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UNA ENMIENDA AL CONCLAVISMO


[No ha tardado en llegar un comentario al post El Poder Papal respecto de las afirmaciones que interesan al llamado conclavismo. Para que el debate esté balanceado entre los dos extremos de las opiniones a favor y en contra, lo subo a las entradas, con el fin de que los lectores calibren todos los argumentos]
Por Fray Eusebio de Lugo
He aquí un artículo que prometía mucho, pero que se ha revelado como una completa decepción en cuanto se leen las conclusiones que su autor es capaz de sacar de los documentos papales y conciliares.

Vamos a ir viendo que este Homero, menos afortunado que su homónimo antiguo, aunque obnubilado por el mismo género de sirenas, naufraga siempre en el mismo escollo:

1.3. Ese deber gravísimo de elegir una Cabeza visible de la Iglesia afecta a quién tenga derecho para ello, es decir, únicamente a los cardenales válidamente creados, o en su defecto, a los prelados con autoridad de jurisdicción ordinaria, cosa que como sabe el Doctor Johás, no tenemos en la actualidad.

Ni siquiera los cardenales que en otros tiempos omitían su deber de entrar en el Cónclave quedaban “ipso facto” separados de la unidad de fe y régimen de la Iglesia.

2.1. Deja subsistir aquí D. Homero una ambigüedad harto peligrosa, cuando afirma, sí, que no existe poder de obispo en su diócesis que no esté subordinado al Papa, y que ese poder (se entiende, de jurisdicción) se recibe inmediatamente de Cristo. Si debemos tomar sus palabras tal como suenan, tendremos que concluir que nos induce claramente en el error, visto que la jurisdicción episcopal NO proviene inmediatamente de Cristo, sino que es el Papa el que la otorga, por lo que es posible que haya obispos consagrados, pero que carecen de jurisdicción, mientras que siguiendo la afirmado por el autor, los obispos consagrados en estos decenios a favor de los católicos “resistentes” o “remanentes” sí tendrían jurisdicción, recibida inmediatamente de Cristo a través de la consagración episcopal, error galicano reverdecido por el conciliábulo Vaticano II.

La consecuencia lógica de todo ello, es que los obispos “remanentes” tendrían el poder (y sobre todo la obligación) de reunirse en un Cónclave, y elegir a un Papa).

Conclusión errónea, porque es falsa la premisa que otorga a dichos obispos el poder de jurisdicción necesaria par proceder a tan trascendental elección.

2.2. Los obispos remanentes no sólo no tienen ese “deber gravísimo y santísimo” de designar a un Papa, sino que más bien, si lo intentaran sin gozar de la autoridad necesaria para ello, estarían usurpando funciones que no les corresponden, y sólo serían capaces de producir un aborto de Papa, es decir, un Papa tan dudoso como los que ya han sido proclamados en los últimos decenios, con los lamentables resultados que todos conocemos. Eso sí sería subversivo, y sentaría un pésimo precedente.

2.3. Es falso que rompiéndose la unidad de régimen, automáticamente se rompa también la unidad de fe. La historia, maestra de la vida, nos enseña lo contrario. Durante el Gran Cisma de Occidente, por ejemplo, rota estuvo la unidad de régimen, pero desde luego, no la de fe, que existía en cada una de las obediencias.

2.4. Me parece que es abusar escandalosamente de los textos el pretender que la norma divina impone realizar una elección cuando no se dan las condiciones mínimas para ello, y más todavía si se pretende reforzar tal abuso con un terrorismo espiritual que condena al cisma a todos los que con buen criterio se dan cuenta de que una buena elección, con los medios de los que hoy disponemos, es imposible, y más si las amargas experiencias pasadas nos aleccionan en tal sentido.

2.5. Los acéfalos, como injuriosamente los llama Johás, ni se desvían de la fe, ni de la unidad de régimen, y no menos importante, no se desvían de la sana razón y sentido común. Aun suponiendo que estuvieran equivocados, y el Doctor en lo cierto, no por ello se habrían apartado de la Iglesia.

