una cosa es que exista este tesoro redentor, y otra cosa muy distinta es que llegue a sus destinatarios.

Esta segunda fase de la Redención la hace efectiva Jesucristo, al igual que la primera. Pero en la primera fue Él solo, mientras que en esta segunda pide y desea la colaboración de los interesados o de los hombres que de ella se benefician. Quienes colaboren con Él y abran su corazón a esas gracias se salvarán, pero quienes se nieguen a recibir esas gracias redentoras no podrán hacerlo. Por eso es por lo que no se puede afirmar que todos los hombres se salven, puesto que si bien todos tienen la posibilidad y los medios para hacerlo, no todos se disponen para recibir de ese caudal redentor. Y esto por propia decisión, porque han cerrado su corazón al ofrecimiento de amistad que Dios ha querido establecer con ellos.

A modo de conclusión

La doctrina del cristianismo anónimo pierde totalmente de vista la realidad de la redención subjetiva; la hace desaparecer totalmente. Para el cristianismo anónimo es suficiente el hecho de que Cristo haya muerto por todos y a todos nos haya redimido. Se queda sólo en la primera fase de la redención. El hombre no participa para nada en el Plan de Salvación que Jesucristo vino a ofrecerle. Pero ¿qué hay entonces de las palabras de San Pablo a los Filipenses: trabajad por vuestra salvación con temor y temblor, (Filipenses 2, 12) y de tantos otros pasajes evangélicos en la misma línea?

En el fondo de todo esto hay un rechazo total del amor y amistad que Dios ha querido establecer con el hombre y que es en lo que consiste su redención. Dios concede al hombre todo lo necesario para salvarse; pero el amor, por su propia naturaleza, tiene que ser correspondido libre y voluntariamente. Dios no va a salvar a alguien que no quiera estar con Él, y que no haya -libre y voluntariamente-, decidido seguirlo. Porque la vida eterna no es otra cosa sino la mutua relación de amor entre Dios y el hombre llevada a su perfección en lo que al hombre concierne.
Visto en “Tradición Digital”

3 replies »

  1. Dios no puede salvar a quien no quiere ser salvado, pues afectaría a la libertad del hombre. Si muchos ángeles, que conocieron al Señor cara a cara, decidieron separarse de Él, y esa decisión les fue respetada, cuanto más, a los hombres, que sin conocer a la suma bondad, renuncian a conocerla y pasan por esta vida ofendiéndole.

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  2. EL ANTIPAPA DICEN SE SALVAN TODOS PARESE PROTESTANTE AHORA ME DI DE CUENTA QUE ESA ES LA FALSA IGLESIA ECUMENICA UNIVERSAL QUE EL ANTIPAPA QUIERE UNIR TODAS LAS SECTAS HABRAN LOS OJOS HIJOS DE DIOS QUE ESTE ES EL MALIGNO

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  3. “Y el que no está contra nosotros, está con nosotros”

    Mc 9,38-43. 45.47-48
    1. “MAESTRO, HEMOS VISTO A UNO QUE EXPULSABA DEMONIOS EN TU NOMBRE, Y TRATAMOS DE IMPEDÍRSELO PORQUE NO ES DE LOS NUESTROS”

    Juan le comunica que han visto una persona que exorcizaba los demonios, y se lo habían prohibido porque no estaba con ellos, es decir, no pertenecía a los Doce, a quienes se les había conferido este poder (San Mateos 10:1). Más tardíamente se cita el caso de exorcistas judíos no cristianos que expulsaban demonios en el nombre de Jesús (Act 19:13-17).

    Pero Jesús les dijo: No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.

    Si hay una delegación suya para ello en los apóstoles, también otros pueden invocar su nombre, con reverencia, apelando a su poder, lo que no es estar lejos de su discipulado, pues, al menos, está con él. Que no se lo prohíban. Quien así obró, no sólo no hablará mal de El, sino que se aproximará cada vez más a su reino, al ver el gran signo del mesianismo y del Mesías: la expulsión y triunfo sobre Satán.

    2. Y EL QUE NO ESTÁ CONTRA NOSOTROS, ESTÁ CON NOSOTROS.

    Y concluye con un dicho, probablemente un proverbio popular, en el que ya se agrupa en una unidad con los suyos, que continuarán su obra. El que no está contra ellos, está con ellos. Si la frase es un poco extremada, oriental, en aquel mundo hostil contra Jesús, el que no estaba contra El (San Mateos-San Lucas), ni contra ellos (San Marcos), venía a estar con ellos. Había la perspectiva de unírseles otros muchos discípulos.

    En San Marcos se dice que quien no está contra nosotros, está con nosotros. En cambio, en San Mateo se dice que quien no está conmigo, está contra mí (Mt 12:30). Pero responde esta variante a situaciones temáticas distintas. En Mateos, el texto se refiere a los exorcismos judíos.

    3. JESÚS LES HACE VER A SUS DISCIPULOS QUE NO ES PARTIDARIO DE LOS CELOS

    Lo que ha hecho Jesús, es hacerle ver a sus discípulos que es no partidario de los celos que ellos tienen, hoy a nosotros nos dice que no debemos confundir los intereses de El Hijo de Dios, con los nuestros. Lo que nos debe interesar es la Gloria del Señor, no la nuestra.

    En efecto, en algunas ocasiones nos confundimos, estamos celosos y la verdad es que estamos envidiosos, porque nos sentimos postergados, como si estuviéramos en segundo lugar, como si otros nos opacaran y nos hacen sombra y nos duele esta situación.

    Lo que tenemos que hacer es actuar con generosidad, y saber ver que lo que importa en la lucha contra el mal y la maldad, sin importar quien la realiza, ni donde ni como se hace. Debemos sentirnos gozosos cuando otros están trabajando por el bien de los demás. Debemos apoyar a los que hace el bien, no envidiarlos. No debemos confundirnos, y oremos por los que en nombre del Señor trabajan por su gloria, sin preocuparnos si ellos brillan más que nosotros, pues sin duda Dios fue, es y seguirá siendo… AMOR.

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