3.1. Vuelve la burra al trigo, y el errante a su error: Porque el poder de los obispos es ordinario y sobre todo inmediato sólo hacia abajo, respecto de sus fieles, pero desde luego, no hacia arriba, respecto del Sumo Pontífice, que es el único que puede otorgar jurisdicción ordinaria, por sí, o a través de otras mediaciones eclesiásticas.

Ese poder no sólo está SUBORDINADO, sino que PROVIENE INMEDIATAMENTE del Papa, cosa que el autor se guarda muy mucho de precisar, porque entonces, se le cae toda la tesis, con todas sus tremebundas maldiciones y exclusiones.

Tengamos en cuenta que las citas hablan aquí de obispos residenciales, con verdadera jurisdicción ordinaria sobre sus diócesis, cosa que no tienen los obispos remanentes actuales. Si la tuvieran, pudiera el Doctor Johás tener razón, pero no es este el caso.

3.2. Mal podría probar que los obispos remanentes fallan en su deber de creer y profesar la fe apostólica. Ni pueden traicionar estos obispos un deber que no tienen, puesto que no pertenecen a la jerarquía de jurisdicción de la Iglesia. Quieren y desean con todas las veras de su alma volver a tener un Supremo Pastor, pero no se lo van a inventar contrariando las normas del derecho divino natural y positivo, que exigen que aquellos que designan a una persona para un cargo y reciben el consentimiento del electo gocen de autoridad pública y jurídicamente reconocida para ello, cosa que los dichos obispos ni tienen, ni pretenden tener.

4.2. El Doctor Johás se sumerge con fruición en el ridículo, cuando pretende que esos textos se aplican a los obispos remanentes sensatos.

4.3. Es evidente por el tenor mismo del texto, que alude a las autoridades temporales que presumieran controlar la obediencia de los fieles católicos al Papa en acto, y no de la sana y razonable evaluación de las circunstancias, que procuran realizar los obispos actuales.

5.1. Bis fractus Homerus! He aquí el otro Scylla en que va a romper la galera homeriana: Suponer que un Papa puede desviarse de la Fe, y perder su poder a causa de ello. Y ya, tras unos decenios de estudios y controversias, lo que no es admisible en absoluto, es citar en apoyo de esa tesis como mínimo próxima a la herejía nada menos que la Bula de Pablo IV, que enseña exactamente lo contrario, y establece que el desvío de la fe en el ocupante de la Sede papal es síntoma indudable de ilegitimidad de origen, y lo recuerda y define para que nunca pueda concluirse que un Papa verdadero ha fallado, ni aun una sola vez, en la fe.

Lo que juzgan entonces los hombres, no es a un Papa, sino la legitimidad de la elección. Eso es lo que supone conocido la famosa frase de Inocencio III, de la que tanto abusan los neogalicanos de todo pelaje que pretenden ser devotos defensores de la Tradición y la Roma petrina.

5.2. ¿Nos puede enseñar el autor dónde en el Bulario mandan los Papas que puros laicos, incluso mujeres, o clérigos sin jurisdicción estén obligados a reunirse en cónclave más o menos confidencial para elegir a un hipotético Papa igualmente confidencial, y ello, bajo tremebundas amenazas de muerte espiritual?

Cuando nos muestre algo parecido, entonces nos creeremos que hemos desviado, pero de momento, el que ha perdido la brújula es él.

6.1. Precisamente porque creemos en que Pedro tendrá perpetuos sucesores, sabemos que la Providencia divina también tiene previstos todos los medios necesarios para proveer a esa elección en tiempo oportuno, sin que necesite la cuestionable ayuda de unos “cónclaves-spaghetti” que ya han demostrado de sobra su inanidad.

6.2. Puede guardarse sus anatemas, que Dios no manda cosas imposibles, lo mismo que no manda cosas que van contra el propio derecho divino natural y positivo, que es lo que está proponiendo, y en lo cual, al parecer, ya ha participado, con el éxito que cabía esperar desde el mismo principio.

Contemplando en conjunto este cúmulo de despropósitos, compuesto por una inextricable mezcla de error teológico-canónico, abuso manifiesto de leyes y textos oficiales, y eclipse del sano sentido común, me pregunto si no nos habremos equivocado de Homero, y en vez de tener a un émulo del de Ítaca, no estaremos frente a un imitador del de Springfield (NT).

12 replies »

  1. Pregunto y por supuesto sin ninguna intención de oposición a la Voluntad divina: Si sabemos que San Pedro debe tener perpetuos Sucesores, ¿Cuál sería la razón de la demora en que los “tiempos sean oportunos” después de más de cincuenta años de vacancia y sobre todo, habiéndose constituído como religión oficial la Apostasía? ¿Los “tiempos oportunos” los debemos esperar exclusivamente de Dios? De la falsa jerarquía oficial nada se puede esperar pues no militan en la Iglesia Católica? ¿De dónde saldrían los electores canónicamente aptos para elegir un Vicario válido sino de los mismos miembros de la Iglesia Católica? ¿ Acaso Dios esperaría la conversión de los que no se quieren convertir para que elijan un Papa? ¿A quién hay que recurrir para que la Sede deje de estar vacante? ¿Desde cuando no tener un Papa válido no es de NECESIDAD para la Iglesia? ¿Si en caso de extrema necesidad se puede recurrir a la epikeia para consagrar Obispos válidos, por qué motivo con el mismo principio no se puede recurrir para una elección? ¿De dónde “saldrá” un Papa si no es de un cónclave? ¿Existe o no el estado de extrema necesidad? ¿Si así no fuera, por qué Obispos como por ej Mons. Carmona y Mons. Zamora aceptaron el Episcopado de manos de Mons. Thuc, y es legítimamente defendida la validez de sus consagraciones? ¿Qué es lo que impediría que los Obispos se reunieran, declararan publica y solemnemente la Sede vacante y procedieran a la elección de un Papa católico? ¿Cuáles son las Leyes que impedirían ese modo de actuar si se reconoce el estado de necesidad?

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  2. Me parece que Fray Eusebio argumenta mejor su posición que el Sr. Johas. Por un lado el problema de la jurisdicción, hasta para un ignorante como yo está claro que no se puede reunir un grupo de sacerdotes u obispos, aún válidamente consagrados, y elegir un Papa por “la fuerza bruta”, porque ¿con cuales reglas se haría tal cosa?, por ejemplo ¿basta con 3 obispos y 6 sacerdotes? o 10 obispos? o 50 sacerdotes sin obispos? ¿y si se reunen dos grupos distintos y eligen dos Papas? Este problema ocurre porque no hay jurisdicción, creo yo.
    Después hay un problema práctico, incluso entre dos sedevacantistas infalibilistas (desde ya me disculpo si me equivoco en la caracterización) hay grandes diferencias en el diagnóstico en cuanto a cómo sería la salida de la crisis. Eusebio espera que la Providencia divina tenga previstos los medios necesarios para proveer a esa elección en tiempo oportuno. Mientras que para Simón la demora en que los “tiempos sean oportunos” sería justamente por la falta de acción de los católicos. Ni hablar de los sedevacantistas que esperan la Parusía, para los cuales hay que aguantar manteniendo la fe sin buscar una restauración. Y estas grandes divisiones solo considerando la fracción sedevacantista del tradicionalismo…La verdad es que lo veo de solución imposible.

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  3. Desde la Creación para acá Dios siempre se ha valido de los hombres para realizar los designios de Su Voluntad. ¿Pará qué lo eligió a Moisés si con su Omnipotente poder no lo necesitaba para sacar a los israelitas del poder del Faraón? ¿Para qué los Macabeos emprendieron los combates si sólo Dios bastaba para impedir la idolatría?¿Para qué Jesucristo eligió a San Pedro como Papa y designó que debía tener perpetuos Sucesores en el cargo, si con El basta y sobra para que la Iglesia no sucumba?
    ¿qué quiero decir? Que ni Dios solo, ni los hombres solos. La Iglesia la recomponen y restauran la Jerarquía los hombres con el auxilio de Dios. Testigo toda la Historia Sagrada.
    Ah, y si los hombres confían, “nada es imposible para Dios”.

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  4. Me permito terciar en la pregunta del millón: ¿Cómo volveremos a tener Papa si la vía conclavista es imposible incluso en sus fundamentos teóricos?

    Me atrevo a sugerir que el consenso general de la Iglesia, esto es, de los católicos aún existentes sobre la faz de la tierra, suple la ausencia de prelados dotados de jurisdicción capaces de recibir la aceptación canónica de labios de la persona seleccionada para recibir las atribuciones petrinas.

    El problema es: ¿Cómo lograremos ese consenso general, cuando hasta ahora hemos sido incapaces de lograr un mínimo de acuerdo entre los poquitos que somos?

    Y aquí es donde creo que intervendrá la Providencia especial de Dios, señalando con algún tipo de intervención directa y sobrenatural quién es el elegido.

    No sería ni mucho menos la primera vez que esto sucede: Muchos obispos y abades de tiempos pasados fueron objeto de esa clase de atención, muchas veces muy a pesar suyo.

    Por ejemplo, leíamos hace unos días, en la vida de san Andrés Corsini, publicada en esta misma bitácora, que estaba muy poco dispuesto a hacerse cargo del cuidado de la diócesis de Fiésole, por lo que huyó a esconderse en lo profundo de una celda de la Cartuja de Florencia.

    “Eran las brillantes virtudes de nuestro Santo admiración y ejemplo de toda la Toscana, á tiempo que vacó el obispado de Fiésoli, ciudad que sólo dista una legua de Florencia. Nombróle todo el pueblo por su obispo; pero, noticioso Andrés, huyó á esconderse en la Cartuja; lo que hizo tan á tiempo, y con tanto secreto, que burló cuantas diligencias se practicaron para encontrarle. Perdidas ya las esperanzas de dar con él, iba el pueblo á juntarse para proceder á otra elección, cuando un niño de tres años levantó la voz y dijo: Andés, á quien Dios ha escogido para nuestro obispo, está haciendo oración en la Cartuja. A vista de una señal tan visible, no dudando ya el Santo que el Cielo le llamaba para aquella tan alta dignidad, sólo pensó en desempeñar sus obligaciones, añadiendo nuevos grados de perfección á la santidad de su vida.”

    https://moimunanblog.wordpress.com/2014/02/04/san-andres-corsini/

    Pero también le ocurrió a uno de los mayores Papas de la historia, este sí, verdaderamente Grande:

    https://moimunanblog.wordpress.com/2013/03/12/una-eleccion-papal-singular/

    Donde, en la lección V, con toda la autoridad de la Iglesia Romana, nos cuenta que habiendo sido elegido san Gregorio por el unánime consenso de todos, como verdaderamente humilde lo rechazó, y corrió a esconderse en una cueva inaccesible, hasta que lo delató una columna de fuego enhiesta encima de su escondite.

    Lo sacaron de allí a rastras, a viva fuerza lo sentaron en el trono papal, hasta que vencido por la evidencia de la voluntad divina, y por los instantes ruegos de los fieles, aceptó, y fue consagrado.

    Algo parecido ha sido profetizado por muchos santos, y muy señaladamente dos santas mujeres romanas, dotadas del don de profecía, y muy apreciadas en vida por los Papas del S. XIX, Isabel Canori-Mora, y Anna María Taigi.

    Con conocimiento de estos mismos Papas, afirmaron ellas que esta vez, los apóstoles fundadores de la Iglesia Romana, san Pedro y san Pablo, indicarían quién es el elegido de Dios, y por ese medio, conseguirán la unidad que tan imposible ha sido conseguir hasta ahora.

    Conociendo los numerosos casos parecidos, no me cuesta en absoluto creer y confiar en una salida de este tipo. Como dice cierto Francisco, Dios siempre nos da sorpresas…

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  5. Es un hecho que la acefalía reinante desde la muerte de Pío XII causa grave daño a los católicos. Por eso hay grave obligación de elegir un Papa. Las personas predestinadas para ello son los Obispos, aunque no tengan jurisdicción.

    Pero viendo las “elecciones” hechas hasta el momento y la falta de disposición de los Obispos, mucho me temo que la actual situación va seguir hasta que Dios de alguna forma intervenga.

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  6. Una consulta al Sr. Fray Eusebio de Lugo y al Sr. Directore del Blog
    Entiendo y comparto su critica al conclavismo de Homero Johas, que ya ha dado resultados lamentables y ridiculos como el de Lino II.
    Pero el problema es que si se sostiene la sedevacancia desde Pio XII, se rechaza la posiciòn de “resistencia” de la Fraternidad San Pio X y otros, y tambièn se rechaza la tesis del papa materialiter, como no habrìa cardenales vàlidos ni obispos con jurisdicciòn, ¿ como podrìa tener lugar una nueva elecciòn papal?
    El tema es importante si sostenemos que Pedro tendrà perpetuos sucesores, y cabe analizar tambièn los alcances de la definiciòn del Vaticano I.

    Saludos

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  7. El artículo de Fray Eusebio es uno de los mejores que he leído en contra de la locura conclavista que promueve Johas y de la que algunos arribistas (como el obispo Squetino) quieren aprovecharse.
    En Sursum Corda he tenido varias controversias con el grupo de Squetino e incluso fue el destinatario de varios de sus ataques, así también como de un artículo del Dr Johas donde, sin nombrarme intentaba responder a mis objeciones al conclavismo.
    Creo que el gran acierto de Fray Eusebio es su observación sobre la raíz galicana (conciliarista diría yo) que caracteriza al conclavismo propuesto por Johas. En efecto Johas termina reduciendo al Papa a un Vicario de la Iglesia, nombrado por la Iglesia y no por el clero de Roma. Johas ve al Papa como Obispo de Roma porque fue elegido Papa, cuando en realidad, el Papa es Papa precisamente porque es el obispo de Roma. De ahí que los cardenales (los clérigos jurisdiccionales de Roma) tengan la función de elegir a su obispo que es el Sucesor de San Pedro y el Vicario de Cristo.
    El error de Johas es tanto más peligroso en cuanto muestra una gravemente errada concepción eclesiológica y doctrinal sobre que es la Iglesia Católica, que es la jurisdicción y sobre todo, el poder y los límites que tienen los ministros de la Iglesia. Convendría finalmente preguntarse ¿Es más peligroso Johas, que no deja de ser un polígrafo, o aquellos grupos de sacerdotes y obispos que usan los textos de él como medio de vida?

    Sobre los comentarios de “Simón del Temple”, un irascible conclavista con quién ya he tenido encuentros anteriores unos comentarios: se observa no sólo que comulga con los errores conciliaristas sino que sus acciones nos recuerdan a las de los judíos que estando en el desierto, sin noticias de Moisés, se hicieron un becerro de oro para adorar en lugar a Dios. También, es la misma actitud que tuvo Saúl cuando consultó a la pitonisa de Endor, que queriendo escuchar lo que ellos quieren, sin capaces de violar las leyes de Dios.
    Quien dirije el Cónclave (un verdadero Cónclave) no es la mano humana, sino la acción del Espíritu Santo, por lo tanto, quienes desean forzar una elección y promueven la aparición de antipapas, no sólo realizan un acto cismático al usurpar una jurisdicción que no poseen, sino que están en la misma posición que aquellos judíos que exigían un milagro a Nuestro Señor.

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  8. No se quiere La Unidad y se critica severamente a quienes la quieren, si bien se han cometido muchos errores, esta vez se intenta que todos los que luchan por mantener la fe se unan, ya unidos oren para llegar a tomar la decisión adecuada, con respecto a la NECESIDAD o no de elegir un PAPA.
    Por lo que he leido NO se quiere dejar a nadie fuera, pero todos se limitan a criticar la iniciativa sin proponer nada mas que ridiculizar a los que tiene el deseo de Unidad en la Fe y Unidad en la Verdad. Como si en esta división hubiera certezas de salvación y no pudiera ser que fuesemos piedra de tropieso por esa división.
    Al mismo tiempo,no se puede decir que las sedes están ocupadas o usurpadas por apóstatas, y pretender que las mismas elijan a un verdadero sucesor de Pedro, si estamos en estado de necesidad acudiendo a sacerdotes ordenados fuera de ROMA porque ésta ha perdido la fe, y se ha convertido en la sede del anticristo, sus argumentos como mínimo son extraños.’
    ¿A quién esperan que elijan los que han apostatado y permanecen en Roma, ocupando las sedes quizas a Muller o a Shonborn?
    Cuando los fariseos criticaban a Nuestro Señor por curar en Sábado, ¿no les dijo que en situaciones de necesidad era lícito romper el descanso del sábado?, o cómo sacó a relucir el hecho de David cuando entró al templo y tomó los panes de la proposición aunque le estaba vedado, no le fue imputado como pecado.
    No son las mismas leyes que rigen durante la guerra, que durante la paz.
    Tan es asi que acudimos con obispos y sacerdotes que aparentemente están en cisma, a los ojos de los que permanecen con Roma, y no lo hacemos por gusto sino POR PERMANECER FIELES A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.
    No era licito trabajar en Sábado, pero HACER EL BIEN EN SÁBADO ESTA PERMITIDO.
    Los que se apegan a la ley pero se olvidan del Espíritu de la ley que es la CARIDAD, por sobre todo, pueden estar muy felices de estar divididos, pero los que sufrimos la división con dolor por que esta no ES VOLUNTAD DE DIOS ni nunca lo fue.
    QUE SEAN UNO, COMO TU EN MI Y YO EN TI….
    no queremos una unidad ficticia esto es SIN LA VERDAD como fundamento, pero necesitamos unidad, para que Dios se apiade de nosotros, y para que llegue la unidad SE NECESITA HUMILDAD.
    De otra manera aunque se ridiculice el conclavismo
    parece a todas veras, que todos quieren pontificar aprovechando que NO HAY PONTIFICE-
    El no quererlo remediar, y sostener posiciónes siempre antagónicas e irrespetuosas da esa TRISTE impresión.

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  9. Quisiera recordar cómo en la Iglesia Católica, toda misión o jurisdicción viene de arriba. Lo propio en la elección en la Iglesia es únicamente la DESIGNACION, o la presentación de la persona electa al superior; esta designación no confiere la más mínima autoridad al electo, pues toda la autoridad viene conferida por el superior que es que instituye.
    En situación normal -fuera del caso de Apostasía institucionalizada como es el caso presente de la Historia de la Iglesia- ( y es para contestar al denigrante acusador de “sursum corda”) concedo que el elegido por la Iglesia romana es el único heredero de San Pedro, porque la Iglesia romana es la Sede de San Pedro (aunque el acusador pareciera creer que aún inmersa en la Apostasía, sigue la Sede romana -usurpada por impostores donde no se profesa más el catolocismo- la que debe elegir al legítimo Sucesor de San Pedro) pero por otro lado no niega su no adhesión a la Sede usurpada pero capáz, según el, de darnos al Papa! Hombre, póngase de acuerdo con su pensamiento, pues no se puede ser y no ser al mismo tiempo!
    Decía, antes de hacer esta pequeña pero necesaria disgregación del tema ocasionada por el controversista y acusador denigrante de trayectoria en la misma actitud desde hace años, que a pesar del privilegio de la Iglesia romana de elegir al Papa, en situación normal, pero no deja de ser en el fondo una simple designación del candidato al que no puede darle tampoco ni la MISION ni la INSTITUCION, cosa que el acusador parece desconocer.
    En el caso de extrema necesidad actual , y sin pasar por encima de ninguna ley divina ni eclesiástica, ni atribuirse derechos permanentes, al faltar el clero que debe elegir al Pontífice -y nada menos que por estar sumido en Apostasía- la misma Iglesia suple y permite en sus Leyes que el que debe tener perpetuos Sucesores, pueda existir.
    Tal vez en otro comentario abundemos sobre esta autoridad que en la Iglesia siempre tiene un superior, llegando en su punto máximo a Dios, y siendo por tanto divina en todos sus ordenes.

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  10. Raúl Miguel

    9 de febrero de 2014 @ 5:24

    Conozco personalmente a Mons. Squetino y lo considero un católico íntegro, tanto doctrinariamente como moralmente. Mons. Squetino se dedica de lleno a formar buenos sacerdotes, a fortalecer los católicos en la Fe y a convertir los no católicos.
    No es casualidad que su capilla en Guadalajara siempre esté llena, incluso con gente joven.

    ?Nos podría explicar, por qué Ud. piensa que Mons. Squetino es un “arribista”?

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  11. Respondo con mucho gusto a la consulta de Mario, que con buen acuerdo, preguntaba cómo podía llegar a tener lugar una elección papal, una vez reconocido que no existen ya electores legítimamente designados para ello.

    Esa es precisamente la gran objeción que ya oponía hace decenios Mons. Lefebvre al sedevacantismo.

    Y no le faltaba su buena parte de razón, aunque olvidaba tener en cuenta que la incertidumbre acerca del futuro no debía nublarle el entendimiento ni debilitar su voluntad hasta el punto de negarse a reconocer lo que hubiera debido ser evidente para todo católico sólo un poco ilustrado:

    Que los ocupantes romanos desde Juan XXIII no podían ser verdaderos Papas, y que en consecuencia, los cardenales nombrados por ellos no eran verdaderos Príncipes de la Iglesia capaces de designar con autoridad a un sucesor de san Pedro.

    Aventurándome un poco en el inseguro y discutible terreno de las hipótesis futuras, propongo como meramente posible el siguiente escenario:

    Creo ser cierto que en ausencia de la jerarquía de jurisdicción, el consenso moralmente unánime de los católicos sobre una determinada persona reconocida como Papa es suficiente para sanar cualquier duda razonable acerca de su legitimidad. (Es ésta sentencia común entre los que trataron acerca de esta delicada materia).

    Por católicos, debemos entender, en primer lugar, los pocos que siguen perteneciendo a la Iglesia Visible, porque cumplen con los criterios señalados entre otros por san Roberto Belarmino, (Fe católica íntegra, culto apostólico, sujeción a los pastores legítimos), pero creo que aunque no en la misma medida, visto el estado de confusión imperante, también se aplica a los que siguen siendo católicos en su fuero interno, aunque estén aprisionados en las redes de la iglesia conciliar, que ellos toman errónea aunque inculpablemente por la verdadera Iglesia Católica.

    Por lo tanto, sería esa amplia masa de personas la que tendría que consentir con unanimidad al menos moral en recibir como Papa a una determinada persona.

    En tiempos ordinarios, esto se hacía, exitosamente, por la operación de los cardenales, y las leyes por las que se regían preveían tres modos de selección de la persona:

    El más usual, por escrutinio, es decir, votación con papeletas, hasta alcanzar una mayoría de dos tercios.

    Un segundo, menos utilizado, por compromiso, en que se encomendaba la selección de la persona a un reducido grupo de electores.

    Y un tercero, siempre posible, por aclamación o cuasi inspiración, en que todos los cardenales, todos a una, movidos por el Espíritu Santo, prorrumpían en aclamación hacia el elegido.

    Es evidente que el primer modo es totalmente irrealizable, puesto que no existen ya electores reconocidos y numerables.

    El segundo, podría tener lugar, en el improbable caso de que todos esos católicos se mostraran dispuestos a aceptar la elección realizada por un pequeño número de personas cualificadas, que por la propia naturaleza y dinámica de las cosas, podrían ser los obispos todavía católicos. Claro que esa aceptación del resultado de tal elección debería constar con antelación a ese cónclave, atípico pero teóricamente posible en derecho.

    Así fue por ejemplo cómo se logró acabar con el Gran Cisma de Occidente, en que ya no se estaba seguro de que aún hubiera algún cardenal válidamente creado, (salvo quizás Pedro de Luna), por lo que toda la Cristiandad, representada por las diversas Naciones que habían acudido al Concilio de Constanza, consintió en reconocer a aquél a quien eligiera una asamblea compuesta por los cardenales (dudosos) de las tres obediencias rivales, acompañado cada uno de esos cardenales por un obispo, tomado equitativamente de las diversas naciones principales de la Cristiandad presentes en el Concilio.

    Hicieron por fin su trabajo, saliendo elegido Martín V, y así se resolvió una situación que a primera vista, como ahora, parecía carecer de solución humana previsible.

    En cuanto al tercero, por aclamación o cuasi-inspiración, cuadraría bien en los casos históricos recordados por James Stuart.

    Tengamos en cuenta que la principal tarea de un elector no es hacer su propia voluntad, ni seleccionar libérrimamente a quien le diere la gana, sino considerar cuidadosamente todas las señales por las que Dios manifiesta Su voluntad. Esas señales pueden ser de tipo más natural, humano, como son la edad, fe, costumbres, currículo, preparación, etc… de un posible candidato, o los criterios objetivos o leyes por las que se rija tal selección, pero esos signos pueden ser perfectamente más claramente divinos y sobrenaturales, pudiendo consistir incluso en graves castigos, que muevan poderosamente la voluntad de esos electores, aun de los meramente aparentes, en hacer una buena elección, que de otro modo hubiera sido imposible.

    Podría suceder que los mismos pseudo-cardenales actuales, movidos por alguna tremenda intervención divina, se decidieran por un electo católico. El electo no recibiría el Pontificado por operación de esos falsos prelados, que sin embargo, podrían ser instrumentales en lograr la adhesión pacífica del gran número de católicos perplejos y desorientados, que no habrían aceptado de ninguna otra forma a ese nuevo Papa.

    Unos y otros se verían suave y fuertemente movidos por el Espíritu Santo: Unos, para realizar una elección aparente (ya que carecen de verdadera autoridad de jurisdicción) , pero que tendría la gran virtud de unificar el consenso, y manifestar al universo mundo, en muy poco tiempo, a la persona idónea para el puesto, y los demás, para acoger pacíficamente y con alegría a ese nuevo Papa.

    Como pueden ver, todo eso está previsto por la legislación canónica actualmente en vigor. Por supuesto, sólo en sus principios más generales, y no en las determinaciones históricas en que esa ley se puede aplicar.

    A los que pudieran encontrar extraño o imposible el que alguna intervención divina pueda determinar un cambio súbito en los cardenales aparentes, se les puede sugerir que no anda escasa la historia de ejemplos en los que la manifestación de la voluntad divina se ha realizado por medios muy poco previsibles para nuestra mentalidad. ¡Son tantos los casos que leemos, en que Dios mostró su voluntad de que las reliquias de un santo reposaran en un determinado lugar, por el comportamiento del animal que las cargaba sobre sus espaldas, o al revés, inmovilizándolas cuando se las querían llevar a otro lado, manifestando la voluntad divina por medio de un inocente niño, como en la designación de san Ambrosio para obispo de Milán cuando aún era catecúmeno, o eligiendo al Apóstol que debía sustituir a Judas, echándolo a suertes, o derribando del caballo a su peor perseguidor, o por otro cualquier signo sobrenatural, a la vez que el Espíritu Santo inclinaba las mentes y corazones de los clérigos y los fieles para que aceptaran pacífica y alegremente esa elección!

    ¿Acaso se ha acortado el brazo de Dios, y se ha vuelto más cicatera su Providencia? No lo creo…

    Además, pensemos que si el Señor va desenrollando el tapiz de la Revelación, haciendo explícito lo que hasta entonces era implícito, hasta llegar a la manifestación completa de todo lo incluido en el depósito de la Fe, ¿Podríamos acaso sorprendernos de que en estas circunstancias históricas tan particulares, también nos favorezca con intervenciones más directas y evidentes, pocas veces conocidas, al menos en los últimos siglos, pero siempre posibles y previstas en el derecho?

    Conociendo los precedentes ocurridos desde hace milenios, no me cuesta absolutamente nada creer con toda seguridad que Nuestro Señor restaurará Su Iglesia sin ninguna necesidad de poner en cuestión su Divina Constitución, ni sus multiseculares principios teológicos y jurídicos, ni las leyes de su Providencia.

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